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Nº 163 - 8 de diciembre de 2005 |
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CONTENIDO 1. Ruptura de las Instituciones, por Ramón Tamames 2. Lo que no hará Zapatero, por Manuel Martín Ferrand 3. Un Sistema político vergonzoso, por Matín Quijano 4. No está escrito, por Serafín Fanjul 5. Breves, por Erasmo
por Ramón Tamames publicado en La Razón Lo que estamos viendo en estos días con la célebre OPA me ha dado mucho que pensar sobre qué está pasando, no sólo en la economía, sino en todo el marco institucional español, en lo que parece ser un auténtico vaivén, marejada o incluso intentos de acoso y derrumbe, incluida la Constitución. La OPA, oficialmente se dice que es un «asunto privado y puramente económico», para luego intervenir desde el poder con toda clase de instrumentos y falacias al servicio de la causa, en lo que parece un proyecto de construir un INI energético, a partir de las antiguas empresas públicas privatizadas, poniéndolas en una sola mano del casi omnímodo poder de una corporación de ahorro aparentemente pública, pero que se rige por las reglas de la cooptación, utilizando el poder autonómico y del propio Estado; ahora no al servicio de los ciudadanos y de los consumidores. Y casi increíblemente esos intereses de acumulación de un grupo claramente oligárquico los defiende un sedicente socialismo, que se ha dejado llevar por el dulce encanto de la burguesía nacionalista. Así, los resultados están a la vista: una institución del mercado de valores al dictado de lo que digan, empleando expresiones bochornosa(«políticas bananeras», «oveja parida, en vez de preñada»), sólo comparables a las de la propia empresa opante («ya hemos puesto el semen y el parto estará en nueve meses») con otras lindezas del mismo estilo. Por su parte, en la comisión encargada del sector energético, de la noche a la mañana se cambian todos los criterios, después de haber puesto como presidenta a una buena amiga de la casa, para que donde se decía digo ahora se diga Diego; esto es, en vez de defender la competencia, de lo que se trata es de consolidar un duopolio ventajista al que descaradamente se ayuda a financiar con alzas desmedidas de las tarifas del gas. Y eso no es todo, porque todavía pendientes de la decisión del supremo órgano supervisor de la competencia -en el que el ministro de Economía y Hacienda tiene todo el poder, y del que aún cabe esperar alguna decisión más ecuánime que hasta ahora-, el rompimiento institucional ha llegado incluso a las más altas instituciones europeas, donde la encargada de la competencia ha sido acosada para cambiar sus criterios iniciales deintervenir, con una negociación oscura en el cuadrilétero Lisboa, Madrid, Bruselas («hagan lo que quieran con los fondos estructurales») y Londres («sí, sí, seguiremos abonando una buena parte del cheque británico»). Todo para mayor gloria de la OPA y de la trilateral que la apoya «a tambor batiente» (valga el galicismo) por aquello de «ahora o nunca». Son tiempos de mudanza apresurada, de sobrepasamiento de las medidas preconizadas por el propio gobierno en sus libros blancos sobre energía o competencia, que van quedando como trastos inútiles para unos dirigentes que entran a saco en todo lo que les conviene sin más directrices que el principio de «pro domo sua». Todo lo expuesto no sucede por casualidad, sino que es resultado de apoyar a los grupos más saprofitos, en vez de buscar un granacuerdo nacional para mantener lo mucho bueno o regular que tenemos, y de ese modo seguir progresando. Y ese viaje a ninguna parte se basa en proposiciones negativas: rechazo de la religión y no al PP, por mucho que algunos tuvieran problemas en el pasado para aceptar una Constitución que hoy defienden, y amenaza a los valores de lafamilia; a la que zahieren con disparates como los que estamos viendo, entre ellos el divorcio express. Todo parece estar preconizando la búsqueda de una nueva legitimación, que algunos dicen será republicana de los años 1931-36. Pero ni eso.porque por mucho que nuestros republicanos se equivocaran en tantas cosas durante la década de 1930, lo que nadie puede negarles es que fueron honrados, y que trabajaron a fondo y con éxito por la educación y la cultura. En contraste con eso, lo que ahora se persigue es otra cosa: acabar con el adversario político después de haberlo declarado execrable e inasociable para nada [como en el Pacto del Tinell) y desmontar o destruir instituciones. Pero ojo, que ninguno de los pantócratas del nuevo régimen político venga a decirnos que estamos ante una destrucción creadora schumperiana. Es otra cosa bien distinta: lo que en mi artículo en este mismo periódico, el 4 de octubre de 2005, titulé «Delenda est Hispania». Y que no digan que se hace catastrofismo, ni que se insulta: más bien se trata de análisis y diagnóstico. Meramente, información. LO
QUE NO HARÁ ZAPATERO
por Manuel Martín Ferrand Publicado en ABC No fue el entusiasmo la fuerza que empujó a los más notables sectores del PSOE a consagrar como secretario general del partido a José Luis Rodríguez Zapatero. Atrapados por las circunstancias, víctimas de la fatiga que produce la estancia en los bancos de la oposición y tras el fracaso de dos buenas opciones sucesorias a Felipe González, optaron por el mal menor y, como demuestra la experiencia, ése es el camino más eficaz y rápido para que el mal sea, verdaderamente, máximo. Después, cuando contra todo pronóstico y con la impensable ayuda del 11-M, Zapatero llegó a La Moncloa, algunos — quienes estaban en el secreto — se llevaron las manos a la cabeza, pero ya era tarde para reaccionar. Ahora las filas socialistas andan inquietas porque, con desusada precipitación, decae el prestigio del líder y la adhesión popular a su sonrisa hueca. En el ecuador de la legislatura, previsiblemente la única que disfrute como presidente del Gobierno, Zapatero ya ha gastado más cartuchos de los que tenía en el zurrón y, a decir de las calas que los encuestadores hacen en el melón nacional, ya ha comenzado la caída libre que es común a todos cuantos pierden su punto de apoyo. En el caso de un político, la confianza de sus electores. Zapatero, sin verlas venir, cometió un error de los que no tienen remedio: para ser presidente del Gobierno de España, sobre las siglas de un partido que se titula español, aceptó el respaldo de un grupo como el ERC que tiene como principal punto de su ideario el dejar de ser español con su deseada independencia de Cataluña. No es que la ética cotice mucho en la política actual, pero sí que resulta exigible una mínima coherencia para conseguir y, sobre todo, mantener el respeto de los distintos y la adhesión de los próximos. El de León vendió papeletas para la rifa de España y, antes del sorteo, lo han advertido quienes le son próximos, los ajenos y, sobre todo, quienes le compraron las papeletas y le sentaron en La Moncloa. El fracaso de Zapatero ya es palpable en datos y en sensaciones. Como organizó un Gobierno con criterios de guateque —chicos y chicas— la máquina no le funciona, en la sede socialista surge la discordia, la opinión pública se desengancha y sus socios miran ya hacia otros horizontes. De hecho, la única salida digna que le queda al personaje es acudir al Congreso, como lo hizo Francisco Silvela en 1903, y decirle a los allí reunidos: «Tened caridad al juzgarme por el único acto del que me considero culpable, el de haber tardado en declarar a mi país que no sirvo para gobernar». Silvela, que era un señor, tenía una gran diferencia con Zapatero, una larga y brillante historia de servicio a España y, además, no entra en el repertorio de lo previsible una dimisión de Zapatero. Todavía sonríe.
UN
SISTEMA POLÍTICO VERGONZOSO
por Martín Quijano La sucesión de acontecimientos que origina el proyecto del nuevo estatuto para Cataluña constituye un motivo de reflexión y preocupación para los españoles. Aparte de la importancia del mencionado proyecto de estatuto, y sea cual fuere el destino final del mismo, tema importante del que nos ocupamos en otra parte, su gestión ha puesto en evidencia diversas carencias y despropósitos que constituyen importantes vías de agua en la democracia española y en nuestro sistema político Uno de ellos, quizás el más patente, es que un partido político que representa escasamente al 2% del pueblo español puede imponer su criterio por encima del resto. Le basta para ello - aparte del factor muy importante de mostrar determinación donde otros titubean - con aprovechar la coyuntura de que los partidos mayoritarios no hayan conseguido mayoría parlamentaria suficiente y necesitan su mínimo apoyo para mantenerse en el poder. Eso es posible por dos incongruencias importantes, que debieran ser corregidas ineludiblemente: La primera es que tan mínimo apoyo social debiera quedar excluido del derecho de representación nacional. Y la segunda es que cualquiera de los dos partidos mayoritarios debiera imbuirse de la idea de que por atender lo que parece querer ese dos por ciento de la población, no puede ir en contra de lo que desea el cuarenta por ciento de esa población que representa la fuerza de su opositor. El partido en el gobierno debe gobernar procurando el interés para el conjunto de la población, no para el interés particular de quien le permite estar en el poder. Y, particularmente, no puede gobernar deliberadamente en contra de quienes no lo han votado. Eso supone el grave pecado de dividir a la sociedad. Los partidos mayoritarios españoles tienen el deber ineludible de dejar a un lado sectarismos y aliarse en los aspectos generales en los que concuerda la mayoría nacional, por encima de sus discrepancias en temas no fundamentales. Hablando llanamente, el gobierno del PSOE no tiene derecho a satisfacer a ese 2% de ERC disgustando al 40% que votó al PP ni a la mitad, o más, del 45% del PSOE que le votó. Es inconsistente y nocivo. Ese sectarismo debe ser enmendado. Otra faceta preocupante de la situación es que el gobierno de España esté en tratos con sectores políticos que se declaran antiespañoles, incapaces de pronunciar el nombre de España en su conversación habitual y deseosos de su desaparición como nación. Es inmoral, e incongruente, que quien ha jurado defender los intereses españoles se alíe con los enemigos de éstos. Otra faceta más para la preocupación es que quien ostenta la máxima autoridad en la Nación, S.M. el Rey, se sienta constreñido por el juego político y no encuentre ocasión para manifestarse a favor de los altos intereses nacionales, entre los que prima la unidad nacional. Y no ya la administrativa, sino la espiritual. La “hermandad de los hombres y las tierras de España” está siendo erosionada por las pugnas partidistas, hasta grados que asombran a quienes no se inmiscuyen en la política, y el silencio Real es preocupante. No bastan manifestaciones tácitas, se requiere explicitar claramente la primacía de la Nación sobre veleidades volatineras. Por último, es vergonzoso que los resultados de las votaciones parlamentarias sean absolutamente previsibles, sin el menor riesgo de error. Los diputados obedecen borreguilmente a sus capataces cabezas de lista, cuya representación ostentan realmente, no la teórica de sus electores. Como no cabe pensar en uniformidad de criterios personales, la unanimidad de voto es, como mínimo, escandalosa. Si, además, constatamos que esa inexistencia de uniformidad de criterio queda demostrada por abundantes manifestaciones públicas discrepantes, previas a la votación, la incongruencia entre criterio y voto resulta vergonzosa. Y su corrección es urgente. Quizás la explicación de esta última anomalía sea también vergonzante. Es posible que una buena parte de las diputados españoles no tenga medios de subsistencia fuera de la política, profesión a la que muchos se apuntan desde su temprana juventud. En este caso, la alternativa a la discrepancia es la indigencia económica ¿Cuántos políticos españoles tienen otra salida profesional que la política? ¿No sería conveniente exigirles que sólo entrasen en política los que hubiesen demostrado competencia profesional en otros campos? ¿Tiene alguna idea el político que legisla sobre impuestos, de lo que suda un empresario para poder pagar la nómina y Seguridad Social de sus empleados a final de mes? Si lo supiera, sus actuaciones serían siempre más sensatas.
NO
ESTÁ ESCRITO
por Serafín Fanjul publicado en libertaddigital Se reúnen en estos días en España (Barcelona y Palma de Mallorca) dos cumbres, conferencias, foros o folklores indeterminados cuya denominación es lo de menos. A la una asisten diversos mandatarios de ambas orillas del Mediterráneo para hablar del diálogo, no para cerrar acuerdos concretos que resuelvan problemas reales de inmigración y terrorismo (el pretexto aducido), para dialogar sobre el diálogo, firmar cualquier cosa (a lo que ya se ha mostrado dispuesto el sabio de La Moncloa: cuando escribíamos este texto todavía no había pronunciado su famosa frase “cerrar el acuerdo que sea”, lo habitual en el hombre) y en los próximos meses y años olvidarla e incumplirla. Por de pronto, varios jefes de estado árabes ya han rubricado la verdadera importancia que dan al anfitrión y al convite no asistiendo al mismo. Nada nuevo. En el otro cónclave el asunto es todavía más delicuescente y etéreo: la Alianza de Civilizaciones. Por deferencia a los lectores omitimos los comentarios que a cualquiera se le vienen a las mientes al respecto y que en buena medida hemos expresado ya varias veces en esta página electrónica. Quizá lo más imperdonable y tedioso de este Rodríguez sea cuánto nos obliga a repetirnos por sus ocurrencias o las de sus asesores. Ambos eventos, de inutilidad cantada, responden al ansia infinita de protagonismo (disfrazada de paz, de rojo irreductible, feminista de honor y sursum corda) de un personaje menos que de medio pelo obsesionado por ser alguien en alguna ocasión, por un instante siquiera, Virgencita de mi vida. Sin embargo, uno de los problemas de fondo , más allá y más acá de Rodríguez, estriba en el modo de relacionarnos los occidentales con el islam, una de las religiones más insensibles a la noción de cambio y al reconocimiento de la evidencia histórica de la evolución en las sociedades humanas. Con pertrechos ideológicos cosiqueados a base de retales más o menos fantasiosos de la vida de Mahoma, de lo más ultrarreaccionario de la Edad Media como Ibn Taymiyya y de los residuos del pensamiento de Muhammad ‘Abduh, que degeneraron en el surgimiento de la banda terrorista Hermanos Musulmanes –la fundada por el abuelito de Táriq Ramadán– una pandilla de buenos vividores en Europa nos amonestan un día sí y otro también por nuestras culpas pasadas y presentes: por supuesto, es en balde pretender explicarles que esto de las responsabilidades es cuestión vidriosa, que precisa matizaciones, situarlas en su contexto sin extrapolar conclusiones fulminantes a partir de hechos aislados o poco seguros, o aclarar cuán mal camino es para el entendimiento general convertir el conjunto de nuestras relaciones en un regateo de zoco con gruesas palabras, dimes y diretes, retrocesos y presiones de navajero. Siguen la táctica que mamaron desde niños, combinando en alternancia fija los lloros con las amenazas, las confianzas y avances descarados con los pucheros compungidos. Tampoco esto es nuevo, aunque tal vez sí lo sea el entusiasmo –ni inocente ni gratis– que despiertan en las filas políticamente correctas de estas latitudes, prestas a imponer en su versión del pensamiento único la obligatoriedad y, sobre todo, la inevitabilidad de la islamización europea: “Abandonad toda esperanza”, como táctica, puede ser útil para desanimar aun más a los tibios, o sembrar inquietudes y duda en los fuertes. En todo caso, dar por seguro tal resultado es alfombrado camino de plata para que acabe sucediendo. “Relájate y goza”, decían los ácratas del 68 y siguientes; el problema, quizá, es que muchos no queremos ser violados en absoluto y bajo ningún concepto. Guárdense, pues, sus vaselinas apocalípticas. Pero no se las guardan y arremeten con la infantería pesada –pesadísima– de negar la existencia de una identidad común europea (Krishan Kumar), reducido el continente a mito contrarrevolucionario y suma de identidades étnicas y nacionales, entre las cuales descuella –¿cómo no?– la nación catalana (M. Castells), ventajas de ser uno mismo quien reparte ascuas y sardinas: mientras Europa no existe (y España no digamos), Cataluña es una realidad inmanente al decurso del cosmos, eterna e increada como Dios, etc. A nuestro juicio, toda agrupación humana que se base en ideas y en el deseo de pertenencia a la misma constituye una abstracción que depende de la voluntad de los miembros del grupo y eso vale para todos: Cataluña, España, Europa, el cristianismo o el islam. Todas esas nociones existen en función de que hay catalanes, españoles, europeos, cristianos o muslimes que las mantienen. Pero todas, no unas sí y otras, a capricho o conveniencia. Obviamente, al negar la identidad común europea buscan un objetivo diáfano: declarar res nullius moral y cultural a este espacio geográfico y legitimarse para su ocupación en todos los órdenes. Es la vieja táctica utilizada en otros tiempos por conquistadores y colonizadores europeos, que comenzaban por proclamar vacías de gentes las tierras que ambicionaban, por mucha superpoblación que soportaran. Despojan, en sus intenciones, al continente de sus señas de identidad principales y comunes –como hacía un personaje de Galdós en la novela Ait a-Tettauen– , a saber, el cristianismo, el derecho romano y el germánico, la filosofía griega y el sustrato cultural latino regado por doquier y ya tienen listo el argumento para el horno. Ayer, por no ir más lejos, el persa Jatamí, el que se negó a dar la mano a la reina Sofía para que no le contaminase de impureza, volvió a soltar la matraca de la islamofobia occidental, siempre idéntico monótono discurso para no abordar jamás las reformas sociales, culturales y morales que los países islámicos precisan desde hace dos siglos, eternamente ocultas tras el subterfugio necio de la culpabilidad ajena: ¿obligaron los colonizadores ingleses y franceses al mantenimiento del velo, de los crímenes de “honor” o de la persecución feroz contra los apóstatas? Por no alargar los ejemplos. Pero no se contentan con el victimismo endémico en la panda, también esgrimen una petulancia chovinista con la que tratan de apabullarnos exhibiendo recuerdos de medias verdades o de fantasías puras y duras, tal la pretensión de que el pensamiento político occidental le debe casi todo al islam medieval (Táriq Ramadán, ‘Azzam Tamimi) y para fundamentar la majadería se limitan a recordar el nombre de Averroes (y sólo el nombre) sin añadir que fue sañudamente perseguido por su leve racionalismo, o a traer a colación, como cuna de la democracia, en delirante pirueta, al consejo tribal que asumió el poder a la muerte de Mahoma. Y después se quejan de que no les tomemos en serio. Mas no naufraguemos en este Mar de los Sargazos: el barco europeo navegará –y mucho– en tanto la tripulación sea consciente de quién es y a dónde quiere llegar, una tarea que nos compete a todos, sin abandonar el campo sin lucha, al estilo Rodríguez. Invasores: recordad Poitiers, no es seguro que no pueda repetirse, aunque esta vez la respuesta venga por la vía de la superioridad de la democracia y la libertad.
BREVES
por Erasmo OIGA, BUEN HOMBRE Así comenzó Rajoy su contrarréplica a Rodríguez, tras las quejas de éste porque en su anterior intervención le había insultado. Es difícil diseñar mayor capacidad demoledora y más concisión en una descalificación, que marca las enormes diferencias de valía entre las dos personas. LOS DOGMÁTICOS ECOLOSOCIALISTAS Los socialistas españoles han votado con los verdes contra las ayudas de la UE a la cría de ganado de lidia. Seguramente en contra de las convicciones y aficiones de muchos de ellos, pero de acuerdo con el sectarismo imperante en su facción. Las personas que se dedican a la política renuncian a tener opiniones. Se ponen en disposición de obedecer sólo consignas. Aunque algunas de ellas supongan traición a su entorno. GRACIETAS No han escaseado, tras el accidente del helicóptero con los políticos del PP. Y han demostrado lo peor de las personas, públicas y privadas. Hay algo insano en la vida pública española, cuando hacemos inútiles manifestaciones absurdas de dolor por unos homicidios y frivolizamos con la vida de nuestros adversarios políticos. VIDAL QUADRAS INTENTA CAMBIAR DE RUMBO El político marginado del PP recuerda que este partido puede desaparecer de la vida pública catalana, bajo la dirección de un ¿ex? nacionalista, Pique, incorporado por oportunismo al PP. Pujol, que se lo impuso a Aznar, puede estar contento con sus servicios. UNA MENTIRA MÁS El Gobierno concede a la UGT 125 millones para que pueda cancelar la deuda de la PSV, con cargo al “Patrimonio sindical embargado tras de la guerra”. Comisiones y la CNT protestan porque saben que es una mentira más y quieren apuntarse. Quizás les tapen la boca con el mismo dinero de todos. La izquierda es maestra en dilapidar la “pólvora del Rey” UNA NACIÓN QUE HONRA A SUS HÉROES USA rinde honores en el Capitolio a los restos de Rose Parker, la valiente negra que desafió la segregación racial en los autobuses de Oklahoma en los sesenta. Una Nación es envidiable cuando sabe identificar a sus héroes y honrarles
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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