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Nº 166 - 29 de diciembre de 2005 |
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CONTENIDO 2. Liberticidas en Cataluña, por Manuel Martín Ferrand 3. El paraíso que nunca existió, por Serafín Fanjul 4. Inermidad deliberada, por Matías Cordón 5. Breves, por Erasmo Publicado en libertaddigital
LIBERTICIDAS EN CATALUÑA
por Manuel Martín Ferrand Publicado en ABC La política, aseguraba Jaime Campmany, tiene mucho de farsa; pero, en diferencia con ella, hay muchas veces que nos hace llorar. Hay muchos fantoches en el oficio representativo que, llenándose la boca con la palabra libertad, no hacen otra cosa que disminuirla, limitarla y tratar de asfixiarla. Pobrecita libertad. Los fantasmones de la democracia, una epidemia creciente, la maltratan sin descanso. Ahí tenemos, calentita, la última gran parida del Parlamento de Cataluña: con la única, y tibia, oposición del PP ha metido en un solo saco la mucha y dispersa legislación audiovisual hasta ahora existente, cosa buena, y, para compensar, centra la regulación de la actividad en tan notable ámbito autonómico en el Consejo Audiovisual de Cataluña, un órgano con nueve consejeros decididos por el Parlament y un presidente designado por el Govern. El CAC -la Virgen del Montserrat le ilumine- tiene potestad, por sí y ante sí, para imponer multas de hasta 300.000 euros y para sancionar con la suspensión de las emisiones, en radio y televisión, por periodos de hasta tres meses. Curiosa unanimidad la de los integrantes del tripartito, reforzada por CiU, para convertirse en árbitros y delanteros del mismo encuentro. El espíritu liberticida, un gen maligno, habita en el alma de los nacionalistas. Sin él se quedarían en nada. Su condición anacrónica incapacita a los espíritus separatistas para entender, aceptar y asumir los nuevos supuestos de libertad que viajan con la evolución tecnológica y les fuerzan a la mala digestión de los clásicos. Que un órgano meramente administrativo de designación estrictamente política pueda alzarse en discernir entre lo verdadero y lo falso y, en consecuencia, multar y/o cerrar estaciones radiodifusoras es algo que acredita la escasez democrática de quienes, además de promoverlo, lo auspician y mantienen. Sólo la Justicia, a través de sus correspondientes jurisdicciones, tiene legitimidad democrática para, en su caso, sancionar el trabajo periodístico. La argumentación de que el CAC tiene probada su independencia es, aunque fuera de ese modo, una falacia más sobre el despropósito normativo del Parlament. ¿Qué hada benéfica garantiza que puede, o quiere, seguirlo siendo y superar su propia condición política? Cuando, en su afán intervencionista, el más duro franquismo promulgaba una ley de Prensa, salvaba los muebles con un artículo segundo capaz de convertir en delito los suspiros y, naturalmente, sometiendo la decisión a los tribunales. Han tenido que pasar treinta años de vida democrática para que terminemos evocando, por liberales, las medidas restrictivas a la libertad que generó la Dictadura. Mal asunto que, como siempre, arranca de los complejos de inferioridad, y de la inferioridad misma, que alimentan los nacionalismos con resabios fascistoides.
EL PARAÍSO QUE NUNCA EXISTIÓ
por Serafín Fanjul publicado en libertaddigital Hace unos días asistí a la presentación del último libro de Gustavo de Arístegui (La Yihad en España), obra más que recomendable y conveniente si queremos ir completando una imagen real, –y por ello incomodísima– de nuestras relaciones con el Islam de antes y, sobre todo, de ahora. En el curso de su intervención el autor manifestó su resuelto intento de reivindicar la figura y la actuación de gobierno de José María Aznar. Se refería no tanto al conjunto total de medidas y actuaciones políticas del anterior presidente como a alguna parcela muy en especial: la relacionada con los árabes y la religión islámica, por la incidencia sobre todo final que revistieron en su mandato y por las evidentes manipulaciones y explotación a que se vieron sometidas a manos de un sector demasiado nutrido de los medios de comunicación. De manera particular recordó Arístegui la primera conferencia pronunciada por Aznar en Georgetown, y que desencadenó una avalancha de críticas cuando no de burlas provenientes de políticos pisaverdes, periodistas ganapanes, bachilleras y zascandiles varios que, de repente, enarbolaron sus inexistentes doctorados en historia medieval y hermenéutica islámica y lo condenaron como provocador, ultramontano e ignorante. La verdad es que, dijera lo que dijera, lo iban a condenar igual: a este señor la izquierda de altos vuelos intelectuales (Pepiño, Montilla, Roldán) o la de honradez acrisolada (Juan Guerra, Vera, Rubio, Corcuera, Barrionuevo, más Montilla y más Roldán) no puede perdonarle no haber metido la mano en la caja, haber demostrado que no se precisaba el crimen de estado para arrinconar a la ETA y, sobre todo, lo peor de todo, haber anunciado –y cumplirlo– su retirada cuatro años antes de hacerlo, cuando se hallaba en la cresta de la ola. Estas cosas ni se perdonan ni se entienden siquiera. Pero la oleada de críticas no vino de nada de esto, sino de su afirmación acerca del comienzo de nuestros conflictos con el Islam, que empezaron –afirmó Aznar y es imposible rebatirle– en el año 711 con la invasión musulmana. Una evidencia. Y sin embargo, se lanzaron a crucificarle sin haber oído ni leído el texto de marras (el 99’99 % de los españoles), incluidas personas que se hallaban en Georgetown por esas fechas pero que no asistieron al acto. Recuerdo al respecto una carta al Director publicada en La Vanguardia de Barcelona de una persona –lo sé con seguridad absoluta por habérmelo referido la autora– que no estuvo presente pero que vilipendiaba al anterior presidente por mancillar el alma mater universitaria, por dejar en ridículo a los españoles, por desconocedor atrevido y por sus malos conocimientos de inglés. Imposible sacar más y mejor rentabilidad de una lectura de oídas, ese género literario tan en boga en nuestras tierras, incluso cuando pateamos el extranjero. Y total, Aznar sólo había levantado acta de algo fuera de discusión: nuestros conflictos con el Islam empezaron por obra y gracia del moro Muza y de su avanzadilla Tariq ibn Ziyad. Fue así. Por mor de exactitudes antropológica, histórica, cultural, social y hasta folclórica podrá discutirse si aquellos hispanos, o hispanovisigodos del siglo VIII éramos nosotros; qué proporción racial, biológica, de civilización se ha mantenido en la Península a partir de aquellas gentes; si los conversos al Islam, de grado y por fuerza, en los siete siglos subsiguientes mantuvieron y en qué cantidades las huellas hispanorromanas; si los musulmanes andalusíes permanecieron en Hispania a medida que avanzaba la Reconquista (más bien, con regularidad, no); si los cristianos del norte eran, o no, herederos directos y verdaderos de aquellos hispanovisigodos; si los mozárabes –o sea, cristianos sometidos– se arabizaron más o menos culturalmente y si se fugaban hacia el norte siempre que podían a causa del excelente trato que recibían de sus dominadores muslimes... Todo eso es matizable en diversos grados y maneras, pero lo incontrovertible es que la invasión musulmana truncó la historia de la Península y le imprimió un giro inesperado del cual se libraron la mayoría de los países a la sazón europeos, ya latinos, ya germánicos. Como tampoco es posible negar que la nación española se forjó a la contra del Islam, resultado de no querer ser musulmanes, en un proceso dilatadísimo de tenacidad y conciencia colectiva, al principio limitándose a sobrevivir a las aceifas e incursiones depredadoras y de exterminio con que regalaban a los “gallegos” (casi todos los norteños) los emires de Córdoba en cada estío (eso significa “aceifa”: expedición militar de verano), después –desde el siglo XI– cobrando conciencia, desde el imaginario popular a los lemas y divisas nobiliarios y reales, del imperioso mandato histórico de recuperar y reconstruir una “nación” que siguiese el rastro de la monarquía visigoda. Se pueden discutir y matizar los detalles o, incluso, las grandes valoraciones globales, pero no negar los hechos ni cargar contra un adversario político que se limita a dejar constancia de los mismos, máxime ante un auditorio nada sobrado de conocimientos de historia de España.
Bien es cierto que Aznar
estaba reventando el gran descubrimiento que en esos días Rodríguez había
destapado para disfrute y gloria de la Humanidad entera: la Alianza de
Civilizaciones, casi ná; y además, sugería que la historieta del paraíso
andalusí requería más prudencia y menos fantasía; o sea, Aznar fungía de
Aznar, de adulto rompejuguetes peligrosos de niños bobos, asumiendo la
antipatía del papel y dejando claro –demasiado ante quienes detestan la
claridad– que huelgan las sonrisas de disminuido profundo, las
“disparateces” de Moratinos y las “extratégias” de Rodríguez si lo que
anda en juego –y anda– es la subsistencia de nuestra sociedad, libre y
abierta como es, la conservación de nuestras catedrales de Burgos o
Bamberg, el sentido de nuestra –y bien nuestra– iconografía cristiana, la
perduración trasatlántica del español o el alcance de “La Carga de los
Mamelucos” que, por cierto, también eran musulmanes. En fin, hablamos de
ese al que los árabes denominan “Paraíso perdido” y que sería mejor llamar
“El que nunca existió” como tal.
por Matías Cordón En los años de la Transición era habitual entre los progres navarros – antifranquistas, por supuesto – manifestar su propósito de hacer desaparecer de la heráldica española “la gallina”, refiriéndose al águila de S. Juan, y “la lechuga”, esta vez refiriéndose a la Laureada de la heráldica particular Navarra. Lo consiguieron. Su lenguaje despectivo y soez tuvo éxito, acobardando a los políticos, tanto nacionales como regionales, que debieran haber defendido la dignidad de esos símbolos, pero que renunciaron a su deber , plegándose con indignidad a esos ataques. No sirvió de nada alegar la altura de miras que supone adoptar la decisión de Isabel la Católica, que escogió el águila de S. Juan, sin el menor asomo de imperialismo. Ni que la Laureada premia el heroísmo, no la victoria. Los progres, prototipo de estulticia dogmática y reaccionaria – estas vez, como mera reacción a decisiones de Franco – lograron que los nuevos detentadores del poder se plegaran a sus exigencias. El éxito superó sus expectativas porque, al quitar esos símbolos, los que consintieron admitían la ilegitimidad del sistema, los momentos y las generaciones que los habían colocado en la heráldica nacional, en muchos casos sus progenitores, intelectuales o fisiológicos. Y con ello, quedaban inermes ante la pretensión de los ahora vencedores: que éstos representaban la única legitimidad admisible. La derecha pasaba a ser una posición desprestigiada, los falangistas pasaban a ser exclusivamente ultraderecha –mucho más denigrable que cualquier grupo imaginable de ultraizquierda, si es que eso existe en el vocabulario político vigente -, el franquismo ocupaba la posición ínfima en respetabilidad política..... Se podría seguir relacionando posiciones descalificadas ab initio en el diálogo político actual en España. Baste decir que la progresía ha conseguido monopolizar el significado de la palabra fascista y la primacía, si no la exclusiva, en el derecho a descalificar con ella El tema de la rendición intelectual, o mejor semántica, de la derecha sería admisible si implicara sólo un episodio de la lucha política. Algo que resultaría pasajero y susceptible de ser revertido en un futuro con mayor éxito popular. Lo malo es que la clase política derechista ha asumido de tal forma esa derrota que ya se descalifica entre sí empleando esos términos que la abruman. Con lo que ahondan el pozo en el que están. Los antiguos falangistas, estén donde están ahora – por ejemplo, Polanco y Cebrián – son vilipendiados como antiguos ultras del Movimiento. El Presidente de La Caixa, amenazado con un boicot en sus agencias, califica como típica del Movimiento Nacional la oposición a la OPA de Endesa. Considera que, con ello, mejorará la simpatía hacia su postura. El PP se negó a emitir un sello postal conmemorando el centenario del nacimiento de José Antonio, y aceptó al primer envite que, tras sesenta años, el Puerto de los Leones volviera a denominarse Puerto del León .... Son sólo algunos ejemplos de la amplia y entreguista disposición de la derecha a renegar de sus representantes anteriores, presentándose como un grupo que abdica de su historia. La izquierda ha conseguido, gracias a esa rendición intelectual de la derecha, el gran triunfo de opinión de que se ignore sus salvajadas de todo tipo en la Guerra civil, que ahora son achacadas con apabullante frivolidad a “mera propaganda franquista”. Incluso contrarrestan, como cortina de humo, con frecuentes búsquedas de tumbas propias, dentro de lo que han dado en identificar como “recuperación de la memoria histórica”. Que, por supuesto, exige precisamente un ejercicio de pérdida de memoria en el pueblo español. Un esfuerzo nacional de recuperación de una patria degradada, la creación de un Estado con infraestructuras materiales y administrativas como no había tenido nunca España, un apaciguamiento político y transformación de las condiciones materiales y sociales de la sociedad, que han permitido aguantar las tarascadas nacionalistas durante décadas, sin apelar a la violencia, son varias de las tareas ingentes realizadas durante cuarenta años que hoy son ignoradas por los descendientes de quienes las protagonizaron. Han elegido la inermidad para el combate político. Mal planteamiento para un combate en el que, además, el contrario se lo pone tan fácil como, y es sólo un ejemplo, negándose a enarbolar la bandera nacional en sus actos
por Erasmo LA LOCURA DEL BOICOT Media sociedad española está pregonando, en público y privado, su propósito de no comprar productos de la otra media. Y la temperatura crece día a día. Los políticos del PP llaman a la sensatez, otros políticos se inhiben o azuzan, que parece ser lo suyo, la locura. Los empresarios empiezan a preocuparse porque, independientemente de la importancia real del boicot, los rumores dejan un poso que se traduce en incertidumbre empresarial. Más del 70% de las oficinas de la Caixa están fuera de Cataluña, un porcentaje mayor de la actividad de Eroski está fuera del País Vasco. ¿En qué va parar esta locura? SE AVECINA ALGUNA GUERRA No otra cosa se puede esperar de las reclamaciones territoriales del bng sobre Asturias y León, y de las réplicas airadas de esas zonas. Los nuevos nacionalistas pueden dejar a lo furibundos cantonalistas del XIX convertidos en pacíficos franciscanos. Aquello de Jumilla y Murcia no va a ser nada al lado de los fervores nacionalistas actuales. Claro que entonces se entendían en un solo idioma, ahora... ¿SE HUBIERAN IMAGINADO UDS ESTO HACE CUARENTA AÑOS... Es decir, cuando la oprobiosa dictadura sometía a un genocidio cultural, según nos recuerdan ahora, a la culturas periféricas? ¡Cuánto hemos mejorado desde entonces, evidentemente! En aquellos años nefastos, los ciudadanos de toda España se conmovían con cualquier inundación o desastre en otras partes de España, contribuían económicamente para paliarlo algo, se volcaban en ofrecimientos... ¡Cómo nos engañaban los medios de comunicación manipulados por la dictadura! Ahora somos todos más lúcidos y sabemos, lo tenemos bien aprendido, que aquella Hermandad de los hombres y las tierras de España era un objetivo torvo. Lo bueno es tirarse al cuello del vecino, como nos enseñan ahora nuestros preclaros políticos. ¡Cuánto tiempo perdido en aquélla ignorancia de lo que es el progreso! BOBO SOLEMNE Rajoy se ha quitado los restos de consideración que le refrenaban y ha contestado al indeterminado insulto de “patriotas de hojalata” con el calificativo, que millones de españoles han sobreentendido como dirigido a Rodríguez, de “bobo solemne”. Puede ser discutible lo de bobo, pues Rodríguez, aunque hace méritos para ganárselo, también es un listillo, pero lo de solemne es un hallazgo para definir la campanudez con que el presidente se expresa sobre cualquier tema. No cabe duda de que ha tenido que dolerle. ¡Qué pena, aquel debate preelectoral, al que se negó Rajoy! EL PSE CAMBIA DE BANDO Los socialistas de Euzkadi apoyan los presupuestos de Ibarreche y se desmarcan de la colaboración antinacionalista con el PP. Un paso más en la ruta iniciada cuando defenestraron a Redondo, al que ahora invitan a abandonar el partido. Rodríguez continúa apoyando a los nacionalistas contra España. ¿Qué pensarán de ello sus electores de León? ¿Y los socialistas vascos, amedrentados cotidianamente por los “valientes gudaris” asesinos, o cómplices de asesinos? SE INTERRUMPE UN JUICIO A la trama etista por falta de traductores de eusquera al español, la lengua que conocen, dominan y emplean todos los acusados, sigue la tomadura de pelo por parte de unos pocos y el agachamiento de orejas por todos los demás. Y, según parece, hay que resignarse. POLONIA MANTIENE LA DIGNIDAD Y se niega a legalizar la salvajada del aborto, como le exige el Parlamento europeo. Aún queda una Nación CIVILIZADA y HUMANA en la Unión “NO SE LE PUEDE PEDIR MÁS” Rajoy es demoledor, con lo que es de por sí deleznable, claro. Así acabó su exposición crítica de la actuación del Presidente en el debate del presupuesto de la UE, del que tan satisfecho se siente éste. Que reaccionó diciéndole a Rajoy que sus insultos le enajenan los votantes. Puede... si se mantiene la escasa lucidez que la mayoría mostró el 14 M... Pero la gente recapacita. Y hace propósito de enmienda. Por cierto, ¿Cómo consolará su entorno a Rodríguez ante el aluvión de calificativos que recibe?
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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