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* * * DOS PRESIDENTES SATISFECHOS Obama, ya está a punto de sentarse oficialmente en el sillón de la sala oval de la Casablanca, tras la reñidísima, larguísima, costosísima y aburridísima campaña electoral, en la que se embarcan cada cuatro años los americanos. La nueva esperanza negra, ha llenado de legítima satisfacción a los ciudadanos de color que ven, con este acontecimiento, la culminación de un largo proceso de integración racial, que ha ido sembrando de injusticias, discriminaciones y muertes, la historia de la, teóricamente, nación mas democrática de la tierra, y ha hecho concebir enormes esperanzas a otros muchos ciudadanos blancos, que aspiraban a un cambio en la estructuras políticas y económicas de su país. Es pronto para juzgar si los millones de norteamericanos que le han votado, han acertado o se han equivocado. Pero pronto tendremos motivos para conocer lo uno o lo otro. El recién llegado al poder, ya ha advertido a sus compatriotas, que les esperan tiempos duros y difíciles, con dos guerras abiertas en Afganistán y en Irak y con una situación económica dramática. Los especialistas en política americana, no dejan de advertirnos a los europeos que es un error el querer comparar y sacar conclusiones, con nuestra mentalidad, del resultado de estas elecciones. Allí, lo de las izquierdas y las derechas a la europea no funciona; y cualquier intento de apropiarse de parecidos y similitudes, está condenado al fracaso. En cualquier caso, los aparentes progresismos, inclinaciones y simpatías hacia corrientes o partidos no americanos, teóricamente afines, pueden producir estruendosas decepciones, porque el patriotismo americano, tanto de republicanos como de demócratas, está fuera de toda duda, y es difícil que sus respectivos presidentes, de uno u otro partido, hagan nada que pueda poner en duda ese sentimiento. Viene esto a cuento de que nuestro presidente Rodríguez; como un ratón que olisquea una buena porción de queso, ya está glotonamente relamiéndose pensando que va a conseguir su sueño de ser invitado a la reunión del G20, el día 15 y espera un recibimiento caluroso del emperador del odiado imperio, y que, además, próximamente será recibido con todos los honores en la Casa Blanca. Y ese día, con esa foto, poco le importará la situación interna de España, el desplome de las bolsas, el paro galopante y la inquietud general por lo que pueda venir. Pero sobre todo, y no creemos equivocarnos, no parece muy probable que el nuevo inquilino de esa Casa Blanca, tenga unas especiales deferencias, ni proporcione grandes apoyos, a quien no solo ha ofendido a su bandera y ha dejado tirados a sus soldados en un frente de guerra, sino que es el gran amigo y defensor de sus mas encarnizados y violentos enemigos en Cuba, Venezuela, Bolivia y tantos otros países en el mundo. En su obsesión por enlazar la situación española actual con la del siglo pasado, en los años treinta, tal vez piense que la época de Roosevelt o Truman se va a volver a producir; y que volverían las Brigadas internacionales a echarle una mano si fuera necesario, pero nos tememos que se ha equivocado, como otras tantas veces, de país y de persona. Y si no, al tiempo. * * * REPRESALIADOS Doce del medio día del 26 de Julio de 1.936. Cae un sol de justicia en un pueblecito de Extremadura lindando con Andalucía. A la plaza llega un coche del que se bajan varios milicianos del Frente Popular. Les esperan otros dos vecinos del pueblo. Dos hermanos llamados “los taberneros”, por regentar una de las tabernas mas conocidas. Tras un breve conciliábulo en voz baja, se dirigen a la Iglesia y a los pocos minutos sacan a empellones al cura. Lo meten en el coche y hacen la siguiente parada en una de las casas del final de pueblo. Sacan a otro hombre, el dueño de unas viñas en las que trabajan también varios vecinos. Es conocido por ser un hombre de costumbres religiosas y haber votado a las derechas. De nada sirven los gritos desgarradores de su mujer y sus hijos pequeños implorando que no se lo lleven. Atados por los pies con una cuerda, que enganchan al guardabarros trasero del coche, los arrastran por las calles del pueblo. Ya destrozados, pero vivos, al final les prenden con gasolina y dejan sobre sus restos calcinados un letrero: ¡Por fascistas! Meses mas tarde, entran en el pueblo las tropas nacionales. Al poco de llegar, familiares y vecinos, denuncian los hechos y tras detener en un sótano donde se habían escondido, a los dos hermanos autores del asesinato, se celebra un juicio sumarísimo y son fusilados a las afueras del pueblo. Han pasado setenta y dos años. Han pasado otros curas por la Iglesia. Las familias han rehecho su vida. Las viudas, con esfuerzo, han sacado adelante a sus hijos. En un caso trabajando las viñas de sol a sol. En el otro despachando vino en la taberna. Nadie les ha regalado nada. Ni a la una ni a las otras. La única diferencia, es que en una lápida de mármol al costado de la Iglesia, aparece el nombre del cura y el del asesinado. Muertos por Dios y por España. Mención honorífica, pero que no daba para acallar tanta boca pequeña. El pueblo ha crecido. Las familias no se saludan cuando se cruzan. Los hijos y los nietos, conocen aquel horror, aquella tragedia de la que fueron protagonistas sus padres o abuelos, de oídas, posiblemente suavizada y en cualquier caso difuminada por los años. Tal vez incluso haya habido un acto de perdón. Y todo aquello, es en todo caso, motivo de comentario de vez en cuando y en voz baja, entre los viejos del pueblo. Y de pronto, cuando el tiempo iba mitigando las aristas mas duras del recuerdo, una conversación con una de las nietas de los “taberneros”, corre de boca en boca por el pueblo, reabre las viejas heridas difíciles de cicatrizar, y causan el natural estupor indignación. - ¿Donde vas tan contenta? - Voy a preparar y presentar los papeles, porque nos van a dar trescientos cincuenta mil euros, por cada uno de mis abuelos. -¡Pero eso es una fortuna!, ¿Y por qué? - Pues porque resulta que dice el Gobierno, que mi padre y mi tío, fueron unos represaliados por el franquismo. Que murieron fusilados por defender la libertad y la democracia en España, y que eso hay que premiarlo… * * * |
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El Club de Opinión
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