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Nº 99 - 19 de junio de 2002 |
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CONTENIDO 3. Breves
Por
Enrique Hermana Estamos
en la Unión Europea una quincena de Naciones. Y vamos a estar otra
quincena más, del Este y del Sur. Esto es la realidad. Una realidad que
desde 1962 ha sido procurada por nosotros, los españoles, que nos ha sido
beneficiosa en diversos aspectos, sobre todo los materiales, y de la que
no cabe marcha atrás, al menos en el futuro previsible. Sería un
desastre que afectaría seriamente a nuestra posibilidad de supervivencia
con las condiciones materiales y seguridad que hoy consideramos
indispensables. Es
decir: Hemos descubierto que la apertura al mundo y el consiguiente
desmantelamiento de barreras proteccionistas nos ha resultado
beneficiosas. La apertura comercial nos proporciona riqueza, porque nos
espabila y hace que nuestros productos y servicios sean atractivos, y
consecuentemente vendibles, en el extranjero. Con ello se incrementa
nuestra riqueza y nuestro bienestar material. Es el beneficio indiscutible
de la, por algunos tan denostada, globalización. Nos ha supuesto una
serie de transformaciones que han implicado sacrificios, temporales o
permanentes, tales como prescindir del control de la moneda y la reserva
de privilegios para conacionales, pero consideramos que el conjunto merece
la pena. No hay propuestas políticas respetables de dar marcha atrás en
esta senda emprendida hace décadas. Todo
ello parece indiscutible; pero anejo a ello se plantea una serie de
interrogantes acerca de nuestro futuro y, con ellos, acerca de nuestra
personalidad propia como Nación diferenciable. Salvo que queramos
diluirnos en una personalidad exclusiva de ciudadanos mundiales, que no es
el caso de la mayoría de las personas, nos enfrentamos a la tarea de cómo
mantener esa personalidad diferenciable en el mundo de comunicación
instantánea y de tendencia homogeneizadora que estamos creando. Porque la
tendencia clara de la situación es favorecer esa homogeneización. Los
intereses económicos vigentes lo aconsejan. Cuanto más uniforme sea
nuestro comportamiento vital tanto mayor será la previsibilidad de
nuestras apetencias y consumos, y el tamaño del mercado a considerar.
Todos los interese económicos procurarán reducir incertidumbres en sus
previsiones de mercado, para reducir consecuentemente los costos de todo
tipo. Frente
a esa situación, que por ahora tiene el aspecto bien detectable de
procurar que todos nos comportemos como los norteamericanos, ¿qué
fuerzas se oponen, o es previsible que se opongan? La
primera respuesta que parece adecuada es, por supuesto, la diversidad
cultural actual, tanto en lenguaje como en consciencia histórica
diferenciada. Esa diversidad cultural, consecuencia de diversas
vicisitudes históricas, está siendo protegida hasta ahora por el propósito
deliberado de mantener una diferenciación política. Pero ¿en qué va a
parar esa diferenciación política una vez que se desarrolle la Unión
Europea hasta reducir la capacidad política independiente sólo al ámbito
local? (E, incluso en este caso, con esa libertad enmarcada en las
disposiciones generales de la Unión). Resulta evidente que esas
disposiciones serán responsabilidad también de los políticos que ahora
denominamos nacionales, pero es obvio que estarán condicionadas por el
resto de las Naciones de la UE. Nuestra capacidad de autogobierno quedará
restringida de esa forma. Y la tendencia será creciente hacia esa
integración supranacional. Parece
evidente que esa capacidad para mantenerse como grupo diferenciado será
tanto mayor cuanto mayor sea la conciencia de grupo. Y eso es algo que está
siendo socavado en España desde hace décadas (por no decir siglos) Somos
uno de los cinco países punteros de Europa y tenemos la única lengua que
puede competir con el inglés, a escala mundial, pero nuestro concepto
nacional está sufriendo un ataque feroz, más interno que externo, y está
siendo puesto en cuestión continuamente. Ello socava nuestras
posibilidades, no ya las de prevalecer como componente primordial de la
cultura europea, sino las de la mera supervivencia tras la fusión de
culturas en la que estamos inmersos. Todo
intento de prospectiva futurista es fútil, por la indeterminación que
plantea, salvo si se dedica un enorme esfuerzo para medir la evolución
previsible en muy diversas facetas de la realidad. Pudiera definirse algo
aproximado en tendencias económicas. Y aún en ese caso, con el
interrogante permanente del efecto de los grandes saltos tecnológicos
posibles. Pero parece evidente que en los ámbitos cultural y político,
los resultados dependerán de los esfuerzos, éxitos y fracasos de
personas o grupos decididos. Y su predicción no resulta fácil. La
proliferación actual de partidos calificados como de extrema derecha en
toda Europa, y sus éxitos electorales, no estaba prevista hace diez años.
Las tendencias culturales compiten continuamente y los esfuerzos de sus
propagadores condicionan la prevalencia de las que se imponen sobre las
que resultan postergadas, o derrotadas. Ello
sirve para recordar que, como siempre, el futuro en la Europa unida será
el que nosotros consigamos crear. Y que si no lo hacemos nosotros, serán
otros, posiblemente nuestros adversarios, en el campo que sea, por lo que
debemos decidir previamente qué deseamos procurar como personas, como
Nación, o como grupo cultural, pues los tres ámbitos habrá de tener
siempre nuestra actuación. Como
persona, procuraremos siempre grados suficientes de bienestar personal,
social y de libertad. Parece indudable que el nuevo marco de actuación, a
escala europea nos va a permitir mejorar los tres al ampliar el tamaño de
amortiguamiento y la capacidad para resistir los embates de diversos
riesgos, sean crisis económicas o amenazas a nuestra libertad, sean
exteriores o interiores. En estos aspectos, nuestros intereses e
iniciativas económicos podrán ser proyectados a un mercado más amplio,
el vivero de iniciativas puede ser más nutrido, la panoplia de ayudas
disponibles se agrandará, los controles opresivos podrán ser combatidos
con más apoyo, la moneda tendrá más solidez... Se trata de diversos
puntos de vista optimistas acerca de esa realidad futura, que naturalmente
podrán ser contrarrestados con sus réplicas pesimistas (acerca de un
mayor frente potencial de contrincantes en nuestras puertas), pero que
permiten aventurar la mayor probabilidad de bienestar, como consecuencia
del aumento de nuestro entorno geográfico y social. Preguntarse
cuál es nuestro futuro como Nación es más peliagudo. Porque antes de
que se plantee un conflicto entre Naciones dentro de la Unión, nos
encontramos con la evidente dificultad de ofrecer una política nacional
consistente. Está demasiado introducida en nuestro ámbito nacional la
disgregación cainita. En el futuro deberemos reforzar nuestra cohesión
nacional, ya bastante endeble hoy, procurando evitar acciones socavadoras
de nuestros intereses por parte de nuestros alocados nacionalistas o de
irresponsables políticos, tan propensos a litigar en Bruselas las
batallas perdidas en España. Suponiendo que eso sea conseguible (lo cual
es un planteamiento optimista, visto lo visto), no parece que corramos
serio riesgo de pérdida de hegemonía en la Unión. La economía moderna
no precisa tanto materias primas como capacidad humana, y nuestra posición
geográfica nos hace ser una zona atractiva para vivir, por lo que cabe
confiar en reunir las personas adecuadas para afrontar el futuro. Nuestro
idioma es el único que puede competir con el inglés (¿por qué no
diremos «el norteamericano» identificando el origen de su poderío
real?) y eso es un factor adicional de atractivo para el conjunto europeo.
Nuestros amplios espacios disponibles nos distinguen del resto de Europa
con una faceta ventajosa más, por su utilización potencial para el ocio
o la inversión. En suma, no parece que nuestras posibilidades como Nación
estén seriamente amenazadas por nada más que nuestras disensiones
internas. Lo mismo que ahora. El
tercer ámbito a considerar es el de nuestras posibilidades como grupo
cultural. Anticipando preguntas, aclaro que entiendo que somos un grupo
cultural, con personalidad histórica definida, católico y con entronque
en países iberoamericanos, mediterráneos, Filipinas y Guinea. Es obvio
que ese entronque es difuso en algunos casos, y que la identidad católica
no es asumida por todos nuestros conacionales; pero también lo es que
nuestra cultura popular está impregnada de esas esencias y con ellas
resuenan, tarde o temprano, todos los españoles. ¿Cuál es nuestro
futuro, en este ámbito cultural, dentro de la Unión Europea? A
riesgo de abusar en lo que sigue del calificativo, hay que recordar que
ese papel nuestro en el futuro europeo dependerá de nuestra capacidad de
creación cultural, de nuestra capacidad de influencia en la población
europea con esos productos culturales. Y de nuestra solidez cultural, que
definirá nuestra capacidad de resistencia ante, o de asimilación
selectiva de, otros productos culturales. El panorama futuro será una
pugna cultural, como lo ha sido siempre, aunque condicionado por la mayor
permeabilidad que permiten, e imponen, las actuales posibilidades tecnológicas.
Las opiniones, libros, películas, canciones y obras musicales de todo
tipo, obras de arte y de teatro, estudios históricos y filosóficos,
programas de televisión, obras divulgativas de todo tipo, etc. se
difunden hoy con una velocidad mayor que nunca, y la capacidad de
influencia de una sociedad en otra es consecuentemente mayor que nunca.
Los europeos mostramos hoy nuestra preocupación por estar dominados
crecientemente por la cultura americana, aunque es verdad que hemos
conseguido introducir en la suya (al menos en las clases elegantes) el
vino y el aceite. Pero eso es quedarse en la superficialidad de ciertos hábitos.
La realidad es que estamos afrontando el reto del mundo globalizado con la
cultura social americana y con el distanciamiento de la cultura religiosa
y corrección política impuestas por Hollywood. Hoy,
como en el siglo XVII, se enfrenta en Europa la cultura latina, y católica,
con la cultura septentrional, protestante. Con la diferencia de que la
cultura católica ha perdido el favor explícito de la masa popular y la
protestante se laicizó con el tremendo éxito político de la Revolución
Francesa. Es decir, lo tenemos crudo. O de otra forma, ¿podemos soñar
con vencer culturalmente en la Unión Europea, si no hemos conseguido
imponernos ni en nuestro propio entorno nacional? Parece poco probable que
conseguirlo a corto plazo. Pero
la pugna existe, los bandos están delimitados, los aliados existen, el
objetivo está definido… En tanto en cuanto mantengamos claro el rumbo,
estamos obligados a mantener HABLEMOS
DE LOS "SINDICATOS MAYORITARIOS"
arriba
En
estos momentos en que los «sindicatos mayoritarios» están encocorando
al país, no viene mal unos datos sobre UGT y CC.OO. para conocimiento
general, ya que de sus reales andaduras estamos un poco ayunos. Por
ello reproducimos este trabajo publicado en La
Razón, en el que se habla de las finanzas, de la poca claridad de sus
cuentas, de los afiliados que cotizan (cifras que no creemos) y de la
restitución del llamado «patrimonio sindical» incautado (nos gustaría
saber cuál era el patrimonio de CC.OO. antes de la Guerra Civil, pues ni
siquiera existía ese sindicato. Pues
bien, estos chicos, que forman un cuerpo especial de funcionarios del
estado privilegiados, que manejan a discreción los «piquetes
informativos» en contra de los intereses de los españoles, se llevan una
importante tajada de las arcas del Estado, a las que contribuimos todos
los españoles para otros fines. Cada
contribuyente debe abonar más de 2.000 pesetas para sufragar las ayudas
que les da el Ministerio de Trabajo Los
sindicatos UGT y CC.OO. reciben anualmente más de 32.000 millones de
pesetas procedentes de las arcas del Estado, según los datos recogidos
del BOE por este periódico. Ello significa que cada contribuyente a la
Seguridad Social aporta anualmente 2.000 pesetas sólo para los
sindicatos. Si a ello sumamos, el dinero procedente del Fondo Social
Europeo o el percibido de cada una de las autonomías, la cuantía se
dispara a una cifra muy superior, difícil de averiguar. En cualquier
caso, el dinero recibido de subvenciones, la mayoría para cursos de
formación, es muy superior a los presupuestos que manejan anualmente los
sindicatos y que declaran como ingresos procedentes de las cuotas de
afiliación. A.
Guerrero / C. M. - Madrid El
dinero total percibido por sindicatos, organizaciones empresariales y
otras instituciones de las denominadas sin ánimo de lucro procedentes de
los Presupuestos Generales del Estado y del Fondo Social Europeo supera
anualmente los 200.000 millones de pesetas. La mayoría de esta cantidad
se destina a financiar cursos de formación, cuyo gasto es difícil de
controlar, como se ha demostrado en nuestro país con las presuntas
irregularidades aparecidas en el FORCEM. De hecho, la financiación de
sindicatos y otras organizaciones sin ánimo de lucro sigue siendo hoy un
sistema complejo sobre el que apenas existe información pública. A la
hora de investigar su destino o simplemente sumar cantidades, se llega a
la conclusión de que es prácticamente imposible saber con exactitud el
dinero que mueven, pese a que suman miles de millones. En nuestro país
sus ingresos están sometidos a la vigilancia del Tribunal de Cuentas y de
la Intervención General del Estado. El pasado 7 de julio el BOE recogía
dos resoluciones de la Dirección General del INEM en las que se publican
las convocatorias de ayuda para los planes de formación continua para
este año por un importe de 106.000 millones de pesetas. Los
datos a los que ha tenido acceso La
Razón muestran que UGT recibirá durante este ejercicio 17.000
millones de subvenciones para la formación continua de Trabajo y CC.OO.
otros 11.000 millones de pesetas. En total, 28.000 millones. Sólo estas
ayudas oficiales representan más de lo que los dos sindicatos declaran
que perciben de las cuotas de sus afiliados. El sindicato que dirige Cándido
Méndez asegura que sus ingresos anuales por afiliación rondan los 12.000
millones anuales. UGT cuenta con cerca de 800.000 afiliados que abonan una
media mensual de 1.300 pesetas. El sindicato, que emplea a cerca de un
millar de asalariados, tuvo problemas económicos a raíz del fracaso de
la cooperativa de viviendas PSV, que le ocasionó un endeudamiento cercano
a los 20.000 millones de pesetas. El sindicato alega en su descarga que no
ha recibido más que una parte de su patrimonio histórico, que valora en
unos 45.000 millones de pesetas. Una petición que es rechazada desde el
Gobierno, donde se asegura que el patrimonio histórico de los sindicatos
ya ha sido devuelto a estos prácticamente en su totalidad. Las cuentas
del sindicatos que dirige José María Fidalgo son muy similares, ya que
el número de afiliados ronda los 850.000, y la cuota es similar a la de
UGT. Sin embargo, CC.OO. cerró, por ejemplo, el ejercicio de 2000 con un
ligero superávit. Los sindicatos mayoritarios reciben también más de
2.000 millones anuales (1.010 millones UGT y 1.050 millones CC.OO.) en
concepto de fomento del empleo. Otros 300 millones de pesetas largos para
la formación ocupacional y casi 1.300 millones de pesetas como un
complemento reconocido así por el Ministerio de Trabajo bajo el epígrafe
de «actividades sindicales». Un
capítulo aparte merece la devolución del patrimonio histórico de estos
sindicatos, que aún sigue siendo motivo de polémica con el Gobierno, ya
que las organizaciones sindicales reclaman propiedades que éste aún no
está dispuesto a reconocer. Los dos sindicatos disponen en la actualidad
de 545.000 metros cuadrados para desarrollar sus actividades en toda España
que han sido cedidos por el Estado en aplicación de la Ley 43/1998, de 15
de diciembre de ese año, sobre la restitución o compensación a los
partidos políticos de bienes y derecho incautados en aplicación de la
normativa sobre responsabilidades políticas del período 1936-39. La
citada ley establecía la devolución de los bienes inmuebles anteriores a
la Guerra Civil siempre que se demostrara su utilización y establecía
una subvención para aquellos casos en los que no fuera posible ésta. Los
dos sindicatos disponen además de 203.000 liberados en toda España,
entre instituciones oficiales y empresas de carácter privado. La
distribución de estos liberados sindicales es muy similar. La mitad de
ellos, alrededor de 103.000, corresponden a UGT y 100.000 a CC.OO. Los
liberados sindicales cobran el sueldo de la empresa para la que trabajan,
no del sindicato. Si hubiera que comparar esta cifra con el empleo
generado por empresas españolas, cabría decir que los liberados
representan la plantilla más numerosa, después de la de la Administración.
BREVES
arriba Por
Erasmo LOS
PARADOS ANDALUCES HARÁN HUELGA Lo
advierte en una radio el alcalde de un pueblo malagueño de 1.000
habitantes, donde hay 300 receptores del subsidio agrario: «Los
receptores del subsidio han decidido adherirse a la huelga general». Es
decir, los que no tienen trabajo, no trabajarán ese día. Poco
más se puede decir. Dijo
otras cosas que merecerían comentario, pero obscurecerían eso, tan
elocuente. EL
DESPROPÓSITO DE UN CONFLICTO Los
que viven de las subvenciones del gobierno, convocan una huelga general
contra el gobierno. Los
que se niegan a discutir nada sobre el Decreto Ley (antes proyecto) se
personan ante el comité de Conciliación, para protestar porque el
gobierno no retira ese Proyecto. Los
que proclaman la libertad de decisión se preocupan de que no funcionen
los transportes públicos. Los
que se proclaman defensores de los intereses españoles programan la
huelga en el mismo día y lugar en que Europa despide a España de su
presidencia temporal. Se
podría seguir. EL
ABSURDO SUBSIDIO AGRÍCOLA (MARROQUÍES) Con
35 jornadas trabajadas, se tiene derecho a seis meses de subsidio agrario.
Los defensores de esta asombrosa situación argumentan que es una situación
similar a la de Hunosa, y tiene una buena parte de razón. Lo
que nadie dice es lo nocivo que es acostumbrar a una sociedad, sea la
andaluza, sea la asturiana, a vivir de forma permanente de la misericordia
de los demás. La actitud mendicante degrada toda posibilidad de salir
adelante con dignidad propia. Cuando los andaluces se percaten de ello
abominarán de su «benefactor» Felipe González. Y
¿qué decir del caso de que haya miles de inmigrantes marroquíes
beneficiados de ese subsidio, establecido para que no se despoblaran los
pueblos andaluces y extremeños? LA
PESCA NO ES LO QUE ERA La
propuesta del comisario Fischler ha suscitado reacciones viscerales entre
los entendidos y los comentaristas, calificándola como «sin pies ni
cabeza», por ejemplo. O comentando que es una guerra del Norte contra el
Sur. No se entiende bien esto último, si se considera los porcentajes de
reducción de flota exigidos a cada país (un 7,8% a España, 17,0 % a
Italia, 1,8 % a Grecia, 30,1 % a Holanda, 39 % a Irlanda, 9,4 % a Gran
Bretaña, 42,5 % a Bélgica, 18 % a Dinamarca.... No
parece haber tal discriminación. O hay algo más que la reducción de
pesqueros. Se intuye fácilmente que cada vez hay más capacidad de pesca
por barco, y que las pesquerías pueden ser esquilmadas, y que las aguas
continentales ricas son explotadas por la Nación que las posea. Y que las
cosas no tienen por qué seguir siendo
siempre igual. EL
DÍA DE LAS FUERZAS ARMADAS, DE INCÓGNITO El
día de las Fuerzas Armadas se celebró en Kosovo, y allí se desplazaron,
para ello, el Rey y el Ministro de Defensa. Éste se ha prodigado mucho en
esos días previos, poniendo énfasis en el papel de nuestros soldados en
las misiones de paz. Ocultando los riesgos o dificultades militares de su
misión, pese a que recordase los muertos en Bosnia, consigue que uno se
pregunte si ese papel no lo haría mejor una ONG. Pedir perdón por ser
militar es una estupidez esencial. Y
celebrar tal día fuera de España, pese al gran papel de nuestras fuerzas
en esas misiones, una cobardía política. LOS
QUE SE CAEN DEL GUINDO La
detención del dirigente de la Caja Laboral asombra sólo a quienes se
empeñan en mantener los ojos cerrados. Hace más de veinte años que
cualquier profesional ejerciente en el País Vasco sabe que su cuenta
corriente está asequible a la inspección de algún simpatizante de Eta.
Y cualquiera que conozca el ambiente de Mondragón sabe que la «cultura»
batasuna se impone por todas partes. Es
decir, la única sorpresa comprensible es la derivada de que un juez se
haya atrevido, por primera vez, a afrontar el desentrincamiento de lo que
todo el mundo conoce. LOS
OBISPOS VASCOS SE EMPECINAN Los
obispos vascos (esta vez sin la firma habitual del de Pamplona/Tudela) han
emitido una pastoral política, una vez más, que parece inspirada por
Arzalluz. Plantean una opinión única y política sobre un tema político
discutible, se atreven a aventurar «la opinión mayoritaria de sus
feligreses», recuerdan que «ha habido acusaciones de torturas», dicen
que la Eta «debe desaparecer»,
que «las dos partes deben ceder en parte»… Las mismas tesis que
mantiene el PNV. Asombra
tanta obcecación mental, en medio de una situación humana tan trágica,
en personas vocadas al servicio de Una Verdad.
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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