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  Nº 120 - 30 de abril de 2003

   CONTENIDO       

1. Reflexiones: Cataluña, por Antonio Castro

2. La paz, por Dalmacio Negro

3. El anaquel: Salud moral. El grado cero de la civilización, por Aquilino Duque

4. Carta a Antonio Burgos, por Ismael Medina

5. Breves, por Erasmo 

REFLEXIONES

 Por Antonio Castro Villacañas

  CATALUÑA

Una de las características peor valoradas del nacionalismo catalán es que desde sus comienzos, hace algo menos de ciento cincuenta años, suscitó el interés de la burguesía barcelonesa que por aquel tiempo empezaba también a cuajar. Ello significo que desde su principio adoptara un recelo hacia cuando no fuera genuinamente catalán, fruto de la animadversión –más tarde convertida en deseo de asimilación- hacia las heterodoxas prácticas industriales y comerciales de los advenedizos y la conducta de los charnegos, nombre despectivo dado a cuantos de toda España llegaban a Barcelona y su provincia para iniciar una vida nueva al amparo de la creciente prosperidad económica conseguida desde el puerto y la industria textil. Debemos añadir a este doble fenómeno –repulsión y amor- el  énfasis con que esa misma burguesía creó y divulgó la imagen –por otra parte bien fundamentada- de una Barcelona, y poco después una Cataluña, cosmopolita y moderna frente a un Madrid y una España atrasados y paletos. De ahí surgió la idea de estar siempre convenientemente distanciados del Poder central, para pedirle en cada momento unas ayudas y ventajas que la práctica demostró se conseguían con mayor facilidad utilizando la bandera de la distinción con el resto de España que la identificadora con toda ella. De esta forma adquirió el nacionalismo catalán la naturaleza melindrosa y oportunista que le caracteriza, junto con esa aptitud para nadar y guardar la ropa que encierra el concepto de seny, palabra que añade al castellano sentido común una innata facultad de orientación y acomodo que aquél no tiene. Por eso la burguesía catalana y su nacionalismo parecen estar siempre envueltos en seda, tan elegantes como escurridizos y pretenciosos. Eso produce que desde ellos –y contra ellos- no acabe nunca de pronunciarse una descalificación neta e incordiantemente comprometedora, sino un constante tira y afloja en el empeño de llevar cada parte a su terreno a la parte contraria.

No hace falta rebuscar mucho en las hemerotecas para saber que durante el franquismo la aristocracia y la alta burguesía catalana gozaron de una situación privilegiada, la misma que disfrutaban sus parientes del resto de España. En un nivel más bajo, pero próximo, estuvo el resto de la burguesía. Y en el nivel común de la ciudadanía, los miles y miles de catalanes que aclamaban a Franco cada vez que visitaba Cataluña, incluidos cuantos acumularon su primera fortuna aprovechándose de las facilidades económicas y sociales que proporcionaba el sistema. No es ninguna calumnia decir que durante los cuarenta años de franquismo, una gran parte de Cataluña vivió «a cuerpo de caudillo» puesto que rey no había, mientras el común de los ciudadanos lo hacía de un modo muy parecido a los demás españoles; es decir «a cuerpo de trabajador corriente y moliente». La burguesía catalana, pues, pactó con el franquismo, lo alentó y lo sostuvo mientras les vino bien hacerlo, sin ningún empacho ni impedimento, lo mismo que cuando consideró llegado el momento negoció su ingreso en las filas del catalanismo democrático aduciendo su acreditado nacionalismo.

Mientras tanto, bastantes más miles de catalanes no privilegiados vivieron a favor o en contra del franquismo, según los vaivenes de los tiempos con orgullo y pasión algunos, otros con pasión y desprecio, igual que ahora viven el nacionalismo burgués con sospecha, resignación e ironía, a la espera de días mejores y más completos.

LA PAZ                                                                                                                 arriba

Por Dalmacio Negro

Tomado de La Razón, 29 abril 2003

Con lo de Iraq se ha hablado mucho de la paz. El humanitarismo se ha desbordado y entre otras cosas notables y bastante esperpénticas, explicables por la histeria y las emociones del momento que han superado en la muy culta España a las de otros países, la excitación ha llevado a pedir la excomunión para el Sr. Aznar y, en contraste, el premio Nobel de la Paz para el Papa Juan Pablo II. A lo primero ha dado pábulo monseñor Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal, cuando, hábilmente interrogado al respecto, al parecer contestó a la gallega, «todavía no». Seguramente porque la Iglesia es lenta y no lo tiene muy claro. Es una pena, pues de producirse el evento sería una extravagancia muy divertida, aunque, en contrapartida, aumentaría la popularidad mediática del Sr. Aznar entre la progresía y los incautos, que es tal vez lo que, astutamente infiltrados por algún agente provocador, conseguirían con su piadosa ingenuidad los partidarios de excomulgarle.

En cuanto a lo del premio Nobel de la Paz, los generosos promotores no han debido pensarlo mucho. Está tan desprestigiado, aún más que la inmensa mayoría de los premios, que si se lo concediesen al Papa, sería hacerle un flaco favor a él y a la Iglesia. Tanto que cabe pensar sin temor a equivocarse, que anticlericales e impíos estarían dispuestos a «arropar» -como se dice ahora periodísticamente, aunque sea en pleno agosto, por apoyar o acompañar- semejante petición con esa aviesa intención.

La petición, influida por las reiteradas invocaciones de Juan Pablo II a la paz con ocasión de la guerra iraquí y el entusiasmo de descubrir que el Papa coincide al menos una vez con sus opiniones, ha sido poco meditada. Pero es un error. El Papa no se ha inventado lo de la paz contra los despiadados imperialistas norteamericanos ansiosos del petróleo ni contra el atavismo de su inhumano jefe blanco Bush, que, por, cierto, sigue empleando mortíferos tomahawks, igual que sus antecesores sioux, comanches, apaches o cheyennes. Juan Pablo II no ha hecho más que decir lo que tenía que decir, que es recordar y repetir la doctrina tradicional de la entidad que preside, a pesar de las Cruzadas, la Inquisición y otras cosas. Sin menospreciar su actitud, no tiene, pues, el menor mérito.

La Iglesia es una complexio oppositorum. Salvo Satán, no tiene enemigos, y si alguien le declara su enemistad, cosa imposible de evitar, no la devuelve, limitándose a lo sumo a defenderse. Su doctrina es la paz; no por razones materialistas, hedonistas, utilitaristas, ideológicas o mera cobardía, sino porque su misión consiste en gran parte en anunciarla y postularla. Naturalmente, no una paz cualquiera como la de los cementerios o la de Sadam, sino la paz justa, la que establece un auténtico orden.

En realidad, la Iglesia había conseguido ya en la Edad Media, en la que era grande su influencia, largos períodos de paz. En aquella época fueron muy frecuentes las «treguas de Dios» impuestas por la Iglesia y muchos días feriados tuvieron su origen en que declarándolos días santos, mientras durase la festividad no se podía combatir; una especie de ayuno y abstinencia bélico.

No obstante, a pesar de la influencia eclesiástica, aproximadamente hasta el siglo XVII seguía siendo una creencia muy arraigada que el estado normal de la humanidad es el estado de guerra, siendo el de paz apenas un entreacto entre las guerras. Desde esa época se empezó a pensar en la posibilidad de trastrocar el estado de cosas invirtiéndolo, de manera que lo corriente y normal fuese la paz y no la guerra. Ello fue una consecuencia de aquella influencia, reforzada en ese tiempo por el terror despertado por las guerras civiles de religión a causa de la Reforma protestante, que tuvieron lugar en ese siglo y en el anterior. Justamente, fue por entonces cuando se concibió el Estado como un instrumento idóneo para la paz, sobre todo para la paz civil, la paz interna dentro de cada Estado, naciendo el ius publicum europaeum, hoy en manifiesto declive, precisamente para regular las relaciones interestatales.

EL ANAQUEL                                                                                                   arriba  

 Por Aquilino Duque

 

SALUD MORAL

Permítaseme dudar de la salud moral de una sociedad civil que se encoge de hombros cuando los separatistas hacen estallar un coche bomba en pleno centro de una ciudad mientras la clase política sigue como si tal cosa negociando con sus encubridores, y en cambio organiza manifestaciones rayanas en la histeria para recibir a un sujeto rescatado de la silla eléctrica o protestar contra la visita del Presidente del país donde aún existen y se utilizan esos artefactos. Los manifestantes contra Bush Jr. son los mismos que en su día se manifestaron contra Reagan y contra el Papa, es decir, los que aún no han digerido la derrota del Comunismo y no perdonan a quienes se decidieron a derrotarlo como no perdonan al primero que le hizo morder el polvo. (No digo el nombre porque francamente no hace falta).

A esos manifestantes les pasa lo que a la mayoría de los dirigentes europeos actuales: que el reloj se les paró en las barricadas del 68, cuando Mao, Trotsky, Robespierre y Sade inspiraban sus sentimientos humanitarios. El dominio del mundo actual por un Imperio cuyo Presidente, con raras excepciones, suele ser un hombre de ideas elementales, es el mentís más rotundo de ese humanitarismo. Y el mundo en que vivimos, con sus luces y con sus sombras, que son muchas, a ese Imperio se lo debemos, y si manda en él a su antojo, es por su intervención decisiva en las dos Guerras Mundiales que los europeos hicieron la estupidez de desencadenar.

EL GRADO CERO DE LA CIVILIZACIÓN

El saqueo y la destrucción del Museo Arqueológico y la Biblioteca Nacional de Bagdad ante la mirada tolerante de las fuerzas armadas invasoras o liberadoras, según se mire, dice mucho del grado de civilización a que hemos llegado en Occidente. Ese grado cero de la civilización se cifra en una palabra: tolerancia, y su fundamento está en la neutralidad ética del llamado «Estado de derecho», en virtud de la cual nadie está autorizado a distinguir el mal del bien.

Con el lema equívoco de «Democracia o barbarie» se convoca un ciclo de conferencias por parte de unos ciudadanos/as preocupados/as por el «retorno de las religiones de salvación, y con ellas al auge de fundamentalismos e irracionalismos». Digo que el lema es equívoco, pues la preposición «o» para ser adversativa, tendría que repetirse. Sola como está, no establece antinomia, sino equiparación, cosa nada descabellada si se tiene en cuenta lo ocurrido en Bagdad al llegar la democracia. Las «religiones de salvación» –y el Islam es una de ellas– distinguen el mal del bien y, por consiguiente, la barbarie de la democracia. Nosotros en cambio somos tan tolerantes que no entramos en esos distingos y hacemos como aquel demócrata que preguntó qué temperatura hacía en el exterior y, al decirle que 0 grados, exclamó: «¡Qué bien, ni frío ni calor!».

CARTA A ANTONIO BURGOS                                                                                arriba    

  Por Ismael Medina

Apreciado colega:

Admiro tu galanura literaria, muy en la estela de Pemán, pero sin su Séneca, reducción bajoguadalqueribeña del sabio cordobés. Unas veces aciertas y otras resbalas por el tobogán del pintoresquismo, hasta caer en el sainete. Puede tener su gracia en ocasiones enhebrar las juicios políticos, a veces los prejuicios, con el casticismo andaluz que con tanto regodeo y habilidad cultivas. Pero el juego de la ironía roza con la astracanada cuando no se asienta sobre el conocimiento más o menos profundo de los personajes o los hechos sobre los que se escribe. Y este es el caso de tu «Pericón, Fidel y José Antonio».

Afirmar que José Antonio Primo de Rivera «escribió el Mein Kampf con prosa de Ortega y Gasset» podrá parecer gracioso a algunos. Pero evidencia el desconocimiento del Meinn Kampf y de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera. Podría decirse lo mismo si se le relacionara con El Capital de Carlos Marx, o con los pronunciamientos ideológicos que se combatieron en aquella época, cuyos seguidores también se tiran hoy los trastos a la cabeza, aunque por de pronto prefieran los almohadillazos retóricos al pespunteo de las balas. Es tan absurdo como presumir que era comunista por su admiración poética hacia Rafael Alberti. O maricón por mor de sus encuentros con Federico García Lorca. O cura frustrado a causa de su acendrada fe católica. José Antonio bebió de muy variadas fuentes del pensamiento jurídico, filosófico, político y literario. Y lo que más me atrajo de él fue precisamente su esfuerzo por hacer síntesis de lo contradictorio, procurando extraer de cada opción lo que de positivo podía encerrar para ahormarlo en una nueva.

Dejo a un lado la figura costumbrista de Pericón de Cádiz, para mí patética por su forzada servidumbre al señoritismo andaluz. Señoritismo del que, por cierto, emergió en buena parte el socialismo gonzalero, criado a los pechos resentidos de Jiménez Fernández en los bajos del palacio arzobispal sevillano. Utilizas a Pericón como ocasional e intrascendente sobaquera dialéctica. Pero sí me interesa puntualizar tu referencia a Fidel Castro.

Fidel supo de José Antonio Primo de Rivera por uno de sus profesores en el Colegio de la Compañía de Jesús en que estudiaba. Y es cierto que en sus primeros tiempos mostraba a lo españoles que le entrevistaban las Obras Completas de José Antonio. Pero conviene recordar, asimismo, que bajó de Sierra Maestra rosario en mano y dándoselas de católico fervoroso. Le ayudó y le aplaudió el clero cubano. Fue exaltado como liberador por diestros y siniestros de todo el mundo. Hasta que se quitó la careta; o creyó más conveniente ponerse la del comunismo soviético como respaldo a su antinorteamericanismo, pese a que si ganó la partida a Batista fue en buena medida gracias a la ayuda de la CIA. Coincidió aquel pendulazo con la eliminación de Álvaro Cienfuegos, abatido en la ciénaga, el único del mando revolucionario que podría hacerle sombra y que difícilmente habría aceptado la desviación sovietizadora. La sustitución de Cienfuegos por Raúl Castro y Che Guevara marcaron el punto de inflexión del régimen naciente hacia un descarado, tiránico y sanguinario comunismo. Identificar a Fidel Castro con José Antonio es tan absurdo como hacerlo entre Stalin y Konrad Adenauer. O entre Santiago Carrillo y Teresa de Calcuta.

Te recuerdo, para terminar, que las Obras Completas de José Antonio las han tenido a mano otros personajes de renombre internacional, y no precisamente contrarios a la democracia. Es el caso del famoso general Mac Arthur, según cuenta su principal biógrafo. Y que sus más destacados adversarios durante la II República han dejado constancia elogiosa de su figura como persona, como intelectual y como político. Lo puedes confirmar en Sobre José Antonio (Ed. Barbarroja), una aséptica antología de 400 opiniones realizada por Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro que también incorpora las que no le son favorables.

Y cierro con resonancia de la Andalucía más profundamente irónica. Después de leer tu artículo, te hago la misma pregunta con que la gente sabia del pueblo andaluz, la de Pericón de Cádiz y junto a la que crecí, retruca a quienes enfatizan dogmáticamente sus opiniones: «¿Uzté cree?»

BREVES                                                                                                              arriba  

Por Erasmo 

EL CONSEJERO DE JUSTICIA DESBARRA

Joseba Azcárraga, Consejero de Justicia del gobierno vasco, se ha permitido hacer unas declaraciones en las que dice que «con esta guerra, Aznar acumula uno más a la lista de sus crímenes». Crímenes que, según parece, ha cometido contra «el pueblo vasco».

Mal va la actividad política de un país cuando alguien con categoría de ministro se siente autorizado para decir estupideces, en vez de aportar argumentos. O la opinión pública lo admite, o el que lo dice la desdeña, pensando equivocadamente que lo admite. En cualquiera de ambos casos, la conclusión es de «apaga, y vámonos».

ZAPATERO SE EMPECINA

El líder de la oposición descalifica la labor del gobierno en estos siete años, tildándola de regresiva. ¿Será porque propugna volver a la corrupción generalizada, destruir cuatro millones de puestos de trabajo y poner la Seguridad Social en déficit de nuevo? Con una persona capaz de exigir con vehemencia que termine una guerra ya pasada, nunca se sabe.

LOS SUICIDAS SE DESVANECEN

Parece ser que Sadam retribuía con 10.000 dólares a las familias de cada suicida palestino. Y puede que a las organizaciones que los preparaban. ¿Se llevaría Arafat una comisión?

En cualquier caso, parece que la caída del Mecenas coincide con la desaparición de los atentados suicidas en Israel.

Si no fuese tan triste, sería para echarse a reír.

25 AÑOS EXITOSOS

En la entrevista en TV1, Aznar responde indirectamente a la pregunta de qué opina respecto a la intención de Mas de revisar la Constitución. Señala que esta Constitución ha permitido los 25 años más exitosos de la historia española, que nos han colocado en el 87% de la renta media de la UE.

Olvida que al principio de ese periodo, en 1975, estábamos ya en el 80%, y que en los primeros diez años, bajamos once puntos. Lo que, junto a los actuales enfrentamientos interregionales por culpa de los nacionalismos, permitiría sacar conclusiones menos satisfactorias acerca del potencial benefactor de la Constitución.

UN «ABERRI EGUNA» DESVAIDO, PESE A TODO

Aralar reúne en Pamplona unas doscientas personas, y AuB (el sucedáneo, por el momento, de Batasuna) unas quinientas, con motivo de la celebración del Aberri Eguna. Unos por la mañana y otros por la tarde, lo que hace pensar que algunos de los asistentes repetirían.

Arzallus se fue a Francia, a San Juan de Luz, a anunciar que «los vascos» están en guerra con España, no con Francia.

¿Qué será de ellos cuando ya no hagan ni ruido?

ARAFAT PROCURA SEGUIR ESTORBANDO

Arafat veta el gobierno del nuevo Jefe de Gobierno de la Autoridad palestina, Abu Mazen, porque éste pretende controlar los grupos terroristas.

Coherente, en ambos casos. El nuevo gobernante piensa y procura salir de la situación infernal en que están metidos los palestinos, evitando las causas que puede controlar. Y el viejo terrorista no puede consentir que se haga palpable su responsabilidad en ese infierno en que ha sumido a su pueblo, del que él está enriqueciéndose

LOS INSPECTORES PROTEGEN SU EMPLEO

El Sr. Blix pide que sus inspectores sean quienes busquen ahora las armas en Iraq. Y se burla de que los americanos no las hayan descubierto. Estos le dicen que, para inspeccionar, ellos. Y acumulan dirigentes «de la baraja» para que les oriente, además de emplear vehículos equipados con detectores «olfateadores» (con espectrómetros de masas).

Parece lógico que los inspectores defiendan su estupendo trabajo que les ha durado doce años, con sueldos y dietas ONU, y que no han producido nada.

APELACIÓN A VOTAR «COMO CIUDADANOS»

Zapatero pide a los españoles que tengan en cuenta su condición de ciudadanos conscientes, en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Significa que deben tener en cuenta la guerra de Iraq, a la hora de votar, tanto o más que sus intereses inmediatos.

Es una manifestación de su angustia por el hecho de que haya terminado la guerra mucho antes de lo que esperaba. Y de su equivocación doble: No enterarse de las fuerzas reales en juego, pero apostar fuerte por el bando perdedor.

IBARRECHE AMAGA UNA REBELIÓN

El lendakari vasco anuncia su negativa a acatar el fallo del TS sobre Batasuna, argumentando que el poder judicial no puede imponerse sobre el legislativo vasco. Nadie parece ponerse de acuerdo en qué viene ahora. Pero parece indudable que una pareja de la Guardia Civil debe arrestar a quien se opone a acatar decisiones judiciales ¿no?

UN CENTENARIO SILENCIADO

El del nacimiento de José Antonio ha sido silenciado no sólo por los medios oficiales, teóricamente controlados por un partido asustado con que le clasifiquen como «la derechona». También han colaborado los medios privados. Con la única excepción de La Razón, que le dedica dos días, y un breve artículo en el ABC, los demás periódicos omiten cualquier comentario. Ni siquiera en contra. Uno se pregunta si es decencia de no denigrar a alguien fallecido hace setenta años, o propósito de no dar ni una mínima posibilidad para que las nuevas generaciones sepan que existió. Y piensen en consecuencia.

INTRIGANTE EVOLUCIÓN CUBANA

La manifestación contra la represión en Cuba se salda con una decepcionante asistencia: La izquierda no estaba interesada, y la derecha no cree en esos gestos en nación extraña. Pero sirve para evidenciar la torticera tendencia de tergiversar malévolamente los términos. El embargo americano se transforma reiterada y deliberadamente en bloqueo. Como si la incapacidad del Régimen cubano para dar una a derechas en términos económicos se debiera a que las empresas americanas no comercian con Cuba. Sólo les queda a los pobres cubanos el resto del mundo para comerciar.

De todos modos, algo está cambiando en Cuba. La última aparición de Fidel Castro en TV sólo ha durado cuatro horas. Sus discurso de ocho y nueve horas, de atención obligada ya parecen ser historia.

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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