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Nº 143 - 20 de enero de 2005 |
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CONTENIDO 1. Nemine Discrepante, por Serafín Fanjul 2. ¿Sontag a Voz?, por Carlos Rodríguez Braun 3. Encrucijada, por Davaid Gistau 4. El despilfarro, por Juan Carlos Girauta 5. Un Vacío revelador, por Martín Quijano
por Serafín Fanjul publicado en libertaddiigital Que nadie discrepe, objetivo máximo del actual gobierno como paso previo al establecimiento final del PRISOE, un régimen de felicidad sin gajes ni corrupción institucionalizada y de altísimo nivel cultural y cívico. En lo que quede de España dentro de veinte años, claro. Del reciente dictamen del grupo de expertos sobre los Papeles de Salamanca se han destacado varios aspectos según el punto de vista de quien opina (que nadie votó en contra, que es parte del precio por el apoyo coyuntural de los separatistas catalanes, que los archivos en elemental lógica archivística no deben trocearse, que es una restitución, que simboliza la rendición de Rodríguez, que "cierra la puerta al franquismo", que detrás vendrán otras reclamaciones de estos independentistas y de otros, o de cualesquiera, etc.), pero aquí preferimos fijarnos en una faceta diferente: el alegre desparpajo con que muchos políticos disponen de nuestro patrimonio histórico y cultural, con mucha mayor osadía y despreocupación que si fuese suyo, porque en tal caso andarían con fino ojo antes de partir, prestar, ceder, mover o alterar museos, archivos, bibliotecas, cascos urbanos, edificios antiguos, montes y campos o ceremonias tradicionales que, objetivamente, a nadie perjudican. Para ser justos, fuerza es admitir que ningún partido se salva de la crítica en este terreno, pero también es equilibrado otorgar en él la palma de oro y brillantes al PSOE, en cuanto tiene la menor oportunidad de ejercer el poder. Sus objetivos son otros muy distintos de la Cultura, de la preservación del patrimonio nacional o de conservar el inmenso legado artístico que hemos recibido del pasado y que, en ocasiones, dudo nos merezcamos. Colectivamente, quiero decir. Si al PP se le pueden recordar la Plaza del Mercado de Ávila, las jaimitadas de Ruiz Gallardón y sus deletéreas musas o la discutible ampliación del Prado, a un grupúsculo como IU, pese a sus microscópicas responsabilidades de gobierno, se debe la entrega por J. Anguita de la Torre de la Calahorra a la Fundación R. Garaudy para montar una mamarrachada encaminada a difundir el integrismo islámico, amén de haber entregado dos iglesias en la misma ciudad de Córdoba para el culto musulmán. No obstante, PSOE y adláteres mejoran a todos, aventajados como son en el arte de mudar con su varita mágica el barro en fosfatina: desde capar las celebraciones de la Toma de Granada el 2 de enero con sandeces multiculturalistas hasta ceder el Castillo de Montjuic a los secesionistas catalanes; desde intentar Cecé –la cuñada del misionero islámico en Chiapas–, cuando era consejera de Cultura de Andalucía, que se prestase la Catedral-Mezquita de Córdoba a unos peliculeros para que la desbaratasen a su antojo, hasta vivir obsesionados cambiando nombres de calles, o estatuas de sitio, o estudiar el cierre del Valle de los Caídos, o pretender modificar el escudo de Aragón. La majadería anda suelta.
Ahora toca al Archivo de la
Guerra Civil en Salamanca: con un elenco de expertos nombrados a
dedo y un presidente, Federico Mayor Zaragoza, que defiende aquí lo
contrario de lo que sostenía cuando presidía la UNESCO, en aquellos
tiempos en que fungía de cobista zascandil implorando votos
tercermundistas para ser reelegido; o con una Cecé que, de ministra,
mantiene lo opuesto a lo que mantenía como consejera de la Junta de
Andalucía respecto a la preservación del patrimonio cultural. Un tiovivo
de oportunismos, inconsecuencias, irresponsabilidades e ignorancia de
quienes deberían ser garantes de lo mejor que nuestro país posee, su
legado cultural, atesorado y acumulado durante siglos por muchas
generaciones de españoles. Nada importa. Y si un día se metieron a opinar
y decidir por votación si el catalán y el valenciano son una misma lengua,
¿por qué no van a desguazar un archivo, total cuatro papeles viejos y
mugrientos? Bien es cierto que en una tierra donde una parte de la
población –los progres, casi todos– se preocupa más de la capa de ozono
que de la ruptura de la nación en que y de la que vive, proclamando así su
frivolidad y alienación, puede pasar de todo. Quién sabe si no acabará
pasando.
¿SONTAG,
LA VOZ?
por Carlos González Braun publicado en Expansión A tenor de los ditirambos mediáticos, la difunta Susan Sontag fue a la dignidad lo que Frank Sinatra a la canción. Esto leí en El País, que anunció su fallecimiento en portada y alabó su figura en tres páginas, tres: "voz comprometida... voz combativa y libre... voz crítica., escritora valiente... ferviente activista de los derechos humanos... de las pocas intelectuales críticas que se alzaron en su país contra la guerra de Irak". Empecemos por la falsedad final: el grueso de los intelectuales y artistas norteamericanos se opusieron a la guerra de Irak y a Bush. La minoría, en cambio, los respaldó, como una minoría apoyó la guerra de Vietnam y en general a Estados Unidos. Por eso el pensamiento único vibra de emoción, y sujetos como Saramago, que saludaron cuanta dictadura no capitalista hubo en el planeta, celebran a esta señora y dan lecciones de moral. Oigamos la voz de Sontag. Esto dijo: "EEUU fue fundado sobre un genocidio... la raza blanca es el cáncer de la historia de la humanidad... es sólo la raza blanca la que erradica a las civilizaciones autónomas, estropea el equilibrio ecológico del planeta y amenaza a la propia existencia de la vida". Por eso le dieron el premio Príncipe de Asturias, como a otros americanos que lo ganaron, por odiar a Occidente y a su país, que es lo peor del mundo: Para nosotros, es totalmente evidente que el Reader's Digest y Lawrence Welk y los hoteles Hilton están orgánicamente conectados con las Fuerzas Especiales que atacan con napalm los pueblos de Guatemala” Esta insensata, de la que Carlos Fuentes enfatizó su “importancia moral”, llegó a proclamar: “Estados Unidos es una sociedad cancerosa, con una tasa de productividad desbocada, que inunda el país con mercancías cada vez más innecesarias. EE.UU.: tiene una energía excedente, cuyo desbordamiento depredador debe ser contenido. De ahí las consecuencias revolucionarias de la marginación: drogarse (reduciendo así la eficiencia, la comprensión, la productividad) interrumpir el sistema educativo (que suministra a la economía plantillas dóciles) y concentrarse en actividades hedonísticas improductivas como el sexo o escuchar música". Susan Sontag hizo, sí, una cosa valiente con su voz: arrepentirse de lo que dijo. Lamentó sus "errores" contra la guerra de Vietnam, cuando aplaudió, como tantos otros, a los comunistas, pero después se dolió de haber acusado a u patria de ser un horror extremista, fundamentalista e imperialista- "Para muchos de nosotros que hablábamos del imperialismo no estaban claras las escasas opciones que tenían muchos de esos países, excepto el imperialismo soviético seguramente peor. Cuando fui a Cuba y Vietnam del Norte no tenía claro que podían volverse satélites soviéticos" Esta declaración la puede usted leer en Paul Hollander, Political Pilgrims, 4ª ed., Transaction Publishers, 1998. Pero, igual que las demás que incluye esta columna, no figura en las hagiográficas tres paginas, tres, que le dedicó El País
ENCRUCIJADA
por David Gistau Publicado en La Razón En un artículo reciente, amparándose en el ejemplo de Churchill, Pedro J. Ramírez elucubraba sobre la legitimidad del uso de la fuerza para defender la democracia. Esto mismo está en Hobbes, quien declara que la libertad tiene unos muros de protección que hay que defender, y no precisamente con ese pacifismo a lo John Lennon de meterse en una cama a tocar la guitarra, que es lo único que le falta a Zetapé en cuanto se ponga de acuerdo con Yoko Ono. O, en su defecto, con Fernández de la Vogue, que cierto achinamiento tiene en la mirada. De la recomendación que el propio Hobbes hace al buen estadista –ser sociable con el sociable y temible con el que no es sociable–, Zetapé sólo cumple con el primer precepto, y de ahí que invite a té a los secesionismos, nada sociables. Como la Inglaterra de Churchill ante Hitler, la España de Zetapé está en una encrucijada en la que se juega su propia existencia. La diferencia es que, aquí, el trance no es bélico, por lo que a pesar de las tentaciones de los campeadores no hay que vincular el uso de la fuerza al de las armas, aunque sólo sea para no conceder a Ibarreche esa dialéctica de las tortas en la que encontraría justificación para el victimismo artificial de la periferia. Y sin embargo, cabe preguntarse: ¿tiene hechuras Zetapé para ser el Churchill que salve la prueba? Según Robert Kaplan, lo que convierte a Churchill, para alivio de Inglaterra, en uno de los héroes tutelares del siglo XX es lo siguiente: un sentido orgulloso del pasado de su nación que alimenta una concepción idealizada del destino por el que luchar. Con sus discursos en tiempo de guerra, Churchill logró que los ingleses se vieran como los veía él: idealizados, herederos de un destino bien defendido en el pasado. Sentido orgulloso del pasado, en este caso inventado, y concepción idealizada del destino, los tienen Ibarreche y Pérez Carod y hasta el cabrón de Juana Chaos. Pero no Zetapé, quien, como la propia izquierda española, tiene un sentido avergonzado, y no orgulloso, del pasado de esta nación a la que por tanto niegan un destino por el que merezca la pena luchar, aun obligándose a ser temible con quienes no nos son sociables. Por ello, Zetapé no será nuestro Churchill. Porque carece de lo que tenía el inglés: fe en cuanto es.
El
despilfarro
publicado en libertaddigitalNo sé por que endiablado laberinto se habrá perdido España para acabar convirtiéndose en el país menos dispuesto del mundo a defender sus propios intereses, su dignidad, su integridad y, en definitiva, su supervivencia. Arranca el autoodio de seculares diletantes, de pesimistas crónicos; la Generación del 98 habría dejado otro legado si hubiera dispuesto de Prozac. Hay algo de gran complacencia masoquista –algo turbio que tiene que ver con el resentimiento y con algunos de los ritos tribales del despilfarro que retrata Marvin Harris– en la desenfadada alegría con que se dilapida el respeto internacional, el ascendiente global labrado astutamente por Aznar, para encarnarnos en un gobierno de los hermanos Tonetti. Moratinos podría tener al menos algún detalle estético, algún rasgo del perdedor a conciencia, y ejemplarizar un apostolado del fracaso que iba a caer muy bien en este país tan curioso. Pero no es el payaso de las bofetadas de León Felipe, es infinitamente más absurdo y más grotesco. No me siento representado por un tipo que anuncia a bombo y platillo una importante entrevista con el jefe de la diplomacia americana y que al final, tomándonos, como suele, por lo que él es, agarra al pobre cesante por el brazo, le obliga a sentarse en cualquier sitio y le aturde con un galimatías de nueve minutos a la vista de todos. Un rollo que debió ser de antología, pues en él cupieron las relaciones bilaterales, Iberoamérica, el Sáhara, el Magreb, Palestina, las misiones de paz, la visita de Chávez y los derechos humanos en Cuba. El único punto ligero sería el último, pues en Cuba no existe nada parecido. El resto lo imagino y lo recreo entre la vergüenza y la carcajada. Se me saltan las lágrimas y no sé de qué son.
¿Por qué se pone España en
voluntario ridículo? ¿Por qué quien va en cabeza corre a ponerse a la cola
y se viste de bufón? En plena sintonía con la nueva era de despilfarro
político y moral, era que toca tanto la fibra depresiva de los ferlosios
como el aura de los caínes periféricos –que imagino verde como los rostros
de los celosos de Munch– en pleno incendio de nuestro pasado y de nuestra
identidad, y por tanto de nuestro futuro, cada señal que emiten los
separatistas es una nueva antorcha que se arroja. Pero la banda de los
filólogos castellers de Tarragona, los alegres camisas negras que
se han propuesto destruir España en una generación, constituye, entre los
incendiarios, el único grupo que dice lo que piensa. Ni la sinceridad ni
la coherencia se les puede negar. ¿Cómo van a apoyar a Madrid 2012? Ni
saben ni quieren disimular. El problema ya ha dejado de gravitar sobre
ellos, que al fin y al cabo son cuatro y el gato. Ahora el interrogante
cae como una roca de granito sobre el socialismo español, cuya historia
había conocido todas las bajezas menos la de vender la patria a pedazos.
Que responda Rodríguez, que no puede estar deprimido porque no deja de
reír, el tío.
UN
VACÍO REVELADOR
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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