Inicio
Superior

Siguiente Anterior

  Nº 164 - 15 de diciembre de 2005

  

   CONTENIDO    

1.       ¿Pueblo o Pueblos?, por José María Carrascal

2.       El discurso del Partido Popular y la COPE, por Luis Fernando de la Sota

3.       Ante la caída, por Víctor Corcova

    4.   Zapatero tiene miedo......, por Pascual Tamburri

    5.   Breves, por Erasmo

 

 

¿PUEBLO O PUEBLOS?                                                                              arriba

por José María Carrascal

publicado en La Razón

¿A quién creer, al Carod Rovira que en el Congreso tiende la mano al resto de los españoles, o al que dice a “Le Monde” que el nuevo Estatuto es sólo un paso hacia la independencia? ¿De quién fiarse, del Maragall que en Madrid promete lealtad a España o del que en Barcelona intenta alejarse de ella? ¡Qué cosas tiene este Carrascal! -dirá algún lector-. Naturalmente que los verdaderos Carod y Maragall son los que buscan la independencia. Si en Madrid moderan sus discursos es para no causar miedo ni meter aún en mayores apuros al presidente del Gobierno, en el que ven un aliado, con buenas razones. La estrategia de los nacionalistas catalanes -sean independentistas manifiestos o camuflados- pasa por tener un discurso en Madrid y otro en Barcelona. En el de Madrid todos son cortesías, en el de Barcelona, todo denuestos. A estas alturas no engañan a nadie e incluso diría que nadie puede tomárselo a mal. ¿No son nacionalistas? Pues el nacionalista quiere una nación y, tras ella, un Estado. Tan simple como eso.

Lo que extraña, lo que sorprende, lo que intranquiliza es que el presidente del Gobierno español sea su aliado. Sí, su aliado. ¿Quién salvó el nuevo Estatut cuando estaba agonizando? José Luis Rodríguez Zapatero, aplicándole el boca a boca con Más y Carod. Muchos no lo entienden. Lo lógico, lo normal, lo cómodo para el Gobierno hubiese sido que ese Estatuto anticonstitucional hubiera encallado en Barcelona, la única explicación de que Zapatero se empeñara en traerlo a Madrid es el temor a que el tripartito catalán, en quien se apoya para gobernar, se desplomase. Pero el tripartito no corre peligro. Carod y compañía se contentan de momento con dar algunos pasos hacia su objetivo final y seguir en sus cargos. Es el plan acordado con Rodríguez Zapatero, a quien en la famosa sesión del miércoles se le escapó, como un acto fallido freudiano, una frase que me puso la piel de gallina y los pelos de punta. Habló de «los pueblos de España». El presidente del Gobierno de España no cree que en España hay un pueblo español. Cree que hay diversos pueblos. Y si cree que hay diversos pueblos es que cree que hay diversas naciones; como creen los que no creen en España. La cosa es mucho más grave de lo que parece. Recordemos que la soberanía descansa en el pueblo y admitir que en España existen pueblos distintos es tanto como admitir la existencia de distintas soberanías en ella, que España, en realidad, no existe, es una ficción. O sea que no hay que preguntar si Maragall y Carod mienten o dicen la verdad al hablar de España. La pregunta debe dirigirse a Zapatero. Con un hombre así al frente del Gobierno, ¿para qué necesitamos nacionalistas?

 

EL DISCURSO DEL PP Y LA COPE                                                            arriba

 por Luis Fernando de la Sota

Pocas veces desde esta página hemos dedicado especiales elogios al Partido Popular, por el contrario, en muchas ocasiones hemos criticado sus planteamientos,  las acciones de sus diversos ministros, y todo aquello que, a nuestro juicio, nos han parecido errores tanto en sus etapas de oposición como cuando estaba en el poder.

Entre esas ocasiones, se pueden destacar tras el atentado terrorista que hizo ganar las elecciones al partido socialista, la impecable defensa del comportamiento de su gobierno en aquel terrible suceso, que hizo José María Aznar en la Comisión parlamentaria del 11 M, así como algunas de las intervenciones de Mariano Rajoy en el Congreso, especialmente sobre el plan Ibarreche y mas recientemente sobre el Estatuto catalán, que le han acreditado como hombre de Estado.

Pero siempre hemos sostenido la duda de si la estrategia del Partido Popular, bajo la nueva dirección de Rajoy, era la adecuada y si éste iba a ser capaz de estar a la altura de las circunstancias en una situación tan complicada y tan dura como la actual.

Tras escucharle el pasado sábado 3 en la Puerta del Sol de Madrid, nuestra opinión no puede ser mas favorable. Algo ha cambiado, y para bien.

En ese acto se pudo apreciar que era posible aunar dos aspectos importantes. Por un lado entusiasmar a sus afiliados, que por primera vez y en muchos años han perdido el complejo, y han inundado de banderas españolas acompañadas de las autonómicas, las calles de Madrid, gritando la palabra España hasta enronquecer, y al mismo tiempo pronunciar un discurso claro, rotundo, de afirmaciones y no de negaciones, de esperanza y no de pesimismo, de futuro y no de pasado, sin amenazas, sin insultos, sin ataques a nada ni a nadie, sin la mas mínima mención a persona alguna, salvo alguna ligera ironía que es consustancial con el personaje.

Es lógico que al gobierno socialista, que esperaba un desaforado discurso lleno de amenazas y de descalificaciones, le haya pillado el asunto con el paso cambiado, y solo hayan podido reaccionar con una rabia contenida y envuelta en comentarios despectivos que no engañan a nadie. El discurso socialista está deslavazándose y está perdiendo credibilidad, incluso entre sus propios partidarios. Y esto está teniendo su reflejo en que tanto El País como la SER, sus órganos oficiales, están perdiendo lectores y oyentes en una caída lenta pero muy significativa, a lo que hay que añadir el descenso de audiencia de la TVE y el principio poco alentador de la cadena cuatro.

El tono del acto del sábado pasado debe ser el camino del Partido Popular. Abandonar el victimismo de la pérdida del poder. Hacer propuestas atractivas, defender valores y principios con firmeza, sin complejos y sin concesiones, mantener ese estilo, evitando  crispaciones y tremendismos, e ir demostrando que es una auténtica alternativa de Gobierno, capaz de devolver a España al sitio que tenía hace poco tiempo, corrigiendo el rumbo que este errático y rencoroso gobierno socialista está dirigiendo al precipicio.

El tema de la COPE, es un poco parecido. Tampoco se puede decir que haya sido objeto de nuestra predilección, y de hecho hemos denunciado en numerosas ocasiones con sorpresa y preocupación, la actitud de la Iglesia española en determinados momentos de la política nacional, porque la hemos considerado tibia, confusa y poco decidida a enfrentar los graves problemas de España, en especial los referidos al separatismo y al terrorismo. Eso, sin contar con nuestra mas firme repulsa en ese terreno, como católicos y como españoles, a la actitud  bochornosa de algunos de sus pastores. 

También ahora la situación ha cambiado. Se podrá decir que la Iglesia ha reaccionado tarde, y solo cuando la han atacado en sus propias raíces, cuando ha sentido las dentelladas del gobierno socialista en sus propias carnes. Pero ha reaccionado.

La preocupación por la posibilidad de ver desaparecer o al menos disminuir sus fuentes de financiación estatales, el ataque a la enseñanza religiosa, el matrimonio homosexual que pone en peligro la institución familiar, etc, han encendido las señales de alarma y se ha decidido ha pasar, no solo a la defensa, sino al ataque. Y lo ha hecho llenando las calles de manifestaciones multitudinarias teledirigidas, y sobre todo con una campaña sistemática y durísima desde las ondas de su emisora, La COPE. Una emisora, que es hoy por hoy, el único medio de comunicación, que es  independiente del gobierno y de los grandes intereses económicos o bancarios de este país.

Capitaneada por tres personajes a cual mas combativo, Jiménez Losantos, César Vidal y Cristina, con sus propias características cada uno, cultos, de gran profesionalidad y  a los que nadie puede tachar de derechoides o de ultras. Que son hoy en día los únicos que, junto con el errático Pedro J. Ramírez, mantienen en el mundo de la ondas una postura valiente y decidida, sin complejos, que está ganándole la batalla a los estrategas socialistas, poniendo en la picota al Gobierno y llenando de ira y desesperación a sus compañeros de viaje del mundo nacionalista.

No se esperaba Rodríguez Zapatero, que iba a tener que soportar una batalla como ésta. Ni que la “derechona”, a la que daban por aislada y desconcertada, y mucho menos la Iglesia, fueran capaces de plantarle cara, ganar la calle, y hacerle bajar en las encuestas en la forma en que lo están haciendo no solo por la pérdida de confianza de muchos de sus electores, sino también por la adhesión de otros muchos españoles que, sin terminar de gustarles lo del centro liberal y democrático como se define el PP, les da mas confianza para el futuro inmediato.

 

ANTE LA CAÍDA                                                                                              arriba

 por Víctor Corcova

Publicado en vistazoalaprensa

Tengo la sana costumbre de poner el oído en lo que dicen intelectuales de altura, poseedores de un nivel coherente con la autenticidad y afines al ingenio. Son observadores privilegiados que nos conducen como nadie a pensar. Uno de esos autores es, José Jiménez Lozano, ganador de la cátedra de la vida. A raíz de homenajear a Cervantes y a la novela en "Las gallinas del licenciado", nos alerta con unas jugosas declaraciones que me afano en transcribir: “Existen ciertas semejanzas entre la caída de Constantinopla y la caída de Europa, algo parecido a lo que hoy está pasando en España… Aquí ahora mismo no veo salidas racionales, ni amor a la vida ni a la libertad. Se han tirado por la ventana los valores y el respeto, porque hay que recordar que lo que somos nos lo debemos tanto a nosotros mismos como a los demás. Es como la muerte; antes si tenías una muerte cercana era algo tremendo, y ahora vemos tantos muertos que terminamos por banalizar lo sagrado”.

Hemos perdido en el camino de nuestra existencia, que no es tan larga como parece, tantos amores de corazón y ganado tantas desdichas, que nos desborda la pena. El dolor es tan fuerte, en ocasiones, que apenas tenemos fuerza para caminar y buscamos refugio en brujerías. Sólo hay que ver el gran negocio que tienen algunas televisiones con su creciente plató de brujas, embaucadores, videntes y demás muñecos al uso, que bailan según el guión del que paga. Al parecer, estos esperpentos disparan las audiencias. Además, suelen abrir las líneas telefónicas (que valen un pastón) para que telefoneen los oyentes. Se podría decir que hay un denominador común en las llamadas. Casi todas las personas tienen enfermedades depresivas. Algunas lo confiesan en antena.

Lo más grave de todo ello, es que algunos adolescentes, cada día más niños, que también llaman a mogollón a los susodichos programas, confiesan estar insatisfechos con esta cultura superficial y buscan alocadamente algo que dé un significado más profundo a sus vidas. Los hay que no pueden más y se refugian en el mundo de las adicciones. Así surge el botellón de los fines de semana. Que más pronto que tarde, se convertirá en un baño diario para muchos. Todo ese vacío que llevamos en las entretelas del verbo, tiene un nombre: es fruto del hambre, no de pan, sino de vida comprensiva antes que represiva, vinculada a la fraternidad. Lo cierto es que necesitamos crecer tanto en realizaciones de ejercicio social como en acciones de espiritualidad.

Nos hemos divorciado también del amor a la libertad y a la igualdad de todos los españoles, por mucho que los políticos lo repitan en sus discursos. Es pura mentira. Si fuese verdad, habría que rechazar de manera contundente los nacionalismos opresores, el radicalismo y la intolerancia que llevan por bandera ciertos partidos políticos que acuden al Parlamento. La libertad no consiste en imponer bajo el refugio de la falsedad, sino en proponer bajo el refugio de la verdad. Para buscar la justa medida de la igualdad hay que considerar el verdadero bien de todos y participarlo a todos.

Está bien eso de llamar al pueblo a la concordia, a la sensatez y al respeto, lo mismo que proclamar vivas a la ley de leyes, pero hay que ir más allá del vocifero y poner un alma en las palabras. A poco que indaguemos sobre los aludes que nos dividen y separan, daremos con la enfermedad generadora del derrumbamiento. La corona de espinas está ahí: Desde la galopante desigualdad entre ciudadanos a los antagonismos ideológicos todavía no curados, desde la contraposición de intereses económicos a las posiciones políticas poco transparentes, desde las divergencias egoístas a las discriminaciones injustas y desde el amor interesado al desamor palpitante. Es justamente, bajo este clima de desdenes, donde la persona se siente defraudada.

Nos recuerda José Jiménez Lozano que lo que somos, es por nosotros y también por los demás. ¿Dónde está el ser humano que no se ve? ¿Cuál es el motivo para permanecer indiferentes al llanto desolado que viven tantas personas cercanas a nuestro entorno? De nada sirve conjugar palabras de compasión (inútil sensiblería) y después tener una actitud pasiva. Convendría tomar buena nota de todo este desasosiego que soportamos, puesto que no todo resbalón significa una caída, y levantarse también es de humanos. La modernidad, sustentada básicamente en la ciencia y en la economía, y no en la contemplación y el recogimiento, va creando un gran vacío de ideales y de creencias que nos lleva a la desesperación. Porque somos algo más que una máquina de realizar cosas, o una masa de pensamiento que desea dar sentido al camino, precisamos ser esa vía amorosa para dar los pasos que nos unen a la vida con otro garbo más jovial y menos desfallecido o amilanado.

Frente al huracán de caídas y el tormentoso baño de esclavitudes, pienso que sería bueno reinventar la cultura del corazón; sabiduría que parte de la intimidad más profunda del ser humano como centro mismo de sus opciones y decisiones. Es hora de que los ciudadanos, en su mundo de acciones y en su universo de relaciones con los demás, vean en las instituciones que crea, una mirada de condescendencia y de garantía legal, frente al laberinto de la confusión reinante que nos sulfura en vez de serenarnos. Se impone un discernimiento, iluminado por el interior de cada persona, que nos ponga en su sitio el significado de la dignidad de la persona y de la vida, nos resuelva el paso de una antropología de la confrontación a una antropología de la gratuidad. No podemos olvidar que somos el único ser que posee historia y que hace historia, lo que conlleva la posibilidad de transformarnos y de transformar nuestro entorno. Se me ocurre que, bajo un pacto de simpatía y solidaridad con toda la creación, sería lo suyo.

 

ZAPATERO TIENE MIEDO...                                                                                     ...a un nuevo patriotismo español     arriba

 por Pascual Tamburri

publicado en elsemanaldigitall

8 de diciembre de 2005. La derecha española no se acuerda, ni tiene por qué acordarse, pero sí lo recuerda José Bono: hace falta remontarse a la Transición para ver tantas banderas españolas juntas en las calles de Madrid como las que hemos visto este año. Como las que se vieron el pasado sábado en Sol, por cierto, y no en la plaza de Oriente tan querida para nuestro falangista manchego. Aunque ambos lugares tienen un destino común, porque fueron escenarios principales del alzamiento popular del 2 de mayo de 1808, que advirtió al mundo del carácter de España como nación. Muchas banderas y mucho talante, por un lado; mucho miedo, por otro.

Y es que, por desgracia, a la izquierda su país "se la suda", en el mejor de los casos. La idea del Estado-Nación ha sido en el último siglo la única capaz de devolver cierto valor a la vida de una civilización en la que se habían devaluado los principios espirituales y habían desaparecido casi todos los puntos de referencia común para la conducta de los hombres. Las palabras que durante milenios habían iluminado la mente o reconfortado el corazón, y habían servido a las gentes de nuestro país para reconocerse entre la marea de pueblos, han perdido hoy su significado y su poder sugestivo. Sólo la palabra "Patria" parece resistir la reducción de lo humano a lo individual y a lo material, y enriquecerse con temas cada vez más numerosos, de naturaleza moral, cultural, económica y social. Lógicamente, la izquierda social y política, a menudo de la mano de la derecha económica –pero sería largo de explicar-, impugna la dignidad de Patria para España, ayer en nombre las clases supuestamente en lucha, hoy simplemente en nombre del hedonismo anarcoide.

Así que los defensores de un nuevo patriotismo español infunden miedo a sus detractores, que hoy gobiernan el país. Y el miedo tiene su razón de ser, porque la sociedad española se ve sacudida por una vibración comunitaria, nacional, y por doquier se intuyen síntomas de que España se resiste a morir. Vive, y sigue siendo capaz de nuevas síntesis de fuerzas, de un impulso regenerador que vaya mucho más allá de la contingencia política y reivindique –con el lenguaje y las formas insólitos del siglo XXI, es cierto- una identidad común en el pasado, una libertad común en el presente, una voluntad común en el futuro. Y todo esto tiene un solo punto de aplicación político, que es el Partido Popular –hoy de Mariano Rajoy-, en el que hay muchas otras cosas, pero que se está convirtiendo en mayoría social precisamente por la cuestión patriótica. Gustará o no, pero está balbuceando una nueva derecha social

La izquierda y los agnósticos de todo patriotismo allí donde se encuentren dicen desconfiar de esta tendencia de la derecha por el recuerdo del franquismo. Pero es una falsedad, una impostura evidente. Lo temen porque es pujante y los rebasa. El patriotismo que hoy vive una parte creciente de este pueblo no es anticonstitucional, ni preconstitucional. Como ha explicado doctamente Luis Miguez, "es simplemente la expresión del patriotismo español dentro de los cauces constitucionales", es decir el patriotismo de 2005. No el de Jürgen Habermas, realmente, sino el intuido por José María Aznar.

 BREVES                                                                                                             arriba

 por Erasmo

¡VAMOS, MARIANO!...

...¡que no tengo todo el día! Así animó, según parece, Esperanza Aguirre a su compañero de accidente, Mariano Rajoy, a salir del helicóptero siniestrado.

Si no e vero, e ben trovatto.

Esta mujer promete más de lo que ya está dando de sí. Y ya esto es mucho. La Comunidad de Madrid está en buenas manos. ¡De lo que la libró aquel Tamayo y su olvidada compañera!

¡TRANQUILOS, SE CAMBIARÁ EL 49!

Nuestro eximio presidente del gobierno sigue su cruzada de corrección y perfeccionamiento del Texto Constitucional. Esta vez ha prometido otro cambio trascendental: Donde dice disminuidos dirá discapacitados,....o minusválidos, o...

O al revés, que no me acuerdo bien. Pero trascendental.

¡Ya era hora de que se corrigiese tal pifia!

¡como sea!

Así se cerró la reunión de Barcelona para la Alianza de las Civilizaciones, esa a la que lamentablemente no pudo asistir Condolezza Ricci porque tenía que hacer la compra semanal en el Hiper. El desertor de Irak exigió que se cerrarse cualquier acuerdo para rematarla.

No se sabe si fue una cuestión de aburrimiento o por sensación de fracaso. No se ha pronunciado al respecto.

¡muy bueno lo tuyo, bono!

En la Academia de Baeza, elogia el espíritu de la Guardia Civil y su adhesión a la Constitución. Y continúa...“a diferencia de otros que organizan algaradas callejeras para honrarla”.

Su desvergüenza le hace perder las formas requeridas para un comportamiento correcto. No tiene remedio. Su sectarismo le puede.

LA CANCILLER VUELVE A LA NORMALIDAD

Ángela Merkel, la nueva canciller alemana, inaugura su Legislatura con un discurso ante el Parlamento en el que empieza colocándose en presencia de Dios y acaba invocándole para que le ayude en la tarea que tiene por delante.

Se desata el correspondiente escándalo entre los progres a la violeta, que califican de retrógrada la apelación a Dios, en estos tiempos de laicismo rampante en todo el Mundo antes cristiano.

Y la Canciller responde, con envidiable naturalidad, que apelar a Dios no tiene otra faceta de retroceso que la de recuperar la normalidad.

                                                                                                                                                              arriba


EL CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin que ello suponga asumir las distintas opiniones.

Información: elcorreo@opinion-encuentros.org