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  Nº 140 - 30 de noviembre de 2004

  

   CONTENIDO 

  1. Queridas idioteces, por Carlos Herrera
  2. La ocultación de España, por Agapito Maestre
  3. El indulto de Vera, por Luis Fernando de la Sota
  4. Breves, por Erasmo
  5. Quiero ser americano, por Serafín Fanjul

 QUERIDAS IDIOTECES                                                                                    arriba

por Carlos Herrera

publicado en ABC

A lo largo de estos días nos venimos acordando con frecuencia del, por otra parte, inolvidable Luis Carandell, exquisito caballero del decir y no menos puntiagudo observador de la realidad grotesca y risible de nuestro país. Si Luis estuviese entre nosotros, además de ganar todos por la compañía de un ser excepcional,. a buen seguro hubiésemos go zado de la descripción pormenorizada que hubiese realizado de la concatenación de hechos -más frecuentes día a día - con la que nos sor­prende cada imprevisto amanecer. Esta España nuestra, o lo que queda de ella en el imaginario colectivo de un nutrido grupo de resistentes, no abandona la costumbre de generar dislates propios de un mozalbete que aún no sabe qué quiere ser de mayor. Al gozar de la fortuna de estar gobernados por un partido de corte progresista, con un presidente permanentemente asido a una guitarra con la que entonar un perpetuo «cumbayá» y así cambiar al mundo - José Luis y su Guitarra-, todo aquello susceptible de ser tocado por el virus de lo políticamente correcto evolucionará indefectiblemente hacia el ridículo más espantoso.

Sin ir más lejos, una Secretaria de Estado a la que se le adjudicó la loable tarea de velar por la igualdad — se supone que de oportunidades — de los españoles y las españolas, sufrió una apoplejía indescriptible el día que comprobó que unas modelos de notable prestancia eran las encargadas de recoger las pelotas que los tenistas participantes en un torneo madrileño lanzaban impetuosamente fuera de la pista. Como consecuencia de la llamada al orden que emitió la preclara mandataria, rápidamente se organizó un debate a gran escala acerca de lo sexista de la medida: además de las consabidas tonterías que se suelen escuchar cuando uno se debe colocar lo mejor posible en la «pole position» de la progresía, sorprendió que la misma funcionaría de alto rango no hubiese puesto el grito en el cielo con motivo de la aparición, al objeto de entretener al público, de modelos bailarinas ligeras de ropas en los intermedios de los partidos de la liga de baloncesto o que no lo hiciera el día en que las ministras del gobierno posaron con modelos de firma para una conocida revista internacional. O que haya callado sospechosa­mente durante el tiempo que han coincidido ella en el cargo y las chicas del Telecupón en el Telecupón. Puede que sólo sea aficionada al tenis, deteste el baloncesto y que no le gusten los juegos de azar, a pesar de su conocida labor social. Puede; pero no deja de resultar llamativo.

Coincidiendo con esa rebelión de conciencias que se alzó tras la alerta social que despertó el lamento de tal señora, un nutrido grupo de diputados del grupo mixto -nutrido y mixto son antitéticos, pero yo me entiendo-, más otros cuantos de la inefable Esquerra de Carod y de la no menos enternecedora Izquierda Unida de Llamazares, alzó su voz para impedir que la televisión pública ofreciese corridas de toros en horario infantil. Desconozco los límites del horario de los hijos de sus señorías, pero colijo que su pretensión abarcaba desde las seis de la mañana hasta las tantas de la noche, hora en la que hay que ser muy, pero muy, aficionado para estar pendiente de las evoluciones habitualmente aburridas -a tenor de cómo está la Fiesta- de los matadores del momento. El argumento principal que manejaban estos íntegros guardianes de la salud pública era que el equilibrio psicológico de los niños españoles podía verse seriamente alterado por coincidir momentáneamente con la visión de un pase de pecho de Enrique Ponce o de un par de banderillas de El Fandi, alerta que nos llenó de congoja a muchos al pensar que hemos convivido durante años con la exposición de la Fiesta en las televisiones y que ello puede explicar que hayamos salido como hemos salido. Algunas mentes calenturientas quisieron ver en argumentarlo tan brillante -ignoro si desarrollado en catalán a tenor de la práctica ya asumida por los responsables de la cámara de que cada uno hable en lo que le plazca-, un mensaje subliminal y algo perverso tras el parapeto de velar por la integridad psíquica de los chiquillos españoles: los toros alteran la psique, vuelven malignos a sus aficionados, y al ser estos la expresión por excelencia las tradiciones hispánicas... España y los que se tienen por sus hijos son unos desequilibrados. Convengamos que eso jamás saldría de la mente de un independentista de la jauría de Carod, el interlocutor de etarras que con tan buena intención se preocupa por igual por los osos rumanos que por los toros andaluces y castellanos. No y mil veces no: no querían decir eso. Finalmente, la Comisión correspondiente a la cosa televisiva, aunque rechazó la sugerencia del horario, sí votó la conveniencia de añadir a transmisión un pitido inicial y un aviso simbólico del contenido violento de la misma, al objeto de que los aturdidos y desprevenidos padres que no saben cómo acaba una corrida de toros pudieran estar sobre aviso y tapar debidamente los ojos de sus indefensas criaturas.

No muchos días antes, víctima de la ola de concordia que nos invade, el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, había admitido a trámite de consideración la exigencia de un supuesto colectivo de musulmanes instalados en su comunidad de retirar del escudo identitario de misma las cabezas de cuatro pretendidos moros que campan en uno de sus cuadrantes desde más o menos, el siglo XIII. En un gesto que honra, el citado Iglesias -que, bien pensado debería ir considerando cambiar su apellido excesivamente comprometido para un laicista- se aprestó a abrir una discusión inequívocamente progresista al efecto de considerar si presencia de aquellas cabezas ofendía o no a un ciudadano de nombre Abdel Kader que se sentía profundamente molesto. Nada dijo, afortunadamente, de obligar a los ciudadanos de apellido Matamoros a trocarse el apellido por otro de mayor corrección política. Pero hubo de reconocer -tras escuchar a algunos expertos en heráldica y esas cosas-- que esas cabezas fine mente no representan a cuatro moros decapitados, ya que ni hay sangre ni son moros, sino cuatro hombres de color que vendrían a ser una alegoría del maligno, con lo que el debate anu ciado hubo de recoger velas. Para un arrebato conciliador que tiene, va la heráldica y se lo quita. Por otra parte, de suprimirse esas cabezas, escudo formado por la cuatribarrada y la Cruz de San Jorge ofrecería una calcada similititud con el de Cataluña, cosa la cual no acabaría de agradar en según qué ámbitos propios y ajeno . Fuera cambio. Que se aguante el musulmán.

No hay duda que episodios de este jaez, completados con la pretensión del gobierno vasco de esparcir vigilantes lingüísticos por los patios de sus colegios al objeto de reconvenir a 1os niños que juegan en castellano, hubiesen conmovido al inigualable Carandell. O al no menos demoledor Santiago Amón, aquel ciclón de talento tristemente desaparecido en accidente aéreo, el cual, poco antes de dejar este mundo, dejó dicho algo que merodea mi memoria día noche y que bien podría resumir lo antedicho: en España, a estas alturas, ya no cabe ni un solo idiota más.

 LA OCULTACIÓN DE ESPAÑA                                                                     arriba

por Agapito Maestre

publicado en libertaddigital

Los comentarios de la nueva edición de las obras completas de Ortega han dejado un rescoldo de malevolencia, casi una crítica, en mi corazón. Devuelvo esta menuda brasa envuelta en ceniza a quien ni siquiera ha logrado indignarme. Nunca he esperado mucho de los relamidos administradores del legado de Ortega, siempre tan preocupados por ocultar lo evidente de una grandiosa obra como por destacar lo más superficial y mundano de una biografía compleja, pero en esta ocasión han batido el récord de estulticia. Las reseñas aparecidas en los suplementos culturales del sábado, a propósito de la publicación de los dos primeros tomos de esta edición de sus obras, son de aurora boreal, o peor, cenizas, escombros, para ocultar un grandioso pensamiento y una vida volcada al servicio de la nación española.

Motivaciones personales, malos argumentos pedagógicos, falsos razonamientos academicistas y, en fin, justificaciones sin alma predominaban a la hora de "explicarnos" por qué Ortega es actual, por qué el pensamiento de Ortega es hoy un apoyo imprescindible, un puntal de madera noble, para que no se derrumbe el grandioso edificio que construyeron con sangre, sudor y lágrimas nuestros antepasados, la nación española. Estos enterradores del pensamiento no se han enterado del "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". Estos lectores a palos de la obra de Ortega no quieren saber nada de la circunstancia actual de España. No se atreven a mirar la cara enfurecida y odiosa de quienes afirman su pobre identidad animal odiando a su progenitora: España. La ocultación de la crítica de Ortega a los antiespañoles, a los defensores de una España invertebrada, parece la enfermiza tarea que se han impuesto los correctos intérpretes del filósofo.

La manipulación historicista, la sobrehistorización de unos territorios de España, ha llegado a su final. España está siendo demolida con odio, saña y resentimiento. Las mismas armas que Ortega denunció, desenmascaró y combatió a lo largo de toda su vida, pero los "defensores", o enterradores de lujo, se olvidan de recordarlo en sus melifluos comentarios del sábado. Pierden la ocasión, la oportunidad, de hacerse merecedores de un legado intelectual grandioso para que España no desparezca como nación. Sí, amiguitos, pensar es jugársela en cada ocasión que uno sale al terreno de lo público, y nadie que quiera pensar de verdad, en la España de los secesionistas y socialistas, puede dejar de mencionar estas verdades por las que vivió, luchó y murió Ortega. Sí, amiguitos, tengo la obligación de recordaros, porque amo tanto a mi nación, España, como al pensamiento de Ortega, que una y otro están hoy, después de los asesinatos del 11-M, más olvidados que nunca. Sí, amiguitos, Ortega es un adorno más para los pobres "pesebreros intelectuales" que legitiman la muerte de España como nación.

Sí, queridos lectores, Ortega queda reducido, en manos de polanquitos y liberales de cartón piedra, Ortega, a una pista de patinaje artístico. Un pensador para señoritos incapaces de comprender su crítica a la democracia morbosa, al totalitarismo implícito en las democracias de masa. Por eso, mientras España siga desgobernada por secesionistas y socialistas, dirigidos por el nieto del capitán Lozano, estamos obligados a resaltar la principal verdad de Ortega: hay que hallar la razón de la "sinrazón" de la historia de España. Ahora, cuando España está pasando por una de sus peores etapas de sinrazón, de asalto a la razón de la nación española, es cuando Ortega puede sernos más valioso. Cuando España está necesitada de voces que afirmen con sencillez que, en efecto, España es un nación, la voz de Ortega sobresale por encima de los ruidos miserables de los socios del nieto del capitán Lozano. Y junto al filósofo de la razón vital, hay que recordar cientos de nombres que se revuelven en sus sepulcros gritando: Viva España. Viva la nación. Menéndez Pelayo y Menéndez Pidal, Unamuno y a su lado Ortega, Sánchez Albornoz y Américo Castro, José Pla y Eugenio d´Ors, Dieste y Zambrano, Laín y Ridruejo, y otras tantas parejas que podríamos seguir citando, se remueven en la noche de los muertos, en la noche de santos, para gritar con Ortega: España es la única nación; lo otro, los otros territorios, son sus diversos componentes.

He ahí la sencilla plegaria de Ortega para que los intelectuales españoles se sigan llamando así, "intelectuales españoles", que con tanto afán se empecinan en ocultar estos comentaristas de salón. España es la única nación, He ahí la principal aportación de Ortega a la patria española y, por supuesto, la primera obsesión que tienen sus administradores por negarla, por disfrazarla, en fin, por ocultarla. Por eso, sólo por eso, algunos consideramos que leer a Ortega es retirar los escombros que sus administradores echan sobre su tumba.

EL INDULTO DE VERA                                                                                      arriba

por Luis Fernando de la Sota

El exsecretario de Estado de Interior, lo ha podido decir mas alto pero no mas claro. “ No voy a tirar de la manta porque esa manta me ha calentado cuando tenía frío “ ¿ En los tiempos de “frío”, juicios, cárcel, campañas acusatorias en los medios de comunicación etc, desde hace trece años, quien le ha arropado y dado calor?, Pues no hay mas que repasar las fotografías de la afectiva y tumultuosa despedida en las puertas de la cárcel de Ocaña, cuando ingresó en ella en compañía de Barrionuevo. Los abrazos de Felipe González, Corcuera, y la plana mayor guerrista, los altos cargos del felipismo que viendo pasar la cuchilla de la Justicia sobre sus cabezas, algunas ya habían caído, y temerosos de que la famosa x de Garzón se materializara con nombres y apellidos concretos, suplían su cobardía con aplausos, vítores y apoyos verbales, ya que no eran capaces de dar un paso al frente y declarar que Vera solo había sido una pieza del tinglado criminal y económico organizado bajo el paraguas de la lucha antiterrorista.

No va a tirar de la manta, no, porque la omertá, o la ley del silencio, es demasiado poderosa y obliga mucho.

Y no le van a dar el indulto. Al menos por ahora. Esperarán una mejor ocasión.

De esta forma Rodríguez Zapatero, podrá decir que es un presidente justo. El PSOE, que a pesar de estar en el poder no hace favores a los suyos, y los que han apoyado a Vera, presumir de que por amistad, lo han intentado por todos los medios. Así todo el mundo queda bien.

Todo el mundo menos Rafael Vera, que tendrá que sufrir un tiempo en la cárcel. Seguramente no mucho, porque se aprovechará una buena ocasión y con motivo de alguna enfermedad o afección, por razones humanitarias se lo concederán. Igual que a Rodríguez Galindo.

Pero le queda el dinero. Como a Roldán.

Porque el dinero no se devuelve nunca.

Cuenta Pedro J. Ramírez, en su último libro, que cuando el siniestro grupo de excargos socialistas urdió la trampa erótica en la que cayó estúpidamente el Director del Mundo, se calculó por parte de los autores el costo de la difusión a nivel nacional del vídeo en cuestión, y al barajar la cantidad de quinientos millones de las antiguas pesetas, Vera, no dudó en ofrecer esa cantidad para la operación. Puede ser cierto o no, pero nadie se ha querellado contra él.

En cualquier caso la sentencia del Supremo no ha podido ser mas inoportuna para el Gobierno y su presidente, que bastantes rentes tiene ya abiertos para que el pasado vuelva a caer sobre su cabeza. Tal vez esa oportunidad tenga algo que ver con la irritación de buena parte de la judicatura. A pero flaco todo se le vuelven pulgas. 

 BREVES                                                                                                              arriba

por Erasmo

EL CASO DE LOS COCINEROS VASCOS

Gran indignación corporativa porque el Juez cita a declarar a los cocineros vascos mencionados por un miembro de la Eta como pagadores de l impuesto revolucionario. Gran polémica entre los comentaristas y cobertura de imágenes tras la declaración de los dos primeros, que quedan en libertad sin cargos, pero protestan de cómo se les trata.

Pero ni una información acerca de qué dijeron l juez, de si pagaron, cuánto, cómo  y cuándo. Mucha más atención y respeto que lo que reciben los héroes que no pagan.

NUEVO PROPÓSITO ISLAMISTA

La policía detiene a un grupo de islamistas que estaban preparando un atentado con camión bomba, cargado con media tonelada de explosivos, en el Tribunal supremo y la Audiencia Nacional.

¿Será porque Zapatero se retrasó unos días en retirar las tropas de Iraq? ¡Otro desastre más a achacar a Aznar! ¡Porque otra motivación no se explica, tras la buena disposición mostrada por nuestro presidente para el diálogo entre civilizaciones y la paridad de sexos!

COLABORACIÓN HISPANOALEMANA

Zapatero Y Schroeder se retratan rubricando la excelente cooperación entre España y Alemania. Lo que significa que alquilamos y compramos tanques Leopard de utilidad discutible en estos tiempos. Y que recomendamos que la UE afloje sus exigencias de control de déficit público, ese tema en el que España hizo sus deberes con Aznar y Alemania no. ZP se arrima a la sombra de un árbol, Schroeder, cuya caída está anunciada, pese a las rectificaciones aceleradas que ha puesto en marcha. La sombra de ese árbol va a dejar de cobijarle, pero él no s entera

UNA NUEVA FRAGATA

La Familia Real preside la entrega de la moderna fragata “Almirante Juan de Borbón” a la Armada. Se unirá a las corbetas “Infanta Elena” e “Infanta Cristina”, y al portaviones “Príncipe de Asturias” ¿Ha habido otra época en la Historia de España con menos imaginación y más servilismo en el bautizo de nuestros buques?

UN IDIOMA MESTIZO

Así califica nuestro idioma el Rey en el Congreso de Rosario. No parece muy afortunado. En primer lugar, porque todos los idiomas lo son. No estarían vivos si no adoptasen las palabras que aportan los tiempos o los nuevos usuarios. En segundo lugar, porque la gramática permanece prácticamente incólume, desde su primera definición en 1492. Y ello hace que el tronco del idioma es el mismo, no afectado. Querría expresar, sin duda , el reconocimiento a la gran riqueza léxica de los usuarios americanos, que enriquecen el idioma mucho más de lo que lo empobrecemos los europeos. Pero no fue muy afortunado el redactor de su discurso.

LA CARTA DE ROSA DIAZ

La eurodiputada socialista vasca publica una carta en El País, quejándose de la efusividad del Rey al saludar a un Ibarreche que acababa de insultar a los españoles. Con medidas palabras denuncia la soledad en que quedan los vascos españoles con esos gestos. Y pide al Rey que dosifique su cordialidad , discriminando entre buenos y malos.

Algún devoto monárquico protesta en el ABC. Pero es más nominalmente que realmente devoto. Y los silencios aprobatorios resuenan.

QUIERO SER AMERICANO                                                                             arriba

por Serafín Fanjul

publicado en libertad digital

Nunca me cayeron bien. No pregunten las razones porque son las mismas –fundadas o arbitrarias– de cualquier español de mi generación y circunstancias, argumentos, contraargumentos y requetecontraargumentos bien sabidos cuya repetición aquí huelga. Pero llegó el 11 de setiembre de 2001 y fui uno de tantos que se pasaron un día entero mirando el televisor, contemplando el horror y el sufrimiento primero, la determinación y la firmeza después; y el patriotismo sereno y digno de una nación que demostraba saber quién es y cuál su sentido de responsabilidad en un trance gravísimo como aquel.

Se ganaron mi respeto y –por qué no decirlo– mi admiración y apoyo en la lucha que de inmediato emprendieron contra el fanatismo teocrático islámico, una lucha que también es nuestra si queremos sobrevivir como civilización organizada y con personalidad propia.

Y una pugna en la que demasiadas veces percibimos con nitidez que sólo contamos con ellos para defendernos, porque ni nuestra propia sociedad ni nuestros recursos –exiguos pero no desdeñables– están por la labor de plantar cara al terrorismo islámico en su versión cruda, o al islamismo moderado en la suave, rara avis cuya naturaleza real todavía no conozco. Bien es cierto que escribo desde el país en el que una mayoría de ciudadanos (no todos) imploró perdón a sus asesinos y proclamó su rendición incondicional votando a quien prometía salir de najas de Irak para que los terroristas se apiadasen de nosotros. Pero esto no lo inventaron Rodríguez y Rubalcaba, ellos sólo fueron sus beneficiarios.

Cuando los autores intelectuales –se dice que los servicios secretos marroquíes, al parecer con fundamento– decidieron golpearnos, sabían muy bien a quién lo hacían: un país sin más seña de identidad colectiva que las copas del fin de semana, que relega la bandera nacional a los estadios de fútbol y "desprecia cuanto ignora", que decía Machado, también de su pasado. Porque, digámoslo con claridad bien triste, la nuestra es una de las sociedades más medrosas, acomodaticias e inhibidas del planeta. No hablo de valor individual, que hay de todo, como en cualquier parte, sino de la decisión general de la comunidad española de defenderse. Y una sociedad que renuncia a la defensa se está condenando a muerte, cantos ecologistas a las ballenas aparte. Adiós a Manolita Malasaña, a María Pita y Agustina, damos de mano a Eloy Gonzalo, Guzmán el Bueno y Moscardó. Muchos españoles actuales –si saben de su existencia y no los reducen al nombre de una calle– se burlan y escupen sobre la memoria de semejantes –para ellos– infelices. Nada de sacrificios y abnegaciones y menos aún de riesgos. Los arquetipos del momento son analfabetos y oligofrénicos con mando en oficinas oficiales o cadenas de televisión, golfas (no sólo de cama) y sus chulos fronterizos, grandes especialistas en ignorancia enciclopédica y universal. Comer tres veces al día y poseer un coche ha arrasado con la dignidad de los españoles. Si vivieran Quevedo, Valle Inclán o Cervantes andarían por el Rastro vendiendo sus escritos (a mano) a compradores caritativos por falta de editores.

Así pues, mientras el consulado me concede la nacionalidad que no he pedido, no más me queda felicitar a los estadounidenses que han decidido defenderse votando y decirles, parafraseando a progres sin muchas luces que lo salmodian de Irak: "América resiste, América existe". Aunque ahí la palabra América sea un abuso semántico. Pero nos entendemos.

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