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Nº 81 - 23 de enero de 2002 |
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CONTENIDO 1.
La dictadura 2.
El anaquel: Protoconstitucionalismo. El páramo y la ciénaga 5. Breves Por
Dalmacio Negro Tomado
de La Razón (15.01.2002) El
presidente argentino Fernando de la Rúa, antes de dimitir y huir de mala
manera, ofreció a la oposición, al partido peronista, formar un gobierno
de coalición para afrontar la gravísima situación del país. Al parecer
no hubo negociación sino que los peronistas aprovecharon la ocasión para
hacerse con las ventajas del poder. El primer presidente peronista apenas
tomó posesión y el segundo, Duhalde, pues hay divisiones en su mismo
partido (por ejemplo, Menem) y la situación no admite componendas, puede
tener los días contados. Quizá el primero, Rodríguez Sáa, y ahora
Duhalde, han preferido establecer una dictadura dudosamente legal dirigida
por su partido, a la dictadura absolutamente legal que les ofrecía el
presidente radical. Para
asombro y escándalo de los políticamente correctos, en sociedades
suficientemente constituidas, como la argentina, las dictaduras, si
responden a una necesidad, pueden ser perfectamente legales. Aparte del
ejemplo de Roma, en Inglaterra la dictadura es completamente legal, como
explicó muy bien hace tiempo Donoso Cortés. Los problemas políticos, en
tanto políticos no tiene solución, un claro sí o no, pues la «solución»
política es el compromiso, que nunca satisface plenamente a ninguna de
las partes. Y la dictadura sobreviene cuando ha fracasado la política,
cuando no caben compromisos. En Argentina, no se ha establecido una
dictadura legal: ¿se podrá evitar la dictadura quizá legitimable pero
ilegal? En este caso, también cabría preguntarse si una clase política
tan desprestigiada y seguramente irreformable está legitimada para
establecer una dictadura. De
hecho, en Inglaterra hubo dos dictaduras en el siglo XX: con ocasión de
la primera guerra mundial y durante la segunda. En esta última, Churchill,
famoso por decir que la democracia es el peor de los regímenes excepto
todos los demás, fue un dictador más omnipotente que Hitler, su rival, y
Stalin, su amigo, por ser su dictadura absolutamente legal en lo que toca
al procedimiento y legítima en lo que se refiere al consentimiento
popular. England abhorr coalitions («Inglaterra aborrece las coaliciones»)
es un principio constitucional de la afortunadamente no escrita constitución
inglesa. Por eso tampoco hay allí mucho «consenso», una forma legal
fraudulenta e ilegítima de dictadura, para evitar que mediante alianzas o
gobiernos de «concentración» (para proteger a la clase política, no a
la nación) se engañe a los electores y se establezca de hecho aquella.
Salvo en casos de gravísima crisis de supervivencia, como en Roma o en la
misma Inglaterra. La
dictadura es una forma política que concentra el poder de mando en uno
solo suspendiendo la legalidad; puede ser, pues, perfectamente legítima
de acuerdo con la legalidad en el caso excepcional, cuando no basta la
legalidad, y en Argentina, por lo que se sabe, ha podido ser completamente
legal y legítima de haberse aceptado la propuesta del titular del poder.
El secreto está en que si se alían el partido gobernante y la oposición
para formar el gobierno aceptando la ciudadanía la gravedad de la situación,
este gobierno se convierte en absoluto, justamente porque no tiene oposición. La
fórmula puede tener diversas aplicaciones, como la que propugna en lo
concerniente a Vascongadas, el partido centrista, que se quedaría pasmado
como el Sr. Jourdain de Molière al saber que está hablando en prosa, si
le explica el alcance de lo que pretende (¿seguiría insistiendo?) al
aliarse o coaligarse con su principal contrincante, el partido obrero.
Como es notorio, este último aceptó, pero luego, barruntando algo y
pensando seguramente que la dictadura sólo puede estar justificada si es
dirigida por él (la tentación totalitaria de la izquierda) y en su
beneficio, parece decidido a romper la coalición. Viene a ser como lo de
los oportunistas peronistas puristas de lo que ellos llaman democracia,
aunque en el País Vasco (y en el resto de España; compárese con otras
naciones de la Unión Europea: en ninguna hay que tomar tantas
precauciones por temor al terrorismo interno) ni siquiera está
garantizada la seguridad de la vida, el primer deber y obligación de un
Estado, desde hace unos veinticinco años. Por
Aquilino Duque PROTOCONSTITUCIONALISMO Los
celosos custodios de la democracia ponen el grito en el cielo cada vez que
en las gradas de un estadio de fútbol ven ondear la bandera que a tontas
y a locas llaman «preconstitucional». Si a esa bandera hay que ponerle
un mote, éste sería el de «protoconstitucional», pues fue en sus
pliegues y bajo sus símbolos en los que tuvo sus primeros pañales la
recién nacida Constitución, en cuyo texto están por cierto esos símbolos
puntualmente descritos. Esos símbolos fueron abolidos a la llegada al
Poder de un partido al que no le gustaban demasiado, pero que no se atrevió
a sustituirlos por otros más adecuados. No digo que el yugo y las flechas
de los Reyes Católicos se fueran a sustituir por la hoz y el martillo, ya
en franco declive, pero no hubiera sido ningún disparate hacerlo por un
preservativo y una aguja hipodérmica. Es en cambio notable la
ecuanimidad, doblada de íntimo regodeo, con que los mismos custodios
contemplan y hacen contemplar la bandera de la segunda República o las
leyendas separatistas estampadas en las camisetas de los «presuntos» de
turno. La presente Constitución
entró en vigor así que fue sancionada por la única institución
legitimada para hacer posible el tránsito de una legalidad a otra
legalidad sin salirse de la legalidad, como se decía cuando aún amparaba
el águila a la actual Ley Fundamental. EL PÁRAMO Y LA CIÉNAGA
Al
morir Cela, los comentaristas más informados no han dejado de señalar
que La colmena tuvo que publicarse antes en Argentina que en España
y que Pascual Duarte había sido objeto de acerbas críticas. Todo
eso es cierto y demuestra en el peor de los casos que Cela fue desde sus
comienzos un autor discutido, tanto por lo menos como lo sería hasta el día
de su muerte. También demuestra que en punto a gustos literarios había
cierta libertad de opinar en la ceñuda trasguerra. Pero como resulta que
esa trasguerra ceñuda hay quienes la hacen durar ocho lustros, no se dice
que La colmena, publicada en 1951 en Buenos Aires en su primera
edición, tendría una segunda en Madrid cuatro años más tarde, en 1955.
Que todo eso pasara en ese clima de trasguerra es hasta lógico y natural. Lo
que no es lógico ni natural es que en un régimen de libertades, como el
que ahora dicen que disfrutamos, una novela tarde diez años en poderse
publicar, o que una novela en segundas pruebas se quede inédita, o que
una editorial retire un libro, asustada de su polémico éxito, y se
niegue a reeditarlo una vez pasada la tormenta, a la vez que sus
responsables deploran un día sí y otro no la suerte de Blanco-White y se
escandalizan de que La colmena tardara cuatro años en aparecer en
los escaparates madrileños. No pasa un día sin que bajo el tópico del
«páramo» surja una sorpresa para los que tan a gusto chapotean en la
presente «ciénaga». Por
Emilio Álvarez Frías Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que
vivimos en plena exaltación del término globalización, arrebato que al
parecer no ha llegado al diccionario de la Real Academia que tengo en las
manos, aunque sí al María Moliner que define globalizar como «considerar
o presentar algo de forma global, algo mundialmente». Cabe todo. La
comunicación en tiempo real entre cualquier punto de la tierra; la
posibilidad de que la economía reaccione al unísono en el mismo
instante; la certidumbre de que los mismos conocimientos pueden ser
impartidos en cualquier rincón del mundo; la convicción de que la
destrucción de la cultura se extiende por países alejados por miles de
kilómetros a influjo de excitantes apologías; la irradiación por todos
los países de teorías depravantes que justifican y promueven el
asesinato por el procedimiento del aborto; etcétera. A
nosotros lo que más nos preocupa es la incidencia sobre el hombre, sobre
la sabiduría que le hace vivir, sobre los medios que le permiten cultivar
las vivencias con las que caminar a un fin en el que encontrar la
trascendencia. Esto, creemos, es lo que quienes manejan los hilos de la
globalización no se han planteado; perdón, sí se han planteado pero no
para el desarrollo de la esencia del hombre sino para el beneficio de las
habilidosas manos que desde detrás de las cortinas mueven el guiñol de
la Humanidad. Porque
se globalizan los medios de comunicación (prensa, radio, televisión,
cine, etc.) para reducir el pensamiento del hombre a una sola forma de
concebir la existencia, de comportarse en la sociedad, de actuar en el
seno familiar. Se globaliza lo que pervierte al hombre en cuanto a sus
principios morales (el aborto, la enseñanza, la droga, el egoísmo, la
ambición, el odio). Se globaliza la manipulación del libre albedrío
para que la libertad el hombre la ejerza en el límite (libertinaje) y no
en la justa medida que fija la ley natural. Se globaliza la formación de
la juventud para que no piense en temas «obsoletos y caducos» como la
Historia, la conciencia, la Patria, la religión, la familia, el servicio
a la comunidad. Se globaliza la economía pero no se aprecia por parte
alguna que ello produzca un bien en cadena que llegue a todos los hombres
(los pobres siguen siendo pobres o más pobres; en el «tercer mundo» la
miseria y el hambre siguen siendo pavorosas; las guerras se suceden porque
hay que tener en jaque al mundo entero y vender armamento; la riqueza se
concentra cada vez más hasta las cifras impúdicas que nos reflejan los
medios de comunicación; el consumo se multiplica como medio de dominación
de las clases sociales que ven en tener y poseer la única fórmula para
conseguir la felicidad y la prosperidad; los Estados, usando medios
confiscatorios de recaudación, ejercen un poder omnímodo sobre los
ciudadanos impidiéndoles el ejercicio de la libertad para buscar la mejor
forma de gobernarse). Muchas más razones podríamos señalar, sin duda
alguna. Volvamos,
pues, al principio para preguntarnos: globalizar, ¿qué? Ampliándolo a:
globalizar, ¿cómo? Ciertamente no podemos apearnos del tiempo que
vivimos. No es posible desentenderse de lo que ya existe y ha quedado
implantado en el mundo de hoy, en el mundo de mañana que ya será
distinto. Pero tampoco queremos dejarnos llevar por las corrientes al uso
sin reflexión; y así creemos que la globalización ha de hacerse desde
los principios naturales que rigen la vida de la creación, buscando el
bien de la humanidad desde la generosidad y el amor, intentando que los
beneficios lleguen a todos, persiguiendo que la cultura sea una gracia que
alcance a la mayoría, y que la belleza, la verdad y la felicidad queden
instaladas en el alma de todas las criaturas de Dios para que consigan su
objetivo final. Si
no hallamos estas respuestas al qué y al cómo, la globalización no será
útil a la Humanidad; será una forma más de esclavitud para el hombre. Por
José Mª Adán García Así como impactan a los sentimientos los instintos básicos,
lo hacen a la convivencia nacional los errores básicos. Ultimamente estos
errores se vienen produciendo, dando la impresión de que se ha perdido el
norte del sentido del Estado. El primer error es creer que se puede
renunciar a la defensa del Estado de derecho –lo que implica también a
los ciudadanos- que es la tarea fundamental de todo Gobierno democrático,
para aparecer ante la opinión pública o ante la oposición como más demócrata
o más proclive a una política de consenso. Ser demócrata es precisamente ser consecuente con la
voluntad de la mayoría, plasmada en la Constitución y no ceder ante la
imposición totalitaria y destructora de la legalidad. Por ello, si la
Constitución se fundamenta en la unidad irrevocable de España –artículo
2- y obliga a su acatamiento y cumplimiento a todos los partidos políticos
e instituciones –artículo 6,9 y 155-, no es explicable que el Gobierno
haya permitido un proceso electoral en el que el programa de algunos
partidos participantes proponga la independencia y el expansionismo
territorial. En cumplimiento de la propia Constitución que lo
legitima debía haber anulado tales programas electorales, suspendiendo
temporalmente las elecciones y adoptando algunas de las medidas previstas
en la propia Constitución. No lo ha hecho por debilidad o incoherencia y
las consecuencias en el proceso político en curso recaerán en el
conjunto de la ciudadanía española, en la que radica la soberanía, que
es una e indivisible y repercutirán en la convivencia del pueblo vasco,
que, pese a su situación, es susceptible de empeorar. Otro error es no haberse presentado en coalición el
PP y el PSOE, con lo que se hubiera alcanzado un escaño más que el PNV.
Han fallado las estrategias, por problemas de imagen o de intereses de
partido, que ante un tema de Estado debieran haberse subordinado al interés
nacional. Sin duda también es un error el fracaso de
profesionalización de las fuerzas armadas, lo que podía haberse evitado
si se hubiera actuado con un mayor sentido del Estado y al margen de
objetivos transitorios meramente electorales, mediante una más graduada
aplicación y sistemas mixtos de alistamiento. Este proceso está agravado
por la precipitada privatización de servicios militares de vigilancia,
abastecimientos, etcétera. La sensación de debilidad y de retroceso de
los valores que implica la milicia por su propia esencia e historia,
siguen avanzando en esta sociedad del confort, el consumismo y la
indiferencia hacia los valores que no sean meramente materiales. Por último, y dada la obligada limitación de un artículo,
constituye un error a medio plazo grave, la permisividad e incluso el
colaboracionismo pactista con que el Gobierno y las instituciones autonómicas
están permitiendo el persistente intento de progresiva absorción
cultural e institucional de Navarra por el País Vasco y en lo que a
nosotros atañe de Valencia por Cataluña. El escandaloso apoyo económico de la Generalitat
catalana a entidades que propugnan los
països catalans, la catalanización universitaria, los libros de
texto y la enseñanza en catalán, su utilización incluso en actuaciones
oficiales, la subordinación secular de las infraestructuras a objetivos
integracionistas, constituyen una intromisión intolerable y
anticonstitucional que rompe el equilibrio del Estado autonómico. Lo más
grave es que es una simiente, que como las ikastolas, producirá sus
frutos. No olvidemos que la acientífica sociológicamente e históricamente
inexistente unitat de la llengua es el fundamento de todos los expansionismos
políticos y que es mejor prevenir que curar. Por Erasmo
OFERTA
A CiU
Aznar
recuerda en su entrevista televisada que ha ofrecido y reiterado un puesto
en el gobierno nacional a CiU, obteniendo la negativa por respuesta. Como
la declaración ha sido pública y sonada, los catalanes de CiU se han
visto obligados a hacer pública su respuesta: No se integran en el
Gobierno nacional porque España no es su nación. Tan sencillo como eso.
Es decir, si les ofrecen un puesto en la Comisión Europea lo rechazarán,
porque Europa no es su nación. Además de insolidarios sin sentido histórico,
los nacionalistas minúsculos son aldeanos, que no pueden actuar fuera de
su entorno, ni siquiera para favorecer sus intereses. PERIODISMO
FISCAL
Los
periodistas han dictaminado ya que la muerte de peces en el río Ebro se
debe a una emisión de mercurio de la Electroquímica próxima. Sin
necesidad de esperar a dictámenes técnicos ni análisis. Sin conocer la
toxicidad de la forma en que estaba el mercurio emitido. Como en tantas
otras cuestiones (recuérdese el uranio empobrecido, las antenas o las
vacas locas, como casos recientes) la capacidad para intranquilizar prima
sobre la capacidad para informar. CRECIMIENTO
VEGETATIVO Las
recientes cifras del censo dicen que la población española ha crecido en
600.000 personas (un 1,5%) en el 2001. Crece el Levante, Madrid y su
entorno, Navarra y la Rioja. Y Cataluña, en menor grado. Se estanca todo
el Norte, exceptuando Cantabria, y el Centro. Disminuye un poco Galicia.
Lo esperado, más o menos. No
se detalla en qué medida se debe a crecimiento vegetativo o a emigración.
Pero da la sensación de que ésta no puede ser responsable de más de la
cuarta parte de ese crecimiento. Quizás la nueva confianza económica
haya recuperado la ilusión procreadora de los españoles. GIBRALTAR
Pausadamente,
aparecen noticias acerca de conversaciones en progreso para resolver la
cuestión de la soberanía de Gibraltar. La formula que parece barajarse,
cosoberanía, no parece la más deseable para los que añoramos la
restitución, pero es un progreso indudable. Si Aznar lo consigue se le
hará un monumento en vida. No es extraño que el PSOE (el de Morán)
reclame la soberanía total como objetivo primordial. EL
EMPECINAMIENTO EN ARGENTINA
Nuevas
o reiteradas algaradas que, aunque son protagonizadas sólo por una parte
ínfima de los argentinos, transmite hacia el exterior una imagen de País
en descomposición. El Gobierno, que debe actuar dando una imagen de
seriedad, no consigue transmitirla convenientemente a los inversores
extranjeros. No aborda ningún plan de restricción drástica del déficit
público y se ha enfrentado con las empresas industriales y financieras
españolas hasta el punto de que éstas apuntan la idea de salir de allí
perdiendo todo. No será así, pero el panorama no es bueno. Ni, lo que es
peor, apunta perspectivas de corrección. BERLUSCONI
NO HA TOCADO UN EURO
«Dicen
que Berlusconi ha dicho» que él no ha tocado aÚn un euro, para mostrar
su disconformidad con la moneda europea. Es difícil creerlo. En primer
lugar, porque lo ha negado expresamente. En segundo lugar, porque es un
hombre inteligente. Y en tercer lugar, porque Italia es una nación que no
puede sino ganar con la moneda y el mercado único. Se alude a su baja
forma política y económica, pero los italianos han demostrado
cumplidamente que la cancha abierta se les da muy bien. EL
SENDERO EUZKADIANO HACIA LA LOCURA
Arzalluz
e Ibarreche se hunden cada vez más en su pozo. Gritan exigiendo que se
dialogue con ellos, en sus términos, por supuesto. Huyen hacia delante
para acentuar continuamente su locura y se irritan porque los demás no
les acompañan en sus planteamientos. Llevan un año repitiendo
presupuesto, porque no son capaces de plegarse en nada a la oposición,
sin tener mayoría suficiente para imponer los nuevos, y llevan camino de
repetir otro año. Quizás lo extremen y cedan a las pretensiones de mayor
euskaldunización que les plantea Batasuna. Con lo cual darán un paso más
hacia su meta añorada: La Albania de Hoxa. EL
CONFLICTO PERENNE La tregua colombiana está en peligro, Y se considera muy probable que se reinicie el conflicto armado. Que es un eufemismo para definir los secuestros crematísticos, la explotación intensiva de las drogas, la matanza y extorsión de campesinos, los coches bomba y el miedo generalizado. Porque no hay confrontaciones armadas en fuerza que permitan resolver el conflicto de una forma u otra. Y así lleva cincuenta años un país con cultura importante. Resulta apabullante la ineptitud de políticos y militares para cumplir con su papel y resolver una situación que ha introducido la violencia en la cultura del pueblo. Claro que nosotros llevamos treinta con otro conflicto similar, aunque de menor cuantía, sin que los gobernantes sean capaces de abordarlo con eficacia. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con
la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una
corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo
un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite
en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los
juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga
asumir las distintas opiniones. |
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