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  Nº 91 - 3 de abril de 2002

 CONTENIDO            

 1. El anaquel: Cultura y terror. El buen derecho

 2. El fundamentalismo político

 3. Breves

 4. Conspiración norteamericana sobre Repsol

     

 EL ANAQUEL 

Por Aquilino Duque

CULTURA Y TERROR

Dicen los beatos de la democracia que del terrorismo que padecemos tiene la culpa el régimen anterior. El régimen anterior pasó a mejor vida hace años y en esos años el terrorismo ha ido cada vez a más. Los beatos de la democracia se consuelan diciendo que esa plaga también la sufren los demás países democráticos. Esos países democráticos no tienen el consuelo de echarle a un régimen anterior la culpa de su terrorismo, pero tienen en cambio el de que, gracias al nuevo régimen, España haya dejado de librarse de él. El terrorismo campa por sus respetos en el mundo libre desde que los Estados Unidos perdieron la guerra del Viet-Nam y se puso en marcha la máquina infernal de la contracultura. La contracultura fue, es y sigue siendo el servicio de prensa y propaganda del terrorismo. A la contracultura han rendido tributo antes o después los intelectuales más influyentes de Occidente, con el ménage Sartre a la cabeza y Genet y Pasolini por el rabo. En los años 60 y 70 hizo singular fortuna el sintagma «terrorismo cultural», y no es cosa ahora de detallar las innumerables ocasiones en que los hombres de cultura, en España y fuera de España, hicieron causa común con los terroristas, firmando todos los manifiestos y proclamas que justificaban sus fechorías. Sin el apoyo de la cultura, la contracultura no hubiera ido demasiado lejos.

Si la guerrilla es la guerra de los débiles, el terrorismo es la guerra de los cobardes. En tiempo de guerra, ambas tácticas se confunden, pero en tiempo de paz ambas tienen a la cultura por alcahueta. Antes de que se inventara la contracultura, existía la llamada literatura comprometida y el arte comprometido, es decir, el arte y la cultura como alcahuetas de la política. «Hace unos años, aquí -escribía refiriéndose a España el estimulante Francisco Nieva- toda la novela era realista, toda la pintura era abstracta y todo el teatro era político». Yo añadiría: «Y toda la poesía era social». Pues bien, esa poesía social, ese teatro político, esa pintura abstracta y esa novela realista, pese a sus pretensiones totalitarias, no eran toda la novela ni toda la pintura ni todo el teatro ni toda la poesía, porque si lo hubieran sido, tendrían toda la razón del mundo los imbéciles que aún hablan del «páramo cultural». Creo que en esto puedo hablar por haber perpetrado un engendro escénico que le remití a un dramaturgo subversivo de Barcelona. Debo de conservar la carta en la que me felicitaba y me anunciaba que mi adefesio le venía muy bien para una operación de «guerrilla cultural» en Córdoba que posiblemente quedó en la consabida carrera en pelo ante los «grises». Lo cierto es que en los años 60, si hubo un género que pasó por un buen momento fue el teatro sin adjetivos. En esos años se comprobó que representar a Valle-Inclán era posible, que García Lorca podía llegar a un público mayoritario, que el «rojo» Casona hacía un teatro superburgués y que surgían nuevos valores que no fueron capaces de sobrevivir a la desaparición de la Censura.

Ahora bien, atribuirle a Franco el mérito de ese buen momento teatral sería tan absurdo como echarle la culpa, como se le echa, del teatro de Sastre, de la poesía de Celaya, de la pintura de Saura o de la novela de López Salinas. De lo que escribían o pintaban esos señores quien tenía la culpa en todo caso eran los que les suministraban sus consignas y su ideología, como del terrorismo tenían y tienen la culpa los que equipan, entrenan, encubren o absuelven a los terroristas.

Decía Carl von Clausewitz que ganar la guerra es quitarle al enemigo las ganas de defenderse, y el 7 de julio de 1977, en el diario Informaciones, escribía yo lo siguiente: «Si la operación Gramsci sale adelante con Justicia Democrática, su Unión de Militares Democráticos, sus Cristianos por el Socialismo y su "control democrático" de los medios de enseñanza y de los medios de difusión, se va a ver la OTAN defendiendo a una sociedad que no quiere que la defiendan o, lo que es peor, a una sociedad que no existe». La operación Gramsci consiste en apoderarse de todos los resortes y los órganos de la sociedad civil, implantando en ellos el «control democrático», de modo que la sociedad política, o sea el Estado, se disuelva por sí sola en esa sociedad civil, «democráticamente controlada». Esa operación salió adelante en nuestra patria, como yo me temía, aunque la conquista del Estado permitiría quemar las etapas. El resultado fue que llegarían a gobernar a España los mismos que años atrás hacían causa común con los intelectuales comprometidos y clamaban por la amnistía de los mismos a los que ahora llaman terroristas.

No puede decirse, pues, que la democracia le dé pretextos al terrorismo. Pero es que el terrorismo no necesita pretextos; lo que el terrorismo necesita es facilidades, y ésas sí que se las da la democracia.

EL BUEN DERECHO

El recién desaparecido poeta Valente me dijo una vez que a él el único nacionalismo que le interesaba era el vasco, «porque mata», y yo estoy harto de decir que las únicas instituciones del Estado que me inspiran respeto son Hacienda y la ETA. La ETA dice lo que quiere y hace lo que dice y no entiendo esa manera que tienen los autodenominados demócratas de llamarse a engaño cada vez que la ETA hace de las suyas. Los estudiosos del Derecho Romano saben muy bien que cuando se escapaba una fiera del circo, era su guardián o su dueño el responsable de lo que hiciera el animal. No sé de ninguna manifestación en el Foro en el que la plebe romana suplicara a los leones que hicieran el favor de no volver a matar.

Comparar a nuestros terroristas con leones es más adecuado que llamarlos «fascistas», como hacen nuestros analfabetos políticos, pero la cosa es más compleja, ya que detrás de nuestro terrorismo hay una lógica racional y un cálculo civil. Esa lógica es la del separatismo y ese cálculo es el de la impotencia del llamado «Estado de derecho». Si hay una cosa de la que no está seguro el «Estado de derecho» es de su buen derecho, pues si lo estuviera no estaría a la defensiva ante las cruentas veleidades del separatismo, sino que las erradicaría con la máxima contundencia, «caiga quien caiga», como tanto les gustaba decir a los demócratas al comienzo de la Transición.

 EL FUNDAMENTALISMO POLÍTICO                                                       arriba

Por Dalmacio Negro

Tomado de «La Razón», 26 marzo 2002

La palabra fundamentalismo, utilizada inicialmente para denominar ciertas sectas protestantes, especialmente en Estados Unidos, se ha puesto de moda con motivo del ahora mal llamado fundamentalismo islámico. En puridad, éste sería más bien un integrismo, en tanto no se limita a lo que se considera fundamental del Islam como religión o a tomar por fundamental un punto o una parte de la doctrina, sino a condicionar coactivamente la política y los demás ámbitos de la  vida según su punto de vista. Pues el integrismo, según el empleo político convencional de la palabra, consiste en englobar y ver todo lo humano desde el punto de vista de la ortodoxia de una religión o confesión, negando la autonomía o independencia de la estética, de la política y más concretamente aún de la filosofía, de la ciencia, etcétera, en fin, de cualquier aspecto de la vida humana y, en definitiva, de la libertad de conciencia. Constituye, pues, un equívoco emplear la palabra fundamentalismo en relación con la religión, como equivalente o sustituto de integrismo, ya que, dado el uso que se hace de su connotación semántica podría aplicarse a infinitos campos. Uno de ellos el de la política.

En este sentido existe, efectivamente, un fundamentalismo político que niega la legítima autonomía o independencia respecto de ciertas esferas de la vida, por ejemplo, pues parece volver a ponerse en boga en círculos reaccionarios, de la vida religiosa. Un caso obvio de fundamentalismo político es la corrección política o política correcta, una consecuencia directa del fundamentalismo que subyace tras la fachada de la ideología del consenso: ésta se desentiende de lo que no concierne directamente a la política, pero pretende imponer sus exigencias en todo lo que le afecta.

Así pues, es preciso, destacar otro aspecto: que todo fundamentalismo nace intencionadamente enfrentado a la ortodoxia respectiva: precisamente por eso es fundamenta lista. O sea, el fundamentalismo religioso choca por su exageración o radicalización de un punto o interpretación doctrinal con su correspondiente ortodoxia, como en el caso del supuesto fundamentalismo islámico. En realidad, la religión islámica es más proclive al integrismo que al fundamentalismo, como ha ocurrido ya varias veces a lo largo de su historia. Este último deriva, después de todo, de la doctrina protestante del libre examen combinada con la de que cada cristiano es un sacerdote y, por tanto, capaz de fundar su propia iglesia según su interpretación de la verdad de fe. Doctrina enteramente extraña tanto al Islam como a la mayoría de las religiones, por lo menos de las grandes religiones, es un corolario democrático-religioso heterodoxo de la libertad de conciencia del cristianismo. El catolicismo, la ortodoxia de la que procede el protestantismo, aunque postula la libertad de conciencia, no admite el libre examen en sentido fundamentalista; de ahí su «autoritarismo».

Lo mismo ocurre con el fundamentalismo político. Este choca también con lo que puede llamarse igualmente la ortodoxia política. Pues, en torno al concepto o idea de lo que es la política existe -o existía- un acuerdo más o menos aceptado, siendo éste un aspecto fundamental de la tradición política europea que es por eso una tradición liberal, ya que, según ella, la política, que se refiere a un modo de acción colectiva, tiene como objeto la libertad, la dilatación de la libertad, desde las libertades de pensamiento y conciencia y las libertades sociales o civiles a la libertad política como garantía frente a los abusos del poder, de lo Político, cuya forma es hoy el Estado. Sin embargo, durante todo el siglo XX, un siglo politizado, y, al parecer en estos comienzos del XXI, se asienta en la libertad un fundamentalismo político, según el cual aquella no puede tener otro sentido o significado que lo que decretan como tal los que absolutizan su opinión sobre lo que es la libertad, con el peligro de convertir la politización en una suerte de integrismo totalitario. Ahora bien, como la misma idea o concepto de libertad excluye la posibilidad de hacer de ella un fundamentalismo, eso prueba hasta qué punto se ha tergiversado la idea de libertad.

BREVES                                                                                                                 arriba

Por Erasmo

EL ÉXITO DE LA GUARDIA CIVIL

Detener a los asesinos del concejal socialista Priede a los cuatro días del crimen es un logro sensacional. Como detener al canalla que les advirtió de la inermidad temporal del asesinado. Y la desarticulación de todo un conjunto de colaboradores, con armas y explosivos. Y la posible identificación y captura de los asesinos de los erzainas de Beasain.

Todo ello lo ha conseguido la Guardia Civil, sin que el PNV o el PSE se hayan, o les hayan, felicitado por ello.

Desgraciadamente, lo normal.

UNA PROPUESTA CANALLESCA

Se dice que el general Galindo será expulsado del Ejército. Y parece ser que es un paso obligado, si se formaliza su condena. E incluso se comprende, pues un caso tan grave como el de que le acusan no puede ser compatible con el honor militar.

Pero resulta una canallada. En primer lugar, por las dudas de culpabilidad que puedan quedar. En segundo lugar, por lo que supone meter a una persona como él en una cárcel común. En tercer lugar, por lo que exige un mínimo agradecimiento por los servicios prestados.

Si el Gobierno de España no es capaz de encontrar una solución adecuada a ese conflicto, poco vale como gerente de situaciones conflictivas.

ARZALLUS LE PIDE A ETA «OTRA CLASE DE ACCIÓN POLÍTICA»

El presidente del PNV, su oráculo orate, ha pedido a la Eta que «cambie de política». Porque la Eta está haciendo, según parece, «política». También ha declarado que si la Eta dejase de actuar, «Aznar entraría en fuerza» en las Vascongadas. Es decir, lo único que frena al Gobierno para una ocupación militar de aquellas provincias es el temor al poderío «militar» de los terroristas. Es sabido que los nacionalistas están alienados, pero asombra comprobar hasta qué grado.

ARAFAT EN LA PICOTA

Los israelitas tiene sitiado a Arafat en dos edificios de Ramala, donde el incapaz presidente palestino promete morir en su puesto. Está por ver. Pero está claro que los incitadores al suicidio asesino de tantos jóvenes son más bien propensos a la rendición.

Y la Comunidad internacional se pregunta perpleja qué hacer para resolver una situación de odios étnicos con tres mil años de historia. Cuando la única solución histórica eficaz ha sido siempre la intervención armada de Occidente.

LOS HISPANISTAS EN ABC

El dominical de ABC publica un reportaje acerca de los hispanistas, anglosajones por supuesto, pues no se concibe otros, con un cierto detalle de exposición de las ideas predominantes en los casos de los actuales: es decir, Preston, Gibson, Jackson, Carr, Thomas y Payne (no menciona, por eejmplo, ni a Elliot, Kamen ni a tantos otros ocupados en nuestros siglos XVI a XVIII). Sorprende la tendencia del articulista en alogiar a los que considera «más progres» (los tres o cuatro primeros) frente a los dos últimos, «revisionistas conservadores». Y diciendo, por supuesto, que en España no se ha hecho historia equiparable. No sorprende la ignorancia del articulista. No es sino un diletante que sigue las ideas impuestas actualmente en la «cultura española». Sí sorprende que un periódico que pretende representar el sector conservador de la sociedad española tome partido tan estúpidamente por los «contrarios». Tanto más sorprendente por ignorar la mejor calidad historiadora de los postergados respecto de los ensalzados.

 CONSPIRACIÓN NORTEAMERICANA SOBRE REPSOL                      arriba

Tomado de Hispanidad 2.4.2002

En plena Semana Santa, con medio mundo de vacaciones, el diario ABC de Madrid publicaba un pequeña nota informativa sobre un informe de la agencia de riesgo Standard and Poor’s. Este era su contenido:

«Repsol YPF podría acusar en su financiación un eventual incumplimiento de deuda de su filial argentina YPF de 22,8 millones de euros, según la agencia de calificación Standard & Poor´s, informa Ep.

»En un informe, la firma internacional advierte de que por encima de dicho nivel se activaría la cláusula de «incumplimiento mutuo» de deuda de la matriz, que afectaría a bonos por un importe total de más de 8.000 millones de euros.

»La firma destaca que la petrolera es el único emisor de deuda europeo que se enfrenta a una cláusula de este tipo respecto a una filial argentina, si bien confía en la capacidad financiera de Repsol para apoyar a YPF en el entorno de deterioro de coyuntura del país austral.

»Standard & Poor´s también advierte que si los prestatarios de deuda de Eurobonos de la compañía solicitan la aceleración de la amortización, la liquidez de Repsol podría verse estrangulada, lo que obligaría a una revisión de los “ratings” de la multinacional».

Así, nada más y nada menos. Para un lector lego en el lenguaje y funcionamiento de los mercados financieros la nota no tendría especial importancia. Venía rebotada de la agencia española Europa Press, quien a su vez la había sacado de la agencia italiana ANSA, que jamás se ocupa, miren por dónde, de Repsol YPF, que, a su vez, lo habría sacado de S&P, agencia de riesgo norteamericana que, como hace un año las auditoras, son consideradas como el acabose de la imparcialidad y los jueces de la solvencia de las grandes empresas. Su palabra es ley. Si te suspenden en solvencia tendrás que endeudarte a más alto precio o simplemente se derrumbará tu cotización en los mercados.

Para un especialista, sin embargo, la nota sí dice mucho. Es más, pronuncia las palabras mágicas «estrangulamiento de la liquidez», lo que significa, ni más ni menos, que Repsol estaría en suspensión de pagos (lo cual, simplemente es falso). Pero, además, la notita de S&P se las trae, dado que es retorcida como una viruta. Vamos a ver, ¿qué tiene que ver un posible (siempre posible, para no pillarse los dedos) incumplimiento de deuda de su filial argentina con el mercado de eurobonos y, que tiene que ver éste con la totalidad de la deuda de Repsol? Hombre sí, todo tiene que ver con todo, pero estamos hablando de una deuda mínima (la Argentina) dentro, no ya del balance total de Repsol, sino tan siquiera de su deuda global.

Naturalmente, en Repsol, que no son tontos, no se atreven a responder públicamente, porque la única respuesta posible a la acusación es la siguiente: no se preocupen ustedes, si nuestra filial argentina tuviera problemas de liquidez (los tienen todas las empresas que operan en aquel país) nosotros, desde Madrid, responderíamos de los pagos. No puede decirlo porque lo que no quiere ninguna empresa extranjera es, precisamente prometer pagos a sus filiales argentinas, auque al final se están viendo obligadas a a transferir fondos a aquel país: que cada palo, cada filial, aguante su vela y que el Gobierno Duhalde no piense que las empresas extranjeras están dispuestas a asumir un pozo sin fondo.

Ahora bien, que el comunicado de S&P coincida con la campaña de filtraciones lanzada por las empresas norteamericanas presentes en Argentina, y canalizadas a través de la Embajada de USA en Buenos Aires, da más que pensar. Como informábamos en Hispanidad.com (Edición del martes 26: «Estados Unidos quiere comprar La Argentina: España sobra») el agregado de prensa norteamericano de aquella legación explicaba a un grupo de influyentes periodistas argentinos que los españoles no saben nada de petróleo y que a cuatro dólares el peso, son los norteamericanos los que están dispuestos a sustituir a los españoles en la zona comprando baratito.

Lo cual es una conspiración, pero es entendible. La diplomacia económica norteamericana tiene muchos años de vida, mientras que la diplomacia económica española aún no ha nacido. Ahora bien, que una agencia de riesgo (las dos grandes Moody’s y S&P, son, casualmente, norteamericanas) entre al trapo, alimentando con su prestigio una campaña de este tipo, siempre a través de los medios de comunicación, resulta más preocupante. Simplemente, indica cómo funcionan los mercados financieros, el fenómeno más globalizado... al servicio de los poderosos. Y quien diga que el origen norteamericano de las agencias de riesgo supone un elemento neutral sólo recuerda aquello de que la ingenuidad es una de las características de la raza humana.    

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