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  Nº 113 - 2 de febrero de 2003

   CONTENIDO           

1. «Es injusto que no se recuerde el centenario de José Antonio», entrevista a Fernando Suárez.

2. Turquía y Europa, por Martín Quijano.

3. El anaquel: Remember the Maine!; Bautismo de Fuego, por Aquilino Duque.

4. Damnificados del franquismo, por Pío Moa.

5. Breves, por Erasmo.   

«ES INJUSTO QUE NO SE RECUERDE EL CENTENARIO DE JOSÉ ANTONIO»           arriba

 Entrevista a Fernando Suárez González en el diario

 Hoy, de Badajoz, domingo 2 de febrero de 2003

Catedrático de Derecho del Trabajo en la UNED, Fernando Suárez es conocido, sobre todo, por su larga trayectoria política: en 1975 fue nombrado ministro de Trabajo y vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos. También ha sido diputado en Cortes en varias legislaturas y parlamentario europeo por el Partido Popular hasta 1994. Fernando Suárez hablará en Aula HOY de José Antonio Primo de Rivera, del que se cumple el centenario del nacimiento. Las conferencias tendrán lugar el lunes a las 20,15 horas en el salón de actos de Caja Extremadura en Cáceres y el martes a la misma hora en el Hotel Barceló-Zurbarán de Badajoz.

-¿Qué aspectos de la figura de José Antonio Primo de Rivera va a tratar en sus conferencias?

-Este año se cumple el centenario del nacimiento y, por lo visto, no se ha querido hacer ninguna conmemoración oficial. Cuando me han invitado a hablar de José Antonio he dicho que sí porque me parece muy injusto que no se recuerde el centenario de un español importantísimo en la historia del Siglo XX.

-¿Por qué cree que no se quiere recordar?

-Hay una deformación de esos años de la guerra y una idealización de la República. Existe la pretensión de asimilar a esos movimientos con los fascismos. El otro día leí unas declaraciones de un escritor que comparaba lo que ocurrió en España con la Alemania nazi. A mí me parece que es necesario establecer para los jóvenes lo que ocurrió en la realidad. Yo nací en el 33, no conozco la época directamente, pero me parece muy importante reflexionar con objetividad. Yo creo que José Antonio significa sobre todo la pretensión de la concordia. La frase de su testamento que dice: «Ojalá fuese la mía la última sangre española que se vertiera por discordias civiles», me parece ejemplar. También es un pensador. Obviamente de lo que podríamos llamar el mundo de la derecha, pero con una gran inquietud por los problemas sociales, por asimilar lo mejor y más valioso de la conciencia social.

-Hoy ya nadie se declara joseantoniano.

-Hay todavía algún político.

-Pero no en activo.

-No. Porque todo ha cambiado suficientemente y tenemos una situación democrática mucha más satisfactoria que la de la República. Pero una derecha, o incluso una izquierda, que se considere heredera del pensamiento español no puede prescindir de lo que fue una reflexión muy serena sobre la vida española. Teniendo en cuenta además que se muere a los 33 años. No hay nadie comparable en el día de hoy. ¿Usted conoce a alguien de 33 años que tenga en España la influencia que tuvo este hombre? Por algo será.

-¿Se ha preguntado usted alguna vez qué hubiera pasado si no hubiese muerto?

-Esos futuribles son imposibles de hacer. Lo que hay que subrayar es que ha habido muchos españoles que trataron de aportar sus visiones, desde la derecha y desde la izquierda y de evitar los grandes males nacionales. Y que eso la juventud de hoy tiene que saberlo. No para seguir su doctrina al pie de la letra, pero sí alguna de sus actitudes.

-¿Le gustaría que el centenario sirviese para hacer un acercamiento a José Antonio sin prejuicios?

-En una época en que se conmemora casi todo no entiendo que se deba prescindir de un señor cuya fotografía ha estado casi 40 años en todas las escuelas españolas. Habrá que explicar por qué estuvo 40 años y por qué después de estar años gritándose «José Antonio Primo de Rivera, presente», ahora está como proscrito. Y yo creo que hay un cierto complejo en sectores de la derecha. Un complejo que yo desde luego no tengo. Yo, que contribuí muy decisivamente a la democracia y a la reforma política, tampoco creo que haya que echar borrón y cuenta nueva.

-¿Se ha escrito una historia rigurosa sobre la persona de José Antonio?

-Yo creo que no. Durante 40 años se hizo mucha propaganda. De José Antonio se hizo un mito en el que sólo cabían elogios y ahora yo sé que algunos historiadores hacen lo contrario. Se dice que era un fascista y que era la versión española de Mussolini. Y tampoco es eso. Empieza a haber algunos libros con un análisis más objetivo, más real. Tenía virtudes y tenía defectos, era producto de una época. Una persona que vivió en España en los años 30, cuando el mundo estaba preocupado por la influencia de lo soviético. Las reacciones eran también autoritarias. Yo creo que se puede trascender todo eso y buscar una democracia apacible, que es lo que tenemos.

-Ahora se cumplen 25 años de la Constitución, de la Transición. ¿Qué balance hace de estos 25 años de democracia? ¿Ha salido como usted pensaba?

-Yo estaba muy convencido de que el pueblo español estaba a la altura de las circunstancias y de que no quería que hubiera ningún cisco, sino entrar en una vía de normalidad europea. Y se ha conseguido. Queda perfeccionar el tema autonómico y hay que acabar con el terrorismo. Pero, salvo esos aspectos, la democracia española está normalizada. Algún mérito tendremos los de la transición.

-¿Se les ha reconocido?

-Yo creo que el mérito es de todos. El régimen anterior supo muy bien que tenía que transformarse. Que a la desaparición de Franco no le podía suceder una monarquía de tipo africano, sino europea y democrática. La izquierda también entendió que había que partir de aquello y se hizo, con problemas y con errores. Pero esta generación puede felicitarse de haber participado en esa transición con éxito. 

TURQUÍA Y EUROPA                                                                                      arriba

 Por Martín Quijano

Turquía se ha quedado en las puertas de la negociación con la UE para su ingreso futuro en la Unión. Los gobernantes turcos pensaban que conseguirían quedar incorporados en el paquete de los últimos países europeos a negociar, Bulgaria y Rumania, pero se ha establecido una clara diferenciación entre estos dos y Turquía. Se ha retrasado la apertura de negociaciones para el año 2004, y se ha disparado la controversia acerca de qué criterio seguir para definir qué límites tiene Europa, y si Turquía debe ser considerada realmente una nación europea.

Como planteamiento previo útil para lo que sigue, nadie discute que Rusia es una Nación europea. Su historia de implicación continua en Europa es un argumento patente. Su cultura es europea, cristiana. Y, salvo el episodio cultural comunista, setenta años de cultura colectivista, oriental, su mentalidad histórica ha sido siempre claramente personalista, occidental, con insignes aportaciones a esta cultura. Pero debido al gran peso que tienen sus territorios asiáticos, fundamentalmente Siberia, en su estructura geográfica resulta desaconsejable su ingreso en la UE. Se convertirá, sin duda en un socio importante, con atención preferente de la UE, pero se mantendrá fuera de ésta.

Turquía tiene la mayor parte de su territorio en Asia Menor, pero mantiene un enclave europeo desde el 29 de mayo de 1453, cuando los otomanos musulmanes conquistaron Constantinopla. Posteriormente, el imperio otomano se extendió por los Balcanes, ocupando la mayor parte de éstos durante tres siglos, y siendo detenido dos veces, y muy precariamente, a las puertas de Viena. Su expansión marítima por el mundo mediterráneo quedó inicialmente frenada en Lepanto. Aunque esa gran batalla no llegó a significar la recuperación de los territorios ya ocupados por los otomanos, marcó un hito a partir de la cual la presión turca se concentró en expansiones terrestres, abandonando actuaciones en el Mediterráneo que habían llegado a amenazar directamente Italia. A lo largo del Siglo XIX perdió la mayor parte de sus territorios balcánicos, quedando reducida su presencia en el continente europeo a principios del XX a un pequeño territorio alrededor de la hoy Estambul, duramente discutido por Grecia, que había recuperado su independencia a mediados del XIX. Esta Nación, europea por excelencia, recuperó al final de la primera Guerra Mundial una serie de territorios y enclaves en Asia Menor, pero no consiguió recuperar Constantinopla. Esa pérdida sigue constituyendo una importante derrota, no desquitada, de la cultura europea. La misma que ahora es capaz de pedir perdón por las Cruzadas y tolera en cambio esa pérdida.

Turquía, alineada con el bando perdedor en la IGM, neutral en la IIGM y aliada fiel de Occidente durante toda la posguerra, en la OTAN, ha sufrido un fuerte cambio cultural con la revolución Occidentalista de K. Atatürk en los años veinte del siglo pasado, pero se mantiene como Nación socialmente musulmana, pese a las expresiones laicistas oficiales. Esa realidad ha quedado plasmada en el triunfo electoral de un partido declaradamente islamista, aunque se dice «moderado». Sus emigrantes anegan Alemania, constituyendo una parte importante de la población, y mantienen fuertemente su personalidad islámica dentro de la cultura del pueblo alemán. Su posición como base de un archianunciado ataque a Irak es importantísima para la estrategia norteamericana. Y convierte a Estados Unidos es un impulsador de la incorporación del país a la UE. Se trata de un tema en el que naturalmente no tiene voto, pero se preocupa de emplear su potente voz política para favorecer esa incorporación. Aparte de ese interés estratégico existe el de Israel, y toda su potencia mediática, interesada en potenciar a su fiel aliada militar durante décadas. Un interés que ha procurado desbaratar cualquier condena como genocidio del intento de exterminio turco del pueblo armenio, a caballo de los Siglos XIX y XX. Como denunciaba recientemente Vicente Messori, esto último tiene la faceta curiosa de que el sionismo no tolera que genocidio se convierta en término común: Quieren que sea un término reservado exclusivamente a lo que los nazis les hicieron a ellos. Pero ese intento de olvido de ese genocidio particular es también una defensa de la idoneidad de Turquía para pertenecer a Europa. No quieren que se mantenga sobre esa Nación el baldón de exterminadora de armenios, que harían disminuir su adaptabilidad a la idea Europea.

Una adaptabilidad que, manejando exclusivamente parámetros socioeconómicos, ha descalificado recientemente el semanario The Economist. Dentro de una clasificación de esa adaptabilidad de 26 países europeos, Turquía, la 27, tiene una clasificación de cero. Completamente inadaptable hoy. No se trata de comentar aquí esa clasificación, que el semanario desvela sólo en una tabla, pero es un dato más a considerar. Como dato curioso, debe destacarse que España ocupa el séptimo lugar en esa clasificación socioeconómica de europeidad, sólo detrás de Luxemburgo, Suecia, Holanda, Dinamarca, Finlandia y Bélgica.

Sin embargo, nuestro país se ha declarado defensor de esa integración de Turquía en la UE, frente a declaraciones contrarias de los otros países que se han solidarizado más o menos abiertamente con la negativa de Giscard D’Estaing a ello. La Ministra Ana Palacios ha declarado que «Europa no es un club cristiano», por lo que no encuentra razones para oponerse al ingreso de un país musulmán. Con ello, Aznar se ha convertido en el único aliado europeo de Bush, aparte de Blair, que declara simpatizar con tal ingreso.

El debate está abierto, pero en medios políticos, no sociales (a nadie se le ocurre preguntar a los ciudadanos en un Referéndum si admiten esa ampliación tan potencialmente conflictiva). Es el mismo debate acerca de si, pese a la opinión de nuestra católica ministra, Europa es un Continente cristiano o ateo. Si nuestra sociedad europea pretende mantener sus raíces anteriores a 1789 o enraizarse en esa fecha. Si mantenemos nuestras creencias o admitimos como superiores las musulmanas, que consiguen tanta adhesión de sus fieles (y de «nuestros» comentaristas que les comprenden todo). Es el momento de decidir si estamos en expansión o en recesión cultural. De mantener o de denostar las posiciones de nuestros antepasados. El gobierno español ha tomado postura ya. La misma que le hace mirar a la veleta de PRISA para saber qué decidir en cualquier cuestión ideológica. La sociedad española, desconcertada ante la falta de espíritu de defensa por parte de sus dirigentes, se calla. Los oráculos del pensamiento correcto nos bombardean diciéndonos que no debemos pensar de forma ajena a las leyes que ellos hacen. Que todo lo que se aparte de ellas es condenable. Ana Palacios obedece cumplidamente, como no puede esperarse menos de una cristianodemócrata cabal, pero ¿representa esa idea realmente a la opinión y las creencias básicas de la sociedad española? 

EL ANAQUEL                                                                                                   arriba  

Por Aquilino Duque

REMEMBER THE MAINE!

No se es un buen reaccionario si no se tiene buena memoria. Esa buena memoria de los reaccionarios está muy mal vista por los progresistas que se creen que están haciendo historia. Ahora, cuando el insensato político de turno dice que Sadam es un peligro o una amenaza para España, yo recuerdo dos cosas: una, el peligro y la amenaza reales que sobre España se ciernen desde sus queridas Provincias Vascongadas, y otra, el peligro o la amenaza imaginarios que hace más de medio siglo suponía España, la España de Franco, para la paz mundial. Lo que entonces nos salvó, conste que hablo en primera persona del plural, fue la discusión bizantina de si aquella España era un peligro o una amenaza, y ojalá que otra de esas discusiones bizantinas salvara al Irak del peligro y la amenaza bien reales que se ciernen sobre él.

Ya sabemos que la primera fuente del derecho es la fuerza y que a la hora de la verdad cae Breno sobre la balanza con todo el peso de su espada. Si al vencido se le dice luego que lo blanco es negro, tendrá que decir que sí y, además con efecto retroactivo. Poco importa que el escrito de apoyo de los ocho enanitos europeos diera comienzo con una desmemoria histórica: la de que los peregrinos del Mayflower llevaron a las costas americanas los derechos humanos y la libertad religiosa. Muy progresistas deben de ser quienes han redactado ese papel y quienes lo han firmado, seguramente para halagar a los que aún siguen diciendo Remember the Maine!

BAUTISMO DE FUEGO

Un viejo amigo judío me dice en Ginebra que «hay que parar a Sadam Hussein». Hace muchos años, en 1940, vi en un cine de la Gran Vía madrileña una película alemana titulada Bautismo de fuego, cuya tesis era la de que había que hacer frente al militarismo de Polonia, cuyas divisiones acorazadas amenazaban arrollar toda Europa y no se detendrían sino en el Atlántico. Como prueba se exhibía un desfile de las fuerzas armadas en Polonia donde el mariscal Rydz Smygl, con su capa de cuello de terciopelo y su gorra poligonal, se erguía altivo en un arengatorio ante el que desfilaba una tanqueta del tamaño de un biscúter. No cabía la menor duda, después de ver aquella película, de que Polonia representaba una amenaza no sólo para el apacible III Reich, sino para toda la civilización occidental.

De sobra sé que la Historia no se repite, pero no hace mucho que asistí a un homenaje universitario a Blanco-White en el que diversos participantes entonaron los trenos y letanías de rigor sobre la intolerancia de la Sevilla de la época, siendo así que todos ellos, en el mejor de los casos, habían guardado un prudente silencio en un caso de linchamiento intelectual del que prefiero olvidarme.

Otro amigo me reprocha que compare a Bush con Hitler. ¡Qué disparate! Son demasiadas las cosas malas que hay que decir de Hitler como para encima aplicarle semejante comparación.

DAMNIFICADOS DEL FRANQUISMO                                                          arriba

Por Pío Moa

Aunque nunca he visto la serie de televisión Cuéntame como pasó, quedo informado de ella por unas concisas palabras del actor Emilio Gutiérrez Caba: «Cuéntame comete un acto delictivo, pues esconde los horrores de la dictadura». Ya está todo claro.

Por suerte, en aquella dictadura horrorosa hubo personas que no se sometieron, y que alentaron la esperanza de los demás y les dieron ejemplo, sin reparar en peligros y sacrificios por escalofriantes que fueran. Gutiérrez Caba mismo fue castigado ferozmente por su lucidez y rebeldía, obligado al tormento de protagonizar obras de teatro en televisión, condenado a hacer cine, a una popularidad obscena y vejatoria, y, última humillación y escarnio, forzado a aceptar premios artísticos y a cobrar sumas cuantiosas por su trabajo, aparte de otras mil afrentas, miserias y brutalidades cotidianas inventadas por la mente retorcida de sus verdugos para hacerle la vida imposible. Nadie entenderá cómo logró sobrevivir a tamañas atrocidades si olvida la altísima dosis de idealismo y fe en un porvenir menos espantoso que caracterizaron al célebre actor, si olvida que sólo gracias a su indomable espíritu puede hoy deleitarnos con su arte e ilustrarnos con su clarificación del pasado.

Me trae esto a la memoria unas palabras de Fernando Fernán Gómez explicando la violencia anarquista como pura defensa propia, porque los policías, informó, «a quienes buscan, descubren, persiguen y atacan con tenacidad y furia, más que a los delincuentes, es a aquellos ciudadanos que no piensan ni dicen lo que les han ordenado sus amos, los jefes de la policía, los inventores de las leyes, los dueños de la tierra y el dinero». Fernán Gómez, por ser fiel a sus ideas y no doblegarse jamás a pensar ni decir lo que ordenan los amos, los dueños y los inventores de esas cosas, hubo de sufrir la salvaje vesania del dictador, y luego incontables ultrajes bajo la falsa democracia actual, salida de aquella dictadura. Baste señalar que sus torturas superaron incluso las padecidas por Gutiérrez Caba. Ante tan heroico sacrificio, sólo nos queda inclinarnos respetuosamente, con el sombrero o la gorra en la mano.

No debe ocultarse, ni siquiera por modestia, que el ejemplo de entereza dado por los Fernán Gómez, Gutiérrez Caba y tantos más, fue el factor moral decisivo que permitió a la gente común aguantar, así fuera en silencio, y superar aquellos ominosos y desdichados tiempos, cuando la dictadura sentenciaba al pueblo a aumentos insoportablemente rápidos de su nivel de consumo, mediante los cuales trataba de hundirlo en el vicio, la degradación y la explotación capitalista; cuando extendía frenéticamente la enseñanza superior y no superior, y, para hacer más intolerable tanta miseria y oscuridad, machacaba a los españoles con un aumento de sus expectativas de vida que, en toda Europa, sólo quedaban por debajo de las de Suecia: ¡imponía a las masas una vida interminable de penuria y aflicción!

No contenta con ello, la dictadura cultivaba el llamado aperturismo y permitía unas mínimas libertades políticas, en lugar de suprimirlas por completo, como ocurría en Cuba, la URSS, China y otros regímenes que la oposición veía, muy atinadamente, como la meta y objetivo deseables para España, eliminando las podridas, inútiles y burguesas libertades formales. Las limitadas libertades del franquismo, naturalmente, hacían aún más insufrible la situación del pueblo.

Tiene razón Gutiérrez Caba: quienes esconden estas cosas cometen actos delictivos, y por tanto debieran dar con sus huesos en la cárcel o, al menos, ser seriamente perseguidos por alguno de los «jueces para la democracia».

Me han contado, y lo creo, que próximamente las Cortes ofrecerán un espectáculo público y televisado: numerosos políticos e intelectuales, cuyos padres eran mandamases o colaboradores más o menos prominentes en los horrores de la dictadura (desde Arzallus a Cebrián, pasando por Alfonso Guerra, y casi todos los que ustedes quieran) llevarán al hemiciclo figuras de paja representando a sus progenitores, a las que azotarán sin piedad como acto de purificación, para luego flagelarse moderadamente ellos mismos y borrar así los últimos estigmas de franquismo que pudieran quedarles por vía genética o similar. A continuación entonarán cánticos y recitarán poesías de Alberti y otros vates, en honor de la Pasionaria, de Sabino Arana, de Negrín, Fidel Castro, etc., ante grandes fotografías de estos próceres, inspiradores de la auténtica democracia y el progreso.

En fin, a la Unión Soviética se la llamó el país de la Gran Mentira. Aquí no llega la cosa a la enormidad de la URSS, pero va camino de alcanzarla. Por ahora, esta gente está convirtiendo a España en el país de la Considerable Mentira. O de la Trola Rampante, si lo prefieren.

BREVES                                                                                                         arriba

Por Erasmo

LA ESCANDALERA DEL CINE ESPAÑOL

El cine español (es decir, los voceros de la industria del cine) ocupan la actualidad por dos motivos: En primer lugar, exigen ayudas oficiales para paliar su desastre económico porque el público español prefiere las películas americanas. En segundo lugar, imponen como leit motiv de la ceremonia de los Goya la oposición a la guerra con Irak. Los «demócratas» no toleran el veredicto popular, en el primer caso. Y en vez de preguntarse que quiere el público, pretenden que quienes eligen no ver sus películas lo purguen con sus impuestos. En el segundo caso, quienes han sido incapaces de hacer una película loando los esfuerzos de la policía contra la Eta, pretenden interesar a la población en lo que puede ocurrir en un país lejano.

Da para muchos comentarios.

UNA NACIÓN SIN IMAGINACIÓN

Estalla el Challenger, en su entrada en la atmósfera, pereciendo sus siete tripulantes. Un desastre que, aunque con precedentes, conmueve a todo el mundo.

La reacción norteamericana es típica de una sociedad sin la imaginación, que aquí rebosamos, para tratar esos percances. No se sabe que se haya demandado la dimisión de Bush, ni que se haya convocado una manifestación exigiendo un contundente «Nunca Más», ni que se haya abierto una suscripción popular para el comité que debiera convocarla… Una dejadez imperdonable en un país que se tiene por progresista. Debieran mandar a España una comisión de políticos a instruirse de lo que debe hacer realmente la oposición para abordar los desastres nacionales. La ejemplaridad de nuestra oposición con el desastre del Prestige no debiera ser desaprovechada.

AZNAR HABLA CLARO

El Presidente del Gobierno ha anunciado que pretende regular el sistema de pensiones por Ley «para que el PSOE no pueda meter la mano». No se muerde la lengua cuando decide ser agresivo ¿Lo habrá aprendido de su admirado Azaña?

Hay que reconocer que tiene más razón de la que tuvo Alfonso Guerra (¿por dónde andará ahora?) cuando dijo que «los socialistas podremos meter la pata, pero nunca meteremos la mano». Y que en la política se puede ser implacable dentro de las buenas maneras. Pero uno se acuerda de cómo metieron la mano los antecesores de los socialistas, muchos de ellos bajo la cobija de Aznar hoy, en el dinero de las Mutualidades Laborales con el pretexto de que había que reorganizar el sistema ajustándolo a las nuevas normas democráticas

ZAPATERO SE ENFRENTA A BUSH

El líder socialista pide a la población española que se oponga a la guerra que, según parece, Norteamérica va a tener con Irak. Y, es de suponer, a que España la apoye. Bush debe estar temblando ante el nuevo obstáculo que se le opone; y consecuentemente se lo pensará dos veces. ¿Qué hará, por otra parte, Zapatero, si al final hay guerra y, como es previsible, es fulminante y cae Sadam, para tranquilidad de su pueblo? ¿En qué quedaron las advertencias acerca de los masivos bombardeos de Afganistán (¡incluso atómicos!) con que nos abrumaron los progres el día 12 de septiembre del 2001? ¿Nunca sienten vergüenza con el fracaso reiterado de sus opiniones?

IU ENGAÑA

IU pide que España vete en el Consejo de Seguridad de la ONU la agresión a Irak.

¿Ignoran que España no tiene derecho a veto, o intentan engañar a las personas que no lo saben?

Cualquiera de las dos opciones es condenable.

Pero ¿a que no suscita ninguna condena explícita en los medios de comunicación?

RATO NO SE RECATA

Rodrigo Rato habla sin tapujos en diversas entrevistas acerca de su posibilidad como sucesor de Aznar. Y lo hace con naturalidad, advirtiendo que el candidato es seleccionado por el Partido, y que él lo apoyará si no es elegido.

Demuestra que se puede hablar de política con naturalidad, sin tabúes ficticios y sin falsas modestias, expresando la legitimidad de la ambición política personal. Presentando la situación tal como es realmente.

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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