|
ÍNDICE
EL 20N
LA NUEVA INQUISICIÓN
LOS OBISPOS Y LA UNIDAD DE
ESPAÑA
SOBRE LA
REPUBLICA
LA «CRISIS» DE UN VIERNES DE
DOLORES
¿QUE ESTA PASANDO EN ABC?
OTRA VEZ EL GENERAL MENA
EMPEZAMOS UN NUEVO AÑO
¿ORGULLO GAY?
Artículo editorial de la "Web de Encuentros"
198/01/2012
Si tuviéramos que elegir un titular entre los que nos ha ofrecido la
prensa del pasado domingo, nos quedaríamos con el de La Gaceta:
Final de una pesadilla.
Aunque matizado. Efectivamente final de una pesadilla, pero con
un despertar como suele ocurrir en estos casos, con mal sabor de boca y
todavía con angustias y temores.
Parece que nos hemos librado de los peores ocho años de nuestra ya no
tan incipiente democracia y tal vez de nuestra historia contemporánea,
en los que hemos vivido pasando, sucesivamente, del asombro, a la
vergüenza ajena. De la irritación, al furor. Del agravio, al temor de
que si la situación se prolongara podían desaparecer siglos de historia
compartida y años de trabajo fecundo y de reconciliación nacional.
No se puede sintetizar en estas pocas líneas, todo el mal que el
gobierno socialista de Rodríguez Zapatero ha hecho a España y por tanto
a los españoles. Nos ha dejado en ridículo en Europa y en el mundo. Nos
han avergonzado con su ineptitud e incultura. Nos han enfrentado otra
vez, removiendo las cenizas casi apagadas, de las discordias civiles de
hace tres cuartos de siglo y, como aprendices de brujo, han intentado
reescribir la Historia en sentido contrario, para presentarla,
manipulada, ante las nuevas
generaciones como a ellos les hubiera gustado que hubiera sido.
Han ofendido y humillado a sectores y personas que no se lo merecían,
despreciando y arrinconando a todos aquellos que, a pesar de sus muchas
cualidades y saberes, no pensaban como ellos. Y tras haber arruinado
económicamente a nuestro país, con sus irresponsables excesos y sus
caprichos políticos, dilapidando la herencia recibida, dejan a cinco
millones de españoles en una terrible situación de paro y desamparo.
¿Y ahora?
Pues ahora, al despertar de ese mal sueño, a afrontar la terrible
situación en la que nos han dejado. El Partido Popular ha ganado las
elecciones contundentemente, de una forma democráticamente
irreprochable. La mayoría de los españoles le ha dado su confianza.
Quiera Dios que se la merezca y que guíe sus pasos para devolver a
España lo que necesita para salir de la situación en la que estamos. Si
así lo propone, y con esa actitud actúa, nosotros estaremos dispuestos a
aceptar los sacrificios que sean necesarios y en la medida de nuestras
fuerzas, contará para ello, con nuestro apoyo exigente, crítico y leal.
LA NUEVA INQUISICIÓN
arriba
Artículo editorial de la "Web de Encuentros"
18/09/2006
Las novelas de Pérez Reverte en las que se cuentan las
aventuras del capitán Alatriste, recientemente llevadas al cine, han
puesto de moda una oscura época de la historia de España, en la
que se pone de manifiesto con gran realismo y crudeza, la enorme falta
de sintonía y de proporción, entre el reinado de un monarca mediocre y
acomplejado en manos de validos y cortesanos, ambiciosos y faltos de
escrúpulos, y las hazañas en Europa y especialmente en Flandes, de los
gloriosos tercios españoles. Su lectura hace realidad aquella famosa
frase de “Dios que buen vasallo si oviera buen señor”
En la trama de esas aventuras, aparece con frecuencia,
sirviendo a diferentes intereses, la Santa Inquisición, esa
controvertida institución, mitad política, mitad religiosa, creada
en principio para defender los pilares de la fe religiosa en
Europa, y que aparece como vigilante de rigor implacable que todo
lo ve y todo lo oye, considerada por unos como necesaria para aquellos
tiempos, mientras que para otros significó un baldón para la imagen y el
sentido evangélico de la Iglesia instituida por Cristo.
Hoy sigue existiendo aunque con otro nombre más actual, la
Congregación para la Doctrina de la Fe; y se ocupa,
afortunadamente con otros métodos, de conocer y corregir en su caso, las
desviaciones teológicas y los comportamientos pecaminosos de los
clérigos de todo el mundo.
Hoy ya no se quema a nadie en hogueras por motivos
religiosos, ni se reprimen con métodos medievales los desvíos heréticos,
pero en España sigue existiendo y con fuerza, una nueva inquisición, que
se sigue cobrando víctimas, aunque eso sí, sin derramamiento de sangre.
Es una inquisición sin nombre, sin sede, sin que se conozcan
los nombre de los grandes inquisidores, ni los de sus esbirros, ni los
de sus delatores o confidentes y menos aún de sus verdugos, pero hoy
todo el mundo sabe que es vigilado de cerca, y que si quiere prosperar
en cualquiera de las actividades académicas, profesionales, políticas o
funcionariales, no basta con demostrar aptitudes, conocimientos,
experiencias o habilidades, sino que es preciso cumplir esa ley no
escrita, pero implacable, que se exige a todos los ciudadanos que
quieran ser algo.
Es preciso demostrar, o al menos aparentar, un rechazo
absoluto a todo lo que significó o pudo significar el régimen anterior.
Cualquier desliz u opinión en ese terreno movedizo, que pueda parecer un
elogio o una justificación del franquismo, es reo merecedor de condena.
Cualquier frase que pueda interpretarse como un reconocimiento de que
durante aquellos cuarenta años se hubiera podido hacer alguna cosa bien
o que haya podido significar un beneficio para España o para los
españoles, es motivo para que esa nueva inquisición caiga sobre él con
todo su peso y con todas sus consecuencias. No hay hogueras, ni muertes
violentas, pero las víctimas se convierten en muertos civiles arrojados
del sistema.
Cualquier traspié, cualquier indiscreción o paso en falso, le
puede costar al incauto el puesto en la lista, la alcaldía o la
concejalía, el ascenso, la contratación o el negocio.
Por eso, salvo rarísimas y meritorias excepciones, los
políticos, los magistrados, los fiscales, los militares, los
funcionarios de cualquier graduación, artistas, periodistas o escritores
incluidos los propietarios de los grandes o pequeños medios de
comunicación, tiene que trabajar con red, como los malos equilibristas,
o con flotador, como los inexpertos nadadores.
Y esa red o ese flotador no es otro, que la necesidad de
incluir siempre, o al menos de vez en cuando, en sus discursos, sus
parlamentos, sus declaraciones, sus entrevistas, sus escritos o sus
libros, alguna frase o algún juicio despectivo o despreciativo cuando no
claramente insultante sobre el régimen anterior o contra quien fue su
Jefe del Estado, “A moro muerto gran lanzada”. E incluso los
voceros mas críticos con el Gobierno o con el partido de turno, al que
no dudan en vapulear contundentemente, no olvidan nunca introducir,
venga o no a cuento, algún juicio adverso o algún epíteto mas o menos
insultante.
Ante las tremendas falsedades y retorcidas interpretaciones
de nuestra inmediata historia contemporánea del actual Gobierno
socialista hay, y cada vez más, afortunadamente, escritores,
investigadores y columnistas que se atreven a denunciar los excesos de
los años republicanos y del Frente Popular de los años treinta del siglo
pasado con el apoyo de una parte importante de la sociedad española;
bien venido sea, pero nadie se atreve al mismo tiempo, a afirmar que
todo aquello justificó la reacción de otra parte también muy importante
del pueblo español.
Se dice, se comenta en familia, en comidas o cenas, en
tertulias de amigos, en voz baja y con guiños cómplices, pero el miedo a
ser tachados de franquistas, de fachas, de defensores aunque sea desde
la crítica rigurosa de aquel periodo prohibido, hace que todo el mundo
silencie hechos, fechas, avances, aciertos y comportamientos y en lugar
de abrir un debate sereno y objetivo sobre aquella época, y que cada
palo aguante su vela, prefiere adoptar la postura del avestruz,
hundiendo la cabeza en la arena de la indiferencia y de la cobardía
moral, o sonreír con mueca de borrego.
La nueva inquisición vigila, y en cualquier momento puede
caer sobre nosotros.
* *
*
LOS OBISPOS Y LA UNIDAD DE ESPAÑA
arriba
Artículo editorial de la "Web de Encuentros"
07/07/2006
Creemos que hemos sido
muchos los españoles, que nos hemos sentido defraudados por el
resultado, al menos aparente, con que ha terminado la Asamblea de la
Conferencia Episcopal Española.
En una Asamblea de
estas características, donde prima el silencio informativo, y donde
todas las intervenciones de los prelados están condicionadas por la
cautela y la mesura de puertas para fuera, hay que adivinar las
posiciones de cada uno de ellos, o de cada uno de los sectores que
agrupan sus diversas sensibilidades, por pequeñas filtraciones,
por medias palabras, por claves sutiles en las que la Iglesia siempre ha
sido experta maestra, ya que no en vano cuenta con experiencia de siglos
en fina e inteligente diplomacia.
Poco se ha sabido del
resultado de dicha Asamblea, de la que parece saldrá un documento
consensuado, ni de las deliberaciones que en ella han tenido lugar y
mucho menos, de las distintas posiciones defendidas por los obispos
españoles.
Pero aunque es éste un
tema delicado, sobre todo para aquellos que, como nosotros, nos
consideramos miembros de la Iglesia, algunos indicios y algunas
declaraciones nos permiten aventurar suposiciones e hipótesis, aún a
riesgo de equivocarnos.
Y como nosotros
carecemos de las virtudes que adornan a la Iglesia, lo vamos a expresar
de una manera mas ruda pero también mas clara.
Esperábamos que en
esta Asamblea de la Conferencia Episcopal se debatiera el texto, tantas
veces aplazado, sobre la unidad de España, considerada por los
cardenales Rouco y Cañizares como un bien moral.
Esperábamos que se
debatiera también el futuro de la COPE, y ésta recibiera el apoyo y el
amparo necesario para continuar con su línea actual, o por el contrario
fuera desautorizada y cesados sus actuales dirigentes y comentaristas.
Y teníamos también la
esperanza, de que se nos diera información sobre la situación de los
asuntos que enfrentan a la Iglesia Española con el actual Gobierno y una
firme declaración de intenciones sobre la actitud del Episcopado sobre
ellos.
Nada de esto ha
ocurrido. O mejor dicho, no ha trascendido. Porque estamos seguros de
que los tres temas se han tratado y posiblemente con especial dureza y
vehemencia, pero está claro que no ha habido acuerdo ni unanimidad sobre
ellos.
Las escuetas
declaraciones del secretario de comunicación de la Conferencia, son todo
un reconocimiento de ello. Los obispos están mas unidos que nunca.
Esto solo se dice, cuando hay serias pruebas de lo contrario.
El debate sobre el
texto sobre la unidad de España, amenazaba ya a ser conflictivo. En
fecha reciente, diciembre de 2005, cuando un medio de difusión nacional
hizo una encuesta entre los obispos españoles, con la siguiente
pregunta: ¿Es la unidad de España un bien moral que se debe preservar?,
el resultado ya indicaba el desacuerdo. Hubo cuarenta respuestas
afirmativas, y veintinueve excusaron la respuesta..
Las afirmativas las
encabezan los mismos que vienen haciéndolo desde hace ya tiempo, Rouco y
Cañizares, y formando bloque, negándose a contestar, varios obispos que
no se quisieron comprometer, y fundamentalmente la totalidad de los
obispos catalanes y vascos.
No pude extrañar la
posición de estos últimos. Los Pastores, representantes de la
Iglesia en ambos territorios, no es que se esfuercen en comprender a sus
fieles, o que no quieran enfrentarse o desautorizar a una
parte de los mismos, por aquello de conservar en lo posible a sus
ovejas, sino que es que, desde el siglo pasado, han sido los
auténticos guías y dirigentes de todos los movimientos
nacionalistas y secesionistas de sus respectivas regiones. ¿ Como van a
querer por lo tanto la unidad de España?.
Y especialmente en el
caso del País Vasco, todos nos acordamos de algo mas. Porque no podemos
olvidar su delirante e incomprensible actitud, desde el punto de
vista religioso, del apoyo a actividades y a miembros de la ETA, unido
al desprecio hacia las víctimas del terrorismo, en clara actitud
antievangélica.
Así van las cosas.
Porque lo triste de todo esto, es que esas actitudes ni siquiera
revierten en beneficio de su particular iglesia, aldeana, sectaria y
pequeñita, sino que es todo lo contrario, ya que se da la circunstancia
de que precisamente Cataluña y el País Vasco, presentan un implacable
descenso de vocaciones y de práctica religiosa.
Recordemos aquella
anécdota aunque en otro contexto, que protagonizó el Padre Llanos, en su
exilio del Pozo del Tío Raimundo, cuando le preguntaban en una
entrevista por sus buenas relaciones con los miembros y militantes
comunistas del barrio, hecho que causaba un cierto escándalo en los
círculos católicos de Madrid. A lo que contestaba el controvertido
jesuita, que estaba muy contento y satisfecho por ello, ya que eran
excelentes. Pero cuando a continuación le preguntaban si a lo largo de
su larga convivencia entre ellos, había conseguido alguna conversión o
acercamiento a la Iglesia, confesaba entristecido, ...que ninguna.
Respecto a los otros dos temas, paree que tampoco ha habido consenso, y
que nuestra Iglesia sigue dividida, y acomplejada a pesar de los claros
gestos y las firmes posiciones del Papa Juan Pablo II y del actual
Benedicto XVI, que no han tenido ni tienen ningún empacho en decirles a
nuestros gobernantes o representantes, cual es la doctrina católica
respecto a los temas de la educación, la familia, el aborto, el
matrimonio homosexual o en cuanto a los principios que deben informar
una política de gobierno, que sirva no solo a una parte de los
españoles, sino a todos los españoles, con el respeto debido
a unos valores tradicionales arraigados en nuestra sociedad desde hace
muchos siglos.
En definitiva. Parece
que ha primado la necesidad de no romper la unidad del conjunto, o al
menos aparentarlo hacia la calle, y difuminar las distintas opiniones y
posturas para consensuar un futuro comunicado que pueda ser
aceptado por todos.
También es posible,
que unos hayan cedido en unas cosas, para que otros cediesen en otras.
Todo un ejercicio de mesura y de encaje de bolillos, que quiera Dios
sirva para algo mas que para dejar descontentos a todos.
SOBRE LA
REPUBLICA
arriba
El presidente del Gobierno ha hecho unas desafortunadas declaraciones en
el Senado sobre la República, que no podían quedar sin contestación por
nuestra parte.
No se trata de criticarle sus inclinaciones o emociones republicanas, que
es muy posible que sean compartidas por algún un sector importante de
españoles, aunque resulte paradójico que lo haga un presidente de
gobierno de un Estado monárquico.
Lo que resulta inadmisible, es que su modelo de República, sea la II
española, la que padecimos en los años treinta del siglo pasado, y que
afirme que sea hoy "el modelo del que se siente orgulloso la mayoría del
pueblo español". Sobre todo si se tiene en cuenta que la mayoría del
pueblo español, incluido el propio
Presidente,
ha nacido después y no la vivió.
Unas palabras como éstas, solo pueden ser el fruto de una tremenda
ignorancia e incultura política e histórica, o lo que es peor, de un
burdo y deliberado intento de manipulación de la verdad.
La reproducción de la carta de Pío Moa al Parlamento europeo, nos libera
de insistir sobre este tema.
CARTA ABIERTA AL CONSEJO DE EUROPA
Por
Pío Moa
Publicado en "Libertad Digital"
Contra
la "irritante mentira roja", el alzamiento derechista y la guerra no
destruyeron la democracia, sino al revés: la destrucción de la
democracia por aquellas radicalizadas izquierdas ocasionó la guerra. 
Han propuesto ustedes hacer del 18 de julio de
2006 día internacional de repulsa al franquismo, erigir monumentos en
memoria de sus víctimas y recordar que el Valle de los Caídos fue
construido por presos republicanos. Inmediatamente se vienen a la cabeza
las frases del gran filósofo español Ortega y Gasset dirigidas a
Einstein y otros intelectuales, favorables al Frente Popular español:
"Einstein se ha creído con derecho
a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella.
Ahora bien, Albert Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo
que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le
lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho
tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual,
el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de
pouvoir spirituel".
Me temo que la información que ustedes manejan
sobre el 18 de julio proviene del gobierno español, liderado por un
autoproclamado "rojo", el señor Zapatero. Se trata básicamente de la
propaganda elaborada por la Comintern comunista, reproducida desde los
años 60 por historiadores de la misma ideología, como Tuñón de Lara o
Gabriel Jackson. Acerca de ella expresaba su indignación otro de los más
distinguidos intelectuales liberales españoles del siglo XX, el doctor
Gregorio Marañón: "Esa constante mentira comunista es lo más irritante
de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la
credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud". El reconocido
historiador británico Paul Johnson ha señalado la guerra de España como
uno de los episodios del siglo XX sobre los que más se ha mentido. Creo
que ustedes debieran imitar a Ortega y a Marañón, y precaverse contra
esa "constante mentira comunista", hoy nuevamente tan en boga.
Según esa propaganda, la guerra de España
enfrentó a la democracia y al fascismo. Pero si ustedes prestan atención
a los integrantes del Frente Popular y sus aliados, verán cuán imposible
es tal pretensión. Ni los anarquistas ni los comunistas ni los
socialistas de entonces, en muchos aspectos más radicalizados que los
comunistas, tenían nada de demócratas. Tampoco el racista Partido
Nacionalista Vasco, ni los republicanos de izquierdas y nacionalistas
catalanes, que habían intentado golpes de estado nada más perder las
elecciones democráticas del 1933. Y, en fin, como no pueden ignorar
ustedes, aquel Frente Popular estuvo dirigido, más que protegido, por
Stalin, a quien, supongo, nadie calificará en serio de demócrata.
En la guerra de España la democracia no jugó
ningún papel, pues la relativa democracia republicana había sido
destruida previamente en dos golpes sucesivos. El primero fue el
movimiento revolucionario de octubre de 1934, contra un gobierno de
derecha plenamente legítimo y respetuoso con la ley. La revolución fue
organizada, textualmente como guerra civil, por el PSOE con el fin
explícito de imponer un régimen de tipo soviético; y por los
nacionalistas catalanes, con fines separatistas. La apoyaron los
comunistas, los anarquistas (en parte) y los republicanos de izquierda.
El ataque a la legalidad fracasó en dos semanas, pero dejó 1.400 muertos
y cuantiosas destrucciones.
El segundo golpe a la democracia fue el proceso
revolucionario desatado tras las elecciones de febrero de 1936.
Elecciones irregulares por sus violencias y sus fraudes, reconocidos por
Azaña, el republicano de izquierda que pasó a gobernar entonces. Las
izquierdas, agrupadas en el Frente Popular, ganaron en escaños, aunque
empataron en votos, y de inmediato comenzó a imponerse la ley desde la
calle, mientras el gobierno destituía ilegítimamente al presidente de la
República, Alcalá-Zamora, arrebataba despóticamente escaños
parlamentarios a la derecha, depuraba el alto funcionariado, liquidaba
la independencia del poder judicial y amparaba unas violencias
callejeras que en sólo cinco meses causaron 300 muertos, centenares de
incendios de iglesias, centros culturales y políticos de la derecha,
periódicos, etc. Las izquierdas respondían con amenazas de muerte, en
pleno Parlamento, a los líderes derechistas, el moderado Gil-Robles y el
más extremista Calvo Sotelo, cuando éstos pedían al gobierno,
simplemente, que cumpliese e hiciese cumplir la ley.
Al negarse a cumplir la ley y anularla
activamente por medio de actos consumados, el gobierno del Frente
Popular perdió una legitimidad ya dudosa de origen. El arrasamiento de
la legalidad democrática por las izquierdas y la total descomposición
del estado quedaron de relieve cuando una fuerza mixta de policías y
milicianos socialistas secuestró en su casa y asesinó a Calvo Sotelo,
después de haber fallado en el intento de hacer lo mismo con Gil-Robles.
Aquel crimen colmó el vaso y empujó a la rebelión a una parte del
ejército, que venía preparándose para ella ante el cariz de los sucesos,
pero era muy renuente a emprenderla, entre otras cosas por la gran
probabilidad de ser vencidos. Probabilidad que estuvo a punto de
materializarse.
Y, cuando la ley cae por tierra, en todos los
países vienen las atrocidades y las venganzas, cometidas en España por
los dos bandos. Pero el gran responsable de haber llegado a ese extremo
fue el Frente Popular, al cual una propaganda grotesca pretende
identificar con la democracia. Contra la "irritante mentira roja", el
alzamiento derechista y la guerra no destruyeron la democracia, sino al
revés: la destrucción de la democracia por aquellas radicalizadas
izquierdas ocasionó la guerra. La cual no fue una pugna entre demócratas
y fascistas, sino entre totalitarios de izquierda y autoritarios de
derechas: la dictadura de Franco jamás llegó al absolutismo de las
comunistas ensayadas en España e impuestas a la mitad de Europa después
de 1945.
Cabe recordar, además, las numerosas
atrocidades, con torturas y asesinatos, entre unos y otros partidos de
izquierda. Y la represión franquista de posguerra no debe oscurecer el
hecho de que los jefes del Frente Popular huyeron todos, sin la menor
preocupación por el salvamento de miles de seguidores suyos
comprometidos en el terror contra las derechas. Estos últimos, culpables
de crímenes espeluznantes, fueron juzgados y ejecutados por el
franquismo al lado de bastantes inocentes. Pero es un insulto a los
inocentes equipararlos a todos bajo el título de "víctimas del
franquismo". En cuanto al Valle de los Caídos, también precisan ustedes
información más fidedigna. Sólo un pequeño número de los trabajadores en
esa obra, alrededor de una décima parte, fueron presos. Y trabajaron en
régimen de "redención de penas por el trabajo", a razón de cinco días de
pena conmutados por cada uno trabajado. Nada parecido a los campos
soviéticos o nazis.
Probablemente el gobierno del "rojo" Zapatero
quiera hacerles creer a ustedes que lo aquí expuesto es una
interpretación franquista. Para que se hagan una idea al respecto,
añadiré a las citas de Ortega y de Marañón, el comentario de uno de los
mayores novelistas españoles de la época, el liberal Pérez de Ayala,
sobre el Frente Popular: "Cuanto se diga de los desalmados mentecatos
que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia,
todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de
tanto crimen, cobardía y bajeza". Marañón observó que "todo es en ellos
latrocinio, locura, estupidez". Y las citas podrían alargarse mucho.
Pues bien, estos tres intelectuales, Ortega,
Marañón y Pérez de Ayala, habían sido declarados "padres espirituales de
la República", por sus esfuerzos para traer a España una democracia
liberal. La misma que fue echada abajo por las violencias
revolucionarias. "Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a
reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico",
constató Marañón amargamente. Termino con una cita del propio Azaña,
líder de las izquierdas burguesas,
sobre la calidad de aquellos
republicanos: "política tabernaria, incompetente, de
amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta".
Nada, pues de versiones franquistas. Ustedes han sido víctimas de la
"irritante mentira roja" difundida masivamente por el actual gobierno
español, que les ha manipulado para convertirles en portavoces de ella,
desacreditando una institución consagrada a la defensa de la democracia
y los derechos parlamentarios. Un gobierno que está hundiendo la
Constitución española mediante hechos consumados y en connivencia con el
terrorismo etarra. No sé qué dirían de él los "padres espirituales de la
República", pero no me cuesta mucho imaginarlo.
LA «CRISIS» DE UN VIERNES
DE DOLORES
arriba
«Oh Cristo que vas a morir, haz que
España resucite
Contigo»
(De Rafael García Serrano, Semana Santa de
1979)
Dentro de la maquinación política e institucional programada por
Zapatero para transmutar el ser real e histórico de España, sus mejores
agentes siempre fueron Rubalcaba y Alonso, utilizados por bajo de sus
posibilidades hasta el viernes de Dolores de 2006. Hasta ese día, y pese
a la escasa entidad que representaba Bono, dentro de la «trouppe»
zapateril, el manchego representaba un serio obstáculo para ese fin; en
consecuencia fue desplazado, (como lo fue dos meses antes, por idéntica
causa, Francisco Vázquez), aprovechando oportunísticamente su al parecer
renuncia, presentada meses antes. Por tanto, Zapatero «se blinda» con
ambos y les entrega los dos ministerios clave de su Gobierno. Y
son Ministerios clave por lo que se verá y porque durante el
mandato de ambos en ellos se va a ventilar la negociación con ETA, tema
aún más escabroso que el del Estatuto catalán –visto el menguado
«impacto» del «caso Mena»- para las estructuras funcionariales de ambos
Departamentos.
La habitual estulticia de tantos comentaristas ha venido propalando la
especie de que Rubalcaba era la «mente gris»
del proceso de transmutación, cuando en realidad no era más
que un aventajado intérprete de las tesis de Zapatero –como lo fue de
Felipe González en las tareas que éste le encomendó- cosa
plenamente demostrada ahora con su nombramiento como ministro. En
aquella falsa atribución han reincidido no pocos estos días y, así, el
PNV ha llegado a decir que
«se pone al mando quien dirigía la nave en la sombra», equivocada
adjudicación de papeles tal vez inspirada en el hecho –en este caso
marginal- del más alto grado de Rubalcaba en la secta compartida –según
dicen algunos- con Zapatero. Subordinación a Zapatero que no resta
«cualidades» al Fouché Rubalcaba convertido por su jefe –al decir del
comentarista Camacho- en «la pieza clave del engranaje de una agenda
políticamente suicida, agigantado en influencia tras pilotar la
pirueta imposible de maquillar de constitucionalidad el Estatuto
catalán, el presidente lo ha situado en el eje de la bisagra más
delicada para abordar la fase decisiva del diálogo con los verdugos»;
definido también por el mismo comentarista -con acierto- cuando
dice que «es capaz de ponerla (esas sus «cualidades» de intriga)
al servicio de la causa más sectaria sin que le tiemble un
músculo».
José Antonio Alonso pasa
por ser persona seria, eficaz, ordenada y un tanto gris, que ha sabido
disimular las coordenadas reales de su ideología;
pero esto último solo lo es para quienes no han
conocido su papel en la gestación de una Ley importantísima: la
«Ley Orgánica de la Defensa Nacional» aprobada hace pocos
meses. Quienes, por el contrario, conocieron los cambios introducidos
por él desde el texto del anteproyecto al del proyecto –que desfiguraron
en muy grande medida el texto original presentado por Bono, su
gran enemigo- pudieron apreciar el verdadero pensamiento político
de Alonso, no menos peligroso sobre temas de orden institucional que el
de Rubalcaba. Sus criterios en relación con los cambios operados entre
una y otra etapa en la gestación de dicha Ley demuestran claramente
el pensamiento de Alonso, nítidamente alineado con la ideología de
Zapatero. (La anécdota de la detención –por la policía bajo su mando- de
aquellos militantes del PP, en una manifestación, por
supuesto mal trato a Bono, también lo demuestra).
Por otro lado, su poco
disimulado deseo de desmilitarizar a la Guardia Civil (entre
otras cosas permitiendo la presencia casi oficial de sus
sindicatos, claramente no autorizados en las leyes referidas
al personal militar) también da pistas sobre su verdadero
pensamiento. Pues bien, este alto personaje –al que Zapatero le otorga
casi ilimitada confianza- va a ser quien dirija la nueva reforma
militar, al parecer, curiosamente, aprobada como proyecto de ley en el
mismo Consejo de Ministros del Viernes de Dolores, y que la prensa
ha desconocido deslumbrada por los citados cambios ministeriales, y sin
embargo tan importante como estos.
De Alonso dependerá el
CNI; de Rubalcaba el control de la información policial y, por ejemplo,
las posibles medidas sobre la dispersión de presos etarras, y de
ambos la Guardia Civil; también de ambos no pocas gestiones referentes a
las negociaciones con ETA, bajo la batuta de Zapatero. Es fácil deducir
todo lo demás al respecto.
¿Y por qué la destitución
de la Ministra de Educación, Maria Jesús San Segundo, horas después de
ser aprobaba una LOE inspirada en el programa de Zapatero y que la San
Segundo había sacado con «fórceps»? Parecen claras dos
interpretaciones, distintas entre sí pero coordinables de cara a
según qué destinatarios: una, que dada la estrecha mayoría parlamentaria
con la que se aprobó, a los ojos de Zapatero la Ley nace sin
fuerza y por tanto la San Segundo fracasó; otra, que ante las
pretendidas negociaciones con el Vaticano –obviamente a través de
Vázquez- la ex –Ministra aparezca como destituida, como un previo
«chivo expiatorio» por causa del contenido de la ley y con
posibles modificaciones en ella, naturalmente levísimas, sustentadas en
aquel «fracaso» parlamentario de la Ministra.
Terminamos: Aún dentro de
la maquinación política e institucional programada por Zapatero –frase
con la que se abría este comentario- aún dentro de lo muy grave de ese
contexto, la «crisis» del Viernes de Dolores de 2006 es una de las más
graves y preocupantes medidas tomadas por el Presidente
del Gobierno en orden al alcance de su demencial programa para con
España; no es un reajuste formulario ante una real ó supuesta
dimisión; es, como se dice en cierto periódico, «una crisis
a la medida del «proceso», y «Zapatero se blinda con
Alonso en Defensa y con Rubalcaba en Interior para hablar con ETA»;
de ahí su probable y gravedad extrema.
A modo de epílogo.
Al comentar los cambios, el Sr. Rajoy ha dicho que «no se fía de
Rubalcaba... (de Alonso no dice nada, oh ingenuidad) pero a renglón
seguido dice que
«mantiene su apoyo»; cabe pensar que se refiere a la lucha
antiterrorista, lo cual es verdaderamente incomprensible si se
tiene en cuenta lo que todos han dicho: que Rubalcaba ha sido puesto en
Interior precisamente para las negociaciones con esos terroristas,
¡que clarividencia la de Rajoy!
¿QUE ESTA PASANDO EN ABC?
arriba
Artículo editorial de la "Web de Encuentros"
21/01/2006
Los entendidos, esos que siempre están al día de lo que pasa
en los medios de comunicación, ya nos venían advirtiendo de que tras el
cese, o destitución de Ignacio Camacho como Director de ABC, y su
sustitución por José Antonio Zarzalejo, que ya lo había sido
anteriormente, se vislumbraba una operación de largo alcance.
Parece ser que Vocento, que ya es la empresa mayoritaria y
por lo tanto la que manda en el diario, teóricamente conservador y
monárquico, (la familia Luca de Tena ya no es mas que una figura
decorativa del mismo), presentó una reestructuración y una nueva línea
editorial, mas adecuada a los tiempos actuales, mas cercana a lo
políticamente correcto y menos agresiva hacia el gobierno, especialmente
en los temas referentes al País vasco y Cataluña que Camacho no quiso
asumir y prefirió quedarse como columnista, ocupando el prestigioso
espacio que tantos años ocupara Jaime Campmany y haciéndolo, por cierto,
con enorme dignidad y brillantez.
Hasta ahora nada hacía prever ese cambio anunciado, pero
desde hace unos días, con inusitada violencia, irrumpe un nuevo
estilo en el periódico. Empieza con una agrio ataque a la COPE, y
con una advertencia a los obispos de que tienen un problema,
refiriéndose a la polémica abierta por la denuncia de uno de los
redactores de la emisora de que se manipulan, o al menos no se cumplen
los mínimos exigibles de rigurosidad en la empresa, Estudio
General de Medios, que es la que facilita los datos de audiencia de cada
uno de ellos.
Hasta ahora solo son conjeturas y acusaciones que deberán
probarse en uno u otro sentido, pero ABC carga contra la COPE con
extraña virulencia.
Sigue, a propósito del serial de El MUNDO y las
investigaciones de Libertad Digital, sobre la famosa mochila del 11M.
que ha soliviantado a la opinión pública y que está haciendo correr ríos
de tinta a favor y en contra de sus tesis, que ponen en solfa la
fiabilidad de las actuaciones de la Policía y la Fiscalía, en las horas
siguientes al horrible atentado, y en lugar de dar información y tratar
el tema con serenidad y cordura, sale con un editorial arrebatado,
digno de El País, desacreditando todos los trabajos realizados por sus
colegas, antes de que el Juez los conozca y depure, y lo mas
curioso, haciendo una defensa a ultranza del gobierno socialista, del
que dice ganó democrática y limpiamente las elecciones de hace dos
años, sin que nadie pueda dudar de su legitimidad. Actitud que no
concuerda con la línea que venía manteniendo hasta ahora en sentido
contrario.
Junto a esto, aprovecha para atacar a Mariano Rajoy y al
Partido Popular por prestarse a dar credibilidad a las tesis de El
MUNDO, sumándose a la estrategia del partido socialista de acusar a los
populares de crispar a la sociedad.
Pocos días antes había publicado un resumen de trabajos
sociológicos que demostraban que el Partido socialista volvería a ganar
las elecciones si se repitieran ahora.
En el editorial del día de hoy, mantiene un cierto
equilibrio, y junto con algún reproche al ejecutivo socialista respecto
a su actuación el día de reflexión el 10M., sugiere que tal vez la
conducta de Rajoy, al que esta vez piropea, se deba a la influencia de
su entorno mas duro.
Como a la princesa del vero infantil: ¿Que tendrá la
princesa? cabría preguntarse: ¿Que le pasa al ABC?
Primero prescindió de Jiménez Losantos. Luego se
marchó Ussía. Ansón cuenta y no para, de las oscuras entrañas del
diario. Y ahora que parecía que se había erigido en defensor de los
valores que habitualmente defiende la derecha, resulta que se lanza al
ruedo y coincide sospechosamente con las cadenas periodísticas al
servicio del gobierno socialista.
No se sabe si esto obedece a una presión económica de los
nuevos amos del cotarro, que no quieren ponerse a mal con los otros
dueños políticos de la situación, o a una estrategia que desde ya, se
puede catalogar de equivocada, ya que el ABC, aunque se vista de seda,
es decir de socialista, es muy probable que no consiga congraciarse con
sus naturales enemigos, por mucho que se maquille, y en cambio es
seguro, que va a perder una buena parte de su clientela habitual, que no
le va perdonar esos cambios de rumbo, ni esos brindis al sol.
Al sol que más calienta,... claro.
OTRA VEZ EL GENERAL MENA
|