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  Nº 108 - 27de noviembre de 2002

   CONTENIDO      

1. El anaquel: El último atentado. Fosas comunes. La porra y el porro, por Aquilino Duque

2. Breves, por Erasmo

3. Oleaje en los medios de comunicación madrileños, de Hispanidad

 

 EL ANAQUEL   

Por Aquilino Duque

EL ÚLTIMO ATENTADO

Uno de los muchos lugares donde fracasó el Alzamiento Nacional fue el pueblo de Z. de mayoría frentepopulista. Al ser liberado en agosto del 36, toda esa mayoría se hizo falangista y no había más que tres requetés, y es fama que uno de ellos llevaba su arrojo a ponerse la boina roja para pasear por su casa. Una cosa así es la bandera esa tan grande que pusieron en la madrileña plaza de Colón, cosa harto menos arriesgada que aplicar en ciertas provincias el artículo 155 de la Carta Magna. Es posible que esa aplicación no reuniera la unanimidad de votos con que los padres de la patria harían en cambio la heroicidad de poner fuera de la ley a un muerto insigne y a quienes defiendan su memoria. Esta vileza, que descalifica a una clase política en su totalidad, se haría además a cencerros tapados, amparada en la cuasi omertà de los medios de manipulación. 

Lo grave del suceso, que sólo se ha dado en los fenecidos sistemas totalitarios que tanto admiraban sus promotores, es que supone un atentado a la Historia de España, y es como si la clase política temiera que las infamias y mentiras que profieren sus «historiadores» a sueldo no basten para disminuir a un personaje que pasó a la Historia. Y es fuera de la Historia de lo que quieren estos demócratas de baba poner al personaje que no fueron capaces, cuando él estaba vivo, de poner fuera de la ley.

FOSAS COMUNES

La derecha acomplejada, la derecha vergonzante, la derecha que no quiere decir su nombre, se apresta, con el nombre de «centro», a construir un futuro de libertad, democracia, humanismo y progreso, cerrado a cal y canto a toda tentación de conservadurismo. Es posible que ese centro quiera contar con un plantel de «intelectuales orgánicos», es decir, unos intelectuales a los que no se les pide que aporten ideas propias, sino que saquen brillo a las ideas que les vayan suministrando los políticos.

Dado que he sido convocado como presunto«intelectual orgánico», lo menos que puedo hacer es decir lo que pienso y no lo que a lo mejor se quiere que diga. Y lo que pienso es que el llamado «arco constitucional» nunca tendrá estabilidad mientras esté cojo, cojera que sólo puede remediar si se le agrega la base que le falta, que es la derecha. Esa derecha ha de carecer de los complejos que aquejan a la que se hace llamar «centro», complejos que explican que a los veinticinco años del cambio de régimen se siga hablando de transición pendiente por parte de los que nunca se conformaron con que se hiciera «sin traumas». A éstos les aconsejaría que se dejen de hozar en fosas comunes y que, si no pueden contenerse la pasión necrófila, que decía don Marcelino, que vayan a Paracuellos, donde en 1936 se consumó el «trauma» que tanto echaron de menos en 1975.

LA PORRA Y EL PORRO

En torno a la primera Restauración había un partido político que tenía a su servicio una partida de la porra que, de manera contundente, hacía propaganda electoral. La versión actual de esa partida se circunscribe a unas provincias cantábricas aunque su «celo ciudadano» se extienda al resto de la nación. Para ello se aprovecha del anonadamiento alucinógeno en que el resto de la nación fue sumida por el partido del porro. Llamo partido del porro al formado por jóvenes cuyo primer acto de afirmación política fue fumar marijuana. Ese partido lograría volver del revés a la nación para que no la conociera «ni la madre que la parió», y lo hizo con tal éxito que sus adversarios se sumarían con entusiasmo a esa ingente labor de inversión de la moral y de la historia. 

Esa inversión es lo que permite proclamar a algún que otro «señorito satisfecho» que gracias al régimen actual haya alcanzado España la cima de su historia. Y esto se dice de un régimen que deshace a la familia y que es incapaz de garantizar la unidad de la patria. Y es que por lo visto, a humo de porros, hay cosas más importantes que la solidez de la familia y que la unidad de España, como lo es, por ejemplo, lograr que el actual Jefe del Estado no sea el «rey de todos los españoles», si no sólo el de aquellos sin cuya derrota y cuyo exilio la familia real nunca hubiera vuelto del suyo ni recuperado el trono.

 BREVES                                                                                                             arriba 

Por Erasmo

EL JOVIAL SCHROEDER SE DESTAPA

A los dos meses de su triunfo en las elecciones, la coalición de gobierno en Alemania, anuncia una subida drástica de los impuestos, además de un déficit público vergonzoso. El alegre Canciller demuestra así que ni sabe contener el gasto público ni es capaz de dinamizar la economía. Las dos cosas por las que se le enfrentaba su rival social demócrata, Stoiber. Se ha demostrado que las cosas iban como decía éste, no como las interpretaba el que resultó triunfador. Estaba equivocado, pero… ¿mintió? ¿Se dejó engañar la gente que le votó, negándose a ver lo que tenía delante de sus ojos?

¡Ah, la política!

EL CIS ALIMENTA EL COTILLEO

La encuesta del CIS afirma que todos los partidos bajan en intención de voto en las generales, con dos años de anticipación. El PP mantiene la ventaja en diez Comunidades, el PSOE en cuatro. Crece el PNV… Y se ha disparado los comentarios de todo tipo que ¿para qué sirven? La intención de voto se queda muy por debajo de los resultados conseguidos por los dos principales partidos en el 2000. Y no tienen nada que ver con las que habrá en el 2004. Pero suscitan polémica para alimentar el cotarro de comentaristas

EL «PRESTIGE» SUSCITA CUESTIONES ACERCA DE LA SOBERANÍA

El petrolero no debería haber salido del puerto, dada su vejez. Y no debería haber acortado su rumbo pasando cerca de la Costa de la Muerte. Y no debería haber parado sus máquinas. Y… Pero, ¿cómo controlar eso? ¿En qué consiste hoy la soberanía de una Nación si no puede ejercerla, sea por incapacidad militar o legal? ¿Quién compensa ahora a España, a Galicia, por esos desaguisados? ¿Quién le pone el cascabel al Reino Unido y a Gibraltar? ¿Qué ocurrirá si aumentamos las aguas de soberanía absoluta a 200 millas?

LA SOBERANÍA INTERESA A IBARRECHE Y OTROS TRES

En la encuesta de CIS se muestra que la soberanía o independencia preocupa a una fracción mínima de la sociedad vasca o catalana. A sus honorables lendakaris y pocos más. Lo que pasa es que entre esos pocos más están todos los comentaristas españoles. Porque ¿de qué podrían hablar ellos si España no fuese un País con sobresaltos continuos? Ellos son los principales entusiastas de las tesis separatistas, a las que están dispuestos siempre a prestar una atención que no merecen, halagando a sus propugnadores. Ignorando, unos y otros, la solidez profunda de la Sociedad española, con la que juegan irresponsable y frívolamente todos los días.

 OLEAJE EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MADRILEÑOS           arriba 

Tomado de «Hispanidad»

 PEDRO J. OIDE DINERO A VILLALONGA

Primero, el bueno era Juan Villalonga. La esperanza blanca del nuevo liberalismo, el hombre que iba a crear un imperio mediático, que, naturalmente, iba a liderar, teóricamente o en la práctica, qué más da, Pedro J. Ramírez, director de El Mundo. Luego Villalonga se convirtió en un villano, ladrón y estafador que debía ser encerrado en la cárcel. Así, se consiguió echarle de Telefónica y que le sustituyera César Alierta. Con César Alienta, Pedro J. Ramírez consiguió más que con Villalonga: controlar ideológicamente Admira, el grupo de medios de Telefónica. Pero Pedro J. Ramírez, al igual que su adversario, Jesús Polanco, emplea siempre la misma táctica: no piden para alabar, sino que exigen bajo la amenaza de golpear. Para ambos, no existe la verdad: existen los intereses, sus propios intereses, naturalmente.

Entonces es cuando Pedro J. se lanza contra Alierta por las inversiones de su sobrino. En una campaña, siempre se encuentran aliados. Por ejemplo, se cuenta con el fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, el padre de la socialista Trinidad Jiménez, deseoso siempre de castigar a la derecha, y ningún modo mejor de castigar a José María Aznar que golpear a su empresario más próximo, el presidente de Telefónica.

Pero resulta que Alierta no se doblega y se enfrenta a Pedro J. Le expulsa de A-3TV y de Onda Cero e incluso pacta con Polanco en la TV de pago. Es más, Alierta puede presionar a Pedro J. a través de Pearson, propietario de Recoletos, segundo accionista de El Mundo, que tomará el control editorial del diario, se supone, en 2003.

Entonces, Pedro J. aprovecha su actual plataforma y piensa en encontrar otra. ¿Y a quién recurre? Nada menos que a su enemigo, a Juan Villalonga, a quien expulsó de España. El reportaje dedicado por El Mundo al libro de fotografías de Adriana Abascal, señora de Villalonga, llamado a renovar la literatura y el arte contemporáneos, es una buena prueba del acercamiento de Pedro J. a Villalonga quien, por cierto, cada vez reside más tiempo en España. Ahora, Pedro J. pretende que sea Villalonga quien financie su nuevo periódico (¿El Universal?) en el caso de que le echen de El Mundo.

Dicho todo lo anterior, la verdad es que la consecuencia es que El Mundo tiene razón cuando afirma que las condiciones cuantitativas impuestas por el Tribunal de Defensa de la Competencia a la fusión entre Vía Digital (Telefónica) y Canal Satélite Digital (Prisa-Sogecable) son salvables por ambos grupos, y que, como afirmábamos ayer, ambos las salvarán porque ninguno de ellos, especialmente Jesús Polanco, puede permitirse el lujo de mantener la situación actual. Y también tiene razón en otra cuestión en la que Hispanidad no hizo hincapié ayer (un fallo en el análisis), como son las tarifas que podrá imponer la empresa resultante, y que si no vienen marcadas por el regulador, realizarán el siguiente recorrido: en una primea etapa, a la baja, por razones de marketing. En una segunda, al alza sin paliativos.

Pero, dicho esto, la parte más sabrosa de la decisión del TDC, es decir, del Gobierno Aznar, es la prohibición a los dos novios de participar en nuevas aventuras mediáticas conjuntas, especialmente en la TV por ADSL. Y lo peor, como afirmábamos ayer, que no se concrete si la obligación de vender otras participaciones televisivas no sólo afecta a Telefónica por A-3TV, sino también a Polanco por Localia. Porque sería excesivo que el editor cántabro mandara en la TV de pago en España y también en la TV local. Sería excesivo, hasta para la ambición sin límites de Jesús Polanco.

Días atrás afirmábamos que todo empezó con Clinton, con la no dimisión del presidente norteamericano: desde ese momento, la dignidad de la Casa Blanca quedó por los suelos, y se impuso el «Vale todo», a través de la clintoniana fórmula de que «quien resiste gana». En España todo empezó con Polanco y su utilización perversa del poder político durante la época socialista. Polanco resistió y ganó. Con Pedro J. Ramírez, y el famoso «vídeo sexual» también ha ocurrido lo mismo: en ningún momento se le pasó por la cabeza dimitir como director de El Mundo. Y desde ese momento, la sociedad de la información española sufre de patología moral. No es que mientan, eso sería poco elegante: simplemente no dicen toda la verdad porque la verdad les importa un pimiento, tanto a Polanco como a Pedro J.: lo que les importa es mantenerse en el poder y, en ese caso, la verdad es siempre reversible... tan reversible como las filias y las fobias a Juan Villalonga, ayer empresario deleznable, hoy financiero renovador del sistema. ¿Será tan tonto, el ex presidente de Telefónica como para dejarse liar por el director de El Mundo?

LA VERDADERA GUERRA DE ABC Y EL CORREO

Lo «único» que pasa en ABC es lo mismo que ocurre en todo el grupo El Correo, propiedad de las familias Ybarra y Bergareche: el enfrentamiento entre el director general, Miguel Larrea y el director de ABC, José Antonio Zarzalejos. Larrea es todo un felipista, un progre cuyo mayor ansia hubiese sido trabajar en El País. Zarzalejos es un democristiano, definición que tendrá usted, amigo lector, que interpretar como mejor le parezca. Larrea es un director general presente en los consejos de Redacción más importantes del primer grupo de prensa escrita del País. Por de pronto, ya ha colocado a Zarzalejos dos espinas: el director adjunto, Eduardo San Martín, procedente de El País y Mara Malabrán, la feminista radical (quizás una reiteración) que dirige el Semanal, el medio más leído de España. José María Bergareche, más conocido por «el pitu Bergareche» apoya a Larrea y mantiene en el cargo, sólo eso, a Zarzalejos. No es fácil adivinar quién gana la batalla diaria. Los resultados de la pugna pueden leerse cada día en el ABC.  

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