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  Nº 109 - 18 de diciembre de 2002

   CONTENIDO        

1. El anaquel: Gramática degenerativa.Santos y rebeldes. Valladolid, por Aquilino Duque.

2. La torpeza política española, por Martín Quijano.

3. El pan-moralismo laico, por Ignacio Ruiz Quintano.

4. ¿Qué liberalismo?, por Dalmacio Negro.

5. Breves, por Erasmo.

EL ANAQUEL   

Por Aquilino Duque 

GRAMÁTICA DEGENERATIVA

La Junta de Andalucía ha pagado al parecer medio millón de pesetas a una actriz local para que en un espacio televisivo de publicidad institucional exhorte a los televidentes a «hablar en andalú». El bantustán andalusí no quiere quedarse atrás en la babelización de España y trata de fomentar aquellas peculiaridades lingüísticas que nos diferencian a los andaluces del resto de los españoles. En realidad, «hablar en andalú» está dentro de la línea del Free Speech, y significa «habla como te salga de donde, como decía Unamuno, les salen a los bárbaros las voliciones enérgicas». Hay muchas maneras de hablar castellano en Andalucía, tantas como provincias y tantas como comarcas, y todas esas maneras se encierran en dos: fina o culta y basta o soez. En otros tiempos un andaluz fino no diría nunca «lojojoh» (los ojos) o «lajaguah», (las aguas), sino «losojoh» o «lasaguah». La aspiración de la ese del artículo plural delante de vocal era si acaso propia de zonas influidas, en el Oeste de la región, por el habla extremeña. En otros tiempos también se enseñaba que la Gramática tenía cuatro partes: Morfología, Sintaxis, Prosodia y Ortografía. Hoy no se lleva la Gramática castellana, mal vista por castellana y por gramática. Y eso explica que la TV autonómica fomente ese andaluz batúa en el que la norma lingüística consiste en decir «lojojoh, lajaguah, Yirona, Lleida y A Coruña».

SANTOS Y REBELDES

España es la mayor productora de santos del siglo XX. Por si no bastara con los que subieron a los altares con ayuda de las milicias marxistas y con el que llegó a ellos por su propio Camino, ahora está en puertas fray Bartolomé de las Casas, con su aura póstuma de «teólogo de la liberación». Un demócrata de baba, que es la corrección política en persona, aprovechaba la exposición de las virtudes de fray Bartolomé y de los padres de las leyes de Indias, dicho sea de paso teólogos –oh, anatema– de Trento, para establecer una comparación entre Franco y Carlos I, por el distinto trato dado a sus respectivos presuntos disidentes.

Decía Lebrija que es idiota quien sólo sabe lo suyo y puede que el demócrata susodicho sea una lumbrera del derecho de gentes, pero de historia demuestra estar algo pez. Sus maestros universitarios, que fueron los míos -Giménez Fernández, Aguilar Navarro, etc.-, ejercieron sus cátedras a ciencia y paciencia del «dictador», la hostilidad al cual nunca disimularon, y todos murieron de viejos, sin más contratiempos que los que en su día sufrieran Francisco de Vitoria, Domingo de Soto o fray Bartolomé. Otros hubo en cambio a quienes el Caudillo victorioso dio el mismo trato y por análogos motivos que el César Carlos dio a Padilla, Bravo y Maldonado.

VALLADOLID

En un debate académico en el que yo defendía el deber de los locutores televisivos andaluces de hablar buen castellano, alguien me dijo con sarcasmo: «¿La norma de Valladolid?». Y contesté: «¿Y por qué no?». Y es que en ese momento yo pensaba menos en el laísmo, para mí un defecto, que en el hecho de que en esa ciudad castellana haya recaído por tres veces nada menos el Premio Cervantes. En los premios, además del azar, influyen motivaciones extraliterarias y muchas veces los jurados aciertan derecho con votos torcidos, pero nadie dirá que esos premios vallisoletanos estén mal dados. Nadie discute a Delibes, y a los otros dos, Umbral y Jiménez Lozano, quiero creer que les traje suerte, pues el primero me presentó un libro una semana antes del fallo y al segundo se me ocurrió hacerle una visita en su retiro pueblerino días antes de su triunfo.

La noticia de ese triunfo me llegó cuando intentaba la proeza de leerme tres libros suyos a la vez: Los lobeznos, El mudejarillo y la Guía espiritual de Castilla, y poco es lo que yo puedo añadir a todo lo bueno que se haya dicho de ellos. A mí me emociona, en el primero, un episodio, el del hermano Orencio, que es digno de Dostoyevsky, y en los otros, la imagen de esa Castilla sin la que España no sería lo que es y la figura de ese santito del que ya era hora nos hablara un hombre de fe. No dirò più e scuro so che parlo.

LA TORPEZA POLÍTICA ESPAÑOLA                                                           arriba

Por Martín Quijano

El desastre del Prestige ha puesto de manifiesto muchos problemas que exigen solución internacional para la que España y Europa demuestran estar poco preparados. No por escasez de potencial, sino por escasez de voluntad. El conjunto de intereses de las naciones europeas no tiene una cabeza común capaz de coordinarlos con suficiente velocidad para copar con situaciones imprevistas. Y no puede actuar con la agilidad nacional que envidiamos a los EE.UU. Pero Aznar puede atribuirse el mérito de haber conseguido apoyo rapidísimo de Francia, Portugal e Italia para la adopción de derecho de veto de paso en las doscientas millas de las costas. Ya se ha ejercido ese derecho expulsando a varios barcos descalificables por su alto riesgo, y eso es un progreso respecto a la situación anterior. Se ha actuado con celeridad en el plano internacional, incluso marginando los procedimientos de la UE para una mayor eficacia, y eso es encomiable. Nos hemos encontrado una vez más con la espina de Gibraltar, pero eso es una traba que España ha aceptado durante tres siglos, con escasos períodos de dignidad en los que se ha intentado actuar contra ella. Estamos tan resignados con esa espina que una indigna parte de nuestra clase política comparte las razones de los gibraltareños. Pero no es este el tema.

En el terreno nacional, las actuaciones del Gobierno han parecido torpes en los primeros momentos, pero han ido ganando eficacia progresivamente. El aturdimiento ante la brusquedad y dimensión de los acontecimientos condujo a un fallo inicial: No nombrar inmediatamente a un responsable de todas las actuaciones. Sólo al cabo de unos días, cuando las autoridades inicialmente implicadas se vieron desbordadas, fue nombrado coordinador Rajoy. La torpeza inicial dio paso a una acumulación progresiva de medios de todo tipo: Miles de soldados, decenas de aviones, equipamiento para los miles de voluntarios, logística de evacuación, acumulación y destrucción del chapapote, una decena de barcos especializados, el batiscafo, comienzo de pago de compensaciones, etc, dan cuenta de las gestiones realizadas por las autoridades locales, autonómicas y nacionales. Queda patente que, pese al aturdimiento inicial y a la falta de equipamiento previo, la actuación ha sido intensa.

Sin embargo, la situación se ha agravado, más allá de los hechos, por la insensata verborrea de los políticos y sus rémoras (en el sentido literal del pez así llamado) los medios de comunicación. Prácticamente nadie sale incólume:

La oposición ha planteado una situación absurda de debate político de una catástrofe nacional, pretendiendo, a toro pasado, que ellos hubieran hecho todo mejor. Se trata de algo frívolo, en el que han caído inicialmente los del gobierno, en el que se ha visto a los máximos responsables debatir públicamente acerca de la cuantía de las fugas del casco hundido. Debatir acerca de un dato es una de las estupideces habituales en nuestra cultura. Que lo hagan los políticos, subordinados a información que les deben dar los técnicos, es una prueba de esa estupidez. Reprochar actuaciones pasadas a la luz de nuevas informaciones, no disponibles entonces, es una frivolidad. No es extraño que en periódicos ingleses se diga «Los españoles, a la greña, como suelen». Los políticos españoles, en vez de animar y serenar los ánimos, enconan la situación, como es tradicional en ellos. El resultado es el malhumor de todos los actores, en todos los niveles. Malhumor que los medios españoles se ocupan convenientemente de exaltar, aireando preferentemente las quejas antes que los elogios. Miles de personas participan con entusiasmo y dedicación, pero la queja aireada es siempre que sólo están ellos, nadie más.

El Gobierno ha actuado con rapidez, que siempre hubiera podido ser mayor, claro, pero con torpeza informativa. Se ha empeñado en minimizar las consecuencias de un problema, en vez de pecar por exceso, que hubiera sido conveniente (y políticamente rentable). Parece que pensase que eso era un pecado suyo que intentara ocultarlo. Además, ha fallado en la comunicación oportuna, originando la sensación de que nadie estaba a cargo del tema. Ha caído, como de costumbre, en el error de nombrar comités para estudiar el tema, en vez de asignar el problema a personas, que ya se buscarán los apoyos que considere conveniente. Ha recurrido a científicos, ignorando a técnicos. Ha transmitido en sus comunicaciones opiniones de científicos, siempre hipótesis pendientes de comprobar, eludiendo expertos de empresas petrolíferas. Sólo le redime el hecho de que su solvencia económica le ha permitido una acumulación rápida de medios. Que, por cierto, van a poner en la picota el déficit cero.

Los partidos separatistas han procurado hacer su particular agosto, recogiendo cosecha del cabreo generalizado. Beiras ha demostrado su irresponsabilidad personal amenazando a Aznar, y ha contribuido al apasionamiento obtuso de quienes pretenden tratar la marea negra a base de manifestaciones. Ibarreche ha procurado manifestarse marcando su distanciamiento con el resto de España. Dentro de poco dirá que su flota de bacaladeros hubiera controlado mejor la situación. Pero se ha demostrado que cuando un desastre tiene suficiente envergadura, la estructura autonómica se desmorona. La gente pide soluciones a la Nación. Y toda la Nación se siente implicada en el problema particular de unas costas que muchos no han visto nunca. El resultado desconcierta a esos nacionalistas, pero reaccionan ignorándolo, e insistiendo en su palinodia de agravios.

En resumen, este desastre ha demostrado la auténticas dimensión de nuestras estructuras políticas, y el talante partidista de nuestros políticos de la oposición. Ha puesto de manifiesto nuestra imprevisión e incapacidad para invertir en Seguridad. Y ha demostrado nuestra triste capacidad política para enconar situaciones más allá de la gravedad propia de las mismas; para estorbar, más que para ayudar. Todo ello compensado por la hermosa gente, que colabora por debajo del cabreo vocinglero. Como siempre, seguimos necesitados de buen señor. 

EL PAN-MORALISMO LAICO                                                                         arriba

Por Ignacio Ruiz Quintano

Tomado de diario ABC, 11 diciembre 2002

Europa cocina una Constitución, y en la charca mediática las ranas han vuelto a dividirse en güelfas y gibelinas. El bando güelfo es partidario de recoger en esa Constitución las señas de identidad cristianas del continente, pero el bando gibelino contesta que hasta ahí podíamos llegar, que Europa es laica y al cristianismo nos lo encontramos en la calle.

Pueden rellenarla de literatura o de viento, pero yo creo que en la Era del Ocio, que es la nuestra, lo único importante de una Constitución es la fecha de su promulgación, que ha de permitir un buen juego de puentes festivos. Arrecia, sin embargo, el griterío de la causa gibelina, y esto siempre ha de amoscarnos un poco. Después de todo, sólo hay un moralismo más molesto que el moralismo religioso, y es el moralismo laico.

Vista desde aquí, Europa no parece cada día más laica; si acaso, más analfabeta, que es otra cosa. De hecho, para el moralismo laico, la Historia de Europa comienza en 1789, y si es la de España, en 1936. «Al influjo teológico de la Iglesia, se deben las taras de nuestro carácter, el sentido inquisitorial de la justicia, el sentimiento catastrófico de la vida que incapacita al país para una reforma moderna. Y yo digo: No más abrazos de Vergara; no más pactos de El Pardo; no más transacciones con los enemigos irreconciliables de nuestros sentimientos y de nuestras ideas. Si quieren hacer la guerra civil, que la hagan», bramaba jacobinamente Albornoz en la cocina de la Constitución del 31.

Surgido del moralismo religioso, el moralismo laico desnuda a un santo para vestir a muchos santones. En lugar de clérigos, intelectuales. En lugar de beatas, progres. En lugar del Kempis, el editorial del día. Ahí es nada: la Misa del Trabajo, el Evangelio de la Democracia y la Comunión de la Libertad. Nada, pues, tan exagerado como el moralismo laico, un pan-moralismo de ascética represiva hasta la aprensión. Lo hemos visto en Madrid, cuando tres diputados regionales fueron sorprendidos en un pleno mirando pornografía (?) en un ordenador portátil como se mira a los jugadores del mus. ¡Para sí hubieran querido esos pobres representantes del noble pueblo madrileño la penitencia que un señor cura de Burgos nos impuso a los monaguillos sorprendidos leyendo a Hebrero San Martín en «La chica del As»! Cinco padrenuestros y cincuenta avemarías. ¿Qué trae mejor cuenta a la hora de la penitencia, un cura preconciliar o un editorialista laico? Como dicen los andaluces, para ser cochero, serlo de un marqués.

Si el moralismo religioso utilizaba el término escolástico «la Carne» como uno de los tres enemigos del alma -los otros dos eran el Demonio y el Mundo-, el moralismo laico utiliza ese mismo término como uno de los tres enemigos de la democracia. Los otros dos son Dios y, por supuesto, los americanos. Pobre América, tan cerca de Dios y tan lejos del genio europeo, que a mí me recuerda a lo que Bertrand Russell decía del genio romano, que era como el de un «jeme homme rangé» en la Francia del XIX, que después de una vida de aventuras amorosas se sitúa ventajosamente por medio de un matrimonio de conveniencia. El braguetazo de Europa es América, aunque...

Allá por 1949, se lo explicaba a Foxá en el «grill» de un hotel un militar americano. Si Rusia invadía a Europa, América iniciaría la reconquista desde el norte de África. «Pero esto supone -le replicó Foxá- la destrucción del viejo continente». Y el americano le contestó con cierto desdén: «¿No ha visto usted las ruinas de Egipto o de Pompeya? ¿Por qué Europa iba a ser eterna?». Pero háblele usted a un analfabeto laico de las ruinas de Egipto y Pompeya. 

 ¿QUÉ LIBERALISMO?                                                                                     arriba

Por Dalmacio Negro

Tomado del diario La Razón

El liberalismo, que conoció un cierto auge doctrinal en los años setenta y ochenta y practicó durante los mandatos de Margaret Thatcher y Reagan, vuelve a estar de capa caída, aunque se achacan infinidad de males al neoliberalismo. Cierto que se ha establecido una tendencia a favor de liberar a las sociedades y a los individuos de infinidad de trabas con que los gobiernos se aferran al poder. Sin embargo, aunque disminuyen éstas, a veces, en el mundo económico por exigencias de la economía, los gobiernos siempre encuentran motivos para establecer nuevas intervenciones y recortes más solapados de las libertades políticas, sociales y personales.

De hecho la disminución de intervenciones no es más que arreglos para dar oxígeno al totalitario Estado de Bienestar: una especie de perestroika limitada para hacer frente a la mal llamada globalización, que, siendo una consecuencia de la universalización de la historia y de la tecnología se achaca al neoliberalismo. Y no se trata sólo de liberalismo o antiliberalismo sino que la Europa socialdemócrata -las oligarquías que gobiernan la democracia secuestrada por la partidocracia- sigue aferrada al status quo establecido tras la segunda guerra mundial como si no hubiera pasado nada. No es extraño que proliferen interpretaciones del liberalismo que confunden a los espíritus y disminuyen el espíritu auténticamente liberal.

Es cierto que el liberalismo ganó prestigio con la caída del muro de Berlín. Algún partido comunista cambió su nombre por el de partido liberal, muchos entusiastas del «sistema» periclitado se han apresurado a desembarcar en el antes odiado liberalismo y los políticos hablan de liberalizar y reducir impuestos. Los liberales han aumentado en número, pero gracias a esos desperdicios y retóricas que hacen prosperar visiones equívocas del liberalismo.

Así, recientemente ha fallecido John Rawls, elogiado como «gran teórico del liberalismo» según este mismo periódico (La Razón 26-11-02) recogiendo un equívoco sentir común. Pues lo cierto es que Rawls no era precisamente «un héroe intelectual del liberalismo»; basta leer sus no siempre muy legibles elucubraciones, por ejemplo, su obra más conocida «Teoría de la justicia», un conjunto de abstrusas divagaciones neocontractualistas, como si el contractualismo político fuese de recibo a estas alturas. Rawls, que alcanzó fama universal sin ser precisamente «un gigante de la filosofía del siglo XX» por mucho que ésta esté bajo mínimos, no era un liberal, a no ser en el sentido que se atribuye a esta palabra en Estados Unidos, de donde era natural. Allí se llama liberal a quienes en Europa se llama «progres» y políticamente liberal equivale a socialdemócrata, generalmente vinculado al partido demócrata, mientras los liberales en el sentido europeo suelen coincidir con los conservadores que si se adscriben a algún partido suele ser al republicano. Gran parte de las burlas, fobias e ironías sobre Bush y su Gobierno se explican porque están más próximos al liberalismo en el sentido europeo y tradicional que a la omnipresente y omnipotente socialdemocracia que señorea los espíritus, obnubila las mentes y alimenta los grandes negocios. Pues la socialdemocracia sólo es liberal bajo su palabra y ahora se está sirviendo de su efectiva diferencia de talante con el comunismo soviético para presentarse como realización del liberalismo. Es una de las más sutiles trampas recientes para impedir la claridad de las ideas.

Hay demasiada confusión en el mundo intelectual. Se puede sentir atracción o antipatía por el liberalismo, pero no es lícito tergiversar las cosas. Del liberalismo dijo Ortega hiperbólicamente que es el más noble grito que ha resonado sobre el planeta en tanto que vincula la justicia y la libertad; pero también es cierto que el liberalismo, precisamente por ser tal, suele ir con frecuencia mezclado con cosas non sanctas, lo que hace necesario estar separando continuamente el grano de la paja. Sin embargo, los auténticos liberales, creyendo tal vez haber triunfado o bien apabullados por las mistificaciones, están de nuevo muy apagados en Europa. 

 BREVES                                                                                                             arriba 

Por Erasmo  

UNA SENTENCIA IRRESPONSABLE

El Tribunal Supremo ha sentenciado que una Compañía de Seguros de Automóvil debe reparar a plena satisfacción un coche accidentado, aunque el coste de la reparación supere el valor de mercado del automóvil, restableciéndole el estado inicial del coche. Muchos usuarios se alegrarán, pero parece ineludible que esa sentencia obligará a subir las primas de seguro, con las perniciosas consecuencias económicas que ello implica. Una vez más, la interpretación de las leyes exige más prudencia de la que permite la lectura fría.

OTRA SENTENCIA PERNICIOSA

El Tribunal Supremo de Justicia del País Vasco ha condenado al Gobierno Vasco por impedir una manifestación pro Batasuna prohibida por el Juez B. Garzón. Coincide con la decisión del Fiscal General del Estado afirmando que el Parlamento Vasco no cometió delito al consentir la permanencia del grupo parlamentario batasuno después de la proscripción de su partido. Es posible que ambas decisiones se ajusten a derecho, y no seré yo quien lo discuta desde mi ignorancia. Pero las dos son perniciosas, en una primera valoración, porque dan la sensación de que los jueces, o las leyes, no comparten la lucha de la Sociedad española. Como compensación, la Audiencia Nacional, ha sentenciado como pertinentes los Autos de Garzón contra los dirigentes de Batasuna.

DECISIONES NACIONALES AL MARGEN DEL GOBIERNO DE LA UE

Aznar se ha movido con rapidez y ha logrado consenso con Francia, al que se adhieren después Italia y Portugal, para declarar inaceptables los buques de riesgo dentro de las 200 millas. Sin esperar a que actúe la Comisión Europea. Esta lo hace, sin embargo, y declara inaceptables los petroleros de casco único a partir del próximo 1 de enero.

Son decisiones independientes, que demuestran que disponemos de dos ámbitos de actuación política, el nacional y el de la UE. No se sabe bien dónde acaba uno y empieza otro, pero debemos felicitarnos de que ello permita rapidez de actuación

EDUCACIÓN SEXUAL EN FUENLABRADA

La consejera socialista de Fuenlabrada imprime un libro incitando al desorden sexual y lo difunde por los colegios. Se suscita un escándalo cuando llega a uno de primaria y ella lo manda retirar, diciendo que ha sido un error. Y ahí queda la cosa.

Nadie protesta por el libro en sí, como medio educativo. Nadie pregunta a la Consejera si educa así a sus hijos (si es que los tiene) Zapatero no la desautoriza, las APA no se ponen en guardia. Todo el mundo mira para otro lado, como si eso no fuera con él. Como si fuera de mal tono preocuparse por ese tipo de materia educativa. ¿Cuántos, consecuentemente, procurarán tenerlo en casa, para que sus hijos no pierdan comba? Se podría hacer apuestas.

VOLUNTARIOS GENEROSOS E IGNORADOS

Aparecen miles de voluntarios para luchar contra la plaga del chapapote que destroza las costas de Galicia. Y todo el mundo se queja. Unos de que no les dan equipos adecuados, otros de que no se presentan para recibir las instrucciones precisas, los de más allá, de la indiferencia de los vecinos, los de más acá, de que no están los soldados…

Parece claro que este problema revela dos carencias esenciales españolas: La falta de inversión adecuada en medios para Defensa Civil ante estas catástrofes y la incapacidad para nombrar a un coordinador responsable de todas las actividades, del cual obtener siempre y continuamente, la opinión más fiable acerca de la situación. Parece todo un corral de gallinas alborotadas, donde la generosidad de miles se traduce estúpidamente en cabreo generalizado.

LA TONTA DISCUSIÓN ACERCA DE LA SUCESIÓN

Rato, Rajoy y Mayor, no pueden mover un dedo sin que salga un puñado de comentaristas interpretando la significación de tal movimiento en la carrera sucesoria. Que aprovechan también para reprochar a Aznar que les tenga en ascuas con la indefinición del sucesor. Y para decir que esto sólo ocurre en España (se olvida que en EE.UU. no conocen al candidato sino seis meses antes de las elecciones). Y, además, le reprocharían a Aznar que lo designase ahora, acusándole de dirigismo improcedente de su partido.

Es decir, Aznar está imponiendo lo sensato, pero eso no para el guirigay charlatán.

LA TOMADURA DE PELO DE GIBRALTAR, UNA VEZ MÁS

La crisis del Prestige ha servido para poner de manifiesto el escandaloso trasiego de mercancías peligrosas en Gibraltar. Tenemos un foco maloliente de corrupción de todo tipo debajo de nuestras narices, impuesto por una supremacía naval del Reino Unido durante tres siglos. Si la nueva Ministra no tiene abierta esa carpeta continuamente en su mesa de trabajo debiera dimitir ya.

LA MAREA NEGRA PONE EN SU LUGAR A IBARRECHE

La cuestión del desgraciado incidente del Prestige ha ocupado espacios abrumadoramente en informativos, periódicos y comentaristas. Ha tenido un efecto beneficioso indudable: ha permitido desplazar a Ibarreche de los mismos espacios. Nadie se ha preocupado de él ni de sus fantasmerías. Ha tenido que recurrir a rechazar la intervención de los soldados en sus playas, apelando a la jurisdicción que sea. Es una postura que demuestra su coherencia básica con su esquizofrenia: la que le permite ser presidente de una Autonomía española surgida de una Constitución que quiere abolir.

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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