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Nº 156 - 14 de julio de 2005 |
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CONTENIDO 1. Razones del no al matrimonio homosexual, por Aquilino Polaino Lorente 2. ¿Cómo en Madrid?, por Carlos Herrera 3. Trafalgar. Por qué odio a los ingleses, por J.A.Alvarez Gundín 4. Conspiración contra el Matrimonio, por Millán Riva 5. Breves, por Erasmo RAZONES DEL NO A LA ADOPCIÓN HOMOSEXUALpor Aquilino Polaino Lorente Catedrático de Psicopatología Publicado en ALBA Adopción y homosexualidad es una cuestión de aristas vivas que, al menos en la actualidad, está suscitando una fuerte controversia. Ante estos temas polémicos, los científicos y profesionales debieran abstenerse de entrar en la discusión, y limitarse a explicar -a quienes quieran oírlos- las conclusiones científicas disponibles sobre el particular. A continuación se exponen, de forma muy sucinta, las razones científicas y rigurosas en que se fundamenta ese no a la adopción por parejas de homosexuales. Los principales riesgos que corren los niños adoptados por parejas homosexuales son los siguientes: trastornos en la identidad sexual, mayor incidencia de comportamientos homosexuales al llegar a la adolescencia -hasta siete veces más que los niños que viven con sus padres biológicos en familias intactas-, una tendencia significativamente mayor a la confusión y la promiscuidad sexual, trastornos de conducta, depresión, comportamientos agresivos, ansiedad, hiperactividad e insomnio. El vínculo afectivo que establecen con los 'padres' adoptivos -lo que técnicamente se conoce como apego afectivo- es mucho más frágil en estos niños por estar expuesto a la versatilidad y otras características que se dan con mayor frecuencia entre sus “padres”. En efecto, hoy se sabe que los conflictos y comportamientos violentos son dos o tres veces más frecuentes entre las parejas homosexuales que en las parejas heterosexuales; la duración media del vínculo entre las personas homosexuales no suele ser superior a tres años; los cambios de compañero/a son muy frecuentes, lo que aumenta la inestabilidad afectiva de los hijos adoptados; la promiscuidad sexual es mucho mayor que entre las parejas heterosexuales, así como la ruptura de relaciones entre ellos/as. En el perfil psicológico de la personalidad homosexual se observa una mayor incidencia de rasgos psicopatológicos (egocentrismo, autocompasión, inmadurez afectiva, celotipias, infidelidades, etc.), lo que en modo alguno contribuye al desarrollo armónico de la personalidad del niño adoptado expuesto y en interacción con esos modelos de conducta. Desde la perspectiva de la salud psíquica, las conclusiones obtenidas ponen de manifiesto que en las parejas homosexuales es mayor la incidencia de trastornos psíquicos (especialmente, la depresión, la ansiedad, la adicción a las drogas y el trastorno obsesivo-compulsivo) y el sida, y menores sus expectativas en años de vida. Los anteriores hechos constituyen un poderoso incremento de los factores de riesgo a los que queda expuesto el niño adoptado en esas condiciones. No ha de olvidarse que el niño tiene derecho a adquirir, fundar y establecer, de forma adecuada, algo tan relevante e irrenunciable como su propia identidad sexual. Este derecho resulta impedido o gravemente amenazado cuando se le expone sólo a modelos comportamentales familiares -como el homosexual- en los que precisamente está en crisis esa misma identidad. El niño tiene necesidad del padre y de la madre para identificarse con la persona de su mismo género y para aprender también el respeto, afecto y complementariedad que la persona del otro género le debe proporcionar. El niño tiene derecho a desarrollar su identidad y a que madure su afectividad, observando el vínculo -afectivo, cognitivo y personal- que se establece en las relaciones entre el padre y la madre. Esa relación constituye la urdimbre donde se acuna y consolida su futura afectividad. El niño que sólo convive con homosexuales no tiene experiencia, ni aprende, ni siente las diferencias de género existentes entre el hombre y la mujer. Por contra, aprende algo que es falso y antinatural: que no hay diferencias de género, que es irrelevante experimentar la atracción por las personas del otro sexo. El niño que sólo convive con los “padres” homosexuales adoptivos suele sufrir un déficit en su socialización -al no interiorizar el genuino espíritu de familia, que hunde sus raíces en la comunidad entre un hombre y una mujer-, además de un empobrecimiento en su autoestima, por haber sido estructurada de forma incompleta (al relacionarse con figuras parentales de un mismo y único sexo) En consecuencia, en el niño adoptado por homosexuales hay un mayor riesgo de que su identidad pueda resultar maltrecha, incompleta, sectorizada y parcialmente mutilada o estructurada de forma incorrecta y, por consiguiente, insatisfactoria. El niño tiene derecho. además, a ser protegido contra esa patología adicional que deriva de su exposición a los factores de riesgo derivados del comportamiento de sus “padres” adoptivos. En el niño que sea adoptado por homosexuales no se satisfarían los criterios que definen la adopción, por lo que propiamente se incurriría en una adopción sin adopción, en una ficción jurídica. El fin de la adopción es la protección del menor desvalido y no la satisfacción de los adultos/as que no pueden engendrar descendencia alguna. De otra parte, como se sostiene en el viejo principio jurídico, adoptio imitat naturam, la adopción debe imitar la Naturaleza. Se trata de He aquí algunas de las razones que, desde una perspectiva profesional, legitiman el no a la adopción por “padres” homosexuales
¿COMO EN MADRID?
por Carlos Herrera publicado en ABC Como en Madrid, mochilas. Como en Madrid, transporte público. Como en Madrid, terrorismo indiscriminado. Como en Madrid, matando a quien no conocen matan un poco a todos. No quieren asesinar a unos apellidos concretos: como en Madrid, quieren asesinar a una civilización, a una forma de vivir, a una manera de creer y sentir. Y, como en Madrid, quieren dividir a la sociedad entre los cómplices que prefieren ignorar la embestida y culparse a sí mismos y los resistentes ciudadanos fieles a su modo de vida, a su política común, a sus convicciones sociales. En España, no obstante, los mismos que cargaron de muerte las mochilas, obtuvieron el regalo preciado de la división; en Gran Bretaña, a estas horas, aún no han conseguido que se movilicen en las calles miles de ciudadanos culpando al Gobierno de haber creado las condiciones básicas para que atenten contra inocentes. Es la diferencia. Y hay alguna más: el líder de la oposición se ha puesto a las órdenes del Gobierno —al que apoyó en la toma de las duras medidas de movilización militar que desembocaron en la guerra de Irak— y no ha sentido la necesidad inmediata de expandir la reclamación de un gobierno que no mienta. No lo ha hecho por convicción y porque el Gobierno británico está ofreciendo la información con cuentagotas: el conteo de muertos llega ya a los treinta y siete, aunque las cifras son cambiantes, y el de heridos críticos a cuarenta y cinco. Es todo lo que sabemos. Tenemos la certeza imprecisa, eso sí, de que la autoría corresponde a los mismos que en Madrid quisieron cambiar el rumbo de la historia y, en la medida de lo posible, el resultado de las elecciones generales. Como en Madrid, el primer ministro ha asegurado que los asesinos no conseguirán cambiar una manera de vivir que detestan, que odian, que quieren hacer desaparecer. A diferencia de Madrid, en cambio, ninguna voz ha surgido del bosque ensangrentado para decir que no hay que culpar a una creencia que basa su ejecutoria en castigar con la muerte a los infieles. Cuando los mismos que matan en Madrid y Londres mataron en Nueva York, hubo de escucharse la pastosa voz de los cómplices miserables diciendo que «los americanos se lo tienen merecido» y que «hay mayor número de víctimas en los campos desolados por el imperialismo». Hoy, cuando comprueban que aquellos asesinatos no son flor de una sola fiebre, es aún la hora de que abandonen esa postura intermedia, pretendidamente equilibrada, equidistante, la que prefiere culpar al supuesto instigador antes que al ejecutor. No descarten que la vuelvan a expresar antes de que los cuerpos tengan un abrazo de tierra en la cintura. Sin embargo, es difícil que esas voces que vayan a culpar antes a Tony Blair que a Ben Laden surjan del mismo Reino Unido. Aquél, que es un país por lo general admirable, que es una nación con sentido histórico y con rotunda unidad ante las adversidades, no será el lugar en el que los ciudadanos vayan a llamar «asesino» a los parlamentarios o a los ministros. La culpa, exclusivamente, será de los que hayan puesto las bombas, de los que hayan inspirado a los que hayan puesto las bombas y de los que hayan amparado, financiado o justificado a los que hayan puesto las bombas. Y si mañana se convocaran elecciones generales, la candidatura de Blair sería de nuevo la más votada tal y como ocurrió unos meses atrás. ¿Como en Madrid?: puede ser, pero con sutiles diferencias. Ningún líder político español ha salido todavía a decir que eso es culpa de la decisión de haber ido a la guerra. Y digo español porque es el que previsible-mente lo dirá. Británico ninguno. Ni ningún familiar de víctima está todavía tintando sus manos de rojo para ir a mostrarlas a la puerta de Downing Street. Sutiles diferencias.
TRAFALGAR. POR QUÉ ODIO A LOS INGLESES
Por J. A. Alvarez Gundin Publicado en La Razón A los españoles la historia nos da mil y una excusas para odiar a los ingleses, sobre todo en la cuestión naval, donde algunas veces hemos hecho agua, desde las correrías del pirata Drake hasta Trafalgar, pasando por la Armada Invencible. Y sin embargo, hay algo que nos conduce a la admiración por este pueblo que, en plena globalización, conserva sus pesos y medidas, mantiene el tráfico por la izquierda, defiende su moneda nacional, sigue amando a Estados Unidos como si aún fuera su colonia y, con todo y con ello, sienta sus reales en Europa para disgusto de alemanes y franceses. Nos gustaría humillar a la pérfida Albión, pero terminamos cantándole coplas y recordando cuando Mambrú se fue a la guerra, ay qué dolor, qué pena. Pero un país así no se improvisa. Para llegar a ser la nación con la mayor concentración de orgullo patrio por metro cuadrado de Europa hay que entrenarse sin descanso. Se empieza por reivindicar el pasado, con sus luces y sus sombras, sus glorias y sus fracasos. Se sigue con el homenaje a los héroes y la celebración de sus acciones, sean militares o civiles, que hicieron más sabio, más respetado y más prospero al país. Y se termina con la formación de unos dirigentes políticos y sociales reconciliados con la historia. Sin complejos ni falsos pudores. Sin manipulaciones ni apropiaciones partidistas. Sólo así es posible hacer lo que hizo ayer Gran Bretaña en la bahía de Portsmouth: reunir la mayor flota de guerra desde el desembarco de Normandía, con 166 navíos de 36 naciones, entre ellas las vencidas España y Francia, para celebrar los doscientos años de la batalla de Trafalgar. Los ingleses nunca pedirían perdón por descubrir y colonizar América; conmemorarían la batalla de Bailen como lo han hecho con Trafalgar; a la mejor plaza de Londres la llamarían Lepanto; harían de Hernán Cortés una asignatura obligatoria, como con Julio César o Napoleón; y no llamarían facha a quien defendiera todo esto en público. Es para odiarlos.
CONSPIRACIÓN CONTRA EL MATRIMONIO
por Millán Riva El obispo de Segorbe-Castellón, Monseñor Reig, ha declarado que el planteamiento de lo que se pretende llamar matrimonio homosexual forma parte de una conspiración contra el Matrimonio cristiano. Resulta difícil tratar un tema así con rigor, pues implica acusar de forma imprecisa a quienes niegan tales intenciones, que ni siquiera pueden ser identificados claramente, como es el caso particular de cuando se incorpora a la masonería entre los pretendidos conspiradores. Ni hay constancia de la intención masónica de ataque al matrimonio ni, aunque ésta existiera, se podrá encontrar prueba de que haya sido puesta en práctica, pues sus deliberaciones son secretas. Se trataría, por tanto, de una acusación aislada en el mar de la opinión. Que debería ser considerada exclusivamente como suspicacia personal. Pero no puede ser descalificada tan simplemente, claro. Porque encuentra eco en muchas otras mentes conscientes de las mismas amenazas y con las misma suspicacia que Monseñor Reig. Que, por otra parte, no es sino un eslabón más de una larga cadena de posicionamientos sobre el tema, que es tan viejo como la religión cristiana, pero cuya disputa se ha reforzado en las últimas décadas. El objeto de la cuestión, el indisoluble matrimonio cristiano –o mejor, católico, dadas las posturas de admisión del divorcio por parte de otras confesiones cristianas- entre un hombre y una mujer, ha sido admirado, elogiado, e imitado, pero también discutido, atacado, denigrado... y muchas reacciones más, a lo largo de sus siglos de vigencia. Es evidente que se trata de una institución fuerte, capaz de condicionar la sociedad y suscitar tantas reacciones. Exige a los contrayentes fortaleza para mantener su compromiso hasta la muerte, y eso resulta difícil de admitir para quienes hacen profesión de pensamiento débil, incapaz de sujetarse a ninguna norma, o apoyo, “externa” a ellos. Entrecomillo el calificativo de externa para destacar que esos críticos son incapaces de interiorizar una norma que los católicos hacen suya sin problemas, como consecuencia de su adhesión personal a la Verdad Revelada. La fecundidad del matrimonio católico, acrisolada a lo largo de veinte siglos en términos de estabilidad personal y social, educación y atención a los hijos y fomento de virtudes personales ha rendido frutos sin cuento. Sacrificando intereses a corto plazo en aras de su adhesión a lo permanente -la crisis anglicana suscitada por los caprichos matrimoniales de Enrique VIII, no consentidos por del Papa,, es paradigma de los mismos– la institución ha conseguido respeto incluso de sus adversarios. Los mismos que pretenden sustituirla por convenios atemporales, sin rigidez de validez más allá de los caprichos de los contrayentes, procuran para los sucedáneos que proponen un ritual semejante al del matrimonio católico. Emplean expresiones de “hasta que la muerte nos separe”, “prometo amarte... etc.” que están negadas esencialmente en su propio planteamiento provisional del convenio. El empleo reiterado del color blanco por la novia, una moda católica relativamente reciente, es copiado y abusado por quienes no se preocupan lo más mínimo de su significado –como en muchos matrimonio pretendidamente católicos, por supuesto– Se trata de consecuencias comprensibles del prestigio alcanzado por la calidad exigida al compromiso matrimonial católico. Se exige con frecuencia entornos y boatos para las bodas civiles equiparables a los de las católicas. El racionalismo, con su posición expresa de negación de la trascendencia y su adopción exclusiva de la razón humana como base de toda verdad admisible, impuso su opinión de que la voluntad, a menudo cambiante, de los contrayentes supusiese la norma de suprema calidad en el matrimonio. Por ello implantó el criterio de que cuando esa voluntad de estar unidos se quebrase, el matrimonio se quebraba también, desaparecía. Planteado inicialmente como normativa exclusiva para las uniones civiles, no se percataron, o a lo peor sí lo hicieron, de que con ello rompían el concepto esencial del matrimonio. Si se considera un horizonte de divorcio posible, las promesas matrimoniales carecen de sentido. No habría necesidad de prometer nada si se acepta la ruptura potencial de la promesa. Constituye una diferencia esencial con el concepto de separación matrimonial, que no socava la esencia del matrimonio sino actúa de paliativo para las consecuencias insoportables de un error. Una vez admitido el divorcio, su progresiva regulación, o deregulación, limitando las trabas administrativas para conseguirlo, no es sino la consecuencia lógica de su planteamiento básico. Lo que se está denominando “divorcio express” no es sino una versión legalmente aceptable del repudio. Aunque se pretende a veces preservar los derechos de la parte más débil, esos derechos están dañados de origen. En un matrimonio actual, sujeto a un potencial divorcio, cada cónyuge debe procurar mantener una válvula de escape propia, por si las cosas vienen mal dadas por la otra parte. Ninguna esposa renunciará a su empleo o trabajo previo y supeditará muchas posibilidades, atención exhaustiva a la prole y apoyo al marido por ejemplo, a mantener abierta su ruta de escape personal. La confianza mutua queda tocada de ala. El intento de equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio parece, efectivamente, un intento más de frivolizar éste. Atendiendo a ese intento se eludirá cualquier apoyo oficial al matrimonio, imponiendo antes esa equiparación absurda. Se da por sentado que el matrimonio disfruta ya de apoyos efectivos y se justificará un apoyo selectivo a estas “otras opciones sexuales legítimas”. Se disfraza de tolerancia y magnanimidad hacia terceros lo que es un ataque a la institución prestigiada. Lo que no se entiende, como en tantas otras cuestiones de degradación procurada, es el por qué. Si los propugnadores no lo desean en su entorno inmediato ¿por qué actúan en ese sentido? ¿O me equivoco y en realidad si lo desean para su familia?
BREVES
por Erasmo IBARRECHE, CON LOS SUYOS Los/as comunistas de las tierras vascas le han proporcionado a Ibarreche los dos votos mínimos que necesita para ser investido con el poder. Los votos de Batasuna que él prometió no aceptar. No han sorprendido a nadie sensato. Entre los que no se incluye, claro a Rodríguez, que se negó a ilegalizar el PCTV. Debió de pensar, ilusamente, que el PNV se aliaría otra vez con el PSE. Una pifia más a su cuenta ZP PROCLAMA INDECENTES A NUESTROS ANTEPASADOS El Presidente del Gobierno del Reino de España ha dicho que su país es más decente tras la legalización del “marimonio homosexual”. Independiente de discrepancias acerca del tema, resulta evidente que el susodicho ha calificado de indecentes a todos sus antepasados. ¿A dónde se puede ir con una cabeza tal a cargo de la Nación? Resulta deprimente cavilar sobre ello. NI UNO DE LOS 16 VOTOS Que se había llevado Nueva York, incluido por supuesto el de USA, en la tercera votación se acordó en la siguiente votación de España. Los del PSOE niegan que ello se deba a la política exterior del gobierno. Con lo que demuestran que su ceguera es más profunda de lo que parece. Resulta evidente que los alegatos de ZP animando a la traición en Iraq no se traducen en simpatía a las relaciones internacionales de España. No se enteran SE DOBLA LA KALE BORROKA Los delitos callejeros se han incrementado al doble, tras la sentencia de la Audiencia Nacional diciendo que no son terrorismo El mensaje está bien transmitido “¡Animo, Patxi, quema el cajero, que no pasa nada, España se cuartea ya ¡no aguantan!” EL PRESIDENTE TERRORISTA El nuevo Jefe de gobierno electo en Irán ha advertido ya que no dará marcha atrás en su programa nuclear, donde pretende convertirse en un apotencia. Apunta así a muchas incertidumbres sombrías de cara al futuro internacional y, particularmente, en Oriente Medio. Además se ha divulgado la información de que fue uno de los activistas que secuestraron a los rehenes de la Embajada Americana en los infaustos años de Carter. Confirma con ello la idea de que puede esperarse cualquier cosa de él. El Estado Mayor Israelí debe estar echando humo. EL REPUDIO OFICIALIZADO La aprobación del divorcio sin previa separación, los tres meses del matrimonio toma la forma subrepticia del derecho al repudio. Supongo que con alabanza tácita de las feministas, tan desorientadas como siempre, claro. ¿Qué mujer que se case exclusivamente por lo civil, puede confiar a partir de ahora en la estabilidad matrimonial? Si no es tonta, procurará reservarse una escapatoria, por si vienen mal dadas y prescindir de la llamada abnegación femenina POLAINO, A LA HOGUERA El psicólogo, catedrático de la Complutense, ha sido condenado contundentemente por la Inquisición de la corrección política. Le ha llamado de todo, y los alegres gay, rectores del pensamiento rugoso le han aconsejado que “se meta un pepino”. Ellos sabrán por que, porque todo apunta a que se trata de su dominio. La retirad de apoyo por parte de PP, tan cobardes como de costumbre, ha sido la más escandalosa de las actitudes políticas. A ORIANA FALLACI NO LA AMORDAZAN AÚN Porque vive en USA, que en su país, donde la espera un proceso por opinar contra el Islam. Enferma terminal de cáncer, se proclama atea, pero defensora de una Europa Cristiana, a la que acusa de haber renunciado a sus creencias. Autora de éxito, con un título tan elocuente como “La fuerza de la razón” se muestra representante de lo que hoy carecemos en Europa (Y en España, por supuesto): valor político y convicciones. ANSÓN AL QUITE Asustado por un valiente artículo de Ussía en el periódico que preside, a Ansón le entró un changüelo que le hizo escribir una página entera exaltando el valor de Cebrián como Académico, frente al preterido Campmany. Seguramente consiguió el perdón del zar de todas las empresas periodísticas, pero se le vio el plumero EL BRAVO ALCARAZ No se recata por su escaso atractivo mediático y sigue batallando contra el olvido de las víctimas de la ETA, cuya asociación preside. Y lleva la contraria al mismísimo presidente, tras una reunión con este. Valor, demostrado |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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