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  Nº 115 - 26 de febrero de 2003

   CONTENIDO       

1. El anaquel: Pontífices. Memoria selectiva, por Aquilino Duque

2. Fraudes en la ciencia, por Alberto M. Arruti

3. Sancho III el Mayor, Rey de Pamplona y de las Españas, por Juan Miguel Arrieta

4. Breves, por Erasmo

EL ANAQUEL

Por Aquilino Duque

PONTÍFICES

La buena prensa de Juan XXIII contrasta con la mala prensa de otros pontífices, como Pío XII o Juan Pablo II. Esa prensa de la Euromodernidad siente por la Iglesia romana una aversión obsesiva, y si Juan XXIII está bien visto es por haber abierto, con el Concilio Vaticano II, una rendija por la que se introduciría lo que su sucesor Paulo VI llamó «el humo de Satanás». A cerrar esa brecha se precipitarían, primero Paulo VI, con titubeos, y luego Juan Pablo II, sin contemplaciones. Éste además pasaría a la ofensiva y es a él y a Reagan, otra bestia negra de los medios de manipulación, a los que se debe el derrumbamiento final del mito marxista-leninista. Sobre la índole criminal de ese mito no cabe ya la menor duda, pero aun así se beneficia de ciertas simpatías retrospectivas y de una cierta respetabilidad histórica. Juan XXIII sabía tanto del Gulag como Pío XII de Auschwitz y, aun suponiendo que éste callara para evitar males mayores, de sobra sabemos ya cuál fue el volumen de los males que pasó por alto el Pontificado del aggiornamento.

Cuando la guerra no era más que una amenaza, otro pontífice, Pío XI, publicó dos breves, que no encíclicas como suele decirse, Mit brennender Sorge y Non abbiamo bisogno, y es bueno que se sepa  que la «ardiente preocupación» de Su Santidad era la educación de la juventud, o mejor dicho, su adoctrinamiento por un Estado laico, y eso que en Italia al menos, gracias a Gentile, Bottai o Gemelli, pudo la Iglesia mantener posiciones en una escuela tomada por el laicismo fascista.

MEMORIA SELECTIVA

Dentro de las asombrosas consideraciones que la derecha vergonzante tiene para con el comunismo, debido posiblemente a los recuerdos de juventud que éste conserva para muchos padres de la patria y corifeos del sistema, es frecuente abochornar a los demás movimientos de siniestra diciéndoles que fue el comunista el único que luchó en serio contra la «dictadura». Nadie confiesa que la III Internacional, a diferencia de la II o de la I, tuvo detrás muchos años al Imperio soviético y a lo que vulgarmente se llamó «el oro de Moscú», más las infraestructuras del KGB. Así no se las ponían ni a Fernando VII. En cambio, los de las otras Internacionales no tenían ni un duro ni podían esperar que los apoyase el otro Imperio con sus dólares y con su CIA pues, con muy buen criterio, apostaba por Franco. A mí me consta la modesta manera de vivir de más de un socialista «histórico» y la patética falta de medios con las que en Tolosa de Francia trataban de mantener vivas sus siglas. Esa penuria dio fin cuando los «renovados» tuvieron acceso al maletín del Sr. Flick y luego a los fondos reservados, de que tan buen uso hicieron para hacer centenaria su honradez y dar retroactividad a su heroísmo. Un eminente socialista domesticado se jactaba por la radio episcopal de haber obligado al Régimen a proclamar en 1956 el estado de excepción. No decía este angelito que a la sazón era comunista. 

FRAUDES EN LA CIENCIA                                                                            arriba

 Por Alberto M. Arruti

El caso de Yan Hendrik Schön representa el más grave escándalo en el campo de la Física en los últimos años. En una carta, firmada por el propio responsable y siete de sus colaboradores, se retracta de ocho estudios, publicados a lo largo de los dos últimos años en la prestigiosa revista Science. Esta rectificación es consecuencia de las conclusiones de un comité de investigación, designado por los Laboratorios Bell, que le encontró culpable en 16 de los 24 cargos que pesaban sobre este científico, autor de 70 estudios en sólo dos años y medio.

Este hecho ha puesto de moda el sacar a relucir otros fraudes producidos en el campo de la ciencia. Hace algunos años, Federico di Trocchio publicó un libro, que levantó gran expectación. El libro se titulaba Las mentiras de la ciencia. Abordaba distintos casos, que abarcaban desde Tolomeo hasta la cueva de Zubialde. Los fraudes pertenecían a la Física, a la Química, a la Biología y a la Paleontología, por decir sólo algunas de las ciencias afectadas. Personalidades como Galileo o Newton aparecían también como culpables en mayor o menor grado. Inclusive se impugnaba a un premio Nobel: Emilio Segrè.

Pese a ciertas creencias populares, que colocan al científico como un ser insobornable, por encima del bien y del mal, estos hechos, lamentables pero numerosos, reflejan que el científico es un hombre como los demás. Ni mejor ni peor. Y que además vive preso de una situación histórica determinada, que es la de tener que publicar para subsistir. Esta situación ya ha sido denunciada, nada menos que en 1967 por Alvin M. Weinberg quien en su libro Reflections on Big Science, declaraba que el sistema científico norteamericano se encontraba bajo un especie de «nutrición forzada». Y esto se producía en el país con mayor desarrollo científico y tecnológico del mundo. Es de subrayar el enorme desarrollo, que tuvo la ciencia en Japón después de la Segunda Guerra Mundial. Este fenómeno ha sido estudiado por Akio Morita en su libro Made in Japan.

La postura de la cultura española respecto a la ciencia ha sido muy diversa. Desde el «que inventen ellos» de Unamuno hasta el «inventamos nosotros» de Menéndez Pelayo, machaconamente insistente en las aportaciones de España al acervo de la ciencia mundial. Sobre la postura de la sociedad española ante la ciencia, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) ha publicado, en fecha reciente, una encuesta con el título de «Percepción social de la Ciencia y la Tecnología». Se trata de una encuesta, a base de una muestra nacional autoponderada de dos mil casos, suplementada con 1.088 casos de distribución no proporcional y con un error de ± 2,0 por ciento. La encuesta ha sido realizada entre los meses de septiembre y octubre del 2002. La información se ha recogido por el sistema de entrevista personal «face to face», mediante un cuestionario estructurado y precodificado. El estudio resulta minucioso y prolijo. Pero, en general, puede afirmarse que las opiniones de la población española hacia la Ciencia y la Tecnología denotan un probado interés. En una escala de 0 a 10, los temas relacionados con la Ciencia y los descubrimientos reciben un 5,7 de media situándose, sólo, por detrás de los de Medicina y Ecología y colocados al mismo nivel que los Deportes o los Viajes. Inferior pero todavía por encima de la barrera de los 5 puntos, resulta la valoración del interés que despierta la Tecnología y los inventos. El índice se sitúa aquí en 5,3. Llama la atención que los ciudadanos valoran negativamente el nivel de información, que se les suministra con respecto a estos mismos temas. Aquí el índice es sólo de 4,4 puntos de media. Este último resultado es particularmente extraño. Los responsables de las televisiones, las radios y los periódicos de España están hartos de afirmar que la Ciencia y la Técnica no tienen lectores, que las revistas de divulgación científica, en la gran mayoría de los casos, viven una vida más o menos lánguida y que los programas de televisión dedicados a la Ciencia tienen una audiencia muy pequeña si se la compara con otros temas, como pueden ser los Deportes.

Por otro lado, desde hace ya varios cursos, el número de estudiantes en las Facultades de Ciencias, concretamente en las de Matemáticas y Física está disminuyendo. Lo cual parece que también ocurre en otros países de Europa, dentro de nuestro entorno cultural. Para explicar este hecho se han dado varias motivaciones. Una es la escasa compensación económica de estos estudios. Otra es la escasa y pobre preparación con que los alumnos llegan a las facultades, después de haber aprobado la enseñanza media. Otra razón, que pretende ser más profunda, arguye a un cambio de mentalidad. La Ciencia es aburrida y pesada y los jóvenes prefieren otros estudios. Así, las Facultades de Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas aparecen saturadas. Y no digamos estudios como los de Enfermería o Fisioterapia.

El siglo XIX fue el de la beatería científica. Para los positivistas la verdad se encerraba sólo en los datos. La Ciencia podía conseguirlo todo, podía explicarlo todo. Lo que no era Ciencia no tenía cabida en este mundo. Hoy las cosas se ven con una óptica diferente. Las crisis y las revoluciones que ha experimentado la Física en el siglo XX han puesto de manifiesto que la Ciencia más que resolver problemas consiste en proponer problemas. La Ciencia es un conjunto de eternas preguntas. En estos últimos años la Astrofísica ha experimentado un desarrollo vertiginoso. Ha dado contestación a muchas preguntas, pero se ha propuesto otras muchas más, que quedan abiertas. Y luego los eternos problemas, en los que ya pensó Aristóteles, y cuya última solución no se encuentra. O es, tal vez, una solución subordinada a una situación histórica determinada. Por ejemplo, la esencia del espacio, del tiempo o de la energía.

A pesar de todo, como ha escrito Mario Bunge, «la Ciencia es un estilo de pensamiento y de acción: precisamente el más reciente, el más universal y el más provechoso de todos los estilos. Como ante toda creación humana, tenemos que distinguir en la Ciencia entre el trabajo –investigación- y su producto final, el conocimiento».

Pero el ideal de un conocimiento absolutamente seguro y demostrable, de la «episteme» de los griegos, se ha visto que es imposible. Como ha escrito Karl R. Popper, «la petición de objetividad científica hace inevitable que todo enunciado científico sea “provisional para siempre”: sin duda, cabe corroborarlo, pero toda corroboración es relativa a otros enunciados que son, a su vez, provisionales. Sólo en nuestras experiencias subjetivas de convicción, en nuestra fe subjetiva, podemos estar “absolutamente seguros”».

SANCHO III EL MAYOR, REY DE PAMPLONA Y DE LAS ESPAÑAS   arriba  

Por Juan Miguel Arrieta

Ex Alcalde de Pamplona

El Ayuntamiento de Fuenterrabía, gobernado por el PNV, con motivo del próximo milenario de la elevación al trono del Reino de Pamplona de Sancho Garcés III, llamado el Mayor, ha adoptado el insólito acuerdo de erigir un monumento al monarca navarro como «Rey del Estado Vasco». Tan descomunal despropósito no nace por generación espontánea o es obra de un irresponsable indocumentado, que también lo es, sino obedece a una calculada estrategia del nacionalismo vasco en su afán de confundir y apropiarse de la historia de Navarra, una vez más, para esgrimir unas raíces históricas de las que carece, tratando de justificar su pretendida existencia mediante la manipulación y falsificación de la historia al servicio de sus intereses de partido.

El lehendakari Ibarreche, en su controvertida, rechazada y anticonstitucional propuesta de creación de un estado libre asociado llega a afirmar sin pudor alguno que –cito textualmente- «el ámbito geográfico en el que se ha asentado el Pueblo Vasco a lo largo de su historia, ha sido conocido con diferentes denominaciones, Vasconia, Reino de Navarra, Euskalherria, País Vasco-Navarro, Euskadi o País Vasco». Para el lehendakari de la Comunidad Autónoma Vasca, Euskadi, el nacionalismo vasco y el Reino de Navarra, con más de mil años de historia y madre de diversos reinos forjadores de la unidad de España, como Castilla y Aragón, entre otros, son todo una misma cosa.

La realidad histórica es sinembargo bien diferente. Sancho III el Mayor accede al trono del Reino de Pamplona –que pasaría a denominarse Reino de Navarra un siglo más tarde bajo el reinado de Sancho VI el Sabio- en el año 1004 tras la muerte de su padre García Sánchez II, conocido por el Trémulo. Tenía a la sazón unos doce o catorce años de edad y su abuelo Sancho Abarca cedió a Almanzor a una de sus hijas para que las incursiones de este fanático caudillo musulmán, el mayor azote que hasta entonces habían conocido los reinos cristianos de la Península, respetase su territorio. Almanzor contrajo matrimonio con esta princesa navarra, hija de Sancho Abarca, y fruto de esta unión nació Abd al-Rahman, al que en recuerdo de su abuelo se le denominó «Sanchuelo».

La figura histórica de Sancho III el Mayor, así como su obra trascendental en la historia de España, es poco conocida para la inmensa mayoría de los navarros y de los españoles en general. Bien merece una breve semblanza el primer rey cristiano que frente al Califato de Córdoba aglutinó en torno a su persona a todos los reinos y condados existentes hasta convertirse en el rey cristiano más poderoso de la Península y centro político de la España medieval. Sus dominios y áreas de influencia de su reino llegaron a comprender a Navarra, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, Castilla, Álava, Vizcaya, León y Astorga. Los Condados de Barcelona y de Gascuña le rindieron vasallaje, el primero para defenderse de los reyes moros de Tortosa y Zaragoza y el segundo por relaciones de parentesco –el Conde de Gascuña Sancho Guillermo era primo del monarca navarro–, con el que además le unía una gran amistad y una plena identificación con las profundas innovaciones que se estaban llevando a cabo en el vecino país. El rey navarro logró que su soberanía fuese reconocida al otro lado del Pirineo. Sin embargo, en ningún documento anterior a 1032, fecha de la muerte de Sancho Guillermo, se tituló el rey pamplonés Conde de Gascuña. De esta forma, la extensión de su reinado y su área de influencia llegó a comprender aproximadamente un tercio de la totalidad de la Península Ibérica, desde el Mediterráneo hasta las proximidades del Atlántico.

Falleció en el año 1035 en viaje de regreso a Pamplona desde León, a cuyo reino se trasladó en los años 1033/1034, y tras tomar posesión del mismo usó el título de Emperador acuñando moneda en Nájera con el título de Imperator. Se ignora el lugar y las circunstancias de su muerte aun cuando se afirma por los historiadores que fue natural, creyéndose que el fallecimiento se produjo en la región de La Bureba, territorio burgalés bajo la soberanía del reino de Pamplona, y de aquí su enterramiento en el Monasterio de San Salvador de Oña, donde reposan sus restos junto a los de su esposa y Reina, Doña Munia, también llamada Doña Mayor, hija del conde de Castilla.

A su fallecimiento dividió el reino entre sus hijos: al primogénito García le dejó Navarra; a Fernando, Castilla con el título de Rey; a Ramiro, su hijo bastardo, Aragón con el título de Rey; y a Gonzalo, igualmente con título de Rey, Sobrarbe y Ribagorza. Nunca pudo imaginar el monarca navarro que los dos reinos que creaba, Castilla y Aragón, iban con el paso de los siglos a reducir el suyo a los límites actuales. Es muy posible que de no haberse producido la división de su reino entre sus hijos la Historia de España habría sido diferente.

Sancho III el Mayor se adelantó en quinientos años a la concepción de la unidad hispánica de los Reyes Católicos. En el acta de traslación del cuerpo de San Millán fechada el 14 de mayo de 1030 –según recuerda el historiador Vaca de Osma– se dice: «reinando en Nájera, en Castilla y en León el rey de las Españas». Fue gran protector del Monasterio de Leyre –donde deberían reposar sus restos junto a otros reyes navarros– y restaurador de la Catedral de Pamplona, en cuyo Decreto de restauración se refiere a «nuestra patria España». Bajo su reinado los monjes de San Salvador de Leyre fueron quienes fundaron otro monasterio en las cercanías de Hernani para evangelizar las tierras guipuzcoanas, poniendo el nuevo monasterio bajo la advocación de San Sebastián, dando nombre con ello a la actual capital de Guipúzcoa.

Cuatro siglos después de su muerte, hacia 1454, Don Carlos, Príncipe de Viana –cuyo título ostenta en la actualidad el Príncipe de Asturias como heredero de la corona de España- descendiente a su vez de Sancho III el Mayor, rememora su figura histórica y la grandeza de su obra hispánica en su Crónica del Príncipe de Viana. Nos cuenta, entre otros muchos pasajes históricos, cómo , «el quoal rey don Sancho el Mayor e emperador de Espanna en su elevatión juró los fueros e amejoró e hordenó», «e fizo el camino de Santiago, el quoal por miedo de los alarabes, passaba por Alaba e por Asturias, e fízole passar por Nágera, por Birbisca e por Mayonan; e tornando al rey Don Sancho, no solamente seynoreó Navarra, Castilla e Aragón, más sennoreó el ducado de Cantabria, e todas las tierras de su agüelo el rey don Sancho Abarqua; e por proheza et virtud Gascunna se sozmetió a su imperio, e sojuzgó al conde de Sobrarbe e fue su vasallo reconociéndole por sennor, e por la inmensidat de tierras que posseya e senoriaba, fízose intitular emperador».

Navarra y España se encuentran en deuda con la figura histórica de Sancho III el Mayor, de cuyo tronco descienden todos los reyes españoles. El próximo milenario de su entronización como Rey de Pamplona, en el año 2004, debe ser ocasión para rendirle el homenaje que su dimensión histórica merece. Tengo razones fundadas para creer que llegado el momento de conmemorar este acontecimiento histórico, tanto el Ayuntamiento de Pamplona como el Gobierno Foral de Navarra honrarán su memoria al más alto nivel y de la forma más solemne e institucional.

La Casa Real española, en mi opinión personal, no debería ser ajena a tan singular efeméride y, en su caso, y previas las gestiones oportunas, honrar con su presencia los actos que con este motivo puedan organizarse.

BREVES                                                                                                              arriba    

Por Erasmo

LA RESACA DE LOS CÓMICOS

Los protagonistas de la algarada del Congreso, y de la Ceremonia de los Goya se atribuyen la representación de sus compañeros de gremio, de los «intelectuales», de la «inmensa mayoría» del pueblo español, de la consciencia europea y por si fuese poco, se solidarizan con el Papa. Casi nada ¿Quién puede toserles? No es de extrañar que el PESOE urja a Rudi a pedirles excusas por haberles expulsado del Congreso.

Y todo ello después de haber reclamado al denostado gobierno «facha» mayor autarquía para el cine nacional. No hay fortuna mayor que la de sentirse siempre en el centro de la verdad.

ZAPATERO SE OPONE A REDONDO

Zapatero, demostrando que ha atendido a la amenaza de Arzallus, rechaza expresamente la sugerencia de Nicolás Redondo de dejar aparte las divisiones políticas entre españoles no nacionalistas en el País Vasco. Una vez más, y con la sangre de su militante aún caliente, el PSOE oficial da la espalda a la realidad en aquella Comunidad. Demuestra con ello la misma frivolidad intelectual que le hace aplicar sectarismo político a decisiones de Estado. Pero el resultado sigue siendo una incapacidad de la clase política española para abordar un problema que gangrena la convivencia en una región española.

LA MANIFESTACIÓN CONTRA LA GUERRA

La imponente manifestación contra la guerra ha terminado en Madrid con manifiestos leídos por P. Almodovar, L. Watling y F. Fernán Gómez. Alguien decidió que tres «cómicos» eran los representantes menos conflictivos para expresar la opinión que había congregado a los manifestantes. ¿Se puede, o tiene sentido, criticar sus alegatos y aserciones? No parece. Son personales, y a sus personas no hay por qué reclamarles mucha responsabilidad.

¿Cómo puede Zapatero colocarse al frente de una manifestación contra una hipotética guerra que puede iniciar otro país? ¿Quién aconseja a este hombre?

¿PARA QUÉ SON LOS DEBATES EN LOS PLENOS?

Las dos sesiones en el Congreso acerca de la participación española en la guerra han sido una sucesión de exposiciones de políticos que no han convencido a sus contrincantes. Cuando ha habido votación, los resultados podrían haberse determinado contando el número de asistentes de cada partido. Porque nadie da su brazo a torcer, ni se muestra receptivo a los argumentos de sus contrincantes. ¿Para qué sirven entonces esos plenos? ¿Para que la gente haga quinielas acerca de quién ha estado más brillante y quién más descompuesto? Eso no es un debate, sino un entretenimiento, pues las posiciones finales están definidas desde el principio.

Parece un entretenimiento muy costoso.

LAS IMPACTANTES MANIFESTACIONES

Una gran masa de gente contra la guerra en Irak. Con banderas republicanas y sin banderas españolas, y gritando «No a la OTAN y a las bases». Con el Jefe de la oposición a la cabeza. Y los comentaristas hablando de la «inmensa mayoría» del pueblo español. El gobierno diciendo que la inmensa mayoría es la que vota. Pero el resultado es que los dirigentes de IU y PSOE se consideran felices con su baño de multitudes, y los del parido del gobierno se ponen nerviosos durante unos días. La manifestación del «Prestige» tiene otras consideraciones, pero resulta aparentemente inútil, excepto para los dueños de los bares y restaurantes.

¿Por qué no somos sociedades más conscientes, capaces de emplear los argumentos políticos? ¿Cómo se explica que los organizadores no recojan firmas de los millones de manifestantes para exigir una Ley, o un Plebiscito, conforme a las posibilidades legales? ¿Se ha convertido todo ello en un festejo periódico, sin más objetivo real que la distracción de la gente?

SIGUEN LOS GOLPES A ETA

Continuamente caen activistas, reclutadores, propagandistas, información, pisos… La policía demuestra que ha cogido el hilo de la trama y está procurando deshacer ésta con cuidado, sin que se rompa el hilo y haya que buscar otro. A medida que la Eta va perdiendo capacidad de actuación y que los batasunos van viendo cómo su terreno se achica, el PNV aumenta su radicalización. Los intérpretes de su política dicen que es para recoger los votos extremistas que van a quedar sin aplicación. No se sabe cuántos votos van a perder en el otro lado. Pero si está claro que su postura polariza cada vez más la sociedad vasca. Los más lúcidos entre ellos achacan esa polarización a la fuerza de «¡Basta Ya!» y grupos afines. Y reiteran por ello sus canallescas acusaciones a las víctimas. Pero el panorama no es bueno para nadie que pretenda mantener la cabeza serena en aquel ambiente. No se puede tensar indefinidamente la cuerda.

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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