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Nº 101 - 3 de julio de 2002 |
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CONTENIDO 1.
Una plaga
difícil de erradicar 3.
Consideración
reverencial de la huelga 4.
Breves
UNA
PLAGA DIFÍCIL DE ERRADICAR Por
Matías
Cordón Con
motivo de las recientes detenciones de terroristas, cada vez más jóvenes,
han proliferado los comentarios elogiosos a la actuación policial, capaz
de arrestos preventivos, y de mantener una información permanente de las
actividades de la banda. Y esos comentarios elogiosos han conducido a
destacar la cada vez menor veteranía de los detenidos, capaces de los
errores, reales o ficticios, que conducen a su captura cada vez más
temprana. Junto con ello se genera el tipo de observaciones que motivan
este comentario. Son advertencias acerca de que, siendo cada vez más jóvenes,
cada vez tienen menos base política racional y sí más indoctrinamiento.
De tal modo que su «calidad» se ha degradado respecto a los primeros
activistas de la Eta. Ahora resultan ser sólo «meros asesinos». No
se trata aquí de atribuir palabras exactas a tal o cuál comentarista,
sino de expresar el talante genérico de unos comentarios que reciben el
asentimiento generalizado por parte del resto
de la sociedad, que no protesta en el sentido en que aquí, a través
de lo que sigue, pretendo condenar. Porque tras lo dicho se trasluce que
antes sí estaban motivados «razonablemente», y que su intención era «patriótica»,
aunque equivocada, pues la «situación» lo justificaba. Es decir,
hablando en plata: La «dictadura represiva» de Franco justificaba la
actuación de la primera Eta, pero la democracia posterior la invalida. Y
resulta que la mayor parte de los detenidos ha nacido en plena democracia,
de la que tanto nos felicitamos. Con
ello se plantea dos tópicos diferentes, que encubren una realidad triste
y preocupante. Los tópicos son. a) El Régimen de Franco era represivo e
insufrible, contra el que todo era justificable, y b) La democracia
posterior es fuente de todo bien. Ambas aserciones son hoy asentidas por
la gran mayoría de los que pudiéramos identificar como «comunicadores»
vigentes en España. Prácticamente nadie, fuera de estos modestos textos
semiclandestinos, osa discrepar de ninguno de las dos. Esos
comentarios coinciden en el tiempo con la denuncia hecha por Francisco Vázquez
en una conferencia, advirtiendo que los sistemas de educación vigentes en
el País Vasco fomentan la generación de estos asesinos. Esa denuncia es
transformada en asombro escandalizado, por parte de los comentaristas
anteriores. Se asombran de que gente nacida tras la muerte de Franco pueda
tener motivación suficiente para matar. Es decir, los comentaristas
prefieren ignorar la realidad denunciada por Vázquez, para enfocar lo que
ellos consideran una incongruencia: que las actuales generaciones ignoren
que «la nueva realidad democrática española impide el sojuzgamiento del
País Vasco por España, tal como se practicaba en tiempos de Franco».
Entrecomillo toda la frase para recalcar la jerga que se emplea al tratar
estos temas políticos. Es decir, procuran soslayar la responsabilidad que
los partidos en el poder tienen sobre el sistema cultural educativo, y
refuerzan el tópico falso del sojuzgamiento anterior y el de la liberación
posterior. Esa
opinión, difundida hoy de forma general entre los «opinadores»,
justifica así la creación de la Eta en los años cincuenta, y el
comienzo de los asesinatos, de finales de los sesenta, como algo que deben
aplaudir todos los españoles conscientes. Destaco lo de conscientes,
aunque debería entrecomillarlo, porque los otorgadores de títulos
ignoran a quienes no piensen como ellos. De tal forma que los millones de
personas que no veían motivos para rebelarse contra el gobierno español
de aquellos tiempos no alcanzan la categoría de detentadores de tal
consciencia. Y los otros millones que, añorando tal rebeldía,
consideraron criminal la actuación de la Eta, pasan a una categoría
intermedia de consciencia. Porque los conscientes fetén son los que
consideraron un justo toma y daca el asesinato de militares y paisanos por
el procedimiento de tiro en la nuca cuando paseaban. Son los mismos que
lamentan la muerte de víctimas «inocentes» tras diversos atentados, los
que implícitamente piensan, o hacen pensar, que cualquier cargo público,
cualquier persona con un uniforme, no es clasificable como víctima
inocente Ese
clima de opinión, dominante en lo que antes he denominado comunicadores,
constituye una plaga en la sociedad española. Es una plaga que afecta sólo
a una minoría de la población, pues la mayoría tiene, aún, una lucidez
que le permite indignarse cumplidamente con cualquier asesinato, sin
buscarle matices. Pero que condiciona todos loa medios de expresión. En
todos ellos se acentúa la simplificación de los juicios emitidos, para
economizar esfuerzo intelectual. Y como consecuencia de esa simplificación
se acentúa las facetas negativas del Régimen de Franco, que llega a
destacar como tenebroso y sojuzgador de los españoles. Y a encomiar de
modo contrario las virtudes de la democracia posterior, llegando a la
exaltación de sus resultados. La reciente celebración de las primeras
elecciones con partidos, en el año 77, ha sido un paradigma de esa
postura encomiadora. Es
difícil pensar en una situación clarificadora mientras dure la
preeminencia de estos creadores de opinión, que conservan los
resentimientos o tópicos de su juventud. Mientras domine esa interpretación
esquizofrénica de la barbarie nacionalista será difícil articular
cualquier reacción adecuada contra ella. Ese rescoldo de que «hubo un
tiempo en que eran mis amigos, contra el mismo enemigo» coarta toda
posibilidad de enfrentamiento eficaz contra los organizadores, ejecutores,
beneficiarios y apoyadores de tantas y tantas salvajadas. Es evidente que
los opinadores no van a liberarse de ese rescoldo de simpatía, por lo que
sólo cabe confiar en que pierdan vigencia o prestigio como opinadores. Esa
situación tiene una gravedad mayor de la aparente, pues la fuerza de
tales opinadores en la situación actual española es muy importante. Y si
imponen esa esquizofrenia de juicios, pueden lograr que la sociedad española
se alucine, perdiendo o modificando sus recuerdos acerca de cómo fue la
realidad pasada. Algo así ocurrió cuando las famosas amnistías
beneficiaron a asesinos que tardaron poco en volver a las andadas. La
sociedad contemplaba aquello con perplejidad, sin entender cómo los políticos
que tomaron tal decisión podían ser tan ingenuos como para confundir
delitos políticos con delitos de sangre. Posiblemente se pensaba que sus
razones tendrían, ya que estaban metidos en el ajo, para hacer tal
torpeza. Y que esas razones escapaban del ámbito de comprensión del
ciudadano corriente. Los
mismos mentores intelectuales de entonces tienden ahora a tergiversar los
recuerdos y acallar a quienes discrepen, aprovechando su dominio de la
situación. Por ello es deseable que sean sustituidos cuanto antes, dado
que han demostrado cumplidamente que son incapaces de liberarse de sus
errores. Pero no está claro quiénes están preparados para sustituirles.
Una vez más, la histeria antifranquista tiene una sombra demasiado
alargada para la conveniencia nacional. LA
PREPOTENCIA
arriba Por
Dalmacio Negro Tomado
de «La Razón», 25 junio 2002 La
huelga general socialdemócrata ha tenido cierto éxito de imagen. El
Gobierno, que parece disponer de más fuerzas de orden público para
disuadir a los pseudodemocráticos piquetes que a la delincuencia, la ha
controlado y, al mismo tiempo, la ciudadanía en general se mantuvo en la
situación pasiva del espectador. Una
justificación del espectáculo fue la prepotencia del Gobierno, palabra
que en el vocabulario socialdemócrata sirve para acusar a algún
partenaire de salirse del consenso. Ciertamente, ha habido prepotencia con
lo del decretazo y el Gobierno ha hecho las cosas bastante mal. Mas, lo de
prepotencia es equívoco: se usa también cuando quien tiene que gobernar
gobierna, es decir, como sinónimo de energía; que es, cabalmente, lo que
cabe esperar de cualquier gobierno, pues, si un síntoma de buen gobiemo
consiste en que la gente viva habitualmente, sin sobresaltos, en ocasiones
el gobernante ha de ser enérgico para conseguirlo. El hombre de Estado se
caracteriza tanto por saber qué es necesario hacer aunque los demás no
lo entiendan, como por su energía frente a los que no le comprenden. El
auténtico gobernante y hombre Estado se sitúa así y actúa fuera del
consenso, como hizo Antonio Maura, quien afrontó la inquina de quienes no
entendían qué quería hacer -movilizar la sociedad civil- y la de
quienes, entendiéndolo, no estaban dispuestos a consentirlo. Una
causa de que hoy no existan hombres de Estado en Europa, a pesar de la
situación, es que la cosmovisión socialdemócrata veta y llama
prepotente a quien pretenda hacer lo necesario sin el consenso de sus
colegas. Ésto es el problema de fondo de la huelga: hay cosas que hay que
hacer porque son necesarias, entre ellas abandonar la caduca visión y
mentalidad socialdemócrata e impulsar las reformas pertinentes. Mas la
energía empleada en esta ocasión, ¿significa una verdadera voluntad política
o se trata de terquedad o de un golpe de efecto? ¿Se propone el Gobierno
gobernar para las clases medias -la sociedad es hoy una sociedad de clases
medias- liberándolas de la tutela estatal o continuará sometiéndolas al
omnipotente Estado Socialdemócrata? ¿Intentará por fin impulsar y
fortalecer la lánguida sociedad civil sacándola de su forzosa pasividad
y dirigirla sin controlarla? Ésta es la incógnita que ha planteado la
huelga general, una riña en el seno de la sociedad política socialdemócrata,
que la sociedad civil ha contemplado pasivamente. ¿Acometerá,
pues, seriamente el gobierno, legitimado por su mayoría absoluta, las
reformas necesarias? Los síntomas no son buenos. Pero si, pensando sólo
en las elecciones, se limita a dejar hacer y dejar pasar al estilo
socialdemócrata, para no salirse del consenso, puede encontrarse con una
gran sorpresa. Sus
adversarios políticos, aún desgastados quizá por la huelga, serán prácticamente
los mismos; pero los votantes del gobierno por rutina, utilidad,
convencimiento, credulidad o sentido común pueden abandonarlo, encontrándose
a la hora de la verdad con una gran abstención electoral. Las clases
medias, paganas de todos los gastos y excesos, están irritadas con las
imaginarias reformas fiscales -lo están comprobando estos días al hacer
las cuentas para pagar el impuesto socialdemócrata kat exochen, por
excelencia (¿o las rebajas son sólo «macroeconómicas»?)-, con los
impuestos sobre la herencia y otras exacciones socialdemócratas y las
gabelas de todo tipo estatales, autonómicas, municipales..., con los
cargos innecesarios, los organismos para prebendas, las infinitas trabas
legales intervencionistas más fiscales que racionales, que, por ejemplo,
ponen los precios de la vivienda por las nubes, la política de inmigración,
aunque no sea indispensable, mientras se desentiende de la maltratada
familia, el futuro de las pensiones, la inflación, la inseguridad física,
legal y judicial, la desnacionalización, el estado del ejército, etc. Y
hay grupos concretos mayoritarios descontentos, como los católicos
consecuentes. Si
los huelguistas hubiesen invocado otros motivos, la huelga-espectáculo
hubiera podido ser muy distinta. CONSIDERACIÓN
REVERENCIAL DE LA HUELGA
arriba Por
Martín Quijano La
huelga esencialmente es la ruptura de un contrato previo, escrito o no,
por el que quien se obligaba a prestar un servicio, contratista, con una
contraprestación económica por parte del contratante, deja de hacerlo
temporalmente. Sus motivos pueden ser propios, tales como un deseo de
revisar las condiciones del contrato, o inducidos, como una reacción a la
revisión unilateral de las mismas por el contratante, que el contratista
considera inadmisible El
hecho es que se considera una medida de presión, debido al convencimiento
de que un paro en la producción perjudica al contratante (empresario) más
que al trabajador (contratista). Que eso sea cierto, o no, es una cuestión
a valorar en cada caso, pero permanece como mito indiscutible en los
ambientes progres, pretendidamente intelectuales. No es así en la
mentalidad del huelguista potencial, que intuye mejor que los progres la
realidad económica en que vive, con empleos precarios, exceso de
capacidad de producción, competencia aguda, crisis empresariales, primacía
comercial respecto del área productiva, etc. La mayor parte de los
trabajadores están convencidos de que la huelga es hoy un sinsentido,
frente a la opinión de los ambientes progres y sindicalistas, pero eso no
tiene importancia real frente al poder mediático de estos dos últimos
sectores. En
cualquier caso, toda huelga es una manifestación del fracaso de una
Sociedad que se muestra incapaz de establecer mecanismos y ámbitos de
arbitraje para dirimir conflictos laborales en las empresas. Se dirá que
no hay por qué interferir en el dominio de los convenios privados, pero
la realidad es que el Derecho es una demostración de que la Sociedad se
declara pertinente para intervenir en cualquier cuestión, penal o civil.
De igual modo que no consentimos que alguien se cobre deudas a garrotazos,
no tendríamos por qué consentir que una disputa laboral se dirima por el
procedimiento de ver cuál de las dos partes aguanta más pérdidas de
dinero. Pero
se consiente, hasta un cierto punto, tras el que las Autoridades se
consideran autorizadas a dictar un laudo de obligado cumplimiento. Para
entonces, el daño ya está hecho, pues las dos partes han sufrido
perjuicios económicos, y en algunos casos puede resultar irreversible,
por pérdida de mercados o de la confianza de los clientes, o por rencores
internos entre los componentes de la empresa. El mundo económico actual
es un equilibrio muy complejo y muy delicado, de lo que las vicisitudes de
la Bolsa nos informa continuamente, y cualquier anomalía temporal puede
transformar la situación hacia un nuevo equilibrio, con desaparición de
empresas. Otra
demostración de que esa realidad es comprendida por los trabajadores y
las empresas es la disminución progresiva de horas perdidas en huelgas en
todo el mundo desarrollado. Con la excepción de las empresas estatales, o
paraestatales, en las que se ha establecido una especie de lenidad por la
cual nadie arriesga nada por una huelga (al menos a corto y medio plazo)
pues todo se reduce a cargar sobre los costados de la sociedad los costes
adicionales que implica el paro y la solución que se llegue a pactar. En
estas situaciones, pude incluso darse el caso increíble de que una de las
cláusulas del pacto final sea una compensación a los huelguistas por los
salarios perdidos. En estas ocasiones, los paganos de la huelga es el
resto de la sociedad, que también ha sufrido durante el transcurso de la
misma (caso de transportes públicos, servicio de limpieza, sanidad, policía,
etc.) En
la ocasión infrecuente de las huelgas generales, como la reciente, se da
el caso particular de que los convocantes se arrogan el derecho de
interpretar el sentir mayoritario de los ciudadanos, despreciando por
inadecuado, el de las urnas. Y se consideran tan autorizados que no dudan
en coaccionar, impedir violentamente e incluso vejar a los que deciden no
responder a su convocatoria, que, consecuentemente, son considerados
enemigos de esa mayoría. Se trata de una pretensión de representación
política paralela a la de los partidos políticos, que no deja de ser
interesante. Esta
reliquia de otros tiempos es considerada, sin embargo, de forma
reverencial por quien antepone el sentimiento solidario con los débiles a
cualquier consideración intelectual de la situación actual. Coinciden en
ello los izquierdistas y los clérigos. Ambos sectores permanecen anclados
en la interpretación de la huelga que ha estado vigente durante siglo y
medio. Esa interpretación la considera un mecanismo de liberación
respecto a pretendidas opresiones económicas, y un derecho esencial a la
dignidad humana. En consecuencia, tienden a suscitar simpatía general
hacia quienes recurren a ella. Y a considerar que esa situación es
estacionaria, los motivos permanecen y las respuestas mantienen su
vigencia. Frente
a tal consideración anacrónica de una situación continuamente remozada,
urge una revisión de la misma. Se hace preciso diseñar nuevos mecanismos
para dirimir conflictos laborales. Se necesita establecer mecanismos para
definir los daños causados por esos conflictos. Resulta indispensable
desacreditar títulos de representatividad basados en criterios
asamblearios o demagógicos. Se precisa erradicar el empleo de frases tópicas
y latiguillos en la argumentación derivada de nuevas situaciones, las
coacciones violentas… En definitiva, es preciso abocar a cada persona a
conocer las consecuencias de sus actos y encarar su responsabilidad por
los mismos. Naturalmente, eso es una obligación que tienen que afrontar
empresarios, dirigentes sindicales, políticos, arbitradores de soluciones
y trabajadores. Todos tenemos que percatarnos de que el nuevo mundo que
comienza continuamente requiere nuevas soluciones y el abandono de tópicos
inútiles. Pero,
claro: ¿quién le pone el cascabel al gato?; ¿quién es capaz de
afrontar la inercia mental de una Sociedad que se resiste a revisar sus
ideas continuamente? BREVES
arriba Por
Erasmo DESILUSIÓN
NACIONAL Derrota
ante Corea y decepción nacional. Pude que algún batasuno se haya
reafirmado en sus propósitos de separarse de esta España que no triunfa,
pero la desilusión ha demostrado que existe la capacidad de ilusión
nacional. Interpartidista, interregional, interautonómica… Los españoles
son uno, en cuanto los partidos políticos desaparecen del primer plano. EL
FESTEJO CONTINÚA, PERO EN BAJO TONO Los
sindicatos, Polanco y el desnortado Zapatero siguen insistiendo en el gran
éxito de la Huelga General, pero amainando un poco su entusiasmo. Se ve
que tienen capacidad de sentir ridículo. Llamazares, en cambio, acaricia
ya la general europea («Hay gente pa tó»). La izquierda fetén no
parece saber a qué atenerse, ni por dónde sopla el viento. Alguien tiene
que sosegarles y conseguir que mediten acerca de su papel y objetivos.
Porque dan la sensación de que su máxima esperanza ahora sea el triunfo
de Lula en Brasil, es decir: excavar con más fruición para salir del
pozo en el que están metidos. LAS
CIFRAS MANIPULABLES Al
cabo, alguien recurre al método lógico de establecer la importancia real
de las manifestaciones; determinar la superficie ocupada y estimar el número
de personas por metro cuadrado. Así, algún osado se ha atrevido a
rebajar a la décima parte las cifras dadas por los sindicatos para sus
partidarios en el pasado 20-J. Algo irritante para el ínclito Cándido Méndez,
que amenaza, como represalia, con disminuir por el mimo factor el número
de asistentes a las manifestaciones contra la Eta. Tiene
su parte de razón. Si alguien se atreve a cuestionar de tan irresponsable
modo uno de los pilares de nuestra encomiada democracia, ¿a dónde
podemos ir a parar? EL
EURO SE CONSOLIDA El
euro ha conseguido la paridad con el dólar. Perjudica las exportaciones
europeas, pero abarata las importaciones, como estamos notando en las
gasolineras. Y prestigia y potencia la Unión Europea. Se trata de un hito
importante, aunque no llegue a la cotización inicial de 1,16 $/euro. El
futuro está por ver, pero todo movimiento fortalecedor es positivo, para
la autoconfianza en la UE y para cada uno de sus miembros. IBEROAMÉRICA
SE TAMBALEA Brasil,
Perú, Colombia, Bolivia… corren peligro de crisis próxima a la de
Argentina. Con lo cual se avecinan momentos malos para todos los
inversionistas españoles (millones) en esos países. Y se plantea la
posibilidad de que se salven de esa crisis sin echar mano de soluciones
populistas y demagógicas, como las que ya han hundido a Argentina y a
Venezuela. Cuanto más se eche la culpa a malvados externos, tanto menor
inversión llegará, y tanto más cara resultará la deuda. ¿Cabe
pensar en la incorporación de la sensatez y el rigor, como parece apuntar
Uribe en Colombia? Está por ver. LA
DEMOCRACIA IMPERA El
Tribunal supremo americano falla que sólo tienen validez las condenas a
muerte impuestas como decisión de culpabilidad establecida por un jurado.
Con lo cual eliminan de la categoría de ajusticiables a casi ochocientos
condenados. Extrañas
circunvalaciones alrededor de la tendencia natural a eliminar la pena de
muerte. Como paso intermedio, resulta que la opinión mayoritaria de
quince o veinte inexpertos es válida, y pesa sobre la opinión única de
un experto. Hay pasos progresivos pendientes hasta la eliminación de la
pena, tales como que en el jurado haya opinado alguien de la misma raza o
sexo que el condenado, que haya o no homosexuales, que la cuota
correspondiente sea políticamente correcta… EL
MURO DE SHARON Los
israelitas están construyendo un Muro para aislar los territorios
palestinos de la Ribera derecha del Jordán, de forma que se dificulte el
paso de los terroristas a territorio judío. No se ha divulgado cómo
piensan resolver el problema de la comunicación con los asentamientos judíos
en esos territorios, pero parece claro que va a ser difícil. Porque no
pueden pensar en amurallar todos ellos (docenas), con comunicaciones
protegidas. Difícil tarea, que pone en evidencia la locura a la que
conduce una voluntad de enfrentamiento a ultranza. En
cualquier caso, el Muro, ruinoso para los dos pueblos a ambos lados del
mismo, supone un triunfo para los extremistas palestinos. Y una declaración
material de que los territorios palestinos son una realidad. LA
ETA ECHA EL RESTO Cinco
cobardes bombas en dos días. Cuando todos los jefes de gobierno europeos
están en Sevilla. Dicen que es una estrategia diseñada para impresionar,
pero la verdad es que parece diseñada por Aznar. Se habrán ido todos con
el convencimiento de que hay que acabar con los locos más peligrosos de
Europa. Y Arzalluz, el ex «jesuita ejemplar», callado. Es lo suficientemente listo, pese a su locura, para analizar si las cosas le van bien o mal. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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