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Nº 97 - 22 de mayo de 2002 |
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CONTENIDO 1.
El anaquel:
Zorras y gallinas 2.
Contra la
civilización occidental 4. Breves
Por
Aquilino
Duque ZORRAS
Y GALLINAS
En
un acto multitudinario de esos que acreditan la capacidad de convocatoria
de la ETA, una parte del público se permitió abuchear a unos artistas
recordando probablemente que, en las postrimerías del «régimen anterior»,
habían sido compañeros de viaje de los terroristas cuando sus acciones
iban dirigidas contra ese régimen. En aquellos tiempos, todos los medios
eran buenos y no había aliado indeseable, máxime si éste estaba
estampillado de marxista-leninista. Yo recuerdo la emoción con que la
corte romana de Alberti siguió las vicisitudes del proceso de Burgos y,
tampoco hace tanto, una gentil diputada catalana, evocaba lo que había
sufrido cuando los fusilamientos del El Goloso, última vez en que el
Estado, al amparo de las leyes vigentes, dio en nuestra patria su merecido
a unos terroristas. Por aquellas calendas andaba yo queriendo escribir
para el teatro y mandé al «Premio Guipúzcoa» tres pasos de comedia
titulados Dos pasos adelante y uno atrás en homenaje a Lenin, de
quien se cumplía en aquel año de 1971 el primer centenario. En uno de
ellos, dos personajes cantan y bailan un tango revolucionario al que
pertenecen estos versos: Mitrayeta, / cogestión, / los comandos de la
ETA, / la guitarra de Raimón... etc. Si algún día se publica mi
novela El piojo rojo, podrá leerse el texto íntegro del tango y
tener una idea esperpéntica de las complicidades de una época en que la
intelectualidad «resistente» sacaba su fuerza moral del Muro de Berlín.
Al desplomarse el Muro, los que en él se apoyaban se vieron con las témporas
al aire, pero por fortuna la Prensa bienpensante y la políticamente
correcta no tardarían en arroparlos. De ahí que las terceras de ciertos
periódicos nacionales tengan hoy en día el interés que sólo puede
tener un taparrabos. El
poco éxito de mis tentativas escénicas contrasta con el grande y
merecido éxito de otros autores de vanguardia que, con mejor sentido de
la Historia que yo, y debidamente arropados, se labraron una reputación
inmarcesible. A mí siempre me ha llamado la atención que las obras de
estos cineastas o dramaturgos, valga el vocablo, tuvieran tan buenas críticas
y durasen tan poco en el cartel. Ese misterio se disipa cuando el
organismo estatal competente les retira las subvenciones oficiales. Las
subvenciones oficiales son una secuela del denostado «régimen anterior»
que, al igual que la mayoría de los regímenes europeos de la época a un
lado y otro del Muro de Berlín, creían que el Estado debía acudir en
auxilio de las víctimas de la ley de la oferta y la demanda. La
intelectualidad parece no haberse enterado aún de que el socialismo está
muerto y enterrado; en nuestra patria concretamente desde la llegada al
Poder del Partido Socialista, y que la socialdemocracia al uso no es más
que la forma política de la sociedad de mercado libre que el Che Guevara,
con toda la razón del mundo, definió con la frase «zorras libres entre
gallinas libres». Esa
sociedad tiene derecho a criticar y a abuchear a quien le pete y el Estado
que le da forma política tiene el de retirar las subvenciones a quien se
le antoje. A mí esto no me cuesta ningún trabajo reconocerlo porque
nunca estuve subvencionado y en alguna ocasión he sido abucheado y me he
tenido que aguantar como un picador de toros o un árbitro de fútbol. Alguna
vez he escrito que el terrorista es en nuestro país una especie
protegida, y resulta que también se sienten especie protegida los
antiguos cómplices y turiferarios del terrorismo que ahora lo condenan en
nombre de la corrección política. Por lo visto no han pasado para ellos
los buenos tiempos de la «guerrilla cultural» cuando ejercían con la
pluma el terrorismo que los «chicos», como les llamaban, ejercían con
la Parabellum o la gomadós. Saben además que la «mayoría
silenciosa», la «ciudadanía» que a cada nueva fechoría del terrorismo
reacciona contundentemente con vigilias laicas, lacitos azules y
multitudinarias manifestaciones... de impotencia, se deja impresionar e
intimidar sin hacer más preguntas que las que las gallinas libres les
puedan hacer a las zorras sueltas. CONTRA
LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL
arriba Por
Dalmacio Negro Tomado
de La Razón, 9 abril 2002 Que
la civilización occidental en su parte europea está en decadencia, por
decirlo de alguna manera, sin que se vislumbre una reacción o su
posibilidad, constituye una realidad indiscutible que no remediará la
imaginaria unidad de Europa. Se trata de una enfermedad del espíritu, una
suerte de autoodio que condiciona esa misma unidad. Tras
la barahúnda por los acontecimientos del 11 de septiembre pasado, se está
acentuando en Europa, no por cierto en Estados Unidos, ese espíritu
respecto a la civilización occidental caracterizado por su animadversión
a la misma. En él, no sólo participan extraeuropeos, «raptores» de sus
productos, lo que puede ser lógico e incluso comprensible, sino, lo que
es bastante más grave, muchos europeos, incluyendo buena parte de las élites.
Como no se ignora, la cosa viene de atrás, aunque sólo después de la
Segunda Guerra Mundial se ha divulgado la idea, hasta el punto de formar
parte del inconsciente colectivo, a juzgar por la aceptación que tienen
los detractores, de que «la civilización occidental tiene que
desaparecer», como titula Jacques Barzun la última parte de su gran
libro Del amanecer a la decadencia. El
antieuropeísmo empezó con ironías y medias afirmaciones y negaciones en
la época de la Ilustración. Se formalizó durante la Restauración
(1815-1830) debido l fracaso de los grandes ideales de la Gran Revolución
de 1789, se acentuó en el período posterior y salió a la luz tras la
llamada revolución de los intelectuales de 1848, cuya falta de éxito
aumentó las dosis de resentimiento. Bakunin, uno de sus productos, dijo
sin ambages pensando en Europa y resumiendo el espíritu que iba a
embargar a tanta gente: «Depositemos nuestra esperanza en el espíritu
eterno que destruye y aniquila sólo porque es la fuente inescrutable y
eternamente creativa de toda vida. La pasión por la destrucción es también
una pasión creativa». La
idea de destrucción creadora se contrapuso paulatinamente a la de la
tradición creadora, multiplicándose los ataques a todo lo que parecía más
característico del espíritu europeo; por ejemplo, puesto que la
civilización europea era cristiana, al cristianismo con ayuda de la
ciencia, que pusieron muchos al servicio de la pasión por la destrucción
de la cultura Europa con diversos pretextos o razones. Aproximadamente
desde 1870 hasta la Gran Guerra, el ansia de novedades que fuesen contra
lo establecido, dio paso a la justificación del aniquilamiento de las
tradiciones europeas, como se percibe muy bien en el arte y la literatura.
Tras la Gran Guerra, lo que era todavía al fin y al cabo cuestión de
elites, importantes pero minoritarias, con la Gran Desilusión que siguió
a la «Gran Ilusión» de fin de siglo, el triunfo de las ideologías
radicales -marxismo, fascismo nacionalsocialismo- y el ambiente de cinismo
que caracterizó la entreguerra estudiado por Peter Sloterdijk, empezó a
difundirse entre las masas la animadversión a la civilización europea. La
Segunda Guerra Mundial todavía se llevó a cabo en defensa de esta
civilización, si bien figuraba entre los aliados uno de sus mayores
enemigos, el marxismo soviético, que aprovechó la coyuntura para
contagiar todo de su nostalgie de
la boue, como le gusta a Tom Wolfe definir un estado de ánimo muy
difundido en la postguerra. Ezra Pound había dicho de la civilización
europea que era como «una vieja zorra desdentada» y André Gide confesó,
no sin motivo en vista del estado de cosas y la atmósfera intelectual, «Europa
me aburre»; podrían multiplicarse las citas en el mismo tono de
personajes representativos no contagiados de ideologías irreconciliables
por definición con esa civilización. El caso es que se ha creado una
mentalidad que acepta ya acríticamente toda crítica o condena,
justificada o no, a lo que es propio de Europa, mientras acoge con desdén
o sospecha, sin más criterio que el dogma «lo más reciente es lo mejor»,
cualquier elogio o constatación de hechos que no vayan en ese sentido,
como algo trasnochado. La consecuencia irónica es la «muerte del
ignorante», puesto que todo el mundo sabe ya perfectamente a qué
atenerse. LA "REPULSA GENERALIZADA" arriba Por
Millán Riva Con
motivo del triunfo parcial de Le Pen en Francia, se han disparado los
comentarios acerca del fenómeno de la ultraderecha europea, buscando
analogías en el conjunto de países de partidos políticos asimilables.
La mera definición de ultra derecha, algo que se reservan los dominadores
de la opinión actual, introduce confusión en esa búsqueda de analogías
que, para esos comentaristas incluye desde el racismo hasta los contrarios
a la democracia liberal, cualesquiera que sean. No queda incluida dentro
de ese grupo a los nacionalistas pequeños de cualquier grupo, que merecen
un lugar siempre respetable para los bienpensantes en el poder. Arzallus,
por ejemplo, es excluido por principio, pese a su RH y a sus alegatos étnicos,
y pese a su apoyo asesino de los que agitan el árbol, para que él pueda
recoger las nueces, porque se ha cuidado siempre de colocarse ideológicamente
entre los adversarios del pretendido «nacionalismo español», y ese
servicio o lealtad, se paga. En
la búsqueda de este nacionalismo en España, nuestros comentaristas indígenas
se han paseado por los entornos de Blas Piñar, Inestrillas y los
dirigentes de diversos grupos minúsculos que suelen coincidir en el
empleo del calificativo de Nacional, para concluir que no existe nada de
entidad significativa en ese entorno. De esa conclusión deduce El País
una hipótesis explicativa: Se ha impuesto en nuestra sociedad una Repulsa
generalizada del Régimen de Franco. Y todos esos actuales, que parecen
pretender revivirlo, son rechazados por la sociedad española
reiteradamente. A
nadie con sentido de la realidad (y el español lo tiene en grado feroz)
le entra en la cabeza que alguien pretenda hoy revivir el Régimen de
Franco. Por la sencilla razón de que si era «suyo», ya no puede
recuperarlo por motivo obvio. Se comprende por tanto el fracaso de esas
pretendidas (según la mentalidad del periódico) pretensiones políticas.
La sociedad española, incluyendo los partidarios residuales de aquel Régimen,
no quiere sucedáneos. No digamos ya la parte de esa sociedad que se
considera contraria al mismo. Desde esa visión somera del tema, el periódico
acierta plenamente con su análisis. Pero
caben interpretaciones más complejas que esa. Como la percepción de que
aquel Régimen fue consecuencia de «algo», con su lógica consiguiente,
y que ese «algo» no se da, o no se ha dado aún, en las circunstancias
actuales. Y la Sociedad española está bien consciente de ello, por lo
que no suscita las consecuencias oportunas. Eso es una consideración que
deja aparte a los grupos existentes, bastante desprestigiados, que no
tendrían por que ser los beneficiarios protagonistas en caso de que ese
«algo» se repitiese y fuese preciso abordar sus consecuencias. Y toda la
motivación de Le Pen, según el escaso grado de información acerca del
mismo que disponemos en España, no tiene nada que ver con ese «algo».
No hay textos racistas o xenófobos en los principales ideólogos de aquel
momento español. Es
más que discutible que la sociedad española actual sostenga esa
pretendida repulsa generalizada de aquel Régimen. Pero en cualquier caso
sería fútil establecer aquí esa discusión. Entre otras cosas, porque
estaría viciada de principio por la persistente campaña de desinformación
establecida acerca de qué fue aquel Régimen, prácticamente desconocido
hoy para cualquier español con menos de cincuenta años. Pero sí es una
buena ocasión para comentar la posibilidad de que cambie esa calificación,
en las actuales circunstancias. Los
principales comentarios acerca de este resurgimiento en Europa de la
denominada extrema derecha se inclinan por interpretarlo como un voto de
castigo al sistema partitocrático, capaz de mantenerse con indiferencia
de los dirigentes por las preocupaciones o inquietudes del cuerpo
electoral. Alguien protestaba recientemente en una emisora de radio de que
la sociedad reclame cumplimiento integro de las penas para los
terroristas, o menos tolerancia con los violadores, o claridad en el
sistema de recepción de inmigrantes, pero los políticos actúan siempre
ignorando esas demandas, y ateniéndose sólo a lo que consideran «lo
correcto». Advierten, eso sí, que esa aparente incongruencia «es el
precio que hay que pagar por la libertad de que disfrutamos». Un sector
de la sociedad se harta, y tantea lo que sea, para ver si detecta una
escapatoria. ¿De
qué está cansada hoy la sociedad española? ¿Ante qué puede reaccionar
con apoyos desesperados del tipo del ocurrido en Francia? No cabe duda de
que el principal tema es el del terrorismo vasco. La sociedad está harta
de nuestra incapacidad para copar con el tema desde hace cuarenta años.
Los indudables éxitos policiales han quedado siempre coartados o
disminuidos por unas decisiones judiciales excesivamente legalistas,
cuando no cobardes. El ciudadano medio ha visto, permanentemente
asombrado, que en mítines batasuneros aparecían encapuchados de Eta, se
leían comunicados de Eta y se quemaban banderas nacionales, todo ello
delito, sin que pasase nada al partido organizador. Parece mentira que
este reciente propósito ilegalizador de este tipo de partidos apoyadores
del terrorismo se haya retrasado veinte años. Parece que el PP,
decididamente, y el PSOE, renuentemente, están decididos por fin a sacar
adelante la Ley. ¿Cómo ha podido retrasarse tanto? Otro
tema de irritación potencial es que la sociedad española empiece a
protestar por la disgregación nacional que se está produciendo ante la
inopia de los partidos, que parecen mirar hacia otro lado. Cataluña está
separándose del resto de España, se potencia lenguas minúsculas para
constituir hechos diferenciales, en Galicia se coquetea con el
nacionalismo alocado, los vascos proclaman su derecho particular
privilegiado, por descender directamente del paraíso, o tonterías
parejas... El sentimiento nacional español está latente y puede
protestar en su momento por estas locuras, que de momento soporta el
pueblo español con una cierta resignación, como propias de la clase política
que debemos soportar. Haría bien esa clase política en pensar que esa
resignación puede derivar en irritación si no se detecta un cambio
corrector del rumbo nacional. Es
posible que, además de esto, la inmigración incontrolada y el aumento
consiguiente de la delincuencia provoque otra irritación similar a la que
se detecta en otros países de Europa. Pero ese sentimiento xenófobo y
nacionalista sería nuevo en España. Los motivos reales de irritación
antes descritos pueden provocar una reacción antes que estos otros. No
porque causen una incomodidad en el día a día, como sería los derivados
de la inmigración, sino porque afectan a los convencimientos más íntimos
de nuestro pueblo. BREVES arriba Por
Erasmo
ARAFAT
HACE EXAMEN DE CONCIENCIA Semirestaurada
la normalidad en sus territorios destrozados, Arafat es capaz de hacer
examen de conciencia y promete combatir la corrupción y dulcificar su régimen
autoritario. Los palestinos le aclaman. Se supone que es porque no saben
con quién sustituirlo. Porque su gestión ha sido desastrosa. Ha
provocado a los implacables judíos, no ha sido capaz de controlar el
terrorismo suicida (hay razones para sospechar que lo ha alentado
irresponsablemente) y vuelve a donde solía: a pedir limosna a Europa. Que,
aunque acabará pagando, no parece entusiasta acerca de ello. NUEVO
ÉXITO POLICIAL Nueva
detenciones y descubrimientos en Madrid. Acentuados además por el hecho
de que dos cuerpos policiales diferentes, siguiendo diferentes pistas, han
confluido en las detenciones y en los descubrimientos. Se aprovecha para
criticar la descoordinación, pero debiera elogiarse la eficacia por
partida doble. Debe desmoralizar a los terroristas que puedan dejar dos
huellas diferentes de forma simultánea y que estén atentos los sabuesos
específicos de cada una. El
número de palos y detenciones que está sufriendo la Eta debe tener
preocupado a Arzallus. No le da tiempo a producir frases ingeniosas
respecto a sus invencibles gudaris. RAÚL
SE ENVUELVE EN LA BANDERA Al
final del partido, Raúl se envolvió en una bandera española que le dio
un aficionado. Y se paseó con ella, seguido de un Zidane desconcertado,
que no sabía qué papel jugaba él con aquella bandera. Uno tenía ganas
de extrapolar el éxito al próximo campeonato del Mundo. El otro había
ganado con y para un equipo anacional. Los profesionales tienen su mundo
aparte, pero las personas tienen su corazoncito, que es nacional. EL
ENCANDILADOR DE BOBOS Fidel
ha paseado a Carter por Cuba, le ha enseñado un centro de bioquímica y
le ha dejado hablar con opositores. Carter ha afirmado, en función de lo
que ha visto, que no hay fabricación de armas bioquímicas en Cuba. Con
lo que ha demostrado una vez más su candidez, por no calificarlo menos
benevolentemente. Fidel
ha organizado otro de sus festejos, afirmando una vez más que todos los
males de Cuba provienen del bloqueo a que le tiene sometido Estados
Unidos. Con lo que dice que su incapacidad para salir adelante comerciando
con el resto del Mundo es desdeñable. Y
sigue ahí, aherrojando y ahondando la miseria de su pueblo. NUESTRA
PRODUCTIVIDAD SE ESTANCA España
ocupa el puesto 23 en la clasificación mundial de productividad por países.
El mismo que hace un año, y que hace dos. No
es un puesto desastroso, pero esa permanencia, sin progreso, indica una
mala actitud nacional. No progresamos en el sentido correcto, dentro de la
competitividad internacional. Y
el hecho de que no retrocedamos debe ser un consuelo sólo para caducos. AGRESIVIDAD
HACIA LA IGLESIA
«“La
Iglesia ha perdido 2,5 millones en la Bolsa» según titulares de El País,
«El obispado de Bilbao tiene fondos en Jersey» titula El Mundo, a
toda página. Nada del otro jueves, como es capaz de discernir cualquiera
que tenga fondos de inversión contratados en un Banco y que, como
cualquier hijo de vecino, ha perdido dinero en Bolsa y desconoce dónde
tiene ese fondo sus dineros. Pero
una clara declaración de guerra a la Iglesia por parte de quienes la
combaten más o menos sistemáticamente. Siempre
resulta intrigante el por qué sus enemigos la reprochan que, a su juicio,
no sea perfecta. ¿No es eso más bien una actitud propia de amigos? Y
ellos, desde luego, no lo son. LA
LIBERACIÓN FEMENINA, SEGÚN CARMEN ALBORCH La
exministra socialista afirma en una entrevista que la liberación de la
mujer actual es consecuencia de tres revoluciones: la educación, el
trabajo fuera de casa y la píldora anticonceptiva. Prescindiendo
de comentar el grado actual de liberación de la mujer, escandaliza el
hecho de que uno de los pilares sea algo que lucha contra la naturaleza
misma de ella, su disposición natural a engendrar hijos. Parece
una manifestación perfecta de la locura dominante en nuestro tiempo. SIGUEN
LAS CONVERSACIONES Continúan
las conversaciones en torno al futuro de Gibraltar, de las que sólo se
sabe que existen los problemas, fáciles de identificar, y la necesidad
imperiosa de acabar con un grano dentro de la UE. El
Gobierno español está actuando con sabiduría, sin alimentar
expectativas y manteniendo una posición tranquila, convencido de que el
tiempo trabaja a nuestro favor. La sociedad española está más fría aún,
convencida de que los ingleses son duros de pelar, y desdeñando la
vociferante oposición gibraltareña. Salga
lo que salga, son motivos de satisfacción. LAS
PRIMARIAS DEL PSOE El
Partido socialista celebrará primarias para seleccionar sus candidatos sólo
en doce ciudades de más de cincuenta mil habitantes. La noticia es simultánea
con la de que, para evitar disensiones fratricidas, en el resto de España
se presentará un candidato único, consensuado por la organización del
partido. ¿Qué
comentario cabe sino el de asombro?? LA
INTERPRETACIÓN DE LAS CAUSAS DEL PROGRESO ESPAÑOL
Cardoso
y Fox, Presidentes respectivos de Brasil y México, se maravillan, en una
conversación captada, del progreso rápido español. Y lo atribuyen a la
ayuda de la Comunidad Europea para el desarrollo. Con
lo cual demuestran su ignorancia esencial acerca del caso. Desconocen que
esa ayuda no llega al 1% de nuestro PNB (nada desdeñable, pero no
condicionante). Y que España había alcanzado ya esta convergencia con
Europa en 1975 (desde entonces no hemos hecho sino recuperar las pérdidas
de 1976 a 1985). Y que el progreso nacional deriva de haber combatido la
corrupción y el enfrentamiento social, de haberse abierto claramente al
exterior y de evitar los enfrentamientos virulentos. Cuando
la gente no se distrae con polémicas fútiles, produce. Y progresa. LA
CHULERÍA EUZKADIANA Atucha,
presidente del Parlamento de Vitoria, otrora encomiado como muestra de
nacionalista comedido, ha soltado la bravata de que «sólo con tanquetas
se logrará retirar a los batasunos de sus escaños». Posiblemente se
refiera a que tienen el escaño en propiedad, y seguirán teniéndolo
cuando se ilegalice el partido en cuya lista se presentaron. Pero le sale
una expresión chulesca y jactanciosa, demostrando el permanente trauma
nacionalista ante lo que consideran opresión militar (con ojos ciegos a
la auténtica opresión que ejercen sobre sus conciudadanos). No
se percatan de que, cuando ha sido preciso, basta un alguacil para hacer
cumplir la Ley. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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