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Nº 114 - 19 de febrero de 2003 |
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CONTENIDO 1. El anaquel: El secular aislamiento. Coraggio civile. Diálogos, por Aquilino Duque 2.
El
exigente, pero cómodo, oficio de progre, por Matias Cordón 3.
Zapatero
y la Historia, por Pío Moa 4.
Breves, por Erasmo Por
Aquilino Duque EL
SECULAR AISLAMIENTO
Con la proclamación de la democracia faltó tiempo para proclamar que
España había salido por fin de su secular aislamiento, pero hubo dos
crisis mundiales en las que nuestros gobernantes procedieron como si España
siguiera aislada. Una fue la de las Malvinas, cuando don Leopoldo Calvo-Sotelo
dijo que la cuestión era «distante y distinta» de la de Gibraltar, y
otra la de la Guerra del Golfo, cuando don Felipe González dijo que se
trataba de una «cuestión regional». Poco tardamos en rectificar en este
segundo caso, autorizando la plena utilización por nuestros aliados de
las bases «de utilización conjunta» creadas en los tiempos de la España
«aislada». El caso es que España no tuvo más remedio que salir de su
«aislamiento» y ponerse a las órdenes del dueño efectivo de las bases.
Ya no estaban los tiempos para veleidades patrióticas como las de la España
«aislada» -ruptura del bloqueo de Cuba por ejemplo- y fue entonces
cuando hubo que resignarse al papel ancilar que el nuevo orden mundial nos
deparaba.
En tiempos del «secular aislamiento» conocí a una familia tan
menesterosa y tan aislada que su único recurso en sus estrecheces era
humillarse ante un pariente rico. Si la democracia es una cura de
humildad, una de las virtudes de la nuestra es haber logrado que los españoles
perdamos el orgullo de serlo, aunque sigamos tan aislados como antes. CORAGGIO
CIVILE
Cuando Aldo Moro estaba en poder de las Brigadas Rojas, un amigo
progresista me decía en Roma que el Gobierno italiano debía dar una
prueba de valor bajándose los pantalones ante las exigencias de los
secuestradores. A esa clase de valor se le llamaba en Italia coraggio
civile, aunque otro conocido mío, un judío romano que tenía junto a
mi casa un almacén de hierros viejos, se lo atribuía al Estado de Israel
una vez que ametralló en Jordania o en el Líbano unos campos de
refugiados con presuntos terroristas dentro. Ese coraggio
civile para gentiles es el del «diálogo» que piden los descontentos
ante la según ellos desacreditada vía policial, inútil al cabo de
treinta y tantos años. Da la casualidad de que el «diálogo» tiene
tantos años o más que la «vía policial», pues data nada menos que de
los contubernios inconfesables de la «lucha antifranquista», se mantuvo
e intensificó en los célebres almuerzos constituyentes y prosiguió, en
Argel o en otros lugares menos exóticos, sin perjuicio de otra dialéctica
clandestina, igualmente chapucera, la del Gal.
La raíz del mal está en el reconocimiento de boquillas de la posibilidad
«democrática» del descuartizamiento de España, esperanza de la que
sacan su fuerza y con la que cimientan su pacto de sangre tanto los «pacíficos»
como los «violentos» que en las Provincias Vascongadas se erigen en
portavoces de una población amedrentada.
DIÁLOGOS
Cuando se corta la mayonesa o mahonesa, que es como se dice en tierras de
Levante y debería decirse en las demás tierras de España, a nadie se le
ocurre volver a hacerla con los mismos ingredientes que no lograron ligar.
En un matadero industrial se echó a perder una partida de embutidos, y al
dueño no se le ocurrió otra cosa que abrirlos, repetir la fórmula del
aliño y volver a embutir la miga, que se volvió a echar a perder. Algo
de eso pasa con los foros y las mesas a que tanto apego tienen los beatos
del «diálogo». En una democracia que se respete, el único foro de diálogo
legítimo es el Parlamento, y sustituirlo con foros y mesas es
cortocircuitarlo y defraudar al electorado. Pero es que a esos foros y a
esas mesas acuden siempre los mismos, y el producto es el mismo, sea cual
sea el orden de los factores.
Un Parlamento en cambio tiene unas mayorías definidas y es en él donde
deben dirimirse las cuestiones graves de la nación, y en estos momentos y
en España, ninguna tan grave como la de su integridad territorial. Cuando
en el Parlamento se corta la mayonesa o se avina la masa del chorizo, se
tiene un recurso que no existe en las mesas y los foros, que es la
convocatoria de elecciones. De esas elecciones suelen salir unas mayorías
y el deber de esas mayorías debería ser la de decidir de una vez por
todas si la Constitución garantiza la existencia histórica de España o
la pone en peligro con sus ambigüedades. EL
EXIGENTE, PERO CÓMODO, OFICIO DE PROGRE
arriba Por
Matías Cordón
La reciente gala de los Goya, y todos los festejos subsiguientes, ha
provocado escándalo y simpatía en sectores opuestos de la sociedad española,
por su explícita y reiterada declaración negativa al ataque de EE.UU. A
Irak o, apuntando un poco más bajo y dentro del campo de tiro propio, a
la colaboración española en ese posible ataque.
Es evidente que la guerra en sí les preocupa poco a toda la gente del
cine español. Si se hace real, ocurrirá en tierras lejanas, sin
posibilidad de que les salpique lo más mínimo. No parece que tengan ningún
interés en juego, por lo que hay que deducir que tal inquietud, tan
profusa y mayoritariamente mostrada, deriva exclusivamente de motivos
intelectuales o éticos. ¿Les puede preocupar el sufrimiento del pueblo
iraquí? No parece la razón, pues no se ha generado campañas simultáneas
mostrando la lamentable situación en que está. ¿Puede preocuparles el
daño que se supone sufrirán en caso de conflicto? No parece probable
pues, aparte de la escasa información acerca de la campaña posible
(nadie piensa seriamente que el Ejército iraquí pueda presentar
resistencia seria a la maquinaria bélica americana) la experiencia de
Afganistán hace pensar que los daños a la población civil serían
menores de lo acostumbrado ¿Les inquieta la humillación de una de las
sociedades musulmanas más avanzadas? Tampoco parece lógico, pues parece
haber consenso intelectual en que el Régimen de Sadam es despótico y
opresivo, por lo que su caída supondría una liberación de su pueblo. No
parece haber razones positivas para que los denominados progres se opongan
positivamente a la guerra. Por lo que habrá que pensar en razones
reactivas.
Que se establecen alrededor de la oposición al potencial agresor, Norteamérica,
y a su actual presidente, Bush. EE.UU. es desde hace tiempo, una bestia
negra para la progresía mundial, y este episodio enlaza con la batalla
continua de oposición de ésta con esa Nación y su Presidente. Los
chistes acerca de la pretendida estulticia de éste proliferan en la red.
Hacen recordar la campaña similar sobre Reagan, saldada con su
reconocimiento mundial como uno de los mejores Presidentes americanos.
Aquello se comprendía como esfuerzo aportado a uno de los dos bandos
entonces en lucha, en la que los progres tomaban claro partido
antiamericano. Pero aquello acabó como acabó. Ya no defienden al mito
izquierdista, porque la URSS ha desaparecido ¿Qué les mueve ahora?
No es fácil contestar a esta pregunta sin recurrir a sentimientos o
resentimientos. Porque da la impresión de que un progre se opone a
cualquier cosa en que muestre interés su odiado y demonizado EE.UU. Y la
asociada economía de mercado, y lo que se califica de militarismo,
patrioterismo, capitalismo opresor, monetarismo, etc. En esa batalla, los
progres están siempre alineados, dispuestos para el servicio permanente
de hostigamiento a todo lo que EE. UU. representa, en su opinión. Esa
alineación permanente parece una vocación difícil, pues les obliga a un
combate continuo, pero en realidad es una tarea bastante cómoda, pues les
evita todo el esfuerzo intelectual preciso para conocer, juzgar y decidir
acerca de la realidad: Su enemigo les indica dónde y cuando actuar, y qué
actitud tomar: Basta hacer lo contrario.
Con ello, e instalado en el descontento permanente con la actuación
americana, el progre se posiciona como enemigo de lo establecido por los
otros y propugnador de utopías o idealismos de cualquier tipo sin
necesidad de hacer ningún esfuerzo para procurarlas. Dejando la
responsabilidad de la actuación a sus adversarios, el progre se limita a
criticar, diciendo que «no es por ahí», y a calificar de malvados a
quienes no le dan la razón. Porque él se atribuye y acapara todo el cupo
de honradez, ansia de justicia y generosidad que hay disponible. A los
contrarios no les deja nada de razón, por lo que puede calificarles
adecuadamente de irracionales e injustos.
La frivolidad intelectual con que mantiene sus posiciones le convierte en
un rutinario reiterador de tópicos, cuya vigencia pasa de generación en
generación (Las recientes pancartas de «OTAN no, bases fuera» parecen
desempolvadas de baúles cerrados hace veinte años). Su simplicidad
interpretativa le hace colaborar, inconscientemente o no, con las fuerzas
más reacias a los cambios económicos (agricultores apegados a sistemas
tradicionales, empresas propietarias de procesos viejos y vulnerables ante
la innovación, países con planteamientos económicos arcaicos y
esterilizantes, ejércitos con sistemas de armas propios de la IIGM,
etc.). Pero su pereza mental les impide analizar esa realidad
reaccionaria.
Lo anterior es compatible con una mentalidad reverenciadora de todo lo que
se le presente con la etiqueta de científico o avanzado, ante lo cual
carecen de criterio reservado. Lo adoptan con el mismo entusiasmo con que
combaten cualquier uso o hábito consagrado por la cultura tradicional,
que ellos desdeñan.
El conjunto de esas actitudes es característico del sector de la
humanidad que se dedica a «estorbar», dejando para el resto la misión
de «hacer». Se trata de una actitud típica de una juventud
irresponsable, que critica todo, pero se refugia en los asilos calientes
que le proporciona la sociedad criticada e injusta. Es una actitud
característica y comprensible en la juventud. Lo sorprendente es que se
mantenga e ciertas personas en edades avanzadas, demostrando con ello que
la generosidad juvenil no ha sido encauzada en ellos por el raciocinio y
el aumento de la información. Una de las plagas de la Humanidad actual es
que nadie se ocupa de despertarles con rudeza de su cómoda alienación «juvenil». ZAPATERO
Y LA HISTORIA
arriba Por
Pío Moa
El PSOE nació durante el régimen liberal de la Restauración. Éste no
era en principio una democracia, pero se fue democratizando, debido a sus
amplias libertades políticas. Aunque no ha parado de acusársele de vivir
sobre una ficción y de desvirtuar las elecciones mediante el caciquismo,
los partidos contrarios al régimen pudieron desenvolverse, hacer su
propaganda y presentarse a las elecciones, logrando a veces resultados muy
lucidos, en las Cortes y en los municipios. Había, pues, un grado, y
creciente, de democracia. Y quienes acusaban al sistema de estar «muerto»
descubrirían que el llamado caciquismo era fácil de eliminar, pero muy
difícil de sustituir por un sistema más razonable y eficiente, como
descubrió Cambó.
Esa dificultad provenía, ante todo, del carácter mesiánico, violento y
revolucionario de los enemigos de la Restauración, que hacía prácticamente
imposible integrarlos en un medio democrático, como ocurre hoy con
Batasuna-ETA. El PSOE, lamentablemente, era uno de esos partidos energuménicos,
y, contra lo que imagina Zapatero, llegó a justificar el terrorismo en
las Cortes y aspiraba a un socialismo totalitario. Por ello se alió con
los no menos violentos republicanos («una República impuesta por la
fuerza, sangrienta, dura y justiciera», predicaba, por ejemplo, Nakens, y
cosas casi exactamente iguales Ferrer Guardia, Lerroux y tantos otros),
con los anarquistas, autores de innumerables y mortíferos atentados, para
intentar derrocar el régimen liberal en la intentona revolucionaria de
1917, por lo demás abundante en actos terroristas.
Finalmente, aquellos partidos llevaron al régimen al hundimiento, por
medio de un largo y despiadado hostigamiento terrorista, y por oleadas de
demagogia como la montada en torno a la catástrofe de Annual, etc. Y
entonces descubrieron lo dicho por Cambó: podían destruirlo, pero no
sustituirlo. Vino la dictadura de Primo de Rivera, y el PSOE, muy lejos de
luchar contra ella, como han informado al ingenuo Zapatero, colaboró, y
fue premiado con importantes cargos y privilegios. Largo Caballero, por
ejemplo, fue consejero de estado, y el trato de favor dispensado a la UGT
permitió a los socialistas consolidarse como una verdadera organización
de masas. Gracias a todo lo cual, el PSOE emergió de la dictadura, en
1930, como el único partido realmente organizado, disciplinado y con
verdadera influencia popular. La colaboración con el dictador reportó al
PSOE pingües beneficios políticos, aunque debe señalarse, en su
descargo, que se trató de una dictadura extraordinariamente suave, bajo
la cual España prosperó mucho, cosas ambas en las que pudo haber pesado
la actitud socialista, tan lejana, en todo caso, de la impresión
transmitida por Zapatero.
Con la II República, los partidos que habían arruinado la Restauración
tuvieron la oportunidad de poner en práctica sus remedios. El PSOE, único
partido potente en la izquierda no anarquista -pues el republicanismo
izquierdista se dividía en pequeños grupos indisciplinados, peleados
entre sí y bastante alocados, como reconocía con pena el mismo Prieto, y
con amargura Azaña- se convirtió en la columna vertebral del régimen en
sus dos primeros años. La labor del PSOE, en colaboración con Azaña,
fue democrática sólo hasta cierto punto, y no fructificó en una etapa
de progreso y paz, sino al contrario: menudearon las huelgas violentas,
los atentados, la delincuencia común, los choques entre las mismas
izquierdas (de los cerca de 300 muertos del bienio, sólo fueron causados
por las derechas los diez de la sanjurjada y pocos más), y el hambre
aumentó con rapidez. El declive económico reflejó en buena parte la
depresión mundial de la época, pero tampoco debe olvidarse que las
inadecuadas políticas aplicadas desde el poder, y las violencias
consiguientes, empeoraron la crisis.
Antes incluso de terminar oficialmente su alianza con Azaña, y contra lo
que quizá le han contado a Zapatero, el PSOE se inclinó definitivamente
por la destrucción de la república y la creación de un régimen
socialista de dictadura «proletaria», según denunciaba Besteiro,
desesperada y vanamente. Contra lo que parece creer Zapatero, el PSOE
impulsó entonces, deliberada y textualmente, la guerra civil. Contra lo
que se ha dicho a menudo, fueron las juventudes socialistas, y no las de
la Falange, quienes iniciaron el duelo terrorista de 1934, antes de la
insurrección socialista de octubre contra un gobierno democrático.
Insurrección acompañada, en Cataluña, de un peligroso movimiento en
buena parte secesionista. Hay una tradición en el PSOE (no única, pues
también existen otras más sanas) de buscar alianza con quienes buscan la
desarticulación de España.
Cuando, tras el fracaso de la insurrección, las izquierdas volvieron al
poder en unas elecciones no del todo claras, en febrero de 1936 (el propio
Azaña advierte cómo apenas empezaron las movilizaciones en las calles,
desertaron las autoridades que debían velar por la pureza del
escrutinio), el PSOE se encontró ásperamente dividido entre el sector de
Prieto y el de Largo, quedando totalmente marginado, una vez más, el
moderado y democrático Besteiro. El de Largo inició, en competencia con
los anarquistas y los comunistas, una campaña de violencias, de
organización y armamento de milicias, de imposición de la ley desde la
calle, que prácticamente anularon la muy relativamente democrática
Constitución republicana. Las relaciones entre dichos dos sectores se
tornaron violentas, hasta el grado de que Prieto estuvo cerca de ser
linchado por socialistas rivales en el famoso mitin de Écija. Pero también
Prieto, aunque más moderado, sometió a la provincia de Cuenca a un
verdadero terrorismo al repetirse en ella las elecciones, y no debe
olvidarse que fue gente suya la autora del asesinato de Calvo Sotelo y del
intento contra el otro líder de la oposición, Gil-Robles.
No me extenderé aquí sobre la conducta del PSOE durante la guerra. Baste
recordar que, como reconocería Prieto, fueron socialistas quienes
entregaron a Stalin el grueso de las reservas republicanas, poniendo al
Frente Popular totalmente en manos del genocida soviético.
Tampoco bajo la dictadura de Franco puede decirse que el PSOE «luchara».
Lucharon los comunistas, pero los socialistas poco y ocasionalmente. Ni
puede nadie afirmar, en puridad, que atacaran al terrorismo cuando éste
resurgió con la ETA. En el mejor de los casos no se opusieron a él, y en
el peor lo apoyaron moralmente de muchas formas, y no sólo mientras vivió
Franco, sino una buena temporada después. Aún ahora, y tras haber
sufrido ellos mismos numerosos zarpazos del terrorismo nacionalista vasco,
buscan por todos los medios aliarse con el nacionalismo no abiertamente
terrorista, pero sí cómplice, como saben perfectamente sus sufridos
militantes en Vasconia, dando un espectáculo de servilismo y bajeza muy
poco edificante
Podría seguir muy largamente, pero este breve resumen, cuya veracidad
puede comprobar cualquiera en innumerables textos y documentos, debe
demostrarle a Zapatero que le han informado muy mal cuando le han hecho
creer que su partido llevaba cien años de honrosa lucha contra dictaduras
y terrorismos. Casi podríamos decir que la historia real ha sido justo la
contraria. El actual líder del PSOE podría tal vez cambiar esa
trayectoria, pero no estoy muy seguro de que no invoque una bella historia
imaginaria para encubrir la práctica continuada de la real. BREVES
arriba Por Erasmo
LA
CONFUSIÓN CON IRAK
La posible, o inminente, agresión a Irak ocupa espacio prioritario en los
medios de comunicación. Los comentaristas están de enhorabuena. Se
burlan del recuerdo del comentarista de décadas atrás que «advertía al
Kremlin por última vez,,,», pero ellos advierten continuamente a Bush
del error que va a cometer ignorando sus recomendaciones y haciendo caso,
en vez de a ellos, a los indocumentados, prejuiciados y obsesos consejeros
de los que se asesora. Esos comentaristas saben todo lo que se está
cociendo en las cocinas más recónditas de los gobiernos.
Ninguno menciona ni nuevas tácticas, ni nuevas armas, ni directrices que
se airean en los periódicos americanos. Les basta mencionar que será una
repetición de la guerra de 1991, frente a un Irak mucho más inerme que
aquél. Pero, eso sí, saben que la guerra será cruenta. Ya les ha dicho
la OMS que habrá medio millón de víctimas.
Estamos en manos de diletantes informativos. ¿UN
ENTENDIMIENTO O UNA RENDICIÓN?
Zaplana ha conseguido que los sindicatos retiren su amenaza de huelga
agraria (algo que debe hacer «temblar» a quien piense que harían huelga
los que piden el subsidio de paro). Parece ser que les ha prometido la
permanencia del subsidio a los actuales usufructuarios, limitando su
acceso a los inmigrantes. Algo que parece razonable. Pero ¿qué más hay?
¿Ha sido un entendimiento resultante de una negociación o ha sido otra
compra de simpatía sindical a costa de algo irracional?
Con la capacidad de los gobiernos españoles para regalar concesiones a
fracasados en Huelgas Generales, puede temerse cualquier desaguisado. EL
PP SE REVIGORIZA
El PP ha salido con vigor de su crisis tras el Prestige. Se ha
tranquilizado al percatarse de la torpeza de sus opositores, que se
refocilan con las desgracias generales si éstas perjudican al Gobierno;
lo han hecho tan manifiesto que se les nota todo. Eso, y la confusión política
del PSOE en Vasconia, cuando la ETA está en mínimos, le anima a hinchar
pecho y ser agresivo. Como cabría esperar de un partido que ha conseguido
que la Sociedad se olvide de la corrupción, el paro, el estancamiento, la
deuda y tantas otras lacras con que se encontró. Su
éxito sería completo si no incurriese en los errores de criticar a Jiménez
de Parga, apoyar la institucionalización de parejas antinaturales, tomar
rumbos erróneos en planificación familiar… ¿Por qué son tan
aficionados a pegar patadas en la boca a sus votantes? ¿Qué ganan con
ello? LA
INNOMBRABLE
Gran aglomeración de «Basta ya» para apoyar la Constitución.
Manifestación de apoyo a las Víctimas de ETA. Incluso Odón Elorza les
recibe. Se percibe un cambio de tendencia social en Vasconia, en el que
los acosados por los asesinos nacionalistas se sienten algo más seguros,
en un clima en el que la ETA ha interrumpido sus acciones, por el intenso
acoso o acogotamiento policial, o por lo que sea.
Pero los que asesinaban lo hacían contra España. Los que han muerto
defendían España. Los que se defienden, defienden España. Un término
impronunciable en voz alta en aquella Región. «Para no provocar».
Lo que demuestra cuánto queda por recuperar. Nada menos que conseguir que
las cosas sean identificadas por su nombre. LOS
«HISTÓRICOS», CELOSOS DE SU PRIMOGENITURA
Cataluña y País Vasco mantienen alta la presión en su protesta por los
comentarios de Jiménez de Parga, sintiendo amenazados sus privilegios
como Regiones diferenciadas de las demás españolas. E increíblemente,
Rato y, lógicamente, Piqué, les dan la razón. Dos ministros del
Gobierno mantienen en público que la diferenciación privilegiada entre
españoles es buena. Y defienden así los términos de nacionalidades (ya
empleado por los Comunistas en la II República) y la «historicidad»
otorgada por los conspiradores del Pacto de San Sebastián, una de las
cimas de nuestra historia nacional, como es bien sabido.
¿Cuándo se reclamará a UCD y al Sr. Duque su grave responsabilidad por
ese desaguisado incrustado en el corazón de nuestra convivencia nacional? LA
ETA, Y LOS POLÍTICOS, A LO SUYO
La ETA vuelve a matar, tras dos meses de inactividad. Lamentablemente, no
han cogido al asesino tan rápidamente como en el caso anterior, con lo
cual quizás hayan recuperado algo su decaída moral. Pero no cabe
lamentar mucho más el consabido asesinato cobarde de una persona que está
desayunando mientras lee el periódico. Es propio de la pandilla.
Lo que desgraciadamente es también propio de la panda ha sido la
desvergonzada reacción del PNV, encabezada por el hipócrita de Ibarreche
y el enloquecido Arzalluz. Produce asombro pensar que esa gente suscite
votos de un sector de la sociedad vasca, ante la que se identifican como
sus valedores. Sólo la contundencia verbal y personal de Rosa Díez
libera del asco ante una clase política que ha necesitado treinta años
para decidirse a combatir a los malos. EL
CACAREADO VETO DE FRANCIA
Francia, envuelta en su «grandeur» deja entrever que es capaz de
enfrentarse a los EE.UU. y vetar en el Consejo de Seguridad cualquier
iniciativa bélica contra Irak. ¿A que no se atreve?
Incordia, con Alemania y la inefable Bélgica, en la OTAN, que demuestra
con ello sus achaques. Estorban, luchan por sus contratos con Irak, pero a
la hora de cualquier decisión seria se colocarán, con la desvergüenza
que sea preciso, a la cabeza de la manifestación. DICEN
QUE SADAM EMPIEZA A DARSE POR ENTERADO
El Régimen iraquí afirma estar dispuesto a cualquier inspección. Y al
desarme (como lo afirmó en 1991). Y a lo que sea, con tal de salvar la
hegemonía de Sadam en una sociedad esclavizada. Francia y Alemania se
envanecen de que eso es una transformación lograda por sus buenas
gestiones conciliadoras. Pretenden ignorar, con desfachatez, adónde mira
Sadam mientras habla con ellos y les dice eso. Como si la concentración
militar en Irak fuese unas maniobras logísticas sin importancia, a la que
nadie presta atención. UN
PANORAMA TRANQUILO, DENTRO DE UNA CRISIS MUNDIAL
España continúa creando empleo. Cuatro millones de empleos netos desde
1996 (las tres cuartas partes de ellos indefinidos). Un 45% de aumento
sobre los existentes en aquella época. Con un progreso semejante en las
afiliaciones a la Seguridad Social. Y el aumento de la población activa
preciso para cubrir todo ello e, incluso, aumentar las cifras de paro en
el pasado año.
Todo ellos coexistiendo con la crisis en Iberoamérica, la parada japonesa
y alemana, y la frenada europea. Parece mentira lo que logra una sociedad
constreñida cuando un gobierno sensato suelta, aunque sólo sea
ligeramente, sus ataduras EL
DESCONCIERTO DE ZAPATERO
Zapatero no sabe a dónde apuntar. Se ha retirado del chapapote,
convencido de que se pasó, y ha recurrido a la oposición a la guerra
soltando frases tales como que una vida humana no tiene precio, y lindezas
semejantes impropias de alguien que oposita para estadista. Resulta
comprensible el desconcierto, si detecta que la economía va mejor de lo
que cabría esperar y no consigue detectar casos de corrupción que le
permitan abominar de algunos dirigentes.
Pero ponerse al nivel de un dirigente callejero de algaradas, reiterando
lugares comunes le deja peor que si se quedase callado. ¡Menos mal que no
los dicen en forma de pareados breves! |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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