Inicio
Superior

Siguiente Anterior

  Nº 78 - 2 de enero de 2002

CONTENIDO  

1. Redondo y Camacho, Doctores «Honoris Causa».

2. Coherencia de ETA.

3. Breves.

4. Perú: prisionero del modelo.

 

Redondo y Camacho, Doctores «Honoris Causa»

Por Ramiro Solana

Si no lo hubiera leído en la prensa y si no lo hubiera visto en el correspondiente reportaje gráfico, jamás lo hubiera creído: la Universidad Politécnica de Valencia nombró Doctores «Honoris Causa» a los ex-líderes sindicales Nicolás Redondo (padre) u Marcelino Camacho, ambos de profesión sus huelgas.

¿Motivo? Literalmente por «la labor histórica desarrollada por los ex-dirigentes sindicales en pro de los derechos de los trabajadores». Más de medio siglo de importantísimas conquistas sociales (como palmarés de esos «liderazgos») e incluso el propio derecho a la huelga vuelto a reconocer en los últimos años del anterior Régimen, no deben de significar nada para esa Universidad en cuanto a «labor histórica [...] en pro de los derechos de los trabajadores»; esa «labor histórica» para la Politécnica de Valencia debió ser la desarrollada por los homenajeados, consistente en la cascada de huelgas –amenizadas y flanqueadas por sus correspondientes «piquetes informativos»- cuyos resultados a nivel nacional fueron casi doscientas mil pequeñas y medianas empresas cerradas al no soportar las exigencias salariales, más de millón y medio de parados y, según los más ilustres y rigurosos economistas, uno de los factores básicos de la crisis económica que padeció España desde 1977 hasta bien entrada la década de los 90.

Ambos líderes compitieron en esa «epopeya» social con el aderezo de varias huelgas generales que paralizaron la Nación y, es claro, también hay que atribuirles en no poca medida la «conquista» de un Estatuto de los Trabajadores que vino a sustituir a toda la copiosa legislación al respecto hasta entonces vigente, que a cambio de socializar libertades omnímodas a los sindicatos (de lucha y clase) recortó a los trabajadores no pocas de las conquistas sociales alcanzadas anteriormente.

Los señores Camacho y Redondo dieron de sí cuanto pudieron en esas trayectorias gestoras, batiendo la marca D. Nicolás, que se despidió de UGT lo despidieron, de hecho- con el palmarés de la Cooperativa de Viviendas PSV, escándalo y fraude aún no superado en España en cuanto a cifras. Ya sé que Redondo no la presidía ni la dirigía, pues tal cooperativa era un ente autónomo –y por tanto no fue responsable personal de la tropelía. Pero hay que enmarcarla en el muy largo período en el que fue líder indiscutido de UGT, y es claro que PSV era una cooperativa filial de esa misma UGT. (Recientemente fue condenado por los Tribunales el gerente de PSV, Sr. Soto, y responsable subsidiaria UGT; a pesar de lo cual el Sr. Redondo sigue dando lecciones políticas y de ética desde la COPE).

Ambos «líderes» sindicales patentaron sendos sindicatos que tras aquel «palmarés» hoy viven, en su inmensa mayor parte, del erario público; con unos cuadros directivos burocratizados; con unas cifras de sindicados mínimas en relación con el total de trabajadores españoles; con miles de liberados sin relación efectiva con sus empresas...; eso sí, son unos sindicatos vocingleros y dialécticamente provocadores pero sumisos y acomodaticios en sus relaciones con los grandes poderes económicos... que era de lo que se trataba al fin y al cabo.

Pues todo esto es lo que la Universidad Politécnica de Valencia ha premiado con sendos títulos de Doctores «Honoris Causa».

Por cierto, quien presidió el solemne acto de imposición de los símbolos de esos doctores fue el Presidente de la Generalitar de Valencia, D. Eduardo Zaplana, de la cúpula directiva nacional del PP, uno de los posibles «tapados» de Aznar para sucederle.

Coherencia de ETA

Por Antonio García Trevijano

Tomado de «La Razón»

El crimen sangriento atrae la curiosidad sobre sus móviles personales y sus causas sociales o congénitas. Médicos y abogados iniciaron en el XVIII la reflexión que ha conducido a la ciencia de la criminología. Y nadie piensa que los criminólogos sean los apologetas del delito. No sucede igual con el crimen terrorista. Cualquier intento de comprenderlo intelectualmente corre el gran riesgo de ser tomado por apología política del terrorismo. Se pueden contar con los dedos de una mano los pensadores europeos que se atrevieron a unir sus nombres al conocimiento racional de las causas de violencia política en tiempos de paz. Y ninguno de ellos se ha separado, en el análisis del terrorismo, de la senda trazada por la propia filosofía de la violencia: la del ingeniero Sorel para el sindicalismo, la de Corradini para el nacionalismo fascista y la del joven psiquiatra Fanon para el nacionalismo de liberación colonial.

Mis reflexiones se apartan de este camino porque la violencia política, una forma de coacción propia del Estado y de la acción directa de variados tipos de oposición (desde los piquetes a los encierros o acampadas), no comprende ni explica al terrorismo nacionalista de un grupo organizado. Violencia y terror son, además, cosas bien distintas.

Califico a Eta de coherente, en el sentido lógico de esta palabra biensonante, para llamar la atención sobre el hecho de que su doctrina nacionalista, no su acción, es la única que está exenta de contradicciones y resiste la prueba de la consistencia.

Prescindiendo de los dos elementos comunes a todas las teorías nacionalistas -el concepto orgánico de nación como proyecto y la necesidad de darle una identidad estatal-, solamente Eta responde de modo coherente, aunque no sea consciente de ello, a las tres contradicciones doctrinales que no pueden, ni saben, resolver los demás nacionalismos operantes hoy en España. Me refiero, claro está, al derecho de autodeterminación; a la no distinción entre Independencia y Secesión; y a la coincidencia de las fronteras del Estado y las de la Nación española.

En primer lugar, Eta piensa con acertado realismo que la autodeterminación vasca no es un derecho previo que exista en la conciencia universal, sino un hecho que sólo puede imponerse por la fuerza. Dicho de otro modo: el derecho sólo podrá ejercerse si la acción del terror continuado lo impone.

En segundo lugar, Eta ha dejado claro que su objetivo es la Independencia de la nación vasca concebida como un todo, y no la mera Secesión de la parte sometida al Estado español. Así, evita la incoherencia de defender el derecho a la Secesión, como hacen todos los que hablan de la autodeterminación como derecho. Pues esto implicaría, necesariamente, el reconocimiento de que lo que se quiere secesionar tiene la condición existencial de parte; que esta parte está integrada en un todo español; y que ese todo está en cada una de sus partes. De otro modo la nación no sería algo orgánico. Lo que es inadmisible para un nacionalista.

En tercer lugar, y esto es lo decisivo, la reivindicación nacionalista de un Estado propio exige que la nacionalidad (un concepto ambiguo que se utiliza como eufemismo de nación y cuyo significado personalista precisaré en otro artículo) desborde las fronteras de un solo Estado.

Pues, en caso contrario, como sucede en la comunidad lingüística catalana, la autonomía cultural y las libertades públicas dejan sin motor sentimental al movimiento por la Secesión. Cuando Eta incluye en la nacionalidad vasca a dos provincias francesas no lo hace por un sueño utópico, ni por un ánimo de grandeza imperial, sino para reunir, al menos en teoría, los requisitos exigidos por una nacionalidad para constituirse en nación aspirante a un Estado propio mediante la Independencia.

Breves

 Por Erasmo

JUAN ARIAS VUELVE A LA CARGA

Con el mismo artículo que su reciente libro, Jesús, el gran desconocido, el corresponsal de El PaÍs en el Vaticano, Juan Arias, publica un artículo sobre el tema en un dominical de este periódico. El argumento, que reitera una vez más, es que Dionisio se equivocó y el nacimiento de Jesucristo ocurrió cuatro o cinco años antes de cómo lo celebramos. Recientemente el Economist ha recordado la misma conclusión en función de interpretaciones astronómicas acerca de qué pudo ser aquella estrella que guió a los Magos. Arias utiliza ese supuesto error nuevamente como si fuese una vía de agua desastrosa para el cristianismo. Y asegura que la Iglesia estableció la fecha del 25 de diciembre para sustituir las saturnales, aunque, por supuesto, no se puede precisar cuándo nació exactamente (En la revista inglesa, empleando las mismas argumentaciones astronómicas antes aludidas lo fechan en febrero o abril). Arias mantiene una y otra vez que no hay certezas en torno al Nacimiento de Cristo, excepto las alternativas que él menciona, claro. Lo último es que todo fue una invención para imitar el culto de Mitra, que, según él, también nació de una virgen y resucitó al tercer día.

Resulta curioso esa pugna para degradar o desprestigiar la creencia y las historia cristiana. ¿Por qué se obstina en esa pelea? ¿Por qué no deja en paz a quienes creen? No es fácil admitir que quiere redimirnos de un error. Más bien parece que quiere convencerse él (y tantos otros como él) de que, efectivamente, es un error, y no lo es su alejamiento personal de esa creencia y los datos históricos que lo sustentan.

LA SOLEDAD DE REDONDO

La dimisión de Nicolás Redondo pone de manifiesto la confusión entre los sentimientos de base de los socialistas vascos y los intereses personales de los políticos que les dirigen. Aquellos sufren la presión y violencia crecientes del nacionalismo. Estos quieren aliarse a los nacionalistas para tocar balón y hacer más tolerable su vida, reduciendo la posibilidad de ser asesinados.

El apoyo nacional no existe, porque los dirigentes socialistas nacionales se dan por vencidos en su pugna antinacionalista y quieren apoyarse en lo que sea para derrotar al PP a escala nacional.

Parece la única salida de un hombre honrado para forzar una crisis. Lo que no está claro es que el desenlace de la crisis sea el que él quisiera. Los dirigentes tipo Elorza pueden conseguir rematar la traición a sus bases electorales, entregándose al servicio de una mayor inmersión en la locura nacionalista.

LOS CUENTOS DE NAVIDAD

El País publica una serie de cientos breves con el tema general de la Navidad. Todos ellos son a cual más amargo y negro, produciendo la sensación de que se trata de un tiempo opresivo. Ninguno apunta a la esencia de lo que se celebra.

Resulta interesante. Uno toma una visión negativa y empieza a actuar alrededor de ella. El resultado es un poco de rencor con el entorno y un reforzamiento del negativismo primero. Pude que les suponga una autosatisfacción amarga, pero ¿por qué se instala en la línea editorial del periódico y de un sector de la opinión actual? Sorprende pensar que, por el contrario, procurarán animar en sus familias la ilusión de sus pequeños.

LA CAMPAÑA DE PAPÁ NOEL

Resulta interesante constatar que la imagen de ese personaje ha desaparecido de la calle y el ambiente popular, tras unos años en los que intentaron transformarnos en una sociedad adocenada por la cultura navideña americana. Incluso aparecieron los disfrazados que pedían donativos con la campanilla, conforme a lo que vemos en las películas. También ha desaparecido su peso en los anuncios, excepto los recalcitrantes, como Coca Cola o Suchardt. Pero, en cambio, en la TV, la rendición de los programadores a la cultura estandarizada ha sido mayor. Si vencen, frente a la reacción antes constatada de la calle, habremos avanzado unos pasos más hacia el hormiguero uniformizado en que pretenden transformarnos los dominadores de la «Cultura».

SILENCIO SOBRE VENEZUELA

Dominados por el escándalo y estupor ante lo que sucede en Argentina, los periódicos no prestan atención a la locura «bolivariana» de Venezuela, donde alguien cae en el error persistente de pensar que la realidad se transforma a golpe de decretos.

Por cierto, el nuevo presidente Argentino está dando pasos afirmes y adecuados también hacia el desastre. Uno de ellos, vital, según parece para solucionar el desastre, ha sido revocar la inmunidad para los represores de la dictadura militar: Convenientemente asesorado por la inefable Bonafina, claro está.

Perú: prisionero del modelo 

Todo el progresismo tópico lanzó las campanas al vuelo tras el triunfo electoral de Toledo en Perú. Llegaba al poder un progresista que liberaría al país de los males del fujimorismo y lo pondría en franquicia hacia el bienestar con medidas sociales de gran alcance. Toledo era alto directivo del Banco Mundial y prisionero del gran capitalismo mundialista. El delegado, en definitiva, para sustituir a quien, como Fujimori, tras satisfacer los objetivos neocolonialistas, cometió el error de aferrarse al poder y desobedecer el mandato de la alternativa cada ochos años para mantener la ficción de la democraticidad.

Toledo ha emprendido la política económica cuyo cumplimiento le asignó el imperio mundialista. Ha sido fiel a las órdenes de quienes realmente lo elevaron al poder. No ha tardado en emerger la decepción de los que se dejaron seducir por sus discursos. Lo evidencia la crónica del filomarxista grupo Cono Sur que a continuación se transcribe. Los demagogos cayeron en la trampa de la demagogia.

 

Por Gustavo Espinoza M.

A fin de diciembre se cumplirán 150 días de gestión del presidente peruano Alejandro Toledo. Haciendo un juego de palabras con el nombre de la organización política que lo llevó al Poder -«Perú Posible»-, la gente teme hoy que su gobierno sea la expresión de un Perú Imposible. Y es que este período de la vida nacional ha resultado ser ciertamente rico en acontecimientos políticos, pero también en experiencias que habrán de servir, sin duda, para deslindar los campos y abrir un derrotero distinto a la vida nacional.

Como se recuerda, Alejandro Toledo debió luchar duramente dos años consecutivos para llegar al gobierno. Primero enfrentó al fujimorismo en los comicios fraudulentos del año 2000. Y después debió asumir, un año más tarde, la responsabilidad de derrotar en las ánforas a fuerzas que estaban mejor organizadas y más ricamente financiadas, pero que tenían comprometido su pasado por gestiones de gobierno contrarias al interés nacional. Eso le valió al líder de «Perú Posible» para afirmar su imagen, la de un hombre nuevo comprometido sólo con el pueblo y capaz de organizar a la población en procura de un derrotero acorde con las exigencias nacionales.

Hoy, en buena medida esa expectativa se ha perdido y las encuestas de opinión le brindan al Jefe de Estado una aceptación que bordea el 34%, y un rechazo que casi llega al 60%. Pero no sólo la improvisación del mandatario y los erráticos gestos de su administración han generado esos preocupantes indicadores que algunos enrrostran al gobierno como un capital dilapidado. En el fondo los desaguisados de la administración peruana asoman más bien como pecados veniales frente al desgobierno del fujimorismo. La razón esencial del descontento, entonces, no está allí. Hay que hallarla más bien en los parámetros del modelo económico que le impiden al presidente Toledo cumplir con sus pletóricas promesas electorales.

En este esquema está planteado, por ejemplo, el problema de los derechos laborales de los trabajadores. Aunque formalmente el mandatario peruano asumió el compromiso de restituirlos, y suscribió para el efecto incluso actas con los sindicatos; hasta hoy el gobierno peruano ha eludido la acción. Insolentes en extremo y soberbios en la defensa de sus privilegios, los empresarios han notificado al régimen asegurándole que no permitirán «el retorno al pasado», es decir, a la etapa en la cual los trabajadores contaban

con sindicatos, tenían derecho al salario, la negociación colectiva, la huelga o la estabilidad en el empleo. Ante el sólo anuncio formulado por la Comisión de Trabajo del Congreso orientada a restituir la Bolsa de Trabajo para el gremio de la construcción, el presidente de la Sociedad de Industrias, dando una clara evidencia de la ignorancia supina que lo abruma, ha sostenido muy suelto de huesos que se pretende restituir en el Perú «la dictadura del proletariado».

Ninguno de sus ilustrados asesores ha tenido la gentileza de informarle al señor que la Bolsa de Trabajo no fue una creación de los Bolcheviques, sino una herramienta tomada del modo de vida norteamericano; pero le da igual. Más que el origen de la propuesta, al oscuro líder de los dueños del capital lo que le interesa es el contenido de la ley en ciernes. Y ella le impide persistir en las famosas «listas negras» que crean los patronos en todos los países capitalistas para discriminar entre los trabajadores eliminando sindicalistas, luchadores sociales y defensores de derechos laborales.

Un segundo tema hoy en el tintero tiene que ver con la reposición de los trabajadores despedidos. Más de 500.000 trabajadores del Estado fueron puestos en la calle por el fujimorismo a través de diversos mecanismos de presión. Hoy, todos reclaman el retorno a su puesto de trabajo, en una circunstancia en la que la esencia del aparato productivo del país ha cambiado, han sido privatizadas numerosas empresas públicas y ha sido reducido al extremo el esquema de gestión del Estado. Es verdad que muchos de estos trabajadores cobraron en su momento beneficios sociales, y que muchos también se fueron del país, se dedicaron a negocios propios o simplemente perdieron su ligazón con el empleo de manera definitiva. Pero también es verdad que muchos otros resistieron heroicamente la política de despidos y se enfrentaron a todas las expresiones de la crisis luchando por sus derechos conculcados. Por esa diferencia el gobierno de Toledo se animó a crear comisiones dictaminadoras por sector para que ellas opinaran en torno a la procedencia, o improcedencia, de los pedidos de reposición. Por lo menos una de esas comisiones trabajó y calificó a un determinado número de trabajadores de la Seguridad Social reconociendo que habían sido arbitraria e injustamente despedidos y que debían ser reintegrados de inmediato a sus puestos de trabajo. El mecanismo, sin embargo, no ha funcionado. Como razón de fondo se ha esgrimido un argumento imbatible: no hay plata para pagar salarios.

El tema de los aumentos salariales ha tenido el mismo elíptico sentido. Se han habilitado recursos para aumentar los sueldos de los Magistrados del Poder Judicial, de los altos funcionarios del Ministerio Público, de los Congresistas, de los Ministros, de los funcionarios de alto nivel comprometidos en la gestión toledista. Pero se ha argüido falta de recursos cuando se ha planteado legítimamente un reajuste a los salarios de los Maestros, los profesionales peor pagados del país. Como si se tratara de hacer escarnio a una miseria contenida, finalmente el gobierno otorgó un aumento equivalente a cincuenta centavos de dólar por día a los trabajadores de la educación, a los que, por lo demás, se niega a otorgarles la titularidad de la plaza que desempeñan. Finalmente la demanda de los Maestros ha generado una crisis que se ha expresado hoy en numerosas acciones callejeras y en un Paro Nacional de Escuelas y Colegios, contundentemente acatado por todos.

No han sido razones de política interna las que han obligado al gobierno peruano a decir ¡No! a las demandas laborales o salariales de los trabajadores. Han sido abiertas presiones económicas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial las que han maniatado al régimen y lo han colocado de rodillas ante el capital financiero. En vísperas de concluir una nueva negociación con el FMI, y en la esperanza de recibir «ayuda exterior», el gobierno de Toledo ha optado por resistir el embate de los trabajadores mirando de costado las expectativas del pueblo. Como Vicente Fox, Ricardo Lagos o Fernando De la Rua, el presidente peruano no es ahora sino un prisionero del modelo neoliberal que lo encadena.


EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

Información: elcorreo@opinion-encuentros.org