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  Nº 85 - 20 de febrero de 2002

 CONTENIDO   

1. El anaquel: La solución política. Reválida.

2. ¿Una o dos «cavernas»?

3. Breves

EL ANAQUEL 

Por Aquilino Duque

LA SOLUCIÓN POLÍTICA

Tienen razón los que sostienen que para acabar con el terror separatista -que ellos por supuesto no llaman así- no basta con medidas policiales, sino que hacen falta medidas políticas. En efecto, los meritorios servicios de los otrora «cuerpos represivos», hoy «órganos de la seguridad del Estado», sólo sirven para proporcionar una temporada de reposo en cárceles «humanitarias» a los «presuntos» delincuentes que caen en sus manos. El terror separatista seguirá siendo como la Hidra de Lerna mientras el separatismo, por otro nombre nacionalismo, siga siendo una opción política legítima. Las bajas incruentas que la Guardia Civil o la Policía causen en los «taldes» o como se llamen, son cubiertas inmediatamente por las nuevas levas que aportan las «ikastolas», y a cada proeza cruenta de los que sacuden el árbol, sube el tono de voz de los que recogen las nueces.

La solución política politicorrecta es capitular ante el separatismo y avenirse a todas sus exigencias, entregando a una minoría de lobos la mayoría de ovejas de las Vascongadas. También sería política la solución de amparar a esa mayoría, clausurar las «ikastolas» y reabrir la cárcel conciliar de Zamora para que el Bazar de los Burros en pleno, con Arzallus a la cabeza, haga en ella ejercicios espirituales. Por el camino que vamos, desde luego, seguirán muriendo españoles hasta que la que hoy es minoría se convierta en mayoría. ¿Será eso lo que busca la clase política?

REVÁLIDA

No hay cosa tan mal vista hoy día entre los propios católicos como la confesionalidad del Estado. Hay incluso adictos y nostálgicos del «régimen anterior» que censuran al anterior Jefe del Estado la entrega a la Iglesia de todo lo referente a la educación y a la moral. Parece ser que la Iglesia abusó de sus funciones, según dicen sobre todo los que se educaron en sus centros docentes. Yo no tuve ese privilegio, y a lo mejor a eso se debe que no haya sentido en mi carne esos presuntos abusos. De hecho, los rigores eclesiásticos más notorios que yo llegué a alcanzar fueron los del inolvidable cardenal Segura, que no era precisamente un adicto al Régimen. Un historiador incluso tan ecuánime como Domínguez Ortiz llega a decir que la Iglesia no tiene que pedir perdón por haber sido perseguida, como ahora pretenden los nietos de sus perseguidores, pero sí por su colaboración con el Régimen que la redimió de la persecución y la premió confiándole la formación de la juventud.

Hoy es por lo visto de buen tono abominar de los tiempos en que el Estado y la Iglesia se preocupaban por la educación. Los tímidos rumores de una recuperación de la antigua Reválida o examen de Estado provocan incluso algaradas en una juventud que no tiene otros valores que los del Libro rojo del cole. Que aquella Reválida era una pesadilla no seré yo quien lo niegue, pero gracias a ella tuve una idea de latín y de matemáticas y algo más que una idea de las reglas de la ortografía. 

UNA O DOS CAVERNAS 

Por Luis Huertas

El reportaje de prensa empezaba así: «El Presidente del Gobierno, historiadores, familiares y amigos de Rafael Altamira evocaban en la “Residencia de Estudiantes” la pasión por la libertad del insigne humanista a los 50 años de su muerte. Cumpliendo así “un acto de verdadera justicia”». Luego se extendía la reseña tanto en los méritos biográficos del homenajeado como en la descripción del acto.

La obra de Altamira fue importante, ni más ni menos que la de tantos otros de aquellas generaciones de investigadores –de uno y otro signo político- pero aparte y además de una serie de consideraciones sobre su obra, en el acto que intento glosar lo que también se destacó, con énfasis, fue que «la censura franquista prohibió que se publicara su Historia de España [ porque fue] un hombre que defendió la democracia por encima de todo», según dijo el editor D. Gonzalo Pontón. (Yo creía que la mayor virtud de un historiador, independientemente de sus siempre respetables ideas políticas, «por encima de todo» debería ser la investigación y la reseña de la verdad histórica, pero parece que lo destacable es el culto a la democracia; ambas cosas –verdad histórica y democracia- son perfectamente compatibles pero, lógicamente, aplicándoles un orden de prioridades).

Pero la «guinda» más sustanciosa en la tarta del citado acto la aportó D. José María Aznar diciendo que «quienes utilizan la Historia como piedra arrojadiza tienen nostalgia de la caverna». ¿A qué «caverna» se refería? Como no lo expresó con claridad habrá que deducirlo, tarea que modestamente me propongo en estas cuartillas.

Hubo en España dos «cavernas» si bien con desiguales fuerzas; hoy solamente queda una pero temo que el Sr. Aznar no se estuviera refiriendo a la que permanece; deducción que me atrevo a esbozar no por sus palabras de aquel día sino por la experiencia observada y observable en él. Hubo, ciertamente, la «caverna» de la ultraderecha («la derechona», como él mismo la patentó en unas famosas declaraciones), pero ésta murió de muerte natural al evolucionar España al compás del paso de las generaciones que modernizamos a nuestra Patria; generaciones que en modo alguno, jamás, nos sentimos identificados con tal «derechona», en ninguno de sus aspectos, porque pretendimos –y esto sí que lo conseguimos- «una España alegre y faldicorta» sin truculencias ni fanatismos. No obstante esta constatación nítidamente histórica de la desaparición, de la inexistencia, de aquella «caverna», en D. José María se ha podido observar que con un afán claramente maniqueo sigue «alanceando a ese moro muerto» en cualquier ocasión que se le presente, venga o no a cuento, con tanta bravura como inutilidad porque ya fue enterrada a todos los efectos decisorios.

La otra caverna que permanece –véase que no la pongo comillas porque lo es y porque existe- es la que no es que «utilice la Historia como piedra arrojadiza», es que sistemáticamente la deforma y la falsea desde su dogmatismo y sectarismo marxistas, desde los rencores de sus frustraciones personales o desde la advenediza táctica de servir sus ambiciones y pretensiones también personales; es la caverna que enzaza con lo «políticamente correcto» de ahora y en consecuencia es respetada, ensalzada e incluso financiada desde instancias oficiales.

Me temo que D. José María no condenaba a esta caverna que goza de tan buena salud, pues sería sorprendente que ahora esbozase una crítica sobre personas o instituciones que ha venido respetando y aún ensalzando desde que era pretendiente al cargo que ahora posee. Si se hubiese referido a ambas cavernas a lo largo de su vida pública –como siempre hicimos lo de mi generación- yo ahora no dudaría que en el acto citado condenaba merecidamente a ambas, pero –como señalaba antes- es que a lo largo de su vida pública no se ha dedicado más que a reivindicar famas, aciertos y virtudes de un solo lado y, ni una sola vez, ni una sola, ha mencionado a personas u obras de signo político diferente. Y digo «signo político diferente», no personas u obras identificables con la extinguida «caverna» -pues probablemente no merecían elogios muchos de ellos- sino a figuras insignes hoy desterradas de cualquier cita elogiosa precisamente por ser opuestos en sus ideas y en sus comportamientos a los de la única caverna. Que hoy sigue existiendo. ¿Por qué este lineal comportamiento de D. José María?

Me temo que por acomplejamiento y para que nadie le recuerde sus orígenes políticos, lo cual no es una actitud precisamente heroica pues tan respetable es mantener honestamente posturas originarias como manifestar cambio o evolución desde ella si, como cabe suponer, una u otra transformación se ha inspirado en también honestas convicciones. Porque, supongo, esa unilateralidad en los elogios y en las respectivas condenas no obedezca a que sólo encuentre virtud o acierto en una sola de las partes, ya que si esto pasase habría que convenir que su formación histórica y su capacidad de análisis en lo intelectual y en lo político son muy menguadas. Más bien creo lo otro, pues independientemente de que no quepa calificarlo como un brillante intelectual, es igual de cierto que no es tonto precisamente. Me agarro a lo otro y a este matiz: mucho en él es puro electoralismo y, desde tal apriorismo, cree que sólo se recolectan votos en una parcela, no en varias.

Pese a sus aciertos gerenciales en varios aspectos de su alta responsabilidad política –no en todos ni mucho menos, por supuesto- también hay que señalar estas características; no hacerlo sería caer en lo que hacen con otros de su entorno: adulación. 

BREV ES 

Por Erasmo

LOS JUECES EXTERIORIZAN SU DIVISIÓN

Se transmite al mundo no judicial la noticia de que la suspensión cautelar de los tres Magistrados del caso del narcotraficante fugado fue tomada en votación doce a nueve. La misma división de los vocales del CSPJ entre «conservadores» y «progresistas». Se expone así una división partidista de los jueces por motivos ideológicos, que parece incapacitarles para entender razones, en la actuación de los sujetos a juicio, que se enfrenten con su ideología. Para acentuarlo, sus partidarios se han manifestado públicamente, demostrando su apoyo a los suspendidos. Y en consecuencia, su desprecio a los procedimientos legales.

Un pésimo índice de la mentalidad de nuestra Sociedad.

EL PSE CONFIRMA SU «RECTIFICACIÓN»

El PSE ha aprobado las principales líneas de la ponencia de Jáuregui, aproximándose a las tesis del PNV y alejándose de las de Nicolás Redondo. No es fácil decir si se acercan o alejan a las tesis de Buesa, Lacalle y tantos otros socialistas asesinados por los compañeros del PNV en Estella. Pero la primera impresión es que esa tendencia aprobada parece un desprecio a lo que motivó que se convirtieran en dianas de los asesinos.

Alguien calificará este cambio de actitud como una demostración de realismo, de prudencia, de sensatez…

Otros lo calificaríamos de otro modo radicalmente distinto.

LOS ESTUDIANTES IGNAROS Y LOS PROFESORES IRRESPONSABLES

Los estudiantes que asaltaron el Rectorado de la Universidad de Sevilla son unos energúmenos identificables. Su portavoz, claramente identificado, que desdeña el alegato de que las puertas eran del Siglo XVIII con la observación de que «sólo era madera» debe ser expulsado de la Universidad, porque la contamina con su vaciedad cultural. Y los profesores, capaces de azuzar primero a los ignorantes contra la LRU, para después plegarse a ella sin explicaciones, son unos irresponsables.

Cualquier propósito de regenerar la calidad cultural de la Universidad española tiene que compensar treinta años de demagogia y explosión extensiva, sin cuidar del desarrollo intensivo del profesorado.

EL PODERÍO MILITAR AMERICANO

El presupuesto militar americano decuplica los presupuestos conjuntos de Rusia y China, sus enemigos potenciales más poderosos. Es un dato sobre el que puede edificarse cualquier tipo de consideración respecto a poderíos o hegemonías nacionales. Por ejemplo, España ha acatado con las orejas caídas, con todas sus consecuencias, la realidad inglesa en Gibraltar desde finales del Siglo XVIII, como consecuencia de nuestra permanente inferioridad militar con Inglaterra desde entonces. ¿A qué puede conducir esa hegemonía absoluta americana sobre el resto del Mundo?

Da que pensar, temer, o envidiar.

LA «LIMPIEZA ÉTNICA» DE LOS REYES CATÓLICOS

José Antonio Jáuregui, sociólogo, recuerda en el ABC la limpieza étnica que hicieron o procuraron los Reyes Católicos con la expulsión de los judíos. Si un estudioso como él confunde limpieza religiosa con étnica, ¿A quién exigir calidad de opinión? Si un ilustrado con vocación publicista ignora el peso judío converso en la clase dirigente española de los siglos XV y XVI, ¿cómo defender nuestra historia respecto a malinterpretaciones, intencionadas o no, hechas por extraños?

Y que conste que el propósito, declarado por él mismo, de su colaboración dominical en ABC es ayudar a los españoles a reconciliarnos con nuestra historia.

ARZALLUS, EL DESLENGUADO

El Presidente del PNV lanza la soflama de que España no paga más erzainas porque a Mayor Oreja no le conviene, dado que tiene intereses en empresas de seguridad en el País Vasco.

Éste, indignado, le llama mentiroso y le desafía a demostrar que tiene esa propiedad, que él niega, tanto para él como para su familia.

Y el deslenguado calla. Aquí no ha pasado nada. Un representante de una parte de la sociedad vasca puede ser un falsario irresponsable. Pero no pasa nada. Y en ello radica la gravedad de lo que pasa.

EL ESTADO DE LA ENSEÑANZA

El diario El País publica datos que muestran que el gasto español por estudiante de secundaria es de los más bajos de Europa. También demuestra, aunque no lo destaca en titulares, que los profesores españoles disfrutan del tercer puesto en ingresos, considerados en paridad de capacidad de compra, de toda la OCDE y el tercer puesto, por la cola, en horas dedicadas a clase. Es decir, son unos privilegiados en un sistema que dedica la mayor parte de los recursos aplicados a mantenerles satisfechos, reduciendo otros gastos al mínimo.

Una vez más, nuestro vicio nacional de procurar ser amables, antes que efectivos.


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