ÍNDICE
DOSSIER: «VALLE DE LOS CAÍDOS»
-
ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS ACERCA DEL VALLE
DE LOS CAÍDOS.
Luis Suárez Fernández
- SOBRE EL VALLE DE LOS CAÍDOS.
Victoria Prego
-
EL
VALLE DE LOS CAÍDOS.
Fundación Nacional Francisco Franco
-
EL VALLE DE LOS CAÍDOS.
Pío MOA
-
La verdad: del Valle.
Juan A. Mayor de la Torre
-
FELIPE GONZÁLEZ Y EL VALLE DE LOS CAÍDOS
-
CIERRE DEL VALLE DE LOS CAÍDOS:
carta abierta a Anasagasti.
Pío Moa
-
SOBRE EL VALLE DE LOS
CAIDOS.
Pío Moa
-
HOMILÍA. Dom Anselmo A. Navarrete
*
* *
EONES DE LA
HISTORIA.
Manuel Parra Celaya
EL ODIO A LOS
SÍMBOLOS.
Ramiro Solana
PLAN IBARRETXE EN MADRID.
Mariano Rajoy
DOSSIER: «VALLE DE LOS CAÍDOS»
ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS ACERCA DEL VALLE
DE LOS CAÍDOS
Luis Suárez Fernández
Catedrático
De la Real
academia de la Historia
El Valle de los Caídos fue concebido,
desde el primer momento, como lugar de reposo y encuentro para los muertos
de ambos bandos, católicos, en la guerra civil, ya que unos y otros
entendían haber luchado por una España mejor o, simplemente, estar
cumpliendo su deber. El lugar, Cuelgamuros, fue señalado por el propio
Francisco Franco durante la guerra cuando recorría la sierra de Guadarrama.
Su nombre es una suavización del primitivo Cuelga mulos porque se había
utilizado, durante las obras de El Escorial, como dehesa para que pastasen
los animales de carga. Las obras se iniciaron un poco tiempo después de
acabada la contienda, buscando los servicios de empresas mediante los
concursos que en forma ordinaria se hacían entonces. Huarte y Compañía
tuvo el encargo de hacer la cruz, signo esencial porque, desde el punto de
vista cristiano es vehículo de reconciliación.
En la obra, que cuenta con dos directores
de gran categoría, Diego Méndez, arquitecto, y Juan de Ávalos, escultor,
que nada tienen que ver con motivos políticos, trabajaron obreros y
maestros artesanos que procedían sobre todo de los municipios de los
alrededores, de donde se extraía la piedra de cantería necesaria para la
edificación del monumento de grandes proporciones. También se admitieron
reclusos, tanto políticos como comunes, en un número ciertamente limitado.
Los datos son fehacientes. La peligrosidad de los trabajos, ya que se
trataba de horadar una montaña, hizo que se produjesen accidentes que
costaron la vida, en los tres quinquenios que tardó en realizarse, de
catorce personas. Un porcentaje que puede considerarse dolorosamente
normal. Los reclusos habían solicitado participar a fin de acogerse al
decreto de redención de penas por el trabajo. No eran forzados ni habían
sido condenados en condición de tales.
Conviene explicar este punto para evitar
equivocadas interpretaciones. Antes de la guerra un padre jesuita, Julián
Pereda, había redactado un importante documento, que Franco tuvo en su
poder y anotó, proponiendo un sistema de reinserción de los penados.
Consistía en que éstos tuvieran la oportunidad de trabajar, cobrando un
sueldo y reduciendo además el tiempo de pena. El 8 de mayo de 1940 el
director general de Prisiones propuso a Franco una solución de este tipo a
fin de, sin que se llegase a una amnistía, reducir rápidamente el número
de reclusos, que constituía un perjuicio. En consecuencia se promulgó un
decreto que otorgaba a los que escogiesen voluntariamente el sistema
recibir ambas condiciones. No se aplicó únicamente en el Valle. Las
condiciones que en este se aplicaron eran: suprimir otros dos días de
condena por cada uno que se trabajase, percibir un salario diario de siete
pesetas -más de lo que cobraba un becario de investigación en el CSIC y
poco menos de lo que se daba a un profesor adjunto en la Universidad-
tener a su familia alojada en casas que se construyeron en el Valle, y
disponer de un colegio para sus hijos. Solo los que gozaban de buena fama
en la prisión eran admitidos ya que el sistema de vigilancia era, por
razones obvias, bastante escaso. Hubo médicos que ejercieron su profesión
y otras personas destinadas a un servicio burocrático.
Los que, movidos por buena intención,
aplicaron este sistema también en el Valle, no percibieron seguramente el
error. Pues la redención de penas por el trabajo es un regalo que se hace
al condenado que es consciente de que ha sido condenado por un delito que
cometiera. Pero el preso político no lo percibe así: ha sido condenado
precisamente por defender una causa que el considera justa. En
consecuencia injusta es la sentencia. Y redimirla por medio de un trabajo
forma parte también de esa injusticia. En ciertas personas el
subconsciente conservó esta idea que aflora ahora en esa gran mentira que
trata de establecerse diciendo que fueron forzados los que trabajaron
allí. Tanto más falso cuanto que esta situación se dio sólo en los
primeros años y las obras duraron hasta 1958. Por otro lado, en las obras
del valle trabajaron únicamente un total de 2.643 obreros durante todos
los años de su construcción, siendo solamente 243 los que se acogieron a
la redención de penas por trabajo durante los años que se practicó este
sistema, nunca todos al mismo tiempo.
Poco antes de que concluyesen -la fecha
oficialmente establecida es del 7 de marzo de 1959- hubo algunas visitas
importantes a aquel recinto. Se debe destacar la de Martín Artajo, Ángel
Herrera y monseñor Angelo Roncalli que había ocupado la nunciatura en
París y regresaba a Roma. Para Herrera lo importante era conseguir el
establecimiento de un Centro de Estudios que, analizando la doctrina
social de la Iglesia, crease un nuevo espíritu de convivencia que evitase
los enfrentamientos. Una idea que Franco recogió poco después e incorporó
a uno de sus discursos: «Cuántos males hubieran podido evitarse si los
problemas sociales de nuestro tiempo hubieran sido analizados serenamente
bajo el signo de la Cruz y de las doctrinas de la Iglesia por hombres
doctos y preparados y si el espíritu del Evangelio hubiera presidido las
relaciones entre los hombres». Desde este momento quedó decidido que el
Valle albergaría dos cosas: el mencionado Centro que, en efecto, trabajó
durante bastantes años dando origen a una larga serie de libros; y una
casa de oración que fue confiada a la Orden benedictina en la que se
encuentran las raíces de la europeidad.
El decreto-ley de 23 de agosto de 1957,
que figura en el BOE, al establecer la Fundación y las condiciones del
Valle, insistía en la idea inicial: allí podían ser inhumados caídos de
ambos bandos siempre que las familias así lo solicitasen. Tenemos
constancia de la existencia de más de 33.000 entre los cuales un muy alto
porcentaje lo forman los republicanos. La lista es fehaciente y
comprobable. Pero en julio de 1958 un padre jesuita, el P. Guerrero
publicó un articulo en la revista Razón y Fe reclamando que fuesen
sólo los caídos de un bando, el suyo, los que allí se acogiesen. Franco se
asustó y Castiella envió a uno de sus colaboradores, Esteban Fernández, a
que celebrara una entrevista con el nuncio, monseñor Antoniutti para
plantearle la pregunta de si había un cambio de opinión por parte de la
Iglesia. Roncalli había afirmado que aquel principio de monumento
funerario que no hiciere distinciones entre los dos bandos, era un
ejemplo. Antoniutti respondió que no había cambio alguno y que se debía
informar al general de los jesuitas para que se hiciesen correcciones
oportunas. La conversación con el nuncio tuvo lugar el 10 de julio y está
recogida por escrito.
El mismo día 7 de marzo de 1959 en que se
daban por terminados los trabajos, Franco escribió a Pilar y Miguel Primo
de Rivera que autorizasen el traslado de los restos de su hermano desde El
Escorial. Ellos dieron la gracias solicitando que dicho traslado fuese
«intimo y recogido», deseo que no se cumplió porque el traslado (30 de
marzo) fue convertido por los falangistas en un acto de afirmación que no
interrumpió ni siquiera el clima, pésimo. La inauguración la hizo con una
misa el cardenal primado Pla y Daniel que, desde entonces se ha venido
repitiendo cada día. Al cerrarse las cuentas se vio que se habían
invertido 1.033 millones de pesetas las cuales han sido ampliamente
compensadas al Patrimonio por los ingresos que proceden de las visitas. Es
el segundo monumento en este orden.
La aportación más decisiva vino de
monseñor Roncalli cuando se convirtió en Papa Juan XXIII. Conviene
recordar que se le considera como el «Papa bueno», aquel que abrió la
Iglesia a la comprensión de todos. El 7 de abril de 1960 otorgó al Valle
la condición de basílica, concurriendo en ella los privilegios que se
señalan en tales casos, y que sólo la más alta autoridad de la Iglesia
puede definir. Además envió un pequeño trozo del lignum crucis, es
decir el madero de la cruz de Cristo hallado por Santa Helena. Sería
ocioso entrar ahora en divagaciones arqueológicas en torno a esta
atribución. Lo que importa es señalar que se trata de un regalo desde la
fe. Al mismo tiempo otorgó una indulgencia plenaria que se lucra el
Viernes Santo de cada año adorando la cruz. Para un ateo o agnóstico esto
nada supone. Para un católico es un signo decisivo. Todo esto se encuentra
exactamente documentado.
Desde entonces la basílica se ha
convertido en un centro de peregrinación para los católicos, en una casa
de oración en donde, como nos recuerda el actual abad en mensaje
decisivos, cada día se elevan oraciones por los muertos que allí reposan y
también por la concordia entre los españoles. Es el gran instrumento para
la reconciliación que, según el sentir cristiano, sólo puede lograrse a la
sombra de la cruz que lo corona todo. Privar a la nación española de un
vehículo espiritual de tales proporciones sería, sin duda, causar un daño
irreparable. Basta tener en cuenta la asistencia en los días de la Semana
Santa y en las grandes festividades religiosas. Todos los demás aspectos,
memoria política o monumentalidad han pasado a un segundo plano tras esta
dimensión que es esencial.
El lugar de honor ha sido asignado a José
Antonio Primo de Rivera, que fue víctima pasiva de una guerra civil en la
que no participó, como el propio Indalecio Prieto comentó, doliéndose de
que no se hubiera dejado al gobierno de la Republica la opción de salvar
su vida. No estaba previsto que fuera sepulcro de Franco. La decisión se
tomó en los últimos días por el Gobierno entonces existente y fue el
propio rey don Juan Carlos quien firmó la petición al abad del Valle para
que consintiera. Se le ha asignado un puesto principal, detrás del altar
mayor.
La Historia se construye sobre una
memoria que tiene siempre partidarios y detractores. Pero la actitud
correcta consiste en respetar las cosas que se hicieron, guardando sobre
todo el recuerdo fundamental a los muertos. Quienes tratan de perturbarla
no sólo se equivocan sino que causan un gran daño, a veces irreparable.
SOBRE EL VALLE DE LOS CAÍDOS
arriba
Victoria Prego
Publicado en «El Mundo»
Antes de
que fuera señalado por la izquierda española, como “un museo de los
horrores”, el Valle de los Caídos era, descontados los museos, el
monumento del Estado mas visitado de España. Ahora, colocado en el centro
de una virulenta polémica política, ha pasado a ser el tercero en el
ranking.
Un sábado
cualquiera por la mañana. Centenares de personas entran y salen de la
Basílica y deambulan por el interior mirándolo todo.
Son en su
mayoría hombres y mujeres entre treinta y cuarenta años, parejas con hijos
pequeños y veinteañeros con aspectos variadísimos. Rodean el altar sin
prestar casi atención a la tumba de José Antonio Primo de Rivera pero
deteniéndose todos largo rato ante la lápida de granito en la que pone
Francisco Franco. Los mayores de cincuenta años guardan un especial
silencio al pasar junto a la lápida. Uno de ellos puede incluso que esté
rezando. El resto parece sentir solo una vaga y lejana curiosidad ante lo
que tiene delante.
Todo esto
sucede después de que los monjes benedictinos que guardan el Valle de los
Caídos y atienden al culto de la Basílica concelebraran la misa, todos
alrededor del altar presidido por un magnifico Cristo clavado en un tronco
de enebro que Franco eligió personalmente entre los que había en el monte
y a cuya corta también asistió.
Porque
resulta que este impresionante monumento sí que tiene la huella indeleble
de Franco. Y no porque el general tenga allí otra presencia que la de sus
puros huesos guardados bajo la lápida con su nombre. Tiene la huella de
Franco, porque fue él quien ideó que hubiera un Valle de los Caídos; fue
él quien eligió personalmente el lugar donde había de levantarse el
monumento; él quien supervisó directísimamente el proyecto, las obras, las
esculturas de Juan de
Ávalos
-un republicano con carné de las juventudes socialistas- y hasta el diseño
de la gigantesca cruz de piedra de ciento cincuenta metros que preside la
Abadía. Y fue también Franco quien definió su cometido Por eso es
imposible, históricamente hablando, desligar el nombre de Franco de el
Valle de los Caídos. Esta es su obra, sencillamente.
Desde
1937, mucho antes de que ganara la Guerra Civil, Franco tenía según cuenta
Diego Méndez, uno de los dos arquitectos del Valle, la obsesión de
levantar un monumento con el que “honrar a los muertos, cuanto ellos nos
honraron”. Desde luego, en aquel momento, Franco estaba pensando en honrar
a sus muertos, a los de su bando.
Y eso
queda claro en el decreto de 10 de Abril 1940, al año de terminada la
guerra, que dispone que se levante un templo grandioso en el que reposen
los héroes y mártires de la Cruzada.
Pero 18
años después, las cosas ya eran de otra manera. En 1958, un año después de
su inauguración, los gobiernos civiles informaban a los Ayuntamientos que
el propósito del Monumento era “dar sepultura a cuantos cayeron en nuestra
Cruzada, sin distinción del campo en el que combatieron” con tal de que
fueran de nacionalidad española y de religión católica, puesto que se
trataba de sepultarles en lugar sagrado.
E
invitaban a que, quienes lo desearan, llevaran a enterrar allí a los
suyos.
La segunda
condición para que los restos identificados fueran depositados en
Cuelgamuros, fue que ello contara con el consentimiento pleno de los
familiares. A partir de 1953, empezaron a llegar a la cripta de la
basílica las primeras cajas.
Ahora
mismo la basílica cobija en la cripta los restos identificados de
alrededor de 35.000 caídos en el frente, y en las retaguardias, la mayoría
de los cuales, según el Abad, pertenecen al bando republicano.
De los que
faltan para completar la totalidad de los restos guardados allí, casi cien
mil, Proceden la mayor parte de las fosas comunes abiertas en tos frentes
de batalla, no se conocen las identidades y sería hoy ya muy difícil su
identificación. Esta es la realidad demostrable y documentada de los
muertos en la Guerra Civil española que descansan en el Valle de los
Caídos, objeto hoy de tan agria polémica.
Por lo que
se refiere a los presos políticos que construyeron el Valle, estos son los
datos: Durante los casi diecinueve años que duraron las obras, trabajaron
allí entre 800 y 1.000 presos políticos, nada de decenas de miles, corno
quiere la leyenda negra divulgada. Nunca acudieron en régimen de trabajos
forzados corno dice esa leyenda. Todo lo contrario, para ir a trabajar a
Cuelgamuros, los reclusos políticos tenían que solicitarlo oficialmente.
Porque ocurría que las perspectivas penales, económicas y personales eran
mucho mejores allí que en cualquier otra prisión.
En lo
personal, porque los presos fueron autorizados a llevar a sus mujeres y a
sus hijos, que se quedaron en muchos casos a vivir con ellos. En lo penal,
porque los reclusos políticos podían redimir de dos a seis días por cada
uno de trabajo. Los primeros presos llegaron a finales de 1942, dos años
y medio después de comenzadas las obras, y al terminar 1950 no quedaba
ninguno porque todos habían redimido ya sus penas y estaban en libertad.
Muchos de ellos, sin embargo, optaron por seguir en el Valle corno
personal contratado
Y en
cuanto a lo económico, porque las condiciones de los presos políticos eran
idénticas a las de los trabajadores libres Cobraban el mismo salario,
aunque a los reclusos se les retenían las tres cuartas partes de la paga,
un dinero que se ingresaba en la Caja Postal de Ahorros, para
entregárselas a sus mujeres e hijos, si los tenían, o a ellos mismos
cuando recobraran las libertad. Cobraban “los puntos”, por cargas
familiares, las horas extras, y estaban asegurados. Todo esto está
documentado, además de avalado, por los testimonios directos de quienes
trabajaron allí.
Tampoco
existieron nunca, esos miles de muertos en el tajo que cuenta la leyenda
negra, ahora removida y admitida como buena por casi todos. En los casi
veinte años que duró la construcción se registraron exactamente 14
accidentes mortales. Y la mayor parte de las victimas, sino la totalidad,
fueron obreros libres que, por razón de la especialización de sus tareas,
eran la mayoría de los que estaban allí trabajando.
Ni
siquiera está claro que Franco quisiera ser enterrado en el Valle de los
Caídos, como se sostiene.
El único
testimonio existente en ese sentido, es el del arquitecto Diego Méndez
quien cuenta que, durante las obras, Franco le señaló un lugar junto al
altar mayor y le dijo:
“Yo aquí”.
Nada más. No existe constancia escrita de este deseo, ni nadie lo supo
nunca; ningún miembro de su familia, ni tampoco el presidente del Gobierno.
En los
últimos días de la enfermedad del general, Arias Navarro le preguntó a su
hija Carmen exactamente eso, y la respuesta fue “No”.
Lo que si
consta es que las obras para acondicionar una tumba al otro lado del altar
se realizaron a toda prisa, estando el dictador ya irremediablemente
enfermo. Consta también, y hay testimonio de ello, que a comienzo de los
setenta, Franco envió a su mujer para que visitara la cripta de la ermita
de el cementerio de E! Pardo, que está adornada por los mismos artistas
que participaron en la decoración del Valle de los Caídos. Y consta que en
esa cripta había una urna funeraria con capacidad sobrada para dos cuerpos
y que una vez enterrado Franco en Cuelgamuros, esa urna fue retirada. Y,
finalmente, consta que ahora reposan allí en solitario los restos de su
viuda, Carmen Polo.
Entre
tantas conjeturas y tanta leyenda, hay, eso sí una certeza: la de que el
Valle de los Caídos, es uno de los pocos lugares de España, donde la
huella física de Franco existe todavía. Y la de que solo la destrucción
del monumento, estilo Budas de Bamiyán, sería capaz de borrarla.
VICTORIA PREGO
EL
VALLE DE LOS CAÍDOS
arriba
Fundación Nacional Francisco Franco
lugar
sagrado y de reconciliación
Han irrumpido con riesgo para la
convivencia de los españoles, con un radicalismo que reabren las heridas
de la guerra, y contra los españoles que quieren vivir en paz. Ya se
escribe en los periódicos Adiós España, ya se dice que el progreso con el
que quieren justificar tantas acciones, resulta en sentido contrario,
hacia 1936. Ahora la ofensiva es contra el Valle de los Caídos, un lugar
donde se oyen sólo las preces de los monjes benedictinos y de miles de
fieles que acuden a aquél lugar de recogimiento y oración. Allí también
están recogidos restos de millares de combatientes de ambos bandos de la
Guerra Civil y el lugar, y así fue expresamente determinado por Franco, y
recogido y elevado por la Iglesia, que convertía aquél lugar en sagrado, y
en un monumento de reconciliación nacional y de peregrinación a la Cruz.
Habría que atender, para sosegar tantas actitudes que ahora manifiestan
odio y revancha, las palabras recientísimas del Abad del Valle Dom.
Anselmo Álvarez: «Es el lugar símbolo con que se quiso sellar aquella hora
de España y fue una cruz y un altar [...] lo que ha unido la sangre de
Dios, no lo separe el hombre [...] no se construye una sociedad amputando
previamente sus raíces o procediendo a invertir sus fundamentos
históricos».
En 1960 el Papa Juan XXIII, admirado y
querido por todos, declara Basílica la iglesia de la Santa Cruz. «En este
monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido
excavado una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo
templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por
los caídos de la Guerra Civil de España. Y allí acabados los
padecimientos, terminados los trabajos, y aplacadas las luchas, duermen
juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la
Nación Española».
Que esa determinación de lugar de
encuentro y reconciliación de todos tiene numerosos y muy claros
testimonios, como este llamamiento del Gobierno Civil de Madrid, que
publicaba ABC el 30 de mayo de 1958 en que se ponía en conocimiento
de cuantos desearan el traslado de los restos de sus familiares caídos al
Valle: «uno de los principales fines que determinaron la construcción del
Monumentos Nacional a los Caídos en el valle de Cuelgamuros (Guadarrama)
fue el de dar sepultura a quienes fueron sacrificados por Dios y por
España y a cuantos cayeron en nuestra Cruzada, sin distinción del campo
en el que combatieron según exige el espíritu cristiano que inspiró
aquella magna obra, con tal de que fueran de nacionalidad española y de
religión católica.
Contra todo ello, se suceden las
propuestas del destrozo de la reconciliación lograda en una regresión
sectaria y fratricida, peligrosa porque promueve la discordia y fractura a
la sociedad española, también con esos objetivos siniestros sobre el Valle
de los Caídos. La avanzadilla son los marxistas y los independentistas de
la Ezquerra Republicana de Cataluña, unos españoles que no quieren serlo y
por eso también resulta una paradoja dramática que se erijan en defensores
de esas propuestas de disgregación de la Nación Española.
Hay un vendaval informativo que acoge las
propuestas antihistóricas de convertir «el Valle en un centro de
interpretación del franquismo, de ayudar a la gente a entender lo que
significó la dictadura», e incluso se habla de compromisos del gobierno y
hasta de plazos para consumar el tremendo disparate, en definitiva una
situación negativa y peligrosa que juzgamos ha de ser abordada
inmediatamente por la exigencia de respeto que merece el Valle de los
Caídos.
en
defensa de la verdad
Ante la campaña contra el Valle de los
Caídos con la pretensión de convertirlo en un monumento laico, desatada
desde sectores comunistas y que propugnan la ruptura de la unidad de
España, con datos inexactos cuando no tergiversados, es obligación de
salir en defensa de la verdad para lo cual se hacen las puntualizaciones
siguientes:
Es falso que las grandes obras del Valle
de los Caídos fueran realizadas por «presos políticos». Es cierto que
entre los obreros profesionales figuraron, a partir de 1942, determinado
número de condenados por graves delitos, castigados por los tribunales a
penas de muerte, en muchos casos, conmutadas por 30 años de reclusión;
pero a pocas personas se les escapará, por muy legas que sean en la
materia, que alguien que no fuera especialista en la perforación de
túneles mediante la utilización de dinamita, por ejemplo, pudiera
intervenir en la ejecución de obra tan compleja. El arquitecto D. Diego
Méndez, que se encargó de la continuación de las obras y del proyecto y
construcción de la Cruz, tras la renuncia, por enfermedad, de don Pedro
Muguruza, afirma en su obra El Valle de los Caídos. Idea. Proyecto.
Construcción, lo siguiente: «La maledicencia ha cargado las tintas a
la hora de valorar el papel que en la realización de las obras desempeñó
dicho personal. Lo rigurosamente cierto es que este pequeño grupo de
obreros fue atendido, aunque con las naturales limitaciones derivadas de
su situación, en pie de igualdad con el resto de los trabajadores libres.
Su especial psicología impulsó a algunos de ellos a asumir voluntariamente
las misiones más peligrosas, aquéllas en las que para vencer a la
naturaleza, había de esgrimir las armas del coraje y la dinamita. Sobre
alguno de estos hombres, más no sólo sobre ellos, recayó la ciclópea tarea
de horadar el Risco de la Nava, para hacer sitio a la prodigiosa Basílica
que hoy alberga. Ya, como personal libre, la casi totalidad continuó su
tarea en el Valle hasta el fin de las obras, contratados por las
diferentes empresas. Hubo, incluso, algunos que pasaron después a trabajar
en la Fundación».
Es falso, como se afirmó recientemente en
Televisión Española, en la serie «Memoria de España», que en las obras
hubieran intervenido «veinte mil presos políticos». Es cierto, como afirma
Diego Méndez, en el libro citado, que a lo largo de quince años, dos mil
hombres (no quiere decir que todos a la vez, ni que todos fueran penados)
aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra».
Es falso que los presos que trabajaron en
el Valle de los Caídos lo hicieran obligatoriamente. Es cierto que todos y
cada uno de los obreros penados se ofrecieron voluntariamente a las
Empresas, por un lado, y, por otro, mediante instancia a la Dirección
General de Prisiones. La razón era fácilmente compresible: Lo que comenzó
siendo la manera de redimir tres días de la pena por uno trabajado, según
Orden Ministerial de 7 de octubre de 1938, lo amplió el Patronato Central
para la Redención de Penas por el Trabajo, en 1943, hasta la redención de
seis días por cada uno trabajado. El Código Penal lo estableció más tarde
en tres días redimidos por dos trabajados. Con lo cual, a los penados que
trabajaban en el Valle, que se beneficiaban también de los múltiples
indultos decretados por el Jefe del Estado, se les concedió la libertad
provisional no más tarde de cinco años después de su condena. Así que en
1950 no quedó ni un solo penado «político» en el Valle. En esa fecha
comenzaron a trabajar reclusos comunes que querían redimir penas por el
trabajo.
Es falso que los trabajadores libres o
penados sufrieran penalidades sin cuento, con un sistema de trabajo de
campo de concentración. Es cierto, como declaró Damián Rabal, cuyo padre y
él mismo trabajaron como obreros libres, contratados por la empresa San
Román, a Daniel Sueiro, autor de El Valle de los Caídos. Los secretos
de la cripta franquista, que la cripta se comenzó a perforar a finales
de 1941 con diez o doce obreros a los que pronto se sumaron trabajadores
procedentes de Peguerinos, El Escorial y Guadarrama, y que los «penados»
llegaron a finales de 1942. Pronto se hicieron casas para los obreros,
Iglesia, enfermería, economato y un campo de fútbol. Hay que resaltar que
los penados cobraban un sueldo mínimo cifrado en siete pesetas, de la
época, diarios, más la comida. Y que enseguida fueron subidos a diez
pesetas diarias, más los pluses por trabajo a destajo, más o menos
peligroso, etc. Gran parte de ellos llevaron allí a sus familias; allí
hubo bodas y bautizos. Y allí quedaron la mayoría de ellos, trabajando
como obreros libres tras obtener la remisión total de las penas, mientras
sus hijos estudiaban en la Escuela organizada al efecto, escuela mixta, la
única existente en España de la época, siguiendo las enseñanzas de un
maestro que redimía así su condena de muerte conmutada a treinta años. No
debían ser tantos los «penados», por lo menos al principio, por cuanto
Paco Rabal, miembro del PCE, reconoció que en la vivienda que le habían
concedido a sus padres vivían la mayoría de ellos. Ambos hermanos
coinciden en que las condiciones de vida era «allí mucho más suave que en
las prisiones. Todos (los obreros profesionales) procurábamos echar una
mano [...] porque los presos no eran útiles para aquella clase de trabajo;
se lesionaban, no sabían ni podían. Muchos iban solos a El Escorial o a
Guadarrama, y no se fugaban, sino que volvían. Además podían tener allí a
sus mujeres. Ellas iban allí y ya se quedaban...». Según la prensa de la
época, a finales de 1943 trabajaban en el Valle unos seiscientos obreros.
La mayoría de ellos de dedicaban a construir la carretera actual.
Es falso que en la construcción de las
instalaciones del Valle de los Caídos murieran «centenares, cuando no
millares de presos políticos», tal se afirma sin aportar prueba alguna. Es
cierto, como declaró a Daniel Sueiro el médico don Ángel Lausín, que llegó
a Cuelgamuros el año cuarenta, para redimir pena, que «como médico del
Consejo de Obras del Monumento me ocupé de todos los obreros de las
diversas empresas que trabajaban allí. Allí hubo accidentes, enfermos,
partos, en fin, de todo. Pero para los heridos graves se organizaba el
traslado en ambulancias [...] Los traían a la Clínica del Trabajo, que
está en la calle de Reina Victoria [...] Hubo catorce muertos en todo el
tiempo de la obra, porque yo he estado allí prácticamente todo el tiempo».
D. Ángel Lausín ganaba mucho dinero en el Valle, pero cuando la obra
terminó le desaparecieron los ingresos del seguro de enfermedad de todos
los trabajadores y del seguro de accidentes y sólo le quedó el sueldo de
médico del Consejo de las Obras. Por ello pidió una plaza de médico, y se
le concedió, en el Ambulatorio del Seguro de Enfermedad de San Blas, en
Madrid, donde se jubiló.
Es falso que los penados «políticos»
comenzaran a llegar al comienzo de las obras y continuaran hasta su
terminación. Sí es cierto lo declarado por el médico citado: «De los
presos políticos que estuvieron allí hasta el año cincuenta, y yo he
estado allí, la mayoría eran excelentes personas, estaban cumpliendo una
condena por cosas políticas y estaban ganando unas pesetas para mantener a
sus familias. Una vez liberados, muchos se quedaban allí trabajando.
Alrededor de los años cincuenta ya quitaron los establecimientos penales y
sólo quedó el personal libre». El practicante, don Luis Orejas, condenado
a nueve años, quedó en libertad poco después de su llegada al Valle, pero
prefirió quedarse allí donde empezó ganando quinientas pesetas mensuales.
Llevó a su mujer y allí nacieron sus cuatro hijos. Tras la inauguración
del Valle logró una plaza de practicante en el servicio de urgencias de La
Paz. Don Gonzalo de Córdoba, el maestro, había sido condenado a la última
pena, conmutada por treinta años. Cobraba, al llegar al Valle, en mayo de
1944, mil cien pesetas mensuales. D. Gregorio Peces-Barba del Brío, padre
de D. Gregorio Peces-Barba, condenado a muerte por hechos reflejados en la
Causa General, también le fue conmutada la pena de muerte en 1942, llega
al Valle a comienzos de 1944 y en abril recibió la libertad condicional,
con lo que pudo abandonar el Valle. Durante esos tres o cuatro meses le
acompañaron su mujer y su hijo. El señor Peces-Barba declaró a Daniel
Sueiro: «Por mi parte, tampoco puedo decir que haya estado arrancando
piedras, sería estúpido decir eso; no hubiera sido demasiado útil
arrancando piedras. Yo estuve en el trabajo de las oficinas». Así otros,
cuyos nombres omitimos por no alargar esta nota.
Es falso que la construcción del Valle de
los Caídos supusiera un dispendio que hizo peligrar las finanzas
nacionales. Sí es cierta la liquidación final del Interventor General de
la Administración del Estado y del Consejo de las Obras, rendida en mayo
de 1961. La liquidación revela que el coste de las obras se elevó a
1.159.505.687,73 pesetas, similar a la deuda actual de Radio Televisión
Española y muy inferior a los déficit de todas las televisiones
autonómicas. Por lo demás, no se invirtió en la obras ni un solo céntimo
del Presupuesto Nacional. El dinero, según advierte el Decreto-Ley de 29
de agosto de 1957, «A fin de que la erección del magno Monumento no
represente una carga para la Hacienda Pública, sus obras han sido
costeadas con una parte del importe de la suscripción nacional abierta
durante la guerra y, por lo tanto, con la aportación voluntaria de todos
los españoles que contribuyeron a ella». Fueron 235.450.374,05 pesetas. El
resto procedió de los recursos netos de los sorteos extraordinarios de la
Lotería Nacional que se celebraban anualmente el día 5 de mayo, y que,
hasta aquél momento se habían destinado a la construcción de la Ciudad
Universitaria de Madrid. Según Diego Méndez a ello hay que sumar «millares
de donativos particulares, algunos de ellos de procedencia verdaderamente
ejemplar y emocionante».
Es falso que en la Basílica del Valle de
los Caídos solamente estén enterrados los muertos del lado nacional o que
Franco la construyó para que le sirviera de Mausoleo. En el Valle de los
Caídos están enterrados cuarenta mil españoles de uno y otro lado de las
trincheras, por lo que constituye el monumento representativo de la
reconciliación nacional. Allí se reza y se oficia por unos y otros, sin
distinción de ideologías. Franco compró una tumba en el cementerio de El
Pardo. Fue el gobierno de entonces quien determinó que el enterramiento
del Generalísimo fuera en el Valle, decisión ratificada por SM el Rey,
quien pidió permiso al Abad de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de
los Caídos para enterrar allí a Franco.
Queremos terminar con palabras de un enemigo de Franco,
detractor de la construcción del Valle de los Caídos, y padre de otro
enemigo de Franco y así mismo detractor del monumento. Son palabras del
citado D. Gregorio Peces-Barba del Brío: «...teníamos que ir inculcando a
nuestros hijos, lo que teníamos que ir inculcando a las generaciones que
pudieran sucedernos, es que en España no podía volver a repetirse aquella
tremenda catástrofe que supuso nuestra Guerra Civil. Por eso pienso que
los vencidos de la guerra no hemos tenido nunca, no hemos tenido jamás
deseos de venganza; no hemos querido ni hemos tenido presente más que el
deseo de que entre las dos Españas no se siguiera ahondando. El ahondar
entre las dos Españas no ha sido fruto de los vencidos. Yo quiero resaltar
eso, que a los vencidos, que hemos hecho la Guerra Civil y somos
supervivientes de la Guerra Civil, no se nos puede ni se nos debe tachar
de revanchistas ni de marcados. Los que hemos hecho la Guerra Civil hemos
sido desde el primer momento los más interesados en educar a nuestros
hijos en el respeto y en el amor al prójimo; en educarles en el sentido de
que su vida y su actividad y sus vivencias políticas vayan encaminadas a
que de una vez para siempre vuelva a haber paz entre los españoles y
aquello no vuelva a producirse». Que así sea.
Por
Pío MOA
Publicado en "La
Razón"
27.04.05
Unos jóvenes me entrevistaron recientemente para un programa
de televisión sobre el Valle de los Caídos, centrándose en los presos
izquierdistas que allí trabajaron. Me mostraron un proyecto de placa que,
al parecer, piensa colocar allí el gobierno actual, en recuerdo de los
«presos republicanos» a quienes atribuye la construcción del monumento «en
régimen de esclavitud». La placa hablaba de «reconciliación» y de
recuperar la «memoria histórica». Comenté que no conocía en detalle la
historia del Valle de los Caídos, pero mi experiencia al estudiar la
república y la guerra civil me hacía dudar de tales afirmaciones, a la
vista del gran número de mitos difundidos durante estos años bajo el
marbete de historiografía «profesional» y hasta «definitiva».
Por otra parte, de entrada percibía algunas falsedades,
inconciliables con la pretensión de recobrar la memoria del pasado. Así,
hablar de presos republicanos ya significaba desvirtuar los hechos, y no
resulta creíble una reconciliación que tan mal empieza. La gran mayoría de
los supuestos republicanos estaba constituida por comunistas, socialistas
y anarquistas, todos ellos antidemócratas por ideología y práctica,
autores de reiterados ataques a la república y de la preparación de la
guerra civil. En cuanto al «régimen de esclavitud», tenía mis dudas. Los
presos, según creía, trabajaban redimiendo penas por el trabajo; sistema
consistente en suprimir dos o tres días de condena por cada uno trabajado.
Como es sabido, al terminar la guerra los tribunales dictaron alrededor de
50.000 penas de muerte, cumpliéndose aproximadamente la mitad. Las demás
fueron conmutadas a cadena perpetua, la cual en la mayoría de los casos,
se tradujo en la libertad a los seis años y aún antes. Uno de los recursos
para conseguirlo consistió en la redención de penas por el trabajo. Ahora,
husmeando en Internet encuentro una información de la Fundación Francisco
Franco donde se tacha de falsedades algunas historias divulgadas
insistentemente por los medios especialmente por la muy manipulada
televisión oficial. He aquí los hechos según dicha fundación: no habrían
trabajado en el Valle de los Caídos 20.000 presos políticos, como han
hecho circular periodistas e historiadores poco escrupulosos, sino 2.000
obreros a lo largo de quince años de obras, y no todos al mismo tiempo, de
los cuales solo una minoría fueron presos. Éstos percibían siete pesetas
diarias, sueldo no desdeñable para la época, más la comida. Además habrían
sido beneficiados no con tres días de redención de penas por día
trabajado, sino con seis días a parte de otros indultos, con lo que
ninguno permaneció como preso más de cinco años, siguiendo después la
mayoría como trabajadores libres. En 1950 no quedaba ya ninguno de los
penados.
De ahí se desprende la mendacidad del aserto común de que
«cientos, si no miles de presos murieron en la construcción del
monumento». Según el médico izquierdista Ángel Lausin, que también redimió
allí condena ejerciendo su profesión y siguió luego hasta el fin de la
obra, el número total de muertos, entre obreros libres y presos, ascendió
a catorce, cifra baja para tantos trabajadores y tanto tiempo. Las
condiciones también habrían sido aceptables; «Paco Rabal, miembro del PCE,
reconoció que la vida allí era mucho más suave que en las prisiones…,
muchos iban solos a El Escorial o a Guadarrama y no se fugaban, sino que
volvían. Además podían tener allí a sus mujeres». La escuela para los
hijos de los presos era mixta, cosa excepcional entonces, y aceptada por
la autoridad como concesión al maestro izquierdista, hombre de esas ideas.
Estas y otras informaciones, deben ser verificadas, desde
luego, por una investigación imparcial, pero desde luego tienen el mayor
interés y merecen ser ampliamente conocidas para contrastarlas con las
ofrecidas por los pretendidos recuperadores de la memoria. Tengo la
pesimista sospecha sin embargo, de que esos peculiares memoriosos
utilizarán todos los medios –poderosos medios- a su disposición para
impedir el general conocimiento y contraste de los datos por los
ciudadanos. Para ello aplicarán como de costumbre, el simple método de la
censura inquisitorial, de la que puedo hablar con conocimiento de causa,
por haberla sufrido.
Contrastar los informes es solo un primer paso para acercarse
a la verdad de los hechos. Después conviene aclarar al menos dos
cuestiones: a) ¿Cuántos presos políticos trabajaron efectivamente en la
obra?; b) ¿a que penas estaban condenados y por qué delitos reales o
supuestos? Saber esto arrojaría mucha luz sobre el carácter de la
represión en la época en torno a la cual circulan demasiadas leyendas.
Esta investigación debiera estar al alcance de cualquier historiador con
afición y tiempo, y animo desee aquí a hacerla, sobre todo a jóvenes
estudiosos e independientes. En relación con el tema me gustaría señalar
un punto que siempre me ha intrigado y que muy rara vez ha sido tratada en
la multitud de libros escritos sobre la represión: ¿por qué cayeron en
manos de Franco tantos izquierdistas y separatistas implicados en el
terror contra las derechas? Asombrosamente, los principales dirigentes
solo parecen haberse ocupado de su propia fuga, dejando a sus seguidores
atrapados como en una ratonera, a merced de quienes pensaban ajustarles
estrechas cuentas por las muertes, torturas y saqueos realizados bajo el
poder del Frente Popular. Pero de esto me ocuparé en otro artículo.
Por
Juan A. Mayor de la Torre
Publicado en El País
el 8 de mayo de 2005
Desde hace poco tiempo son frecuentes en los medios de
comunicación las alusiones, citas o artículos, dedicados al Valle de los
Caídos, monumental templo y necrópolis de mediados del siglo pasado. La
mayoría aluden a la novedosa propuesta de un político republicano catalán
de convertir dicho monumento en Centro de
interpretación de los horrores del franquismo.
Republicano y catalán son dos respetables condiciones,
comunes a grandes figuras de la historia de España, compatibles con
inclinaciones históricas y estéticas dispares. Nadie está obligado a que
le guste El Greco, el Acueducto de Segovia, las cuevas de Altamira o las
esculturas de Ávalos. Pero las obras universalmente reconocidas como el
Valle de los Caídos, monumentos que apuntalan esa misma historia, merecen
respeto siquiera por ello: porque son prenda de la Historia misma aunque
su autoría se remonte a periodos aborrecidos por muchos.
No parece pensable que a cualquier republicano sensible se
le ocurriera desmantelar el monasterio de El Escorial porque en su panteón
de reyes reposan los restos de buena parte de nuestros monarcas, algunos
de ellos de triste memoria. Ni que a un catalán en sus cabales le diera
por proponer que se desmonte el arco romano de Bará (Tarragona), arco de
triunfo bélico homenaje al general Licinio Sura, porque testimonie el
carácter dictatorial del aborrecible militar de Trajano.
El mundo entero, y España por obvias razones, están llenos
de monumentos erigidos por vencedores, algunos de ellos crueles y
despiadados, pero que configuran su pasado. Pensadores, guerreros y aun
políticos de toda virtud y calaña. Por el contrario, el Valle de los
Caídos es una muestra singular de reconciliación entre contendientes de
dos bandos, hermanos para mayor dolor, enfrentados en una guerra llena de
horrores mutuos: osario común y, sobre todo, lugar de oración donde los
monjes benedictinos y quienes lo visitan piden a Dios perdón por las
mutuas culpas y que jamás, por motivo alguno, pueda repetirse similar
circunstancia. Presidido por la cruz, símbolo de perdón, es el segundo
monumento de España en visitas después de La Alhambra, lo que ratifica su
prestigio recogido en las enciclopedias y textos de arquitectura del mundo
entero.
Ajenos a tales consideraciones y poco informados, no faltan
quienes objetan dos hechos adversos y absolutamente falsos: primero: que
fue construido por presos condenados a trabajos forzados. Segundo: que se
erigió como faraónica tumba de Francisco Franco, vencedor en la contienda.
Es cierto que en su construcción trabajaron presos
políticos. Y también presos comunes. Pero ni unos ni otros forzosos, sino
voluntarios. Igual que al ingresar en prisión los reclusos más cultos se
ocupan en la biblioteca, los agricultores en jardinería o los pintores en
pintura, el Gobierno de aquellos años dio la opción de que un preso del
carácter que fuera, lo mismo el político que quien cumplía condena por
desvalijar un banco o robar carteras, pudiera acogerse a «redimir penas
por el trabajo». Quienes lo hicieron, políticos o comunes, contaron tres
días por cada uno trabajado, con lo que reducían a un tercio su condena.
Recibían un pequeño salario por su trabajo y podían llevar a residir a sus
familias junto a ellos en las viviendas rústicas del poblado; facilidad
nada habitual. Estos datos son fácilmente documentables por quienes tengan
interés en ello. Y si estar preso no es nunca situación agradable,
trabajar en las obras del Valle fue redentora y opcional, no forzosa
situación.
Los penados efectuaban obras de peonaje. Junto a ellos
especialistas de los pueblos serranos, albañiles y sobre todo canteros,
llevaban a cabo tareas que requerían un oficio que los presos no tenían.
Cualquier anciano de tales pueblos aledaños puede aún atestiguar lo dicho
hasta aquí. El número total de obreros que trabajaron en las obras del
Valle fue de 2.643, de los que solamente 243 fueron penados.
En cuanto a que el Valle se construyese para panteón de
Franco, es error que tan sólo requiere una reflexión:
En cualquier iglesia o catedral del mundo el sitio de honor
para un enterramiento es delante del altar mayor. En el Valle este lugar
está ocupado por los restos de José Antonio Primo de Rivera. Los de Franco
están detrás del altar, no en el sitio de honor que se hubiese reservado
si tal hubiera sido su deseo y el motivo de su construcción. Puede que
para sus restos estuviera previsto el cementerio de El Pardo y en los
últimos años se cambió de parecer. Resulta indiferente. Lo evidente es que
si hubiera sido el Valle lo previsto, ¿no le habrían reservado el lugar
que ocupa José Antonio?
La única realidad que a nadie verdaderamente reconciliado
parece que debería irritarle, es que el Valle de los Caídos fue construido
como simbólico enterramiento indistinto de víctimas de una guerra y para
caídos de ambos bandos. En general, unos y otros combatieron defendiendo
lo que creían mejor, lo más justo. Enfrentados en trincheras opuestas
-algunos procedentes de quintas de uno y otro lado- hermanados en la
muerte, allí están sus restos. Nada importa su exacta proporción; el
idealismo de cada uno la hace inconmensurable. El Valle es una colosal
casa de oración, reconciliación verdadera incompatible con cualquier
«interpretación de horrores» que, lejos de interpretarse o rememorarse, lo
que debemos hacer todos es tratar de olvidarlos.
Sería escandaloso, además de estéril, andar hurgando en
cementerios de aquel pasado, que sin duda hay muchos más. Menos aún en el
único construido para reposo de cerca de cuarenta mil hermanos caídos de
ambos bandos con la particularidad de que quienes allí reposan están por
voluntad de sus familiares, que así lo solicitaron, y por los que la orden
benedictina; a quien está confiada su custodia y sufragios, celebra
diariamente la misa desde hace casi medio siglo. (Por cierto, los últimos
enterramientos lo fueron en el año 1983, durante el primer Gobierno de
Felipe González).
Como anécdota, la siguiente: cuando el cardenal Roncalli,
luego papa Juan XXIII, terminaba su nunciatura en París (1955), visitó el
monumento y convino que España es la única nación que erige un monumento a
los caídos de ambos bandos, vencedores y vencidos. Y exclamó: «En Francia
sólo se hacen en honor de los vencedores».
_____________________
Juan A. Mayor de la Torre
es periodista.
FELIPE GONZÁLEZ Y EL VALLE DE LOS CAÍDOS
arriba
El presidente del Gobierno Español,
Felipe González, en declaraciones al semanario británico The Observer
(17 noviembre 1985), anuncia que, cualquier día, sorprenderá a los
españoles visitando el Valle de los Caídos:
«¿Por qué no debería ir? Es territorio
español ¿verdad? Sin dudarlo, iré cuando aparezca la oportunidad».
Simultáneamente el diario El País
publica unas extensas declaraciones de Felipe González, en las que, entre
otras cosas, dice:
«Hay gente que se ha propuesto intentar
hacer desaparecer los rastros de cuarenta años de historia de dictadura. A
mí eso me parece inútil y estúpido».
Ver Diario 16, 18 noviembre 1985
CIERRE DEL VALLE DE LOS CAÍDOS:
carta abierta a Anasagasti
arriba
Por
Pío Moa
Ha propuesto usted
«cancelar» el Valle de los Caídos y trasladar los restos mortales de
Franco a un cementerio particular. Porque, dice usted, «en el siglo XXI»
no debería existir un monumento «a una de las partes de la contienda»
donde está enterrado «el máximo responsable de aquella barbarie», «un
general golpista» que ocasionó «centenares de miles de muertos, heridos,
exiliados y encarcelados por el único delito de defender la legalidad
constitucional vigente». Y compara usted a Franco con Hitler y Mussolini.
Estas frases suenan por lo menos extrañas
en un representante del PNV. Porque, usted, como sabiniano típico,
recordará que una parte de su partido se alineó directamente con el
«responsable de la barbarie». Desde luego, la parte mayor prefirió al
bando que, según usted, defendía la legalidad. Pero, como usted también
sabe perfectamente, el PNV procedió bien pronto a traicionar a ese bando
entendiéndose a espaldas de él con Mussolini y con Franco. Usted, señor
Anasagasti, sabe que su partido entregó intacta a aquellos «bárbaros» la
industria pesada y de armamentos de Vizcaya impidiendo los intentos de sus
aliados izquierdistas de destruirla. Una industria, que sirvió de modo
extraordinario al esfuerzo de guerra de los causantes –dice usted– de
«centenares de miles de muertos, heridos, exiliados y encarcelados». Y no
olvidará nadie, porque está ampliamente escrito y descrito, cómo su
partido, no contento con hacer tal servicio al mayor responsable de la
barbarie, le ofreció la mejor vía de ataque para destruir a los
«defensores de la legalidad», vía que de paso dejaba oculta la traición
del propio PNV.
Esto no son opiniones, señor Anasagasti,
sino hechos plenamente demostrados, entre otros por testimonios de los
propios nacionalistas, como el padre Onaindía. No se explica bien cómo un
partido que saboteó en tal grado a los «defensores de la legalidad» y
favoreció en igual medida a los equivalentes de Hitler, como usted los
define, puede venir ahora con semejantes letanías. ¿Es caradura
insuperable, o acaso chifladura? ¿O cree usted que casi setenta años
después, «en el siglo XXI», resulta aceptable cambiar la historia por una
historieta? Extraña filosofía, aunque no del todo incoherente con la
conducta del PNV entonces. Una traición pretende tapar a otra.
Por otra parte hacer de Franco «el máximo
responsable de aquella barbarie» exige un poco más de análisis. Usted sabe
que en octubre de 1934 se rebelaron casi todas las izquierdas contra la
legalidad republicana, contra un gobierno legítimo y democrático. Trataban
deliberadamente de iniciar la guerra civil, y la iniciaron, y en esa
rebelión desempeñó el PNV un papel por lo menos turbio. Ha olvidado usted
este suceso trascendental, con 1.400 muertos en dos semanas y bastante
incidencia en las Vascongadas. Como ha olvidado que en aquella ocasión
Franco defendió la legalidad constitucional y ayudó a frustrar la
intentona.
¿Qué pasó, pues, para que, en 1936, las
derechas que defendieron la legalidad en el 34 se rebelaran a su vez? Pues
pasó que tras las elecciones de febrero del 36 la legalidad y las reglas
del juego democrático se vinieron abajo, conculcadas sistemáticamente por
las izquierdas desde el poder y desde la calle. No lo ignoraba el órgano
del PNV, Euzkadi cuando clamaba: «Nos alcanza en todas partes la
descomposición del Estado español, estrago inmenso de su organización
social, batida por la inmoralidad y la anarquía»; o hablaba de «las
convulsiones epilépticas de un pueblo moribundo» (el español), en
«momentos históricos de gravedad no igualada». El PNV sabía bien lo que
ocurría y quiénes eran los responsables: los mismos que se habían alzado
contra la «legalidad vigente» en 1934 y que año y medio después, dueños
del estado y de la calle, volvían a hacerla trizas.
¿Por qué, entonces, terminó aliándose su
partido, señor Anasagasti, con los responsables evidentes de aquella
situación; por qué, siendo católico, apoyó a quienes exterminaban
sangrientamente a la Iglesia, mostró tal insolidaridad con las víctimas y
rechazó las ofertas de las derechas sublevadas? Sólo encuentro una
explicación, y está en las ideas de Sabino Arana, el Maestro de su
partido, tan imbuidas en sus adeptos. Ideas como ésta: «Si a esta nación
latina (España) la viéramos despedazada por una conflagración interna o
una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y
verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las
desdichas el que España prosperara y se engrandeciera». Sólo concepciones
tales explican la alianza de ustedes con los revolucionarios y bajo la
protección de Stalin, y también explican que los traicionaran en cuanto
vieron que no triunfarían.
¿No tenemos derecho a sorprendernos,
señor Anasagasti, de que exalte usted a los supuestos «defensores de la
legalidad» en el pasado mientras en el presente su partido está volcado en
una campaña contra la Constitución? ¿Pueden pretender una reforma
razonable de la Constitución partidos como el suyo, que ha reducido a tan
poco la democracia en las Vascongadas, donde buena parte de la oposición
tiene que ir protegida contra asesinos nacionalistas, donde la policía
autonómica no casi persigue al terrorismo, donde tantas normas
constitucionales, empezando por símbolos como la bandera nacional, son
conculcados cada día por su partido…? Sus propuestas tienen todo el aire
de una provocación.
Y hay otra falsedad en su argumento señor
Anasagasti: el Valle de los Caídos no está dedicado sólo a uno de los
bandos. Fue concebido para conmemorar la victoria sobre la revolución (¿o
cree usted que no hubo revolución?) y como emblema de reconciliación: allí
no descansan los restos de soldados de una sola parte, sino de las dos.
Descansan, es cierto, bajo una gran cruz, y esa reconciliación no podía
ser aceptada por quienes detestaban la cruz y veían en la Iglesia una
institución y unas personas a exterminar, y que siguen intentando
erradicarla de la vida y la cultura españolas. Usted se está sumando a
ellos, señor Anasagasti, y con su sectarismo, provocación y falsificación
de la historia, está conjurando otra vez los fantasmas del pasado.
Desde luego, tiene usted derecho a pensar
y expresarse como lo hace: se lo garantiza la democracia española que su
partido está arruinando en las Vascongadas, donde expresarse puede
resultar muy peligroso. Yo quisiera que los asuntos mencionados en esta
carta no tuvieran a estas alturas más tratamiento que el académico y no
afectaran a la política actual. Pero usted, como otros, se obstina en el
revanchismo, echando por tierra el acuerdo de no utilizar el pasado como
arma arrojadiza en la política de ahora. Acuerdo que permitió una
transición bastante calmada a las libertades políticas, cuyos frutos están
ustedes poniendo en riesgo ahora. Pero el mismo derecho que tiene usted a
expresarse, lo tenemos los demás, y a poner en evidencia sus argucias.
También con la esperanza, aunque cada vez más remota, de hacerles a
ustedes conscientes de su responsabilidad en la escabrosa senda que han
emprendido.
* *
*
SOBRE EL VALLE DE LOS
CAIDOS
arriba
Por
Pío Moa
Tomado de «Estrella Digital»
Hace cosa de un mes me
llamaron de Com Radio de Cataluña para hablar sobre los proyectos de
socialistas y separatistas de hacer alguna fechoría con el Valle de los
Caídos. Hablé unos momentos, y enseguida empezaron a ponerme verde unos
supuestos historiadores. Repliqué, pero ellos seguían impertérritos, hasta
que me advirtieron de la emisora que habían cortado mi voz y no estaba en
onda. Así entienden los debates y el pluralismo los medios catalanes, tan
corrompidos y sometidos a un poder que restringe cada vez más la
democracia en Cataluña.
El poder
socialista-separatista ha emprendido una campaña para justificar alguna
acción contra un monumento concebido, con mejor o peor criterio, como
símbolo de reconciliación, y que muchos izquierdistas han jurado demoler o
desvirtuar. Según ellos, habrían pasado por allí 20.000 presos políticos
en trabajos forzados y condiciones inhumanas, con cientos o miles de
muertos por accidentes y mal trato, etc. Si hubiera sido así, ciertamente,
nadie podría pensar en reconciliación alguna, y estaría justificado algún
tipo de intervención para recordar, por lo menos, los hechos.
Sin embargo, ya
cuando empecé a oír hablar del asunto, aquellos datos me olieron a fraude,
máxime al divulgarlos con tanto ahínco periódicos de estilo fascistoide
como El País, o la televisión oficial manejada por el partido de
los «ciento y más años de honradez». Cualquiera medianamente informado
sobre la falsificación sistemática del pasado por esos partidos tomará con
suma precaución sus denuncias y datos. Pero mucha gente, ignorando la
historia de socialistas y separatistas, repite como loros las invenciones
de éstos. Así el ABC y otros, o la encargada de cultura del PP,
perfectamente homologable a la ministra actual, por lo que se ve.
La campaña
recuerda mucho otras como la de las supuestas atrocidades de la represión
en Asturias tras la insurrección del 34, campañas en que han sido siempre
especialistas estas-estos honradas-honrados señoras-caballeros, y
destinadas a «envenenar» a la gente, como decía Besteiro. Insisto en el
interés de un estudio monográfico sobre estas campañas, de tan crucial
influencia en la España del siglo XX, y vuelvo a animar a hacerlo a los
historiadores jóvenes.
Los «datos» citados
sobre el Valle de los Caídos han brotado, todo lo indica, de mentes
preclaras tipo Alfonso Guerra o el presidente Sonrisas, o sus asesores en
honradez. Por suerte podemos acudir a otra información más contrastada y
contrastable, como la proveniente de uno de los arquitectos del monumento,
del médico de la obra, de testimonios como los del padre de Peces-Barba,
etc. El médico, Ángel Lausí, no era ningún «sicario fascista», sino un
izquierdista que redimía allí penas por el trabajo, y cifra en catorce los
muertos en los dieciocho años de la obra, número muy bajo, que incluye a
obreros presos y libres, y por diversas circunstancias. Nada, pues, de los
«cientos, quizá miles» de víctimas de las «condiciones inhumanas». El
total de obreros que allí trabajaron no debió de pasar de 2.000, también
entre presos y libres, con mayoría de libres. La costumbre de multiplicar
por diez y más las cifras reales está muy extendida en las factorías de
mitos de los de la honradez centenaria. Vemos la misma operación en el
bombardeo de Guernica, en la matanza de Badajoz y en tantos casos más. El
truco está al alcance de cualquiera: basta añadir un cero.
¿Hubo trabajos
forzados? En una entrevista para un reportaje televisivo, el periodista,
algo inexperto, me comunicó el testimonio de personas que decían haber
sido seleccionadas a ojo en las cárceles o campos de internamiento y
enviadas por la fuerza a Cuelgamuros. Puede ser, pero esos testimonios
deben tomarse con cuidado. Hace un par de años los rebuscadores del Rencor
Histórico creyeron encontrar en Órgiva, Granada, el anhelado Paracuellos
de la izquierda, un osario gigantesco de 2.000 a 5.000 izquierdistas
asesinados por los de Franco. Surgió entonces algún testigo recordando
cómo llegaban los camiones cargados de hombres, mujeres y niños, los
cuales eran liquidados a tiros y caían rodando a las fosas. Luego resultó
que los huesos eran de cabras y perros. Tengo experiencias parecidas de
«historia oral» desmentida por los documentos. No todos los testigos son
fiables, e incluso los más ecuánimes y de mejor memoria suelen tener
lagunas o recuerdos mezclados.
Según la ley, no
existían trabajos forzados, sino que los presos podían trabajar,
voluntariamente, para redimir penas y cobrando un pequeño sueldo. Dudo
mucho de que nadie fuera obligado, porque la redención solía ser de dos
días por cada uno trabajado, y en el Valle de los Caídos, lugar
privilegiado, llegaron a los cinco días por cada uno de labor. Sólo un
preso con mucho apego a la existencia carcelaria o aversión al trabajo
rehusaría tal posibilidad. Y el hecho es que la mayoría de quienes habían
sido condenados a prisión perpetua o conmutados de la pena de muerte
estaban libres a los seis o incluso a los cuatro años.
¿Por qué le ha dado
ahora al PSOE y los separatistas por abrir una nueva herida? Sospecho que
se trata de una maniobra de distracción mientras prosiguen su designio de
liquidar la Constitución y disolver las unidad de España. La maniobra les
permite generar crispación y divisiones en la derecha, y motejar de
«fachas» a quienes rechazan sus planes. Pero también ofrecen la ocasión de
poner en evidencia sus falsificaciones y de clarificar la situación
política, ocasión que debe aprovecharse con energía.
* *
*
EONES DE LA
HISTORIA
arriba
Por MANUEL PARRA CELAYA
Cuando escribo estas líneas es
6 de octubre de 2005. Fecha histórica: hace setenta y un años que PSOE y
ERC dieron un golpe de Estado contra la legalidad republicana. Dicen que
allí empezó, verdaderamente, la guerra civil, pero dejo a los
historiadores estos análisis. Y, según he leído en diversas fuentes, el
susodicho golpe se había preparado concienzudamente desde varios meses
antes de que estallara la dinamita en Asturias o saliera Companys al
balcón de la Plaza de San Jaime…
El 6 de octubre de 2005,
cuando escribo estas líneas, PSOE y ERC llevan preparando hace meses otro
golpe de Estado. Esta vez no contra una legalidad determinada, sino contra
la legitimidad histórica de la unidad española: no pretenden, esta vez,
derrumbar un régimen (entonces lo que llamaron «la república burguesa»,
ahora la cómoda monarquía parlamentaria), ni implantar dictaduras
proletarias ni tan siquiera de partido, sino echar a rodar una tarea
histórica común.
Hoy, 6 de octubre, cuando
escribo estas líneas, el cielo de Barcelona esta ceniciento, gris,
nublado. Pero no con anuncios de una necesaria y vivificante lluvia, sino
con tonos de amenaza: hace pocos días un separatista catalán ha amenazado
con la guerra civil; ayer, otro separatista catalán sonreía, en Madrid,
ante las cámaras de televisión, pidiendo tranquilidad. El Sr. Presidente
Rodríguez Zapatero ha acusado a la derecha: aquel 6 de octubre de 1934
también el PSOE y ERC acusaron a la derecha.
Mientras escribo estas líneas,
a 6 de octubre, me dicen que España «va bien», lo mismo que repetía el ex
–presidente Aznar. Una gran parte de la población, efectivamente, no pasa
hambre, como sucedía en 1934. Claro que no fue el hambre el detonante del
golpe de Estado de aquel entonces. De todas formas, si alguien «sale a la
calle», lo hará –como decía el gracejo hispánico de Pérez-Reverte- para
comprobar que no le han rayado el coche. Hoy no es probable que salga
nadie a la calle, porque seguramente hay fútbol en la televisión. El golpe
de Estado actual se consumará sin fusiles ni dinamita: bastan los medios
de propagación (que no de comunicación).
Hoy, 6 de octubre de 2005,
ningún rumor de sables acompaña el tecleo de mi máquina de escribir. En
1934, el Ejército Español de la II República tuvo que afrontar el golpe de
Estado; por cierto, que el general que sofocó el motín de Asturias era
masón, como el abuelo del señor Presidente del Gobierno. Pero en el 2005
España apenas tiene Ejército con el que sofocar rebeliones; el poco
existente está empleado como una ONG o haciendo de guardia fronteriza –sin
armas, pero sí con porras y silbatos- para contener invasiones africanas
patrocinadas por pueblos amigos.
El futuro de aquel 6 de
octubre de 1934 olía a sangre. Hoy, 6 de octubre de 2005, mientras escribo
estas líneas, el futuro huele, sencillamente, a mierda. Con perdón.
EL
ODIO A LOS SÍMBOLOS
arriba
Por
Ramiro Solana
PRÓLOGO,
(por obligación de orden cronológico).
Lo que a continuación sigue
fue escrito inmediatamente después de los "actos" que sucedieron en
la noche del 16 al 17 de marzo, y es obvio que se pretendía difundirlo sin
que perdiese actualidad. Pero se interpuso el "viaducto" –que no
solo "puente" de "tamaño" comarcal- de la Semana Santa; interregno
en el que al menos el 30 por 100 de los españoles vacaron porque aún no
les han llegado los efectos –que no tardarán en sufrirlos- de la nueva
política económica rubricada (días después de los sucesos del día 17, en
el marco de la UE), por los mismos que decretaron lo de la estatua
ecuestre de Franco y su coherente prólogo del homenaje al gestor de
Paracuellos.
Pero no hay mal que por bien
no venga y, así, lo escrito hace casi medio mes sirve no solo de
recordatorio y objetivación de aquellos hechos sino, también, para que
llegue hoy a cuantos miles de lectores no les habría llegado a las playas,
montañas, pasos procesionales y capitales foráneas en las que pasaron
despreocupados esas largas vacaciones.
Además en el citado interregno
se han repetido actos similares a los de la madrugada del 17 en Madrid que
conviene reseñar (añadiéndolos a los inicialmente glosados) y por otro
lado se ha podido leer alguna "lindeza" que no es ocioso comentar;
una y otra cosa se ofrecen a modo de "epílogos".
Homenaje a
Carrillo y supresión de la estatua ecuestre de Franco.
Dentro del amplio programa de
desquite y venganza histórica que el PSOE lleva a cabo como principal
finalidad de su actividad política, en la noche del 16 al 17 de marzo se
llevaron a cabo dos señaladas acciones: una, la cena de homenaje a
Santiago Carrillo; otra, la supresión de la estatua ecuestre de
Franco situada en el costado de los Nuevos Ministerios de la Plaza de San
Juan de la Cruz.
De entrada hay que matizar que
el "progenitor" principal de lo segundo fue inocultablemente Zapatero (al
PSOE de Felipe González no se le pasó por la imaginación hacerlo, ahí
están sus concretas palabras al respecto) cuyo purísimo afán de desquite
es el verdadero motor de la acción de gobierno que viene protagonizando
desde aún antes del 11-M, aunque previamente a esta fecha a tantos
engañase con sus apariencias de dialogante, moderado y respetuoso. También
de entrada hay que señalar que ambas acciones –lo de Carrillo y lo de la
estatua- estuvieron programadamente coordinadas pues a esos niveles de la
acción de Gobierno no pueden existir ni existen casualidades ni meras
coincidencias; el por qué de esa programación luego quedará claro.
Las reacciones públicas, no
han sorprendido, desde las del propio Zapatero hasta las de políticos y
comentaristas no marxistas pues cada "sector" ha dado su versión
–laudatoria o crítica- destacando la general cobardía de los segundos pues
su argumento crítico casi único ha consistido en condenar la ruptura del
"consenso" constitucional de 1977 que la acción de la estatua ha
representado, como si ya no fuera evidente la decisión de Zapatero y de su
equipo íntimo de romper aquel "consenso" e ir a la ruptura plena no
alcanzada en aquellos años 70 que, a lo más, se llegó a una "ruptura
pactada" (como la definió certeramente Tierno Galván) pues no otra
cosa fue el tan cacareado "consenso" –reforma según la versión
oficial- fuente de cuanto después ha venido, bueno y malo, entre lo
último las dos acciones de la noche del 16 al 17 de marzo.
Porque exaltar la figura de
Carrillo y retirar la estatua de Franco son dos símbolos de los dos fines
buscados por quienes promovieron una y otra acción: interpretación
maniquea de aquel "consenso" y apertura del proceso de la ruptura
total, no alcanzada entonces, que Zapatero se ha propuesto; ruptura total
pensada como instrumento para señalar las bases de un cambio de Régimen
que conllevará el "plan de etapas" que tampoco entonces pudo
ensayarse porque no se daban las condiciones objetivas para ello, (estaba
vivo –aunque lejana en el tiempo- el recuerdo de la guerra civil, había
unas fuerzas sociales, políticas e institucionales que cerraban el paso a
la pretensión marxista, la existencia de verdaderos "poderes fácticos" que
a ella se enfrentarían, etc.), condiciones objetivas que Zapatero y los
suyos creen que hoy sí que se dan (ya no existen aquellos "poderes
fácticos", la guerra civil es realmente desconocida de la mayoría de los
españoles, las fuerzas sociales, políticas e institucionales son muy
otras, las nuevas generaciones no han vivido la historia que sus
predecesoras vivieron y padecieron, etc.), en todo lo cual confía Zapatero
–y acaso no le falte razón en el diagnóstico- para llevar a cabo su
aberrante y sectario proyecto.
La II República vino por
diversas causas y por variados procedimientos, uno de estos el compromiso
de acción suscrito por los comparecientes en el denominado "Pacto de
San Sebastián", comparecientes de entonces que hoy tienen sus
"herederos legítimos" que, casualmente, estaban todos ellos
representados en la cena de homenaje a Carrillo, pues allí se juntaron
–como en una renovada versión de aquel pacto, como "Pacto de San
Sebastián II", los diversos partidos marxistas o neomarxistas, los
nacionalistas (¡oh los ilustres comensales Sres. Ibarretxe y Pujol!),
algún que otro acobardado y utilitario "centrista", los "católicos progres",
etc., todos ellos propiciadores de un nuevo Régimen nacido de una ruptura
total, cuyo comienzo simbólico se dio aquella noche con la aberración del
homenaje a Carrillo y con el sectarismo –perpetrado con nocturnidad y
alevosía- de retirar la estatua ecuestre de Franco.
Porque si hay alguien que
simbolice ruptura total con todas las esencias de España, y con todos los
valores históricos y morales que a lo largo de tantos siglos adornaron a
la sociedad española, ese alguien es Santiago Carrillo. Nada debe importar
en su palmarés biográfico su interesada y oportunística colaboración en
la "transición" pues ese discutible mérito se verá siempre
sobrepasado por sus otras "proezas" biográficas, por ejemplo Paracuellos
aunque éste no sea el único "palmarés" de su ejecutoria pública cara a la
Nación, y cara a su propio partido en el que se consagró como estalinista
purísimo y efectivo.
Tremendo error fue la adhesión
Regia al homenaje a Carrillo pues aunque se basó en el reconocimiento a la
aportación supuestamente positiva del homenajeado en el proceso de la
"transición" y del "consenso", los consejeros de la Corona no debieron
olvidar algo ante lo que con moral claramente utilitaria nuestra clase
política "mira hacia otro lado" porque no quiere darse por
enterada: la nueva democracia española hizo suya, de modo solemne y
formal, la "doctrina Nüremberg" de que los delitos de genocidio no
prescriben, y esto debe primar y superponerse sobre esos
supuestos y oportunísticos "servicios que Carrillo prestó en la
"transición". Si con esa adhesión Regia y con su ignorancia oficial de la
erradicación de la estatua ecuestre de Franco esos consejeros de la Corona
creen cortocircuitados los peligros derivables del cambio político que
Zapatero proyecta –verdadero cambio de Régimen- y si piensan que el "Pacto
de San Sebastián II" esbozado con ambas acciones no afectará a la
Institución, se equivocan de medio a medio; en tal sentido, los que la
creen salvaguardada con eso de "la unidad en la Corona" están
apostando por el pan para hoy y el hambre para mañana, pues el modelo
confederal del Estado que ese slogan entraña no es compatible ni a lo
largo y aún ni a medio plazo ni con la Institución monárquica ni con la
unidad nacional que ingenuamente se dice garantizar con ella. Por otro
lado; ¡triste modelo aquel, aplicado en la "transición", si hubiera tenido
como uno de sus pilares básicos la colaboración del estalinista Carrillo!;
afortunadamente, sus supuestos más firmes fueron los sectores sociales,
políticos e Institucionales que posibilitaron pasar de la "dictadura
constituyente" de Franco (frase certera y descriptiva del eminente
profesor Fernández Carvajal) a un sistema democrático al frente del cual
se puso a su sucesor con título de Rey. (Pese a lo cual –y de ahí la
gravísima frustración que padeció Torcuato Fernández Miranda, que
contribuyó a su prematura muerte- las connotaciones "carrillistas",
socialistas y nacionalistas han primado sobre las del verdadero origen
institucional del entonces recién estrenado modelo democrático).
Y en cuanto a la justificación
aportada por Zapatero sobre la erradicación de la estatua (en nada se ha
justificado por asistir al homenaje a Carrillo pues al fin y al cabo hay
plena coherencia ideológica entre ambos) es de una hipocresía difícilmente
superable: decir que era un símbolo dictatorial incompatible con un
sistema democrático es purísimo cinismo si no olvidamos que al lado de
aquella estatua ecuestre estaban –y siguen estando- las esculturas
dedicadas a Indalecio Prieto y a Largo Caballero (éste, el inolvidable"
Lenin español") autores de la dictatorial rebelión de 1934 y autores
también del caos sangriento del Frente Popular; ¿ y qué decir de la
entente "zapateril" con el Chávez de Venezuela, el Castro de Cuba y el
Mohamed de Marruecos…?
La desfiguración de España
tiene y va a tener sus símbolos sectarios: se ha empezado con las dos
acciones coordenadas de la noche del 16 al 17 de marzo y si no se les para
con firmeza política se seguirá con acciones similares; se rehabilitarán
personajes de estilo Carrillo que debieran tener piadosamente enterradas
sus memorias, y se actuará igual a cómo se ha actuado con la escultura
ecuestre de Franco (sobre esto está a punto el suprimirse la que figura
ante la Academia General Militar de Zaragoza y se hará la exhumación de
sus restos en el Valle de los Caídos) pues con la supresión de esos y
parecidos simbolismos creen estar seguros de alcanzar las metas que
pretenden. Ello coincide con la frase lapidaria que el historiador e
hispanista inglés Hugh Thomas, patentó certeramente: «hay que temer a
los españoles cuando empiezan a no respetar los símbolos»; y estos que
nos rigen –alentados por los cobardes, por los posibilistas y por los
«pragmáticos» de toda índole- ya han demostrado que no toleran aquellos
símbolos que no les benefician o porque les tienen un odio visceral.
"EPÍLOGOS"; por el orden cronológico de
los hechos:
1.- El alcalde de Santander, para demostrar que allí se hacen las cosas de
una forma muy diferente a cómo las hacen los del PSOE, ha aireado la
siguiente estupidez: dice que van a retirar otra similar estatua de Franco
que allí existe, pero que lo harán sin nocturnidad ni alevosía pues lo
llevarán a cabo a plena luz del día y tras formales acuerdos al respecto y
con todo respeto; que, además, para demostrar equidad, van a suprimir
también las coronas murales republicanas que aún existen (en
algunos edificios o monumentos) sobre los correspondientes escudos
nacionales; símbolos republicanos que el franquismo no suprimió allí como
tampoco en tantas otras localidades de España. La majadería que tal
"equidad" supone es digna de ser señalada: precisamente el dejar donde
están ambos símbolos –el de Franco y el de las coronas murales
republicanas- sería la demostración plena de lo que debiera ser cosa tan
obvia como el asumir la Historia de España tal como lo fue en sus diversas
etapas y alternativas. El "genio" que ha aireado tal medida pertenece al
PP, que conste.
2.-
Igualmente de madrugada ¡cómo no! en la del 23 de marzo, "el Alcalde
socialista de Guadalajara ordena retirar (…) las estatuas de Franco y de
José Antonio", decía la prensa del siguiente día. (Y en el mismo
reportaje se recordaba a sus lectores que ya solamente quedan en pie las
de Zaragoza y Melilla, amén del ya comentado derribo programado en
Santander).
Hay un matiz, de orden
popular, que el tal socialista en funciones de alcalde no ha tenido en
cuenta: que la estatua de Franco fue erigida en 1976 –reinando ya D. Juan
Carlos de Borbón y Borbón- y costeada por suscripción popular, como en
1973 también lo fue la de José Antonio; pero estos matices que entrañan
por un lado propiedad popular y por otro popularidad de los homenajeados
no cuentan para el dogmatismo sectario y para el odio irracional y
visceral de los socialistas españoles.
Lo afectable a Franco tiene su
"lógica" (fue quien les derrotó limpiamente en 1939) y lo de José Antonio
también la tiene aunque sea otra "lógica": fue asesinado por ellos tras un
remedo de juicio predeterminado, y cuya sentencia de muerte fue firmada
por el Jefe del Gobierno –el socialista Largo Caballero- con un fúnebre
"enterado" que no dudó en estampar el tal a al sazón legitima y
popularmente denominado "Lenin español", y claro, hay que borrar
toda huella que recuerde tan democrática decisión del democrático
socialista Sr. Largo Caballero.
3.- El mismo día –24 de marzo- en que aparecía el reportaje sobre lo de
Guadalajara, en ABC se podía leer un suelto titulado con el slogan
comercial de "Dos por el precio de uno" que, obviamente, se refería
a lo de Guadalajara. Lo firmaba alguien que decía ser y llamarse Carmen
Martínez Castro, y pretendiendo atacar al Gobierno por su política de esos
y otros derribos –nada decía sobre el homenaje a Carrillo, claro- sentaba
estas lindezas:
« La ultraderecha que este
Gobierno necesita para legitimar su radicalidad infantil no se encuentra
en los últimos seguidores de aquel dictador muerto en la cama. Franco es
para los jóvenes de hoy alguien tan lejano y tan desconocido como el
sedicente Papa del Palmar de Troya. Los franquistas terminales forman una
curiosa tropa compuesta básicamente por ancianos decrépitos y señoras a
las que se empeñan en amargarle el té con pastas. Podemos adjudicarles
todo tipo de calificativos, pero resulta excesivo considerarles una
amenaza para la democracia. La extrema derecha, si existe, no lleva
correajes ni canta el "Cara al sol". En cuanto a esta primavera de
iconoclastia progre, ni siquiera sirve como excusa para recuperar la
memoria de la dictadura como pretenden los ideólogos de este Gobierno. Una
vez que se ha expulsado la Historia de España de las aulas, no es posible
recuperarla, ni siquiera selectivamente, al rebufo de una polémica cutre
por unas estatuas ignoradas desde hace décadas. No estamos ante un asunto
que tenga que ver con la Historia ni, mucho menos, con la democracia.
Es, sencillamente, una cuestión de mobiliario urbano, como las cabinas,
las farolas o los bancos del parque.».
Para tan gentil dama los
símbolos de una etapa histórica fecunda –por cuya fecundidad se pudo
acceder a un sistema democrático desde la ya citada "dictadura
constituyente" sin traumas ni sangre y convivencialmente- son como
"mobiliario urbano". Y la empresa editora, ABC, (la gran beneficiaria
de aquella etapa histórica) permite poner en sus páginas tamaña
bastardía.
Final.
El pueblo que opta por ignorar
la Historia está abocado a tener que repetirla; quien o quienes se
abstienen de condenar y de impedir –pudiéndolo hacer- la
destrucción ignominiosa de esos símbolos (que en algunos casos son los
de su propio pasado y los de su propio origen) acaso deban tener que
contemplar, referidos a ellos mismos, parejas ignominias. Porque los
pecados políticos y las razones morales no prescriben, como tampoco los
delitos de genocidio.
Ramiro Solana
* *
*
Homilía en el funeral por los caídos
arriba
Pronunciada por el P.
Anselmo A. Navarrete
Abad de Santa Cruz
el 19 de noviembre de 2005
en la Basílica del Valle de los Caídos
De nuevo habéis venido para llenar este
templo con el homenaje de vuestra memoria y vuestra oración por cuantos
reposan aquí, este año de manera especial por D. Francisco Franco, Jefe
del Estado Español y fundador de este monumento, al cumplirse los treinta
años de su fallecimiento. Cabe destacar hoy, como una de sus creaciones
máximas, esta obra del Valle, que resume su espíritu como hombre y como
cristiano.
Los elementos que integran el monumento
nos remiten a los símbolos más eminentes de la historia española y
europea, lejos de cualquier simbología personal o bélica. Una Cruz, una
Basílica y un Altar, un Monasterio encierran el emblema de lo que ha sido
el alma de España y de Europa, en torno a los cuales se ha configurado su
perfil espiritual y sus hechos históricos más sobresalientes. A través de
tales símbolos se quiso enlazar con ese pasado y al mismo tiempo
trascender el impacto de nuestra guerra en la que, a la sombra de un
conflicto nacional, se debatía el cambio de la identidad cristiana de los
pueblos europeos. Algo que hoy vuelve a plantearse en términos
apremiantes.
Pero el Valle evoca también la memoria de
todos aquellos que, aquí o en cualquier lugar de nuestra geografía,
descansan tras haber inmolado sus vidas por la causa de Dios o de España,
o por ambas a la vez. En esa evocación común se recoge la voluntad de
todos los que intervinieron en la creación del Valle de los Caídos al
coincidir en el espíritu de reconciliación como finalidad fundamental del
mismo.
Por eso, los primeros brazos que
estrecharon, unidos, a los españoles de la contienda fueron los de la
Cruz; los primeros sepulcros que les acogieron bajo el mismo mármol,
fueron los de esta Basílica; las plegarias que se alzan en sufragio único
por unos y otros son las que todos los días resuenan bajo esta cúpula.
El Valle no es el monumento a una
victoria; es, mucho más, el lamento por una guerra y por los hijos de la
misma patria, España, muertos en ella.
Aquí no hubo lugar para la discriminación
entre las dos Españas. Esta Basílica, supuesto símbolo de la intolerancia,
abrió sus puertas sin preguntar cuál era el color de las ideologías, o de
las creencias o increencias religiosas de los que aquí recibieron
sepultura. La sombra de la misma Cruz guarda el reposo de quienes, bajo
banderas distintas ayer, se dan hoy la mano desde nichos contiguos, porque
ni siquiera se consintió que su ubicación en la Basílica mantuviera la
separación entre derechas e izquierdas, reservando lugares distintos para
unos y otros.
Se nos habla de
convertir el Valle en un Memorial. Si éste va a tener por objeto a las
víctimas de la guerra, que son los verdaderos protagonistas, nadie va a
imaginar un monumento conmemorativo más digno, ni esas víctimas, si
pudieran opinar, iban a pedir otro distinto a él. Más bien, se removerían
en sus sepulcros ante la perspectiva de ser arrancados de este seno
materno que les cobija en la actualidad, o de ver profanada la atmósfera
sacral de la basílica y del Valle, bastante más acogedora que los
homenajes laicos que les prometen. Y si lo que desean es estudiar el
origen de aquella contienda, que repasen los fines y la obra realizada por
aquel Centro de Estudios Sociales que formó parte esencial de la Fundación
del Valle, y que realizó a la perfección ese cometido, hasta que una orden
gubernativa clausuró sus actividades.
Esta tarde ha comenzado en toda la Iglesia
la celebración anual de la festividad de Jesucristo, Rey del Universo.
Sabemos que en estos últimos siglos de apostasía creciente ha sido el Rey
más discutido. Pero en esos siglos, en los pasados y en los futuros, y por
la eternidad, Él es, porque así ha sido proclamado por Dios, Rey de reyes
y Soberano de los señores, aunque Él no desee que su reino sea de este
mundo, es decir, aunque deje el gobierno directo de los asuntos temporales
a los césares de la tierra. Pero ello no anula la soberanía de Dios en
ella: «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo», «me ha sido dado
todo poder en el cielo y en la tierra», según las propias palabras de
Jesús.
Siempre persiste el deber de obediencia
del hombre y de las instituciones sociales a la ley divina y a los
principios morales a fin de garantizar la dignidad, santidad y justicia
del orden humano, lo que representa el máximo bien temporal de las
sociedades. El que es Cabeza de la humanidad tiene el derecho absoluto a
ser reconocido por los príncipes y las instituciones de este mundo. En
ello está su gloria y su sabiduría. Cuando, por el contrario, la
inspiración en el gobierno de la sociedad no se confía a Dios, se entrega
inevitablemente al mal y a la mentira.
A la luz de este misterio de la realeza de
Cristo, aceptada o negada, se comprenden algunas realidades de la hora
presente. De igual modo que la acción del hombre contra la naturaleza
provoca en ella las conmociones que conocemos, la acción contra el orden
moral de la sociedad remueve también sus cimientos. Tal vez sea esto lo
que explique que, en tan breve tiempo, una nación como la nuestra haya
sido tan profundamente sacudida en sus fundamentos, tan metódicamente
privada de sus elementos básicos de identidad, en su espíritu y en su
cuerpo.
Hemos desembocado en una sociedad sin ley
en la que los códigos divinos y humanos son burlados impunemente con el
fin de modelar esa sociedad en la que quede consumada la ruptura con todos
sus precedentes históricos. España vacía día a día sus venas. Cada día una
nueva renuncia la despoja de una parte de sí misma, de su patrimonio
espiritual e histórico, del orgullo de su identidad y de su nombre.
La historia de España, con su ejemplo
emblemático y casi único de fidelidad a Cristo, al Evangelio y a la
Iglesia, sostenida hasta ayer mismo, a pesar de sus fallos, era un desafío
que había durado demasiado y que no podía ser consentido por más tiempo.
Este pueblo se convirtió en objeto de la ira de todos los que han venido
patrocinando una Europa laica y atea, y hemos comprobado cómo en distintos
momentos se ha querido hacer pagar esta osadía, tratando de demoler su
realidad espiritual, cultural e incluso nacional, para homologarnos al
resto de los países que han roto con su tradición cristiana.
Debemos admitir, sin embargo, que esta
crisis no se debe sólo a una oscura estrategia externa, sino que en ello
han tenido también una parte importante nuestros propios errores e
infidelidades presentes. A la amenaza de desintegración de la nación
española ha precedido la quiebra de los pilares sobre los que se asentaba:
los valores religiosos y espirituales, la vida y las convicciones morales,
la familia, el respeto al Nombre y a la Ley de Dios, la identificación con
la fe y el cristianismo: todo aquello que formaba parte de nuestra
historia común. Ellos eran la roca sobre la que secularmente se sostuvo la
realidad de España. Hoy hemos removido esta roca, un poco entre todos, y
nos hemos quedado en el vacío.
Mientras España fue un pueblo de Dios, un
pueblo en el que Dios era el primer servido, tuvo su bendición, y fue
capaz de superar todos los peligros que amenazaron su existencia, desde el
islamismo al comunismo. Hoy tenemos que repetir el lamento del profeta
Baruc (3, 10-11): dirigido a su pueblo: «¿a qué se debe, Israel, a qué se
debe, España, que hayas envejecido tan prematuramente? Es que has
abandonado las fuentes de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de
Dios habitarías en paz para siempre».
Aquí cabe recordar las palabras que Juan
XXIII nos dirigió con ocasión de la consagración de esta Basílica en 1960:
«nos complace alentar a los católicos españoles en su empeño de conservar
íntegro y puro su fecundo patrimonio espiritual. La historia es testigo de
que los altos ideales cristianos dieron cohesión e impulso a sus
antepasados para las grandes empresas, y de que cuando decayeron tales
ideales, se mermaron y debilitaron igualmente los lazos de unión,
poniéndose en peligro su limpia y heroica trayectoria».
España se reconstruirá no sobre alguna
Constitución de papel redactada por hombres, sino sobre la constitución
del Evangelio. El Evangelio suscita no sólo hombres espiritualmente
nuevos, renacidos en el agua y en la sangre de Dios, sino pueblos nuevos
renovados en la savia que da vida al mundo. Entonces un nuevo soplo del
Espíritu hará surgir una nueva raza de místicos, de santos y de héroes, un
nuevo pueblo que reconocerá la soberanía de Cristo, y será nuevamente un
pueblo grande porque «el Señor será su Dios y Dios estará con nosotros».
No es una esperanza gratuita: las únicas realidades que tienen futuro son
precisamente aquellas que hoy resultan despreciadas y excluidas, pero que
llevan en sí el sello y la garantía de Dios.
«El momento es apremiante». Estamos
viviendo tal vez la mayor de las guerras de religión en la que debe ser
herido no sólo el edificio cristiano sino todos los soportes humanos e
históricos que lo sustentan, comprendidas las naciones.
Pero no nos dejemos desalentar: el destino
del Evangelio y del cristianismo, y también el de los cristianos, está
bajo la protección de Dios, de su Madre y nuestra, María, de nuestros
santos y mártires, los del pasado y del presente, de la oración, el
sacrificio y la conversión de todos los creyentes, que no podemos
limitarnos a ser testigos apesadumbrados de lo que sucede sabiendo que
tenemos en las manos este recurso decisivo. «Yo estoy con vosotros todos
los días hasta el fin del mundo».
Es hora de orar con una sola voz: «salva,
Señor, a tu pueblo y bendice a la nación que ha sido tu herencia» (Te
Deum), y de proclamar la realeza de Cristo: «la victoria es de nuestro
Dios que está sentado en el trono, y del Cordero que ha sido inmolado. La
alabanza y la gloria y la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el
poder y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos»
(Ap 7, 10-12).
PLAN IBARRETXE EN MADRID
arriba
Discurso íntegro pronunciado por Mariano Rajoy
en
el Parlamento el 1 de febrero de 2005
Señorías, si no
hubiéramos escuchado las palabras del ilustre representante del Parlamento
Vasco, pudiéramos pensar que lo que hoy nos convocaba era la Reforma del
Estatuto de Autonomía para el País Vasco conforme a las previsiones de la
Constitución. Al menos, esa era la apariencia que se le ha dado para que
pudiera llegar hasta esta casa.
Más he aquí que la
presunta reforma del Estatuto de Autonomía para el País Vasco conforme a
las previsiones de la Constitución, resulta que ni es una reforma, ni
habla de autonomía, ni se acuerda de la Constitución. ¿De qué se trata,
pues? Estamos, según proclama el propio documento y se nos ha recordado
aquí, nada menos que ante un proyecto de pacto político entre
Euskadi y España basado en la libre asociación. ¿Y eso qué es,
señorías?
No entraré en detalles,
pero todos ustedes saben que proclama la soberanía del pueblo vasco,
otorga nacionalidad vasca a sus habitantes, asume competencias exclusivas
del Estado en relaciones exteriores, en justicia, en economía, en
seguridad social, en educación… En una palabra, desmantela toda la
arquitectura del Estado español. No diré que me sorprenda: A nadie que
conozca la vieja Alternativa KAS pueden sorprenderle sus secuelas. Pero
esto es lo que hay, señorías.
Un texto muy ameno,
imaginativo, tal vez un poquito quimérico, que me ha recordado mucho
aquella constitución que elaboró Rousseau para Córcega en la que
distinguía tres clases de corsos: patriotas, ciudadanos y aspirantes.
Pero dejemos esto para más adelante. El caso es que todo el documento,
desde la primera palabra hasta el punto final, se olvida de la
Constitución española. A mí no me choca porque, como acabamos de escuchar,
la voluntad expresa de los redactores ha sido, exactamente, volar fuera de
la Constitución y evadirse de la tutela del Estado, cosa que han logrado
con creces.
Llegados aquí, una de dos
señorías: O algunos responsables políticos no se han enterado de que
cualquier reforma estatutaria que choque con la Constitución carece de
viabilidad, o, por el contrario, lo saben muy bien pero no les importa
perder el tiempo. De hecho, el texto que se nos presenta no sólo entierra
la Constitución. Hace más: se erige él mismo en norma constituyente. Nos
han traído, ni más ni menos, el proyecto de constitución para una Euskadi
Libre Asociada al Estado Español.
Señorías, estamos ante
una llamativa contradicción, porque quien tiene capacidad para elaborar su
propia constitución no tendría por qué acudir a esta Cámara ¿para qué
habría de acudir?; y, sin embargo, quienes ahora se alzan con una
constitución, acuden a ella, ¿por qué? Dicho al revés: quien acude a esta
Cámara es porque no está legitimado para hacer una constitución por su
cuenta y sin embargo la han hecho y además nos la traen ¿para qué? ¿Qué
pretenden: proclamar su independencia con nuestras bendiciones? ¿Cómo se
entiende esto?
Hemos de concluir,
señorías, que lo que nos han remitido, bajo capa de una reforma
estatutaria, es en realidad una petición de reforma constitucional. Lo
que, al parecer, esperan los solicitantes es que nosotros, para evitarles
la descortesía de un desaire, reconozcamos nuestros errores en materia de
soberanía nacional y reformemos la Constitución española de manera que
este adiós a España que nos remiten pueda ser reconocido como hijo
legítimo de la Constitución española. En otras palabras: cambie usted a la
madre para que se parezca a la hija. Si esto es así y dejando a un lado la
sospecha de que nos toman el pelo, me da la impresión de que estamos
alterando el orden natural de las cosas.
El Parlamento Vasco, como
cualquier otro parlamento autonómico, tiene derecho a iniciar el proceso
de reforma constitucional tal y como lo señala la propia Constitución en
sus artículos 87 y 116. No hace falta que nos lo pida. Háganlo ustedes.
Pónganse a trabajar y no pretendan empezar la casa por el tejado. Aborden
primero esa tarea y, si tienen éxito, podrán soñar con su Estado Libre
Asociado.
Además, si no lo hacen
así, resultará lo que ha resultado ahora: que embarcan al Parlamento Vasco
en unos acuerdos sobre materias que no son de su competencia, con lo cual
dichos acuerdos valen lo mismo que un papel mojado. La cámara de Vitoria
no está facultada para imponer cambios en la estructura del Estado o en el
ejercicio de los derechos y libertades ciudadanas.
¿Se permitiría que el
Parlamento Vasco fijara la fecha de las elecciones autonómicas que es una
competencia exclusiva del Lehendakari? No, porque no es competencia suya.
De igual manera que esta cámara (en la que hoy estamos) no puede modificar
unilateralmente el Estatuto de Autonomía de Gernika, o que el Ayuntamiento
de Baracaldo —por seguir con otros ejemplos— no puede aprobar el
presupuesto de la Diputación de Vizcaya. Los acuerdos que tome cualquier
institución en materias que no son de su competencia no valen nada, aunque
los voten el 100% de sus miembros.
Lo cierto, Señorías, es
que el Parlamento de Vitoria se ha tomado atribuciones que no le
corresponden. Lo están proclamando a voz en grito los recursos que se han
presentado ante los tribunales: dentro del país vasco, la diputación Foral
de Álava y en su vecindad las Comunidades de Navarra y de Castilla-León.
Todos por el mismo
motivo: que se toman atribuciones que no les corresponden. A nadie puede
extrañarle que los navarros protesten una vez más del obsesivo acoso
anexionista que perciben constantemente en el nacionalismo vasco. En
resumen, no estamos, como se pretende, ante un proyecto de reforma de un
estatuto de autonomía y, en consecuencia, no podemos aprobarlo como si
fuera lo que no es. Por eso, mi grupo se opondrá a la toma en
consideración.
Lo único que hoy nos
importa de este proyecto es que abandona el marco legal, que es
incompatible con la Constitución, que deroga el Estatuto de Gernika y que
aborda materias que no le competen. Por eso, quienes estamos obligados a
defender la ley mientras la ley no cambie, no lo podemos admitir. A esto
se reduce todo, señorías.
Lo que está en cuestión
esta tarde no es si aprobamos o no determinado documento, sino si en
España se aplica la ley. Y no hay nada más que hablar. Contra lo que temía
el señor Ibarreche, no nos rasgamos las vestiduras, no pisoteamos su
propuesta, no damos portazo alguno ni desairamos a nadie. Todo lo
contrario. Nos conviene a todos, incluido el señor Ibarreche, ser
rigurosos con la ley y respetar los procedimientos.
La libertad, señorías, no
significa disfrutar el derecho a hacer lo que nos plazca sino, como señaló
Montesquieu, el derecho a hacer lo que las leyes permiten. No cabe
libertad fuera de la ley. ¿Es esto el caos como se ha dicho? No. Es la
legalidad. La legalidad en la que se encuadra el Estatuto de Guernica. La
legalidad que da sentido a este debate y también la legalidad que señala
sus límites. Aquí no habrá más caos que el que otros quieran alentar. Y
esto me lleva a la siguiente consideración.
Me he propuesto no
alterar la moderación de mi tono pero, convendrán señorías en que si malo
es el fondo del asunto que nos ocupa, peor ha sido la forma, plagada de
menosprecios y desplantes. No lo digo para cargarme de razón a la hora de
rechazar la propuesta. Sería igualmente rechazable aunque se presentara
con unos modales exquisitos, pero hubiéramos ganado en respeto y en
decoro. No quiero pasar por alto lo que me ha parecido un desprecio grave
a las Cortes españolas.
Señorías, no sólo se nos
exige algo que es ilegal por parte de quien no tiene derecho a exigirlo,
sino que se nos exige en rebeldía. Recibimos un documento que equivale a
una declaración de independencia y yo me pregunto: ¿Cuál es nuestro papel?
¿Se nos informa? ¿Se nos consulta? ¿Se nos advierte? ¿Se nos amenaza? No
lo sé.
Porque se supone que
debemos aprobarlo, pero ya se ha anunciado el propósito de convertirlo en
hecho consumado y, nos guste o no nos guste, convocar un referéndum
ilegal. Se solicita el acuerdo de esta Cámara, pero ya se nos ha dicho que
no se tendrá en cuenta nada de lo que aquí se decida.
La misma propuesta
establece que haya o no haya acuerdo con el Estado español, en el plazo
máximo de seis meses desde la entrada en vigor del nuevo estatuto —es
decir desde que decidan publicarlo en el Boletín Oficial del País Vasco—,
el Estado Asociado comenzará a ejercer en plenitud y sin excepción
todas las potestades, funciones y servicios. ¿Qué clase de farsa es
esta?
Señorías, pretender que
tomemos en consideración algo que ya se ha determinado llevar a cabo en
cualquier caso, sólo se puede calificar de desfachatez. Una desfachatez
revestida de hipocresía, de exigencias de diálogo, de espíritu
constructivo, de relaciones amables y de no sé cuantos perifollos más para
disfrazar las intenciones verdaderas. Se nos exige diálogo.
Nos lo exige quien rompe
los acuerdos, se salta la ley, disfraza sus intenciones, dinamita el
consenso, nos presenta deliberadamente un proyecto inadmisible, y nos
amenaza con hechos consumados. ¿Dónde está esa voluntad de diálogo?
¿Diálogo sobre qué señorías? ¿Sobre un fraude de ley? ¿Sobre una
desfachatez? ¿Sobre cómo establecemos un régimen de castas en el País
Vasco?
Los promotores de este
plan no buscan el diálogo, sino el acatamiento. No reclaman un debate,
sino la claudicación. Nos traen el certificado de defunción de nuestras
normas de convivencia y pretenden que pactemos el tipo de entierro.
Confieso, señorías, que
si hubiera estado en mi mano, no celebraríamos este pleno. Como saben
ustedes propusimos a la Mesa de esta Cámara un procedimiento que, en
nuestra opinión, se adecuaba mejor a la legalidad. Ahora bien, una vez que
estamos aquí, no seré yo quien rechace la oportunidad de dialogar.
Hemos reservado toda una
tarde para el intercambio de razones y nadie podrá decir que ha faltado el
diálogo. Tal vez, a algunos este diálogo les parezca breve, pero es que el
asunto no da más de sí. Yo creo en el diálogo como instrumento para el
acuerdo. Pero exijo buena fe, respeto a la ley y lealtad al interés
general. De eso se trata. Yo creo en el diálogo, pero reconozco que será
muy difícil cualquier clase de entendimiento mientras los promotores de
este plan no corrijan algunos malentendidos. Porque se empeñan en imponer
unos supuestos que no todo el mundo comparte.
Si no les entiendo mal,
defienden que el Pueblo Vasco es soberano, que es el único legitimado para
decidir sobre su futuro y que estableció un pacto con el Estado en 1979,
el cual ha sido traicionado. Creo que esto lo consideran un dogma y, desde
luego, lo defienden y lo difunden como tal.
Tienen derecho a pensar
lo que quieran, pero no les conviene equivocarse respecto a los demás: no
debieran dar por hecho que tienen razón, que todos vamos a compartir sus
creencias y que vamos a convertirlas en leyes. Eso no sería posible, no
sería razonable y, sobre todo, no sería justo.
Si no modifican esos
planteamientos o los guardan en el armario de las ilusiones remotas, como
hemos hecho todos en lo que nos toca, no vamos a poder entendernos. Les
diré por qué, señorías: En primer lugar porque ya no vivimos en el siglo
XVIII.
Todo el mundo tiene
derecho a cultivar conceptos antiguos pero no se puede pretender que una
democracia moderna los comparta. Porque son conceptos que la Ilustración
desterró del lenguaje político y del derecho público hace 200 años,
señorías (En España, con las Cortes de Cádiz). Con la democracia
contemporánea nació el ciudadano, el individuo, como sujeto de derechos y
deberes. Nació la igualdad. Y el viento de la historia se llevó todos los
vestigios del Antiguo Régimen, es decir, los presuntos derechos de
pueblos, clanes, tribus o parroquias.
La Constitución que
compartimos, la que da sentido a esta sesión, no admite que nada se alce
sobre los derechos de la persona ni que un pueblo tenga más derechos que
un ciudadano; no consiente que ninguna creencia (laica o religiosa)
recorte la libertad individual y no tolera diferencias entre los
individuos porque, ante la Constitución, todos los españoles son iguales
independientemente de su sexo, raza, religión, lengua o ideología.
Yo creo que quienes han
redactado este texto pueden comprender que cualquier reforma que pretenda
recortar la libertad de los ciudadanos invocando los presuntos derechos
indefinidos de un pueblo metafísico tropezará con muchas dificultades en
esta Cámara. Es muy importante que esto quede claro para que podamos
entendernos. Porque este es el lenguaje de la democracia. Todo lo demás es
mitología.
Lo mismo ocurre,
señorías, con el concepto de soberanía. En España, como recoge la
Constitución, no existe más nación que la española. Dicho de otra manera:
en España solamente hay un cuerpo ciudadano que esté legitimado para
elaborar una constitución, es decir, para constituirse en Estado: el
conjunto de los españoles.
En España, la soberanía,
la única autoridad que no tiene que dar cuentas a nadie por ser soberana,
la encarna el conjunto de los españoles y se expresa a través de las
urnas. No existe otra. Esta soberanía, esta autoridad suprema, estableció
que el País Vasco podía constituirse en Comunidad Autónoma, le fijó las
normas y le señaló un ámbito vasco de decisión, que por cierto es
riquísimo. En efecto, existe un ámbito vasco de decisión para todas
aquellas cosas que ha autorizado la soberanía nacional y mientras las
autorice. No hay otro.
Estoy recordándoles,
señorías, algo que es obvio aunque algunos hagan como que no oyen: el País
Vasco no es patrimonio privado de nadie. Todos los españoles tienen
derecho a decidir sobre su presente y sobre su futuro, del mismo modo que
todos los españoles, incluidos los vascos, tienen derecho a decidir sobre
el futuro de Murcia o de Melilla. De hecho, todos los días tomamos
decisiones en esta Cámara sobre cosas que afectan a cualquier rincón de
España.
Nosotros, las Cortes,
representamos a esa soberanía nacional. El señor Ercoreca, también. Y la
señora Lasagabaster, también. Porque ninguno estamos aquí en
representación de nuestro pueblo sino en representación de todos los
españoles. Esto no es una lonja de contratación ni una casa de subastas.
Aquí no venimos a dirimir pleitos privados. Cada uno de nosotros
representa a todos los españoles, es decir, a la soberanía nacional.
El Parlamento vasco
representa a su vez la voluntad de los ciudadanos vascos. Sí. Pero sólo en
aquellas materias que le competen, es decir, en aquello que le ha confiado
la soberanía nacional para que lo administre. He dicho confiado y he dicho
bien, porque estamos hablando de una relación de confianza. Yo sé que esto
choca frontalmente con algunas ideologías, pero esta es la ley. Estas son
las reglas que todos hemos jurado respetar y defender. Todos.
Es muy importante que se
respete la ley y que nadie la tome a beneficio de inventario. Cuando algo
no nos gusta, el camino legítimo para cambiar las leyes no consiste en
suplantar a la soberanía nacional, sino en persuadirla para que las
modifique. Todo lo contrario de lo que hace y preconiza el señor
Ibarretxe.
Sólo quienes sean capaces
de convencer a los españoles, o a quienes les representamos, para que se
hagan las cosas de otra manera pueden lograr una ley que coincida con sus
pretensiones. Esto es el abc de todas las democracias contemporáneas,
incluida la española.
Un tercer mal entendido
se refiere al referéndum. Señorías, ni siquiera el presidente del Gobierno
puede convocar un referéndum sin la autorización de estas Cortes. Menos
puede hacerlo ningún presidente de comunidad autónoma, y si alguno lo
hace, prevarica, es decir se sitúa fuera de la ley.
No sé de qué se sorprende
el señor Ibarretxe si es que habla de buena fe. Él sabe perfectamente que
no está facultado para convocar un referéndum. Tampoco lo está para dictar
sentencias en los tribunales u operar de apendicitis. La ley no se lo
permite y no creo que le moleste. Ser el representante del Estado no
conlleva poder suplantar al Estado. Al contrario, le obliga a ser el
primer garante de la legalidad. No olvidemos que ocupa un cargo
constitucional y que su legitimidad se basa en la confianza que en él
deposita la soberanía nacional.
Si no aceptamos esto,
todo diálogo será imposible, señorías. Lo cual no significa recurrir a las
tortas. Ni mucho menos. Esto es un Estado de Derecho basado en el imperio
de la ley. Entre nosotros, para quien abandona la senda legal basta con
los tribunales.
Personalmente, señorías,
no tengo miedo al resultado de un referéndum y menos en el País Vasco. Lo
que temo es que no se respete la ley, que se sienten precedentes, que
cunda la impresión de que en este país las normas no se respetan y la
autoridad no ejerce.
Señorías, con el mismo
afán de poner las cosas en claro, debo corregir a quienes difunden la
fantasía de que existe un pacto entre el Estado y el País Vasco. No existe
tal pacto. Nunca ha existido y supongo que nunca existirá. Eso es una
entelequia propia de las creencias, la ideología y la propaganda de los
redactores del proyecto que hoy analizamos.
Yo no soy responsable de
que algunas creencias no coincidan con la realidad. Es un problema que
arrastran aquellas ideologías del siglo XIX que no han querido
actualizarse. No se lo reprocho, pero no me culpen a mí por tener los pies
en el suelo y vivir en el siglo XXI. En fin, señorías, por terminar con
esta modesta iconoclastia de mitos sin fundamento que entorpecen cualquier
diálogo: no es cierto que los españoles rechacemos algo que los vascos
demandan. Eso no es verdad. La verdad es que esta Cámara va a rechazar una
propuesta que ni siquiera los vascos aceptan.
Quien ha dicho ya que no
a este plan es la ciudadanía vasca. Son los vascos. Los autores del plan
que hoy se nos presenta no han sido capaces de lograr un acuerdo amplio en
el País Vasco. Nos han traído el presunto proyecto de reforma sin
consenso, con el apoyo de sólo el 52% de los parlamentarios, es decir, con
una mayoría cogida por los pelos. Esto, en términos de censo electoral, no
pasa del 41%.
¿Qué sucede en el País
Vasco? ¿Por qué un proyecto de estas características no logra mayor
respaldo, incluso un apoyo entusiasta de la mayoría de la población, como
ocurrió con el Estatuto de Guernica? ¿A qué lo atribuye el señor
Ibarretxe?
Miren ustedes, sin salir
de esta sala, entre los diputados que proceden del País Vasco, que viven
en el País Vasco, ocho van a votar a favor pero once, es decir, más, van a
votar en contra. Y son todos vascos.
No estamos ante un
desafío entre España y el País Vasco. Estamos ante una gravísima fractura
de la sociedad vasca que este proyecto pretende convertir en una
gigantesca injusticia. Porque la intención clara de quienes defienden este
plan es crear un marco en el que una mitad se impone a otra mitad; unos
vascos, tal vez de primera, imponen antidemocráticamente a todos los
ciudadanos algo que no tienen derecho a imponer y que los ciudadanos
tienen derecho a rechazar, aunque el ejercicio de ese derecho les pueda
costar la vida a algunos.
A los vascos no les gusta
este plan, señorías. Tratar de imponérselo sería una injusticia que
nosotros no secundaremos jamás. Jamás. Y, además, constituye una
deslealtad. Algunos fingen que no se dan cuenta, pero el proyecto que hoy
nos presentan constituye una grave deslealtad con el consenso que supo
articular ese Estatuto de Guernica que ahora pretenden derogar.
Una deslealtad con la
soberanía nacional porque aquel estatuto estableció, con una gran
generosidad, una comunidad política que no había existido nunca en la
historia. Una deslealtad con la población que le prestó apoyo universal
porque representaba una enorme esperanza de convivencia en tolerancia y en
paz; porque era un estatuto en el que cabían todos los vascos.
Esto es lo que ahora
pretende traicionar esta tentativa de ruptura, este programa excluyente,
esta maniobra que deja en la calle a la mitad de los vascos. ¿Cómo van a
querer los ciudadanos un proyecto que establece un régimen de castas?
Precisamente, donde más resplandece el pelaje antidemocrático de la
propuesta es en lo relativo a la nueva situación de los ciudadanos; en esa
distinción que se proponen realizar entre ciudadanía y nacionalidad
vascas.
Por fin van a poder
diferenciar algunos entre los vascos nacionales y los españoles errabundos
sin nacionalidad vasca; entre los de casa y los de fuera; los propios y
los ajenos; los justos y los prescindibles… ¿Qué lectura piensan ustedes
que puede hacer ETA de estas premisas? Hablo de ETA, sí. Porque ETA
interviene mucho en esta historia. Durante toda la transición ETA y no el
PNV ha sido la fuente en la que ha bebido el irredentismo vasco. ETA ha
establecido las metas que otros aquiescentemente, han convertido en
programas.
¡Claro que hablo de ETA!
No sólo porque ETA es la inspiradora del proyecto que otros han puesto por
escrito, tras romper en Estella el consenso de la sociedad vasca en torno
al Estatuto de Gernika. No sólo porque ETA ha prestado sus votos para este
viaje. No sólo porque ETA contribuye al éxito del plan amordazando a la
mitad de la población vasca.
Para nosotros, además,
los terroristas están muy presentes porque son responsables de casi mil
asesinatos cuya memoria no queremos ultrajar. Ocurre que los han matado,
precisamente, porque estorbaban las mismas pretensiones que este proyecto
recoge.
Los han matado porque no
hemos atendido las exigencias de los terroristas. Los han matado porque
representaban unos valores que ahora se quieren desterrar del País Vasco.
No podemos olvidarnos de ellos. ¿Qué le hace pensar a nadie que aquello
que no permitimos que nuestros asesinos arrebataran porque era ilegal,
injusto, incivil… ha dejado de importarnos?
Quienes promocionan este
plan parece que no se dan cuenta, pero con lo que ahora nos exigen, vienen
a decirnos que todo nuestro esfuerzo ha sido inútil; que las mil víctimas
de ETA estaban equivocadas; que todos han muerto en balde: los guardias
civiles, los policías, los jueces, los militares, los empresarios, los
concejales…; que Enrique Casas, Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco,
Fernando Buesa y tantos otros… estaban ofuscados; que tenían razón sus
asesinos fanáticos; que tuvieron que matarlos porque nos habíamos obcecado
y, en fin, que podíamos habernos ahorrado mucha sangre si hubiéramos sido
más flexibles.
¿Eso es lo que quieren
decirnos? ¡Pues no, señor! No se han equivocado. No han muerto en vano y
no vamos a traicionar su memoria. No han sido ellos los equivocados.
Tampoco lo es esa mitad de vascos que rechaza esta propuesta injusta.
Por cierto, señorías,
¿qué pasaría con ellos si esto se aprobara? ¿Qué deberían hacer los vascos
que lo rechazan, es decir, la mitad? ¿Irse? ¿Callarse? ¿Y si no se
callaran? ¿Y si pretendieran que sus derechos individuales son más
importantes que los de no sé qué creencia?
¿Qué haría ETA en ese
caso? ¿Qué dispondría contra quienes enturbiaran la presunta marcha
triunfal del presunto pueblo? ¿Cuánta sangre correría en el País Vasco si
algunos se salieran con la suya? ¿A esto le llaman paz? ¿A esto se
refieren cuando hablan de una oportunidad para la paz? ¿Qué clase de
oportunidad sería esta?
La paz, dijo Cicerón, es
una libertad en calma. Una libertad, señorías. A algunos les
parece que este proyecto la proporcionará. Sin duda lo hará con algunos,
por ejemplo, con los que ya viven en paz y no necesitan escoltas. Para
todos los demás, ese proyecto no contiene ni un gramo de libertad. No
habrá libertad en el País Vasco, señorías, ni habrá paz, mientras exista
ETA.
Y cuando ETA desaparezca
y todos los vascos respiren libertad, entonces, señorías, nadie tendrá que
poner precio a la paz, porque estaremos habitándola. De esto no tengo
duda. Mi duda es si a esa paz, ¡que llegará!, habrá contribuido el señor
Ibarretxe. Yo voy a ayudarle rechazando su plan.
Termino, Sr. Presidente.
Fíjense, señorías, en el contrasentido de que hoy estemos debatiendo sobre
un proyecto que pretende romper nuestro ámbito de convivencia, y dentro de
unos días acudamos a las urnas para ratificar la unidad de los europeos.
El mundo en general, y
Europa en particular, asisten a procesos de unión y no de ruptura; a sumas
que no a restas. Y, sin embargo, aquí estamos nosotros debatiendo sobre
esta regresiva propuesta, contraria a las tendencias de nuestro tiempo y
que ni siquiera tiene hueco en la Unión Europea.
Señoras y señores
diputados: Rechazar este plan, como he dicho antes, no significa propiciar
el caos sino fortalecer la legalidad. Porque el País Vasco cuenta con una
norma legal muy sólida, el Estatuto de Guernica que —aunque parece que
algunos lo olvidan— continúa vigente.
Es bueno recordar que
este Estatuto obtuvo el apoyo de más del 90% de los electores vascos.
Ésta, señorías, es la mejor regla para medir la calidad de cualquier
proyecto de convivencia: la conformidad de los afectados. Mucho más en una
sociedad dividida. No debiéramos ni siquiera tomar en consideración
ninguna propuesta que no contara con un grado de apoyo semejante.
Con este criterio,
señorías, hemos de reconocer que no existe hoy mejor estatuto para el País
Vasco que el Estatuto de Guernica. No entiendo de dónde proceden tantos
afanes, más o menos arcangélicos por reformarlo.
En el País Vasco hay
asuntos mucho más apremiantes para resolver. Lo que necesita urgentemente
la sociedad vasca no son reformas estatutarias sino libertad; no, planes
que nadie demanda —los hagan unos, los hagan otros o sean intermedios—
sino vivir en paz; no, fomentar los malentendidos sino garantizar la
igualdad de todos los ciudadanos; no, que pongamos nuestro empeño en
cortejar al irredentismo sino en liberar a una sociedad secuestrada por
los violentos.
En resumen, señorías, el
plan para la supuesta reforma del estatuto del País Vasco que nos ocupa,
no cumple los requisitos que exige la ley, es incompatible con la
Constitución y, en consecuencia, debe ser devuelto al Parlamento Vasco.
No respeta la
Constitución Española porque no reconoce la soberanía nacional, ni toma en
cuenta el reparto de competencias establecido, ni acepta la igualdad de
los españoles, ni garantiza la preeminencia de los derechos individuales.
Para colmo, no se ocupa de la autonomía sino de la independencia. La libre
asociación al Estado Español no es más que un aderezo retórico para
resguardar la permanencia en la Unión Europea.
Nos están pidiendo algo
que no puede ser a sabiendas de que no puede ser. Tal vez piensan que
ganan algo con pedirlo. No lo sé. Nosotros vamos a cumplir con nuestro
deber al negarnos.
Muchas gracias.
EL “MUNICH ESPAÑOL”
PUDIERA ESTAR EN CURSO
arriba
La espectacular noticia surgida en la tarde del
27 de julio entusiasmó al amplio sector de comentaristas devotos de lo
aparente pero incapaces de desentrañar lo trascendente que subyace bajo
las apariencias; así, todo fue alegría entre tales “analistas” al
conocerse ésto: España y Marruecos constituirán entre ambas una unidad
militar –de efectivos prácticamente iguales, unos 100 soldados cada una-
que bajo mando español (¡otro motivo de regocijo!) marchará a Haití
respondiendo a la petición de la ONU.
Corolario obligado de los filo-socialistas y de
los papanatas fue el que cabía esperar entre tan insignes analistas: con
Aznar la tensión entre España y Marruecos tuvo ribetes de tragedia por
culpa, obviamente, del talante violento de Don José María; con Zapatero
esa tensión ha desaparecido, todo es entendimiento y armonía; de ahí esa
inesperada cooperación incluso en materia militar.
El trasfondo es bien diferente: al haber
renunciado España a defender el “Plan Baker II” para el Sahara Occidental
por causa de los “consejos” de Francia y de Rabat, la ignominia sobre el
pueblo saharaui está decidida, y a éste no le queda más porvenir que ser
miembros de una colonia de Marruecos. En premio, Marruecos nos concede el
alto honor de poner á 100 de sus soldados bajo mando español en Haití.
De nada sirve recordar a nuestros comentaristas
que tan solo 4 ó 5 días antes el Presidente del Gobierno marroquí advirtió
que Marruecos no renuncia a Ceuta y a Melilla. Y de menos aún serviría
recordar a Zapatero, a Moratinos y a la Vicepresidenta 1ª de nuestro
Gobierno, que con un Sahara definitivamente marroquí los flancos Sur y
Este de todo el Archipiélago canario quedarán geoestratégicamente al
descubierto. E ítem más: que en cuanto Rabat haya “deglutido” el Sahara -2
ó 3 años, no más- se volverá contra Ceuta y Melilla. ¡Pero que importancia
tiene todo esto si Zapatero puede ser calificado ya como “El Pacificador”!
que, además, ha logrado que 100 soldados marroquíes estén bajo mando
español… en Haití, ¡ahí es nada…!
En “Cuadernos de Encuentro”, desde hace casi un
año y muy especialmente desde que el PSOE gobierna (y desde un año antes,
desde cuando expuso su política “nacional” de defensa) el tema
Sahara-Marruecos-Magreb-Canarias se ha estudiado hasta la saciedad por
verdaderos analistas porque entendemos –y particularmente creo- que es el
gran problema geoestratégico español, el gran reto que en cuestiones
defensivas tenemos. No guía ningún afán belicoso pues bien al contrario lo
que unos y otros defendemos es el evitar una irremediable confrontación
militar con Marruecos si nuestros políticos no ven la necesidad, no saben
(o temen) demostrar firmeza ante un Marruecos con tales afanes
imperialistas que hacen inútiles, a medio o largo plazo, cualquier
política de apaciguamiento, de consenso ficticio o de unas continuadas
concesiones que la Historia ha demostrado no satisfacer de una vez por
todas ese imperialismo alauí.
Me temo que a escala magrebí, España esté a punto
de imitar a Gran Bretaña y a Francia cuando en 1938 firmaron con Hitler el
“Pacto de Munich”; un pacto que con gran clarividencia denunció Churchill
con frase histórica; un pacto que permitió a Hitler preparar durante poco
menos de un año su gran ofensiva. Teóricamente, Hitler solo pedía Danzig;
Marruecos, también aparentemente, “solo” pide el Sahara, pero
presionando desde éste a Canarias lo que hará será hacer la vida imposible
a Ceuta y a Melilla. Y ante tal tesitura –más que aleatoria- tan solo
caben dos actitudes: ceder indignamente (pudiéndose llegar hasta la
traición según sea la “negociación” con “algún” mediador europeo)
o por mantener una actitud digna –consecuencia de no haber previsto o
creído que se llegaría a ello- tener que responder militarmente. La
“opción europea” elegida por Zapatero al romper con USA –léase Francia-
nos presionaría para elegir lo primero pues en modo alguno nos respaldaría
en lo segundo; lo de Perejil lo demostró.
¡Pero vaya usted a explicar todo esto a un
Zapatero embriagado con sus “triunfos” y ensoberbecido con sus propias
elucubraciones carentes del más mínimo realismo!
RAMIRO SOLANA
LA ESPAÑA FALSIFICADA
arriba
Aunque la prensa española no lo ha
señalado, el PIB por habitante de nuestra nación, en euros homogeneizados
por el poder adquisitivo, ha superado en el año 2003 los 20.000 euros,
según las cifras de Eurostat. No van por otro lado los últimos datos
ofrecidos por Angus Maddison desde la OCDE, los de Julio Alcaide en FUNCAS
o los recientes del Banco de España. Como al mismo tiempo la distribución
personal de la renta, según las estadísticas del Banco Mundial nos
homogeneiza con la Europa occidental –“también en esto hemos dejado de ser
diferentes”, señaló el citado Julio Alcaide-, España, en todos los foros,
es reconocida como un país industrializado de alto nivel de vida.
Si se pretende presentar, por eso, un
panorama fotográfico de lo sucedido de 1900 a 1980que sea, en palabras de
Alicia Moreno, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, “un espejo
con memoria”, capaz de imitar a aquel stendhaliano que “transita a lo
largo de la historia de un país que ha crecido y que, no obstante,
permanece reconocible”, se precisa, cabalmente, que la selección sea
totalmente diferente a la que patrocina Alicia Moreno. Lo que esta
concejala presenta no va precisamente por ahí. Los economistas echamos
mano, de modo inmediato, para ver si un país ha cambiado radicalmente, o
no, de un índice bastante indiscutible que se encuentra detrás de lo
señalado al principio: el incremento del Producto Interior Bruto por
habitante (PIB p.c.). En pesetas constantes de 1995, tal como, de modo
científicamente indiscutible, ha ofrecido Leandro Prados de la Escosura en
su libro “El progreso económico de España (1850-2000)” (Fundación BBVA,
Bilbao, 2003) para el periodo, 1900-1980, el PIB p.c. español se ha
multiplicado por 5’2. En el mismo periodo, el de Francia se ha
multiplicado por 5’3; el de Alemania, por 4’7; el de Gran Bretaña, por
2’9; el de Italia, por 7’4; el de Estados Unidos, por 4’5. Tener algo mas
de cinco veces a disposición de cada español la suma de bienes y servicios
de 1900 fue realmente revolucionario, porque este incremento de poder de
compra tiene lugar, además, en medio del alud de descubrimientos que se
desarrollaron en esos ochenta años, fruto de la Revolución Industrial, lo
que provoca una resultante ciertamente impresionante.
Por tanto, esto tiene que recogerse en las
fotografías si éstas quieren exponer la verdad de España. En el Centro
Cultural de la Villa, en Madrid, del 31 de mayo al 18 de julio de 2004 se
exhibe esa exposición, titulada “Fotografías y arte. Variaciones en
España. 1900-1980”, que se presenta de manera elogiosa por la mencionada
Concejalía de Cultura. Revísense todas ellas. La que se retrata es la
España terrible y cierta que Lucas Mallada encontró en las vísperas de
1898, pero nada de la actual. Ya la agricultura es otra; ya no hay
emigrantes sino inmigrantes; ya el vestido de las mujeres es análogo a las
de cualquier país próspero europeo o norteamericano y los trajes
regionales se emplean sólo para alguna fiesta entrañable; ya el alud de
automóviles modernísimos nada tiene que ver con lo que en esas fotografías
se recoge de viejos y renqueantes ejemplares mezclados con carros; ya la
seguridad social y los servicios sociales han eliminado las imágenes de
pobres tarados implorando limosna; ya la vivienda en los barrios es otra y
al pie de las casas todas no se ven solares con escombros, sino
automóviles; ya los mercados rurales ‑consúltese el de Pola de Siero o el
de Jerez de los Caballeros- enlazan con los compradores a través de
ordenadores; ya la pareja de la Guardia Civil va ataviada de otro modo; ya
en las playas los atuendos son totalmente diferentes; ya las Misiones
Pedagógicas actualmente carecen de sentido y los “atónitos palurdos” se
han esfumado; ya se sabe que la obra de Gladkov “Cemento”, era una colosal
mixtificación; ya conocemos todos que la propaganda comunista era una
mezcla de cursilería modernista y engaño inmenso; ya están hartos en Las
Hurdes de indicar cómo el libro de Armando López Salinas y Antonio Ferrer,
“Caminando por Las Hurdes”, nada tiene que ver con lo que hoy sucede; ya
los gitanos poco se asemejan en su aspecto exterior con lo que aquí se
fotografía.
¿Para qué se ha hecho esta exposición?
¿Como una especie de tremenda añoranza de la España negra que así permitía
continuar con eso de que una de las dos Españas nos helaría el corazón?
¿Por qué molesta a los fotógrafos extranjeros y nacionales aquí exhibidos
contemplar una España en forma, y de modo estulto –hay que decirlo claro-
la realidad actual parece que debe colocarse bajo la envoltura de unos
niños rurales con aspecto entre curioso e imbécil análogos a los de la
película de Buñuel, «Hurdes, tierra sin pan», por cierto manipulada
en muchas escenas, como la del burro muerto? ¿Por qué no se exhibe ni un
sola fotografía así, ni una sola, que presente la verdad de la España de
1980?
Sólo se puede calificar con una palabra esa
exposición: la de lamentable.
JUAN VELARDE FUERTES
EL ABOMINABLE ASALTO AL PODER JUDICIAL
arriba
Javier
de Echegaray
jechegaray@siapi.es
De manera escalonada se ponen de
manifiesto problemas puntuales en el proceso de adaptación del poder
judicial “al signo de los tiempos” (que dirían los meapilas de la
progresía). Problemas que, cada uno en su momento, han ido llamando la
atención de los sectores vinculados y de los críticos en general.
Como de costumbre y desde que a
principios del siglo XIX (1.837) se inició la ininterrumpida serie de
contumaces intentos (algunas veces con éxito) de instauración de los
jurados, el establecimiento de esta curiosa institución en nuestros días
(en aplicación de lo dispuesto por la Constitución española de 1.978 pero
que no llega a formalizarse hasta las postrimerías del gobierno
socialista) ha provocado críticas, ha despertado temores y ha generado
alegatos en pro y en contra que, a mi entender, no llegan a tocar la
médula de su inoperancia, posiblemente porque ponerla de manifiesto no
resulta “políticamente correcto”.
Muy en especial, se levantan las
voces de rechazo después de conocidos los veredictos escandalosamente
antijurídicos que distorsionan el concepto de justicia, de casos como el
de Miguel Otegui, Dolores Vázquez y algunos otros que causan alarma social
por lo escandaloso de sus desaciertos.
Nada quiero yo añadir a tantas opiniones (muchas de ellas muy
autorizadas) como se han levantado en la crítica a las actuaciones de tal
institución en los casos mencionados y algunos otros que no han adquirido
la popularidad de ellos. Muy en especial, mi querido maestro Ismael
Medina, ejemplo de ensayista y comentarista con muy amplios conocimientos
sobre las coordenadas en que se mueve la política nacional e internacional
hoy en día, acierta con una crítica muy puntual en uno de sus últimos
artículos, publicado en “La Noticia Digital” (“¿Es el jurado una
institución judicialmente válida, o una superstición política?”) y que yo
tuve ocasión de leer y bajar el día 19 de octubre próximo pasado. Si
cualquiera de mis lectores desea ilustrarse acerca de los empeños que
reiteradamente y desde la fecha de primera instauración se han realizado
con tozudo empeño cerril; de la ideología que siempre los ha traído; de la
terquedad de sus valedores, después de las amplias y generalizadas
críticas que ha merecido por parte del propio Poder Judicial que había
consentido su implantación, en cada período en que ha estado vigente, le
remito a ese magistral artículo en el que podrá conocer con precisión
documental todos estos avatares. E interpreto que Ismael Medina, al
concluir que se trata de una “superstición política” da a esta palabra el
sentido de creencia fanática que, por serlo, se trata de imponer con
contumacia.
Pero creo que conviene aportar,
como crítica al jurado, algo que no tiene la calidad técnica de un
enjuiciamiento científico pero que, a mi modesto entender, constituye uno
de sus principales defectos: la capacidad formal de un jurado, elegido al
albur de una selección tal y como se prepara la de sus miembros, para
emitir veredictos de inocencia o culpabilidad en los casos que les son
encomendados.
Creo que no tengo que hacer
esfuerzos para convencer a cualquier persona de buena fe de que la
impartición de justicia es una de las funciones más delicadas que puede
ejercer el hombre, si quiere hacerlo con una mínima seguridad jurídica. De
ahí las dificultades especiales que en todas las épocas ha revestido la
preparación de las oposiciones a judicaturas, los amplios conocimientos
técnicos que se exigen y la formación moral que se requiere para esta
función. Aún siendo así, conocemos los problemas de conciencia con que a
veces tropiezan los jueces de carrera para emitir veredictos y formular
sentencias. Su formación no se agota con estudios tan concienzudos y
profundos, sino que se extiende con las experiencias que un juez va
adquiriendo en juzgados de tercera, en villas de escasa población y en los
sucesivos encargos que le van haciendo conocer la función diaria del
enjuiciador y le preparan en los aspectos morales y científicos que en el
desarrollo de su profesión va adquiriendo; y en el debido estudio a que
cada caso le obliga.
Y siendo tan clara la dificultad
de un ejercicio en el que solo debe de emplearse a personas con una
preparación muy superior en materia de leyes y con conceptos morales,
éticos y de principios muy elevados, causa extrañeza que determinadas
tendencias políticas (siempre amorales) pongan tantísimo empeño en la
existencia de una institución que se caracteriza precisamente por lo
contrario: por designar para esta grave función (aunque no sea más que la
de emitir el veredicto, ella configura la culpabilidad o inocencia de un
procesado y fuerza la sentencia) a personas completamente legas en los
complicados recovecos de la justicia. Sucede que algunos elegidos
adquieren de inmediato conciencia de su propia incapacidad y procuran por
todos los medios zafarse de la responsabilidad que gratuitamente se les
otorga en su designación y que pesa sobre sus conciencias como una losa.
Hasta tal punto que ha provocado que la selección del jurado haya de ir
unida a normas formales de obligado cumplimiento de la función asignada
con objeto de no tener que hacer interminables estos procesos de
selección. Ello acompañado del dispositivo social que inculcan a las masas
de que se trata de una función necesaria que obliga a su ejercicio so pena
de graves problemas morales de incumplimiento de los deberes ciudadanos.
Pero es igual: apenas se determinan los casos en los que está justificada
la incompatibilidad de una persona para formar parte de un jurado, el
amparo en estos supuesto se multiplica y cualquier persona con un mínimo
de conocimientos y de responsabilidad se cobija en ellos para evitar algo
que es de por sí desagradable o contrario a la propia idiosincrasia de la
persona. Así sucede, por ejemplo, con la exención que se produce por tener
ideas preconcebidas sobre un determinado juicio: he visto numerosos casos
en los que a la pregunta de si tienen formado juicio previo sobre el caso
que va a juzgarse, el electo responde con firmeza que cree que el reo es
un desalmado que merece que caiga sobre él el peso más absoluto de la Ley
y que está dispuesto a proclamar su culpabilidad a todo evento. Con lo que
queda automáticamente descartado como posible jurado. De manera que las
deficiencias de la institución se multiplican: porque, finalmente, son las
personas con mayor formación las que se dan cuenta de su incapacidad para
emitir un veredicto judicial; y solo los más iletrados admiten integrarse
por el atrevimiento que confiere la ignorancia, por un prurito de
protagonismo, por los beneficios materiales que piensa obtener de su
actuación… Y resulta finalmente que las conformaciones del jurado quedan
limitadas a los menos capacitados de cuantos se hayan podido elegir.
Otro tema de importancia es el
de la vocación. Hemos de suponer que la persona que, finalizados sus
estudios de derecho, se decanta por una tan dura oposición como lo es la
de judicaturas (cuya relación sueldo/dificultad es muy desventajosa
respecto a otras oposiciones más llevaderas) tenga un alto grado de
vocación. Y estamos seguros de que la vocación es un elemento que
configura de manera determinante la capacidad de veredicto y sentencia que
son propias de un juez.
Uno se pregunta, después de un escarceo por las opiniones más
autorizadas en torno a los jurados populares, quienes, por qué y con qué
fines se atrincheran en el empeño contumaz de la instauración de tan
lamentable institución, después de conocer una historia en la que solo
existen fracasos, desmanes y desastres; después de observar que no existe
ninguna experiencia de las muchas que llevamos ya sufridas que pueda
aportar ni un gramo de materia positiva a su justificación.
Este es, a mi entender, el eje fundamental sobre el que gira
la oscura historia de los jurados y del terco empeño en traérnoslos.
Mirado el problema con mayor amplitud, su entidad no se ciñe a
la mera existencia de los jurados populares. Se trata de muchos otros
escalones que se recorren en cada proceso revolucionario o democratizador
tendentes al desguace de la institución judicial en su conjunto. Y creo
que la única forma de conocer la amplitud del intento y la profundidad de
su calado y, por tanto, de llegar a conclusiones que no sean parciales, es
la de enfocarlo en su complejo ámbito. Y esta es la aportación que me
gustaría hacer hoy (si mi pobre entendimiento lo consigue) al
enjuiciamiento global de este complicado problema.
Digámoslo sin ambages, aunque entre dentro de lo
“políticamente incorrecto” (expresión tan estúpida como tantas otras pero
bajo la que se ampara una sediciosa prohibición no escrita de hablar de
“determinadas” cosas): la institución del jurado popular, igual que el
resto de acciones tendentes al desmantelamiento de las estructuras
judiciales que conforman la seguridad jurídica de un país, ha venido
siempre de la mano de procesos revolucionarios, democráticos o de
cualesquiera otros sistemas políticos y sociales con los que nos ha
asediado la “progresía” (auténticos “regresivos” en su sentido más
literal). Y sigamos sin disimulos para determinar, aunque ello suponga que
somos política, social y filosóficamente “incorrectos”, “incorrectísimos”,
que quien ha alentado estos procedimientos de desarme del poder judicial
de cada nación, ha sido la masonería. De los muchos escritos que han caído
en mis manos y que pueden ser atribuidos sin lugar a dudas a las
hermandades masónicas, carbonarias, iluministas o de cualquier otra forma
críptica pero todas ellas reunidas en torno a un mismo tronco común y con
finalidades alertadoramente idénticas, no pocas de ellas contienen
consignas entre las que menudean instrucciones para conseguir, como
primeros objetivos en la conquista de un Estado, las carteras
ministeriales de Justicia y de Instrucción.
Dejemos lo de la instrucción para otro comentario que, por
cierto, sería del mayor interés. Y nos centraremos en lo del asalto a las
instituciones judiciales del Estado. Debo de remitir al curioso que sienta
un interés especial por ilustrarse en estas cuestiones, a las máximas que,
con ocasión de la caída del periodo revolucionario iniciado en 1.812 y
propiciado (según propio reconocimiento del que incluso se jactan) por los
masones, se impartieron a todas las logias españolas en 1.823 y 1.824 como
Reglamentos de la Masonería indígena para propiciar la recuperación del
sistema. Quien quiera entretenerse en su estudio en profundidad, sepa que
estos Reglamentos se encuentran en el Archivo General del Ministerio de
Justicia, Madrid, Legajos números 3.505, 3.506 y 3.510, en causa titulada
“Españoles: Unión y Alerta”, de enero-mayo de 1.825.
Realmente, no contienen estos
Reglamentos ninguna novedad para quienes hemos analizado con avidez los
avatares de la secta desde sus comienzos como masonería simbólica. Pero
hagamos una genérica revisión de sus máximas, ya que no cabe una mayor
profundidad en los límites de un artículo que ya se va haciendo muy
extenso para serlo.
Conviene leer, a los efectos que
ahora nos interesan, las máximas 14. 30, 39 y 43 de las del Reglamento de
1 de septiembre 1.823; y las 30. 32 y 33 del Reglamento de 1 de abril de
1.824. Queda meridiana y explícitamente claro en todas ellas la voluntad
de crear unos cuerpos de policía (que incluye el proyecto de creación de
un Ministerio de Policía) y el de mantener en sus puestos a los
“liberales” y “constitucionales” que estuviesen aún vigentes del régimen
abolido y que ocuparen cargos de Oidores, Corregidores y Alcaldes de
letras de las ciudades y villas para que influyan en el ánimo de los
Jueces.
En el Reglamento de 1.824, en el
que las máximas son más avanzadas por haberse conseguido ya, mediante el
cumplimiento de las de 1.823, no pocos de los objetivos que se marcaban en
éste en lo referente a la justicia, se dice que, habiendo “visto ya
purificados por Audiencias no purificadas a tantos jueces de primera
instancia y alcaldes constitucionales de los pueblos y, por consiguiente,
repuestos en sus destinos anteriores de Corregidores y Alcaldes mayores
que obtenían a tantos Hermanos nuestros; cuya operación demasiado
murmurada por nuestros enemigos hasta un extremo de despecho y rabia, nos
ha producido la importantísima ventaja de tener en nuestro poder la
autoridad política y judicial de casi toda la Península; logrando así el
entorpecimiento de nuestras causas, la absolución de muchos y la
colocación de no pocos acérrimos enemigos del absolutismo.”, (..) “los
realistas no prosperarán y las togas y varas de la justicia no sólo se
afianzarán en nuestros Hermanos repuestos, sino que también habrá
muchísimos otros que las obtengan por su protección”.
De lo hasta aquí dicho se infiere claramente cuales son los
objetivos de quienes nos han traído siempre de la mano las innovaciones y
“adelantos” del sistema con que nos acosa la “progresía”. No solo está
cantado que tienen una intención cerril de apoderarse de los resortes del
poder judicial; sino que la última causa por la que lo pretenden es la de
la salvaguarda de los puñeteros “hermanos” que de otra forma serían
masacrados y anulados por una justicia multisecular y consuetudinaria que
ha ido tapando, a través de los mucho siglos de su existencia, los
resquicios por los que podrían colarse conductas tan abominables como
esta.
¿Puede nadie creer, después de escuchado este singular oráculo
que supone una confesión de parte, que alguno de los conspicuos y
oscurantistas hermanos está preocupado por la mayor o menor equidad
de los tribunales populares, de su mayor o menor capacidad para impartir
justicia? Si, en efecto, lo están; pero no en el sentido que pretenden
cuando nos “venden” el jurado, sino precisamente en el contrario: están
vivamente interesados en que las instituciones judiciales que se instalen
carezcan de capacidad en absoluto para impartir una correcta justicia y
dejar así impunes sus abominables crímenes para seguir adelante con sus
maléficas felonías que va decantando el poder a su favor en contra de los
más elementales principios de soberanía de los pueblos y del bien de los
mismos.
Es evidente que los jurados populares, con sus defectos
diáfanos, están sometidos a la influencia de las convicciones sociales
sobre cada caso (que ya se encargan de crear los medios de comunicación en
sus manos) o de los modismos de una propaganda aviesa. Pero hay más, mucho
más… Los pobres seres que caen en la tentación (y pretendida obligación)
de ocupar los escaños de un jurado popular (que, como hemos dejado claro,
son, además, los más iletrados, los menos aptos para el fin de emitir
veredictos) son igualmente sensibles a cualquier tipo de influencia: sea
por la consecución de una ventaja social, por la de sus familiares, por
dinero y, finalmente, por imposición so pena de crueles y ominosas
amenazas físicas, económicas y laborales contra él o contra sus familias.
Pero ya hemos dicho que esto de la instauración del jurado
como instrumento de aplicar la justicia no es más que un peldaño en la
amplia escala de cambios y sustituciones que se realizan en todos los
procesos revolucionarios y democráticos con que se asaltan los poderes
naturales de cada nación. El conjunto de todos ellos vienen a configurar
una nueva forma de poder judicial que consigue, como hemos dicho, la
impunidad de soterrados crímenes de Estado cuyo único fin es el de
entregar sin defensas el poder de las naciones a sus enemigos más sórdidos
y descarados. Pero que son aprovechados en la misma medida para castigar a
cuantos, en defensa de los intereses patrios, se oponen al asalto del
poder. Si ya en 1.823 estaba clara la firme determinación de asalto al
Poder Judicial, los mismos procedimientos (tan burdos como en sus
principios, ni siquiera refinados a lo largo del tiempo) han constituido
sus objetivos más codiciados con la cabezonería y tozudez que son propias
de estas sectas, todas ellas amparadas bajo un mismo paraguas.
CITAR DE OÍDAS
arriba
Por Manuel Parra Celaya
Citar de oídas es una mala costumbre, y su resultado
inmediato es la tergiversación del pensamiento al que se ha acudido como
referente o el desprestigio personal. No es este último el caso, tanto por
la categoría del escritor como por la disparidad de alcance entre su
“altavoz” (el diario ABC) y el de esta réplica.
Me estoy refiriendo a unas palabras de Jon
Juaristi, quien, en una crítica al PSOE (ABC, 4-4-04), que ahora no viene
a cuento porque posiblemente habrá perdido actualidad cuando estas líneas
vena la luz, decía así:
“El Partido Zapatista
Obrero Español ha optado por sentar el dogma nacionalsindicalista de la
incompatibilidad metafísica del miedo con el carácter de los españoles”.
Algo he leído de Nacionalsindicalismo, y no he
encontrado por ninguna parte ese “dogma” del que habla. En todo caso, me
parecería una soberbia tontería, ya fuera de origen falangista,
neoliberal, socialdemócrata o fascista. El miedo es algo connatural a
todos los seres humanos, sin distinción de nacionalidades; además, es
contagioso y transmisible (especialmente en condiciones de masificación) y
nadie se libra de él. ¿Qué es, pues, el valor? La superación del miedo, ni
más ni menos; aquéllos que logran hacerlo, si la circunstancias merecen el
calificativo literario de épicas, son denominados “valientes” o, incluso,
“héroes”.
En la dualidad miedo-valor juegan, por
consiguiente, varios factores: en primer lugar, la racionalidad o
irracionalidad del elemento amedrentador y su grado de intensidad, así
como el carácter del sujeto; en segundo lugar, las susodichas
circunstancias, y, en tercer lugar, los motivos para superar el miedo y
realizar el “acto de valor”. Aun se podría mencionar un cuarto factor,
importante en el tema que trata Jon Juarista: la prudencia o arte de
esquivar el peligro, pero no viene a cuento, porque pertenece al ámbito de
la estrategia y yo me refiero a otro terreno.
Me centro en el tercer elemento –los motivos para
superar el miedo- y lo encuentro en el hecho de que, puestos en la
balanza, aquello que se defiende tenga más peso que lo que se puede
perder; entraremos con ello en el ámbito de los valores e ideales que
da razón a una existencia.
¿Quién no llevaría a cabo un “acto de valor” si
se tratara de defender a la propia familia? Si el amor a la esposa e hijos
pesa más que el riesgo, aunque sea la propia vida la que está en juego, es
indudable que un español, o un polaco, o un británico, o un sudanés,
superarían sus miedos y acometerían una proeza.
Llevemos la argumentación a lo colectivo: los
miembros de una colectividad histórica han dado muestras de valor cuando
estaba en juego un Ideal, una manera de entender la vida y el mundo, y
sobre todo, un concepto trascendente de la propia existencia. El
pueblo israelita abandonó Egipto, donde tenía sus olla de comida
aseguradas pero no sus libertades, por la promesa de un Dios superior, que
le llevaba a la Tierra Prometida; así, se jugó la vida y soportó las
privaciones en el desierto porque sentía la llamada de Yahvé, y todo ello
con dudas, vacilaciones y traiciones muy humanas.
¿En qué momentos de su historia ha podido ser
“valiente” un pueblo? Cuando encontraba justificados sus riesgos, incluido
el de la vida, porque defendía un Ideal colectivo, el que lo configuraba
como “patria”, esto es, como “misión” entre otros pueblos del mundo.
Posiblemente ningún europeo arriesgue su vida por la cotización del euro,
pero muchos lo harían –lo han hecho en el pasado- por defender la catedral
de Milán o la de Burgos, la música de Bethoven o las páginas de Cervantes
o de Shakespeare; y sólo hablamos de cultura; imaginémonos si nos
referimos a la relación del hombre con Dios: el martirologio cristiano no
se explica por el “valor” personal de los cristianos.
¿Tiene algún motivo, en la actualidad, el pueblo
español para ser “valiente”, esto es, para superar sus miedos? Tras
décadas de propaganda y educación en los sentidos unidireccionales del
pacifismo, la “tolerancia”, el laicismo y los nacionalismos disgregadores,
por ejemplo, difícilmente encuentra justificación como pueblo (no digamos
como “patria”) que le autorice a ser “valiente”.
El Sistema vigente en Occidente intenta que las
“razones del valor” sea su alicorto programa de valores: democracia
formalista en lo político, egoísmo capitalista en lo económico,
relativismo en lo cultural y nihilismo en lo trascendente. Con este
escaparate, seguro que los israelitas hubieran seguido, gustosos, sus
trabajos forzados en Egipto, y Moisés hubiera emprendido su éxodo más solo
que la una…
Posiblemente el Sr. Juaristi no esté de acuerdo
con esta argumentación, y me parece muy digno por su parte. Quizás pueda
ayudarle a entenderme si le facilito, humildemente, el texto joseantoniano
que cita de oídas:
“Alguien escribió: “La
Infantería española es valiente porque sí. ¡Porque sí! Mal había entendido
a la Infantería española quien escribió aquello. Era valiente porque
servía a un gran destino, porque realizaba un gran destino. Estaba
sosteniendo el imperio de Occidente, la unidad espiritual de Europa, el
rigor de los mejores principios… ¡Pues sí que tenía razones la Infantería
para ser valiente!”
PERSPECTIVAS
SOBRE LO NACIONAL
arriba
Por
Rafael Luna Gijón
Ante
el debate por el discurso de Jiménez de Parga
Los
conceptos que expuso Manuel Jiménez de Parga en su famosa y aireada
conferencia en los pasados días, tuvieron la virtud de poner de
manifiesto muchas cosas que «lo políticamente correcto» viene ocultando desde hace lustros y
aún decenios; ocultación obviamente protagonizada por nuestra entera
clase política de todas las tendencias, salvo tan escasas como dignísimas
excepciones personales.
Por
supuesto que no voy a entrar ni en la trascripción del contenido de
aquella conferencia ni de las réplicas protagonizadas por sus
detractores, pues ambas cosas son bien conocidas de cualquier lector que
aborde estas líneas. Lo importante, creo, es atreverse con el origen de
los equívocos institucionales de los que arranca el problema y el por qué
de unas y otras respuestas.
Para
empezar a centrar ese origen y esas respuestas me voy a valer de la
trascripción de una parte de un simple artículo periodístico (aún sin
otorgarle categoría definitoria alguna sobre conceptos de ciencia política,
porque no la tiene) debido a la pluma de alguien –Alfonso Ussía- que en
mí suscita sentimientos y reacciones contrapuestas: en algunos casos
aplauso por su valentía y patriotismo y en otros casos (en no menor número
de veces que lo anterior) por su fanatismo discriminatorio, beligerante y
erróneo sobre nuestra reciente y pasada Historia y la «alternativa»
a ésta que a él le hubiera gustado. No obstante, y aunque con
reparos sobre algunos criterios de lo que explaya en el artículo que voy
a transcribir parcialmente, voy a partir desde tal trabajo para exponer
mis criterios. Me serviré de él como mero «introito».
En
su trabajo titulado precisamente “JIMENEZ DE PARGA” (ABC del 24 de
enero) entre unos párrafos iniciales y otros de cierre que eludo dice
todo esto:
«La Constitución Española de 1978 es, en efecto, y conocida la
espesa niebla de rencores, reivindicaciones, dádivas y complejos que cubría
a España cuando fue redactada, el mejor de los textos constitucionales de
nuestra Historia. Pero está
plagado de concesiones acomplejadas no medidas, menos defendidas y poco
meditadas. Todo ello por el terror que los conservadores sentían ante los
nacionalistas, la irresponsabilidad reivindicativa de un socialismo muy
deferente con Cataluña y las Vascongadas –Galicia, que no es tonta,
se subió al tren de los regalos conceptuales-, y un comunismo al que la unidad de España le ha parecido siempre
franquista. Porque para Carrillo, en su momento, y ahora Llamazares,
Franco falleció con quinientos años de edad, uno más o menos. La Unión de Centro Democrático, tan admirable en muchos de sus
perfiles, fue un desastre en otros, siempre en estrecha colaboración con
el Partido Socialista. Entre sus dejaciones estúpidas destaca la entrega
sin condiciones de los territorios vascos al PNV, que ha gobernado con
poder omnímodo las tres provincias vascongadas durante décadas sin ganar
las elecciones. Y la gratitud por esa concesión se llama Batasuna, se
llama ETA, se llama Arzallus y se llama Ibarreche».
Por
supuesto estoy de pleno acuerdo con lo que me ha permitido resaltar topográficamente
en el texto trascrito –salvo algunas matizaciones que luego haré- pero
quedan asimismo claras las contradicciones entre los párrafos resaltados
por mí con otros conceptos vertidos o insinuados en su texto y que paso a
comentar:
-
Si es «el mejor de los textos constitucionales de nuestra Historia»,
¿cómo da pié-con aquello de «las nacionalidades» que en él figura- a
que los nacionalismos nieguen su pertenencia a la Única Nación España?.
-
La sola existencia de esa palabra en el texto constitucional ha «justificado»
el cúmulo de concesiones y claudicaciones a favor de esos nacionalismos
de todos los Gobiernos habidos desde 1978; ello además de por los
complejos y cobardías que constata el articulista. (Aparte de que antes
de la Constitución de 1978 UCD ya otorgó concesiones claudicantes a
vascos y catalanes, dando motivo para que en los Estatutos se llegase a
mucho más).
-
UCD y PP han caído en la trampa tendida por separatistas, PSOE y PCE
de identificar patriotismo y unidad nacional con franquismo o falangismo;
pero el repudio a ese franquismo o falangismo fue, es y sigue siendo también
la constante de algunos de los monárquicos de la tendencia del autor del
artículo y por infinidad de líderes de la derecha vergonzante, por lo
cual unos y otros han contribuido poderosamente, de forma objetiva, a que
las derechas vergonzantes insertas en UCD y PP remen, de hecho, a favor de
las tesis separatistas mediante concesiones a éstas para verse libres de
la acusación de ser herederas del franquismo. Y esto es imposible de
rebatir aunque haya entre ellos quienes esgriman, subjetivamente, su íntimo
y verdadero patriotismo pero que, objetivamente, en la praxis, han actuado
como «compañeros de viaje» de marxistas y de separatistas. Bien está
que ahora empiecen a reconocer los errores de UCD y PP que otros
denunciamos ya desde el mismo 1978, pero este recorrido por tal «camino
de Damasco» no les libera de la responsabilidad de aquello.
-
La tolerancia y la impunidad de la que han gozado PNV y CiU –y algo
también el BNG- se debe a la acción de unos Gobiernos amparados en una
Constitución que porta en sí misma lo del término «nacionalidades» y
el llamado «Título VIII», ello independientemente y además de las
citadas cobardías y los denunciados acomplejamientos. Por ello, eso de la
mejor Constitución habida en nuestra Historia es más que discutible.
(Aunque los partidarios del verdadero Ser de España la tengamos que
esgrimir para rebatir las desorbitadas pretensiones de los nacionalistas).
-
Y pese al cambio de rumbo
que ahora se aprecia en esas derechas vergonzantes –acomplejamiento que
intentan camuflar denominándose «centristas»- todavía hay quienes en
ellas no solo no reconocen el error de eso de las «nacionalidades» del
texto constitucional sino que lo alaban; así, hace pocos días, con
motivo del debate sobre Jiménez de Parga, el Sr. Rato afirmó que tal
concepto «nacionalidades» era «un
gran hallazgo». ¡Está listo si con ello quiere contar con los votos
nacionalistas para su investidura...! siempre preferirán al PSOE que les
dará alas en sus pretensiones confederalistas.
-
Y su contrincante a la presidencia, el Sr. Rajoy, abundando en tan inútil
como oportunístico error electoralista, calificó en el otoño el plan de
Artur Mas sobre «reforma» del
Estatuto Catalán como «legítimo»
si bien, dijo, inoportuno por pretenderlo cuando «se debate el modelo de integración europea». (Véase mi trabajo
«Los planes de Ibarretxe y de Artur Mas en el nº 71 de “Cuadernos de
Encuentro”)». Y está clarísimo que el plan de Artur Mas no es otra
cosa que una pretensión explícita de que España adopte el modelo
constitucional confederal, antesala de una excisión bajo plenitud de
derechos –hasta ahora a trancas o barrancas negados- que sería el
detonante final de la desintegración de España.
Jiménez
de Parga tuvo toda la razón, jurídica, al demostrar que la calificación
de «históricas» no es una exclusividad de Cataluña, País Vasco y
Galicia pues –por sus reformas estatutarias- otras Comunidades Autónomas
regionales han alcanzado idéntico calificativo. Pero no abordó en
profundidad la nota calificadora básica de esta cuestión: que al margen
de esa distinción meramente formal derivable de la Constitución de 1978
–error o claudicación imperdonable de los progenitores de esa Ley de
Leyes- todas las regiones españolas son históricas y que algunas de las
autodefinidas como tales desde la vigencia de la repetida Constitución no
lo han sido nunca en la Historia: por ejemplo el País Vasco como tal;
arrancar ese calificativo de los Estatutos de Autonomía de la II República
para ellas es también otro error pues Galicia no lo llegó a tener y el
País Vasco lo tuvo desde ya bien entrada la Guerra Civil y solo aplicado
a una provincia, Vizcaya.
Todo en estas cuestiones es puro sofisma jurídico y sobre todo
histórico, pues la única razón verdadera de esa distinción de «históricas»
nace de otra razón menos defendible desde el Derecho y desde la Historia:
el pacto o consenso –previo al debate de la Comisión Redactora de la
Constitución- para recompensar los «servicios prestados» contra el
franquismo; a los separatistas se les premió con lo de «las
nacionalidades» y lo de «históricas»; a los partidos marxistas
compensarles de sus derrotas en 1939 mediante la impunidad que habían de
gozar para actuar con plena demagogia; a los sindicatos de esa ideología
con lo mismo; y a los del Congreso de Munich de 1962 –en buena parte
usufructuarios del nuevo Régimen- con la satisfacción de confeccionar un
texto constitucional coherente con lo pactado en la capital bávara. Y a quienes de veras trajeron la democracia y la II Restauración
–ninguno de los anteriores tenía fuerza, arraigo y nombradía como para
traerlas- la generosísima concesión de no pasarlos por tribunales de «desfranquistación». Todo ello fue
denominado alcance de una «reconciliación
nacional duradera», ya alcanzada plenamente a niveles populares
–aunque no institucionales- a través de más de tres decenios de paz
laboriosa y orden. («Reconciliación» cuyo alcance real se está viendo con total
claridad ahora con la escalada separatista; el abandono de la «E»
de España por el PSOE con «sus» Maragall, Antich, Elorza y el sustituto
de Redondo Terreros, Patxi López; la bajada de pantalones del Gobierno
ante los sindicatos; y que jamás desde este Gobierno se pronuncie la
expresión «unidad de España» pero sí las novísimas palabras en la
ciencia política de «cohesión» y de «patriotismo constitucional»).
Ante
unas elecciones en lontananza
LOS
NACIONALISMOS
En
un lúcido y previsor artículo de Francisco Rodríguez Adrados (de la Real Academia Española, con
fecha 7 de enero) titulado «Hacia
la Unidad del nacionalismo vasco» se
hacía un certero análisis de lo esbozado en este título. Por su
gran extensión –imposible de reproducir en su totalidad- pero por su
alto interés, me voy a permitir la reproducción de algunos de sus párrafos.
(*) Son éstos:
«Desde
hace algún tiempo la situación política del nacionalismo vasco va
cambiando. En parte, en sentido favorable: ETA está contra las cuerdas,
Batasuna legalmente amenazada, el PNV organiza ahora una manifestación
contra ETA. Y más cosas que detallaré. Se nos abre, aunque todavía sea
incierto, un futuro sin terrorismo. Maravilla.(…) Pero no hay anverso
sin reverso y no es oro todo lo que reluce. Esa situación, resultado de
esfuerzos heroicos de la nación española, presenta, también, aspectos
preocupantes: sobre todo, pienso la amenaza de que se reconstruya la
unidad original del nacionalismo vasco, de todo el cual el PNV es el padre
y la madre. Sería una gran amenaza. (...) Y es que el ímpetu de tantos,
de casi todos, contra el terrorismo, les hace olvidar, a veces, que el
terrorismo es un subproducto del nacionalismo independentista. Eliminado
ese subproducto abominable, que se puede tratar penalmente, queda el
nacionalismo «moderado», al que ciertos socialistas ven con
benevolencia. Siguen equivocándose: lo mismo si es un simple error
intelectual que si es uno basado en futuras apetencias. (...) Siguen, de
verdad, equivocándose quienes cierran los ojos al problema gravísimo del
nacionalismo independentista, que es ahora proclamado abiertamente con esa
cosa grotesca (si no fuera potencialmente trágico) del estado libre
asociado. No acabará ese problema cuando acaben las bombas. Y, sin
embargo, hay casi pudor al hablar de la unidad de España: muchos se
limitan a hablar de la Constitución. Pues bien, esto habría que
aclararlo. (...) es lo que parece pretender el Gobierno Vasco (o sea, el
PNV), que podría constituirse en representante único del nacionalismo
vasco, una vez barridos el terrorismo y sus defensores. (...) Creo que
habría que dejar claro el aspecto legal y constitucional de la cuestión,
con bombas y sin bombas, con elecciones y sin elecciones, con referéndum
y sin referéndum. El país Vasco es parte de España, histórica, social,
humana y económicamente. La unidad de que habla la Constitución es un
simple reflejo de un hecho. (…) Esto debería condicionar todas las
respuestas. Aunque los métodos violentos desaparezcan y solo queden los
sinuosos. Aunque haya en España personas mal informadas, si no
interesadas, que no se dan cuenta de la gravedad del problema. (...) Quitado
el problema del terrorismo, el del independentismo va a quedar más claro
de lo que estaba, si para alguien no estaba claro.
(...) No nos hallamos, pues, ante un problema baladí. Ni con el
terrorismo ni sin terrorismo. Ni con un partido nacionalista entre cuatro
ni con uno solo, si al final el PNV se queda dueño del terreno. Su sueño
dorado, sin duda. Sería casi más peligroso, al no tener que reñir con
sus rivales. ¡Y peligroso lo es ahora cuando, estando en minoría, logra
aprobar unos presupuestos que incluyen partidas a favor del soberanismo!
¿El Tribunal Constitucional no tendría algo que decir?.»
La
extensa reproducción tiene este objetivo: hacer ver tanto al PP como al
PSOE –y a esas meritorias asociaciones o fundaciones como la de «Basta
ya» y similares- que no basta derrotar a ETA para restablecer en
profundidad la normalidad en el País Vasco pues, como demuestra Rodríguez
Adrados, la anormalidad nace y reside en el PNV, del cual todo lo demás
–incluida ETA- no son más que excrecencias operativas; en el purísimo
nacionalismo separatista del PNV reside el mal, no solo en HB, EA o ETA.
Si se suprimen estas excrecencias pero no se combate a fondo a ese PNV
poco o nada se habría conseguido.
Tiene
de mi parte, otra finalidad más: todo el énfasis propagandístico del PP
y de esas asociaciones –y en parte del PSOE- se pone en defender la
libertad de los ciudadanos no nacionalistas haciendo desaparecer el terror
de ETA y las discriminaciones practicadas por el PNV, pero ni por asomo se
pone ese énfasis en estas cosas fundamentales:
-
Que el nacionalismo, por «moderado» y democrático que se comportase,
es intolerable para España. En consecuencia no solo hay que demandar una
idéntica igualdad de oportunidades democráticas como las que el PNV
goza; hay que ir a la erradicación legal y operativa de ese nacionalismo,
que sería lo único que para siempre garantizaría esa limpieza democrática.
Ello mediante una estrategia, compartida, que vá desde la clarificación
histórica hasta el desmontaje de la penetración del nacionalismo en la
estructura socioeconómica vasca, pasando obviamente por una política
educativa de masas y de la juventud.
-
Que la libertad reside en el Estado y éste debe ser la base en la que
se apoye toda la estrategia anterior; lo cual podría comportar –llegado
el caso- cancelar temporalmente las competencias autonómicas necesarias.
-
Que todo ello vá ligado, necesariamente, al restablecimiento o
aseguramiento de la unidad de España y de su Estado pues, repito, solo la
Nación y su Estado garantizan la libertad y la igualdad de oportunidades
y que, por tanto, no se va a tolerar ningún proyecto nacionalista que
debilite o discuta la unidad de ambos, (entre esos proyectos el de «nación
libre asociada» -puro confederalismo disgregador- o cualquier otra revisión
estatutaria en la que el proyecto separatista apoyase sus fines por
ocultados que estuvieran).
Si el PP y su Gobierno –que, no se olvide, es o debe ser el
Gobierno de la Nación y del Estado- no tuviera en cuenta la «filosofía»
precedente, la derrota final de España estaría cantada aunque mediasen
triunfos electorales temporales (o parciales) y aunque se derrotase a ETA.
Y todo lo dicho hasta aquí vale para, y es
aplicable, al nacionalismo catalán de CiU aunque éste no tenga, o haya
dejado de tener, excrecencias terroristas como «Terra Lliure», y aunque
independizase totalmente su actuación de la de «Esquerra Republicana de
Catalunya». Pues para mi –y creo que soy totalmente objetivo y certero-
el nacionalismo catalán es aún más peligroso para la unidad de España
y de su Estado que el representado por el nacionalismo vasco, aunque el de
CiU no vaya acompañado del terror físico; y acaso por ello mismo, pues
el terror repele a las masas pero la «moderación» aparente engaña no
pocas veces a esas masas. Y no dejemos de tener en cuenta que las «reformas
estatutarias» exigidas por Artur Mas representan un
confederalismo exactamente igual al que pretende Ibarretxe con su «nación libre asociada».
PERSPECTIVAS
ELECTORALES
Desde el panorama hasta aquí descrito (no solo en este artículo
sino también en el que le precedió de esta serie) es fácil comprender
la importancia que tendrán las elecciones generales del 2004 y su posible
«base de partida» es decir, las municipales y algunas regionales de mayo
de este 2003. (Las municipales del 1979 fueron esa «base de partida»
-junto al desbarajuste de UCD- para el triunfo socialista de 1982).
Y
es evidente que hay un cierto nivel de caos interno en el PP –aunque no
llegue ni remotamente al de aquella UCD- y hay una enorme confusión
ciudadana ante aspectos tan incomprensibles como inocultables de su gestión,
como por ejemplo su política sobre los medios informativos, sus
contradicciones legislativas en lo sindical, sus torpezas y desbarajuste
inicial para con lo de la «marea negra» en Galicia, la crisis interna en
esta región –con claro origen en las tensiones sobre la sucesión de
Aznar- y su falta de reflejos frente a las demagógicas campañas críticas
del PSOE.
Por
otro lado, si bien el Gobierno ha emprendido y lleva a cabo una dura y
eficaz campaña contra el terrorismo, y un evidente emplazamiento crítico
del PNV –pero sin entrar en las profundidades desmontadoras apuntadas en
el epígrafe anterior sobre lo esencial del nacionalismo- no aplica igual
talante, ni muchísimo menos, frente al nacionalismo catalán porque tanto
Aznar como Rajoy y Rato, además de restarle gravedad secesionista siguen
soñando con la colaboración mutua –en el Gobierno nacional y en el de
la Generalidad- entre el PP y CiU. Error gravísimo cuyas consecuencias
apreciarían cuando tal vez ya fuese tarde para la Unidad Nacional.
Sumemos
a este panorama el que nos ofrece el PSOE, tanto por su demagogia, (cutre
pero reiterada) como por lo que sigue. Fijémonos
en lo referente al problema nacional de sus campañas y estrategias
y tendremos este panorama específico:
-
Cree saber que el PP no volverá a alcanzar la mayoría absoluta en las
generales del 2004, pero cree igualmente que el PSOE tampoco la alcanzará.
-
¿Solución para que el Gobierno sea socialista? Muy clara, elemental:
buscar las colaboraciones de los nacionalismos otorgándoles todo o buena
parte de sus «reivindicaciones» sin temor alguno –actitud suicida para
con la unidad nacional- a que esos otorgamientos terminen configurando a
España bajo el modelo constitucional confederal; de hecho con otra «lectura»
de la actual Constitución o de derecho reformando ésta.
-
Avalan lo anterior hechos tan notorios como su acercamiento al PNV
derrocando a Redondo Terreros, consintiendo los desmanes y posturas de
Elorza, dando beligerancia dialéctica y gestora a Benegas, bajo las
influencias equívocas al respecto de Felipe González y el Grupo «Prisa»
etc.; en Cataluña permitiendo la estrategia y la «ideología»
expresamente confederal de Maragall (reforzada con la promesa recientísima
de Artur Mas de ayudar a la investidura de Zapatero si le aprueba su
pretendida reforma del Estatuto catalán); en Baleares apoyando a Antich,
que suscribe tesis parejas a las de Maragall; en Galicia acercando
posiciones al BNG; etc.
-
Todo lo anterior es coherente con la ideología socialista de siempre,
en la que los valores de la unidad nacional, de España como gran Nación
Histórica, de su cultura milenaria de origen cristiano, etc., no han sido
suscritos íntegramente nunca por el PSOE, cualquiera que haya sido su «equipo»
o sector gobernante, salvo episódicos intentos de alguna figura de sus líderes,
al final siempre derrotada desde dentro del propio partido.
El PSOE siempre ha sido proclive a «comprender» y a
entenderse con los nacionalistas precisamente porque nunca ha suscrito
esos valores esenciales de lo nacional español. Ahora, además, dado el
talante de su equipo dirigente, ese entendimiento con los nacionalista sería
más que probable, sería seguro. Por ello una nueva etapa de gobierno
socialista rozaría lo catastrófico para España.
¿Tiene posibilidades de alcanzar la victoria el PSOE? Por las
precariedades intelectuales de sus dirigentes –empezando por Zapatero-
por la vulgaridad demagógica y la irracionalidad de sus propagandas y
propuestas, cualquier persona con un mínimo de criterio analítico no
votaría al PSOE. Pero las masas no siempre aprecian esas precariedades,
la demagogia ejerce su efecto sobre amplios sectores de la población, y
los errores antes esbozados del PP pueden hacer, conjuntamente, (todo ello
expuesto, manipulado o magnificado por los medios de Polanco), que este
partido pierda y el PSOE triunfe con la «inestimable» ayuda, además, de
los nacionalismos.
No soy un devoto por sistema ni del PP ni de algunos de sus
dirigentes. Además de los errores de concepto y gestión que les he
atribuido, hay otros acaso más graves que ni siquiera he esbozado y que
ahora señalo de pasada: su nefasta política sobre defensa nacional –en buena parte diseñada por el propio PP
y en otra parte heredada del Gobierno socialista- sus errores puntuales y
más que puntuales de su política exterior, el talante soberbio y despótico
de no pocos de sus líderes, su alianza con sectores corruptos de la
sociedad y de la «aristocracia» económica nacional –aunque esos
dirigentes del PP no se lucren de ello- su falta de valor ante algunos
hechos históricos, etc. Pero
aún así, pese a todo ello, y exclusivamente como mal menor (porque no
creo al PP capaz de regenerar a fondo a España) espero y deseo que no
triunfe el PSOE –por lo dicho antes respecto a este partido- derrota que
solo vendría si en el año aproximado que falta para las elecciones
generales del 2004 el PP corrigiese muy a fondo su trayectoria constatada
en los años de su mandato (incluso algo de aquello en lo que hasta el
2001 había acertado, lo económico) y quitase razones reales y argumentos
esgrimibles demagógicamente al PSOE. Si no actuase así, su derrota es más
que previsible pese a la nula solvencia moral, intelectual y gestora de
los socialistas.
(*)
Párrafos que, aunque muy separados entre sí en el texto del artículo de
Rodríguez Adrados, los “encadeno” aquí, aunque señalando las
separaciones entre unos y otros.
LAS LICENCIAS
PESQUERAS DE MOHAMED VI LAS VAN A PAGAR LOS SAHARAUIS
arriba
Por
COLECTIVO MONTIEL
Conmovido por el desastre de la “marea negra” que ha enlutado
las Navidades gallegas, ese gran amigo de España y de los españoles que
es S. M. Mohamed VI, ha levantado la veda pesquera para 64 barcos
pesqueros de Galicia, Asturias y Cantabria, a partir del próximo 15 de
enero. Previamente, es claro, había impuesto esa veda desde hace más de
un año no solo a gallegos, asturianos y cántabros sino a todo español
que quisiera pescar en aguas que no son suyas, (como son las saharianas) y
obviamente en las que sí son de su propiedad personal.
Cuando en el año 1975 el Gobierno español –que no España-
entregó ignominiosamente el Sahara Occidental a la Administración
marroquí (para que no fuese un país “colonialista” y depredador como
era España sino un “hermano” de los saharauis, como era y es
Marruecos, quien descolonizase ese Sahara Occidental) una de las
condiciones estipuladas en aquel vergonzante acuerdo fue la de que España
dispondría sin trabas del derecho a pescar en sus caladeros. Item. más:
igual concesión se hizo a España en otras dos ocasiones históricas:
cuando se concedió la independencia a Marruecos en 1956 y cuando se hizo
la “retrocesión” de Ifni en los años 60. Mediante constantes
incumplimientos, presiones, amenazas y exigencias inverosímiles, se llegó
a la imposibilidad absoluta de usar aquellos derechos por parte de España;
derechos últimamente “gestionados”
por la Comisión Europea
de la UE, en estos casos comandado el equipo negociador por ese otro grandísimo
amigo de España como es el Comisario para Agricultura y Pesca Herr Franz
Fischler. (Que hacia el 20 de este último diciembre quiso imponer a la UE
una “Nueva Política Pesquera”que de no haberse opuesto a ella buena
parte de los socios de la UE –entre ellos España- habría liquidado la
industria pesquera española).
Pues bien por gentileza de, S.M. Mohamed VI, durante tres meses
–acaso prorrogables- y a partir del citado 15 de enero, 64 pesqueros
norteños podrán pescar en aquellas aguas, unas y otras, sin pagar
aranceles y sin las condiciones como las que Rabat nos imponía cuando
todavía se podía pescar por allí.
Al siguiente día de tan generosa concesión, nuestra inefable
Ministra de Exteriores Doña Ana Palacio (el lector puede cambiar lo de
inefable por cualquier otro calificativo y cualquiera que éste fuese lo
suscribiríamos) emocionada, mostró su agradecimiento ante el gesto
inolvidable del déspota marroquí, ¡agradecida que es nuestra Ministra,
ante la cual la sombra sublime de Metternich palidece y se esfuma...!
Paralelismo con Metternich que tendrá ocasión próxima de
demostrar en enero cuando en el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas –en el que habrá tomado posesión de su puesto España- se
vuelva a debatir el problema del referéndum en el Sahara Occidental que
apoya España, Argelia, Rusia y muchísimos países más y al que se opone
Marruecos con el “desinteresado”
apoyo de Francia, USA, Inglaterra y otros pocos en “rebeldía” con
lo precisamente patrocinado por esas mismas Naciones Unidas que,
curiosamente, no pretenden otra cosa que hacer cumplir aquello a lo que
Marruecos se comprometió cuando recibió aquel Sahara –de “manos”
de España- en 1975.
¿Tiene algo que ver esto del referéndum sahariano con lo del permiso de
Rabat para 64 pesqueros españoles? Tiene que ver todo, absolutamente
todo, pues por ello y para ello se han concedido esas “desinterasadas”
64 licencias de pesca. Y España, mostrando su agradecimiento por el
gesto pesquero, no sería sorprendente que “ablandase
en algo” su dura actitud pro-saharaui y se alinease con USA, Francia
y Blair (el entrañable amigo de Aznar) en la fórmula que propone Rabat:
soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental con “autonomía
interna” saharaui. Conseguido lo cual por S.M. Mohamed VI –el
protector de pescadores- y no teniendo que estar pendiente del problema
sahariano, podría volcar todo su esfuerzo y presiones sobre Ceuta y
Melilla, hasta ahora solo esbozadas. (Luego, cuando esto se compruebe
–que se comprobará a medio plazo- ya no estará Aznar al frente del
Gobierno y allá Rajoy o Zapatero con el problema). Por ello el título de
este artículo: Las licencias pesqueras de
Mohamed VI las van a pagar los saharauis. (Y Ceuta y Melilla).
LO
JOSEANTONIANO,
HOY
arriba
ENRIQUE
DE AGUINAGA
Catedrático
Emérito de la Universidad Complutense
De
la Real Academia de Doctores
Conferencia
pronunciada en el acto de presentación de la Plataforma 2003
Sábado, 1 de diciembre de 2001
Queridos
camaradas:
Os
llamo camaradas, en cuanto que todos los que estamos aquí lo somos etimológicamente,
habitantes de una misma cámara, por estar bajo un mismo techo, que, para
nuestra fortuna, es un techo de inteligencia.
Bajo
un mismo techo pueden convivir muchas diversidades, en edad, en condición
y en mentalidad. Y eso es bueno.
Yo,
por ejemplo, soy profesor emérito de la Universidad Complutense, en la
que explico Teoría del Periodismo
y en la que he dirigido una tesis doctoral, sobre el ideario de José
Antonio Primo de Rivera, la segunda que, en medio siglo, para su vergüenza,
se ha leído en la Universidad española. La defendió Emilio
González Navarro en 1994.
La primera, sobre las fuentes del pensamiento de José
Antonio, la había
defendido Feliciano Correa, en
la Universidad de Extremadura, en 1980.
Soy
catedrático jubilado y, por lo tanto, anciano. Lo digo con honra, porque,
como es bien sabido, la libertad es patrimonio del anciano y, desde esta
libertad, me declaro joseantoniano,
sin conveniencia, sin ganancia y sin militancia alguna.
Salvo
en el Sindicato Español
Universitario, en el SEU
que correspondía a mi edad, en el SEU
voluntario de la posguerra, en la Universidad de Santiago y, después,
en la Escuela Oficial de Periodismo, no he militado formalmente en
ninguna otra organización falangista:
Ni
en Frente de Juventudes
Ni
en Falange Española Tradicionalista y de las JONS
Ni
en Guardia de Franco
Ni
en Falanges Universitarias
Ni
en JONS
Ni
en Círculos Doctrinales José Antonio
Ni
en Frente de Estudiantes Sindicalistas
Ni
en Frente Sindicalista Revolucionario
Ni
en Acción Revolucionaria Sindicalista
Ni
en Frente de Alianza Nacional Libre
Ni
en Falange Española Autentica
Ni
en Falange Española Independiente
Ni
en Falange Española de las JONS
Ni
en Partido Español Nacionalsindicalista
Por
supuesto, tampoco he militado en la Falange Chilena ni en la Falange
Libanesa ni en la Falange Socialista Boliviana ni en la Falange Francesa
ni el Partido Falangista Americano
Según
una clasificación primaria, yo sería falangista
por libre o autofalangista
(como dice Ismael Medina),
clasificación que proviene de la época en que se inventa la formula La Falange no existe; pero existen los falangistas [1].
En
definitiva (ya lo he dicho),
me considero joseantoniano y así
lo explicado en un articulo titulado precisamente Joseantonianos, que
sucesivamente ha sido rechazado por la censura interna de cuatro diarios (La
Vanguardia, de Barcelona, ABC,
El País y El
Mundo, de Madrid) y
que, finalmente he podido publicar en una revista íntima, Altar
Mayor [2],
y en
Internet.
Y,
como joseantoniano,
proscrito. Esta misma conferencia, con este mismo titulo, es el trasunto
de la que, junto con otras sobre José Antonio, se prohibió
escandalosamente, en 1999, (¡Dios mío!) en la Universidad de Salamanca.
Pienso
y este es, naturalmente, un pensamiento particular, que lo joseantoniano
tiene una virtualidad actual superior a lo falangista, salvada su
índole histórica. Y afirmo que estamos en condiciones de reconocer
dignamente el fracaso histórico-político de la Falange, que propugnaba
el empalme con la revolución del 14 de abril, la supresión de los
partidos, la sustitución del parlamentarismo, el desmontaje del
capitalismo, la creación de formas comunitarias de propiedad, la reforma
agraria, la nacionalización de la banca, la síntesis izquierda-derecha o
la sindicación de la plusvalía.
Quisiera
explicar esta idea y, para aliviar la fatiga del auditorio, divido este
discurso en cinco estaciones:
Primera
estación
EN
LA QUE ESTAMOS DISPERSOS EN EL FRACASO
Estamos
–insisto- en condiciones de reconocer y aceptar el fracaso de la
Falange, desde la filosofía ascética del fracaso, frente
a la dominante y embriagadora filosofía del éxito, porque hay una
positiva filosofía del fracaso,
de raíz cristiana, frente a una negativa filosofía
del éxito, de signo
materialista.
Jaspers,
Sartre, Lacroix y Ortega ven el
fracaso como necesario y fascinante.
Naufragar no es ahogarse, dice Ortega,
mientras que Lacroix eleva el
fracaso a característica de la
realidad humana, que
fracasa esencial y fundamentalmente; que debe distinguir entre
experimentar el fracaso y sucumbir en él; que permite descubrir la alegría
dentro del fracaso; que no tiene por qué agotar la esperanza; que es
aceptación y superación de lo trágico; que se remonta sobre el
escepticismo y el nihilismo [4].
Así lo ha visto Julián
Marías, que nos alecciona con este descubrimiento político y filosófico:
lo verdaderamente importante no es lo que se consigue, sino lo que se
propone .
A
propósito de la película Surcos
y de la novela La Colmena (ambas
de 1951), Eduardo Haro Tecglen,
que se caracteriza de rojo típico,
escribía en El País, hace dos años, que
la disconformidad social de Cela,
Torrente y Nieves Conde, que eran falangistas, procedía del ensueño de
aquella revolución traicionada antes de comenzar, devorada y digerida por
el Movimiento [6].
Y
el mismo Haro, en seguida,
cuando, a la vista del juicio anterior,
alguien le advierte risueñamente que se está aproximando a la
Falange auténtica, añade:
No
defiendo ninguna Falange. Creo que tantos idealistas y tantos socialistas
nacionales e internacionales se quedaron truncados y engañados. Y no la
revolución, sino las revoluciones, están siempre pendientes. A veces se
ganan y es peor. Lo digo por la vuestra, pero también por la soviética y
no hablemos de la mejicana o de la cubana[7].
Otra
cita me viene a la memoria, a este propósito:
Si
la propuesta capital de José
Antonio fue la síntesis y particularmente la síntesis de derecha e
izquierda, hay que admitir su fracaso;
pero en la estela de ese fracaso
estamos viviendo, como vivimos de las resultas de tantos fracasos
admirables [8].
Esto lo
escribía yo, hace ya quince años (1986) , en el quincuagésimo
aniversario del fusilamiento de José
Antonio, que, como es sabido, fue fusilado por la izquierda y por la
derecha [9].
Del
fracaso de la Falange, de la confusión de las falanges,
hay que salvar a José
Antonio, como arquetipo humano y como ideación política; como
persona egregia (tal vez el cerebro más prometedor de la Europa contemporánea, según
Unamuno[10]),
modelo para todo un tiempo,
con una palabra egregia (una de las bellas prosas del siglo XX), al
servicio de una conducta y de un pensamiento egregios.
Así
lo proponía yo en aquella ocasión:
Ya
es tiempo de liberar a José
Antonio de su secuestro. Ya es hora de transferirlo a todos los españoles,
como patrimonio general, sin manipulaciones, sin ataduras históricas,
para una nueva confrontación en libertad, que nos pueda dar el valor
actual de su pensamiento, la dimensión de su persona
[11].
En
la sintonía diferencial de lo joseantoniano
y lo falangista, en 1999, en el espacio abierto de Internet, que se escapa
al dominio de nuestros censores, Ernesto
Milá se pregunta:
¿Es
posible en 1999 un movimiento político que no utilice el nombre de
Falange, pero que esté imbuido del espíritu joseantoniano? ¿Es autónomo
el pensamiento de José Antonio
en relación a su obra, la Falange? Tengo claro que si la Falange quiere
ser operativa en 1999 debe renunciar -en aras de la operatividad- a
algunas de sus características exteriores, incluso el nombre. Tengo claro
que habría que extraer lo esencial y lo que conserva actualidad en el
pensamiento joseantoniano para alumbrar un nuevo movimiento político, en
el que una aportación joseantoniana depurada se funda con otras
aportaciones anteriores o posteriores e incluso que aun están por nacer
[12].
Ya
el hecho de que estemos aquí reunidos, en el siglo XXI, para hablar de la
presencia de José Antonio es
un hecho definitorio. Creo en la virtud de la reunión. Hay un misterio
evangélico que infunde optimismo esencial, emanado de la promesa de Jesús
en Cafarnaun: Donde están dos o
tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos
[13]
La
virtud de la reunión traduce la máxima evangélica, enseñándonos que,
si nos reunimos en nombre de algo, allí está ese algo, sea la Verdad, la
Libertad, la Belleza, el Amor, la Amistad , la Inteligencia o el Decoro.
Hay, pues, que creer en la virtud de la reunión, porque es bueno el
simple hecho de reunirse y, más aún, es bueno en si mismo reunirse en
nombre de lo bueno.
Esta
misma reunión es una prueba de la virtualidad de lo joseantoniano
hoy. Hace dos años, llenábamos un cine de barrio de Madrid para ver el vídeo
Descubriendo a José Antonio y, de paso, cantar Cara
el Sol. Allí estaban desde la quinceañera camisa azul,
postulante para ayuda de la Falange,
hasta el nonagenario Manolo
Valdés, amigo personal y camarada de José
Antonio. En 1996, nos reunimos una cincuentena para repetir la cena de
José Antonio en el Mesón del Segoviano. En 1997,
abarrotamos el salón de actos del Ateneo para presentar el libro Sobre
José Antonio. Más de cien nos
reunimos en febrero 1998, junto
a lo que fue el cine Europa, para volver a cantar Cara
el Sol. Desde 1993, año
a año, nos reunimos en la Mesa del 29 de octubre. Otros se reúnen bajo
otros techos o en foros de Internet, donde se leen correos como este: Soy
un chico afiliado a FE-JONS, tengo 16 años y soy de un pueblo de Granada.
Lo primero, me gustaría conseguir una camisa azul (lo llevo intentando año
y medio) Un abrazo y ¡Arriba España! Gonzalo Moreno Muñoz. Y, en
este año, ya van tres mañanas
de domingo en cines de la Gran Vía. Ahora mismo, en esta plataforma, nos
estamos reuniendo gentes plurales para proyectar, con el debido decoro, el
centenario de José Antonio y
salir de las catacumbas o de los armarios bien entendidos, en el año
2003.
En
la llamada diáspora azul ,
dispersión recoleta de la comunidad
mística, capilares minorías se reúnen para comer, para cantar, para
hablar, para estudiar, para discutir en nombre de José Antonio, y son, según el
verso de Panero, alegres e
invisibles como el agua en la pradera [14].
Segunda
estación
EN
LA QUE ME PRESENTO COMO PRUEBA TESTIFICAL
Me presento, aquí y ahora, ya casi al cabo de mi vida. Y aquí la repaso no
por autocomplacencia o por contar las
batallitas del abuelo , sino por el valor que pueda tener como
referencia, como laboratorio y prueba de lo joseantoniano,
que, a lo largo de mis años, es el producto de la lectura, de la vivencia
y del estudio.
Empecé
leyendo a José Antonio y maduré
su palabra en el mitin de Villagarcía (1941), en el Albergue de Bergondo
(1941-1944), en el entierro de Mora y Lara (1945),
sobre la sangre de Miguel Alvarez (1956) , en la Redacción de Arriba (1945-1966), en la cena de las camisas azules (1966) [15],
en la cripta del 29 de
octubre (1993-2001)... y con el peso
fugaz de su féretro, camino del Valle de los Caídos (1959).
He
estudiado a José Antonio,
aunque menos de lo necesario.
Porque, como decía Campmany, muchos
de nosotros, a la hora de enfrentarnos con el fenómeno de José
Antonio, nos hemos desahogado con la oda,
en vez de aplicarnos a la tesis doctoral o al desarrollo riguroso
de su pensamiento [16]
.
Y
siempre me ha amargado el incumplimiento del decreto de 1938 que ordenaba
la creación de cátedras en la
Universidad para explicar y desarrollar las ideas políticas de José Antonio Primo de Rivera
[17].
Pero,
al menos, he insistido infructuosamente en mi esquema de Instituto
de Estudios José Antonio Primo de Rivera , que sucesivamente he
presentado a David Jato, en la
rueda de los antiguos seuistas; a Fernández
Miranda, en la Secretaria General del Movimiento; y ahora a José Gárate, en la nueva Fundación.
El
joven que era yo, camino de la mayoría de edad, después de haber vivido
la guerra con la República, llega a lo joseantoniano,
como tantos otros, desde la
otra acera, intelectualmente, por deslumbramiento de la palabra escrita,
por un tomo al que, familiarmente, llamamos las
Completas.
Así, el
testimonio de Mariano Faura:
Me
había empapado hasta el tuétano, como tantos otros, de las Obras
Completas de José Antonio y soñaba con dedicarme a la realización de la
España por él presentida ... [18]
Así, el
testimonio de Ceferino Maestú:
Muchos
de nosotros nos hemos hecho falangistas por él y solo por él; la lectura
de sus discursos y de sus artículos nos descubrió un mundo distinto,
nuevas posibilidades para la acción y la realización política [19]
Así, el
testimonio de Francisco Eguiagaray:
Un
día, en una librería de viejo, [aquel universitario que yo era] encontró
un libro. Preguntó el precio: tres pesetas. El libro se decía
"Obras Completas". Su autor, José
Antonio Primo de Rivera (...) Cuando [el universitario] cerró el
libro (...) se le quedaron en las manos tres cuartillas blancas rasgueadas
de rápidas letras (...) [en las que] sólo podía leer una frase que no
estaba allí y que le rompía de alegría los ojos: ¡España, sal fuera!
[20]
Así, el
testimonio de Gonzalo Torrente
Ballester:
Fue
un decir y también un morir. Cuando estábamos ahítos de pensadores,
surgió, entre nosotros, un hombre completo que hizo sacrificio de su
propio pensamiento, y aquí radica su capacidad de ejemplo [21].
Así,
el testimonio de Jaime Campmany:
Si
se entiende por ser falangista el porvenir de una doctrina política
basada en José Antonio y en
salvar de la doctrina joseantoniana esas cosas que son eternas, como el
respeto a la dignidad y a la libertad del hombre o la superación de todo
lo que sea lucha de clases, principios que te sirven para andar por la
vida, suceda lo que suceda en política, entonces soy falangista, seguiré
siendo falangista y moriré siendo falangista
[22]
Así, el
testimonio de Amando de Miguel:
Era
lógico [mi entrada en la Falange], por mi clase, por mi condición social
y por mi herencia, ya que mi padre [ordenanza de un Ministerio] también
era falangista. Y, curiosamente, la Falange ha sido una de las
experiencias más positivas que he tenido en mi vida. Aunque la estructura
formal de la Falange fuera autoritaria, jerarquizada y vertical, en el
fondo no era nada autoritaria, porque se educaba a los chicos en la idea
de la propia responsabilidad, algo muy progresista desde el punto de vista
formativo. Luego me hice del S.E.U., y nuestro falangismo se fue volviendo
más crítico y antifranquista. A Seara lo conocí en la Falange...Los
falangistas no eran señoritos; sin embargo, paradójicamente, los niños
bien se hacían socialistas. Eran socialistas los hijos de los capitostes
franquistas, los Bustelo, los Kindelán, los Maragall, los Pradera, gentes
que podían viajar por el extranjero y que se podían permitir el lujo de
que se les metiera en la cárcel, porque enseguida salían por la puerta
de atrás. Sanchez Dragó, por ejemplo, cuando era comunista acérrimo,
fue casualmente en la época en que Ruiz-Gimenez, que era pariente suyo,
estaba de ministro [23].
Como se
dice de San Jerónimo y de la Biblia, los de mi promoción nos despiojamos
sobre las Completas, en un
deslumbramiento que, con palabras, tan limpias como postergadas, ha
relatado Rosa Chacel.
Un
jueves de 1956 [24],
en Buenos Aires, Rosa se
hace fortuitamente con las Obras Completas
de José Antonio y, después de leerse trescientas paginas
de un tirón, escribe en su diario:
Es
increíble.
Dos
cosas son increíbles: una, que todo eso haya podido pasarme inadvertido a
mi, en España, y otra que España y el mundo hayan logrado ocultarlo tan
bien.
Hay
que estudiar (la persona española) en Unamuno,
en Ortega, en José Antonio, su reflejo o espectro. En lo que quedó de ellos, en
quienes les fueron afectos y en quienes les execraron sin comprenderlos o,
lo que es peor, comprendiéndolos y temiendo (...) lo que ellos exigían
[25]
Treinta
y cinco años después , en 1991, tuve la oportunidad de preguntar a Rosa
Chacel qué impresión le quedaba de aquel descubrimiento. Rosa
no solo no se desdijo, sino que repitió, remachando: Deslumbrante...deslumbrante... La confirmación se produjo en un
almuerzo-coloquio, dedicado a Rosa,
en el Club Siglo XXI, con la asistencia de adictos, entre los que se
encontraba Rafael Alberti
[26].
Deslumbrante...deslumbrante...
Un silencio atónito petrificó la mesa, el mismo que actuó en los periódicos
del día siguiente [27].
Rosa,
por encima de los episodios, aplicaba, sin contemplaciones, un análisis
racional. A mi modo, yo también lo planteaba así
en un primerizo articulo de aniversario,
hace cincuenta y dos años:
Esto
es sencillamente el relevo de lo episódico por lo categórico (...)La
Falange desnuda y emocionante como una verdad matemática (...) Lo cierto
es que aquí estamos, en el 29 de octubre de 1949, sin viejos episodios
que contar, trayendo como bagaje político la lección pura, la
estremecida lección áulica de nuestro libro de texto fundamental: las
obras completas de José Antonio [28].
Voy a
leer un articulo anterior. Se titula José
Antonio, el hombre.. Meditaciones de un camisa nueva. Se publicó el 29 de
octubre de 1944, en la inmediata posguerra, en medio de todos los
triunfalismos de los combatientes victoriosos, en medio de todas las
exaltaciones de los camisas viejas, más o menos auténticos, hace,
pues, cincuenta y siete años. El articulo dice:
Sí,
yo soy un camisa nueva. No se si con esto soy más o menos afortunado.
Pero aunque tengo, como todos, la añoranza de los tiempos primeros, de la
presencia viva de José Antonio,
de aquel clima heroico, creo que esto no es lo fundamental.
Para
todos, viejos y nuevos camaradas, ahí esta la lección conmovedora de José
Antonio. Lo otro es anécdota y, si de veras nos interesa conocer su
figura, no lo conseguiremos por vía de lo pintoresco.
Nos
lo han contado muchas veces. Lo hemos leído con la emoción del
descubrimiento. En una noche clara, con chisporroteos de fuego de
campamento, en la soledad del espíritu deslumbrado: “Era una mañana
dominguera, era un día gris del otoño madrileño, era el 29 de
octubre...”
Nos
lo han dicho con sencillez, con énfasis, con apasionamiento. Pero lo único
inmutable es una oración que empieza diciendo de un hombre nefasto y
termina con un amanecer presentido en la alegría de nuestras entrañas.
Para
mi esto es único que vale. El detalle, el color de la mañana, son
pinceladas nostálgicas, algo así como el césped y el arroyo. Y yo, que
no conocí a José Antonio,
recelo en aceptar estas referencias que con su apasionamiento han ido
deformando su figura, haciendo un cromo o -lo que considero peor aún- un
mito de quien por encima de todo fue hombre, con todo su profundo
significado.
Yo
creo que el mito es peligroso. En primer lugar porque origina una
conciencia irreal de las cosas. A las nuevas generaciones hay que darles
la autentica versión de José
Antonio, el hombre extraordinariamente sereno y armónico. Pero esto
no esporádicamente, sino logrado a través de una severa disciplina
mental.
José
Antonio posee un cerebro magníficamente
dotado. Su inteligencia tiene el perfil de lo clásico y así su obra. El
movimiento de Falange Española no fue el resultado de un arrebato, sino
el fruto de una madura reflexión. A través de sus escritos, él mismo
evidencia la lucha intima y tremenda entre su vocación individual y su
entrega al servicio de España.
La
arquitectura ideológica de la Falange es la madurez de un pensamiento
hondamente reflexivo que rechaza lo espontáneo. “Soy enemigo de las
improvisaciones, igual en un discurso que en la muerte. La improvisación
es una actitud de la escuela romántica, y no me gusta”.
Aprendamos
a ver en José Antonio esta
organización mental, antes
que nada. Para nosotros José
Antonio debe ser el hombre y el político. En lo demás -profeta,
vidente, poeta...- hay algo de zarandaja y tufarada. Sobre todo en lo de
Poesía.
José
Antonio trajo una nueva dialéctica, una
oratoria y un estilo que tuvieron la virtud de mover. “A los pueblos no
los han movido más que los poetas”. Pero -¡cuidado!, que esto se ha
traído y llevado mucho- José
Antonio no dijo que estos mismos poetas fuesen los conductores.
Atribuye certeramente a la Poesía una facultad de exaltación, pero no
una facultad rectora y, en ultimo termino, conserva siempre su posición
intelectual, cuando atribuye
al cerebro modos de amar desconocidos por el corazón.
La
poesía no puede considerarse como la esencia del movimiento por la misma
razón que nos dice que la música de órgano no es la propia iglesia.
Esto es la forma pero no la entraña.
Lo
fundamental, la base del sistema es el hombre. Y aquí esta la suprema
creación joseantoniana: un tipo humano completo. Y él mismo es
substancialmente el arquetipo, pues él descubrió la verdadera dignidad
humana y trajo el yugo del servicio como norma. El supo llegar hasta su
forma suprema con la misma gallardía con que le dedicó su vida en una
dolorosa evasión de la torre marfileña. Y aún ese tremendo momento no
se deshumaniza, no hace una frase para la galería, sino que, con
sencillez y sinceridad profundamente humanas, surge la confesión:
“Nunca es alegre morir a mi edad”.
Este
era el hombre. Bienaventurados los que le conocieron. Pero más
bienaventurados aún los que, sin verle, le amaron y creyeron en él [29].
Este
articulo, ingenuo, lo escribí yo ingenuamente y se publicó en el periódico
de practicas de la Escuela Oficial de Periodismo, hace cincuenta y siete años.
Evidentemente el texto está necesitado de
las revisiones y correcciones de estilo, adecuadas a mi torpeza y
al medio siglo transcurrido; pero no reniego de él y substancialmente lo
volvería a firmar hoy mismo.
Esto es
para mi el hoy de lo joseantoniano.
Prácticamente volví a firmar aquel articulo, cuando, en 1986,
escribí Sin ataduras [30]
y, en 1998, cuando escribí Joseantonianos
[31];
es decir, cuando, por encima
de militancias y banderías, permanezco en la propuesta de un José
Antonio patrimonio de todos, de un José Antonio que puedan
descubrir los más jóvenes, de
un José Antonio integrado en la historia de España.
Así lo
vemos los joseantonianos. Así
he visto su nombre, José Antonio,
en el muro de la iglesia de Santa María, concatedral de Cáceres,
tan incorporado a la piedra que parece allí desde el siglo XV, cuando se
comenzó la fábrica, y no como un añadido posterior y adventicio,
atribuible a este o a aquel, cuando es de todos. Y sin embargo, en 1998,
un funcionario del Gobierno, José
María Pérez Rodríguez, de Oviedo,
ha sido condenado al ostracismo y al escándalo por el grave pecado
de invocar sencillamente el nombre de José
Antonio [32].
En
mero acto de consecuencia y sinceridad, llevo cincuenta y siete años
confesando a José Antonio y
esto es tan milagroso como que aquí, en su nombre, estemos reunidos esta
mañana, sin ninguna razón práctica. ¿Cuantas veces me habré dicho el
soneto de Ángel María Pascual ?
:
A
ti, fiel camarada, que padeces el cerco del olvido atormentado.... En tu
propio solar, quedaste fuera, del orbe de tus sueños hacen criba...
bebamos juntos en las mismas heces
? [33].
Otro
soneto, que me afecta, se titula, a lo Aleixandre,
Sombra del Edén, me lo envía Antonio
Castro Villacañas y dice:
¿Hubo
Falange o fue Falange un sueño?
En
este atardecer, me he preguntado,
para
alivio y dolor, si en el pasado
del
que -mínimo Adán- me vi condueño,
lo
vivido fue mágica impostura
de
aquel Dios que soñé. Claro y preciso,
en
la memoria alegre el Paraiso
está;
persiste; dura y perdura
no
solo para mi...La terca historia
es
mi aguijón, mi paz, minima gloria
de
abeles y caínes con sus crias...
Y,
sin embargo, mucho es haber soñado,
haber
sido feliz, haber llegado
a
vivir el Jardin algunos dias.
Miro
hacia atrás y compruebo que puedo sostener la lectura de mis escritos
anteriores y urgentes: Nosotros, los
de la quinta del 44 (1949) [34], La
victoria con botas (1950) [35],
Mochila, misal y canción
(1950)
[36], Informe
sobre la Falange de José Antonio
(1972) [37],
José Antonio Primo de Rivera
(2001),
las cartas al director (las que pasaron [39]
) y las 400 paginas de Aquí
hubo una guerra , que, seguramente por incorrección política, no
pasan por editor alguno.
Como la
hierba entre las piedras, han surgido, difíciles y fáciles, los libros
recientes: Un estilo español de
pensamiento, de Vicente Gonzalo
Massot (1982); José
Antonio, de Carlos de Arce (1983); José Antonio y la República de García
de Tuñón (1996); Biografía
no autorizada , de Cesar Vidal (1996); Papeles póstumos de
José Antonio, de Miguel Primo
de Rivera (1996); Retrato
de un visionario, de Julio
Pecharromán (1996); Las
máscaras del héroe de Juan Manuel de Prada (1996); Entre
lo espontáneo y lo difícil , de
Miguel Argaya (1996); Juez y Parte, de Santiago
Carrillo (1996); Sobre José Antonio, de González
Navarro y
Aguinaga (1997); José Antonio y
Franco, de Payne (1997);
José Antonio visto a
derechas , de Luis María
Sandoval (1998); El héroe ausente,
de Paul Preston (1998), José
Antonio, las conferencias prohibidas,
de Garcia de Tuñón y
Morales
(1999); Lo que fue la Falange, de Joan María Thomàs (1999);
José Antonio y Luys Santa Maria, de Garcia de Tuñón (1999);
Historia de Falange Española de las JONS, de José Luis Rodríguez
(2000); La Falange de Franco, de Joan Maria Thomàs (2001);
Once poemas de José Antonio Primo de Rivera, de Rafael Inglada (2001).
¿Quien
es este hombre que, sesenta y cinco años después de su muerte, con solo
tres años de vida pública, a pesar de todas las proscripciones, pervive
de este modo en la conciencia española?
Tercera
estación
EN
LA QUE SE BUSCA EL CONTEXTO Y
LA ACTUALIDAD
A
los sesenta y cinco años de su muerte, hay que ver a José
Antonio doblemente: en su contexto histórico y en su actualidad; en
la potencia de su propio tiempo y
en los actos del tiempo nuevo, que ese es el profundo significado de
actualidad, en cuanto virtud por la que la potencia se puede convertir en
acto.
Tenemos
que ver a José Antonio en su tiempo y en su realidad, sin caer en las ucronías,
en las minucias y en los empeños. Las ingenuas ucronías de si se
hubieran logrado los intentos de salvación o lo que diría y haría, si
ahora viviera. Las accidentales minucias de los subsidios o de las
complicidades. Los ridículos empeños de que sea fascista o liberal, violento o reflexivo, demócrata o antidemócrata, franquista
o antifranquista.
Es muy fácil
descalificar el pasado desde la mentalidad del presente. Juzgar el
pasado con criterios actuales nos pone al borde de la puerilidad de pensar
que los antiguos romanos eran tontos porque no tenían microondas en la
cocina. Marañón nos dice:
En
la historia hay una cosa absolutamente prohibida: el juzgar lo que hubiera
sucedido de no haber sucedido lo que sucedió [40]
Hay un
modo de hacer balances del pasado que
Jean Daniel atribuye
a quienes llama cronistas
de la distancia :
En
su discurso, los acontecimientos aparecen bajo un enfoque totalmente
distinto: el del momento presente, con sus opiniones y sus intereses....El
sentimiento vivido es más
importante para mi que la realidad reconstituida por cronistas de
circunstancias bajo la presión de las ideologías dominantes
[41]
Con el
propio José Antonio, hay que
estar en la música del tiempo, de cada tiempo.
A propósito
de su acartonado libro sobre José
Antonio [43]
, se lo dije a Gibson en mi casa. No es lo mismo manipular fichas
de hemeroteca que haber leído los periódicos en su fecha. Las palabras
frías son como la sopa fría. Es fácil ridiculizar una frase fuera de su
temperatura. Lo honesto es hacer una inmersión en el tiempo.
¿Cual
es, por ejemplo, el contexto de la
dialéctica de los puños y de las pistolas, a que José Antonio alude en el discurso primario de 29 de octubre de
1936? El mismo día, domingo
de campaña electoral, el
socialista Prieto,
en Valladolid, dice que si no se
vence en las urnas, se vencerá en las calles al grito de ¡viva la
revolución social!. Y
Margarita Nelken explica que, para esa revolución , la revolución
rusa es pobre modelo, porque nos harán falta llamas gigantescas que se verán desde cualquier punto
del planeta y olas de sangre que teñirán el mar.
Pocos días
después, en la misma campaña, Largo Caballero, presidente del
PSOE, proclamaba públicamente en Don Benito:
Vamos
hacia la revolución social. Y yo digo que la burguesía no aceptará una
expropiación legal. Habrá que expropiarla por la violencia....Vamos a
echar abajo el régimen de propiedad privada...Se dirá “¡Ah, esa es la
dictadura del proletariado!” Pero ¿es que vivimos en alguna democracia?
Pues ¿que hay hoy mas que una dictadura burguesa?....La clase obrera debe
prepararse bien para todos los acontecimientos que ocurran y, el día que
nos decidamos a la acción, que sea para algo definitivo que nos garantice
el triunfo sobre la burguesía...Estamos en plena guerra civil. Lo que
pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por
fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar...Tenemos que
luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales
ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera
roja de la Revolución socialista [44].
Hay
muchos que de José Antonio
solo saben nueve palabras :
la dialéctica de los puños y de las pistolas . Se ignora la frase
completa y, por supuesto, se
ignora que, solo un mes más tarde, el semanario FE
, según propia declaración, única
publicación de nuestro movimiento autorizada por el Mando
[45],
escribe lo siguiente:
La
posición de F.E. no es mantener el statu
quo económico y social, con medidas coercitivas, por un procedimiento
fascista, mussoliniano o hitleriano, o por un fascismo desvanecido ni
desvaído, ni tampoco propugnamos
la revolución del puñetazo y de la pistola: vamos a una revolución
más honda y trascendental no solo en la parte moral de los hombres sino
en la política económica, aunque no se enteren los dirigentes
socialistas ni dejen que se enteren las masas
[46].
El
fascismo está en el contexto de José
Antonio, como está en todo el contexto de la época de entreguerras.
En esa circunstancia, el gran mérito de José Antonio es que, de
modo terminante, se niega a ser fascista. Las pruebas son sobreabundantes,
palmarias y reiteradas. Pero es igual: hay un empeño frenético,
enfermizo, en condenar a José
Antonio como fascista.
Desde la
fundación en el teatro de la
Comedia, en la que García Valdecasas
formula el distanciamiento del fascismo, a los escritos finales
de la cárcel de Alicante, en los que José Antonio se afirma en la
condena [48],
se repiten las declaraciones
y los desmentidos. Falange no se ha llamado jamás fascismo en el más
olvidado párrafo del menos importante documento oficial ni en la más
humilde hoja de propaganda, escribe José Antonio, en abril del
36 [49].
Siete
son los discursos fundamentales de José
Antonio: el del teatro de la Comedia (Fundación
de Falange), los del teatro Calderón de Valladolid
(Fusión con las JONS
y España y la barbarie), el del Circulo Mercantil (Ante
una encrucijada en la historia política y económica del Mundo) , los
dos del cine Madrid (Revolución Nacional y II
Consejo Nacional ) y el del cine Europa (Ante las elecciones del 36).
Pues,
bien; en todos aquellos siete discursos fundamentales,
José Antonio se refiere
al fascismo una sola vez y lo hace para calificar como insidia la especie
de que la Falange sea una imitación fascista [50].
Pero es igual. El apriorismo
funciona y los jefes de la censura inmanente y del pensamiento único
han decretado que José Antonio es fascista.
Garcia
Escudero recuerda el pasmo del
escritor que, en tiempos de la Republica, viene a España, conoce a Gil
Robles , conoce a José
Antonio y llega a la conclusión de que
José Antonio es el demócrata cristiano y Gil Robles,
el caudillo fascista .
El empeño
de hacer a José Antonio
franquista o antifranquista no solo es ridículo sino que es ucrónico.
Falangistas prístinos sostienen que la Falange es solo José Antonio y que la Falange muere con José Antonio [52]. Lo que
ocurre a continuación es un complejo fenómeno histórico todavía no
estudiado serenamente, como no se ha estudiado el propio franquismo.
Por una
parte, Paul Preston afirma que José
Antonio no puede ser enjuiciado por lo que se hizo con su memoria después de su
muerte:
Aún
menos puede juzgársele sobre la base de lo que muchos de sus seguidores
hicieron en servicio de Franco [53] .
Otra es
la idea de Ignacio Sotelo,
egregio socialista, catedrático de
Ciencia Política, que ha trabajado muy notablemente en la objetivación
del franquismo y en su periodificación. Todo ello, consecuencia de la
instalación histórica que es la guerra civil, como lo fueron, antes,
las guerras de Sucesión y de la Independencia y como lo son, en otras naciones, sus guerras respectivas.
Para el
profesor Sotelo estamos en
aquella instalación, sin hiato histórico en 1975,
y, por lo tanto, en el franquismo
atado y bien atado. La idea es muy provocativa y merece ser analizada;
pero se ha cubierto bajo siete capas de silencio por su osada incorrección
política.
En aquel
periodo, llamado los cuarenta años,
la oficialización de la Falange y el par de retratos de Franco
y José Antonio en toda
decoración administrativa, representan, contradictoriamente, a mi juicio,
impregnaciones, transacciones, remedos, perseverancias, devociones,
caricaturas o derramamientos[54].
De todo ello, ha quedado la curiosa definición de la
ultima edición del Diccionario de la Academia:
Falangismo. Movimiento político y social fundado por José
Antonio Primo de Rivera en 1933 y cuyas líneas ideológicas fundamentales
son: concepto de España como unidad de destino, desaparición de los
partidos políticos y protección oficial de la tradición religiosa española.
No casa
evidentemente la ultima proposición del diccionario con la tesis de la
responsabilidad católica de la tragedia de España, que, según
el profesor Sotelo, refiriéndose a Laín Entralgo,
permite entender por qué el joven que se siente católico, pero no
tradicionalista, que se distancia de una Iglesia que se opone a la
modernidad y ampara a los sectores sociales más retrógrados, sin por
ello perder la fe, viese en la Falange la síntesis buscada de catolicismo
y modernidad social, nacionalismo y afán de renovación científico, como
único camino de progreso económico y social .
Sotelo
considera que, en la posguerra, aquella
integración de lo católico y lo moderno, al mismo tiempo que la
integración de la España interior y la del exilio, son propósitos de la
que Dionisio Ridruejo llama la Falange ideal y que, por
supuesto, fueron propósitos fracasados .
Sobre
todo ello, signo de un tiempo, han flotado las
emanaciones del espíritu, plasmadas
en un sistema que ha producido abnegaciones y eficacias, al mismo tiempo
que se utilizaba como recurso político-administrativo de una situación
que ha actuado de algún modo en el subconsciente de la sociedad española,
aunque tal compostura se niegue a si misma [58].
Esta
es la virtud de la utopía, ardiente, contra el viento,
en las emocionantes y marginales
minorías de jóvenes
ingenuos (es decir, sinceros) que ahora mismo alzan la bandera rojinegra.
Este
complejo fenómeno histórico, requerido de estudio, por encima del
antifranquismo cerril, se puede representar en cuatro afirmaciones: la de Dionisio
Ridruejo, que considera que esto
no es la Falange que quisimos
[59]
y por eso, solo por eso, se separa del Régimen; la de Rodrigo
Fernandez-Carvajal, para quien la hipótesis de la implantación del
autentico nacionalsindicalismo habría supuesto una catástrofe por falta
de base económica [60]
; la de Tierno Galván, que descartaba un futuro neocapitalista, porque
en los campamentos de juventudes de la Falange, medio millón de niños
españoles han sido educados en un culto a la justicia y a la igualdad de
clases [61]
; y la de Martínez Emperador,
para quien, sin la
presión del falangismo, la España de posguerra se habría convertido en
el gran latifundio de la
derecha [62].
Otra
simpleza es la enfrentar a José
Antonio con lo democrático, en un contexto histórico en el que el
presidente del P.S.O.E., Largo
Caballero, clama por la
dictadura del proletariado, emulando al Partido Comunista, que personifica
en Stalin su modelo de dictadura.
Para
los jóvenes de mi tiempo y de mi conciencia, la dicotomía no era dictadura-democracia,
como ahora se quiere hacer creer con efectos retroactivos. Para los jóvenes
de mi tiempo y de mi conciencia, la dicotomía era comunismo-capitalismo, con el frente comunista abierto.
Decía
Besteiro [63]
al final de la guerra:
Estamos
derrotados (...) por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique,
que es la aberración política más grande (...) La reacción contra ese
error de la República (...) la representan, sean los que sean sus
defectos, los nacionalistas que se han batido en la gran cruzada
antikomintern [64]
Poco
antes, Azaña
comentaba a Sánchez
Albornoz:
La
guerra está perdida, pero si por milagro la ganáramos, en el primer
barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos. Si
nos dejaban
[65].
En
nuestro libro de cabecera aprendimos el camino más difícil, el camino de
en medio, el camino de la síntesis, el camino de la invención, la
tercera vía. En esta vía, coincidiendo con Tovar
[66] y
García Escudero [67] ,
dice
Jesús Fueyo:
El
día que alguien estudie en amor de verdad el pensamiento de la Falange,
descubrirá una de las síntesis más grandiosas del pensamiento político
español [68] .
Cuarta
estación
EN
LA QUE JOSÉ ANTONIO NOS SITÚA ENTRE DOS MUNDOS
En el
gran ejercicio de la síntesis, José
Antonio propone la superación no solo de la alternativa partidista de
derecha e izquierda, sino también de dicotomías más amplias, que puedan
ser objeto de la integración cristiana del orden material y del orden
espiritual, como empresa comunitaria. Así, patria y revolución, derechos
de la persona y solidaridad social, conservadurismo y progresismo, orden
de libertad y sistema de justicia, capitalismo y comunismo[69].
En el
enfrentamiento de los dos sistemas dominantes, comunismo y capitalismo, José
Antonio no plantea, según los modos políticos, la ocupación del
sistema sino la innovación del sistema. Este es su atractivo ya que el
mundo en que vivimos es el mundo de la innovación en todos los ordenes,
menos en las formas políticas, como si efectivamente hubiéramos llegado
al fin de la historia y
estuviera prohibido el pensamiento que no fuera único o la verdad que
no fuera oficial.
Diríase
que, desde este pozo, clama el
cartel que, en unas
elecciones estudiantiles de mi Facultad, decía: No
soy de derechas; no soy de izquierdas; soy joven y tengo ideas [70].
¿Se ha
considerado suficientemente la invocación de José Antonio a pasar de la orilla de un orden económico y social
que se derrumba a la orilla fresca y prometedora del orden que se adivina,
salvando los gérmenes de un mundo futuro y mejor, ocultos en la revolución
rusa, ocultos en la invasión de los bárbaros ? ¿Son los talibanes
–cabe preguntarse- la representación de la nueva barbarie?
Las
Torres Gemelas han sido abatidas. Pero lo que, de momento y efectivamente,
se ha derrumbado es el muro de Berlín, y sobre sus ruinas se ha asentado
el triunfo del capitalismo, con la sacralización del mercado y, por
consiguiente, de la
democracia capitalista.
Antes y
después de la caída del muro, el lema
Ni comunismo ni capitalismo,
todo lo utópico que se quiera, ha sido una idea presente no solo en el
pensamiento de José Antonio,
sino también en otros nobles pensamientos y especialmente en el
magisterio pontificio.
La idea
está claramente en León XIII
(Rerum novarum), en Pío XI (Quadragesimo anno)
o en Juan Pablo II (Laborem
exercens ) Y tiene reflejos diversos, en
la Conferencia Episcopal Tarraconense (1974), o en
Miret Magdalena, que se
pregunta por una tercera vía europea [72],
mientras que, con el crecimiento del capitalismo, crecen la pobreza y la
injusticia[73],
que tanto soliviantan a Saramago [74]
y al sentido común.
La idea Ni
capitalismo ni marxismo [75]
está particularmente clara
y reiterada en Juan Pablo II, en la encíclica Solicitudo rei
socialis, en los discursos brasileños de 1980, en
el discurso a los obispos europeos (1985) y, en 1999,
en la exhortación La Iglesia en América o en la Academia Pontificia para las Ciencias. De Juan
Pablo II son estas tres precisiones:
1.
La caída del muro que dividía el Este y el Oeste ha dejado en evidencia
otros escandalosos muros de pobreza, violencia y opresión política que aún
dividen a amplios sectores de la Humanidad
[76]
2.
En el origen de numerosos y graves problemas sociales y humanos que
atormentan en la actualidad a Europa y al mundo se encuentran también las
manifestaciones degeneradas del capitalismo
[77]
3.
Era legitimo combatir el sistema totalitario, injusto, que se definía
socialista o comunista. Pero también es verdad lo que dice León XIII, es
decir, que hay "semillas de verdad" incluso en el programa
socialista. Es obvio que no se deben destruir estas semillas, que no deben
perderse [78]
¿No
resuenan en estas semillas aquellos
gérmenes
del discurso de José Antonio? : los
gérmenes ocultos y hasta ahora negados en la revolución rusa, los gérmenes
de un mundo futuro y mejor, los gérmenes que tenemos que salvar, los gérmenes
que queremos salvar
[79].
Lo
que ocurre es que solo se airean a toda orquesta las declaraciones sobre
la moral sexual, con la pintoresca guerra de los preservativos.
Cuando el Papa habla profundamente de la justicia social, los
medios se distraen, como ocurrió con el discurso al Cuerpo Diplomático,
del que los periódicos españoles omitieron, de modo ostensible, todas
las criticas al capitalismo[80].
La Estrella Digital
ha llamado a Juan Pablo II el Papa Rojo
[81].
También, en su día,
llamaron a José Antonio el señorito bolchevique [82].
Quinta estación (breve y final)
EN
LA QUE FINALMENTE SE LLEGA AL HOMBRE
José
Antonio nos dejó una prueba
para reconocer el triunfo. Es una prueba directa y matemática:
Si la Falange llega al Poder, a los quince días será nacionalizado el
servicio de crédito, acometiéndose inmediatamente el problema agrario
[83]. ¿Seguimos
hablando de fracaso?
Personalmente,
como resumen de este discurso, puedo decir que, en cuanto joseantoniano, he
fracasado con gran éxito. La revolución ha triunfado, por lo menos, en
mi. Y he fracasado con gran éxito, ya que, si no se ha llevado a término
la revolución nacionalsindicalista, la que sí se ha incoado es mi propia
revolución, la revolución que comienza por el hombre.
José
Antonio no solo vino a proponer
una arquitectura política para la comunidad nacional, sino también una
conducta individual ante la vida entera, una manera
de ser [84].
Es decir: una revolución
nacional que no habría de reducirse a las grandes formas del
entendimiento colectivo ya que, al mismo tiempo, implica una intima
revolución de cada hombre, el nuevo orden, que ha de arrancar otra vez
del individuo [85]
como Miguel de Unamuno
recomendó directamente a José Antonio, en Salamanca [86].
Aquella
idea está expresa y reiteradamente proclamada en José Antonio, que, precisamente en el llamado discurso de la
Revolución, explica como la
construcción de un orden nuevo tiene que empezar por el hombre, por el
individuo, como occidentales, como cristianos, como españoles [87]
Ahora,
el ideólogo de Blair, el
economista Anthony Giddens,
pone al hombre en el vértice del sistema para crear una tercera
vía , superadora del neoliberalismo y de la socialdemocracia [88],
sesenta y cinco
años después de que José Antonio dijera que la reorganización
total de Europa tiene que comenzar por el individuo [89],
sobre
la base de que la dignidad humana, la integridad del hombre y su
libertad son valores eternos e intangibles
[90].
Si mi
conformidad personal o manera de ser
es otra, distinta de la que habría sido de no haberme sumergido en
José Antonio ( y yo así lo
siento, como una forma de decoro intelectual), invito a todos a admitir,
como conclusión, que en este suceso personal se puede representar lo que
actualmente significa lo joseantoniano
; es decir, aquello que sea, según reza el titulo de esta conferencia,
lo joseantoniano hoy.
Sea de José
Antonio la frase final. Es de mayo de 1936, desde la cárcel Modelo de
Madrid, y es esta:
La Falange no existe.
La Falange no tiene la menor importancia. Eso dicen. Pero ya nuestras
palabras están en el aire y en la tierra .
[1]
ENRIQUE DE AGUINAGA, “Informe sobre la Falange de José Antonio”,
conferencia en la Jefatura Provincial del Movimiento, 29 de octubre de
1972, Grafinsa, La Coruña, 1973, p. 32.
[2]
IDEM, “Joseantonianos”, en “Altar Mayor” (revista), numero 50,
Madrid, noviembre-diciembre de 1997, pp. 731-733.
ANGEL L. PRIETO DE PAULA, “La escritura del fracaso”, en
“Babelia” (diario “El Pais”), Madrid, 24 de noviembre de 2001:
“Igual que UNAMUNO, en el cierre de uno de los sonetos de su Rosario...,
el sujeto sabe que “toda vida a la postre es un fracaso”.
[4]
JEAN LACROIX, “El revés”, 1964.
JULIAN MARIAS, “Lo que se lleva dentro”, en “ABC” (diario),
Madrid, 7 de abril de 2001.
[6]
EDUARDO HARO TECGLEN, “1945-1951”, en “Babelia” (“El País”),
Madrid, 16 de enero
de1999.
[7]
IDEM , correo electrónico a Ismael Medina, Madrid, 29 enero 1999
[8]
ENRIQUE DE AGUINAGA, “Sin ataduras”, en “ABC” (diario),
Madrid, 20 de noviembre de 1986.
[9]
IDEM, “También la derecha ha fusilado a José Antonio”,
conferencia, en “Fuerza Nueva”, Madrid, 4 de abril de 1974.
[10]
MIGUEL DE UNAMUNO, carta al escritor argentino Lisardo de la Torre, 14
de agosto de 1936. “Lo he seguido con atención, puedo asegurar a
usted que se trata de un cerebro privilegiado, tal vez el más
prometedor de la Europa contemporánea. Le funciona perfectamente la
cabeza”
[11]
ENRIQUE DE AGUINAGA, o.c.
[12]
ERNESTO MILA, correo electrónico, 30 de enero de 1999.
[14]
LEOPOLDO PANERO , "Canto personal", Cultura Hispánica,
Madrid, 1953, p. 121.
[15]
“CAMISAS AZULES”, reunión de camaradería con Jaime Campmany,
Hotel Nacional, Madrid, 29 de septiembre de 1966.
[16]
JAIME CAMPMANY, en “Arriba” (diario), Madrid, 20 de noviembre de
1970.
[17]
DECRETO de la Jefatura del Estado, de 16 de noviembre de 1938, BOE del
día 17, articulo 3º.
[18]
JOSE LUIS CASAS (El Castelo, 1936), "Mariano Faura o el deseo de
concienciación", entrevista con MARIANO FAURA (Guadalajara,
1925), en "El Alcazar", Madrid, 24 de octubre de 1982.
[19]
CEFERINO L. MAESTU (Vigo, 1920), "Sindicalismo falangista",
conferencia, en el Circulo Doctrinal José Antonio, Madrid, inauguración
del curso 1962-1963.
[20]
FRANCISCO EGUIAGARAY BOHIGAS ( León, 1934), "Salud y revolución",
en "Arriba", Madrid, 17 de julio de 1960
[21]
GONZALO TORRENTE BALLESTER, “La enseñanza viva de José Antonio”,
en “Pueblo” (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1942.
[22]
CARMEN GUZMAN (Murcia, 1951), "¿Te
confiesas aún falangista?",
entrevista con JAIME CAMPMANY, en "Arriba" (diario),
Madrid, 29 de agosto de 1975.
[23]
LOLA DIAZ, "Amando de Miguel, teoría (y práctica) del
pragmatismo", entrevista con AMANDO DE MIGUEL (Pereruela, 1937),
en "Cambio 16" (revista), Madrid, 29 de abril de 1985.
EMILIO ROMERO, "Esa rara independencia llamada sinceridad",
en "Ya" (diario), Madrid, 30 de abril de 1985.
[24]
Buenos Aires, 27 de diciembre de 1956.
[25]
ROSA CHACEL (Valladolid, 1898),
"Alcancía. Ida", Seix Barral, Barcelona, 1982. p.
69.
[26]
ENRIQUE DE AGUINAGA, "Rosa", en "Ya" (diario),
Madrid, 8 de diciembre de 1991 ("Kilómetro Cero", 42).
[27]
TULIO H. DEMICHELI (México, 1956), "Rosa Chacel confiesa que no
soy exilable porque siempre he llevado conmigo a España ",
en "ABC" (diario), Madrid, 5 de diciembre de 1991. ESTEBAN
HERNANDEZ (Madrid, 1965), "El Club Siglo XXI homenajea a Rosa
Chacel tras quedarse a las puertas del Cervantes", en "El
Mundo" (diario), Madrid, 5 de diciembre de 1991. "EL PAIS"
(DIARIO ), "Rosa Chacel y Rafael Alberti retoman su viejo debate
sobre el europeísmo y el andalucismo", Madrid, 5 de diciembre de
1991.
[28]
ENRIQUE DE AGUINAGA , "Nosotros, los de la quinta del 44",
en "Arriba" (diario), Madrid, 29 de octubre de 1949.
[29]
ENRIQUE DE AGUINAGA, “José Antonio, el hombre. Meditaciones de un
camisa nueva”, en “España Una” (periodico de prácticas),
Escuela Oficial de Periodismo, Madrid, 29 de octubre de 1944.
[30]
IDEM, “Sin ataduras”, en “ABC” (diario), Madrid, 20 de niembre
de 1986.
[31]
IDEM, “Joseantonianos”, en “Altar Mayor” (revista), numero 50,
Madrid, noviembre-diciembre de 1997, pp. 731-733.
[32]
JAVIER CUARTAS, “Los socialistas exigen su destitución. Un cargo de
la Delegación del Gobierno en Asturias invoca a José Antonio”, en
“El País” (diario), Madrid, 21 de septiembre de 1998.
[33]
ANGEL MARIA PASCUAL (Pamplona, 1911-1947), "Envío" , poema
final, en "Capital
de tercer orden (versos del amor de disgusto)". El soneto está
firmado en El Busto, octubre 1946. Con el mismo titulo, canción de
los cartuchos grabados con motivo del L aniversario del Frente de
Juventudes (PT 066, Vol. 2), música de Marciano Cuesta Polo. PASCUAL
RECUERO ("JOSE DE ARRIACA"), "Envío", en
"Cancionero de juventudes", Doncel, Madrid, 1967, p. 256.
[34]
ENRIQUE DE AGUINAGA, “Nosotros los de la quinta del 44”, en
“Arriba” (diario), Madrid, 29 de octubre de 1949.
[35]
IDEM, “La victoria con botas”, en “Arriba” (diario), 1 de
abril de 1950.
[36]
IDEM, “Mochila, misal y canción”, en “Arriba” (diario),
Madrid, 30 de mayo de 1950.
[37]
IDEM, “Informe sobre la Falange de José Antonio”, conferencia en
la Jefatura Provincial del Movimiento, 29 de octubre de 1972, Grafinsa,
La Coruña, 1973.
IDEM, “José Antonio Primo de Rivera”, conferencia del ciclo
“Madrileños del siglo XX”, Instituto de Estudios Madrileños,
Artes Graficas Municipales, Madrid, 2001.
[39]
IDEM, “Puntualizaciones sobre José Antonio Primo de Rivera”, en
“El País” (diario), Madrid, 8 de noviembre de 1988.“Jóvenes
joseantonianos”, en “Diario 16”, “El Mundo” (diario) y
“ABC” (diario), Madrid, 13 y 17 de diciembre de 1990. “Más
sobre los joseantonianos”, en “ABC” (diario), “Diario 16” y
“El Mundo” (diario), Madrid, 24, 26 y 28 de diciembre de 1990.
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