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Nº 170 - 2 de febrero de 2006 |
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CONTENIDO
1. No passssa nada, por Antonio Burgos 2. Sobre obispos y perdones, por Ignacio San Miguel 3. Nacionalismo y patriotismo, por Enrique Hermana 4. Fungairiño, una pieza para negociar con ETA, de Fernando Onega 5. Breves, por Erasmo
NO PASSSSA NADA
por Antonio Burgos Publicado en ABC Insisto en la idea, a ver si con un poco de suerte es oficialmente reconocida como lema del Reino de España. Ya que van a toquetear la Constitución a la trágala, viejo método en la España del absolutismo, hasta podríamos ponerlo en el escudo, sobre las columnas de Hércules. En vez de «Plus Ultra», que es de los Reyes Católicos, tan odiados por Bono, este lema en el escudo constitucional. Sobre una columna, la filacteria diría «No passssa». Que no me dirán que no trae recuerdos en rojo, amarillo y morado a los hijos (y nietos) de La Pasionaria. Y sobre la otra heraclea columna, «Nada». Con lo que, leída del tirón, la filacteria nos ofrecería la definición moral, ética y política de adonde estamos llegando, hoy todo es más increíble que ayer, pero menos que mañana: «No passssa nada». ¿No tienen los Estados Unidos lo de «In God we trust» y el «E pluribus unum»? ¿No campea en el Reino Unido el lema de la Jarretera, «Honni soit qui mal y pense»? ¿No tiene Francia lo de Liberté y Etceteré? Pues lo nuestro sería como lo que describió ZP a los escolares de Jaén: «Hay muchos catalanes que sienten una identidad nacional». Y hay muchos españoles, pero muchísimos más, que sienten una desasosegante sensación de que esto es cada día más increíble: la claudicación, la degeneración, la dejación del principio de autoridad, adonde está llegando el absurdo del mundo al revés. Y el miedo, el miedo a decir lo que se piensa, la descalificación del adversario como única vía de justificación de la continua invención de problemas, cuando no se resuelve lo fundamental. Todo queda clavado en el lema: «No passssa nada». Cuando escribo este artículo no sé cómo habrán acabado las provocaciones de Batasuna en Bilbao. Lo imagino y lo temo: los amiguitos de los etarras habrán campado por sus respetos. Habrán convertido las Vascongadas en campa campal de sus desmanes, y el gobierno autónomo lo habrá visto como normal ejercicio de los derechos civiles. Eso, eso, civiles: los civiles eran los que tenían que haber ido para hacer cumplir la ley. Que no se cumple. Y no passssa nada.. Y los antidisturbios que tenían que haber estado allí, en Bilbao, los manda la Dama de Cabra a Salamanca, para perpetrar el expolio cultural más sangrante. Y no passssa nada. A la misma Dama de Cabra se le pierde una escultura de Richard Serra de 38 toneladas, vamos, que nadie se la ha podido llevar en el macuto aprovechando un descuido. Y no passssa nada. Y va a mandar a Elche a la Dama de Elche, cuando sería mucho mejor que volviera a Cabra (de donde nunca debió salir) esta Dama de Cabra de Pixie y Dixie, de los anglicanismos y de la civilización planetaria, que habla y sube el IPC del pan. Y no passssa nada. Y la directora de la cárcel de Botafuegos salta, y suelta: los asesinos presos de la ETA son personas normales, amenas, cultas, honradas, de alto nivel intelectual y de las que a veces se puede aprender. Será aprender a pegar tiros en la nuca, hija. Y no la destituyen, ni la empapelan por enaltecimiento del terrorismo. Y no passssa nada. ¿Ha dado lectura acaso al artículo 8 de la Constitución o algo? Pues no passssa nada. Y seguimos en manos del chantaje de sesión continua del que pactó con ETA en Perpiñán. Y no passssa nada. Y seguimos legislando contra la familia, contra la libertad de expresión, contra la libertad de empresa, contra la religión. Y no passssa nada. Se pastelea por debajo de la mesa la destrucción de la Constitución a manos de un Estatuto que busca el Estat Cátala. Y no passssa nada. Del «No pasarán» del PSOE y el PP unidos con la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista, al «No passssa nada». Han pasado. Se están pasando. Y no passssa nada.
SOBRE OBISPOS Y PERDONES
por Ignacio San Miguel publicado en vistazoalaprensa El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, resulta, sin duda, menos polémico que su antecesor, el famoso obispo Setién. Esto resulta así porque apenas hace declaraciones, algo a lo que tan aficionado era Setién, siempre con manifestaciones de cariz político que provocaban la consiguiente crispación de unos y satisfacción de otros. Dividía a la feligresía católica. Los nacionalistas lo adoraban y los no nacionalistas lo odiaban. Finalmente, tuvo que dimitir, cuando la situación se hizo insostenible. El actual obispo sigue la estela nacionalista del anterior, pero con mucha menor estridencia, permaneciendo en silencio la mayor parte del año, por lo menos para el público en general. Se supone que su labor ha de ser predominantemente burocrática y que muchos documentos han de llevar su firma. El trabajo burocrático es tan digno como cualquier otro e igualmente necesario. Sin embargo, el trabajo pastoral se presenta, por lo menos teóricamente, como preeminente en un obispo; y es ahí donde podría hablarse de déficit en Uriarte, dado su silencio cuasi permanente. Se dirá que hay bastantes obispos que siguen esa misma discreta línea de conducta. Efectivamente, a veces da la impresión de que en la Iglesia son los Papas los únicos que trabajan pastoralmente. Sin embargo, ocasionalmente Uriarte rompe su silencio, y esto ocurre las más de las veces en oportunidades tales que confirman la afirmación arriba mencionada de que sigue la estela nacionalista de su antecesor. Casi siempre que se ha pronunciado con alguna energía y énfasis ha sido con motivo de alguna disposición estatal adversa para el sector nacionalista, el radical con preferencia. Recordemos el documento que publicó, junto con el resto de los obispos vascos, en contra de la ilegalización de Batasuna, atisbando “sombrías perspectivas” si tal se hacía (con lo que demostró sus pobres dotes proféticas, dicho sea de paso). Se ha manifestado también, y en sentido inequívoco, en algunas otras ocasiones menos importantes pero de idéntico cariz. Y, ahora, con motivo de la prohibición del acto de Batasuna en Baracaldo, ha expresado su desasosiego, reclamando que no se pongan “nuevos obstáculos” para la paz. Esto lo ha hecho durante la tradicional misa mayor, ofrecida con motivo de la fiesta patronal de San Sebastián. “Los principales actores de los que depende primordialmente la paz, tienen que ofrecernos motivos para seguir esperando”, añadió en su homilía. Hay que tener en cuenta que el terrorismo vasco nació en ámbitos eclesiásticos (consúltese a Ricardo de la Cierva y otros, si se tienen dudas), por lo que es explicable que por parte de los clérigos haya habido, y siga habiendo, un cierto afecto hacia estos hijos descarriados. A veces, hasta algo más que afecto, si los curas son marxistas. Y, como contrapartida, las declaraciones más polémicas del obispo Setién y las más escasas y prudentes de su sucesor, han encontrado siempre su mejor acogida en las filas del nacionalismo radical. Tampoco es ocioso recordar que ningún cura ha sido asesinado por los terroristas. Una actitud del clero que nos muestra a las claras su deformación moral, lo constituye su reiteración en el llamado a la reconciliación. Estos llamamientos no los hacen a los terroristas, como podría algún ingenuo esperar, sino al pueblo en general. Es decir, al pueblo que pone los muertos, aguantando sin responder (sin responder, esto es muy importante) a los ataques criminales, le dicen estos apóstoles de la paz: “Debéis perdonar. Debéis reconciliaros”. Si esto no es degeneración moral, que venga Dios y lo vea. En la homilía citada, el obispo exhorta a convertir “el ansia de revancha en voluntad de concordia”. Aparte de todo, los llamamientos al perdón suelen ser, desde un punto de vista estrictamente intelectual, bastante estúpidos. En primer lugar, la sociedad no tiene derecho a perdonar la injuria causada a ninguno de sus miembros. Su obligación es ofrecer a las víctimas la reparación posible, lo que implica necesariamente el castigo de los culpables. Y si no lo hace así, será por motivos espúreos, ofreciendo el espectáculo de una Justicia prostituída. En cuanto a los particulares, podrán perdonar el mal que les han causado a ellos, nunca el causado a un tercero. La viuda de un asesinado podrá perdonar al asesino el dolor que le ha causado, y los demás perjuicios. Lo que no está en su mano es perdonar la muerte de su marido. Esto sólo podría hacerlo el interesado, lo cual es imposible. Por esto, el criminal siempre se quedará sin el perdón que más podría interesarle. El único que, en realidad, tendría auténtico valor para él. Los llamamientos al perdón, si bien estúpidos, parten siempre de aquellos que sienten una inclinación afectiva hacia los criminales. En consecuencia, estas monsergas humanitaristas, adobadas con un cristianismo desnaturalizado, están bien para los presuntos borregos a quienes se quiere debilitar, pero no para el hombre alerta, que observa la realidad fríamente y sin prejuicios
NACIONALISMO Y PATRIOTISMO
por E. Hermana Vivimos una situación aparentemente paradójica: Cuando más patente es el internacionalismo y la concepción global de la economía y el mercado, más virulento y frecuente es el fenómeno del nacionalismo, que exige tratamiento particular y privilegiado para pequeños grupos humanos que quieren reducirse a entidades diferenciadas de sus vecinos. En España sabemos bastante de ello. Regiones periféricas con población que sólo en un caso (Cataluña) alcanza casi el 14% de la población nacional, consiguen una atención desmesurada en conversaciones o publicaciones. Más allá de las sospechas de privilegio hacia ellas, resulta patente que consiguen airear sus continuas reivindicaciones de forma preeminente respecto al resto de España. Los portavoces políticos de esas reivindicaciones se autotitulan nacionalistas , y proclaman, con mayor o menor virulencia, su propósito de desvincularse del proyecto común español. No se trata de un fenómeno exclusivamente español. Con más o menos pasión, se presenta este fenómeno en ocho o diez regiones europeas. En todos los casos, proclaman su derecho a constituir un Estado nuevo, rompiendo vinculaciones con lo que ha sido hasta entonces su compañía histórica, con tradiciones e historia acumulada. Y para ello están dispuestos a mantener una situación de conflicto permanente con sus hasta ahora compatriotas, incluyendo a sus vecinos, si no están conformes con sus ideas. Ese conflicto toma aspectos virulentos y salvajes en algunos casos, como ocurre en el País Vasco, pero no por ello difiere de los otros en lo referente a motivaciones y posiciones intelectuales básicas. El conjunto de ideas básicas de interpretación de su nacionalidad constituye para ellos una referencia incuestionable, a la que tienen que someter todos los obstáculos que encuentren, con una determinación implacable. A esas ideas básicas debe subordinarse toda persona habitante en su territorio, sin que las ideas, creencias o meros hábitos de esa persona puedan constituir estorbo para sus propósitos. Aunque ese conjunto de ideas, creencias o hábitos constituya el patriotismo de esa persona, que ama a su tierra con otro horizonte o punto de vista que el nacionalista, abarcando el pasado histórico, el que protagonizaron sus antepasados, sin renegar de sus hechos. Resulta interesante reflexionar sobre las diferencias detectables entre estos nacionalismos y el patriotismo, o vinculación voluntaria a una ejecutoria histórica. El soporte básico del nacionalismo es ese esquema ideológico. Apartado, en sus facetas actuales más virulentas, de toda referencia a autoridad superior divina, exige tal subordinación a sus partidarios que los daños que infligen a terceros quedan apartados de toda consideración moral. Sean muertes o subordinación lingüística, sus acciones quedan justificadas por el motivo de construcción de su nación. Las víctimas son meros objetos a los que se mira con frialdad, sin consideración personal. Incluso se excusan diciendo que no hay odio personal en sus acciones. La subordinación a las consignas ideológicas debe justificar y apartar esa posible consideración moral. El sentimiento patriótico, por el contrario, no exige tal subordinación, pues la historia asumida implica un acatamiento a un criterio superior, ante el cual los actos pueden ser calificados como elogiables o condenables. El derecho de gentes español y la polémica sobre la legitimidad de la conquista americana son un ejemplo claro de ello. El individuo pasa a ser persona, pues acata a ese criterio superior, naturalmente Divino, con carácter prioritario respecto a las exigencias de la comunidad. Al hacerlo, continúa la interpretación que sus antepasados hicieron, y se considera una continuación de su ejecutoria No es extraño que Juan Pablo II haya condenado tales sentimientos nacionalistas, por su capacidad para alienar a las personas de su responsabilidad moral, convirtiéndolas en instrumentos de su ideología. El entonces Cardenal Ratzinger recuerda, en el libro entrevista Diálogos sobre la Fe, que Hitler advirtió: Tomo sobre mí la responsabilidad de los actos de Alemania. Mi destino es liberar a los alemanas de la pesada carga de sus conciencias individuales, echándola sobre mi espalda. Tal propósito de convertir a las personas en súbditos robotizados al servicio de una ideología subyace tras todo nacionalismo ideológico. ¿Puede concebirse un nacionalismo acatador de la supremacía de la norma moral de Dios? Difícilmente, pues atenta sobre la misma base dogmática de la razón de su existencia.
FUNGAIRIÑO, UNA PIEZA PARA NEGOCIAR......CON
LA ETA
por Fernando Onega publicado en La Voz de Galicia Podrá ser más conservador que Cánovas, Maeztu y el cardenal Gomá juntos. Podrá dejar a su izquierda a Fraga y Aznar, también juntos. Podrá reprochársele que alguna vez entendió, casi justificó, las dictaduras de Argentina y Chile. Lo que nadie podrá negar a Eduardo Fungairiño es que es un enorme fiscal. Y además, un hombre íntegro. Convencido y hasta desafiante en sus ideas, pero íntegro. Y valiente: fue capaz de presentar una querella contra Garzón; propuso penas nunca vistas contra los responsables de aquel envenenamiento colectivo de la colza; fue el rigor de la ley contra terroristas, pese a estar en todas las listas de objetivos de ETA. Por eso, su marcha como fiscal jefe de la Audiencia Nacional es mucho más que un episodio personal. Oficialmente, se ha presentado como una dimisión. Este cronista, con los debidos respetos, no lo cree. Un hombre que, como Fungairiño, se emociona tanto al despedirse de los funcionarios; que provoca llantos de compañeros de trabajo y a él mismo se le escapa una lágrima; que había logrado el respeto de magistrados y fiscales después de una polémica designación; que se muestra satisfecho de su trabajo; ese hombre, digo, tiene que tener algo más que las «razones personales» aducidas para dejar su cargo. Mis preguntas, planteadas desde el análisis y no desde la sospecha, son las siguientes: ¿eran buenas sus relaciones con el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido? La respuesta es clara: no. ¿Es Fungairiño el hombre para afrontar la vertiente judicial de un proceso de negociación con ETA? Más claramente todavía: no. ¿Aceptaría un hombre como Fungairiño una labor fiscal tendente, para entendernos, a la vista gorda ante los presos etarras, en el supuesto de una negociación política? Tampoco. ¿Estaría dispuesto el señor Fungairiño a dulcificar las calificaciones fiscales en algunos de los sumarios ahora mismo abiertos? Por lo que sabemos e intuimos, menos todavía. Sumados estos interrogantes y todos aquéllos que ustedes puedan añadir, viene la pregunta clásica de un proceso penal: ¿a quién beneficia su marcha? Es evidente, aunque sea arriesgado mantenerlo, que, en el orden de las relaciones jerárquicas, el beneficiado es Cándido Conde-Pumpido. En el orden de las materias que están sobre la mesa, esta retirada tiene todo el aspecto de ser una pieza más, y muy importante, del engranaje que supone poner en marcha el largo y duro proceso -así lo calificó Zapatero- de final dialogado del terrorismo. Se trata de ir removiendo obstáculos; de tener preparada la maquinaria para que no haya más chirridos que los imprescindibles. Y, por vía de esta dimisión pactada, se ha allanado un camino. Ahora faltan todos los demás.
BREVES
por Erasmo La visita a las ciudades conflictivas El Presidente del Gobierno visitó las dos ciudades españolas del Norte de África, donde fue aclamado por “marroquíes, subsaharianos y homosexuales” según decía una radio, con posible injusticia. Y donde alabó a Marruecos sin mencionar la esencia española de las mismas. Ya sabemos que nuestro problema, como españoles, es que nuestros jefes no son de lo nuestros, pero ¿en qué piensa Rodríguez, cuando está solo con su familia o sus paisanos? La eta se hace valer Poniendo bombas en diversos sitios, la banda asesina recuerda su existencia. Con todos lo comentarios mencionando los deseos del gobierno de que establezca una “tregua”, refuerza su posición de cara a esa negociación acentuada. Puede augurarse su éxito. Ha conseguido acanallar a la sociedad vasca simpatizante con el nacionalismo y ahora va a conseguir encanallar al socialismo. Pues no otro calificativo merece el pacto con los asesinos. Aquí no pasa nada Se vaticina una desmembración de España, que el propio Rey advierte, pero la sociedad no parece alterarse. Se insulta abiertamente a los militares y a España, pero no tiene ninguna consecuencia para lo insultadores. Se desbarata la estrategia antinacionalista y antiterrorista, pero se disfraza de acciones en pro de la paz y la ¡igualdad de los españoles! Se degrada la educación y la cultura, hasta ponernos a la cola de la UE, pero la sociedad no parece inquietarse. ¿Hace falta, otra vez, paro rampante, para percatarnos de que vamos cuesta abajo? ELIMINACIÓN de estorbos El Fiscal General fuerza la dimisión de Fungairiño amenizándole con chinchorrerías, y éste cede. Quizá no quepa pedir heroísmo menor a un héroe probado en lo difícil. Una prueba más de un totalitarismo, en el que los instrumentos del Estado se subordinan a los interese del partido en el poder boicot a MADRID El gobierno prohíbe a la Comunidad de Madrid su proyecto de cerrar la M50, a sus propias expensas, alegando motivos ecologistas confusos. Todo vale para disminuir el éxito del partido contrario. Incluso el perjuicio de los ciudadanos. Que, además, se lo tienen bien merecido, por no votar a la progresía.
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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