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  Nº 100 -26 de junio de 2002

 CONTENIDO        

1. Número 100

2. Agonía de la socialdemocracia

3. Mariano Rajoy «El Escalador»

4. Breves

 

 NÚMERO 100

Cierto Que los días, las semanas, los meses y aún los años pasan con gran rapidez, con mucha mayor rapidez de la que nos gustaría por aquello de que, si bien vamos incrementando el talego de nuestras vivencias, es tiempo que se resta período de permanencia en este acá que nos ha sido concedido. Enfrascados en la tarea de hacer cada semana esta modesta revista digital, cambiamos la numeración en la cabecera pero apenas nos damos cuenta de cómo van transcurriendo las semanas, cómo van sucediéndose los acontecimientos a glosar, cómo evoluciona el mundo, la política, los hombres,… Pero en un momento dado, al cambiar la numeración de la cabecera aprecia que la publicación ha alcanzado la cifra del 100, cifra mítica, pues míticas son siempre las centenas ya que representan la consecución de etapas.

Al llegar, pues, a esta pequeña cúspide deseamos agradecer su interés por nuestra publicación a los amigos que nos siguen desde distintos países de los cinco continentes, pues ese milagro sólo puede conseguirse hoy día por este sistema de comunicación. Y pedirles disculpas por los errores que cometemos.

Con la ayuda de Dios confiamos en sobrepasar nuevas centenas.

 AGONÍA DE LA SOCIALDEMOCRACIA                                                      arriba

Por Dalmacio Negro

Tomado de «La Razón»

El siglo XX ha sido el siglo del totalitarismo y el socialismo, pues el liberalismo se acabó con la guerra civil de 1914-18. Ahora, la socialdemocracia, aunque que se premie la «tercera vía» con la que ha intentado rehacerse, está en una grave crisis, posiblemente final. Como se ha negado y se niega a realizar la oportuna perestroika, se acumulan los problemas. Pero sería un error pensar que eso es la causa del auge de la «derecha», la derecha es también socialdemócrata. Desde la II Guerra Mundial, la socialdemocracia se extendió por el mundo entero y como conlleva el estatismo, la alianza de estatismo y socialdemocracia ha dominado los espíritus.

La derecha no es, por tanto, sino aquella parte de la socialdemocracia que ha llevado a cabo con algún éxito sus ideas, de modo que, ante la nulidad ideológica y práctica de la «izquierda» socialdemócrata, se espera que lo que pasa por derecha -sólo aparentemente liberal- haga las cosas algo mejor. Y eso es todo. La socialdemocracia pertenece a la época en que se esperaba todo del Estado. Ahora sólo se esperan de él, aunque gobierne la derecha socialdemócrata, intervencionismo con su inevitable secuela de corrupción, crisis de gobierno, desgobierno e inseguridad, espectáculos políticos, gastos banales e impuestos para sostener el estatismo. De hecho, la socialdemocracia, la ideología oficial del estatismo, no es más que dirigismo, gastos superfluos, controles fiscales ad nauseam, burocracia y omnipresencia del Estado; y en ello compiten la derecha y la izquierda del Estado Socialdemócrata de Partidos.

Si ahora se diferencian en algo es en que la «izquierda» socialdemócrata preconiza precisamente regulaciones, nacionalizaciones y conversión de cualquier cosa en servicio público, burocracia e impuestos sin freno, mientras la «derecha» socialdemócrata promete menos burocracia, menos regulaciones, privatizar empresas, negocios y servicios públicos, reducir impuestos, aunque en la práctica no lo hace: inspirada por la palabrería de la «tercera vía», sus privatizaciones no son más que la búsqueda de una cierta eficacia, pero creando feudos, la rebaja de impuestos es más imaginaria que real y la burocracia y las regulaciones siguen aumentando aunque se supriman cosas que han probado su ineficacia.

Así pues, lo que se dice, tal vez sea verdad desde el punto de vista «macroeconómico», o sea, estadísticamente, pero no desde el punto de vista de los afectados, es decir, desde el punto de vista «microeconómico». Pues la socialdemocracia de derechas y la de izquierdas, cada una con sus historias, está laminando las clases medias y debilitando la sociedad civil al destruir la familia aunque haga como que la protege y la mediana y pequeña propiedad. Ni unos ni otros, unidos por el consenso, la receta mágica del Estado de Partidos cuya expresión es la política de «centro» y llevados por la lógica de las cosas, ni aún con las mejores intenciones se proponen fortalecer la sociedad sino dirigirla controlándola. Y los gobiernos, atrincherados en el Estado, actúan al margen de la realidad, creyéndose lo que dicen ellos mismos.

La socialdemocracia fue concebida para redimir a los proletarios, pero los proletarios ya no existen, casi ni físicamente debido al descenso de la natalidad. Así que la simpatía de la izquierda socialdemócrata por los inmigrantes «el proletariado externo» -decía Toynbee- se debe a que cree ver en ellos los proletarios que necesita para justificar su retórica, mientras la aparente mayor seriedad de la derecha ante al asunto es por temor a perder electores. Pues, la competencia entre la derecha y la izquierda unidas por el consenso se reduce a la lucha por los favores del electorado y, como una y otra son lo mismo, socialdemócratas, tienen que mentir de ahí el auge público de la mentira: los electores se divierten premiando a quien mienta mejor.

La socialdemocracia ha agotado su tiempo, pertenece al siglo pasado y su supuesta crisis no es más que sus estertores, que, firmemente agarrada al Estado y, dada le mentalidad dominante, pueden ser muy duraderos.

 MARIANO RAJOY  "EL ESCALADOR"                                                      arriba

Por José Viana Martín

Este pontevedrés, abogado, registrador de la propiedad, actual Vicepresidente primero y Ministro del Interior, es una de las personalidades políticas con más tesón y destreza del Gobierno Aznar.

Quienes le conocen, saben de su afición al ciclismo y de su costumbre de utilizar símiles de este deporte. Así, parece que ha dicho de sí mismo: «Siempre he procurado ir camuflado en el pelotón y salir cuando era imposible que me cogieran». Su trayectoria confirma esta frase.

Mariano Rajoy, hijo de juez y nieto de uno de los redactores del Estatuto de Autonomía de Galicia de 1936, llega a la política de la mano de Pío Cabanillas, padre, después de un sutil adoctrinamiento liberal.

Su primer cargo político, lo consigue en las elecciones de 1981, cuando es elegido diputado autonómico por Alianza Popular. Después Concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación, Vicepresidente de la Xunta y así una sucesión de cargos hasta que Aznar le rescata de Galicia. En 1986 y tras pasar por varios cometidos en el PP, es nombrado Ministro de Administraciones Públicas, iniciando su paso por diversos departamentos, a la vez que va consiguiendo la confianza de Aznar y afianzando su amistad personal.

Rajoy aprendió y sufrió en Galicia lo peor de la actividad política regional, caracterizada por conjuras permanentes, pactos incumplidos, venganzas, corrupción y odios familiares.

El joven político se ganó la enemistad del todopoderoso Xosé Cuiña y con la llegada de Fraga comenzó una etapa de desaires y hasta alguna humillación, con las que le distinguía don Manuel.

Prudente, discreto, trabajador y sin decir nunca una palabra de más, supo aguantar la incómoda situación hasta la llamada de Aznar para trabajar en Madrid.

De su paso por el Ministerio de Administraciones Públicas, hay que recordar que suprimió los gobernadores civiles, se encargó de los traspasos de competencias a las Comunidades Autónomas y negoció un nuevo sistema de financiación de éstas. Pero el «gran trabajo» fue negociar, más tarde, los pactos de investidura con el PNV, CiU y Coalición Canaria.

Se dice que su famosa capacidad para el diálogo y el pacto, ha sido, en más de un caso, simple cesión a las pretensiones del interlocutor, cesiones peligrosas en ciertos asuntos autonómicos.

La habilidad y prudencia de Rajoy le han convertido en un colaborador muy directo de Aznar y en una de las pocas personas en las que confía el Presidente. Con las reservas debidas a la confianza que es capaz de otorgar José María Aznar.

No sólo por su trabajo, sino por la forma de realizarlo, le llega lo que le valdría su consagración definitiva: el encargo de diseñar la campaña electoral del 12 de marzo, con la que el PP obtiene la mayoría absoluta, algo que ni los más optimistas podían soñar. Con esto se acrecienta el aprecio del Presidente por el político eficaz, prudente y «todoterreno», al que parece le esperan mayores responsabilidades.

Hasta aquí la biografía política, pero cómo es el hombre Mariano Rajoy, porque tanta discreción y prudencia sólo nos dejan ver una mínima parte de las tareas del político, ocultando totalmente al hombre.

Analizando su trayectoria, intervenciones públicas, gestos, actitudes, frases sueltas, alguna reacción espontánea o rasgos de humor, podemos encontrar a una persona ambiciosa, con gran sentido de la realidad y un pensamiento exageradamente lógico y analítico.

Le cuesta trabajo encontrar rápidamente la solución a un problema, porque no es intuitivo, pero meditará seriamente hasta encontrar la respuesta y sabrá expresarla de forma clara. Mientras tanto guardará silencio.

Tiene un sentido crítico muy acusado y puede ofender con sus comentarios, cosa que no sucede con frecuencia, porque importa más en su vida la diplomacia, la habilidad y una malicia galaica que suele utilizar en determinadas ocasiones.

Es poco sociable, tímido y retraído. Tiene pocos amigos, pero le gusta compartir con ellos una buena mesa y un buen habano, una de sus pocas debilidades.

Hay en él una clara tendencia a la soledad y quizá por ello se encuentra a gusto con la naturaleza, donde deja aflorar la sensibilidad que oculta para que no se interprete como debilidad.

Admira a las personas inteligentes, que saben lo que quieren y no paran hasta conseguirlo. De aquí su buena sintonía con Aznar y el aprecio que éste le tiene, lo que sitúa a Mariano Rajoy en un puesto destacado para la sucesión en la Presidencia. Pero los designios de Aznar son inescrutables y, además, pueden variar en poco tiempo. Rajoy tendrá su premio, pero quizá otro.

Mientras tanto Mariano Rajoy hace su trabajo evitando excesivo protagonismo personal, sortea los vientos racheados y espera su momento. Ya sabemos que se considera un «escalador».

 BREVES                                                                                                            arriba

Por Erasmo

EL ATAQUE A ALBAREDA

Un artículo en El País, el 10.06.02, de un autocalificado historiador de la ciencia, arremete contra José Mª Albareda, Secretario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas desde su fundación, en 1939 hasta 1966. El artículo es un alegato contra el CSIC como «creación franquista», contra la pretensión de que un cristiano (¡y además del Opus Dei!) pretenda calificarse de científico, una apología de los esfuerzos científicos anteriores a la Guerra Civil debida a «las fuerzas más progresistas y abolida por las armas» y muchas lindezas más.

Estas cosas se escriben en 2002, y en el periódico de mayor difusión de España, no en una hoja despreciable.

Para comentarlo, no se debe recordar la tan mentada reconciliación. Es preciso apelar a la salud intelectual, tan ajena a estos exabruptos.

EL 50% DEL GASTO DE LOS ESPAÑOLES ES PAGO DE DEUDAS

Un informe sociológico dice que el 50% de los ingresos de los españoles se emplea en pagar deudas. ¿Y el otro 50% se ahorra? No, debe ser que lo que se compra a mediados de mes y se paga al final es considerado deuda. No parece aclarar mucho eso. Confunden una práctica habitual con una servidumbre.

LA CONTRAOFENSIVA DE ROUCO

El Cardenal Rouco, Arzopispo de Madrid y Presidente de la Comisión Episcopal Española, reaccionó a la famosa pastoral de los obispos vascos primero con una nota de prensa inmediata, advirtiendo que no había sabido nada antes, y con un editorial en Alfa y Omega muy clarificador. Luego, la Comisión Ejecutiva de la Comisión le metió el gol de la nota en que protestaba por la reacción del Gobierno, con la que tuvo que mantener silencio. Ahora firma una carta, en el mismo semanario, diciendo que «las víctimas del terrorismo son los nuevos pobres del Evangelio». Y la Comisión Episcopal anuncia que está preparando un documento sobre el terrorismo, en el que lo condena sin paliativos. La vida es combate

EL ENCIERRO DE LOS EMIGRANTES

Unos cuatrocientos emigrantes norteafricanos se han encerrado en una Universidad de Sevilla. Protestan porque no se les contrata para recoger la fresa. Los propietarios prefieren contratar a europeos orientales. Pero eso no se menciona en ninguna de las noticias, porque ¿cómo emplear la corrección política pertinente en este caso? No hay xenofobia, sino selección del extranjero que parece más conveniente.

Son ilegales, el PSOE dice que deben ser expulsados. Pero la Magnífica. Sra. Rectora dice que allí no entra la policía. Rajoy dice: bueno. Y ahora ¿qué?, ¿suspenderá los exámenes la Rectora? ¿Les alojará para todo el verano? ¿Con qué presupuesto? ¡Ah, qué incertidumbre!

UNOS ASESINOS «ANACRÓNICOS»

Al hablar de la juventud de los nuevos capturados de la Eta se recalca, por diversos comentaristas, que ya no están politizados, sino indoctrinados. No son como los primeros. Y resultan anacrónicos, no están con nuestro tiempo.

Léase: Estos no son respetables, como los de antes, que mataban con razón, para liberarnos de la tiranía. ¿Cómo pueden ser tan lelos como para no percatarse de que ya no estamos sojuzgados?

Con este problema de doble interpretación de unos mismos actos seguimos en España.

UN POLÍTICO AL QUE SE LE ENTIENDE TODO (EXCEPTO AL HABLAR DE HUELGA)

La entrevista en TV a Francisco Vázquez, el 12.06.02, resultó un soplo de aire fresco para quienes estamos sofocados por el lenguaje partidista de nuestros políticos. Salvo sus balbuceos acerca de la huelgaza, con los que demostró que tenía que estar a favor, pero no lo estaba, el resto de su exposición fue sencillo, claro y expeditivo. Y mencionó España múltiples veces. Y no habló de «el castellano» sino de «el español». Y mostró las preocupaciones propias de una persona normal, no condicionada por los editoriales de los periódicos. No es extraño que los coruñeses le voten una y otra vez.

EL FESTEJO DE LA HUELGA

Se habla de la huelga como si se tratase de una romería, o un festejo ritual. Algo ineludible, ante lo que debemos tomar partido, pero sabiendo que tiene que celebrarse. Y con los sindicalistas actuando como si ¡por fin! se justificase su profesión (algo así como si los militares se alegrasen porque empieza una guerra).

¿Qué hay de cierto en que los sindicalistas de los comités informativos cobran el día de huelga «porque están cumpliendo con sus deberes laborales»? ¿Y en la queja de que quienes son asignados a los servicios mínimos son siempre sus amigos o parientes?

HUELGA CONTRA HUELGA

La huelga convocada por los nacionalistas el día 19 no se obedece en Navarra. Poco en Álava y mucho en Guipúzcoa. La del 20 ha tenido éxito inverso. Lo que indica quién es quién en nacionalismo, y en nacionales.

La TV nos muestra la actuación informativa de unos piquetes que increpan al conductor de un autobús por acatar las instrucciones de los sindicatos «de España, y no los de su país». Asusta ver su sensación de dominio de la situación y su capacidad de exclusión, intelectual, social… incluso física, de los que no piensan como ellos.

Y el gobierno euzkadiano diciendo que su huelga ha sido un éxito. Como después, al día siguiente, el andaluz, adoptando los datos de los Sindicatos para el seguimiento de la huelga en Andalucía. Sólo los locos presumen de sus dolencias.

 

 

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