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Nº 175 - 12 de abril de 2006 |
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CONTENIDO
1. Picores y Ajos, por Aleix Vidal Quadras 2. ¿Otra vez una tregua trampa?, por Luis Fernando de la Sota 3. Lo malo del PP, por Pío Moa 4. La media verdad, por Alfonso Rojo Puerta 5. Breves, por Erasmo
por Aleix Vidal Quadras publicado en La Razón La reacción de las cúpulas de las organizaciones empresariales catalanas a unos certeros y distendidos comentarios de José M" Cuevas sobre determinadas formas de actuar que las caracterizan ha puesto en evidencia la gravedad del mal que aqueja a una sociedad que se quiere motor de España y que se está transformando a pasos agigantados en un lastre insostenible. En vez de lanzar tanta artillería verbal contra el presidente de la CEOE, un hombre que a lo largo de dos décadas no ha dejado ni un solo momento, con independencia del color del Gobierno de turno, de defender sin vacilaciones un modelo económico y social racional, liberal y favorecedor de la creación de riqueza y empleo, los dirigentes de Fomento, PIMEC y CECOT harían mejor en examinar sus propias relaciones con el poder. Porque, vamos a ver, ¿quién firmó la carta a Maragall pidiéndole, suplicándole, que llegase a un acuerdo con Artur Mas para sacar al nuevo Estatuto de la vía muerta? ¿No hubiera sido mejor mantenerse neutrales en un asunto de tanta carga política, actitud que no les hubiera acarreado ningún riesgo, o, si les quedara una pizca de valor y de dignidad, manifestar su oposición a una norma básica intervencionista, proteccionista, autárquica y letal para la competitividad de la economía del Principado? Basta leer el documento de la CEOE, publicado en octubre de 2005, sobre las reformas estatutarias, y comparar su rigor, su valentía y su compromiso con los gimoteantes renglones de la misiva enviada al presidente de la Generalitat por la crema del empresariado catalán cuando el Estatuto hacía agua, muestra donde las haya de servilismo masoquista. Nadie ha oído a Juan Rosell, a Josep González o a Antoni Abad criticar en público, por poner algunos ejemplos especialmente sangrantes, el artículo 152 del proyecto, exponente de un pensamiento económico arcaicamente planificador que ha hecho observar a Juan Velarde que le recordaba a Corea del Norte, o la maravilla de la renta de ciudadanía garantizada del artículo 24, que desincentivará el esfuerzo personal, disparará el gasto público y producirá un efecto llamada de inmigración ilegal de enormes proporciones, o la cogestión estilo antigua Yugoslavia del artículo 25, o la obligatoriedad del conocimiento del catalán, que acaba con la libre circulación de personas en el territorio español, o esa bobada del modelo laboral propio del artículo 45, como si los empresarios y los asalariados catalanes se moviesen bajo distintas pautas que los del resto de la nación. La obligación de estos caballeros que ahora trinan contra José Ma Cuevas sería denunciar tales disparates, profundamente perjudiciales para sus representados, en vez de colaborar pusilánimemente con sus promotores. En fin, ya conocen el refrán. A comer ajos, que el Estatuto les deparará muchos y largos sufrimientos, plenamente merecidos, por supuesto.
por Luis Fernando de la Sota Lo que tantas veces se había anunciado y no acababa de llegar, ya está aquí. Justamente en el mismo día en que la Comisión del Congreso de los Diputados daba el visto bueno al proyecto de Estatuto autonómico catalán, con todas sus luces y sombras, y con menos apoyos de los que salió del Parlamento de Cataluña, la banda terrorista ETA presenta su comunicado de cese permanente de la violencia. Y se hace público en plena sesión informativa del Congreso, por lo que los parlamentarios dan primacía a esa noticia, se suceden las ruedas de prensa, los grupos cambian el sentido de sus preguntas, y el Presidente, hace una insólita declaración de confianza en el líder de la oposición al que anuncia que recibirá unos días después, para darle información suficiente y invitándole a trabajar juntos para conseguir la pacificación del País vasco que según él será una labor larga y llena de dificultades, pero también llena de esperanzas. Hasta ahí todo bien. El que ETA deje de matar y extorsionar, siempre es una buena noticia, sobre todo para aquellos que se ven todos los días amenazados y sufren directamente la presión del terror. Sea cual sea la motivación de ese cambio de actitud solo puede dar lugar a una cierta satisfacción. Pero automáticamente conviene preguntarse ¿ A cambio de qué ? La respuesta inmediata de Mariano Rajoy, es la correcta.” El Partido Popular colaborará y apoyará al Gobierno lealmente, para que ese abandono de la violencia se produzca sin precio político alguno...” Horas después el segundo comunicado matiza el primero al que parece seguirá otro en el mes de Abril y ya se pueden empezar a sacar conclusiones. En primer lugar la realidad desmiente las afirmaciones rotundas del Ejecutivo y sus portavoces, de que no estaba negociando con ETA. Hasta su propio órgano oficial, El País, da detalles de cuando y en donde se has estado celebrando reuniones a dos bandas Pero eso es disculpable, y cualquier gobierno lo habría hecho. Lo importante es, lo que hayan pactado. Hace poco comentábamos irónicamente la “escenificación” del Estatuto de autonomía catalán. Hoy nos podemos referir a otra “escenificación”, la del pacto con los terroristas de ETA. Hay una versión aceptable, que es la enunciada por el presidente del Gobierno en su primera comparecencia en el Congreso. “Tendremos que verificar, tomándonos nuestro tiempo, la certeza de las intenciones y el cumplimiento del cese de la violencia por parte de la banda terrorista. Solo cuando la hayamos confirmado podríamos seguir avanzando en ese camino”. En el debate de la 1ª de Televisión Española, de esa misma noche, López Garrido afirmaba enfático: “El cese de la violencia debe ser total”. “ No negociaremos en una mesa con Batasuna que es un partido ilegalizado, mientras ésta no renuncie y condene la violencia”.” No pagaremos precio político alguno, por el cese de la violencia”. etc... Y ahí viene nuestro natural escepticismo, secundado por el de las víctimas del terrorismo, de buena parte de los medios de comunicación y de millones de españoles. ¿Hay motivos para el optimismo, si resulta que ETA, en un comunicado menos rotundo que el de 1.998, no anuncia su intención de disolverse, ni de abandonar y entregar las armas, ni renuncia a ninguno de sus postulados y por el contrario se mantiene en su derecho a la autodeterminación y emplaza a los gobiernos de España y Francia a que negocien en régimen de igualdad con ellos, e incluso se suceden las noticias de actos en Francia de robo de material para seguir abasteciéndose?. Parece que no. Por otro lado, ¿ Es posible y creíble, que ETA acepte rendirse, y desaparecer, sin ninguna contrapartida? ¿ Puede el Gobierno de España, desde un punto de vista constitucional y en un Estado de Derecho, ceder a alguna de las reivindicaciones etarras? Parece ser que tampoco. Pues si todo esto es así, las posibilidades de avanzar en ese terreno, en principio parecen ser nulas. Pero naturalmente hay otra versión, perfectamente posible, que no quisiéramos creer, pero que tal y como están las cosas, no se puede desechar, y es que el Gobierno haya pactado un calendario por etapas que se iría “escenificando” poco a poco. Primero un comunicado como el de ayer en el que los terroristas anuncian su intención de dejar de matar una temporada. Suspiro de satisfacción en una buena parte de los españoles y especialmente de los que sufren el terror en sus propias carnes. A continuación una serie de gestos por parte el Ejecutivo para premiar las buenas intenciones etarras: Instar a jueces y fiscales, así como a las Fuerzas de Seguridad del Estado, es decir a lo que en el comunicado ETA denomina “acciones represivas”, a que suavicen sus actitudes. El Fiscal del Estado Conde Pompidu ya se ha sumado entusiásticamente a esa labor, tan precipitadamente, que ha tenido que ser frenado por sus propios compañeros de Partido. Conseguir para los presos una condiciones lo mas benévolas posible. Paulatino acercamiento de esos presos al País Vasco y posibles excarcelaciones o paso a regímenes mas beneficiosos, sobre todo a aquellos que no tienen delitos de sangre. Reconocimiento de Batasuna merced a alguna argucia legal para que se pueda presentar a las elecciones municipales. Y por último, negociación de un nuevo Estatuto, en el que se reconozca al País Vasco como nación, e incluso la posibilidad del derecho a la autodeterminación. Todo ello poco a poco, a lo largo de esta legislatura, o si es preciso de la siguiente, que los socialistas están seguros de ganar, presentándose como abanderados de la pacificación vasca tras muchas décadas de conflicto. La situación del Partido Popular en una situación como ésta, requerirá otro artículo.
por Pío Moa publicado en libertaddigital El PP ganó sus primeras elecciones con muy poco mérito de su parte. Fue el PSOE quien, con sus escándalos y fracasos, le dio la victoria. Ni siquiera supo la derecha explotar debidamente los desafueros de su contrario: fueron un puñado de periodistas, defendiendo la democracia contra el verdadero "sindicato del crimen" prisaico, quienes realmente cambiaron las cosas. No la prensa, como se ha dicho, sino un mínimo sector de ella; la mayor parte permaneció corrupta o borreguilmente pasiva. La espléndida e ineludible labor de aquellos pocos periodistas la aprovechó un PP siempre inepto para la propaganda... y que luego pagó muy mal a quienes le habían hecho aquel impagable servicio, dañó la libertad de prensa y ayudó, en cambio, al "sindicato" a incumplir la ley, entre otras cosas. Con todo, el gobierno de Aznar hizo muy bien tres o cuatro cosas fundamentales. Había heredado una economía estancada, tres millones de parados, una deslegitimación del estado por la práctica del terrorismo del gobierno y por una corrupción galopante, y la sensación de que España volvía a ser un país de pandereta, de picaresca y constante vulneración de la ley. El gobierno de Aznar, entre la incredulidad general, prometió cumplir, y cumplió, los requisitos para la moneda única europea, animando con ello a otros países; saneó la economía; y, por primera vez desde la Transición, afrontó a los asesinos etarras conforme exige el estado de derecho, marginando las mafiosas soluciones políticas patrocinadas por el "sindicato". Los resultados fueron espectaculares: el paro descendió rápidamente, mientras el empleo aumentaba y el país lograba un notable ritmo de crecimiento sostenido; la corrupción bajó drásticamente a niveles soportables, y la ETA entró en crisis. Estos logros contra el paro, la corrupción y el terrorismo, evidentes por encima de cualquier propaganda, dieron a Aznar la mayoría absoluta en 2000. España dejaba la política "panderetista" y parecía convertirse en un país serio, capaz de encarar sus desafíos. Sin embargo, en su partido cundió la idea de que la victoria la habían debido a su política "centrista". Nadie puede definir claramente qué es el centrismo, salvo en el sentido general de una política moderada, sin estridencias y respetuosa con la ley y las libertades, más una gestión eficaz, como desea seguramente la mayoría de la población. Esa política puede y debe practicarla tanto la derecha como la izquierda, para asegurar la democracia. En tal sentido, las actuaciones positivas del PP habían superado a las negativas, no digamos a la política mejicano-priísta y antiparlamentaria del PSOE. Pero el nebuloso "centrismo" defendido por muchos políticos del PP significa otra cosa: la ausencia de principios. Es la misma línea de pensamiento que llevó a varios líderes de UCD a la obtusa idea de que en Cataluña y las Vascongadas la derecha ya quedaba bien representada por los respectivos partidos nacionalistas; es la línea que promueve los chanchullos entre partidos e incluso con los asesinos profesionales de la ETA, a espaldas de los ciudadanos y por encima de la ley y el respeto a la historia; la que busca congraciarse con el "sindicato" y hacerle concesiones contrarias a la libertad de expresión; la que se limita a la gestión económica, dejando las ideas y la cultura en manos de los separatistas y la izquierda; la que flaquea ante campañas desestabilizadoras, o renuncia a la defensa de una posición ya tomada, como el apoyo al derrocamiento de Sadam Husein… Este "centrismo" llevó al PP a la derrota. Empezó con una campaña electoral que marginaba solapadamente los logros de Aznar, presentando a Rajoy como si viniera de la oposición, en competencia de promesas vacuas con Zapatero. Ello le costó, de entrada, la mayoría absoluta. Y luego su cobardía centrista para defender su postura cuando la guerra contra Sadam, le pasó factura después del atentado del 11-M, haciéndole perder también la mayoría simple. El centrismo así concebido es básicamente un fraude a los ciudadanos. Ruiz Gallardón, el hombre de Prisa en el PP, lo expresó con claridad, quizá involuntaria, cuando, para rebatir las "injustas" críticas de Jiménez Losantos, dijo estar en el PP porque recogía "las banderas de la izquierda". No dijo cuáles, pero la expresión lo revelaba todo. Mal número de políticos del PP carece de otras ideas o banderas que su carrera política y afición al poder. Para ellos, como para la izquierda, ni la unidad de España ni la democracia son principios irrenunciables, ni siquiera demasiado importantes. No se proponen defender y extender unas convicciones, pues carecen de ellas, sino, simplemente, explotar un "caladero de votos", y maniobrar a partir de él. Tales "centristas" creen saber que una masa de población les votará en cualquier caso, aunque sólo sea por no votar al PSOE. Dando por segura esa base, tratan de extenderse a otros caladeros, no defendiendo en ellos unas ideas precisas, sino adaptándose a sus prejuicios, levantando "las banderas de la izquierda" y estafando así a quienes dicen representar. Con ello despojan fraudulentamente de voz y representación a una parte de la sociedad. Por ese camino se ha ganado Ruiz Gallardón la benevolencia de Prisa, lo cual le facilita bastantes votos sobre los que ya tiene en principio más o menos seguros. Puede hacerlo gracias, sobre todo, a la ínfima calidad política de la izquierda madrileña. En cambio, otro centrista equivalente, Piqué, fracasa en una región donde el adversario tiene más experiencia, mejores líderes y dientes mucho más afilados. Centrismo, en este sentido, equivale a chanchullo. Por supuesto, en condiciones normales, cuando los principales partidos son moderados y respetan las reglas del juego democrático, es decir, practican un centrismo en sentido positivo, los acuerdos y hasta chanchullos menores, forman parte de la política corriente. Pero cuando las mismas bases de la democracia y la integridad nacional se hallan amenazadas, cualquier debilidad centrista se transforma en colaboración con los demoledores de la paz en libertad. Y esta orientación parece estar imponiéndose en el PP. Es la hora de los ciudadanos, no de los partidos.
por Alfonso Rojo
publicado en ABC Podría titularse «las dos varas de medir», porque lo primero que llama la atención es el distinto criterio con que se valora lo de aquí y lo de allá. El buen corazón es muy selectivo. Casi tanto como la memoria. Muchos que saltaron de alborozo cuando el juez Baltasar Garzón hizo detener a Augusto Pinochet en Londres — el ex dictador chileno tenía ya ochenta y dos años, y hacía una década que había dejado el poder — argumentan que lo importante es la paz y que si el precio es soltar a los etarras presos, habrá que pagarlo. Los que aplaudían cada vez que los magistrados daban un susto al ex dictador, desvelaban sus cuentas secretas o le embargaban la biblioteca, dejan caer por las tertulias que habrá que montar algún tinglado, con subvenciones y cursillos, para facilitar la reinserción a los terroristas que saldrán de la cárcel sin oficio ni beneficio. Para ser exactos, sin otro oficio que el de pegar tiros en la nuca. Es encomiable la gente con buenos sentimientos y enternece ver un país ilusionado con la perspectiva de convivir por fin sin asesinatos, extorsiones y amenazas. Dicho esto, no se si han reparado que hace una semana se cumplió el trigésimo aniversario del golpe militar en la Argentina. Fue el año en que comencé a trabajar como periodista y aunque hacía poco que había muerto Franco y estábamos enfrascados en la vorágine de la transición, me acuerdo bien de aquello. De completar detalles o imágenes emborronadas en la memoria se han encargado con afán programas de televisión, diarios online y periódicos de aquí y de allá. Me he quedado con la impresión de que la masiva evocación de la tragedia ha sido bastante unilateral. El comportamiento de los militares argentinos durante los años setenta fue monstruoso. Pero el horror uniformado fue una parte de lo que pasó. Al obviar la otra porción, como se ha hecho desde los medios de comunicación e incluso desde el Gobierno argentino, se alienta la difusión de una media verdad. En otras palabras, de una mentira a medias. Pues bien, a pesar de eso y coincidiendo con los que escribieron columnas y opinaron sobre el tema en las emisoras la semana pasada, creo que quienes fueron víctimas hace treinta años en Argentina tienen todo el derecho a exigir justicia y demandar castigo para los verdugos. Lo que me choca es que esos mismos analistas, los del castigo a los de hace treinta años o al vejete perverso de ochenta y dos, no coincidían conmigo en que también debería pagar su crimen y hasta el final, quien asesinó hace diez años a Miguel Ángel Blanco. O quien organizó hace veinte la masacre de Hipercor.
por Erasmo A MI TAMBIÉN ME MATARON A MI ABUELO Este inefable Presidente que padece España comenta eso a la representación de la AVT que le visita. Los visitantes se quedan extrañados y en silencio, esperando el comentario posterior, que no llega. Una muerte dentro de un cuarto de millón de ellas ocurridas en la Guerra Civil, afecta mucho, por lo visto, a un nieto nacido treinta años después. No da para más. Esta archidemostrado, para nuestra desgracia. Figueruelas gana el meriva La dirección de la GM adjudica a la Planta aragonesa la fabricación de ese modelo, en dura competencia con Polonia, pese a los bajos salarios polacos. Eso garantiza el trabajo allí por una década. Y prueba la sensatez de trabajadores, empresa, sindicatos, autoridades,....que se han puesto en razón para mejorar sus posibilidades. Nadie parece haber echado al vuelo las campanas periodísticas ¿Por qué? El supremo pone las cosas en su sitio Sentando la doctrina de que los beneficios penitenciarios se apliquen separadamente a cada condena, indican a los poliaasesinos que cumplirán treinta años. Y desbaratan la posición entreguista del Gobierno con la Banda. El Fiscal general, así desautorizado, no ha dicho ni pío. los alemanes aparecen en endesa E.ON plantea una alternativa a la OPA de Gas Natural, valorando la compre un 30% más, y pagando en efectivo. El Gobierno se pone nervioso, los nacionalistas catalanes invocan el españolismo, se emiten Decretos en contra de la Normativa de la UE,....Nadie sabe como se resolverá ese empecinamiento de Rodríguez en entregar las empresas energéticas españolas a Cataluña. Pero lo seguro es que España se desprestigia cada vez más CAÑIZARES, CARDENAL El Papa ha nombrado Cardenal a Monseñor Cañizares, Arzobispo de Toledo y cabeza destacada, con Rouco, de la posición episcopal española tradicional. El Presidente de la comisión episcopal. Blázquez, el Arzobispo de Pamplona, Sebastián, y otros han debido sentirlo como un palo. Para los católicos españoles, por el contrario, ha sido un soplo de aire revitalizador. |
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EL
CLUB DE OPINIÓN ENCUENTROS, a través de sus actividades
relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
formación de una corriente regeneradora de España acorde con los tiempos
actuales. Siendo un Club con vocación de "encuentro" de los
españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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