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Nº 136 - 30 de septiembre de 2004 |
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CONTENIDO
1.
Las Palabras de la Tribu,
por Benigno Pendás
2.
Un estadista malogrado,
por Martín Quijano
3. Sobre
la Democracia y algunos malentendidos,
por Ignacio Sánchez Cámara
4. Breves,
por Erasmo
por Benigno Pendás
Profesor de Historia de las ideas
Políticas
publicado en ABC
Sopla viento
racheado en el ánimo de nuestra Europa raptada. Recuerda a la crisis de la
«polis» en la Grecia clásica. Bastante menos (conviene no engañarse) a la
caída del Imperio romano, porque la hegemonía pertenece hace casi un siglo
a la América pujante. Síntoma de toda fiebre helenística es el repliegue
hacia el egoísmo insolidario, esto es, el retorno de cínicos, escépticos
y epicúreos en forma de retórica postmoderna, que ni siquiera
resulta divertida. Aquí y
allá se perciben rasgos de
nostalgia de la guerra fría: «paz imposible, guerra improbable», decía el
sabio Raymond Aron. Rebrotan
viejas querencias autoritarias: la democracia
es aburrida, sin duda, pero hay demasiados
libros sobre Hitler, Stalin y otros dictadores en las listas de superventas, sección de «no
ficción». Ahora se apunta también el
cine. Crece el malestar de las
clases medias. Mucha atención a
este asunto: sin clase media sólida y estable,
la sociedad pierde literalmente—el equilibrio y el Estado
Constitucional no funciona. Fragmentos
dispersos. Alemania no digiere la
unificación apresurada. Ante el
chantaje terrorista, Rusia
vuelve a los setenta y quién sabe hasta dónde va a llegar; Francia, sin merma de la
soberbia, no sabe qué hacer; Italia,
más emotiva, reza y espera. Los
nuevos socios del Este observan
perplejos: ¿era esto el paraíso? Roban el cuadro de Munich y(otra vez
fallan los tópicos) tampoco en Noruega pasa nada. Lo nunca visto:
incluso se viola el recinto sagrado
del Parlamento británico...
Por todas partes, sin embargo, la «movida»
globalizada fascina a los jóvenes y a los mayores.
Al fin y al cabo, la despensa sigue medio llena
y los índices más selectivos de la bolsa internacional
resisten con holgura. Suben los impuestos
y no decae el consumo. Baja la moral y
huye el sentido de la responsabilidad. ¿Diagnóstico?
Es el primer aviso de un cambio de ciclo
histórico, más bien a medio plazo. ¿Tratamiento? Política valiente y
pensamiento fuerte. ¿Pronóstico?
Prudencia: todos los profetas sociales han
hecho el ridículo desde Marx a Fukuyama.
Los más pesimistas imaginan una final a fecha fija,
semejante a la bofetada infame que propina
Jason a Benjy, el pobre idiota, en el último párrafo
de la novela excepcional de William Faulkner.
No estoy tan seguro de que sea inminente,
aunque la imagen del dúo franco-alemán con
sus acólitos sonrientes no invita precisamente al optimismo. Es probable
que el trampantojo resista todavía unas cuantas generaciones. Ya
veremos. Ojalá sea.
¿Y en España? A pesar del 11-M, nuestra sociedad
anestesiada no toma en serio la amenaza islámica:
se necesita con urgencia un master acelerado
en Relaciones Internacionales; pero cuidado
con los profesores ... En cambio, somos expertos
sin fronteras en debates sobre el modelo
territorial. Cada cual lleva su cruz, ya saben. No
sé si la gran mayoría está preparada para resistir
la embestida que nos aguarda. De hecho, crece
día a día una mezcla peligrosa entre la irritación
y el hastío. Peor todavía: una suerte de resignación
ante la «solución» que pasa por ser inevitable.
Dejar el poder espiritual en manos del adversario conduce a consecuencias
negativas: la España constitucional está mal equipada para
hacer frente a quienes nos dejan sin proyecto
de vida en común, carentes de ilusión colectiva,
reducidos tal vez a una cláusula residual, atrofiada
y supongo que transitoria. No hace falta
demostrar que todo esfuerzo fallido conduce a la
melancolía. Ni la generosidad de la Transición ni el éxito político y
socioeconómico del régimen
constitucional han servido de dique contra
la deslealtad de los nacionalistas a la idea de España
como realidad histórica y moral. No basta,
aunque ya es mucho, con guardar las formas de acuerdo con el ordenamiento
vigente. Si falta el
anclaje emocional, ¿para qué sirven los tecnicismos
jurídicos? Si no compartimos símbolos,
bandera, ni selecciones deportivas; sí «sus» éxitos
no son «nuestros», salvo para pagar una buena
parte de la factura; si se pierden en el desprecio
o la indiferencia las señas de identidad común:
¿a quién le importa la reforma nominal de
una o de muchas leyes orgánicas?
Llegan tiempos de cambio y, como anticipaba Mallarmé, el poeta, cobran
nuevo sentido «las
palabras de la tribu». De sobra sabemos que el
lenguaje político no es aséptico, ni vive en el laboratorio
abstracto de las ideas platónicas. Los
conceptos en el agora son armas polémicas para
dominar al adversario. El gran misterio de la
democracia española, desde el punto de vista del
historiador del pensamiento, es la confluencia
insólita del nacionalismo burgués, y a veces reaccionario, con la
izquierda que se dice progresista
y universal. El bloque que controla las ideologías
al uso impone como verdades dogmáticas
algunas falacias trasnochadas. Unos por buen
talante, otros por gran despiste, todos por interés coyuntural, aceptan
sin discusión las reglas
del juego mentiroso. Las falacias más comunes sé resumen en tres. Primera,
que España es una
construcción artificial, producto de la opresión
o, para los que prefieren no hacer el ridículo, de
la yuxtaposición de otras naciones auténticas.
Segunda, que España es un fracaso histórico, sinónimo
de atraso y decadencia, gente pintoresca
reñida sin remedio con la modernidad y el proceso de la civilización.
Tercera, cómo no,
que España carece de futuro, no ofrece un proyecto
«sugestivo» por mucho que se cite a Ortega,
resulta «incómoda» para quienes viven de,
por y para su identidad diferencial.
¿Cuántas veces habrá que repetir la verdad?
España, con sus luces y sus sombras, es una realidad
histórica indiscutible, percibida dentro y fuera como unidad desde tiempo
inmemorial;
en todo caso, surge como Estado nacional en los
primeros días de la forma política moderna que
seguimos llamando Estado. España ha jugado
un papel de primer orden en la historia universal;
ha sido protagonista en el «nomos» de la tierra
que todavía nos rige; aporta una lengua y
una cultura al nivel de las mejores. Como todos, ha sufrido altibajos y no
faltan lagunas ni miserias.
Como todos, insisto, nada excepcional. En
fin, ofrece desde hace un cuarto de siglo una democracia
constitucional a la altura de los tiempos,
una prosperidad económica notable, una
plena integración sociocultural en las grandes corrientes
universales (no siempre atractivas;
pero éste es otro problema). A día de hoy, España
significa libertad, democracia, Europa, bienestar... ¿Cómo van a ser
modernos los nacionalismos
étnicos, románticos, rancios y excluyentes?
¿"Cómo va a ser «centralista» quien defiende
el Estado autonómico, más descentralizado que
la mayoría de los Estados federales? El uso político
pervierte por definición el lenguaje científico,
pero conviene no perder los escasos restos de
sentido común que todavía conservamos. ¿Acaso no es democrática la
igualdad ante la ley derivada
de la soberanía nacional, única fuente de
legitimidad del poder a estas alturas del discurso
de la historia? ¿Van a dar lecciones quienes
pretenden privilegios jurídicos y económicos,
abogan por una sociedad estamental premoderna y magnifican desde su
egoísmo insolidario a
los ídolos de la tribu? Verdades tan evidentes
necesitan ser repetidas una y mil veces para que
la gran mayoría de los españoles sea consciente
de dónde está la razón (moral y política) ante un
debate estéril, que ya debería estar superado. Como siempre, pero más. Si
no ganamos la batalla
de las ideas, jugaremos en campo contrario, oponiendo
una resistencia cada vez más débil. No
basta con tener razón, hay que saber mantenerla.
Esta sociedad, agobiada como todas por los
problemas globales, tiene en este asunto un reto
particular: habrá que ganar cada día un futuro
que no dilapide el derecho a ser españoles de las
generaciones siguientes. ¿Cómo? Firmeza en las
convicciones, como hemos dicho, y exigencia máxima a los dos grandes
partidos nacionales.
Sobre este aspecto decisivo habrá que volver
con frecuencia en los próximos meses. Las expectativas no son buenas.
Preguntas para estrategas
en Genova y en Ferraz: ¿a quién beneficia
jugar a la confrontación?
UN ESTADISTA
MALOGRADO
por
Martín Quijano
El ABC ha publicado una interesante
entrevista a José María Aznar en un marco extraño: su suplemento cultural.
Con la excusa de la presentación reciente de su libro sobre sus años de
gobierno, Fernando R.Lafuente pregunta al político automarginado sobre sus
ideas acerca de España. Lo hace con algo de vanidad , que le hace
destacar en negritas sus preguntas, a menudo prolijas, relegando a tipo
normal las respuestas, pero el resultado es muy revelador de la densidad
intelectual del expresidente, y merece comentarios.
Aznar, para empezar, destaca que la
cultura de un país radica en la continuidad de la vigencia de los valores
que sostiene, que surgen de la tradición. Es una versión nueva del
dorsiano lo que no es tradición es plagio. Haciendo la salvedad de
que la cultura requiera momentos, hechos o nacimientos nuevos para
recrearse, e incluso rupturas parciales, sostiene la necesidad de esa
continuidad para que un país tenga un rumbo definido, reconocible e
inteligible, en la historia. Constituye una manifestación clara de su
concepción del patriotismo: El conocimiento y la asunción de qué significa
o implica la patria a la que te adhieres. Y esta definición de su concepto
del patriotismo revela el rumbo que él ha procurado en su vida y ejercicio
político.
A continuación reprocha, sin especificar a
quién reprocha, que la Historia de España haya sido utilizada como
instrumento de una política de confrontación, y lamenta nuestra
enorme carencia de trasmisión de estudios históricos. Pero al mismo
tiempo advierte esos estudios no son suficientes y que, en buen número
han sido realizados entre el prejuicio y el tópico, antes que desde el
rigor histórico estricto. El patriota lamenta simultáneamente tanto la
tergiversación de nuestra Historia como la insuficiencia de calidad en
buena parte de su transmisión de lo poco que se ha hecho..
Después advierte su preocupación por la
educación, señalando que si el nivel de exigencia no se aumenta y el
contenido no existe, es muy difícil que nadie pueda tener esos valores de
referencia, y de ahí surgen las sociedades ignorantes. La peor de las
ignorancias es la que atañe a uno mismo, la que nos mantiene ajenos a
nuestra propia justificación, tanto personal como nacional. Esa ignorancia
es fruto de la desidia nacional imperante, pero también es consecuencia de
que hay una cierta izquierda en España que detenta una especie de
monopolio cultural, lo que es una expresión de sectarismo. Que a falta de
ideas que defender, a falta de talento que ofrecer, sólo ofrece
sectarismo.....un sectarismo absolutamente irracional, y eso es
desgraciadamente la expresión de una realidad nacional. La denuncia es
directa. La vocación destructiva de nuestra izquierda, incapaz de un
sentir nacional, al menos en su estructura ideológica y dirigente,
constituye un problema esencial de la España moderna. Algo que le hace
decir, más adelante: Creo que a la sociedad española le falta
convicción interna. Churchill solía decir que es imposible que es
imposible hacer política exterior si a un país le falta conciencia
nacional. Y a continuación recuerda que hemos querido impulsar una
conciencia nacional moderna de España......para intentar hacer la política
que le corresponde a ...sus niveles de desarrollo, prácticamente similares
a los europeos.
El político retirado demuestra
cumplidamente tener una estructura mental de gran estadista , tan
consciente de los males mentales de su patria como convencido de su
calidad esencial histórica y de su potencial actual. Sus ideas recuerdan
textos e ideas de un egregio político que le fue caro en su juventud y
que ahora se autoveta mencionar, por corrección política. Está claro que
su ejecutoria política ha sido honesta al servicio de esas ideas. Honesta
y eficaz, pues la transformación económica de España durante su mandato, y
el prestigio internacional alcanzado son realidades indudables, que le
deben ser acreditadas. La defensa sin timidez de los intereses españoles
le ganó reconocimiento internacional, demostrado en muy diversas
manifestaciones de políticos y medios de opinión.
Ese crédito de político determinado y con
ideas claras le falló, sin embargo en un sector de la sociedad española,
enconado por una eficaz campaña de la sectaria izquierda española. Esa
eficacia sectaria, la retirada personal suya, la barbarie terrorista,
complejas y oscuras traiciones policíacas y una artera tergiversación
electorera apartó a su partido del poder. El gobierno resultante no perdió
tiempo en airear toda su confusión mental y desbaratar buena parte del
prestigio y posición exterior de España, tan penosamente logrados tras
décadas de ensimismamiento. Con ello se ha malogrado una parte de ese buen
hacer estadista. Ello supone una pérdida de la que la nación tendrá que
recuperarse, con esfuerzo y costos por determinar, pro indudablemente
altos. Y requerirá un tiempo largo pues es sabido que la honra se pierde
en un minuto, pero su logro requiere una vida.
¿En qué medida es achacable indirectamente
a Aznar esta pérdida provocada directamente por su adversarios? ¿En qué
medida es atribuible a la incapacidad de Aznar, o de su partido, para
expresar con música adecuada esa estructura de ideas tan encomiable?
Parece injusto considerar esto, pues la calidad política no pude ser
perfecta, pero los políticos tienen la obligación de procurarla. Su meta
es múltiple: estructurar bien sus ideas, depurarles, servirlas
honestamente......pero también comunicarlas, difundirlas, e imponerlas en
el alma popular.
A Aznar le ha faltado ese don de comunicar
eficazmente sus excelentes ideas, hacer que la sociedad española las
hiciese suyas, vencer el sectarismo destructivo ideológico de la izquierda
española. Se podría pensar que ello se ha debido a incapacidad personal
suya para expresar adecuadamente “la música que sintoniza con el momento
presente”. Quizás sea consecuencia de su insistencia de posicionarse en un
centro siempre difuso, quizás, y eso es peor, le haya faltado expresar la
alegría anímica indispensable para la simpatía. Son demasiados quizás para
excusar una carencia que ha permitido imponerse al sectarismo negativo
contrario.
Lo malo es que no parece que su sucesor al
frente del partido suponga nada para remediar esa carencia. Para empezar,
parece faltarle el convencimiento que en Aznar rebosaba. SOBRE LA
DEMOCRACIA Y ALGUNOS MALENTENDIDOS
por
Ignacio Sánchez Cámara
Catedrático de Filosofía
del Derecho en la Universidad de La Coruña
Publicado en ABC
Todos hablan de democracia, pero no todos
al hacerlo hablan sobre lo mismo. En
unos casos, las discrepancias se deben a
que la entienden de distinta manera. En otros, a
que algunos llaman democracia a lo que no lo es,
a lo que es otra cosa, incluso a lo que se opone a ella. Por eso no faltan
las tergiversaciones y suplantaciones, y, también, los malentendidos. De
entrada, aclaro que hablo de democracia en el
único sentido en el que creo que existe verdaderamente,
en el sentido representativo y liberal.
Hay otros modos de concebirla que no son, a mi
juicio, «democráticos»: la democracia radical,
asamblearia, directa y totalitaria. Si no me equivoco,
algunos malentendidos y errores sobre la
democracia surgen porque se introducen en la concepción representativa y
liberal principios
opuestos a ella, procedentes de esas concepciones
alternativas.
No faltan entre nosotros ejemplos y síntomas de estos malentendidos. Por
ejemplo, cuando el Gobierno considera que las críticas de la Iglesia
católica a su proyecto de extender la institución
del matrimonio a las uniones homosexuales entraña
una falta de respeto al Parlamento y, por
ello, a la soberanía nacional y una ilegítima intromisión
en la política. Bien es verdad que este
anatema socialista sólo se exhibe cuando la Iglesia se opone a sus
decisiones, no cuando las apoya.
Y también es cierto que no considera intromisiones
las tomas de posición de otras instituciones
y grupos sociales. El resultado es que la Iglesia
debe callar mientras que, pongamos por caso,
una Asociación de Gays del Bajo Aragón tiene
todo el derecho del mundo a opinar. Aquí no
estamos ya ante una mera tergiversación de la
democracia, sino ante la pura hostilidad antirreligiosa.
Otro ejemplo lo suministra el derecho que se concede a la mayoría
parlamentaria en
las comisiones de investigación de impedir comparecencias
solicitadas por una minoría. Cosa
que, por cierto, no sucede en otros países democráticos.
La democracia es una forma o método político
que posee valor moral, pero que no garantiza la
moralidad de sus resultados, pues éstos dependerán,
sobre todo, del criterio y de la formación moral
de la mayoría de los ciudadanos. Se concede,
por lo demás, una valoración excesiva al consenso
como método para determinar lo que es o no
correcto en el orden moral. Sí es dudoso en el
ámbito de la política, es falso en el orden moral.
El diálogo verdadero puede ser camino para descubrir
la verdad, pero no para inventarla o crearla.
El acuerdo de voluntades es una excelente fórmula
para determinar el contenido de las leyes,
pero no para discernir entre el bien y el mal en sentido moral. La
democracia es una forma de
gobierno, no un método científico ni un criterio
de la moralidad. Es una condición necesaria, pero no suficiente, de la
justicia, pero no tiene nada que ver con la verdad, ni en sentido
filosófico, ni
científico, ni moral. Expresa un acto de voluntad, una forma de tomar
decisiones colectivas.
Pero la mayoría no tiene necesariamente razón.
Lo que tiene es la fuerza democrática. Si abusa
de ella, degenera en tiranía. Y abusa cuando reclama
a la minoría no sólo el cumplimiento de la
ley sino también la identificación de su propia
opinión mayoritaria con la justicia y la verdad.
Todo esto, por lo que se refiere al principio de
las mayorías. Pero éste no agota la esencia de la
democracia. La formación de la opinión mayoritaria
requiere la existencia de determinadas condiciones
sin las que la democracia no puede existir.
Así, el respeto a la decisión mayoritaria debe
ir unida al respeto a las minorías y a la libertad
de crítica. La opinión mayoritaria no posee un
carácter sacrosanto sino meramente cuantitativo. Incluso cabe conjeturar
que, desde el punto
de vista moral, siempre será más acertada la opinión
de la minoría (no, sin duda, de todas ellas;
sólo de la que forman los mejores). Cuando una minoría o un grupo o
institución discrepan de la decisión de la mayoría no vulneran la
democracia sino que, por el contrario, la ejercen. De este
derecho no debe quedar excluido nadie; ni siquiera,
por cierto, la Iglesia católica. Si la opinión de
la mayoría fuera siempre expresión de la justicia,
o bien nunca debería cambiar o bien la justicia
se identificaría con el capricho de las eventuales
mayorías.
Andan por ahí algunos demócratas extraviados
a quienes les desasosiega la posibilidad de
que una religión o una doctrina filosófica se atribuyan
el conocimiento o la posesión de la verdad.
Y piensan, es un decir, que tamaña pretensión
destruye la democracia a manos del dogmatismo
oscurantista. Pueden sosegarse. Ni las leyes lógicas ni las teorías
científicas se oponen a la democracia.
Tampoco las verdades reveladas de la religión
o las pretensiones de las doctrinas filosóficas
de alcanzar la verdad. Donde, desde luego
se encuentra la verdad es en las Ejecutivas de
partidos ni en las votaciones parlamentarias. Entre
otras razones, porque no es su misión la de
determinar lo verdadero y lo falso. Cuando el Papa
u otras autoridades religiosas pretenden
declarar
la verdad revelada de la que son depositarios,
o cuando Platón, Tomás de Aquino o Husserl
aspiran a establecer la verdad filosófica, ni
acatan ni se oponen a la democracia. Se encuentran
en otro nivel. Sólo quienes aspiran a imponer por la fuerza a la mayoría
(y a la minoría) su
propia opinión vulneran la democracia. Un ejemplo,
por si coopera con la claridad. Supongamos
que el Parlamento español legaliza el matrimonio
entre personas del mismo sexo. Tan demócrata
es quien está favor como quien está en contra.
mientras no aspiren a imponer su criterio por la
fuerza sino mediante la convicción. Tan antidemócrata
es la minoría que, salvo el caso de objeción
de conciencia, incumple la ley y pretende
imponer por la fuerza su criterio, como la mayoría que impide la libertad
de crítica y tilda al
discrepante
de antidemócrata. Decir lo que se piensa
y proclamar lo que uno estima que es la verdad
nunca es contrario a la democracia. Si lo fuera.
desde este mismo momento, proclamaría que dejo
de ser demócrata. Sólo faltaría que la ilustración
y la democracia consistieran en liberar al
hombre de la autoridad de Dios para someterlo a
la tiranía de la plebe. Los laicistas frenéticos oí v i-dan
el fundamento religioso (cristiano) de la democracia
y, despreciando lo que ignoran, socavan los fundamentos de los principios
a los que
se adhieren.
No hay mejor fundamento de la igualdad
y de la dignidad del hombre que su condición
de hijo de Dios, ni más firme base para la solidaridad y la fraternidad
que la hermandad de todos los
hombres como hijos de Dios. Por lo demás,
obedecer a los hombres puede ser servidumbre; obedecer a Dios es libertad. Todo cristiano
sabe que hay que obedecer a Dios antes
que a los
hombres. Por mi parte, concedo a la
mayoría el derecho a gobernar,
si bien no de forma absoluta e incondicionada, mas no le concedo el derecho a
legislar en el ámbito de la moral,
propio de la conciencia y no de
la opinión pública.
BREVES
por Erasmo
LA PERSISTENTE TABARRA DEL YAK
Bono tiene
una prioridad clara en la jerarquía de sus iniciativas malévolas; Hurgar
en las heridas del accidente del Yak. Para ello no repara en actuaciones
que permitan mantener en carne viva el dolor de los deudos de las
víctimas. Y reitera que, por supuesto, cuenta con el apoyo de éstos. No es
cuestión de divagar acerca de la conveniencia de ese apoyo, ellos sabrán
qué persiguen. Pero el último movimiento no plantea responsabilidad en el
accidente, sino en las actuaciones de identificación de los restos
humanos. Y nos hemos enterado de que los médicos españoles no acertaron ni
uno y los turcos, en cambio, hicieron pleno. Así, en blanco y negro. Nadie
ha recabado la opinión de médicos españoles. Bono locuto, causa finita
LA MAQUIAVÉLICA TABARRA DE “MAR ADENTRO”
Presencia del Presidente y ministros en el
estreno, minutaje inagotable en informativos y espacio en revistas,
anticipos y augurios de grandes éxitos en festivales.... Nada se escatima
para encomiar la última realización del último producto del armario. Nada
es poco para promocionar suficientemente la eutanasia que viene.
Las asociaciones de parapléjicos advierten
que ellos no la quieren. ¡Sabrán ellos que les conviene! La democracia
decide qué es bueno y qué es malo. Y los mayores de ¿cuántos? años, a
poner su gaznate a remojar. Los nacionalistas-socialistas están
deliberando.
LA INSIDIOSA TABARRA DE LAS MENTIRAS
López Garrido asegura que el PSOE no
quiere la comparecencia de Aznar en la Comisión del 11M para “no escuchar
nuevas mentiras”. Mantiene, con tal exabrupto la campaña de insistencia
socialista en que el PP mintió entre el 11 y el 13 de marzo.
No importa que las escasa actuaciones
eficaces de la Comisión del 11M hayan despejado esa patraña, poniendo en
evidencia la bonhomía de Acebes. Hay que aprovechar el éxito de las
insidias de aquellos días y machacar.
LA ESTÚPIDA TABARRA DE LA HERENCIA
PERNICIOSA
La foto de Las Azores no es responsable
tan sólo de la situación en Irak, de la subida del petróleo y del 11 M,
sino que es un exponente de todo lo que hizo mal el PP bajo la tiranía de
Aznar. El progreso económico era un espejismo, como se ha demostrado con
el incremento de la inflación, la desaceleración económica y la
disminución de los afiliados en la SS en cuanto han tomado el poder los
socialistas. El malvado “del bigote”, como lo califica Guerra con su
insuperable gracejo, dejo la situación con una bomba de relojería para que
estallase cuando el PSOE impusiese su insuperable talante. Pero
afortunadamente, como dice el mismo Guerra, se ha recuperado la ética de
la política. ¿Dónde estará
agazapado, esperando su segunda oportunidad, su “henmano” Juan?
LA SORPRENDENTE TABARRA DE LA RECUPERACIÓN
INTERNACIONAL
Moratinos anuncia un plan para que España
lidere la colaboración internacional contra e terrorismo, no sólo de la
ETA sino del islámico. Así, como suena.
Y para recuperar el prestigio
internacional de nuestro país, perdido, según parece, con la política de
Aznar.
Parece increíble, pero lo dice con aire de
convencidos. Tantos años besuqueándose con Arafat han producido daños
irreparables en su mente. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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