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  Nº 123 - 28 de mayo de 2003

   CONTENIDO           

1. Primer análisis de unas elecciones, por Millán Riva

2. ¿Hombre libre o ciudadano?, por Dalmacio Negro

3. Evocaciones argentinas, por Antonio de Oarso

4. Breves, por Erasmo

PRIMER ANÁLISIS DE UNAS ELECCIONES

Por Millán Riva

Se ha zanjado ya, salvo flecos que pueden ser importantes sólo para elucidar el resultado de la Comunidad de Madrid, las elecciones locales que más pasión han suscitado en los últimos años. Pasión generada por el planteamiento de las mismas por parte del equipo directivo del PSOE, que decidió convertir el asunto del «Prestige» y la guerra de Irak en temas cruciales. Una pasión que llevó a descalificación virulenta del PP por parte de sus opositores, provocando ataques a sus sedes y militantes, y a reclamar a toda la sociedad «echarle, porque no nos representa». Una campaña insensata por parte de la izquierda, que no se recató de encender hogueras que luego puede costar apagar.

El resultado ha sido decepcionante, afortunadamente, para quienes suscitaron toda esa violencia: El PP ha perdido votos…, y ha ganado votos. Ha perdido apoyo en muchos de los sitios en que gobernaba, pero no en grado suficiente para perder el poder, en la mayoría de ellos. Ha perdido y ganado localidades. Y no puede atribuirse el movimiento ni al ««Prestige» (ha ganado en los sitios que más sufrieron por ello) ni a la guerra, que prácticamente no ha parecido ningún efecto claramente atribuible. Mas bien se ha detectado un cansancio de los electores con los gobernantes conocidos. En algún caso, eso se ha resuelto con nuevas caras (casos de Madrid o Burgos). En otros casos han vuelto las caras conocidas, aupadas por el desastre de quien les sustituyó (caso de Baleares).

Es decir, la pretensión de los políticos de altura: convertir estas elecciones locales y regionales en nacionales (algo planteado por la izquierda y aceptado por Aznar) ha resultado desbaratado por la sensatez de la gente, que votaba en su casa y por, o contra de, los conocidos. Se demuestra con ello que la histeria de las manifestaciones estaba localizada en un sector de la sociedad. Y con ello, el error de la dirección socialista, que no puede apuntarse otro tanto serio que la alcaldía de Zaragoza (perdida por el PP, por culpa del PHN, más que ganada por el PSOE). Y la Comunidad de Madrid, si es que al final se decanta de su lado. Si esta última la perdiesen también, la carrera política de Zapatero podría haber llegado a su fin. Porque su éxito numérico de votos es atribuible en gran parte al eficaz control de Bono y Rodríguez Ibarra sobre sus Comunidades.

En el País Vasco, el PNV e IU han recogido parte del voto de EH, pero una parte de éste se ha ido por las alcantarillas del voto nulo. Algo a considerar para el futuro. La situación supone sólo un pequeño aumento de los partidos nacionales, que dominarían la situación si se les incorporase IU. Pero está claro que eso no va a suceder, y que el PNV seguirá detentando el poder. Pero Ibarreche se encuentra con un horizonte cerrado. Su pretensión separatista disgregará su Comunidad, si pretende seguir esa vía. Navarra, además, se le escapa de forma definitiva. El nacionalismo pierde votos allí, incluso en zonas vascófonas

Cataluña ha visto un retroceso no desdeñable de CiU y bastante mayor del PSC. Y un crecimiento de los partidos extremistas de izquierda. Parece que el electorado le haya dicho a Maragall que para locos, ya tiene a otros, no le quieren a él en esos terrenos.

El conjunto ha mostrado una España bastante estable, ajena a las estridencias políticas, y dividida en simpatías, pero menos enfrentada de lo que las virulencias de hace un mes hacían suponer. Los políticos debieran aprender a bajar el tono de sus intervenciones. Es difícil, o incluso estúpido, extrapolar conclusiones de estos resultados acerca de las próximas generales. En ellas se dirimirán aspectos económicos, que ahora han sido omitidos, y habrá un nuevo candidato por el PP, con sus criterios propios. E incluso cabe dudar acerca de si el candidato socialista será Zapatero. Depende de las cavilaciones que haga la cúpula del partido sobre la base de estos datos.

¿HOMBRE LIBRE O CIUDADANO?                                                             arriba

 Por Dalmacio Negro

La creencia en la obligación no sólo política sino también moral de votar es uno de los vicios de la democracia a la europea. Impide la autoselección de los votantes en función de intereses concretos, que actuaría como correctivo sobre los políticos. Estos últimos se verían obligados a tener más en cuenta la opinión pública de unos posibles electores conscientes de sus intereses (entendiéndose la palabra interés en un sentido amplio) y dispuestos a no votar a quienes, al menos aparentemente no los satisfarían, si existiese la obligación de censarse explícitamente para poder ejercer el derecho de votar. La aceptación del principio de un censo específico para los que desean votar contribuiría a eliminar a quienes dudan, no tienen ideas claras y votan sólo por esa creencia en que se trata de una obligación política y/o moral, lo que les hace más receptivos a las emociones y a las prácticas demagógicas de los políticos. Esta condición de censarse previamente no constituye ciertamente una garantía de la pulcritud ni de la excelencia del voto, pero puede contribuir a mejorar la calidad de los electores. Desde luego mucho más que el ridículo día de «reflexión».

El origen del actual sistema tiene, como suele ocurrir tantas veces, una causa intelectual: la confusión entre el hombre libre y el ciudadano.

Ésta procede de Grecia. Los griegos descubrieron la política, la posibilidad de arreglar los conflictos mediante la discusión, y en sus pequeñas ciudades, los hombres libres que eran ciudadanos -que tenían el derecho de ciudadanía- podían participar activamente en la vida política, en las decisiones de interés común por afectar a toda la ciudad. De ahí se llegó a la conclusión de que precisamente por eso los griegos eran superiores a los demás pueblos, porque podían ser ciudadanos y el polités, el ciudadano, pasó a ser considerado lo más a que podía aspirar un hombre, por supuesto un hombre libre. Esta idealización antigua de la idea de ciudadanía, redescubierta poco antes de la revolución francesa, llevó efectivamente a ver en la condición de ciudadano no un derecho sino una propiedad del hombre libre. Sobre todo Rousseau, que era ciudadano de Ginebra, entonces una ciudad relativamente pequeña -de religión calvinista, dato importante- exaltó al ciudadano de tal modo que la revolución confundió el derecho a la ciudadanía con una propiedad de la naturaleza humana sin cuyo reconocimiento no puede ser libre.

El citoyen se convirtió así en el arquetipo del hombre civilizado en el que la perfectibilidad de la raza humana alcanza su culminación. El ciudadano es el hombre despojado de todo interés privado, que vive sólo para lo universal, para la comunidad, la nación politizada como un conjunto de ciudadanos que tienen una sola voluntad, la voluntad general, cuya voz es la ley. El ciudadano es el hombre perfecto, dechado de virtudes cívicas, que por eso participa en la revolución, en realidad la hace, dispuesto a sacrificar todo por la colectividad.

Ahora bien, lo que da su carácter al ciudadano como citoyen es esa idealización del polités griego combinada con la del cristiano calvinista, como en el caso del propio Rousseau. Se vive la ciudadanía no como un derecho que se puede tener y ejercitar, sino como un deber moral personal de velar sin tregua por la realización de la justicia y el bien de la comunidad nacional. Pues el citoyen, igual que el polités griego y el cristiano calvinista, sobre todo si es ginebrino, pues en Ginebra asentó el reformador Calvino su Iglesia-Estado-Nación, ve la vida política como un modo de vivir comunitariamente, públicamente en detrimento si es preciso de su vida privada. El citoyen es el hombre libre politizado, que más que derechos tiene deberes. Impregnado del moralismo puritano calvinista tiene que vivir ante todo para la política que es como vivir sólo para la ciudad. El citoyen es un hombre que deja de ser libre a fuerza de ser ciudadano, pues la libertad abarca muchas más cosas que la vida política.

Una cosa es tener el derecho a ejercer la ciudadanía y otra muy distinta tener el deber moral de ejercerla sin causa.

EVOCACIONES ARGENTINAS                                                                     arriba

 Por Antonio de Oarso

No son derivadas de un conocimiento directo, pues nunca he visitado la Argentina. Sin embargo, ya de muy niño, y a través de la Revista Billiken, que llegaba de forma un tanto entrecortada a España, adquirí una especial inclinación a ese país. El nombre de Buenos Aires me seducía con ensoñaciones de libertad y vida pujante y nueva. En las páginas de esta Revista trabé mi primer conocimiento con el Superman de la América del Norte. Los colores de las distintas secciones eran de un suave tono pastel. También me encontré, para mi turbación y por primera vez, con muestras de animosidad hacia España. Se trataba de una página que narraba la historia de la independencia argentina. Los personajes españoles eran generalmente sombríos y crueles. Aún con tan pocos años, creí percibir que se trataba de una pintura comprensiblemente interesada. Los argentinos se estaban independizando y era natural que pensasen que se independizaban de algo malo. Más adelante comprendí que había algo más que esto.

Luego vinieron lecturas de «Hugo Wast». Recuerdo el día en que mi padre llegó a casa con el volumen de las obras completas de este escritor. A través de sus páginas, se renovó mi sugestión de tierras lejanas, libres y bellas, oreadas por un aire fresco y salutífero (Buenos Aires). Con una diferencia que entonces no tuve en cuenta. Wast no siente resentimiento hacia España. Al contrario, la elogia.

Un personaje de sus obras viene siempre a mi recuerdo: el sargento Chaparro. Metido de lleno en los avatares de la independencia, por la que lucha, era hombre acostumbrado a jurar. Pero, admirando la conducta de un cura español, amigo entrañable suyo, acaba siguiendo su costumbre de proferir uno de los loores de la Letanía a la Virgen en momentos críticos. Así lo hace también Chaparro a través de sus aventuras, dándose la circunstancia humorística de que las atribuciones virginales exclamadas siempre tienen alguna relación, siquiera lejana, con la situación sobrevenida.

Ahora, Hugo Wast, como Manuel Gálvez, Enrique Larreta y otros, está proscrito en Argentina. Los autores hispanófilos, católicos y tradicionalistas son despreciados comúnmente. Además, Hugo Wast demostró muy poca simpatía por los judíos en alguna de sus obras. Lo más a propósito para ser marginado.

Por aquella época estaban de moda en España las películas del cómico argentino Luis Sandrini. Que yo recuerde, este actor tenía mucha gracia, y sabía también componer muy bien momentos dramáticos. Era un gran actor. Exageraba el acento argentino y exprimía a fondo la expresividad de su rostro, provocando el regocijo. El acento argentino: para mí, el más agradable de los acentos hispánicos. Ya sé que a otros no les gusta. Pero no es mi caso.

A estas alturas de mi escrito, algún argentino, de la clase de los petulantes, podría decirme: «¿Y esa es la idea que tiene usted de la Argentina: Billiken, Hugo Wast y Luis Sandrini? Pero eso es de risa, che». De acuerdo, pero objetos y personas modestos pueden tener un gran poder de evocación, mucho más que el conocimiento a fondo de la economía y sociología de un país. Además, está el tango, otra de mis aficiones (no el baile, sino la música). ¿Tiene Argentina algo más expresivo de su ser que el tango? La melancolía, el aparente derrotismo del argentino, tan peculiares, están en el tango.

Algunos encuentran el origen de esta tristeza, de esta nostalgia, en la pérdida de identidad del hombre argentino producida por la inmigración masiva. Se lamentarían los argentinos de que una Argentina, sin duda idealizada por su imaginación, se perdió con la llegada de tanto extranjero. Una búsqueda de la identidad perdida estaría condenada siempre a contrastarse con la cruel realidad. Hay mucho de romanticismo en esta actitud.

Me aficioné más tarde a la colección de novelas policíacas «El séptimo círculo», editada por Emecé, de Buenos Aires. Creo que es la mejor colección de este género. La especial selección de títulos y autores apuntaba a un criterio muy estricto, definido, singular. En aquella época no me decía nada que en la anteportada de los tomos viniera escrito: «Colección dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares». Más tarde, cuando estos escritores adquirieron fama internacional, sobre todo el primero, y leí a Borges y algo de Bioy Casares, comprendí que aquella colección llevaba su impronta y que a ésta había que atribuirle su peculiar encanto.

Aparte de Borges y Bioy Casares, también leí a Julio Cortázar y Ernesto Sábato.

He citado a la clase de los petulantes. Cierto orgullo, cierta petulancia, son defectos bastante extendidos en los argentinos, lo que les resulta compatible (¿herencia hispana?) con el hablar constantemente mal de su país. Pero esto último ocurre de puertas adentro con preferencia. Ante el extranjero surge el orgullo. Es muy frecuente que desdeñen a España. ¿De dónde surge esto? De la época de las vacas gordas, de la época en que fueron una gran potencia económica, se desarrollaron y se europeizaron. De la época de las elites capitalistas liberal-conservadoras, que gobernaron el país desde la caída de Rosas y la Constitución de 1853, liberal y democrática, calcada del mundo anglosajón.

Estela Canto, en sus recuerdos de Borges, plasmados en «Borges a contraluz», nos habla de las familias argentinas bien situadas de finales del XIX, para las que era obligada la visita a Europa. La visita a España era breve, pues no era de buen tono detenerse mucho tiempo «en aquél país tan pobre, comparado con la Argentina, tan rica» (¡qué dirían ahora!). Su destino preferente era París, al que deseaban imitar en todo, considerándolo el culmen del refinamiento. Tanto es así que quisieron hacer de Buenos Aires el París de América. Hasta un cierto grado lo consiguieron, pues la Argentina es el país más culto y refinado de Iberoamérica y esto irradia de la capital.

Pero ya en 1916, cuando llegó al poder Hipólito Yrigoyen, comenzaba a inquietar a los argentinos la cuestión de la identidad. Sentían que la iban perdiendo, debido a la enorme masa de inmigrantes que había llegado a su país y seguía llegando. ¿Surgió entonces la nostalgia del pasado, la melancolía que tanto caracteriza a los argentinos?

Podría hablarse de tres Argentinas: la que sucedió a la independencia y alcanzó hasta la Constitución de 1853, y que conservaba los valores hispánicos; la liberal, a partir de esta Constitución, despreciadora de lo hispano y ensalzadora de lo europeo y anglosajón; y la de la inmigración que desde 1880 fue inundando el país (y que en 1945 supo catalizar Perón). Estas distintas sociedades coexistieron y se mezclaron, y aún perduran en un conglomerado que elude simplificaciones. La petulancia surgió de la sociedad liberal y europeísta, y no sé si algo contaminó al resto. 

Ya se sabe que del refinamiento a la cursilería sólo hay un paso. Y si los franceses algunas veces lo dan, qué me dirán de los argentinos. Borges no era un afrancesado. Su inclinación era hacia lo inglés. Una de sus «boutades» consistió en decir que había comprobado que El Quijote ganaba bastante en una traducción al inglés que había leído. Cuando le recordaron esto al escritor Javier Pérez Reverte, dijo: «Borges era algo gilipollas». Es una forma de hablar. Yo aprecio a Borges, pero entiendo a Pérez Reverte.

La última impertinencia proveniente de un argentino infatuado me ha llegado en un artículo de un tal Jorge Elías en el diario bonaerense La Nación. El artículo va flanqueado de una caricatura en la que aparecen de pie como figuras de baraja, Bush con atributos reales y Aznar, a su lado, en tamaño más reducido con traje de infante. A los dos lados, yacen los cuerpos de Fox y Chirac, también infantes. Bush sostiene con su mano levantada el signo del palo de oros. El epígrafe reza: El oro y el moro.

La alusión a que Aznar no es propiamente europeo, sino que pertenece a la morería, resultaría difícilmente creíble, si no fuera porque el contenido del artículo la confirma, exponiendo la teoría de que Bush, después de la guerra del Irak, está optando por desechar a los aliados dudosos, premiando a los fieles, y que ha decidido promocionar en Europa a Polonia (?) en detrimento de Alemania y Francia. La sorpresa inicial desaparece cuando uno comprende que para Elías, no siendo España un país realmente europeo, no tiene por qué ser citada.

Al Sr. Elías no se le podrá decir que si «África comienza en los Pirineos», como parece dar por sentado, no terminaría precisamente en el Cabo de Buena Esperanza, sino en el Cabo de Hornos; ya que la dependencia cultural de Iberoamérica respecto de sus antiguas metrópolis, así lo determinaría. Y digo que no se le podrá decir esto, porque está claro que contestaría con mucho dengue: «A los argentinos no nos concierne. Nosotros somos especiales. Somos europeos».

A este sentimiento peculiar de «quiero y no puedo» de algunos argentinos se le hace muy cuesta arriba admitir que España sea uno de los más importantes países de la Unión Europea, a la que obviamente Argentina nunca pertenecerá.

En fin, Pérez Reverte encontraría la palabra adecuada y precisa. Dejémoslo así.

Es una suerte que muchos argentinos sean más equilibrados, menos desquiciados en su pensar y su sentir.

BREVES                                                                                                              arriba

 Por Erasmo

COHERENCIA DE PAREJA EN EL FILICIDIO

La madre de la niña gallega de dos años, violada y muerta por su «padrastro sentimental» ha declarado que está esperando otro hijo y no soporta estar gestando otro hijo de tal hombre. Por lo que ha anunciado su propósito de abortar.

De asesino, a asesina. Tal para cual. El uno mató a una persona de treinta meses; la otra anuncia su decisión de matar a otra con dos o tres meses. Y con la aceptación tácita de la sociedad, que «respeta y comprende».

¡Oh, la legalidad!

OTRA «COHERENCIA»

Jesús Caldera, en declaraciones urgidas por la campaña, denuncia electoralismo en el PP, por anunciar la nueva Ley de Extranjería en plena campaña, municipal y autonómica. Advierte que esa Ley no compete para nada a los Ayuntamientos y Comunidades sino a las Cortes Nacionales.

Irrefutable.

Otra cosa es la guerra de Irak, tan mencionada por el PSOE; que es un tema que inquieta profundamente a los españoles, como se sabe. No hay candidato socialista o comunista a Alcalde que no plantee su decisión de acabarla como primer acto tras su investidura, según dan a entender sus máximos dirigentes. Eso sí es pertinente, según parece.

Y ESTA, DIVERTIDA

En nota publicitaria en un periódico, una empresa de Alcobendas (Madrid) anuncia que «el Ayuntamiento de Alcobendas reconoce la labor empresarial por la igualdad en el trabajo y otorga el primer premio a la integración de las mujeres […] a la empresa X […] en la que todos los puestos de trabajo están ocupados exclusivamente por mujeres».

¡Oh, La igualdad y la lucha contra la discriminación sexual!

EL UNIFORME DE LA ETA

Los tres portavoces de Eta que manifestaron la opinión de la banda en su última aparición en la ETB, iban encapuchados. No se sabe ante quién presentaron los documentos autentificadores de su portavocía. Pero no cabe duda de que eran de la banda: Se habían puesto una boina encima de la capucha.

Si no fuese porque matan, nos moriríamos de risa.

LA VILEZA DE UN ASPIRANTE A JEFE DE GOBIERNO

Tras la salvajada de Casablanca, Zapatero acusa a Aznar de haber puesto a España en la lista de los terroristas islámicos, al haberse aliado con Bush.

Comete la vileza de insinuar que hay que mirar a otro lado cuando actúan terroristas, para evitar que nos anoten como enemigos. Hay que dejar que otros nos saquen las castañas del fuego. Propone una cobardía nacional. Insinúa que no hay que enfrentarse con los terroristas. Da a entender que éstos tienen razón para actuar como actúan…

¿Y este hombre quiere tener la máxima responsabilidad de gobierno de España?

¡Qué degradación nacional!

LA HORA DE LA VERDAD

El Tribunal Supremo ordena al Parlamento vasco disolver el grupo heredero de Batasuna.

Atucha tendrá que encarar si acata la Ley o se coloca en rebeldía

Y Aznar tendrá que decidir, si Atucha elige lo segundo, qué hacer para imponer la legalidad.

Pero no es probable que el PNV abandone la casa caliente. Eso de echarse al monte está bien sólo para los discursos. Las cuentas corrientes son incompatibles con la vida montaraz.

LA 1483

El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado por unanimidad (excepto Siria, que no asistió) esa resolución que declara el levantamiento de sanciones a Irak y la consagración de USA e Inglaterra como administradoras durante la reconstrucción.

Con ello se consagra la aceptación de la realidad. Francia, Alemania y Rusia abandonan su infructuosa postura antiamericana, reconocen su incapacidad de influencia y ceden la decisión a quien domina la situación. Se demuestra que España tomó el partido adecuado. Queda en evidencia el histrionismo de Zapatero, capaz de confundirse radicalmente en la evaluación de la situación internacional…

¿Se enteran de todo ello en España esos que aún escriben y gritan ¡PP, asesinos!?

EL GENERAL FRANKS SE RETIRA

El general que dirigió la ofensiva contra Sadam con gran eficacia y economía de bajas; el que ha demostrado la hegemonía militar absoluta americana; el que ha hecho enmudecer a quienes vaticinaban una larga y cruenta campaña, que exigiría mayor potencial bélico, se retira.

Lo hace sin desfile triunfal por Manhattan, a diferencia de cómo terminó la primera guerra del Golfo. Y con la gente aún estupefacta de cómo se desvaneció en el desierto la encarnizada resistencia que vaticinaban los «enterados».

Es de suponer que no quiere dirigir la complicada operación de policía en que se ha convertido ahora la reorganización de Irak.

SESENTA Y DOS MILITARES MUEREN EN UN DÍA INADECUADO

Sesenta y dos militares españoles mueren en accidente aéreo en Turquía, al regresar de un servicio en Afganistán. Y mueren en la noche de recuento de las elecciones. Ni se les considera, prácticamente, en los informativos, dominados por el apasionamiento político.

Se tratará de ellos, y de las circunstancias del accidente, cuando baje la temperatura política. Resulta cruel, aunque sea explicable.

EL VOTANTE VERGONZANTE

Las primeras encuestas a pié de urna lanzaron a las nubes a los dirigentes del PSOE e IU. Los datos oficiales les fueron bajando de ellas. Se demuestra que el español tiene poco respeto a los encuestadores, y no tiene reparo en mentirles, por los motivos que sean. Pero también se demuestra que el votante derechista es particularmente reacio a dar a conocer sus preferencias. El clima cultural, o seudocultural, dominante les descalifica. Y reaccionan apartándose del tiroteo.

Nuestra sociedad debe vigilar esa descalificación de «los otros». No produce sino distanciamiento y fractura social, que puede llegar a ser grave.

LA COSTRA DE LOS VASQUISTAS ES DURA DE ROER

El esfuerzo de los españoles titulados como «constitucionalistas» erosiona lentamente el tinglado nacionalista y aumenta el porcentaje de voto opuesto a las locuras del PNV. Pero demasiado lentamente, para lo que cabría esperar de la situación tan grave que encaran. El heroísmo que derrochan recibe una parca recompensa en cada elección. Parece incomprensible que los ciudadanos de una sociedad tan encanallada con la aceptación de salvajadas, tarden tanto en caerse del caballo. Se ve que el heroísmo probado de esos españoles demuestra tiene aneja la virtud, tan encomiable o más, de la tenacidad.

LOS ARAGONESES HACEN HONOR A SU TÓPICO

El PP parece haber sufrido en Zaragoza los efectos de la oposición al Plan Hidrológico Nacional. Los aragoneses, que han protagonizado diversas manifestaciones multitudinarias contra el mismo, se han negado a sostener en el poder a un partido que honraba los intereses nacionales sobre los miedos o las reservas regionales. El PP ha perdido el poder que tenía desde hace años, basado en la realidad actual y el talante de la sociedad aragonesa. Y lo ha perdido no tanto en manos del PSOE como en manos de la Chunta, extraño grupo que intenta radicalizar Aragón apelando a sus tópicos de tozudez y sequía secular. Aragón es ahora mucho más que los tópicos (la dinámica ciudad de Zaragoza es hoy más de la mitad de Aragón), pero la política ofusca incluso a las mentes más lúcidas.

AQUÍ NADIE DA SU BRAZO A TORCER

Los resultados globales de las elecciones demuestran que, pase lo que pase, y se gobierne como se gobierne, en nuestra Nación no se dan vuelcos importantes de votos. Los cambios derivan de incorporaciones de nuevos votantes o de un pequeño porcentaje volátil, capaz de cambiar de bando. Pero el grueso de los votantes es leal a su bando. Parece elogiable, como muestra de la «lealtad hispana», ya elogiada cuando Sertorio andaba por nuestras tierras. No lo es tanto, si se pide a los ciudadanos una vivacidad para enjuiciar lo que ocurre a su alrededor y actuar en consecuencia.

 

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