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  Nº 117 - 19 de marzo de 2003

   CONTENIDO       

 

1. España y Portugal: ¿violencia doméstica?, por Iván Jesús T. Areitioaurtena

2. El futuro es aún más imprevisible, por Martín Quijano

3. Después de la guerra, por Pedro Schwartz

4. Breves, por Erasmo

ESPAÑA Y PORTUGAL: ¿VIOLENCIA DOMÉSTICA? 

Por Iván Jesús T. Areitioaurtena[1]

      Nada infrecuentemente aparecen en la prensa portuguesa artículos duros, a veces durísimos, contra España. En ciertos foros del Internet, donde el nivel de agresividad antiespañol siempre es alto, las tradicionales y arquetípicas dulzura y cortesía lusitanas brillan por su ausencia. Por el contrario en los media españoles se habla poco de Portugal, demasiado poco, casi nada.

      Una explicación, en exceso simplista, nos dice que Portugal va mal económicamente y que en estos casos sucede que hay que buscar un chivo expiatorio al que atribuir la mala fortuna pecuniaria. Aunque haya algo de verdad en esto lo cierto es que no explica el trasfondo continuo de la prensa y los foros portugueses. Pero nuestros vecinos occidentales rezuman historia en su retórica antihispánica, no sólo economía.

      Desde una óptica más general muchos pequeños países europeos, por ejemplo Irlanda contra Inglaterra o Bélgica versus Francia tienen que afirmarse contra un vecino que numérica o militarmente ha sido superior y que a veces las ha conquistado con vejaciones inenarrables. Las historias de Portugal y España caminan juntas. Ambas son naciones que, partiendo de una común romanización y legitimidad visigótica, se afirman en la Reconquista y cuyo destino histórico no fue sino ensanchar la Cristiandad allende los mares. Ambas atraviesan envilecidas por un XVIII y un XIX, envilecedores y decadentes a más no poder, siempre vendidas al mejor postor. En tiempos más recientes ambas han sufrido la pérdida de dos Imperios y empiezan a despegar arrancando de dos dictaduras. Y de cara al futuro ambas naciones se enfrentan a un enemigo común e histórico: Marruecos. Las acertadas estimaciones del Profesor Ruiz Miguel (El Sahara Occidental y España) valen asimismo para Portugal.

      Sin embargo hay factores dispares y el principal, dentro de los históricos, es el enfeudamiento moderno de España con Francia y de Portugal con Inglaterra. Ignorar este hecho suprime la clave de muchos por qués. Lo mismo cabe decir si no se valora objetivamente el daño sostenido que estos dos titanes de la Europa moderna, enemigos admirables según Giménez Caballero, han infligido a los dos países ibéricos. En tiempos modernos la piedra angular ha sido el gravísimo error español de haber apostado por un sistema de autonomías caro, injusto, inefectivo y propenso a la implosión y la inteligente repulsa manifestada en referéndum por parte lusitana a una componenda parecida en Portugal.

      Es curioso que siempre ha habido portugueses que han abogado por unirse a España o incluso por ser españoles. Cuesta no mencionar aquí a un antiespañol declarado que luego se tornó iberista convencido: Antonio Sardinha. España ha sido menos sutil con Portugal y, como esquiroles de los franceses, libramos una inicua guerra contra Portugal que en el fondo era la guerra de Francia contra Inglaterra. Incluso hay quien sostiene que en los años de la Primera Guerra Mundial Alfonso XIII tonteó con una idea similar. Y en España nadie que esté equilibrado sueña siquiera con una anexión de Portugal salvo unos cuantos alucinados nacionalistas gallegos de la facción lusista. Las relaciones con Portugal han sido en general buenas desde los años del famoso Pacto Ibérico. Salazar le dejó claro más de una vez a Franco que las políticas exteriores de ambos países eran distintas. La anglofilia de Salazar no fue agradecida por Inglaterra, que colaboró mucho a la dinamitación del Imperio lusitano, pero esto es arena de otro cantar. España se hipotecó a Francia desde la transición y así nos ha ido.

      En nuestros días la «invasión» ya no toma cariz militar sino económico y los portugueses braman contra la penetración, particularmente en el sector financiero, pero también en otros de menor calibre como el de las telecomunicaciones, el de las grandes superficies o el textil. Braman, también, contra el alto número de profesionales de la sanidad que han ido a Portugal a trabajar o la penetración de ciertas costumbres españolas, como las culinarias, en el país luso. Somos percibidos como «autosuficientes», «arrogantes», «arrojados» y, también y sobre todo, como invasores. Esto es menos justo. En un mundo de globalización creciente España ha perdido mucho capital propio en la mayor parte de los sectores en favor del foráneo, incluyendo el turístico (no olvidemos, el más importante) en manos de los tour-operadores extranjeros. Posiblemente a los españoles todavía no aborregados no les guste tanta pérdida de soberanía económica, pero es así y las quejas que al respecto se escuchan en España son más por la pasividad hispánica que por el buen quehacer de mucha empresa extranjera. En España las costumbres culinarias están cambiando y en cualquier gran ciudad española hay restaurantes de cualesquiera nacionalidades, a veces inverosímiles. Nadie protesta de ello en España. Respecto a la emigración de españoles a Portugal, sobre todo de médicos y enfermeras, también hoy día emigran a Gran Bretaña o Francia o Estados Unidos, donde no tienen que soportar vejaciones por mor de su nacionalidad en la mayor parte de los casos. Hay una colonia portuguesa de profesionales y directivos, sobre todo en torno a Madrid, y nadie hace un mundo de ello. No sé si encontrar un español humilde es tarea difícil o no, y pienso mucho en un vasco –que me sigue pareciendo la quintaesencia de lo español-, pero imagino que hay de todo.

      Sin embargo se obvia lo esencial: Portugal y España padecen un mal común. El mal de la desarticulación del tejido social nativo, la pérdida de las pequeñas y medianas empresas –muchas familiares-, y la caída casi total en brazos de las multinacionales y megacorporaciones. Si bien es cierto que las multinacionales son indispensables en ciertos sectores tampoco hay que negar que para la estabilidad política de una sociedad la microempresa es fundamental. Ambos países han sufrido un varapalo enorme dentro de Europa en lo agropecuario y lo pesquero. Y ambos tienen un futuro económico incierto sobre el que se ciernen negros nubarrones.

      España y Portugal llevan siglos de espaldas. Ya denunciaba esto Miguel de Unamuno en su Por tierras de Portugal y España, donde se quejaba amargamente de los transportes. Los enfrentamientos históricos nunca pudieron ser resueltos, pese a las intenciones de todos los monarcas ibéricos (incluidos los portugueses) de unificar ambas naciones. Esto no es novedoso pues ya en la Alta Edad Media los reyes de León o de Aragón tenían aspiraciones hispánicas, no meramente de sus propios reinos. A España y Portugal le unen siglos de historia común y comunes proyectos, pretéritos, presentes y, ojalá, futuros. Negar el dato de la vocación común, asentada sobre una historia común, es negar lo evidente.

      Viajar por Portugal, aparte de un placer enorme, brinda contacto con unas gentes que no son sorprendentemente conocedoras de la historia –no sin sesgos, aunque comprensibles- y realidad españolas. En España el desconocimiento de Portugal es patético y penoso. En Portugal toda la gente culta se maneja bien en español e inglés, lo que les hace muy abiertos al mundo. En España el desconocimiento de lenguas extranjeras es, en general, poco loable. Hay un cierto aldeanismo ambiente en España que en el caso de algunas regiones españolas raya en lo ridículo. No se puede amar lo que no se conoce y hay que conocer Portugal y lo portugués para enamorarse de ello primero. Ni se puede despreciar todo lo del vecino «porque sí» ni dejarse llenar de tópicos falsos. Quizás para ello nada mejor que proponer el portugués como segundo idioma en todas aquellas provincias en la raya de Portugal.

      Amén de este desconocimiento la otra gran asignatura pendiente es el transporte. La piel de toro tiene sus vías naturales y España ha decidido en un craso error abandonar la Ruta de la Plata, que sería la conexión norte-sur occidental que debería enlazar en varios puntos con una IP-2 en Portugal que mereciera ser mejorada. Se daría vida así al oeste español y el interior portugués, particularmente el del norte, una de las áreas más abandonadas de toda Europa. Además, entre Oporto y Madrid, más incluso que entre Lisboa y Madrid, debería haber una comunicación privilegiada. El puerto de Oporto es la salida atlántica más natural para Madrid, mención aparte de la inexplotada navegabilidad del Duero desde la provincia de Salamanca. El panorama, hoy por hoy, es desolador: las conexiones por carretera y ferroviarias con Portugal son en la mayor parte de los casos malas.

      Antonio Sardinha, a quien antes mencionábamos, escribió un libro precioso titulado La Alianza Peninsular que es obligatorio desempolvar. Muchos de sus presupuestos siguen siendo vigentes. Por lo demás, de igual modo que aunque quizás desde el punto de vista estrictamente legitimista Santa Juana de Arco no tuviera razón, lo cierto es que metapolíticamente su acción recuperadora de la Francia entonces bajo dominio inglés sirvió para que el anglicanismo y el protestantismo nunca pudieran extenderse completamente al corazón de Europa. En Fátima la Virgen habló de Portugal, consagrándola así como nación independiente, sobre la que echó un formidable piropo: «el dogma de la Fe nunca desaparecerá». Si Dios ha querido apartar este precioso trozo de la Península Ibérica sus razones tendrá y no queda más remedio que respetarlas. La metapolítica de este dato, que hunde sus raíces en Aljubarrota, está todavía por escribirse y no será poca. En el fondo ni España desea invadir Portugal ni Portugal desea apartarse del todo de España, a la postre vecino siempre mejor que otros comunes enemigos europeos. Además, en el hipotético caso de que ambos países se confederaran, justo sería mover la capitalidad de dicha Confederación Ibérica a Portugal.

      ¿A Fátima quizás? A la postre el hogar de ambas Patrias sin fronteras naturales es el mismo, tanto en la tierra como en el Cielo. Aquí sí que no ha lugar a la violencia, sino al amor. Estamos condenados a estar juntos pero, no teman los hermanos portugueses, que nunca estaremos revueltos por más que Camoes se empeñara en repetir que «somos gentes fuertes de “Espanha”» en sus Luisiadas. Portugal tiene denominación de origen divina desde 1917 y esto es inapelable.

 

[1] Es cierto que son pocas las ocasiones que en España se habla de Portugal, como también se elude dar en las televisiones la información meteorológica del vecino país: da la sensación de que no existe. Por ello publicamos este artículo que nos ha llegado por Internet. Nos parece francamente interesante (N. de la R.). 

EL FUTURO ES AÚN MÁS IMPREVISIBLE                                                arriba    

Por Martín Quijano

      La situación mundial está encrespada por el conflicto de Irak, cuyo desenlace inicial está próximo. Anticipo que está próximo el desenlace y especifico que hablo del inicial porque su comienzo parece inminente y su duración ha de ser necesariamente breve. A nadie le pasa por la cabeza que los iraquíes puedan resistir el potencial bélico americano más de unos días. Ni siquiera es pensable que quieran resistirlo. Es más lógico pensar que estén deseando que se suscite, para liberarse de una vez de esta situación de dependencia de un tirano, que lleva veinte años condicionando, o frenando, cuando no impidiendo, la evolución positiva de su nación.

      Y califico el desenlace como inicial porque el desenlace último va a tardar en cuajar. Es evidente que los americanos y sus aliados se instalarán en el poder en Irak. Y es también evidente que los primeros se retirarán de allí en algún momento. Pero ¿cuál va a ser la situación dentro de un año o dos? Y no sólo en Irak, sino en el resto del Mundo. Se ha iniciado una crisis que va a condicionar el futuro de las naciones y de los políticos implicados ahora en ella.

      En primer lugar, Francia va a encontrarse con un futuro problemático, sea cual sea el desenlace a corto plazo, porque EE.UU. ya le ha anticipado que se atenga a las consecuencias de su enfrentamiento. Parece difícil que haya simpatía entre las dos naciones, a medio plazo, salvo un quiebro de última hora de Francia en apoyo de las acciones americanas. En qué puede plasmarse esa menor simpatía es una cuestión pendiente, pero no cabe duda que la política comercial americana, siempre tan proteccionista, pondrá su normativa a trabajar, y a frenar importaciones de los países que coloque en lista negra. Alemania está procurando quedar agazapada, tras su bravata inicial, pero también notará efectos similares. Y se percatará de que su pretendido campo natural de expansión, los países europeos orientales, se le pondrá difícil, pues se decantarán (ya están haciéndolo) por la inversión y el apoyo americano. Y quizás acogiendo tropas americanas que abandonen Alemania.

      Si empiezan las operaciones contra Irak con el voto en contra del Consejo de Seguridad, ¿qué va a hacer la ONU? ¿Declarará proscritos a los EE.UU. y las Naciones que le acompañen en ellas? En caso de que lo haga, parece seguro que se irá a un sistema dual legal internacional, entre una ONU que sería abandonada por una serie de Naciones y alguna nueva agrupación de Naciones, las proscritas y quienes se asociasen a ellas, que se unirían y organizarían de algún modo. Si no lo hace, sino que se limita condenar a EE.UU., resultará evidente que se habrá establecido una herida de desconfianza que tardará en cicatrizar. Lo mismo puede decirse, en términos similares, de la situación en que quedará la OTAN.

      En cuanto a Europa, la decisión de Alemania, Francia y Bélgica de avanzar una postura antiintervencionista sin buscar el consenso previo europeo, se enfrenta con la contraria de otros diez o quince países, en buena parte coordinados por España. Alemania y Francia se han alzado con la pretensión de convertirse en el núcleo fuerte de una Europa que aún no está cuajada. Esa pretensión no puede provocar sino tensiones con los que nos sintamos excluidos de ese núcleo fuerte. Y hará reverdecer viejas rencillas y resentimientos que todos los europeos debiéramos procurar olvidar. El futuro, sea quien sea quien se alce a la postre con la razón respecto a Irak, va a tener que restañar tensiones que no debieran haber sido enconadas hasta el punto en que se ha hecho.

      Otro aspecto a considerar, quizás el más importante, es la situación en que quedará el terrorismo internacional tras el conflicto. Algo que hace obvia la alineación de España y el R.U. con los EE.UU. La irresponsabilidad histórica, por no decir endémica, de Francia, puede pretender ignorar la cuestión, pero no se explica que lo ignore la oposición española. Aunque su caso es explicable si se recuerda su antiamericanismo visceral.

      Y otro aspecto más (¡hay tantos!) es la situación en que quede la relación Islamismo/Occidente. Parece evidente que, más allá de los tópicos, no existe la fraternidad islámica. Por lo que la relación entre los Reinos fundamentalistas y las Repúblicas laicas se reajustarán de acuerdo del resultado del conflicto. Pero parece indudable que habrá crecido resentimiento antioccidental en sus masas populares. Y que el choque cultural se pondrá más en evidencia. ¿En qué parará eso al cabo de unos años?

      Finalmente, reduciéndonos al caso español y los políticos, ¿qué va a pasar, tras esta pasión de la oposición en la calle, si se empieza a disparar el potencial bélico que se está acumulando en la frontera? ¿Mantendrán la alineación con el Irak y frente a los EE.UU? Se comprende que eso lo haga Llamazares, pues... «de perdidos, ¡al río!». Pero ¿lo va a hacer un político como Zapatero, que aspira a la jefatura del gobierno, es decir a un puesto que hoy exige visitar Washington una o más veces al año? No se entiende quién le está aconsejando. Aznar puede salir malparado, si la intervención sale mal, pero es más fácil que quede con el prestigio de estadista capaz de mantener el rumbo adecuado en medio de la tormenta vociferante. En cualquier caso, se le reconocerá una ambición de intentar que España sea considerada con peso propio en el concierto internacional. Una ambición deslucida por el torpe comportamiento de la oposición, incapaz de mostrar cohesión nacional en política exterior.

      Y respecto a su efecto en las elecciones, próximas y lejanas, ¡ya se verá! Para empezar, hay mucha gente que mantiene silencio, más que la que vocifera en la calle. Y hay quien aprecia la lluvia fina, que mencionó en su día Rajoy. Y hay una gran mayoría de personas que se alinean siempre con el vencedor. La partida no ha hecho más que empezar.

      Y un colofón ineludible: ¿hay alguien que albergue la menor duda sobre que el pueblo iraquí estará mejor sin Sadam?

DESPUÉS DE LA GUERRA                                                                                     arriba

Por Pedro Schwartz

Catedrático de Historia del Pensamiento

Tomado de ABC, 18 marzo 2003

      Por fin han decidido los líderes de la coalición encabezada por el presidente Bush poner límite a las maniobras de quienes buscaban la humillación de los Estados Unidos. Por haber hecho ayer oídos sordos Francia, Alemania, Rusia y China a la petición del presidente Bush de que el Consejo de Seguridad de la ONU envíe un ultimátum a Sadam Husein para que se rinda y marche al exilio antes que acabe la semana, la operación de desarme y consiguiente cambio de régimen en Irak se llevará a cabo por la fuerza, sobre la base de las vigentes resoluciones del Consejo. Nadie quiere esta guerra -ni siquiera Husein que la habrá desencadenado y sufrirá el fin de su sangriento señorío-. Nadie sabe a ciencia cierta cuánto durará ni qué víctimas y daños producirá. Pero ha llegado el grave momento de defender la libertad con las armas.

      Me atrevo a vaticinar que esta segunda Guerra del Golfo será aún más corta que la de Afganistán y tendrá mejores resultados. Las tres comunidades iraquíes, los pueblos de Palestina e Israel, las masas sometidas a satrapías musulmanas, los occidentales amenazados por el terrorismo, los europeos enfrentados sobre su Constitución, todos podrán mirar el futuro con alguna mayor confianza. Incluso las Naciones Unidas volverán a encontrar su papel de ayuda y reconstrucción. Las dificultades no faltan. Dios quiera que el camino a transitar hasta la paz no sea ni largo ni en exceso doloroso.

      Durao Barroso, Aznar y Blair han sido retratados en las Islas Azores flanqueando al presidente Bush en una foto elocuente: las banderas de España y Portugal formaban con las de EE.UU. y el Reino Unido el núcleo inicial de las enseñas de los países que van a contribuir a la reconstrucción de la paz en esa región tan castigada desde hace más de medio siglo. La firmeza del ultimátum de los cuatro significará al dictador iraquí que ha ido demasiado lejos: ya no podrá confiar en el apoyo de los miembros del Consejo que han hecho todo por prolongar su permanencia contra la voluntad de al menos veinte Gobiernos democráticos. Francia, en la persona de su presidente Jacques Chirac, ha buscado atrapar a sus odiados «anglosajones» en una trampa mortal: o los americanos y sus aliados ingleses paralizan durante tres meses más en el desierto una fuerza de 225.000 hombres con su material terrestre, aéreo y marítimo, para que Sadam se digne revelar sus secretos a los inspectores; o esa fuerza era retirada con el rabo entre piernas; o EE.UU. y el Reino Unido son condenados como criminales de guerra por la opinión mundial. ¡Que esta idea se le haya ocurrido a un aliado y protegido de dos siglos y medio...!

      Si las naciones dispuestas a desplazar a Husein se ven forzadas a comenzar el ataque porque el dictador prefiere morir matando, tendrán el respaldo de al menos tres resoluciones del Consejo de Seguridad, de las 17 que Husein ha desobedecido. La número 678 dio permiso a los aliados para expulsar a Irak de Kuwait y para usar la fuerza en apoyo de «todas las oportunas resoluciones subsiguientes». La 687 de 1991 condicionó la prolongación del armisticio tras la operación «Desert Fox» a que Irak aceptase renunciar a sus armas de destrucción masiva y permitiese la verificación del desarme, que incluía la obligación de destruir los misiles de más de 150 Km. de alcance. La 1441, de 8 de noviembre de 2002, amenazó a Sadam con «serias consecuencias» si no se deshacía de sus armas de destrucción masiva ante los inspectores de la ONU que había expulsado en 1998. Sadam, que tan buen táctico es, ha equivocado su estrategia.

      La forma que tome Irak después de la contienda no es fácil de adivinar. El secretario de Estado Powell y su presidente han expresado su oposición a trocear ese país. Sin embargo, los kurdos, divididos como se encuentran entre Turquía, Irán e Irak, pretenden tener al menos un pequeño territorio propio, precisamente en la zona llamada «de exclusión» del norte de Irak, en la que querrán incluir los yacimientos petrolíferos de Mosul. Si los turcos se empeñan en no colaborar con sus aliados, les será muy difícil evitar que se forme el núcleo inicial de la patria kurda. Por otro lado, los chiítas del sur del país, agrupados alrededor de los yacimientos de Basora, se sentirán tentados de unirse con sus correligionarios de Irán. Sin embargo, el secretario de Estado Powell ha significado la creación de una compañía petrolera iraquí, cuyos ingresos sean un incentivo para la unidad nacional. Mas al fin, si Sadam extrema la crueldad de su resistencia, será necesario reconocer las secesiones, como se hizo en Yugoslavia.

      El presidente Bush había prometido en su discurso ante la Asamblea general de las Naciones Unidas el año pasado que apoyaría la creación de un Estado palestino viable e independiente, al flanco del de Israel. Ahora ha puesto en marcha otra vez el proceso negociador que quedó interrumpido tras la espantada de Arafat en Camp David. Es mucho el odio atizado por la Intifada palestina y las duras represalias israelíes, pero quizá no sea del todo imposible que, tras el derrocamiento del financiador de la guerrilla Hizbollah, Sharon y Abú Mazen, las dos partes enfrentadas, acepten entrar en negociaciones. Las repercusiones de la liberación de Irak se harán sentir en toda la región. Los demócratas de Irán se sentirán reforzados frente a los fundamentalistas. Los defensores de Husein cambiarán de canción cuando vean la acogida dispensada a las tropas aliadas por las poblaciones oprimidas de Irak. Los gobernantes autoritarios pensarán en iniciar el camino de la reforma sin tanto miedo a revueltas y conspiraciones.

      Incluso la construcción europea tomará un carácter distinto. Será imposible que Francia y Alemania pretendan ya imponer su voluntad a los demás Estados de la UE: el cambio traído por la entrada de nuevos miembros del club se verá reforzado por la corriente de atlantismo alumbrada por la contienda de Irak. La ONU, aceptado que, como en las guerras de Corea y Kósovo, el Consejo de Seguridad ha fallado en su papel de defensor de la seguridad mundial, demostrará su utilidad en la reconstrucción del país.

      No teman los políticos que se han puesto del lado de EEUU. Una gran parte de esa opinión pública tan soliviantada entrará en razón cuando vea los resultados de la firmeza.

BREVES                                                                                                              arriba  

Por Erasmo 

LA VOTACIÓN SECRETA

La esperada votación secreta se zanja con una decepción para quien la solicitó. Aznar sale robustecido y Zapatero desangelado al ver que sus esfuerzos con los pareados no le originan éxito en Las Cortes. Los comentaristas se felicitan al ver la lealtad de los diputados a sus siglas políticas. Se explica, pues todos ellos han sido designados para sus puestos por su jefe de filas, y elegido a su sombra, por electores que no les conocen.

El espectador común se pregunta, algo desconcertado, cómo puede ser que alguien piense que alguien diría en secreto lo que dice en público. Poca estima se tiene de la entereza moral de los diputados. Claro que hay razones para ello, pues se ve que ninguno de ellos (uno, por lo visto, se equivocó) se plantea duda alguna de conciencia. Todos los grupos son monolíticos.

Resulta deprimente

LA POLÍTICA DE INTERESES NACIONALES

Se reprocha a Aznar votar por EE.UU. sin atender a los intereses nacionales de no enfadar a Francia y Alemania, contribuyentes de nuestros fondos de cohesión. Y se reprocha al mismo tiempo a EE.UU. amenazar a los países que voten contra su proposición. Incongruente.

¿Por qué nuestros intereses nacionales tienen que coincidir con los franceses o alemanes? ¿Por qué se supone que nunca debemos abandonar un papel subordinado a los dos grandes europeos? ¿Por qué no se piensa en el conflicto mundial del terrorismo?

No se explica uno muchas posturas que parecen ignorar esas preguntas.

LAS ESTADÍSTICAS DE EMPLEO Y PARO

La afiliación a la SS crece en febrero 122.000, hasta 16,33 millones. El paro baja sólo en unos cinco mil, demostrando la gran cantidad de personas incorporadas a la población activa. Parece mentira la polarización de los comentaristas, ocupados en ver los mismos datos como entusiasmantes o decepcionantes, dependiendo de su afiliación o simpatía política. Hace pensar que el partidismo político incapacita a una sociedad para un esfuerzo coordinado de progreso, porque transmite la impresión de que el progreso resulta algo inapetecible para unos si el mérito principal es atribuible a los otros.

CASTRO, SADAM Y ARAFAT, EN LA LISTA DE RICOS

Los tres políticos aparecen en la lista de personas más ricas del mundo, en niveles entre 100 y 200 millones de dólares de fortunas personales puestas a buen recaudo en el extranjero. Cada uno sugiere comentarios diferenciados. Pero mientras los dos primeros expolian a sus pueblos respectivos, el tercero, que no tiene qué expoliar, se reserva para sí las ayudas internacionales a su pueblo. En este caso le conviene que el estado de miseria de sus gobernados no se corrija. Así conseguirá seguir suscitando lástima y recibiendo donativos.

LA UE DA UN TIRÓN DE OREJAS A ESPAÑA

Prodi, Presidente de la Comisión de la UE, recuerda a España que aún no ha corregido el privilegio diferenciador de las “vacaciones fiscales vascas”. Ni con la presión europea es capaz el gobierno de afrontar un problema secular de injusticia distributiva de costos. Algo que subyace tras muchas de las pretensiones autonomistas y que las regiones que lo sufren callan, por bien común, cuando no lo ignoran.

ESTO NO TIENE MARCHA ATRÁS

Escribir sobre el conflicto de Irak es correr riesgo de quedar desfasado dentro de una hora. Parece claro que, pase lo que pase en la ONU, las tropas americanas van a entrar, con o sin aliados. La climatología impone urgencia y el despliegue, material, personal y verbal, americano no tiene corrección, o marcha atrás fácil. Es decir, Sadam tiene los días contados como estadista, pese a su asombroso éxito al dividir el mundo occidental como lo ha hecho.

TURQUÍA SE LA JUEGA

Erdogán, «islamista moderado», llega al poder en Turquía, tras un proceso legal para demostrar que no hubo ilegalidad en su invocación pública de preceptos islámicos. El laicismo oficial impuesto por la Constitución turca parece demasiado severo para nuestra mentalidad. Pero es evidente que Ataturk tuvo sus razones y sabía con quién se jugaba los cuartos. Porque está por ver qué es eso de la moderación en una Religión que exhorta al exterminio de los infieles.

Ahora, Turquía tiene que decidir entre el mundo islámico, al que decidió pertenecer hace siete u ocho siglos, o el mundo Occidental, más laico, pero indudablemente cristiano por cultura. Tiene difícil la elección, por no decir imposible la solución.

PUJOL SE ASUSTA A MEDIAS

Jordi Pujol se muestra preocupado porque su delfín, Mas, no consigue remontar el vuelo. Y que Maragall parece comerle el terreno en las encuestas. Hay peligro de apartamiento de CiU del poder por tanto, con lo grave que ello es para un partido que está enraizado en la vida económica de Cataluña.

Pero no le preocupa desde el punto de vista nacionalista, porque ve que esa otra opción es tan nacionalista como él. Maragall está propugnando más independencia que la que él ha considerado sensato propugnar. Y actuando más decididamente en apoyo de los nacionalistas vascos de lo que él ha considerado prudente. Y marginando la esencia española de su partido como él ha propugnado siempre.

Y el PP, mientras tanto, dedicado a lo suyo: abandonar y vejar a los que se sienten sobre todo españoles en Cataluña.

ALEMANIA PARECE HABER DESAPARECIDO

Schroeder ha desaparecido de la opinión internacional. Alemania aparece, en estos momentos, como mera subordinada de Chirac. Preocupada por la defección proamericana de sus vecinos orientales (su «territorio natural»), abrumada por su crisis económica (de la que insensatamente pretende salir con más déficit público aún), desdeñada en el Consejo de Seguridad, por no tener derecho a veto.

Sigue sufriendo las consecuencias de su derrota, material y moral, y no parece estar en rumbo de recuperar orgullo y dignidad nacional. 

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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