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Nº 142 - 31 de diciembre de 2004 |
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CONTENIDO 1. La hora estelar de los cobardes, por Mikel Buesa 2. Los folletos perdidos, por Ignacio San Miguel 3. ¿Existe la Navidad?, por Cristina López Schlichting 4. Ann Coulter y los progresistas, por José María Marco 5. Breves, por Erasmo LA AHORA ESTELAR DE LOS COBARDES arriba por Mikel Buesa publicado en ABC Aunque el curso de los acontecimientos se desenvuelve a veces con vertiginosa velocidad y da lugar a una efímera persistencia de su recuerdo, lo que no es sino la antesala de la desmemoria, conviene de vez en cuando volver a su evocación para no perder el rumbo de la política correcta y evitar así que la acción partidaria se resuelva en un cúmulo de despropósitos oportunistas En poco más de año y medio hemos visto así que, tras la ilegalización de Batasuna y su inclusión en las listas internacionales de organizaciones terroristas, el presidente del Parlamento vasco, acompañado de algunos de los miembros de su mesa de portavoces, en un acto que podrá llegar a ser invocado como el preludio de la insurrección, declaraba su insumisión a las resoluciones del Tribunal Supremo negándose a dar efecto a la disolución de ese partido. No es de extrañar en una persona que, según escribió en cierta ocasión, teme que los batasunos «nos retiren definitivamente el uso de la palabra». Después vino el lehendakari Ibarretxe a presentar el texto articulado del plan que lleva su nombre —cuyo anuncio como promesa de paz y de progreso, se había producido un año antes—, revalidando de esta manera el viejo pacto de su partido con ETA y mostrando que pueden asumirse los objetivos secesionistas de la banda terrorista presentándolos, con toda desfachatez, como el comienzo de una nueva relación amable entre Euskadi y España. El presidente del Gobierno vasco temía perder, seguramente, los réditos políticos que, para el nacionalismo, se han derivado del ejercicio de la violencia, dentro de ese marco de división del trabajo que, con certera precisión, llegó a definir Arzalluz con su teoría del «árbol y las nueces». Ventajas políticas fueron también las que, unos meses más tarde, buscó el líder de ERC al concertar con ETA la creación de una zona libre de atentados en Cataluña. El miedo de los catalanes a sufrir los devastadores efectos del terrorismo quedaba así mitigado, produciendo de paso una sustanciosa renta electoral. Más tarde nos enteraríamos de que los miembros de la que, con evidente exageración, ha sido denominada, por los gobernantes nacionalistas, corno «cúpula gastronómica vasca», se encuadraban en el grupo de los que han cedido a la extorsión etarra. Esos mismos gobernantes los equipararon a las demás víctimas de ETA —sin que ésas, muertas o heridas, entre otras cosas, gracias al dinero aportado por aquellos, pudieran oponer nada a semejante asimilación— destacando que el miedo de esta élite cocineril justificaba suficientemente su comportamiento. Sería en este ambiente tan proclive a disculpar e1 colaboracionismo con las organizaciones terroristas, en el que, ya muy recientemente, Batasuna trató de recuperar la iniciativa en un intento de paliar su pérdida de papel político, convocando un mitin vacío de mensajes novedosos en San Sebastián. Y entonces llegó la apoteosis: todos los que deseaban ser marcados con la señal de Caín para que ETA no los mate, se apresuraron a practicar la exégesis de tan trascendente acontecimiento para clamar por un retorno al estatus anterior a la aplicación de la ley de partidos e incluso a la suspensión decretada por el juez Baltasar Garzón en agosto de 2002. Así lo hicieron, entre otros, el alcalde socialista de esa ciudad, los portavoces del gobierno regional, los dirigentes nacionalistas vascos y catalanes, y también los máximos representantes de la izquierda comunista. Más aún, no contentos con semejante pretensión, rozando la alabanza del crimen, pasadas dos semanas, mostraron su simpatía, su afinidad, su fascinación por la violencia, acogiendo con calurosa amabilidad a los dirigentes de Egunkaria, los últimos procesados por un delito de asociación ilícita subordinada a ETA. Y, así, se pudo ver al lehendakari Ibarretxe recibiéndolos en la sede de la presidencia vasca, a los portavoces de los grupos nacionalistas y de Izquierda Unida prestándoles las dependencias del Congreso de los Diputados para su propaganda, al cesado Arzalluz presidiendo la delegación que los acompañaba a la Audiencia Nacional y, redondeando la faena, a la Diputación Foral de Guipúzcoa concediendo a uno de ellos su premio a quienes mejor defienden los Derechos Humanos. Este delirio, este frenesí inducido por el miedo marca la hora estelar en la que los cobardes pretenden hacer de su pusilanimidad un valor moral que sirva de guía al conjunto de la sociedad. Pues no puede olvidarse que, como desde su experiencia de pensador y soldado señaló Glenn Gray, «los cobardes son los que mejor entienden la psicología del miedo». Son ellos los que ahora nos dicen que debemos claudicar ante el terrorismo, que es mejor negociar con los que hacen de la violencia su instrumento de acción política, que salvemos la vida a cambio de la libertad. Y lo hacen porque, como añade el mencionado autor norteamericano, a ellos «les falta, ante todo, la sensación de estar unidos a sus semejantes;.. .son incapaces de comprender que otros valores pueden igualar o superar al de su propia vida, ...como el deber, el honor o el respeto de los amigos». La cobardía se adueña así, de manera creciente, de la sociedad española. En ella, se admite cada vez más que el miedo disculpa a los que ceden al pillaje del terrorismo nacionalista, a los que conciertan con él su salvación particular a cambio de favores políticos, a los que ejercen la insolidaridad mirando hacia otro lado para no percibir los letales efectos de la violencia, a los que alegan su ignorancia para no tener que enfrentarse ante la evidencia del crimen. La Cobardía se está configurando, paradójicamente, como uno de los valores mejor aceptados por los españoles que buscan su guía moral, de una u otra forma, no sólo en las fuerzas políticas nacionalistas, sino también en las de la izquierda. Estas últimas se muestran cada vez más alejadas de la vieja tradición republicana; esa tradición que el francés Jean Laffitte supo reflejar en sus observaciones sobre los anarquistas, socialistas y comunistas deportados en Mauthausen, cuando señaló que «un español que tenga una necesidad, sea cual sea, cuenta con la ayuda de los demás españoles», antes de añadir que «todos los españoles se deben entre sí ayuda y, asistencia, según el principio por el cual quien ataca a un español agrede a todos los españoles», y de concluir que, entre aquellos desterrados cuya ejemplaridad hoy se reconoce universalmente, sólo se despreciaba a «dos clases de hombres: los cobardes y los traidores». Por todo ello, si se quiere evitar que de manera definitiva en España se pierdan los valores morales que nos han permitido llegar a ser una de las naciones más antiguas de Europa, se hace necesario poner freno al avance invasivo de la cobardía. Para esta tarea la izquierda está llamada a recuperar su viejo latido solidario e insertarlo, superando definitivamente el oportunista discurso del enfrentamiento civil entre los españoles, en el marco constitucional hoy vigente. Algo que ya ha hecho la derecha, dando en esto un ejemplo que no puede negarse, al depurar, dentro de ese mismo marco, la doble tradición cristiana y liberal de la que ha sido heredera. LOS FOLLETOS PERDIDOS arriba por Ignacio San Miguel publicado en vistazoalaprensa La previsión de que Europa quedará islamizada a finales del presente siglo, se basa mayormente en las tendencias demográficas, marcadas por la baja natalidad unida a la inmigración creciente. Europa envejece, su tasa de nacimientos no alcanza el nivel de mantenimiento, y al mismo tiempo admite sin restricción multitud de inmigrantes, gran parte de ellos musulmanes. Pero junto a esto hay que señalar que Europa se ha descristianizado extraordinariamente en las últimas décadas, y el laicismo sigue consolidándose. Un laicismo compuesto de escepticismo religioso, anticristianismo, hedonismo y relativismo filosófico. Por el contrario, los musulmanes mantienen una fe ardiente y una religiosidad intensa. Es lógico pensar que el vacío religioso dejado por el cristianismo será llenado por la fe islámica. Reaccionando contra ese laicismo que el nuevo Gobierno de España quiere asentar definitivamente, la Conferencia Episcopal, a través de su Secretario Martínez Camino, ha anunciado el reparto en todas las parroquias de unos folletos en los que viene expresada la doctrina católica sobre temas como la eutanasia, matrimonio homosexual, etc., que el Gobierno desea legalizar. Hay algo significativo en esta reacción, y es el hecho de que si en las parroquias se predicase doctrina católica sobre estos temas, no serían necesarios estos folletos. Pero lo cierto es que no se predica tal doctrina católica. Estos problemas ni siquiera son mencionados. Existe un divorcio (evidente para el que se interese un poco en esta cuestión) entre los obispos que quieren ser fieles a la tradición y el clero llano que sigue en la onda liberal y modernista que se impuso en el postconcilio. Así que son necesarios unos folletos. Pero el divorcio mencionado también se manifiesta en esto. Porque en muchas parroquias, si no en la mayoría, estos folletos no son repartidos. La iniciativa de la Conferencia Episcopal ha sido acogida con el desdén de unos clérigos que persisten obstinadamente en la línea doctrinal, difusa en lo teológico, relajada en lo moral y centrada con preeminencia en lo social (en su reducción a la lucha de clases) que adquirió predominancia en los años sesenta y setenta. Al que ignora esta circunstancia, tiene que parecerle sorprendente que, estando el aborto y el matrimonio de homosexuales condenados por la Iglesia, y constituyendo los dos problemas más graves que están socavando la civilización occidental, los púlpitos permanezcan mudos al respecto. El resultado es que a la potente expansión de un Islam cada vez más triunfalista, y a un laicismo anticristiano que coadyuva al triunfo de aquél, la Iglesia católica española responde con la difusión de unos folletos que o bien se pierden en el camino, o bien son olvidados en algún cajón, o bien alcanzan su destino en las papeleras de las oficinas parroquiales. ¿EXISTE LA NAVIDAD? arriba por Cristina López Schlichting Publicado en La Razón Hay gente que se queja, por dos razones distintas. Los unos plañen por el consumismo, el follón y las obligadas reuniones familiares; los otros se sienten estafados porque los ministros desean «Felices Vacaciones de Invierno» en lugar de Feliz Navidad. Es verdad que en esta sociedad rica, a la vista de tantas luces y tanto papel de envolver, se le plantea a una la pregunta sobre las centrales eléctricas y los bosques talados, que no es sino la duda razonable sobre la capacidad del planeta para sostener nuestro tren de vida. Y también a mí me sorprende esta simpleza de sustituir la tradición de siglos por esnobismos horteras, que además ocultan cierto resentimiento hacia las convicciones religiosas de otros. Pero ni una ni otra circunstancia consiguen fastidiarme las Navidades. Es curiosa la impotencia del poder. Toda la ideología del mundo no consigue evitar la libertad de una persona. Deberíamos haberlo aprendido tras haber constatado con Frankl que ni un campo de concentración, ni un régimen fascista, ni siquiera décadas de comunismo pueden someter a un hombre empeñado en ser él mismo, pero me sorprendo de ello una y otra vez. Ni los papanoeles más horrorosos ni los atascos consiguen borrar de mi mente la pretensión de Cristo de ser hijo de Dios. Todo este lío de papel cuché y kilowatios y esta discusión sobre si «Vacaciones Invernales» o Navidad vienen desatados por el nacimiento y la muerte de un hombre hace dos mil años. Uno que tuvo la osadía de decir que era Dios. No trajo una filosofía inteligente, como Buda; ni transmitió mensajes de parte de Dios, como Mahoma, dijo lisa y llanamente que Él era Dios. Nadie nunca, ni antes ni después, pretendió semejante cosa (salvo alguno con camisa de fuerza). Esta novedad que introduce Jesús en la Historia, en tiempos del emperador romano Augusto y de su gobernador Cirino, en época de Herodes el Grande, plantea un desafío interesante, que nada tiene que ver con que nos guste o no el contenido de los Evangelios. Sencillamente, o Cristo mentía, o estaba loco, o decía la verdad. No cabe una cuarta opción. Y si decía la verdad iría incluido en el «paquete» la promesa de permanecer entre nosotros y hacerse reconocible a los sentidos en su Iglesia ¿Se imaginan poder vivir hablando, comiendo y paseando con Dios hecho carne? Como esto me ha pasado a mí, como he verificado y verifico que es cierto, pueden imaginarse a su vez lo que me importa que el ministro de turno me felicite las vacaciones invernales o lo que me estorba que un árbol esté especialmente feo con ciertos adornos. Y es que todo, hasta el pobre ministro, me remite invariablemente a aquel acontecimiento de la época de Augusto y a mi asombrosa vida actual. Nada puede cambiar un hecho, un acontecimiento. Ni la secularización ni la banalización. El único problema, si uno está interesado, es topárselo. Feliz Navidad a todos. ANN COULTER Y LOS PROGRESISTAS arriba por José María Marcopublicado en libertaddigitalHace unos días pasé un rato con un amigo progresista, de los pocos que aún me dirigen la palabra. El hombre estaba alicaído. La victoria de Bush lo había dejado sin habla. La vuelta del cristianismo a la escena pública que se está viviendo en Estados Unidos lo ha acabado de hundir. Salió a relucir la película de Mel Gibson sobre la Pasión de Cristo, que como era de esperar no ha sido nominada para no sé qué premio al que la maquinaria propagandística de izquierdas en que se ha convertido Hollywood da una gran importancia. Le comenté lo mucho que me había gustado. Mi amigo progresista me dijo con tono escandalizado que no había ido a verla y que no pensaba hacerlo porque le parecía una película sadomasoquista, narcisista y machista (sic, sic y resic). Como debí poner una cara rara quiso demostrar su infinita tolerancia y añadió que a pesar de todo, Jesucristo le parecía una figura "interesante". Del respingo que di a punto estuve de echarle encima el trago de la Coca-Cola que me estaba tomando. Recapacité, dudé acerca del giro que debía dar a la conversación y por un momento estuve a punto de poner en práctica lo que escribe Ann Coulter en el prólogo de su nuevo libro, Cómo hablar con un progresista (si no hay más remedio), Nueva York, Crown Forum, 2004] Ann Coulter es una ensayista y periodista que durante bastantes años estuvo publicando exclusivamente en Human Events, una excelente revista liberal y conservadora de la que Ronald Reagan era fiel lector. Ningún otro medio se atrevía a dar a conocer sus artículos, siempre entretenidos y a menudo polémicos hasta lo incendiario. Poco después del 11 S escribió que el principal objetivo de Estados Unidos no debía ser Afganistán ni Irak, sino Francia. La columna se llamaba, muy apropiadamente, "Attack France!" Más tarde escribió que lo que debían hacer las autoridades neoyorquinas era reconstruir tal cual las Torres Gemelas, que era, en efecto, lo que se debía haber hecho. Ann Coulter salió del ghetto de los medios periodísticos conservadores gracias a sus libros (entre ellos Slander –"Calumnia"- y Treason –"Traición"), dos best-sellers monumentales. También debe su celebridad a Internet, que le ha permitido una difusión instantánea y directa. Suele salir en la Fox y siempre resulta un gran espectáculo. Es una mujer atractiva, inteligente y bien informada. Habiéndose especializado en la provocación, dice lo que mucha gente no se ha atrevido a decir jamás y que ahora empieza a decir gracias a personas como ella. Su último libro es una recopilación de artículos. Muchos habían sido publicados en su integridad; otros habían sido convenientemente "editados", y otros, finalmente, se habían quedado en el disco duro del ordenador de Ann Coulter. Entre las muchas páginas memorables de este nuevo libro está el prólogo, en el que la autora proporciona diez consejos, que son otros tantos mandamientos, acerca del problema en que se ha convertido hablar con un progresista, siempre, eso sí, que no haya más remedio que hacerlo. El decálogo es el siguiente: 1. No rendirse antes de pelear. 2. No estar a la defensiva. 3. Hay que sacar de quicio al enemigo. ("Si el progresista con el que está usted hablando no se queda sin habla, espumeante e impotente de rabia, es que usted lo está haciendo mal. La gente no se pone furiosa cuando se le miente; se pone furiosa cuando se le dice la verdad.") (Este es mi favorito.) 4. No disculparse jamás, "al menos no por lo que los progresistas quieren que usted se disculpe". 5. No elogiar nunca a un demócrata (aquí, el partido de izquierdas que corresponda). 6. No mostrarse nunca generoso con un demócrata (ídem). 7. No halagar nunca a un demócrata (ídem otra vez). 8. No dejarse nunca comprar por los progresistas. 9. Prepararse para que los secretos mejor guardados de la propia vida privada sean aireados por los progresistas. (Por un razonamiento que el lector interesado hará bien en seguir, los dos párrafos dedicados a este mandamiento terminan con un comentario certero y memorable: "En realidad los progresistas odian a los homosexuales".) 10. Estar siempre disponible para los progresistas en trance de reconversión. Mi amigo el progresista al que le "interesaba" la figura de Jesucristo no está en trance de reconversión, pero confieso que no seguí los consejos de Ann Coulter y me callé. Decirle lo que pensaba de su comentario le habría sacado, efectivamente, de quicio. También habría acabado con nuestra amistad. Para purgar mis pecados le mandaré una copia del libro de Ann Coulter comprada en Amazon. Con una tarjeta que diga: "Felices Navidades".
BREVES arriba por Erasmo UN AVISO DE BOMBA El aviso de bomba que hizo desalojar el Estadio de Chamartín resultó falso. Sirvió para demostrar la tranquilidad con que reaccionó el público y la eficacia de los servicios. Resultó un acierto que no se mencionase la palabra “bomba” por los altavoces que urgieron el desalojo. Pero quizás haya que preguntarse si no se hace el juego a los terroristas tomando la decisión de evacuar a 80.000 personas porque se ha dicho que hay una bomba en una calle próxima. No se pede bailar al son que tocan, por más que se empleen argumentos de máxima seriedad, como la vida humana. UN TRASLADO CUIDADOSO Trasladan a Madrid cuatro islamistas detenidos en Canarias con una escolta de ¡cuarenta policías! Algo falla en la noticia. Hacer el ridículo está prohibido, pero aparentarlo, también. LAS VICTIMAS SON DIVERSAS Las declaraciones de los dos representantes de las víctimas del terrorismo demuestran el diferente talante de ambos. Una, la activista de CC.OO. que no recata en tachar de asesino a Aznar, apela a la sensibilidad de los oyentes para conseguir su efecto, y pide una Comisión independiente de los políticos. Éstos se apresuran a rechazarla. No consienten que ocurra nada en la sociedad española que ellos no controlen. Otro, Alcaraz, reprocha a los políticos su incoherencia al decir que se ocupan de las víctimas mientras pactan con los asesinos. Tierra encima: Su declaración es silenciada con la losa del poder COMUNIDAD NACIONAL VASCA VASCA El Partido socialista vasco presenta una alternativa al Plan Ibarreche “que le supera, mencionando una Comunidad Nacional Vasca”. Se culmina así el distanciamiento de posiciones anteriores, lideradas por Nicolás Redondo y Rosa Díez, entre otros. Se aproxima el PSE al PNV, con el beneplácito tácito de ZP. Todo ello incrementa el desconcierto político nacional, en el que pescan y hacen continuamente su copo los nacionalistas. EL BOICOT AL CAVA Parece ser que se ha disparado una campaña de boicot al cava catalán, que ha motivado que sus productores hayan tirado de las orejas a Carod y le hayan obligado a rectificar, a su manera, la recomendación de boicot al Madrid 2012. Se demuestra así que la locura genera locura, y en ese mundo solo proliferan los locos. Se necesita sensatez a raudales en nuestros políticos, pero con el Presidente que tenemos, el porvenir se presenta muy negro. EL COMBATE ANUAL Como todos los años, el espíritu laico, personificado en el tal papá Noel pretende imponerse al Misterio Cristiano en Navidad. Pasen Uds. revista a los anuncios en la TV y comprobarán que este año, pese a los políticos entre los que destaca el inefable Alcalde de Madrid, el segundo gana claramente. El Corte Inglés se lleva la palma en esa victoria, pero hay multitud de casos en que los Reyes se imponen claramente. Sólo Amena y los tontos de Feria de Madrid se han alineado con los primeros. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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