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  Nº 127 - 25 de junio de 2003

   CONTENIDO            

1. Negativismo y amargura, por Millán Rivas

2. El ocaso de una raza blanca, por Luis María Anson

3. Economía social de mercado:¿vacas flacas en España?, por J. M González Páramo

4. Breves, por Erasmo

 

NEGATIVISMO Y AMARGURA

 Por Millán Riva

En el preámbulo de una reciente Antología de relatos españoles de piratas, el autor alude a las reacciones que tuvo una novela sobre el tema de piratas, cuyo título y autor no viene al caso, publicada en España en 1855. Aparte de una escrupulosa de la escritora Fernán Caballero, lamentando que se dedicase esfuerzo a exaltar la actividad de antisociales, hubo otra, de un brigadier de la Armada, que echaba de menos un esfuerzo semejante dedicado a exaltar sucesos navales españoles. El autor de esta edición, González de Vega, reacciona como corresponde a los tiempos que corren, ironizando con que esa demanda «hubiera exigido un esfuerzo tremendo de imaginación». Demuestra con ello ignorancia histórica pero, sobre todo, un talante negador de cualquier capacidad nacional para el triunfo. Como si la hegemonía mundial durante dos siglos y la permanencia de unos territorios por todo el globo durante cuatro no hubieran sido conquistadas y mantenidas con esfuerzos y éxitos de todo tipo, sino por concesión graciosa de los adversarios.

Pero demuestra asimismo algo que motiva este breve comentario: Participa de una actitud tenebrista, habitual en los creadores literarios españoles, tanto de los que se ocupan de describir tiempos pasados de nuestra Nación, como de los que se interesan por los más recientes. Sean novelas históricas o sean relatos ambientados en la actualidad, el trasfondo es siempre oscuro y pesimista, por no calificarlo de negro. Los protagonistas pueden tener algún talante heroico o generoso (aunque se prefiere, por alguna deformación mental lamentable, que sean ruines y cobardes) pero indefectiblemente se ambientarán en situaciones lamentables.

¿Se trata de algún relato de la guerra de África, en el primer cuarto del siglo XX? Es fácil apostar porque el ingenuo protagonista tendrá que enfrentarse con algún sargento sádico, unos oficiales cobardes e ineptos, y unos mandos corruptos, que se embolsan dineros sustraídos del bienestar de la tropa. ¿Hablamos de la guerra civil? Entonces la maldad y la cobardía estarán personificadas en el falangista más cercano, la crueldad e insensibilidad humanas en el mando militar y la falta de generosidad en el cura, o capellán castrense, que corresponda. ¿Tratamos de relatos ambientados en el siglo de oro? Entonces la Inquisición deberá mostrar sus garras más tenebrosas en cualquier ocasión, toda la listeza o ingenio que quepan estarán a cargo de extranjeros o nacionales, pero con un toque de luteranismo, y toda la ignorancia estará representada por algún gordo, lujurioso y avaricioso cura beneficiado. Y si tratamos de relatos ambientados en la Reconquista, todo el refinamiento mental estará en el bando musulmán y toda la rudeza y torpeza mental en el cristiano. Con algún judío intentando meter algo de razón «moderna» en las pugnas de fanáticos, y sufriendo las intolerancias de ambas partes. En todos los casos, los personajes más simpáticos serán los rebeldes a lo establecido, abominando de todo lo que el autor presenta como tenebroso, que suele ser esos poderes establecidos. Es inmediato preguntarse cómo pudieron esos poderes llegar a establecerse, con esa ejecutoria y mentalidad tenebrosas e ineficaces. Así como quién les sirvió en esa empresa. Porque parece claro, a la luz de esos textos actuales, que sólo pudieron emplear a inútiles, o deformados por su maldad, pues todas las personas de valía estaban enfrente de ellos.

Por alguna razón difícilmente definible, en todos esos textos literarios parece proscrita la alegría nacional. Cualquier interpretación «positiva» de nuestra realidad, histórica o actual, es sistemáticamente eludida. Los autores no se suman a la dinámica de los tiempos que narran, sino que parece que pretendan corregir lo que pasó. El resultado es que propugnan hoy una cesión a los contrarios de entones, pues no sostienen las razones de sus antepasados. Es paradigmático de esa situación el hecho de que se editen libros exaltando a los piratas que acosaron el comercio americano, pero no a quienes les combatieron. Resulta ilustrativo que en los años cuarenta se editasen novelas populares sobre las aventuras de estos últimos, absolutamente olvidadas hoy. Muestra que entonces estaba vigente un talante de afirmación nacional en todas las áreas, algo que se diferencia claramente de la época actual. Una diferenciación interesante, que podría ilustrar cómo, pese a las limitaciones de una época difícil, se combatía con la ilusión de superar la situación en todos los aspectos, materiales e intelectuales. Por el contrario, en una época cómoda como la actual, nuestra única preocupación intelectual es liberarnos de un pasado que aceptamos inadecuado para que nos perdonen.

Lo mismo podría decirse comparando las creaciones literarias en las que los simpáticos bandoleros reciben mucha más atención que la guardia civil o policía que los combate. En este caso no se trata de acatamiento de lo extranjero, sino de la pérdida de consciencia acerca de cuál es el norte de la sociedad. Se trata de una consecuencia lamentable del populismo dieciochesco, cuando todos los códigos de nobleza quedaban subordinados a la majeza de los personajes. De ello derivaba la consideración de que ésta era la única auténtica y aquélla estaba corrompida por la hipocresía. Una posición «intelectual y moral» que genera y hace aceptable cualquier confusión mental acerca de los auténticos valores humanos. Una posición que nos aparta de la emulación en calidad y excelencia, procurando que nos recreemos en historias del inframundo, más que de actitudes humanas encomiables. La ejemplaridad desaparece en las personas normales, y los relatos se deforman convenientemente para indicar que no existe ejemplaridad sino en las personas que adoptan posturas de rebeldía anárquica contra cualquier valor establecido. Quizá haya que excluir de esa lista de valores puestos en solfa la sacrosanta democracia, pero sólo ella.

Resulta interesante detectar que el lector español busca en autores extranjeros el código de comportamientos que los autores españoles le niegan. Y sin embargo, la situación de amargura nacional permanece, como si los autores españoles tuvieran prohibido alegrarse, y alegrarnos, con relatos adecuados para formar a sus hijos en la limpieza moral. No cabe duda de que se trata de un problema nacional actual.

OCASO DE UNA RAZA BLANCA                                                                  arriba

 Por Luis María Ansón

de la Real Academia Española

Tomado de «La Razón», 21.06.03

Hace cien años todas las naciones del mundo con la excepción de Japón, Tailandia, Nepal, Liberia, una parte de China y, tal vez, algún país más, estaban dominadas por la raza blanca. Al girar los portones del siglo XXI, las independencias de los pueblos de África y Asia han certificado la inferioridad cuantitativa de los blancos. La opresión racista ha concluido en gran medida y el mundo despeja horizontes más justos en la centuria actual.

Para raptar a la ninfa Europa, Zeus se convirtió en toro y se llevó al objeto de sus ansias galopando sobre la espuma del mar. En los tiempos que vivimos, las razas oprimidas no necesitan engañar a Europa, porque ésta ha cuidado de cimentar los principios que la han engrandecido éticamente, aunque la hayan debilitado formalmente. En el año 1793 los franceses hicieron rodar su corona milenaria por toda la geografía europea. Francia era entonces el cerebro de Occidente, la cabeza de Europa. Sobre ella se posó, dulce y demócrata, el gorro frigio. Se anunciaron a los hombres unos derechos que entonces resultaban extraños para redimir a los «sansculotte». Se trataba de convertir a Sancho Panza en caballero, empeño difícil y admirable. Pero, al mismo tiempo, se pretendía convertir a Don Quijote en escudero de Sancho Panza. Como esto era imposible, se acusó a Don Quijote de traidor al pueblo y se le envió a la guillotina. La democracia trepó, entonces, al trono de Francia. Allí consagró la soberanía de la voluntad general libremente expresada, al menos para los hombres porque la discriminación de la mujer se prolongó hasta entrado el siglo XX. La raza blanca, sin saberlo, había abdicado el gobierno del mundo. Era cuestión de tiempo.

El camboyano, el sirio, el indio, el nigeriano, el senegalés, el argelino estudiaban en la Sorbona o en Cambridge que cada hombre vale un voto y que los pueblos tienen derecho a la independencia. Era absurdo pretender que esto fuera así en París o en Londres y no en la India o en Argelia. Los principios están sujetos a un mínimo de rigor ético y son generales o no son. La raza blanca, al pregonar la idea igualitaria por los cuatro costados del planeta, extendió el certificado de muerte del colonialismo. Si en adelante iba a decidir la mayoría, como la mayoría no pertenece a la raza blanca, el cetro y la antorcha debían forzosamente cambiar de manos. Sartre escribió crudamente que «el hombre es el ser que proyecta ser Dios». Los blancos quisieron ser Dios. Los principios democráticos les situaron en su verdadera dimensión.

En las Naciones Unidas se ha implantado otro igualitarismo, éste bastante absurdo, la verdad, bajo el lema «una nación, un voto». Lo mismo vale la India con sus mil millones de habitantes que Islandia con sus doscientos mil. Aunque el derecho al veto de algunos limite las decisiones, el antiguo bloque afroasiático de Bandung controla ya la ONU. La votación sobre la guerra de Irak demostró que ni siquiera los Estados Unidos de América pueden imponer su criterio. Las lágrimas de los países subdesarrollados lo anegan todo. Eso demuestra que no basta con hacer un justo reparto de la riqueza a escala nacional. Los países occidentales deben abordar, en justicia, el problema de la distribución de la riqueza mundial. De otro modo no podrán subsistir. Porque los números están contra Occidente. Y contra la raza blanca.

El mejor Spengler escribió que una cultura marcha hacia el ocaso cuando ya no está inspirada por los impulsos de las épocas guerreras y religiosas, cuando no tiene ya la fuerza de la sangre y del honor. La raza blanca olvidó, por fortuna, la civilización de la fuerza y la imposición. Europa se democratizó. Y, al hacerlo, entró en su ocaso. Su ocaso relativo, sólo con relación a los otros pueblos del planeta, a los que ya no domina.

Hace cincuenta años, Earl Browder, jefe entonces del partido comunista norteamericano, publicó un libro tremendo de Mao Tse-tung, China's New Democracy. Entre sus líneas se enredaban, enhebrados en utopías, proyectos gigantescos. Las «cien flores» de que hablaba Mao yacen ahora desgarradas. La gigantesca nación china pugna por desembarazarse de los restos del comunismo y alarga hacia Occidente el ansia de sus dedos secos. Los emperadores libres del dinero pueden escupir en las manos que tiende el pordiosero oriental. Pero habrán firmado su sentencia de muerte. Porque si Occidente tarda en negociar o no reacciona a tiempo, impulsando la justa distribución de la riqueza mundial como propugnan los Papas y el sentido común, asistiremos a la crecida imparable del terrorismo y la inmigración.

Es la tercera guerra mundial no convencional a la que se refería Toynbee ya en 1974. Frente a los grandes ejércitos de las potencias occidentales, sólo con la salvajada terrorista pueden hacer daño los débiles. Irak con veinticinco millones de habitantes fue derrotado en tres semanas. El terrorismo golpea ahora duro al Ejército norteamericano y le hace más bajas que la guerra. La inmigración, por otra parte, significa la invasión de las potencias occidentales que o se dan cuenta de que tienen que mejorar la calidad de vida de los pueblos que emigran o se verán comprometidas, incluso dominadas desde dentro. La cumbre europea de ayer abordó los problemas de la inmigración y el terrorismo sin entrar en el fondo de la cuestión. En la Grecia fecundadora de los pueblos occidentales, se escucharon palabras tórpidas y patéticas.

ECONOMÍA SOCIAL DE MERCADO: ¿VACAS FLACAS EN ESPAÑA?arriba

 Por J. M. González Páramo

No, pero el riego de enflaquecimiento puede surgir si todos los españoles no mejoramos la actitud ante la dinámica económica. La situación de USA y Alemania no es floreciente. Los efectos de la «Agenda 2010» de Schröeder y cierta impopularidad son la prueba. D. Gurtler escribe que «el Estado Social está crujiendo». No es posible financiar iguales condiciones en toda Alemania. Estamos en un poker de sueños: el alemán, el norte-americano, el japonés y el socialismo real. No olvidemos que, en las atribuladas naciones de un planeta mundializado ha cambiado el contexto, han ascendido irrealmente las pretensiones. El canciller alemán es socialista ¿a dónde va china y el complejo marxista asiático?

Centrémonos en los sueños más próximos a la tradición. Nuestro mestizaje es germano-árabe-fenicio-cartaginés-romano... (suevos, vándalos, alanos, godos, visi-godos son alemanes-latinos). Los árabes son muy suyos; por ello voy a argumentar con el sueño sajón y el germánico.

El sueño americano se apoya en actitudes liberales positivas y funcionales. El 75% del conjunto de los habitantes cree que su nivel de vida depende de su propia acción; creen en la competencia, la productividad y el esfuerzo. En España sólo el 25%. Hay que cambiar. América carece de una política social adecuada. Hay unos 10 millones de miserables y una extensa franja de población sin apoyos suficientes, con unos sindicatos extraños, ex-duros, locales y federales, a veces, corruptos. USA sabiendo la disposición madura de los ciudadanos (que deberíamos alcanzar los españoles) procura dar oportunidades para conseguir su dicha, su pursuit happiness, la médula del sueño americano es su nivel de vida, su felicidad tal como se la figura, el dinero, tema de todas las películas, símbolo los modos de conseguirla (C. Miller y H. Form) aunque Lewis niega que la suerte sea un derecho humano.

El sueño alemán y su contexto son, a pesar de las semejanzas, muy diferentes. Ciertamente, la competencia de la libre empresa engrana perfectamente con un sindicalismo inspirado en C. Legien, que desde finales de la 1ª Guerra Mundial (1914-18) pactó con los empresarios con sentido práctico y racional para evitar el peligro revolucionario y se consolidó con Erhard al final de la 2ª Guerra Mundial (1945).

Alemania es pionera de la Seguridad Social (Bismark hacia 1870 creó el seguro de enfermedad, de accidentes y de jubilación). Su mercado, ni perverso ni leal, ni eficaz ni ineficaz, ni infalible, posee la virtud de generar la productividad menos cruelmente que en otros países. La economía social de mercado envejece 125 años después de Bismark, 85 años después de Legien (para mí el más inteligente y patriota* sindicalista) y 55 años después de Erhart. El «milagro alemán» ya no puede financiar comer y vivir bien. Hoy las cuotas se reparten por igual entre trabajadores y empresarios. El enfoque filosófico, psicológico, intelectual y práctico del taumaturgo Erhart (Detlejs Gürtler y Hinteregler, en Deutschland de Junio-Julio, 2003).

Es importante destacar que el obrero alemán es probablemente el obrero más empresarial; no olvida su interés como obrero pero su sentido de la posibilidad y del realismo lo hacen participar como co-empresario en las empresas sin co-gestión y en las que tienen «mitvestimung» y en los comités. Hay que recordar y, así lo hace nuestro articulista (Gürtler), que Lech Walessa unía eficiencia y bienestar; «trabajar en Polonia y vivir como japoneses». La economía social de mercado propugnada por el reformismo fue desquiciada por las demandas caprichosas e insaciables que produjo el efecto demostración de los medios.

El artículo de Gürtler recoge los secretos alemanes intraducibles de su lengua: política de reordenamiento, paz, código social, sindicato unitario con espíritu de empresa, autonomía en los convenios colectivos con su forma de contrato y su alma de ley, oficina anti-cárteles, mitvestimung,...

El obrero USA quiere ocasiones para hacer su propia felicidad y como descubrió Dietzel explota mediante el proteccionismo y la presión al gobierno a los obreros de los países en vías de desarrollo. Recordémosla Huelga del Acero que sufrió Kennedy y la elevación de las tarifas aduaneras al 30%; Bush la elevó para el hierro extranjero o la fijación de algunos precios a ciertos países.

El obrero alemán quiere bienestar y justicia social y, porque quiere eso de verdad como ser maduro, no se permite huelgas políticas ni infundadas.

Ahora, Schröeder ante su ministros y su electorado cree que el Estado no debe meterse en la edad de jubilación ni tiene que pagar los gastos, a cuenta de los contribuyentes, por los accidentes en deportes de alto riesgo...

Piensa también que es imprescindible que Alemania recupere la capacidad exportadora, pues tiene que llegar a acuerdos racionales empresas-sindicatos-empresarios-políticos. El bienestar ha de conseguirse mediante la competencia; el canciller alemán insiste más en una distribución inseparable del aumento de la productividad. Hoy, ante un rendimiento inferior al español, tiene que discernir qué «prestaciones son indispensables y cuáles prescindibles», qué estímulos son equivocados o nulos. Qué...

La incógnita más grave, a largo plazo en España, sería mantener el juego de Estado de bienestar-competencia y productividad, que nos hace ser el país con más desarrollo de Europa. Es la edad mental de los trabajadores hermanos; lo que los psicólogos llaman el horizonte temporal psíquico, resulta obligatorio. Toda la inmadurez que revela la pancartería, las manifestaciones por cualquier cosa, las huelgas políticas, la imposibilidad de que la mayoría de los trabajadores sean incapaces de sentido empresarial y, a veces, de sentido común, puede dificultar la progresión de España en los próximos años. La indisciplina es lógica derivación del mito del federalismo en el país de los reinos de taifas y del caciquismo; grave causa en un pueblo rebelde e insolidario, de la desobediencia de los sátrapas socialistas. Esto vale para los gestores económicos y políticos, y engañar con las expectativas.

Lo bueno de nuestra situación nace de un manejo inteligente de la Economía Social de Mercado, del respeto a la autonomía empresarial y el desprecio de los mitos contra la empresa y las actividades públicas. El reparto tiene indudable importancia pero la reactivación del mercado aún más: hacen necesarios esos cambios de talante de trabajadores y empresarios. ¿Hay obreros españoles que, como los alemanes, estén dispuestos a que la cuota obrera de los seguros principales se reparta por igual entre trabajadores y empresarios? ¿Existen motivos para que las cuotas de los trabajadores españoles sean menores que las de los funcionarios que co-pagan el 30% de las medicinas? Nos hacemos las preguntas que hay que hacer para ver lo sustancial de nuestra economía y saber qué es lo accidental, y evitar la rebeldía y broma sobre las agudas prescripciones oficiales inspiradas, tal vez, en el PP por uno de los equipos económicos de lujo y ciencia.

BREVES                                                                                                            arriba

Por Erasmo

EL DESCONCIERTO SOCIALISTA

El caso de San Sebastián y Navarra, se une con la disputa interna en la FSM y la posición confusa de Maragall. El Partido socialista, que se veía en el poder hace un mes, está asombrado, percatándose de que nuevas elecciones en Madrid le quitarían el mejor bocado conseguido. No se explicaba cómo se le podía haber desvanecido entre las manos la guerra de Irak, y ahora se encuentra con su líder escondido, sin atreverse a manifestar nada acerca de la situación, para no airear su desconcierto.

HAY QUE ENCONTRAR UN CULPABLE QUE NO SEA DE LOS NUESTROS

La consigna es el contubernio inmobiliario. El culpable ¿quién va a ser, sino el beneficiado, PP? Todas las baterías insisten en eso, de forma que impiden cualquier indagación interna: El PP es el culpable. Lo tienen fácil, en primer lugar por su desfachatez de acusar sin necesidad de pruebas. En segundo lugar porque el PP desaprovecha esta ocasión de ridiculizarlos, se pone serio y les lleva a los Tribunales. Un pecado imperdonable en un político, que renuncia a sus armas propias.

SEGUIMOS AGACHANDO LAS OREJAS

Ana Palacios afirma que no tiene prisa con el tema de Gibraltar. Aznar asegura que su amigo Blair habla del tema con él. Los ingleses nombran como embajador en Madrid a un halcón. Todo es lo usual. El RU , que acaricia sus glorias más que nosotros, no está dispuesto a regalar lo que defendió con las armas repetidas veces. Y nosotros seguimos agachando las orejas cuando hablamos con ellos, como pidiéndoles el favor de que sean amables.

Y todas las medidas de presión, suspendidas, para que no se enfade. Decididamente, no deben tener problema con nosotros, mientras sigamos con esta actitud de perrillo faldero.

GALLARDÓN PRESCINDE DE LOS SÍMBOLOS TRADICIONALES

Gallardón se niega a colocarse el collar de Alcalde y a empuñar la vara. Además, aparta a los maceros. Se niega a ostentar signos del cargo que ha conseguido, que con todas las discontinuidades que se quiera, tiene once siglos de antigüedad. Debe ser que eso supone una subordinación a la tradición que considera impropia de su talante avanzado y progresista. ¡Vaya panorama de clarividencia! Es de temer que tomará las decisiones de cada día después de leer la editorial de El País.

¿Y QUÉ ME DICE USTED DE LOS ALBERTOS?

No están huidos, pero no están en la cárcel. Se prepara un indulto para ellos el próximo diciembre, pero no están en la cárcel. Parece difícil que entren, como parece difícil que el culebrón de Atucha acabe en la cárcel. Da la sensación de que aquí no haya tenido lugar la revolución de «todos iguales ante la Ley». ¿O es que les aplican la misma lenidad con que se puede aparcar bajo una señal de prohibición. Esta España nuestra actual es muy rara.

LA HUIDA HACIA DELANTE DE LOS SOCIALISTAS NAVARROS

Los socialistas se han alzado a las alcaldías de las localidades navarras de Estella, Tafalla, Burlada, Sangüesa, y Berriozar, votados por el PNV y diversos grupos vasquistas minoritarios en esas localidades. Eliminan así de las alcaldías a UPN, el partido más votado en todas ellas. Lo hacen votándose a sí mismos, en contra de las instrucciones del PSOE. Y rectificando manifestaciones recientes de Lizarbe, secretario del PSN, prometiendo rectificar su declive hacia los nacionalistas.

Es de suponer que esta nueva demostración de inconsistencia del Socialismo habrá hecho engordar a Arzallus. Con esos enemigos, no necesita procurarse amigos.

LOS EURODIPUTADOS SE RECOMPENSAN

Conscientes de que están siendo menospreciados por la «res» pública, los eurodiputados españoles se han subido los sueldos un 250%, es decir, a 3,5 veces lo que cobraban, y se han concedido más de 12.000 euros al año para asistencias, además de tener sus dietas y gastos de transporte. Además, un año de cotización les garantiza una pensión de jubilación compatible con cualquier otra, a partir de los sesenta años.

No era para menos, dada su precaria situación económica y su arduo trabajo, del que, por cierto, no sabemos nada.

ESPAÑA RECAPACITA

El gobierno anuncia que procurará también que aparezca la mención al cristianismo en el Preámbulo de la Constitución Europea. Aznar ha conseguido que el Partido Popular Europeo haga suya la oposición. Corrige así una indiferencia anterior sobre el tema. Es una buena noticia, dentro de la atonía vivencial en la que parecemos estar sumidos los españoles.

Veremos en qué se traduce ese interés, a la postre.


* Declaró la huelga general contra el Golpe de Estado del año 20. Del 39-45 vale más no hablar. Su político económico fue Adolf Weber que no es ni Max en Sociología, ni Alfred en Filosofía o Historia de la Cultura.

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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