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Nº 176 - 04 de mayo de 2006 |
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CONTENIDO
1. Autenticidad, Luis Fernando de la Sota 2. Rumores inquietantes, R.L. 3. Navarra, como perversa moneda de cambio, Juan Ramón Corpas Mauleón 4. Contra toda defensa de España, José Javaloyes
Luis Fernando de la Sota En uno de sus trabajos, el recientemente fallecido Julián Marías, al que con independencia de sus inclinaciones ideológicas es preciso reconocerle siempre la luminosidad de sus ideas y la inquebrantable firmeza de sus convicciones, hace una llamada sonora, que es como un clarinazo al hombre de nuestro tiempo, inserto, o más bien atrapado, en una sociedad que le corrompe. ¡Atrévete a ser tú mismo! Algo parecido dijo también Juan Pablo II en una de sus alocuciones a los católicos de todo el mundo. Estas llamadas, estos vibrantes toques de atención, coinciden en denunciar el tremendo peligro que nos acecha de que, poco a poco y cada vez con más rapidez, vamos cayendo presos en la red que los medios de comunicación, los políticos de turno, la sociedad competitiva y consumista y el laicismo devastador, va tejiendo a nuestro alrededor. La propuesta que vemos permanente reflejada, en todos los espejos en los que tenemos que mirarnos todos los días, de la mañana a la noche, es siempre la misma: la de querer más, la de tener más, la de subir y triunfar al precio que sea, la de alcanzar la cima efímera del poder, del prestigio social, profesional o político, a costa de tener que mentir, adular, rebajarse o prostituirse de cualquier manera, y ese mensaje va haciendo mella en buena parte de nuestra sociedad que la va considerando, por repetida, normal, y no sólo la acepta para ellos, sino que incluso la inculca o la fomenta en sus hijos. Es una regla impuesta, no escrita, pero de todos conocida, que el que quiera triunfar en la vida, en cualquiera de las actividades humanas, tiene que renunciar a sí mismo y adaptarse sumisamente a lo que lo rodea. A lo que ahora se ha dado en llamar políticamente correcto. Cualquier infracción de esa norma, cualquier brote de autenticidad, de rechazo a lo establecido, es mirado con recelo si no es con temor, y puede costar el apartamiento social, político o profesional de la persona supuesta o sospechosamente infectada. Como personas vamos perdiendo autenticidad, y sumándonos al rebaño que no piensa, que no decide por sí mismo, que se deja dirigir mansamente hacia un futuro incierto cuando no es a la nada. Todas estas reflexiones o consideraciones sobre el yo, sobre la persona como ente individual, podríamos perfectamente extrapolarlo al terreno de lo colectivo y muy especialmente al terreno político. De la misma forma que el hombre cuando tiene un momento de reflexión sincera, cosa que me temo que cada vez ocurre con menos frecuencia, llega a la conclusión en lo íntimo de su conciencia de que está obrando mal, y de que se está dejando arrastrar por la fuerza centrífuga de su entorno, de la misma forma deberíamos los grupos políticos, los sectores de opinión, hacer un análisis riguroso de nuestro comportamiento, para ver si las cosas que defendemos y por las que luchamos son de verdad auténticas, o nos hemos ido dejado enredar en una maraña de hojarasca de supuestas lealtades, de gestos y actitudes ajenas que hemos ido considerando como propias a fuerza de repetirlas, de frases y latiguillos obsoletos, que sirvieron para adornar discursos de otras épocas, pero que nunca pasaron de ser accesorios y que todo ello hemos ido dejando que se adhiera a nosotros como una cáscara deformando la auténtica raíz fundamental de nuestra doctrina. El deseo legítimo de llegar al poder o de influir en él de cualquier grupo o corriente política, sobre todo si está convencida de que puede aportar beneficios a la comunidad, de la que forma parte, no pude confundirse nunca con el posibilismo, con el falseamiento de los fines, o con el engaño electoral. La defensa de unos determinados valores, tiene que provenir siempre de una insobornable posición de convicción ética, aunque esté equivocada. Cualquier propuesta, cualquier posición ideológica, si está basada en esa convicción y es por lo tanto auténtica, debe ser siempre respetable y respetada, aunque tenga que ser rebatida a través del pensamiento y la razón si es presentada democráticamente o con la contundencia que sea necesaria, en caso de que se intentara imponer por la fuerza. Son estas líneas por tanto, una llamada a la autenticidad. Una llamada como nos pedía Marías y Juan Pablo II, a ser nosotros mismos. A no dejarnos influir por el ambiente, a no permitir que nuestro mensaje se difumine en aras de una mayor adaptación a lo actual. Fijar nuestra vista en las estatuas de mármol que no cambian y son admiradas a lo largo de los siglos, y no en las figuras de plastilina que se moldean y adaptan a cada situación o cada contorno. Nada hay en estas palabras de inmovilismo, ni de inclinación a volver a tiempos pasados. Al contrario. Esos tiempos ya son historia, y de ella sólo debemos sacar consecuencias y enseñanzas para aprovechar lo bueno, e intentar no volver a caer en los errores del pasado. Es preciso hacer un esfuerzo por encontrar palabras nuevas, cauces distintos, prescindir de muchas cosas superfluas y accesorias, pero manteniendo intacto el mensaje fundamental de defender por encima de cualquier otra cuestión la unidad de España. De servirla con humildad y con entrega o lo que es lo mismo, de servir a sus pueblos y a sus hombres, de conseguir igualdad de oportunidades para todos y fomentar la solidaridad entre ellos, propugnando un sistema que respete la dimensión trascendente del hombre, de la persona, y la considere centro y eje de toda acción política. Si nos atrevemos a ser nosotros mismos, a ser individualmente más auténticos, conseguiremos el que también sea más auténtica nuestra crítica, nuestro análisis, nuestro mensaje y hará que si a pesar de ir a contrapelo de todo lo actual y remando a contracorriente, no somos capaces de lograr cambiar la situación, al menos tendremos la satisfacción de haberlo intentado, de haber sido coherentes con nuestros principios y de haber conseguido al menos mantenernos íntegros y firmes en nuestras convicciones.
R.L. Fuentes de razonable solvencia nos vienen ilustrando en los últimos días de un plan político-electoral programado por Zapatero para con él alcanzar estas metas: · Garantizarse el poder mediante una segunda legislatura de 4 años que empalmaría con la actual, si bien ésta acortada como luego se verá. · Con ese plazo (de unos 7 años en total) llevar a cabo todo su programa. · Zafarse de las consecuencias electorales de una crisis económica que está ya más que apuntada, razón esta que al parecer es el motivo de adelantamiento de elecciones, como también ahora se verá. El adelantamiento de elecciones es algo que se viene pronosticándo desde hace no poco tiempo, pero según parece Zapatero no lo tenía ni asumido ni proyectado en firme pues no encontraba causas –lo suficientemente importantes- como para precipitar esa decisión. Pero como se ha esbozado antes, ahora sí que ha encontrado la causa para ello: las perspectivas de una insoslayable crisis económica. Trataremos el por qué de tal «descubrimiento» de Zapatero, aunque evidente para tantos. Parece ser que alrededor de las fechas del segundo aniversario del triunfo electoral del PSOE, el Vicepresidente Económico Solbes presentó a Zapatero un informe económico en el que –a diferencia de lo externo habitual de Solbes- mostraba al Presidente la gravedad real de la crisis económica que se avecina, producto en su mayor parte de la irracional política económica que en realidad impone Zapatero a su Vicepresidente y a tantos otros Ministerios. En ese informe se daban fechas: hacia el otoño de 2007 la crisis ya sería inocultable porque se palparían sus efectos: disminución importante del crecimiento económico, aceleración del crecimiento de la inflación, ausencia casi total de inversión extranjera y primeras muestras de desinversión, perspectivas de déficit en el cierre presupuestario del año 2007… y grave aumento del paro; todo esto además de más datos igual de negativos en otros de nuestros índices macroeconómicos. Expuestos los datos de ese informe a sus íntimos, Zapatero y estos han llegado al veredicto de programar un adelanto electoral con disolución de las Cámaras antes de que la expuesta crisis económica pudiera influir en el resultado de las subsiguientes elecciones generales que en situación de normalidad serían en 2008. Ha habido dos tesis sobre ese adelanto: una, la de fijar las elecciones adelantadas en el otoño de este 2006 (hacia noviembre); otra, la de hacerlas coincidir con las autonómicas y municipales previstas para mayo de 2007. Al parecer, se ha optado por esta última, por las siguientes razones: · Para la primavera de 2007 espera Zapatero ya tener cerrado el trato con «ETA-Batasuna», cosa imposible para noviembre de 2006; «baza» publicitaria importantísima, en su criterio, para movilizar a su favor a las masas ingenuas y posibilistas. · Como se viene rumoreando, el entendimiento Gobierno-ETA se basaría en un acuerdo a costa del actual status foral de Navarra cosa que se podría plantear «con cierta lógica coyuntural» en las elecciones autonómicas, pero que sería imposible hacerlo así en noviembre de 2006 porque en esta fecha sería tanto como una artificiosidad de trascendencia institucional más que evidente. Cabría añadir al resto que, de momento, sería la cesión más suculenta a favor de ETA,pues sin perjuicio de concederle ciertas referencias retóricas sobre el «derecho de Euzkadi a decidir su futuro», en los acuerdos iniciales con la banda no se le podría conceder el de la autodeterminación, por ser rotundamente anticonstitucional; sin embargo lo que afectase a una «fusión» Euzkadi-Navarra contaría con un «apoyo institucional» oportunísticamente utilizado: la Disposición Transitoria nº 4 que se recoge nefasta y equívocamente en la Constitución; lo demás correría a cargo de un «cuatripartito» navarro y de una carga asfixiante de propaganda socialista en las elecciones y desde antes de estas. Un «penúltimo» rumor coincidente con lo anterior: la sorpresiva remodelación del Gobierno de Zapatero poniendo en los Ministerios clave a Rubalcaba y a Alonso, parece ser que constituye la primera previsión operativa en dirección a la programación de ese adelanto electoral, con todos sus «complementos» esbozados y esbozables. Este es el «macro-cuadro» de la decisión de Zapatero respecto al adelantamiento de las elecciones generales, cuya enorme gravedad y trascendencia para la unidad de España creemos que no se oculta a nadie que posea un mínimo de inteligencia y un rescoldo de patriotismo. La «palabra» para deshacer tan demencial programa la tienen el PP a nivel nacional y UPN en el ámbito navarro; ante la trascendencia del embite socialista obliga a ambos protagonistas político-institucionales a marginar las medias tintas, pues como afirmamos ya en 1979 (y está escrito como editorial de un periódico de entonces) «sin Navarra no hay escisión vasca». Y en el supuesto de que todo el rumor general y no sólo el referido a Navarra –que creemos muy fiables- no fuesen mas que una «reflexión» interna de Zapatero de difícil puesta en práctica, la «receta» a ambos partidos es la misma: más vale prevenir que curar; la clave está en Navarra y, por tanto, parafraseando al clásico tratadista militar Clausewitz,
NAVARRA, COMO PERVERSA MONEDA DE CAMBIO
Juan Ramón Corpas Mauleón consejero de Cultura y Turismo Gobierno de Navarra Tomado de El Mundo.
Contra toda defensa de España
José Javaloyes Estrella digital Ni a la nación española ni a los intereses nacionales. El discurso del «buenismo» por el exterior completa el desencuadernamiento estatutario de la unidad nacional. El atraco estatalizador de Evo Morales a Repsol sólo es para el presidente Rodríguez un «problema puntual» que no habrá de obstar a la ayuda española a Bolivia, lo cual es cosa de la que tomarán cumplida nota todos nuestros interlocutores por el ancho mundo: en primer lugar, y para los mismos efectos del petróleo, el actual Gobierno de la entrañable Argentina. En la Casa Rosada de ahora saben que en la Moncloa actual tienen un valedor, siempre dispuesto a mediar frente al egoísmo neoimperialista y neoliberal de nuestras multinacionales. Es una confianza documentada por el reciente pasado, ilustrada por la experiencia. Si algo faltara al simpático Kirchner para saber con quién no se juega los cuartos, al aplicarle otra vuelta de tuerca a las inversiones españolas en su país, ahí está la condonación política del puntapié que Morales le ha dado en nuestro culo al futuro de Bolivia. El concesionismo «buenista» —ahora con La Paz como antes con Buenos Aires, durante la primera visita presidencial— no se expresa con hechos «puntuales»; es de naturaleza estructural y de condición sistémica. Desde el presente de nuestra política exterior se lo quiere proyectar a la que sirvan las futuras generaciones de diplomáticos. Así se ha suprimido el estudio del Tratado de Utrecht del temario para las oposiciones de ingreso en la Carrera. Total, como Rodríguez ya renunció a recuperar la soberanía de Gibraltar, cuando abrió la puerta a la doble representación colonial en el proceso negociador, ¿qué interés podrá tener que nuestros diplomáticos de mañana conozcan los fundamentos jurídicos y las condiciones todas a que debe constreñirse de la amputación territorial que padecemos los españoles en la provincia de Cádiz? La renuncia a la imprescindible y auténtica memoria histórica comparece como corolario y desembocadura del deshuesamiento constitucional de España, por vía estatutaria. Y a ello se añade ahora, por vía diplomática, la parálisis funcional de los mecanismos de defensa, en el exterior, de los intereses nacionales. La metafísica nacional tiene así, para que nada falte, su correlato material en los problemas del siempre sucio dinero, pues todo socialista que se precie debe defender la causa de los desheredados, sobre todo si son los indígenas bolivianos a los que, como a todos los demás, expropió la Historia por mano española, como dijo el Comandante cuando Juan Pablo II visitó La Habana. A una diplomacia de rendición preventiva, como la de Rodríguez, se corresponde una política de defensa que tiene su paradigma en las humanitarias «misiones oenegés» más o menos ligeramente acorazadas. Son la variante militar del bonismo diplomático. Muy preocupante, en fin, es que en la rearticulación de la política exterior y en la modernización de los conceptos de defensa no se haya integrado la noción de que España, o lo que reste de ella a la vuelta de la esquina, es, cada vez más, cabecera o metrópoli de multinacionales. Pero ¿qué importan los predicados si el sujeto (España) parece ya no importar nada? Así ya no habrá quien nos defienda, a las multinacionales y a los nacionales, desde la actual tesitura. |
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EL
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relacionadas con la cultura y el pensamiento, aspira a contribuir a la
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españoles, admite en las páginas de sus publicaciones, en sus tertulias
y conferencias, los juicios de cuantos se encuentran en esa línea, sin
que ello suponga asumir las distintas opiniones. Información: elcorreo@opinion-encuentros.org |
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