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Nº 150 - 28 de abril de 2005 |
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CONTENIDO
1. La izquierda escribió el guión, por César Alonso de los Rios 2. España huérfana: Un año sin Aznar, por GEES 3. Echar a Dios de la ciudad, por Ignacio Ruiz Quintano 4. Convengámoslo: Franco no ha existido, por Matías Cordón 5. Breves, por Erasmo
por César Alonso de los Rios publicado en ABC Hace unos días escribí que si un documentalista recogiera las movilizaciones que habían presidido Zapatero y Llamazares a lo largo de dos años, las manifestaciones cargadas de hostilidad, de odio, ante las sedes del Partido Popular; la creación de un clima irrespirable y de miedo; las sevicias públicas a dirigentes y militantes del PP; la humillación al presidente del Gobierno en la propia sede parlamentaria por periodistas y con la aquiescencia de una parte de los medios de comunicación..., la masacre del día 11 de marzo aparecía como la coronación lógica de ese proceso desestabilizador y antidemocrático. No digo que los cerebros del atentado fueran los mismos que los que trazaron el plan callejero (esa kale borroka de pacifistas), pero sí digo que estos segundos prepararon el terreno, objetivamente, a los primeros. Si el miedo agrupa a la ciudadanía en torno al poder en situaciones de peligro colectivo, eso no sucede cuando el poder ha sido desprestigiado de forma sistemática, cuando ha sido despojado de su carisma, cuando ha sido tratado como un enemigo a liquidar, como un «detentador» del poder. Y ¿qué decir si los cerebros del atentado sabían hasta qué punto los españoles estaban desarmados al carecer de una conciencia nacional contra la que se venía conspirando desde hace años? Pero si no coincidieron los cerebros del golpe con los que se habían dedicado durante dos años a acorralar al partido en el poder, sí cabe afirmar que estos últimos supieron aprovechar muy inteligentemente la situación. Quiero decir que si los autores del golpe buscaron el desplazamiento del poder del PP y de este modo pudieron terminar con la nueva hegemonía —atlantista— que se estaba preparando en Europa, así como dar un golpe al trío de las Azores, fueron bien apoyados por los socialistas, comunistas y nacionalistas, y digo que estos supieron aprovechar el escenario político preparado por la desconocida mano del Terror, a la que, por lo mismo, no interesa descubrir. Así pues, los tiempos de infamia que precedieron al 11 de marzo y los cuatro días que le siguieron, ofrecieron un guión obvio, ciertamente salvaje. La brutalidad del guión no ha sido imaginada por los cineastas, sino por los diseñadores del proceso, los unos y los otros. Los beneficiados se escandalizan ahora por la edición de unos vídeos. No les abruma su propio comportamiento durante aquellos días, años. Sino que éste pueda ser exhibido.
Estamos, por eso, ante uno de los ejercicios más formidables de hipocresía que hubiéramos podido imaginar, protagonizados por los exaltados al poder, sin méritos propios. Y junto a ellos, los tontos útiles. Los que apoyaron el asalto o bien se limitaron a balbucear algunas críticas platónicas. Pero lo que está resultando intolerable de estos vídeos a los socialistas y amigos no es siquiera su contenido, a veces ciertamente inquietante, a veces voluntarioso en sus denuncias, a veces no suficientemente probado, a veces acompasado al dictado de lo que piensan millones de personas en sus casas. Lo que más ha molestado es que la derecha haya tenido el atrevimiento de salir al paso. ¿No habíamos quedado, acaso, que los eternamente golpistas, los represores de siempre, estaban obligados ahora a aguantar las agresiones, las revoluciones, de los históricamente perdedores? ¿Acaso el hecho de haber sido vencidos en una guerra civil no les daba ahora el derecho a compensarla con ciertas prácticas, aunque fueran dudosamente democráticas o sencillamente antidemocráticas? Lo que exaspera es que la derecha haya respondido: su salida del silencio, la reivindicación de la palabra y de la imagen, el cambio de actitud de la derecha revolucionaria.
por GEES Publicado en libertaddigital Lo peor es que sin Aznar el Partido Popular no sólo ha perdido un magnífico líder, sino que parece haber perdido algo más que eso, sus señas de identidad, su estrategia y su discurso. Cuando los historiadores expliquen la década de los 80 con todos sus cambios, sin duda resaltarán tres nombres propios: Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Cuando quieran dar cuenta de los primeros años del siglo XXI y su nuevo orden mundial también recurrirán a tres nombres: Bush, Blair y Aznar. Podrían añadir otros dos, Bin Laden y Saddam Hussein, pero éstos sólo han servido de catalizadores de las actitudes de los tres primeros. José María Aznar llegó al poder en España con tres firmes propósitos en mente: el primero, devolver al ciudadano español el orgullo de serlo. Y para ello se empeñó en hacer de las instituciones españolas instituciones fuertes, reforzar el papel del estado nacional frente a las tendencias de la periferia y en hacer de la marca España un valor reconocido en casa y fuera; en segundo lugar, promover una etapa de prosperidad en la que, a través de ofrecer empleo y posibilidades para todos, se produjera una auténtica revolución social en nuestro país; por último, colocar a esta nueva España emergente y pujante en un lugar de relevancia en la arena internacional. Durante los ocho años de gobierno del PP de Aznar España pasó de ser un receptor neto de capital extranjero a un exportador, con inversiones en Latinoamérica sólo superadas globalmente por los Estados Unidos; el PIB creció en un 64% respecto a 1995 y los empleos creados representaron más del 60% de todos lo nuevo empleos generados en la Unión Europea. En el ámbito individual y familiar, junto con los recortes de impuestos, el crecimiento se dejó notar más que positivamente. Por otro lado la firmeza frente al terrorismo vasco supuso la contención del entramado separatista y un progresivo debilitamiento del nacionalismo radical. En el ámbito exterior la revolución no fue menos intensa: tras años de aislamiento y marginalidad, para Aznar había llegado la hora de la oportunidad y, al mismo, tiempo de la responsabilidad. España llegó a estar por primera vez en la vanguardia del mundo, entre el mejor aliado, los Estados Unidos, y la más antigua democracia, Inglaterra, codo con codo, sin complejos y aportando nuestra particular visión sobre los problemas del mundo. Guste o no, ese el breve resumen de ocho años de gobierno. España fue a más en todos sus aspectos. Desgraciadamente, en este año sin Aznar España ha ido constantemente a menos. La obsesión zapateril por volver a la vieja Europa nos ha instalado en la Europa del no crecimiento, inflación y paro; su antiamericanismo nos ha dejado aislados e invisibles ante Washington; y la veleidades con la fuerzas centrífugas empiezan a entreverse tras el resultado electoral de ayer en el País Vasco y los conchabeos con el tristemente famoso tripartito catalán. Con todo lo peor no es eso, pues del socialismo español y de Rodríguez Zapatero no podía esperarse más que lo peor, formados en el sectarismo y la sed de venganza. Lo peor es que sin Aznar el Partido Popular no sólo ha perdido un magnífico líder, sino que parece haber perdido algo más que eso, sus señas de identidad, su estrategia y su discurso. España ha pasado a ser una nación tremendamente polarizada. Los resultados del 14-M lo muestran claramente. Pero también muestran que la base de la derecha española se mantuvo incólume en las peores de las situaciones imaginables. Aznar sabría qué hacer con los casi diez millones de votantes que le dieron su confianza a pesar de todo. Tenía lo que hay que tener en política, cerebro y vísceras. El PSOE en el gobierno sabe lo que tiene. Los españoles, en este primer año sin Aznar, desgraciadamente sabemos muy bien lo que hemos dejado de tener. Y lo que no tendremos en el futuro es todavía mucho peor.
por Ignacio Ruiz Quintano Publicado en ABC A lo mejor todo viene del 10 de noviembre de 1619, cuando Descartes, que había tenido un sueño extraño en medio de extraños signos y alegorías, decidió que había descubierto una filosofía destinada a cambiar el mundo: el racionalismo, hijo de un sueño raro, consecuencia, a su vez, de una mala cena. ¿Qué cenó Descartes la noche del 10 de noviembre de 1619? El racionalismo odia a la imaginación. El hombre antiguo todo lo reducía a símbolos. El hombre moderno todo lo reduce a razones. «En realidad, ¿qué perseguía usted?», le pregunta Ruano a Marinus, el pirómano del Reichstag, en una sesión del juicio. «El mundo nuevo va a llegar... Pero menos deprisa que debiera... Necesitamos ayudarlo...», contesta. «¿Quiénes, los comunistas?» «Los vagabundos. Los que vemos llegar el mundo nuevo. Hay que empujar al mundo viejo.» «¿Y por qué empujar al mundo desde Alemania?» «Der hertz von Europa ist! (¡Es el corazón de Europa!)» «¿Se arrepiente usted siquiera un poco?» «La cúpula... no salió bien del todo... Debió derrumbarse... Una cúpula es un símbolo.» El protestantismo, como era racional, «dejó escueta, entre salmos, a la Cruz desnuda». Por eso, dirá Pemán, no hay nada más católico que la Semana Santa de Sevilla, donde todos los sentidos, como mandan los místicos católicos; toman parte en el éxtasis. «El paganismo, la idolatría, el politeísmo, bautizados, se llaman la Semana Santa de Sevilla.» Pemán ve todo el problema de las religiones —y el motivo de su variedad—en la exacta relación del Cuerpo y el Alma. Alma sin Cuerpo: budismos y nihilismos orientales, protestantismos y jansenismos espiritados, fríos, iconoclastas y desnudos. Cuerpo sin Alma: paganismo, culto a la pura naturaleza física. Equilibrio Alma y Cuerpo: catolicismo, con su dogma de la Encarnación, con su dogma de la resurrección de la carne, con sus imágenes, con su liturgia. El «Dios en la ciudad» de Romero Murube es en su plenitud el dogma de la Encarnación. Ocurre, sin embargo, que los ojos, como dijo Borges desde la profundidad de su ceguera, sólo ven lo que están habituados a ver: «Tácito no percibió la Crucifixión, aunque la registra su libro.» Y Steiner, que sigue queriendo saber cuál es la nueva metáfora de la esperanza, se queja de que las vulgares suficiencias de nuestra psicología y nuestra sociología no van al centro de la cuestión: si la existencia de Dios es hoy un problema vivo. ¿Arde todavía la Zarza o es sólo objeto de la curiosidad del psicólogo y el historiador? Todo viene, como decíamos, del 10 de noviembre de 1619. Con el racionalismo, las personas que para echárselas de cultas iban de razonables dejaron de creer en Dios. La fe en Dios fue sustituida por la fe en las nacionalidades. Nietzsche levantó acta: «Dios ha muerto.» Y puesto que no se puede creer en ningún código moral sin creer en un Dios que te señale con el dedo, predijo para nuestro flamante siglo, con voz de Bonnie Tyler, el eclipse de todos los valores: «Total eclipse of the Heart». Dicen que este gobierno de progreso — el gobierno que presume de haber vuelto al «corazón de Europa» para ver llegar el mundo nuevo— prepara un Código Laico destinado a reprimir las manifestaciones religiosas en las calles, es decir, a echar a Dios de la ciudad. Es el mismo gobierno que el otro día, después de unas copas a la salud del Pasmo de Paracuellos, derribó una estatua de Franco, muerto hace treinta años. Declararon que ésa no era estatua de «consenso» —palabra católica, cosa que no saben— , y el derribo fue llevado a cabo «sin novedad», en palabras del hijo de Pepe, el de la tienda, que ahora deberá proceder a retirarlo del escalafón militar.
por Millán Riva Ese uso del poder tiene efectos de todo tipo, por supuesto, tanto económicos como sociales, y se puede contabilizar tanto éxitos (más bien escasos, la verdad) como fracasos, más o menos desastrosos. Pero la mayor parte de ellos podrían ser considerados de forma tranquila como una realidad inherente a la inexorable y conveniente alternancia en el Poder. Algo que es propio de toda sociedad moderna. Lo que resulta preocupante es la implantación y vigencia de un sectarismo vesánico, que distorsiona la convivencia nacional hasta hacerla difícil. El episodio de la retirada de las estatuas de Franco y José Antonio es la muestra más reciente de actuaciones políticas que no procuran ningún beneficio social, sino que son meras actuaciones viscerales, con resultados nocivos para la convivencia social. Un sector de la población se considera agredido, no defendido y, por tanto, se coloca en posición proclive al resentimiento, ansia de desquite o, peor, tendencia al exilio interior. Ninguna de las posibilidades augura nada bueno para el futuro de nuestra sociedad. Ni los enfrentamientos por motivos históricos son útiles, ni larvar enfrentamientos resulta positivo para nuestra Sociedad. Esa mentalidad antifranquista ha propiciado el empleo generalizado del calificativo de franquista como descalificador de actitudes, hechos o disposiciones. Algo que proporciona una gran comodidad intelectual (léase: degradante pereza intelectual) tanto al que lo emplea como al que lo acata, es decir al que resuena con la descalificación. Esto último es el error, por no decir pecado, de los dirigentes del PP que, pese a estar sostenidos por millones de votantes que consideran con simpatía los años de Franco, se indignan cuando les reprochan algo con esa descalificación o incluso lo emplean ellos mismos para reprochar algo a sus adversarios. En España mantenemos así una polémica inútil, desde el punto de vista de nuestros intereses inmediatos, con un efecto nocivo, tanto de enfrentamiento infructífero como de degradación intelectual. Sería conveniente, como digo en el título, llegar al planteamiento de que Franco no ha existido nunca. Borremos de nuestra Historia los años 1931 a 1978, declarémoslos años oscuros, de enseñanza prohibida e investigación sujeta a un Índice vigilante, con resultados de sus trabajos asequibles sólo a los iniciados selectos. Erradiquemos de nuestro lenguaje los nombres de Franco, Azaña, Largo, etc.(Porque no se puede mantener a éstos últimos sin mencionar a quien los barrió de la realidad política española) Viviremos más felices durante un tiempo, sin motivos para el enfrentamiento nacional. Por fértil que sea nuestra imaginación, nos costará un tiempo encontrar motivos de enfrentamiento con la intensidad suficiente para enraizarse en nuestras mentes con la misma fuerza que tienen las raíces del antifranquismo en nuestras izquierdas. Podría resultar ¿no?. Asimov lo propugnó en su famosa novela futurista “El fin de la eternidad”. Aunque allí el resultado final era la explosión de la verdad, aquí podría producir unos años de amnesia colectiva, con una especie de nirvana alienante pero, eso sí, tranquilizador. Con ello, medio país tendría que estrujarse sus meninges para descalificar al otro de otra forma tan convincente. Y eso requeriría un esfuerzo desalentador. Y los políticos del otro medio no estarían acongojados permanentemente temiendo la descalificación inapelable. ¡Animo, puede resultar! ¡Profundicemos en nuestro atontamiento nacional!
BREVES
por Erasmo LA INEFABLE ROSA REGÁS Lo cuenta Cesar Vidal: La Directora de la Biblioteca Nacional relata en sus memorias que un nieto le hace la incómoda pregunta de ¿quién fue Barrabás? Es incómoda para una agnóstica ilustrada que le pregunten cosas que el progreso debiera haber periclitado ya. Pero un nieto es un nieto, y una abuela tan señera debe demostrar cultura. Y responde consecuentemente: - ¿“Tu sabes que el Niño Jesús, que nació en Belén, murió crucificado”? - Si abuela - ¿Y te has fijado que había dos cruces más, una a cada lado de él? - Si - Pues Barrabas fue uno de los que estaban en esas cruces” Recordémoslo: la Directora de la Biblioteca Nacional Española ¿QUÉ SERÍA DE LOS TEÓLOGOS “LIBERADORES” SIN POLANCO? La muerte de Juan Pablo II el Grande ha sido la gran ocasión de los Boff, Sobrino, Miret Magdalena, Tamayo, Kung, Gonzalez Faus , y otros críticos. PRISA y TVE les han abierto sus puertas de par en par, para que expresasen su resentimiento con el gigante que desbarató su tinglado destructor en la Iglesia. Su resentimiento es explicable como consecuencia de su poquedad personal y su doctrinarismo sectario. La actitud de sus Mecenas mediáticos, en cambio, resulta intrigante ¿qué procuran? ¿Destruir la Iglesia en España? ¡Qué ufanos! IRAQ SE DESVANECE DE LAS NOTICIAS Al Qeda pone dos potentes bombas en Bagdad y mata a decenas de iraquíes, tras un periodo de inoperatividad. Iraq intenta consolidarse, tras el nombramiento del presidente kurdo, pero eso no es noticia. Nada que no sea un desastre antiamericano interesa a nuestra prensa. Su silencio es una indicación indirecta de que las cosas mejoran para los iraquíes, pese a la pesadilla del terrorismo. “POLONIA TAMBIÉN SE VA DE IRAQ” Asi se expresaba en El País el anuncio polaco de que retirarán sus tropas a partir de diciembre. Se les “olvida”decir que conforme a lo programado, cuando ya no son necesarias allí. Sin traicionar compromisos contraídos. Es decir, Con Honor. TIMIDEZ EN AMBIENTE MILITAR La presentación de tres libros en el Casino Militar de Madrid, ante abundante público militar (de paisano, claro) constituye una demostración de la constricción de expresión existente en nuestro dominio público social, y particularmente el militar. En el primero de ellos se expresa las motivaciones personales de un voluntario ejemplar en la División Azul. Allí se omitió resaltar a ninguna de ellas. El segundo el relato personal de un voluntario requeté en la Guerra de España. Ni mención de su por qué . El tercero es la reciente experiencia militar española en Iraq. Se mencionó los interesante datos de la cantidad de millones de dólares que importaban los proyectos desarrollados por nuestras tropas allí. Al final debió haber suspiros de alivio entre los directivos del centro. Por las estruendosas omisiones de los presentadores. No hubo coloquio, claro. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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