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Nº 123 - 28 de mayo de 2003 |
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CONTENIDO 1.
Primer
análisis de unas elecciones, por Millán Riva 2.
¿Hombre
libre o ciudadano?, por Dalmacio Negro 3.
Evocaciones
argentinas, por Antonio de Oarso 4.
Breves,
por Erasmo PRIMER
ANÁLISIS DE UNAS ELECCIONES Por
Millán Riva Se
ha zanjado ya, salvo flecos que pueden ser importantes sólo para elucidar
el resultado de la Comunidad de Madrid, las elecciones locales que más
pasión han suscitado en los últimos años. Pasión generada por el
planteamiento de las mismas por parte del equipo directivo del PSOE, que
decidió convertir el asunto del «Prestige» y la guerra de Irak en temas
cruciales. Una pasión que llevó a descalificación virulenta del PP por
parte de sus opositores, provocando ataques a sus sedes y militantes, y a
reclamar a toda la sociedad «echarle, porque no nos representa». Una
campaña insensata por parte de la izquierda, que no se recató de
encender hogueras que luego puede costar apagar. El
resultado ha sido decepcionante, afortunadamente, para quienes suscitaron
toda esa violencia: El PP ha perdido votos…, y ha ganado votos. Ha
perdido apoyo en muchos de los sitios en que gobernaba, pero no en grado
suficiente para perder el poder, en la mayoría de ellos. Ha perdido y
ganado localidades. Y no puede atribuirse el movimiento ni al ««Prestige»
(ha ganado en los sitios que más sufrieron por ello) ni a la guerra, que
prácticamente no ha parecido ningún efecto claramente atribuible. Mas
bien se ha detectado un cansancio de los electores con los gobernantes
conocidos. En algún caso, eso se ha resuelto con nuevas caras (casos de
Madrid o Burgos). En otros casos han vuelto las caras conocidas, aupadas
por el desastre de quien les sustituyó (caso de Baleares). Es
decir, la pretensión de los políticos de altura: convertir estas
elecciones locales y regionales en nacionales (algo planteado por la
izquierda y aceptado por Aznar) ha resultado desbaratado por la sensatez
de la gente, que votaba en su casa y por, o contra de, los conocidos. Se
demuestra con ello que la histeria de las manifestaciones estaba
localizada en un sector de la sociedad. Y con ello, el error de la dirección
socialista, que no puede apuntarse otro tanto serio que la alcaldía de
Zaragoza (perdida por el PP, por culpa del PHN, más que ganada por el
PSOE). Y la Comunidad de Madrid, si es que al final se decanta de su lado.
Si esta última la perdiesen también, la carrera política de Zapatero
podría haber llegado a su fin. Porque su éxito numérico de votos es
atribuible en gran parte al eficaz control de Bono y Rodríguez Ibarra
sobre sus Comunidades. En
el País Vasco, el PNV e IU han recogido parte del voto de EH, pero una
parte de éste se ha ido por las alcantarillas del voto nulo. Algo a
considerar para el futuro. La situación supone sólo un pequeño aumento
de los partidos nacionales, que dominarían la situación si se les
incorporase IU. Pero está claro que eso no va a suceder, y que el PNV
seguirá detentando el poder. Pero Ibarreche se encuentra con un horizonte
cerrado. Su pretensión separatista disgregará su Comunidad, si pretende
seguir esa vía. Navarra, además, se le escapa de forma definitiva. El
nacionalismo pierde votos allí, incluso en zonas vascófonas Cataluña
ha visto un retroceso no desdeñable de CiU y bastante mayor del PSC. Y un
crecimiento de los partidos extremistas de izquierda. Parece que el
electorado le haya dicho a Maragall que para locos, ya tiene a otros, no
le quieren a él en esos terrenos. El
conjunto ha mostrado una España bastante estable, ajena a las
estridencias políticas, y dividida en simpatías, pero menos enfrentada
de lo que las virulencias de hace un mes hacían suponer. Los políticos
debieran aprender a bajar el tono de sus intervenciones. Es difícil, o
incluso estúpido, extrapolar conclusiones de estos resultados acerca de
las próximas generales. En ellas se dirimirán aspectos económicos, que
ahora han sido omitidos, y habrá un nuevo candidato por el PP, con sus
criterios propios. E incluso cabe dudar acerca de si el candidato
socialista será Zapatero. Depende de las cavilaciones que haga la cúpula
del partido sobre la base de estos datos. ¿HOMBRE
LIBRE O CIUDADANO?
arriba Por
Dalmacio Negro
La
creencia en la obligación no sólo política sino también moral de votar
es uno de los vicios de la democracia a la europea. Impide la autoselección
de los votantes en función de intereses concretos, que actuaría como
correctivo sobre los políticos. Estos últimos se verían obligados a
tener más en cuenta la opinión pública de unos posibles electores
conscientes de sus intereses (entendiéndose la palabra interés en un
sentido amplio) y dispuestos a no votar a quienes, al menos aparentemente
no los satisfarían, si existiese la obligación de censarse explícitamente
para poder ejercer el derecho de votar. La aceptación del principio de un
censo específico para los que desean votar contribuiría a eliminar a
quienes dudan, no tienen ideas claras y votan sólo por esa creencia en
que se trata de una obligación política y/o moral, lo que les hace más
receptivos a las emociones y a las prácticas demagógicas de los políticos.
Esta condición de censarse previamente no constituye ciertamente una
garantía de la pulcritud ni de la excelencia del voto, pero puede
contribuir a mejorar la calidad de los electores. Desde luego mucho más
que el ridículo día de «reflexión». El
origen del actual sistema tiene, como suele ocurrir tantas veces, una
causa intelectual: la confusión entre el hombre libre y el ciudadano. Ésta
procede de Grecia. Los griegos descubrieron la política, la posibilidad
de arreglar los conflictos mediante la discusión, y en sus pequeñas
ciudades, los hombres libres que eran ciudadanos -que tenían el derecho
de ciudadanía- podían participar activamente en la vida política, en
las decisiones de interés común por afectar a toda la ciudad. De ahí se
llegó a la conclusión de que precisamente por eso los griegos eran
superiores a los demás pueblos, porque podían ser ciudadanos y el polités,
el ciudadano, pasó a ser considerado lo más a que podía aspirar un
hombre, por supuesto un hombre libre. Esta idealización antigua de la
idea de ciudadanía, redescubierta poco antes de la revolución francesa,
llevó efectivamente a ver en la condición de ciudadano no un derecho
sino una propiedad del hombre libre. Sobre todo Rousseau, que era
ciudadano de Ginebra, entonces una ciudad relativamente pequeña -de
religión calvinista, dato importante- exaltó al ciudadano de tal modo
que la revolución confundió el derecho a la ciudadanía con una
propiedad de la naturaleza humana sin cuyo reconocimiento no puede ser
libre. El
citoyen se convirtió así en el arquetipo del hombre civilizado en el que
la perfectibilidad de la raza humana alcanza su culminación. El ciudadano
es el hombre despojado de todo interés privado, que vive sólo para lo
universal, para la comunidad, la nación politizada como un conjunto de
ciudadanos que tienen una sola voluntad, la voluntad general, cuya voz es
la ley. El ciudadano es el hombre perfecto, dechado de virtudes cívicas,
que por eso participa en la revolución, en realidad la hace, dispuesto a
sacrificar todo por la colectividad. Ahora
bien, lo que da su carácter al ciudadano como citoyen es esa idealización
del polités griego combinada con la del cristiano calvinista, como en el
caso del propio Rousseau. Se vive la ciudadanía no como un derecho que se
puede tener y ejercitar, sino como un deber moral personal de velar sin
tregua por la realización de la justicia y el bien de la comunidad
nacional. Pues el citoyen, igual que el polités griego y el cristiano
calvinista, sobre todo si es ginebrino, pues en Ginebra asentó el
reformador Calvino su Iglesia-Estado-Nación, ve la vida política como un
modo de vivir comunitariamente, públicamente en detrimento si es preciso
de su vida privada. El citoyen es el hombre libre politizado, que más que
derechos tiene deberes. Impregnado del moralismo puritano calvinista tiene
que vivir ante todo para la política que es como vivir sólo para la
ciudad. El citoyen es un hombre que deja de ser libre a fuerza de ser
ciudadano, pues la libertad abarca muchas más cosas que la vida política.
Una
cosa es tener el derecho a ejercer la ciudadanía y otra muy distinta
tener el deber moral de ejercerla sin causa. EVOCACIONES
ARGENTINAS
arriba Por
Antonio de Oarso No
son derivadas de un conocimiento directo, pues nunca he visitado la
Argentina. Sin embargo, ya de muy niño, y a través de la Revista Billiken,
que llegaba de forma un tanto entrecortada a España, adquirí una
especial inclinación a ese país. El nombre de Buenos Aires me seducía
con ensoñaciones de libertad y vida pujante y nueva. En las páginas de
esta Revista trabé mi primer conocimiento con el Superman de la América
del Norte. Los colores de las distintas secciones eran de un suave tono
pastel. También me encontré, para mi turbación y por primera vez, con
muestras de animosidad hacia España. Se trataba de una página que
narraba la historia de la independencia argentina. Los personajes españoles
eran generalmente sombríos y crueles. Aún con tan pocos años, creí
percibir que se trataba de una pintura comprensiblemente interesada. Los
argentinos se estaban independizando y era natural que pensasen que se
independizaban de algo malo. Más adelante comprendí que había algo más
que esto. Luego
vinieron lecturas de «Hugo Wast». Recuerdo el día en que mi padre llegó
a casa con el volumen de las obras completas de este escritor. A través
de sus páginas, se renovó mi sugestión de tierras lejanas, libres y
bellas, oreadas por un aire fresco y salutífero (Buenos Aires). Con una
diferencia que entonces no tuve en cuenta. Wast no siente resentimiento
hacia España. Al contrario, la elogia. Un
personaje de sus obras viene siempre a mi recuerdo: el sargento Chaparro.
Metido de lleno en los avatares de la independencia, por la que lucha, era
hombre acostumbrado a jurar. Pero, admirando la conducta de un cura español,
amigo entrañable suyo, acaba siguiendo su costumbre de proferir uno de
los loores de la Letanía a la Virgen en momentos críticos. Así lo hace
también Chaparro a través de sus aventuras, dándose la circunstancia
humorística de que las atribuciones virginales exclamadas siempre tienen
alguna relación, siquiera lejana, con la situación sobrevenida. Ahora,
Hugo Wast, como Manuel Gálvez, Enrique Larreta y otros, está proscrito
en Argentina. Los autores hispanófilos, católicos y tradicionalistas son
despreciados comúnmente. Además, Hugo Wast demostró muy poca simpatía
por los judíos en alguna de sus obras. Lo más a propósito para ser
marginado. Por
aquella época estaban de moda en España las películas del cómico
argentino Luis Sandrini. Que yo recuerde, este actor tenía mucha gracia,
y sabía también componer muy bien momentos dramáticos. Era un gran
actor. Exageraba el acento argentino y exprimía a fondo la expresividad
de su rostro, provocando el regocijo. El acento argentino: para mí, el más
agradable de los acentos hispánicos. Ya sé que a otros no les gusta.
Pero no es mi caso. A
estas alturas de mi escrito, algún argentino, de la clase de los
petulantes, podría decirme: «¿Y esa es la idea que tiene usted de la
Argentina: Billiken, Hugo Wast y Luis Sandrini? Pero eso es de risa, che».
De acuerdo, pero objetos y personas modestos pueden tener un gran poder de
evocación, mucho más que el conocimiento a fondo de la economía y
sociología de un país. Además, está el tango, otra de mis aficiones
(no el baile, sino la música). ¿Tiene Argentina algo más expresivo de
su ser que el tango? La melancolía, el aparente derrotismo del argentino,
tan peculiares, están en el tango. Algunos
encuentran el origen de esta tristeza, de esta nostalgia, en la pérdida
de identidad del hombre argentino producida por la inmigración masiva. Se
lamentarían los argentinos de que una Argentina, sin duda idealizada por
su imaginación, se perdió con la llegada de tanto extranjero. Una búsqueda
de la identidad perdida estaría condenada siempre a contrastarse con la
cruel realidad. Hay mucho de romanticismo en esta actitud. Me
aficioné más tarde a la colección de novelas policíacas «El séptimo
círculo», editada por Emecé, de Buenos Aires. Creo que es la mejor
colección de este género. La especial selección de títulos y autores
apuntaba a un criterio muy estricto, definido, singular. En aquella época
no me decía nada que en la anteportada de los tomos viniera escrito: «Colección
dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares». Más tarde, cuando
estos escritores adquirieron fama internacional, sobre todo el primero, y
leí a Borges y algo de Bioy Casares, comprendí que aquella colección
llevaba su impronta y que a ésta había que atribuirle su peculiar
encanto. Aparte
de Borges y Bioy Casares, también leí a Julio Cortázar y Ernesto Sábato. He citado a la clase
de los petulantes. Cierto orgullo, cierta petulancia, son defectos
bastante extendidos en los argentinos, lo que les resulta compatible (¿herencia
hispana?) con el hablar constantemente mal de su país. Pero esto último
ocurre de puertas adentro con preferencia. Ante el extranjero surge el
orgullo. Es muy frecuente que desdeñen a España. ¿De dónde surge esto?
De la época de las vacas gordas, de la época en que fueron una gran
potencia económica, se desarrollaron y se europeizaron. De la época de
las elites capitalistas liberal-conservadoras, que gobernaron el país
desde la caída de Rosas y la Constitución de 1853, liberal y democrática,
calcada del mundo anglosajón. Estela
Canto, en sus recuerdos de Borges, plasmados en «Borges a contraluz»,
nos habla de las familias argentinas bien situadas de finales del XIX,
para las que era obligada la visita a Europa. La visita a España era
breve, pues no era de buen tono detenerse mucho tiempo «en aquél país
tan pobre, comparado con la Argentina, tan rica» (¡qué dirían ahora!).
Su destino preferente era París, al que deseaban imitar en todo, considerándolo
el culmen del refinamiento. Tanto es así que quisieron hacer de Buenos
Aires el París de América. Hasta un cierto grado lo consiguieron, pues
la Argentina es el país más culto y refinado de Iberoamérica y esto
irradia de la capital. Pero
ya en 1916, cuando llegó al poder Hipólito Yrigoyen, comenzaba a
inquietar a los argentinos la cuestión de la identidad. Sentían que la
iban perdiendo, debido a la enorme masa de inmigrantes que había llegado
a su país y seguía llegando. ¿Surgió entonces la nostalgia del pasado,
la melancolía que tanto caracteriza a los argentinos? Podría
hablarse de tres Argentinas: la que sucedió a la independencia y alcanzó
hasta la Constitución de 1853, y que conservaba los valores hispánicos;
la liberal, a partir de esta Constitución, despreciadora de lo hispano y ensalzadora
de lo europeo y anglosajón; y la de la inmigración que desde 1880 fue
inundando el país (y que en 1945 supo catalizar Perón). Estas distintas
sociedades coexistieron y se mezclaron, y aún perduran en un conglomerado
que elude simplificaciones. La petulancia surgió de la sociedad liberal y
europeísta, y no sé si algo contaminó al resto.
Ya
se sabe que del refinamiento a la cursilería sólo hay un paso. Y si los
franceses algunas veces lo dan, qué me dirán de los argentinos. Borges
no era un afrancesado. Su inclinación era hacia lo inglés. Una de sus «boutades»
consistió en decir que había comprobado que El
Quijote ganaba bastante en una traducción al inglés que había leído.
Cuando le recordaron esto al escritor Javier Pérez Reverte, dijo: «Borges
era algo gilipollas». Es una forma de hablar. Yo aprecio a Borges, pero
entiendo a Pérez Reverte. La
última impertinencia proveniente de un argentino infatuado me ha llegado
en un artículo de un tal Jorge Elías en el diario bonaerense La
Nación. El artículo va flanqueado de una caricatura en la que
aparecen de pie como figuras de baraja, Bush con atributos reales y Aznar,
a su lado, en tamaño más reducido con traje de infante. A los dos lados,
yacen los cuerpos de Fox y Chirac, también infantes. Bush sostiene con su
mano levantada el signo del palo de oros. El epígrafe reza: El
oro y el moro. La
alusión a que Aznar no es propiamente europeo, sino que pertenece a la
morería, resultaría difícilmente creíble, si no fuera porque el
contenido del artículo la confirma, exponiendo la teoría de que Bush,
después de la guerra del Irak, está optando por desechar a los aliados
dudosos, premiando a los fieles, y que ha decidido promocionar en Europa a
Polonia (?) en detrimento de Alemania y Francia. La sorpresa inicial
desaparece cuando uno comprende que para Elías, no siendo España un país
realmente europeo, no tiene por qué ser citada. Al
Sr. Elías no se le podrá decir que si «África comienza en los Pirineos»,
como parece dar por sentado, no terminaría precisamente en el Cabo de
Buena Esperanza, sino en el Cabo de Hornos; ya que la dependencia cultural
de Iberoamérica respecto de sus antiguas metrópolis, así lo determinaría.
Y digo que no se le podrá decir esto, porque está claro que contestaría
con mucho dengue: «A los argentinos no nos concierne. Nosotros somos
especiales. Somos europeos». A
este sentimiento peculiar de «quiero y no puedo» de algunos argentinos
se le hace muy cuesta arriba admitir que España sea uno de los más
importantes países de la Unión Europea, a la que obviamente Argentina
nunca pertenecerá. En
fin, Pérez Reverte encontraría la palabra adecuada y precisa. Dejémoslo
así. Es una suerte que
muchos argentinos sean más equilibrados, menos desquiciados en su pensar
y su sentir. BREVES
arriba Por
Erasmo COHERENCIA
DE PAREJA EN EL FILICIDIO
La
madre de la niña gallega de dos años, violada y muerta por su «padrastro
sentimental» ha declarado que está esperando otro hijo y no soporta
estar gestando otro hijo de tal hombre. Por lo que ha anunciado su propósito
de abortar. De
asesino, a asesina. Tal para cual. El uno mató a una persona de treinta
meses; la otra anuncia su decisión de matar a otra con dos o tres meses.
Y con la aceptación tácita de la sociedad, que «respeta y comprende». ¡Oh,
la legalidad! OTRA
«COHERENCIA» Jesús
Caldera, en declaraciones urgidas por la campaña, denuncia electoralismo
en el PP, por anunciar la nueva Ley de Extranjería en plena campaña,
municipal y autonómica. Advierte que esa Ley no compete para nada a los
Ayuntamientos y Comunidades sino a las Cortes Nacionales. Irrefutable. Otra
cosa es la guerra de Irak, tan mencionada por el PSOE; que es un tema que
inquieta profundamente a los españoles, como se sabe. No hay candidato
socialista o comunista a Alcalde que no plantee su decisión de acabarla
como primer acto tras su investidura, según dan a entender sus máximos
dirigentes. Eso sí es pertinente, según parece. Y
ESTA, DIVERTIDA
En
nota publicitaria en un periódico, una empresa de Alcobendas (Madrid)
anuncia que «el Ayuntamiento de Alcobendas reconoce la labor empresarial
por la igualdad en el trabajo y otorga el primer premio a la integración
de las mujeres […] a la empresa X […] en la que todos
los puestos de trabajo están ocupados exclusivamente por mujeres». ¡Oh,
La igualdad y la lucha contra la discriminación sexual! EL
UNIFORME DE LA ETA Los
tres portavoces de Eta que manifestaron la opinión de la banda en su última
aparición en la ETB, iban encapuchados. No se sabe ante quién
presentaron los documentos autentificadores de su portavocía. Pero no
cabe duda de que eran de la banda: Se habían puesto una boina encima de
la capucha. Si
no fuese porque matan, nos moriríamos de risa. LA
VILEZA DE UN ASPIRANTE A JEFE DE GOBIERNO Tras
la salvajada de Casablanca, Zapatero acusa a Aznar de haber puesto a España
en la lista de los terroristas islámicos, al haberse aliado con Bush. Comete
la vileza de insinuar que hay que mirar a otro lado cuando actúan
terroristas, para evitar que nos anoten como enemigos. Hay que dejar que
otros nos saquen las castañas del fuego. Propone una cobardía nacional.
Insinúa que no hay que enfrentarse con los terroristas. Da a entender que
éstos tienen razón para actuar como actúan… ¿Y
este hombre quiere tener la máxima responsabilidad de gobierno de España? ¡Qué
degradación nacional! LA
HORA DE LA VERDAD El
Tribunal Supremo ordena al Parlamento vasco disolver el grupo heredero de
Batasuna. Atucha
tendrá que encarar si acata la Ley o se coloca en rebeldía Y
Aznar tendrá que decidir, si Atucha elige lo segundo, qué hacer para
imponer la legalidad. Pero
no es probable que el PNV abandone la casa caliente. Eso de echarse al
monte está bien sólo para los discursos. Las cuentas corrientes son
incompatibles con la vida montaraz. LA
1483 El
Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado por unanimidad (excepto Siria,
que no asistió) esa resolución que declara el levantamiento de sanciones
a Irak y la consagración de USA e Inglaterra como administradoras durante
la reconstrucción. Con
ello se consagra la aceptación de la realidad. Francia, Alemania y Rusia
abandonan su infructuosa postura antiamericana, reconocen su incapacidad
de influencia y ceden la decisión a quien domina la situación. Se
demuestra que España tomó el partido adecuado. Queda en evidencia el
histrionismo de Zapatero, capaz de confundirse radicalmente en la evaluación
de la situación internacional… ¿Se
enteran de todo ello en España esos que aún escriben y gritan ¡PP,
asesinos!? EL
GENERAL FRANKS SE RETIRA El
general que dirigió la ofensiva contra Sadam con gran eficacia y economía
de bajas; el que ha demostrado la hegemonía militar absoluta americana;
el que ha hecho enmudecer a quienes vaticinaban una larga y cruenta campaña,
que exigiría mayor potencial bélico, se retira. Lo
hace sin desfile triunfal por Manhattan, a diferencia de cómo terminó la
primera guerra del Golfo. Y con la gente aún estupefacta de cómo se
desvaneció en el desierto la encarnizada resistencia que vaticinaban los
«enterados». Es
de suponer que no quiere dirigir la complicada operación de policía en
que se ha convertido ahora la reorganización de Irak. SESENTA
Y DOS MILITARES MUEREN EN UN DÍA INADECUADO Sesenta
y dos militares españoles mueren en accidente aéreo en Turquía, al
regresar de un servicio en Afganistán. Y mueren en la noche de recuento
de las elecciones. Ni se les considera, prácticamente, en los
informativos, dominados por el apasionamiento político. Se
tratará de ellos, y de las circunstancias del accidente, cuando baje la
temperatura política. Resulta cruel, aunque sea explicable. EL
VOTANTE VERGONZANTE Las
primeras encuestas a pié de urna lanzaron a las nubes a los dirigentes
del PSOE e IU. Los datos oficiales les fueron bajando de ellas. Se
demuestra que el español tiene poco respeto a los encuestadores, y no
tiene reparo en mentirles, por los motivos que sean. Pero también se
demuestra que el votante derechista es particularmente reacio a dar a
conocer sus preferencias. El clima cultural, o seudocultural, dominante
les descalifica. Y reaccionan apartándose del tiroteo. Nuestra
sociedad debe vigilar esa descalificación de «los otros». No produce
sino distanciamiento y fractura social, que puede llegar a ser grave. LA
COSTRA DE LOS VASQUISTAS ES DURA DE ROER El
esfuerzo de los españoles titulados como «constitucionalistas» erosiona
lentamente el tinglado nacionalista y aumenta el porcentaje de voto
opuesto a las locuras del PNV. Pero demasiado lentamente, para lo que cabría
esperar de la situación tan grave que encaran. El heroísmo que derrochan
recibe una parca recompensa en cada elección. Parece incomprensible que
los ciudadanos de una sociedad tan encanallada con la aceptación de
salvajadas, tarden tanto en caerse del caballo. Se ve que el heroísmo
probado de esos españoles demuestra tiene aneja la virtud, tan encomiable
o más, de la tenacidad. LOS
ARAGONESES HACEN HONOR A SU TÓPICO El
PP parece haber sufrido en Zaragoza los efectos de la oposición al Plan
Hidrológico Nacional. Los aragoneses, que han protagonizado diversas
manifestaciones multitudinarias contra el mismo, se han negado a sostener
en el poder a un partido que honraba los intereses nacionales sobre los
miedos o las reservas regionales. El PP ha perdido el poder que tenía
desde hace años, basado en la realidad actual y el talante de la sociedad
aragonesa. Y lo ha perdido no tanto en manos del PSOE como en manos de la
Chunta, extraño grupo que intenta radicalizar Aragón apelando a sus tópicos
de tozudez y sequía secular. Aragón es ahora mucho más que los tópicos
(la dinámica ciudad de Zaragoza es hoy más de la mitad de Aragón), pero
la política ofusca incluso a las mentes más lúcidas. AQUÍ
NADIE DA SU BRAZO A TORCER Los
resultados globales de las elecciones demuestran que, pase lo que pase, y
se gobierne como se gobierne, en nuestra Nación no se dan vuelcos
importantes de votos. Los cambios derivan de incorporaciones de nuevos
votantes o de un pequeño porcentaje volátil, capaz de cambiar de bando.
Pero el grueso de los votantes es leal a su bando. Parece elogiable, como
muestra de la «lealtad hispana», ya elogiada cuando Sertorio andaba por
nuestras tierras. No lo es tanto, si se pide a los ciudadanos una
vivacidad para enjuiciar lo que ocurre a su alrededor y actuar en
consecuencia. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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