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  Nº 111 - 22 de enero de 2003

   CONTENIDO         

1. La misión nacional, por Martín Quijano

2. El anaquel: Penas, por Aquilino Duque

3. Patriotismo, por Antonio Castro Villacañas

4. Breves, por Erasmo

LA MISIÓN NACIONAL                                                                                    arriba

Por Martín Quijano

            Un grupo humano se constituye como nación cuando toma consciencia de una personalidad diferenciada y obra en consecuencia con la misma. Esa consciencia puede conducirle a dos actitudes aparentemente contrapuestas, aunque coincidentes en una reafirmación continua de lo que consideran su personalidad: la de intentar preservar esa diferenciación mediante resistencia a las influencias externas o la de procurar influir en los otros grupos humanos transmitiéndoles lo mejor de lo que se considera propio. Ambas actitudes generales coexisten con la inevitable y siempre conveniente permeabilidad con otros grupos culturales, con el consiguiente intercambio y enriquecimiento mutuo.

            La primera actitud es la propia de los nacionalismos incipientes, los actuales, en los que su esfuerzo político principal consiste en resistir a lo que ellos califican como sofocamiento cultural por las culturas más fuertes en las que se sienten inmersos, de grado o por fuerza. Se trata de una aspiración o un propósito legítimo, por supuesto, como lo es cualquier esfuerzo de supervivencia. Pero incurre con excesiva frecuencia en una paranoia dañina para todos, pero especialmente para los propios nacionalistas. La exacerbación de esa resistencia hasta la paranoia les hace ver amenazas intolerables en lo que sólo debería ser clasificado como influencias inevitables. Ello les induce a cerrarse en sí mismos, procurando reducir al máximo el efecto de esas influencias, hasta el extremo de perjudicarse en anquilosamiento de los propio. Es el caso general de quienes luchan por mantenerse dentro de un complejo de inferioridad cultural. Por no extenderse en la otra faceta, harto más peligrosa, de la apelación al terrorismo, que daña a quienes ellos consideran sus enemigos y destruye su propia cultura.

            La segunda actitud es propia de las naciones que no se sienten amenazadas en su supervivencia y, como consecuencia de ello, se ven capacitadas para verterse hacia su entorno, proyectando su influencia. Esa influencia habrá de estar fundamentada en las facetas propias diferenciadas. La historia de las Naciones ha sido, y es, la historia de esa proyección exterior de las mismas, cuando la Nación protagonista se siente con fuerzas para trasladar a otras culturas las facetas que ella considera más interesantes de la propia. Que esa proyección sea más o menos eficaz, generosa, incruenta o beneficiosa es lo que define la calidad histórica de las Naciones y de sus momentos históricos. Desde Oriente a Occidente, los ciclos históricos han vivido las sucesivas aportaciones de diferentes Naciones sobre la Humanidad.

            La época actual nos presenta a los españoles un doble protagonismo como Nación con personalidad propia y como componente de Europa. La Unión Europea tiene, o busca, también personalidad propia. Procuramos los europeos tener una voz común, dentro de ella, con opinión diferenciada respecto a los otros grandes bloques culturales mundiales. Y procuramos también tener voz propia como españoles, en medio de un mundo crecientemente uniformizado. En esto último somos coherentes con nuestra trayectoria histórica. Durante siglos, nuestra Nación ha dado lo mejor de sí misma actuando primero como defensora y después como proyectora de la cultura cristiana y europea en todo el mundo, especialmente en América. Esa trayectoria histórica constituye el mayor timbre de gloria de nuestra Nación.

            Es muy discutible que esa trayectoria histórica tenga continuidad en nuestros días, o vaya a tenerla en el futuro próximo. Cualquier esfuerzo de proyección cultural requiere una consistencia interna fuerte, con coherencia cultural de la sociedad. No parece que ello sea el caso actual, ni europeo en general ni español en particular. Europa presenta una importante divergencia entre sus pretensiones políticas y la confusión de su sociedad, incapaz de adoptar cualquier posición de riesgo o esfuerzo. Norteamérica adopta tales posiciones en el teatro internacional, como consecuencia de su consistencia interna, esfuerzo y poderío militar y seguridad en sí misma. Europa, despreciada por ella, se limita a mostrar melindres escrupulosos de indecisa, criticar actuaciones demasiado drásticas, en su opinión… Y pedir ayuda y esfuerzo militar cuando se asusta ante cualquier conflicto próximo. El resultado es un desprestigio calificable como senil, al lado de la actitud clara de Norteamérica. El potencial económico europeo no se beneficia de ese pacifismo, sin embargo, pese a su importancia cuantitativa, pues adolece de varias desventajas importantes frente a Norteamérica: menor independencia energética, menor capacidad de toma de decisiones unitarias, menor influencia estratégica mundial y una subordinación importante en el desarrollo tecnológico.

             La posibilidad de actuación particular española no es mejor que la europea. Aparte de iguales o mayores limitaciones económicas y mentales, nuestra posible influencia cultural en ayuda del bloque hispanoamericano, está muy condicionada por nuestra poquedad cultural actual. No tenemos potencial de proyección cristiana, por ejemplo, porque hemos perdido tensión propia, interna, en ese campo. Nuestra sociedad margina, si no reniega de ellos, los valores cristianos esenciales. Los momentos de esplendor misional de los años cincuenta, cuando España era el origen de la tercera parte de los misioneros católicos del mundo, han decaído a una situación actual de envejecimiento en este campo.

            Tampoco tenemos tensión suficiente en el desarrollo tecnológico, como para poder jugar un papel importante en esa región hispanoamericana, pues nuestra intensidad tecnológica, nada despreciable, no pasa de ser un seguidismo del esfuerzo de otros países occidentales, sin que lideremos ninguna punta de lanza de desarrollo. Nuestra capacidad económica está limitada por nuestro tamaño en esa dimensión. España ha dado muestras en la década pasada de su voluntad de acción económica en esa área, y ha sufrido consiguientemente por ello. Pero ese es un campo muy condicionado, positiva y negativamente, por nuestra pertenencia a la UE.

            Como resumen, una Nación lo es si se ocupa de desarrollar una misión en el teatro universal, pero ese es un papel reservado a quien encuentra una posibilidad de protagonismo o de liderazgo en alguna de las facetas de la vida. Para encontrar ese papel hay que reunir ambición e ilusión por jugarlo. Algo que no puede darse por garantizado en la culturalmente confusa y políticamente indefinida España actual. Mientras no se supere esa situación, nuestra vida nacional adolecerá de los mismos defectos que los nacionalismos de poca monta que sufrimos: Consideraremos una tarea nacional la mera defensa de la situación relativa, procurando no perder comba de la cuerda que otros se ocupan de mover. Sin que nos pase por la cabeza que esa cuerda debiera moverse con otro ritmo o secuencia más exigentes. Con mantenernos nos conformamos.

 EL ANAQUEL                                                                                                   arriba

Por Aquilino Duque

            PENAS

            Hay en España algunas voces que claman por la aplicación de la pena de muerte en casos de terrorismo. No seré yo quien se oponga a ese clamor, pero sí que diré que me parece utópico, y por lo tanto estéril. La pena capital está proscrita a primera vista en todas las cartas magnas europeas, y digo a primera vista porque en realidad no está proscrita, sino privatizada. El Estado no sólo ha renunciado explícitamente a su monopolio, sino que tácitamente la ha transferido a la «ciudadanía», como uno de tantos derechos que ésta, como vulgarmente se dice, «se ha dado a sí misma».

            Las penas que el Estado aún no ha privatizado son las de prisión, pero las ha liberalizado, que ya es un buen paso en el buen sentido, y además de penas tienen cada vez menos, sino que son más bien curas de reposo o internados de formación profesional para que el recluso aprenda a reinsertarse en la sociedad civil o por lo menos reponga fuerzas cuando a la vuelta de pocos años quede extinguida su condena a siglo y medio y pueda volver a ejercer todos los derechos que el Estado de derechos le concede, incluido el de aplicar la última pena. Por eso, y a menos que se decida a hacer uso a su vez de ese derecho, la sufrida «ciudadanía» lo mejor que puede hacer es resignarse y pedirle al santo de su devoción que la próxima explosión del coche bomba le pille lo más lejos posible del lugar de autos, nunca mejor dicho.

 PATRIOTISMO                                                                                                   arriba

 Por Antonio Castro Villacañas

            Gracias a la Constitución vigente y a los intereses económicos y sociales que la hicieron posible, España es hoy en día lo que las «nacionalidades históricas» y demás «comunidades autónomas» le permiten ser y seguir siendo: un simple residuo, en camino del correspondiente vertedero de basuras y del necesario proceso de reciclaje. Euskadi y Catalunya, fórmulas degeneradas de las entrañables y españolas Cataluña y Vasconia, en alguna medida secundadas por Galicia y Baleares, han cogido en su mano la batuta y desde hace un cuarto de siglo marcan el compás sobre lo que se puede o no se puede decir y hacer en materia de «nacionalismo» e ideas adyacentes, porque sólo es democrática y progresista su visión de las cosas... Para ellas, España y lo español no tienen razón de ser y si existen es algo motivado por perversas intenciones y realizaciones dedicadas desde siempre a perseguir, destruir y aniquilar las únicas identidades históricas y culturales válidas, que son –por supuesto- las que se están construyendo en dichos territorios desde hace veinticinco años. De esta forma han conseguido –sobre todo en Vasconia y Cataluña- ir vaciando de auténtico contenido a cuanto significa el concepto de España, sustituyéndolo por otro tan ofensivo e hiriente como falso.

            Los españoles socialistas o populares, como presumen de ser demócratas y progresistas, para defender su claudicante postura en esta materia y justificar cuantos errores en ella han cometido desde 1975, aducen que el franquismo y sus consecuencias tienen la culpa de casi todo lo que ha pasado, sigue pasando, o pueda pasar en tal campo. Algo de verdad se esconde en esa defensa, pues cierto es que la idea de Patria, el entender a España como una Patria, y el considerar al patriotismo como suprema virtud cívica fueron rasgos constitutivos del franquismo que se debilitaron en la misma medida que aquél se iba extinguiendo, en parte por culpa propia y en mayor proporción merced al estrangulamiento y la asfixia causados por quienes tanto y tan bien habían prosperado gracias a los juramentos de fidelidad y actos de sumisión y homenaje a Franco, realizados por sus herederos políticos de muy buena gana mientras el Generalísimo estuvo sano y podía gobernar España, y quebrantados tan pronto como pudieron darse cuenta de que había muerto, estaba enterrado y finalizaron los día del obligado duelo.

            Mal que pese a más de uno, sobre todo entre quienes ocupan puestos políticos y sociales de alto rango, la única conciencia de patriotismo que tiene el pueblo español es la del franquismo. No es que ese régimen inventara el patriotismo, ni que lo usara como velo o venda para celar o disimular sus faltas. Es que sus esenciales lemas políticos –España, una, grande y libre; Todo por la Patria; Por la Patria, el Pan y la Justicia; ¡Arriba España!- fueron desechados por los inventores, artífices y albañiles de la recompuesta monarquía parlamentaria, todos ellos –del primero al último- temerosos de ser descalificados por franquistas en la recién iniciada carrera por alcanzar y disfrutar el Poder si en el curso de ella hacían la más mínima alusión –de palabra o con hechos- a la integridad de la patria española, a cuanto supusiera una exaltación de España o a la supremacía del nacionalismo integrador español sobre cualquier otra forma de nacionalismo separatista. Los «constituyentes» de 1978 querían pasar a la historia como ejemplo de buenos demócratas, y es evidente que lo consiguieron, pero a qué precio lo estamos pagando...

            El incidente del islote Perejil ha servido para demostrar que la práctica totalidad del pueblo español guarda en su interior unas reservas de patriotismo dignas del máximo respeto. Quiera Dios hacer que esta Monarquía Parlamentaria sepa utilizarlas como es debido.

 BREVES                                                                                                             arriba

Por Erasmo

            EL CUMPLIMIENTO INTEGRO DE LAS PENAS

            El gobierno se ha acordado, dos años después de conseguir la mayoría absoluta, de su promesa de cumplimiento integro de las penas por terrorismo, y ha preparado el Proyecto de Ley correspondiente. Junto con ello va un aumento de la condena máxima a cuarenta años y un endurecimiento con los reincidentes. El PSOE no se ha atrevido a oponerse, detectando la amplia mayoría de apoyo social al Proyecto. Se ha opuesto el PNV, claro, porque le preocupa que eso enfríe los ánimos de quienes le agitan el nogal, como ya se ha enfriado la kale borroka.

            ¿Cómo hemos podido aguantar cuarenta años sin esta Ley? Somos un pueblo habituado a poner la otra mejilla ante las demandas de los políticos «correctos».

            UN PUERTO REFUGIO

            El Gobierno anuncia su propósito de establecer un puerto refugio para emergencias como la del Prestige. Escarmentado por lo que le ha caído encima, ha anunciado que le pondrá un cascabel al gato. Está por ver qué tipo de cascabel establece, y qué gato (qué puerto) se lo deja poner. Porque no es fácil prever cualquier desastre, ni lo es evitar que los que traten con ellos salgan afectados con el problema. Pero es de alabar que pongan a alguien a cavilar sobre esos problemas. Y que se invierta en prepararse para emergencias.

            UNAS MANCHAS QUE SE PASEAN

            Las manchas de chapapote que se pasean por el Mar Cantábrico, amenazando a esta o aquella región española o francesa, demuestran que los barcos especializados no tienen diseño adecuado para este problema, pues en caso contrario ya habrían acabado con ellas.

            No se sabe nada de qué se está preparando para tratar ese problema (porque es de suponer que algo se estará haciendo). Pero eso no es sino una laguna más de información acerca de la situación en este tema. Porque, por ejemplo, el sellamiento del pecio por el batiscafo ya no genera más que noticias esporádicas imprecisas.

           Ya hemos cogido desprevenidos a los franceses ¿Pensamos por ello que ya no es problema nuestro?

            UN DESDÉN INTRIGANTE

            ¿Por qué EE.UU. amenaza continuamente a Irak, en donde los inspectores no consiguen encontrar las amenazadoras armas de destrucción masiva y aparenta ignorar al fanfarrón de Corea del Norte, que alardea de ellas?

            No es explicable por el petróleo, que siempre seguiría perteneciendo a Irak. Ni por el miedo que pueda inspirar las dos bombas que se le supone a Corea. O es una prueba de desconcierto de Bush, por la rectificación a la que ello le obliga (impensable en una institución tan asesorada) o se esconde una rectificación futura y contundente, o China ha sugerido algo. Esto último sería lo más grave. Esto último abriría expectativas propias de una novela de Tom Clancy.

            UN VIEJO TERRORISTA AGAZAPADO

            Los palestinos siguen con sus tácticas y sus estrategia suicida. Las dos son condenables, por estupidez. Como estrategia no puede triunfar. Como táctica, no puede conducir sino al empecinamiento de las nuevas generaciones en su autodestrucción.

            Una y otra demuestran la incapacidad de Arafat para conducir a su pueblo. También él ha debido darse cuenta y ha desaparecido del primer plano, abandonando tanto su actitud mendicante como la desafiante. Es prueba de que se siente desconcertado e incapaz de deshacer una situación que él ha provocado con su falta de sentido de la realidad.

            UN RUIDO PERMANENTE

            El PSOE, fracasada su absurda estrategia de aprovechar un desastre nacional para atacar al Gobierno, está procurando mantener el ruido de fondo para actuar con protagonismo en los informativos. Ahora anuncian la creación de un equipo pensante de trescientas personas, sin especificar qué directrices generales se proponen. Deben darse cuenta de que la gente tiene más memoria de la que pensaban y de que no quiere que vuelva el desconcierto económico.

            Se trata de un problema difícil de resolver para cualquier mentalidad no anclada en tópicos. Cómo generar más dinero si se pretende intervenir todas las facetas productivas, estorbándolas. Y cómo gastar más en favor de los más necesitados sin fomentar el desinterés de éstos en salir de su necesidad por sus propios medios.

            Al no disponer de política adecuada que ofrecer, se ocupan de hacer ruido anunciando a bombo y platillo que se lo van a pensar muy concienzudamente..

            UN APAGAFUEGOS INADECUADO

            El Ejército, las Fuerzas Armadas, han enviado y mantienen unos miles de hombres en limpiar las playas. Parece ser que, como es lógico, su labor es mucho más efectiva y continuada que la de los voluntarios. Parece evidente que la disciplina y el mando único, además de la Logística adecuada, deben proporcionar ese resultado satisfactorio. Que no debe ser considerado como tal, sin embargo, porque mantener esos miles de profesionales haciendo una labor que no es la suya demuestra que su tarea específica es rescindible o que son los únicos capaces de, o los mejores para, esta tarea de limpieza. Ninguna de las dos posibilidades es admisible. Cualquier empresa a la que se asigne la limpieza puede hacerla mejor que unos aficionados, como son los soldados para esta tarea. Y pensar que la tarea específica de los soldados puede esperar es inadmisible.

            UNA FRUSTRACIÓN DESCONCERTADA

            Los electores del PP se encuentran abocados a aupar a la Alcaldía de Madrid a un político como Gallardón, tan contrario a las ideas de la mayoría de ellos. Y lo harán para evitar que vuelva la frivolidad mental socialista a despilfarrar unos años de política municipal. Y tendrán que tragar los sapos que el nuevo Alcalde les ofrecerá reiteradamente como muestra de su progresía. No tiene la gracia que tenía Tierno para redactar sus Bandos, pero desbaratará con igual eficacia cualquier idea seria de progreso.

            ¿Y qué recurso les queda a los desconcertados electores? Surgen intentos de partidos políticos defensores de los valores tradicionales, pero son eficazmente desbaratados, o desprestigiados, por el PP en el poder, celoso.

            UNA AUSENCIA ESTRIDENTE

            Los activistas de GreenPeace se visten con mono blanco manchado de chapapote y se manifiestan delante del Ministerio de Fomento embadurnando algo con chapapote. Lo hacen en presencia de fotógrafos de prensa, claro. Si no hubiese fotógrafos no habría GreenPeace, que vive de los escándalos que organiza.

            En cambio no se ha visto ningún mono de GreenPeace limpiando playas gallegas. Posiblemente han considerado que no les salía rentable, diluidos entre miles de voluntarios que se han desplazado de todas partes para limpiar, en vez de hacer propaganda y buscar ingresos.

            Ellos son serios, y se limitan a hacer lo suyo: Conseguir dinero y resonancia. Como los activistas de «Nunca Mais». No deberíamos escandalizarnos de que la gente sea coherente con sus principios. 

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