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  Nº 155 - 30 de junio de 2005

  

   CONTENIDO    

1.       El Reino de los bodrios, por Serafín Fanjul

2.       Vuelve la pesadez vasca, por Carlos Herrera

3.       El talento castigado, por Alfonso Ussia

4.       La decadencia de la Iglesia Catalana, por Manuel Millán Mestre

5.       Breves, por Erasmo

 

EL REINO DE LOS BODRIOS                                                                          arriba

 por Serafín Fanjul

Publicado en libertaddigital

Lo habitual en estos despliegues de moralina es inocular al pasado, para que broten por todos los rincones, los mitos de nuestro tiempo y reforzar de tal guisa la ideología nada inocente que productor-director-guionista buscan endosarnos de matute  Es un bodrio. A partir de tan elemental principio y punto de partida, ya podemos entendernos y ocuparnos de asuntos de mayor enjundia, incluso relacionados con esa película de Ridley Scott que acaba de estrenarse (El reino de los cielos). Créanme que no concedemos mucha importancia al cúmulo de anacronismos, personajes cuya biografía se fuerza y retuerce para acomodarla al guión, o detalles de ambientación fuera de lugar: la exquisita perversidad de Guy de Lusignan, que no fue para tanto; la ubicación en la Palestina del siglo XII del Alcázar sevillano (que data del XIV, con sus azulejos de estilo nazarí y su neomudéjar de tiempos de Isabel II); la invención de unos devaneos amorosos entre la princesa-reina Sibila y Balian de Ibelin que, por cierto, jamás fue herrero sino noble desde la cuna y señor de Nablus, o los supuestos perdones para los prisioneros que Saladino habría derramado generosamente por doquier, cuando la realidad histórica es que, tras la batalla de Hattin, todos los caballeros del Temple y el Hospital cautivos fueron pasados a cuchillo, o que después de la Toma de Jerusalén –¿Les suena la palabra a los detractores de la Toma de Granada?– tres cuartas partes de la población (quienes no pudieron pagar su rescate) fuesen vendidos como esclavos. Estos deslices carecen de trascendencia en un filme de aventuras, y si la ficción se quedara en esos dignos límites del entretenimiento visual y narrativo, estaríamos salvados, pues desde el momento de entrar al cine somos conscientes de estar participando de un guiño convencional entre guionista-director de un lado y espectadores de otro: sabemos que aquello no es ni fue nunca verdad. Y así lo aceptamos.

En alguna ocasión hemos señalado que las distorsiones de detalle en la novela o el cine históricos son pecado leve y fácil de detectar, si se trata de ropas, personas, edificios o alimentos y siempre constituyen campo socorrido para dar rienda suelta a la indignación de eruditos más o menos cascarrabias. No es eso lo peor. Lo más grave sucede cuando la película comienza y termina colando de rondón un trasfondo ideológico –a veces muy manifiesto– inimaginable en el momento y espacio aludidos (véanse los discursos del protagonista sobre libertad e igualdad). Porque lo habitual en estos despliegues de moralina es inocular al pasado, para que broten por todos los rincones, los mitos de nuestro tiempo y reforzar de tal guisa la ideología nada inocente que productor-director-guionista buscan endosarnos de matute. Así son. Y, del mismo modo que en el cine histórico español de los cuarenta y cincuenta, las virtudes –reales o exageradas– de Isabel la Católica se elevaban a la categoría de sublimes y trascendían y anidaban en los corazones de toda la Nación española en una mitificación huera cuyos verdaderos alcance y resultados ahora estamos disfrutando, las producciones americanas de idéntico género, o Western, buscaban la legitimación ideológica del poder, la fuerza –y por tanto la razón– de los anglosajones históricos y, sobre todo, contemporáneos.

Pero eso se acabó. En nuestros días lo que se lleva es la imposición del pensamiento único representado en lo políticamente correcto que, dicho sea de paso, nació –como tantas otras tontunas– en las universidades de Estados Unidos. A ver si se enteran nuestros progres, tan antiyanquis como son: ¿Y quién dijo que vestir jeans no transmite ideología? Ahora la moda es el multiculturalismo, la negación de los valores básicos de nuestra civilización, gracias a los cuales la vida en nuestros países es bastante aceptable, y la adoración boba por una sociedad ajena que desconocen y con la cual –desde luego– estos progresistas de canuto y fin de semana evitan mezclarse, con esmero y buen cuidado. Porque una cosa es evocar en la pantalla –y ganando buenos duros en el caso de Scott– el exotismo de parque temático de la tierna bondad natural del Buen Salvaje (por descontado, en choque abierto con la maldad intrínseca de nuestra religión y nuestra sociedad) y otra bien diferente quedarse sin cerveza, ver a las mujeres sólo metidas en un saco negro, o renunciar a la libertad individual para hacer lo que a uno le dé la real gana. Son cosas distintas, aunque de la confusión –y la ignorancia– de grandes extratégas (sic) nazcan ideas geniales como la Alianza de Civilizaciones.

Y aun nuestra ministra preferida –Dixie la Anglicana– en sus todavía cercanas andanzas como Consejera de Cultura en Andalucía, se indignaba porque el obispado de Córdoba, con tanta razón como prudencia, no autorizó la conversión de la catedral-mezquita de la ciudad en plató desmadrado para estos peliculeros sin fe ni respeto por la lógica. Y más impresentable aun se nos hace el churro que perpetró el director de marras sobre el Descubrimiento de América en el 92 a petición de los socialistas de entonces, que son los mismos de ahora. Encargar tal película a tal director no se le ocurre ni al que asó la manteca. Pero se les ocurrió.

VUELVE LA PESADEZ VASCA                                                                     arriba

 por Carlos Herrera

publicado en ABC

Ya la tenemos otra vez aquí. La política vasca vuelve a ser el referente, el eje, sobre el que gira la actualidad española. Otra vez la pesadez. Vienen meses duros después de este oasis que ha permitido olvidarnos de la cara de Ibarreche, de las maniobras nacionalistas, de los pactos encubiertos, de las rondas de negociaciones, de los debates nominalistas, de la paz, el diálogo y la ausencia de violencia... Engrase el entendimiento para asimilar de nuevo el bombardeo: vuelve la autodeterminación, la territorialidad, la libre adhesión, la mesa sin exclusiones, los vascos y las vascas. Y vuelven de qué manera.

El frente nacionalista radical, el nuevo Pacto de Lizarra que han formalizado los diferentes independentistas a través del voto parlamentario, nos promete una reafirmación severa de todos sus postulados, y esta vez sin bromas. Las maniobras estratégicas del Gobierno central y del Partido Socialista no han dado sus frutos; ni Pachi ni Pichi ni Pochi, nadie ha sido capaz de frenar el ímpetu que suman PNV y PCTV, o sea, Batasuna, o sea, ETA. A las burras de las tierras vascas las han legitimado López y el PSE —como bien matizaba ayer Nicolás Redondo Terreros— simplemente con incluirlas en su ronda de contactos amables y corteses y con pasar el filtro de la Ley de Partidos.

A nuestro genial Gobierno socialista no le interesó movilizar jurídicamente su ilegalización por un aquél de la aritmética, por una simple y mezquina razón electoral, y ahora son los árbitros que justamente necesita Ibarreche para encontrar su camino allanado. Si a ello añadimos la indolencia de Rodríguez ante los debates nominalistas —le da igual que algo se llame Nación o no y su indisimulable deseo de pasar a la historia como «el pacificador», nos encontraremos ante un panorama de nuevo inquietante. La conjunción de estas evidencias con la sentencia de Ken Pedraz y sus compinches —perdón, CGPJ, perdón— declarando a los chicos de Jarrai unos simples diablillos, envalentona al frente vasco de tal manera que nadie le va a apear del soberanismo etnicista y del desafío total.

A Rodríguez, a partir de ahora, lo siento amiguito, le va a tocar aguantar el permanente reproche de no haber instado la ilegalización de estas chicas. Y le va a tocar aguantar a un partido como el PNV, que sabe muy bien lo que es y lo que quiere, tensando una cuerda constante, jodiendo desde el minuto uno. Y que no se le ocurra al presidente elaborar un «proceso de paz» a espaldas de los nacionalistas: si el PNV no toca balón en las negociaciones que ya tiene abiertas el Gobierno, puede reventar el pacto al que lleguen unos y otros excitando la creación de una nueva ETA residual con los disconformes, que siempre los habrá.

Al PNV le gustan las nueces y no piensa dejar de recogerlas, entre otras cosas porque siempre habrá alguien dispuesto a agitar los árboles. A los sabinianos les conviene ETA y su trabajo sucio: un cese de la violencia sin haber conseguido los objetivos comu­nes será una derrota inadmisible para ellos. Ojo a eso. Por muchas llamadas de socorro que estén implorando algunos etarras cansados de vagar y disparar, otros siempre querrán reverdecer días de gloria y contarán con el apoyo necesitado de políticos sin escrúpulos.

Ese es el panorama al que nos ha abocado la estrategia relativista. Más nacionalismo, más soberanismo, más Plan Ibarreche. Vuelvo a preguntar: ¿de veras creía alguien que iba a renunciar a sus ideas visionarias? Sabiendo, como sabe Ibarreche, que puede ser el moisés de la nueva patria vasca y que cuenta con los votos ya legales de Batasuna ¿qué le puede parar?

Entretanto, nosotros, los que nos sentamos de oyentes en el paraninfo, a aguantar el tirón. Vuelve el Plan. Vuelve la pesadez. Y más cosas, desgraciadamente.

EL TALENTO CASTIGADO                                                                             arriba

por Alfonso Ussía

publicado en La Razón

Desaparecido Jaime Campmany, queda Francisco Umbral en la cumbre del artículo. Tampoco será académico. Como Jaime, ha sido vetado por la mano que mece la urna de la mesa circular de Felipe IV. La Real Academia Española ha dejado de ser una institución independiente. Ahora pertenece al grupo «Prisa», propietario de la voluntad de la mayoría de los académicos. En unos pocos años, tendrá todas las acciones en su poder. Y del mismo modo que no admitieron a Jaime Campmany, que fue desanimado a aceptar su candidatura por el propio director, Víctor García de la Concha, por motivos de «inoportunidad coyuntural», Francisco Umbral no contará con la segunda oportunidad. En la primera, ya dominada la Real Academia por el grupo de Polanco y dirigida por el turbio y melifluo Fernando Lázaro Carreter, fue derrotado por el novelista José Luis Sampedro, simpático personaje, escritor infinitamente más bajo que el sumo hacedor de palabras de los últimos treinta años, y que no es otro que Umbral.

¿Por qué se humilla al talento literario en la Real Academia Española? ¿Por qué se ningunea con despectiva distancia a quienes han sabido cosechar todos los frutos de nuestro idioma, dotándolo dé imágenes y hallazgos, de excelencias y bellezas? Escribo desde la inmediata tristeza que me acompaña tras la muerte de Jaime Campmany. No alcanzo a comprender la mezquindad en quienes habrían de dar ejemplo de altura de miras, equilibrio y justicia. Cuando Jaime Campmany fue disuadido a aceptar su candidatura, habría ganado. La mayoría dominada por «Prisa», encabezada por Víctor García de la Concha, Fernando Lázaro Carreter y la mano que mece la urna de la mesa circular, en contra de Camilo José Cela, Antonio Mingóte, Gregorio Salvador, Francisco Rodríguez-Adrados, Luis María Anson y otros -pero no suficientes-, decidió regalar el sillón vacante al poeta José Caballero Bonald con su candidatura solitaria. Resultó un chasco. No consiguió los votos necesarios, a pesar de ser el único candidato. Jaime Campmany los hubiera conseguido. Aquélla fue una maniobra inteligente y farisea para anular el ingreso en la Real Academia Española de Jaime Campmany, que había tenido sobre sus rodillas, en el hogar falangista de Vicente Cebrián, al niño que ahora le vetaba, el de la mano que mece la urna de la mesa circular de Felipe IV. Y queda Francisco Umbral, Premio Cervantes, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, la biblia en verso, pero jamás académico. No se le perdona su libertad, su independencia, su impertinente decisión de abandonar «El País» y derramar su talento en la última página del diario «El Mundo» de Pedro. J. Ramírez, tribuna de contrastes y opiniones abiertas, nunca sometida al rentable negocio del pensamiento único. Jaime  Campmany se marchó de golpe, con el artículo de «ABC» entregado y muy probablemente entristecido por los desafectos del poder establecido. Francisco Umbral ha librado una dura y dolorosa batalla contra la muerte, se ha recuperado y en condiciones físicas y anímicas lacerantes -ya superadas- siguió impartiendo su magisterio sin ceder ante el dolor ni ante el desvanecimiento. Y ahí está en la soledad de la cumbre por encima de casi todos ellos, vetado por él más insignificante escritor de cuantos se sientan en la mesa circular de Felipe IV.

Y justo sería añadir a la relación de envidiados y por ello borrados por la mano que mece la urna a Antonio Gala, novelista, autor teatral, poeta y articulista, cuyo imperdonable pecado no es otro que el éxito. El éxito abruma y envenena a quienes no lo han disfrutado. No me refiero al éxito empresarial y económico, sino al literario, que es la compensación de los escritores. Tampoco será nunca Antonio Gala académico. El rencor prevalece y la brillantez asusta a los mediocres, a los vulgares, a los dueños del lugar común, del tópico y de la corrección política.

El talento castigado. Aborrecido el donaire. Sea machacada la excelencia en beneficio de la literatura plana. Allá ellos y que con su pan se lo coman. A estas alturas de la vida, es mejor la sincera imprudencia que la nuca doblada y entregada al poder. Jaime se ha muerto y fue maltratado. Francisco Umbral y Antonio Gala están vivos y son maltratados. El silencio y la cobardía imperan. Los intereses editoriales mandan. Y la mano que mece la urna de la mesa circular de Felipe IV determina, ordena, borra y veta. Y lo malo es que dirige la obediencia obligada de quienes tendrían que ser libres.

 

LA DECADENCIA DE LA IGLESIA CATALANA                                          arriba

 por Manuel Millán Mestre

                                                                                                               publicado en ALBA

Los recientes acontecimientos eclesiales a raíz de la muerte del Papa Juan Pablo II han puesto de manifiesto las realidades católicas en algunos países. Es un fenómeno sociológico de contraste. Las multitudes sin precedentes que se reunieron en Roma por el adiós a este gigante de la fe, líder indiscutible de la segunda mitad del siglo XX, han producido ciertos efectos de espejismo y otros de reducción visualizada de determinadas Iglesias locales. Personalmente he podido contrastar este efecto-respuesta en México, Washington DC, Monterrey, París, Barcelona y Madrid; ciudades que he visitado durante los días de la muerte y funerales de Juan Pablo II. La sensación mayor de frialdad la he verificado, justamente, en Barcelona. Todo un síntoma del proceso descristianizador en el que se encuentra inmersa Cataluña. Pocas Iglesias locales en España sufren una sintomatología semejante. Las causas de este escenario de creciente indiferencia religiosa son múltiples, quizá la más connotada de todas sea este tópico clima de prioridad de intereses económicos y materiales que establece un marco de referencia cultural donde el dinero y un cierto grado de cinismo configuren una caracteriología social propicia al materialismo y al positivismo. Además, la tradición proletarista de los movimientos sociales en Cataluña durante el siglo XIX y XX, en particular, ha influido sustancialmente en el proceso de descristianización de las antes llamadas 'masas obreras' y de los sucesivos flujos migratorios de los sesenta a los noventa y de inicios del tercer milenio. No obstante, estas explicaciones no son suficientes. Las causas son más profundas y específicas, y se corresponden con fenómenos endógenos y exógenos que deberían precisarse.

Entre las causas de esta decadencia católica de Cataluña hay que resaltar:

a) Un reduccionismo histórico que simplifica la cuestión, al atribuir al catolicismo catalán una filiación sistemática de tradicionalismo (guerras carlistas) o de conservadurismo franquista (tercio de Montserrat, burguesía bienpensante, etc).

b) Una marginación de las inquietudes espirituales en la cultura social catalana, donde prevalecen los intereses económicos y el positivismo.

c) Un progresismo, identificado con el marxismo, que determina los conflictos sociales del siglo XX, con marcadas tendencias antirreligiosas y anticatólicas (Semana Trágica, incendios de conventos, profanación de cementerios, persecución religiosa implacable durante la II República y la Guerra Civil).

d) La quiebra religiosa que supone la casi destrucción de las diócesis de Tortosa y Lérida durante el período revolucionario de la preguerra y la Guerra Civil. Se trata de las dos diócesis con más crímenes y asesinatos de sacerdotes, religiosos y creyentes laicos de España.

e) La fuerte tradición masónica que impulsa durante la primera mitad del siglo XX y el postfranquismo una política especialmente agresiva de secularización y laicismo.

f) El pragmatismo catalán que infravalora a menudo el peso espiritual y religioso en la vida social y en su cultura (el 'montserratismo' es un ámbito de reflexión intelectual-político-cultural que no siempre se dimensiona específicamente en términos religiosos o de defensa del catolicismo, al que a menudo se contempla como un desenfoque convencionalista y oficial del cristianismo).

g) La descristianización del nacionalismo catalán, tan ajeno a las doctrinas de Torres i Bages, que paulatinamente ha socavado sus fundamentos cristianos -fenómeno diferenciado del proceso vasco-, divorciándolo de aquellos elementos conservadores y clericales que se prodigaron en determinadas épocas desde el obispado de Vic.

h) El peso específico de la Universidad, enormemente influenciada por el marxismo y el socialismo real en el último tercio del siglo XX, cuyos resultados son claramente perceptibles hoy en las clases dirigentes, en la política y en los profesionales, a pesar del fracaso estrepitoso del marxismo como doctrina y del comunismo como sistema. El PSUC fue un buen ejemplo de la incidencia que estos elementos adquirieron entre la clerecía y algunos círculos 'progresistas' de la Iglesia catalana, en particular la barcelonesa.

i) La creciente pérdida de interés de los jóvenes por la práctica religiosa, en buena medida no sólo atribuible a la educación familiar, sino a las escuelas, donde los valores del cristianismo han sido sesgados y la Religión ha perdido la presencia, incluso como materia de estudio. Los laicistas y los partidos de izquierda están ganando en este terreno algunas batallas que serán decisivas, con efectos irreversibles en las futuras generaciones.

j) La pérdida dramática de vocaciones ha vaciado los seminarios, tan poblados en los años 40-60 del pasado siglo, y que hoy muestran visualmente la propia decadencia de la Iglesia catalana; si bien no sucede lo mismo por lo que refiere a nuevos movimientos eclesiales como el Opus Dei, Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación, etc. ¿A qué se debe esta paradoja que llena de vocaciones a unos y desertiza los seminarios de otros?

Quedan muchas causas por añadir, pero el espacio de esta colaboración no me lo permite. La inquietante situación de la Iglesia catalana es, sin duda, un debilitamiento de la idea de Cataluña; particularmente, por los grandes retos que el siglo XXI le planteará a Cataluña. 

BREVES                                                                                                               arriba

 por Erasmo

3.000 AÑOS A 18

El caso de Juana Chaos es otro aspecto de lo mismo. ¿Por qué va un juez a buscar dureza donde las leyes ponen blandura? El ciudadano común se sombra de condenas tremendas convertidas en permisos carcelarios. Aprovechados por los jueces proclives a destruir el orden establecido, como el actual, que propugnaba ruedas de reconocimiento de agentes  secretos. Pero el ciudadano común yerra, como es lógico. No sabe identificar el sentido del progreso. Sólo es queja porque le duele ¡que se aguante, hombre!

ITALIA DICE NO A LA PROGRESÍA

Sólo el 26% de los electores italianos se molestó en votar sobre la cuestión de los embriones. O pereza, o convencimiento o atención a la recomendación de la Iglesia. Un éxito para los defensores de la vida. Entre los cuales, incomprensiblemente, no estaba el vicepresidente Fini, gran defensor de la apertura de la normativa, pretendidamente restrictiva.

FRANCIA PAGA A LOS SECUESTRADORES

Hasta doce millones de dólares, según se rumorea, ha pagado Francia por el rescate de su periodista secuestrada en Irak. Una buena ayuda para los secuestradores, material y moral, pues transmite el mensaje de que hay que plegarse a los terroristas.

zETAp estará plenamente de acuerdo con la decisión de son ami Chirac ¡Así si que se combate eficazmente al terror!

¡POBRE Y DESVALIDO CAROD!

El líder de ERC, incapaz de sentir odio contra nadie, ha quedado muy afectado por las pancartas que vio en las imágenes de las manifestaciones de AVT y Salamanca. Y ha exigido protección legal y procesamiento de los responsables. El fiscal general ha dado instrucciones y advertido que “todo vociferante es sospechoso”. La Guardia Civil, en papel de policía política, paraba autobuses antes de Madrid y exigía la retirada de pancartas “inconvenientes”.

¿Cómo se les puede ocurrir a los de derechas que la libertad de expresión es aplicable también a ellos?

¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Hasta los gatos quieren zapatos!

SEVERA ADMONICIÓN A ZP

El tripartito catalán ha advertido al presidente que no tolerará ningún recorte a sus pretensiones de nuevo Estatuto. El reprendido ya ha dicho que admitirá todo lo que sea constitucional y todo lo que los catalanes quieran. Es decir, sí, pero sí, y nada de lo contrario. Amén, Carod.

 

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EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

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