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  ÍNDICE

  DOSSIER: «VALLE DE LOS CAÍDOS» 

     - ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS ACERCA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS. Luis Suárez Fernández

     - SOBRE EL VALLE DE LOS CAÍDOS. Victoria Prego

     - EL VALLE DE LOS CAÍDOS. Fundación Nacional Francisco Franco 

     - EL VALLE DE LOS CAÍDOS. Pío MOA

     - La verdad: del Valle. Juan A. Mayor de la Torre

     - FELIPE GONZÁLEZ Y EL VALLE DE LOS CAÍDOS

     - CIERRE DEL VALLE DE LOS CAÍDOS: carta abierta a Anasagasti. Pío Moa

    - SOBRE EL VALLE DE LOS CAIDOS. Pío Moa

    - HOMILÍA. Dom Anselmo A. Navarrete

*       *       *

   EONES DE LA HISTORIA. Manuel Parra Celaya  

EL ODIO A LOS SÍMBOLOS. Ramiro Solana

PLAN IBARRETXE EN MADRID. Mariano Rajoy

      Ante el debate por el discurso de Jiménez de Parga

      Ante unas elecciones en lontananza

LAS LICENCIAS PESQUERAS DE MOHAMED VI LAS VAN A PAGAR LOS SAHARAUIS. Colectivo Montiel 

LO JOSEANTONIANO, HOY. Enrique de Aguinaga    

 

 

 

DOSSIER: «VALLE DE LOS CAÍDOS»

 ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS ACERCA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS

Luis Suárez Fernández

Catedrático

De la Real academia de la Historia

El Valle de los Caídos fue concebido, desde el primer momento, como lugar de reposo y encuentro para los muertos de ambos bandos, católicos, en la guerra civil, ya que unos y otros entendían haber luchado por una España mejor o, simplemente, estar cumpliendo su deber. El lugar, Cuelgamuros, fue señalado por el propio Francisco Franco durante la guerra cuando recorría la sierra de Guadarrama. Su nombre es una suavización del primitivo Cuelga mulos porque se había utilizado, durante las obras de El Escorial, como dehesa para que pastasen los animales de carga. Las obras se iniciaron un poco tiempo después de acabada la contienda, buscando los servicios de empresas mediante los concursos que en forma ordinaria se hacían entonces. Huarte y Compañía tuvo el encargo de hacer la cruz, signo esencial porque, desde el punto de vista cristiano es vehículo de reconciliación.

En la obra, que cuenta con dos directores de gran categoría, Diego Méndez, arquitecto, y Juan de Ávalos, escultor, que nada tienen que ver con motivos políticos, trabajaron obreros y maestros artesanos que procedían sobre todo de los municipios de los alrededores, de donde se extraía la piedra de cantería necesaria para la edificación del monumento de grandes proporciones. También se admitieron reclusos, tanto políticos como comunes, en un número ciertamente limitado. Los datos son fehacientes. La peligrosidad de los trabajos, ya que se trataba de horadar una montaña, hizo que se produjesen accidentes que costaron la vida, en los tres quinquenios que tardó en realizarse, de catorce personas. Un porcentaje que puede considerarse dolorosamente normal. Los reclusos habían solicitado participar a fin de acogerse al decreto de redención de penas por el trabajo. No eran forzados ni habían sido condenados en condición de tales.

Conviene explicar este punto para evitar equivocadas interpretaciones. Antes de la guerra un padre jesuita, Julián Pereda, había redactado un importante documento, que Franco tuvo en su poder y anotó, proponiendo un sistema de reinserción de los penados. Consistía en que éstos tuvieran la oportunidad de trabajar, cobrando un sueldo y reduciendo además el tiempo de pena. El 8 de mayo de 1940 el director general de Prisiones propuso a Franco una solución de este tipo a fin de, sin que se llegase a una amnistía, reducir rápidamente el número de reclusos, que constituía un perjuicio. En consecuencia se promulgó un decreto que otorgaba a los que escogiesen voluntariamente el sistema recibir ambas condiciones. No se aplicó únicamente en el Valle. Las condiciones que en este se aplicaron eran: suprimir otros dos días de condena por cada uno que se trabajase, percibir un salario diario de siete pesetas -más de lo que cobraba un becario de investigación en el CSIC y poco menos de lo que se daba a un profesor adjunto en la Universidad- tener a su familia alojada en casas que se construyeron en el Valle, y disponer de un colegio para sus hijos. Solo los que gozaban de buena fama en la prisión eran admitidos ya que el sistema de vigilancia era, por razones obvias, bastante escaso. Hubo médicos que ejercieron su profesión y otras personas destinadas a un servicio burocrático.

Los que, movidos por buena intención, aplicaron este sistema también en el Valle, no percibieron seguramente el error. Pues la redención de penas por el trabajo es un regalo que se hace al condenado que es consciente de que ha sido condenado por un delito que cometiera. Pero el preso político no lo percibe así: ha sido condenado precisamente por defender una causa que el considera justa. En consecuencia injusta es la sentencia. Y redimirla por medio de un trabajo forma parte también de esa injusticia. En ciertas personas el subconsciente conservó esta idea que aflora ahora en esa gran mentira que trata de establecerse diciendo que fueron forzados los que trabajaron allí. Tanto más falso cuanto que esta situación se dio sólo en los primeros años y las obras duraron hasta 1958. Por otro lado, en las obras del valle trabajaron únicamente un total de 2.643 obreros durante todos los años de su construcción, siendo solamente 243 los que se acogieron a la redención de penas por trabajo durante los años que se practicó este sistema, nunca todos al mismo tiempo.

Poco antes de que concluyesen -la fecha oficialmente establecida es del 7 de marzo de 1959- hubo algunas visitas importantes a aquel recinto. Se debe destacar la de Martín Artajo, Ángel Herrera y monseñor Angelo Roncalli que había ocupado la nunciatura en París y regresaba a Roma. Para Herrera lo importante era conseguir el establecimiento de un Centro de Estudios que, analizando la doctrina social de la Iglesia, crease un nuevo espíritu de convivencia que evitase los enfrentamientos. Una idea que Franco recogió poco después e incorporó a uno de sus discursos: «Cuántos males hubieran podido evitarse si los problemas sociales de nuestro tiempo hubieran sido analizados serenamente bajo el signo de la Cruz y de las doctrinas de la Iglesia por hombres doctos y preparados y si el espíritu del Evangelio hubiera presidido las relaciones entre los hombres». Desde este momento quedó decidido que el Valle albergaría dos cosas: el mencionado Centro que, en efecto, trabajó durante bastantes años dando origen a una larga serie de libros; y una casa de oración que fue confiada a la Orden benedictina en la que se encuentran las raíces de la europeidad.

El decreto-ley de 23 de agosto de 1957, que figura en el BOE, al establecer la Fundación y las condiciones del Valle, insistía en la idea inicial: allí podían ser inhumados caídos de ambos bandos siempre que las familias así lo solicitasen. Tenemos constancia de la existencia de más de 33.000 entre los cuales un muy alto porcentaje lo forman los republicanos. La lista es fehaciente y comprobable. Pero en julio de 1958 un padre jesuita, el P. Guerrero publicó un articulo en la revista Razón y Fe reclamando que fuesen sólo los caídos de un bando, el suyo, los que allí se acogiesen. Franco se asustó y Castiella envió a uno de sus colaboradores, Esteban Fernández, a que celebrara una entrevista con el nuncio, monseñor Antoniutti para plantearle la pregunta de si había un cambio de opinión por parte de la Iglesia. Roncalli había afirmado que aquel principio de monumento funerario que no hiciere distinciones entre los dos bandos, era un ejemplo. Antoniutti respondió que no había cambio alguno y que se debía informar al general de los jesuitas para que se hiciesen correcciones oportunas. La conversación con el nuncio tuvo lugar el 10 de julio y está recogida por escrito.

El mismo día 7 de marzo de 1959 en que se daban por terminados los trabajos, Franco escribió a Pilar y Miguel Primo de Rivera que autorizasen el traslado de los restos de su hermano desde El Escorial. Ellos dieron la gracias solicitando que dicho traslado fuese «intimo y recogido», deseo que no se cumplió porque el traslado (30 de marzo) fue convertido por los falangistas en un acto de afirmación que no interrumpió ni siquiera el clima, pésimo. La inauguración la hizo con una misa el cardenal primado Pla y Daniel que, desde entonces se ha venido repitiendo cada día. Al cerrarse las cuentas se vio que se habían invertido 1.033 millones de pesetas las cuales han sido ampliamente compensadas al Patrimonio por los ingresos que proceden de las visitas. Es el segundo monumento en este orden.

La aportación más decisiva vino de monseñor Roncalli cuando se convirtió en Papa Juan XXIII. Conviene recordar que se le considera como el «Papa bueno», aquel que abrió la Iglesia a la comprensión de todos. El 7 de abril de 1960 otorgó al Valle la condición de basílica, concurriendo en ella los privilegios que se señalan en tales casos, y que sólo la más alta autoridad de la Iglesia puede definir. Además envió un pequeño trozo del lignum crucis, es decir el madero de la cruz de Cristo hallado por Santa Helena. Sería ocioso entrar ahora en divagaciones arqueológicas en torno a esta atribución. Lo que importa es señalar que se trata de un regalo desde la fe. Al mismo tiempo otorgó una indulgencia plenaria que se lucra el Viernes Santo de cada año adorando la cruz. Para un ateo o agnóstico esto nada supone. Para un católico es un signo decisivo. Todo esto se encuentra exactamente documentado.

Desde entonces la basílica se ha convertido en un centro de peregrinación para los católicos, en una casa de oración en donde, como nos recuerda el actual abad en mensaje decisivos, cada día se elevan oraciones por los muertos que allí reposan y también por la concordia entre los españoles. Es el gran instrumento para la reconciliación que, según el sentir cristiano, sólo puede lograrse a la sombra de la cruz que lo corona todo. Privar a la nación española de un vehículo espiritual de tales proporciones sería, sin duda, causar un daño irreparable. Basta tener en cuenta la asistencia en los días de la Semana Santa y en las grandes festividades religiosas. Todos los demás aspectos, memoria política o monumentalidad han pasado a un segundo plano tras esta dimensión que es esencial.

El lugar de honor ha sido asignado a José Antonio Primo de Rivera, que fue víctima pasiva de una guerra civil en la que no participó, como el propio Indalecio Prieto comentó, doliéndose de que no se hubiera dejado al gobierno de la Republica la opción de salvar su vida. No estaba previsto que fuera sepulcro de Franco. La decisión se tomó en los últimos días por el Gobierno entonces existente y fue el propio rey don Juan Carlos quien firmó la petición al abad del Valle para que consintiera. Se le ha asignado un puesto principal, detrás del altar mayor.

La Historia se construye sobre una memoria que tiene siempre partidarios y detractores. Pero la actitud correcta consiste en respetar las cosas que se hicieron, guardando sobre todo el recuerdo fundamental a los muertos. Quienes tratan de perturbarla no sólo se equivocan sino que causan un gran daño, a veces irreparable. 

SOBRE EL VALLE DE LOS CAÍDOS                                                                  arriba

                                                  Victoria Prego

Publicado en «El Mundo»

Antes de que fuera señalado por la izquierda española, como “un museo de los horrores”, el Valle de los Caídos era, descontados los museos, el monumento del Estado mas visitado de España. Ahora, colocado en el centro de una virulenta polémica política, ha pasado a ser el tercero en el ranking.

Un sábado cualquiera por la mañana. Centenares de personas entran y salen de la Basílica y deambulan por el interior mirándolo todo.

Son en su mayoría hombres y mujeres entre treinta y cuarenta años, parejas con hijos pequeños y veinteañeros con aspectos variadísimos. Rodean el altar sin prestar casi atención a la tumba de José Antonio Primo de Rivera pero deteniéndose todos largo rato ante la lápida de granito en la que pone Francisco Franco. Los mayores de cincuenta años guardan un especial silencio al pasar junto a la lápida. Uno de ellos puede incluso que esté rezando. El resto parece sentir solo una vaga y lejana curiosidad ante lo que tiene delante.

Todo esto sucede después de que los monjes benedictinos que guardan el Valle de los Caídos y atienden al culto de la Basílica concelebraran la misa, todos alrededor del altar presidido por un magnifico Cristo clavado en un tronco de enebro que Franco eligió personalmente entre los que había en el monte y a cuya corta también asistió.

Porque resulta que este impresionante monumento sí que tiene la huella indeleble de Franco. Y no porque el general tenga allí otra presencia que la de sus puros huesos guardados bajo la lápida con su nombre. Tiene la huella de Franco, porque fue él quien ideó que hubiera un Valle de los Caídos; fue él quien eligió personalmente el lugar donde había de levantarse el monumento; él quien supervisó directísimamente el proyecto, las obras, las esculturas de Juan de Ávalos -un republicano con carné de las juventudes socialistas- y hasta el diseño de la gigantesca cruz de piedra de ciento cincuenta metros que preside la Abadía. Y fue también Franco quien definió su cometido Por eso es imposible, históricamente hablando, desligar el nombre de Franco de el Valle de los Caídos. Esta es su obra, sencillamente.

Desde 1937, mucho antes de que ganara la Guerra Civil, Franco tenía según cuenta Diego Méndez, uno de los dos arquitectos del Valle, la obsesión de levantar un monumento con el que “honrar a los muertos, cuanto ellos nos honraron”. Desde luego, en aquel momento, Franco estaba pensando en honrar a sus muertos, a los de su bando.

Y eso queda claro en el decreto de 10 de Abril 1940, al año de terminada la guerra, que dispone que se levante un templo grandioso en el que reposen los héroes y mártires de la Cruzada.

Pero 18 años después, las cosas ya eran de otra manera. En 1958, un año después de su inauguración, los gobiernos civiles informaban a los Ayuntamientos que el propósito del Monumento era “dar sepultura a cuantos cayeron en nuestra Cruzada, sin distinción del campo en el que combatieron” con tal de que fueran de nacionalidad española y de religión católica, puesto que se trataba de sepultarles en lugar sagrado.

E invitaban a que, quienes lo desearan, llevaran a enterrar allí a los suyos.

La segunda condición para que los restos identificados fueran depositados en Cuelgamuros, fue que ello contara con el consentimiento pleno de los familiares. A partir de 1953, empezaron a llegar a la cripta de la basílica las primeras cajas.

Ahora mismo la basílica cobija en la cripta los restos identificados de alrededor de 35.000 caídos en el frente, y en las retaguardias, la mayoría de los cuales, según el Abad, pertenecen al bando republicano.

De los que faltan para completar la totalidad de los restos guardados allí, casi cien mil, Proceden la mayor parte de las fosas comunes abiertas en tos frentes de batalla, no se conocen las identidades y sería hoy ya muy difícil su identificación. Esta es la realidad demostrable y documentada de los muertos en la Guerra Civil española que descansan en el Valle de los Caídos, objeto hoy de tan agria polémica.

Por lo que se refiere a los presos políticos que construyeron el Valle, estos son los datos: Durante los casi diecinueve años que duraron las obras, trabajaron allí entre 800 y 1.000 presos políticos, nada de decenas de miles, corno quiere la leyenda negra divulgada. Nunca acudieron en régimen de trabajos forzados corno dice esa leyenda. Todo lo contrario, para ir a trabajar a Cuelgamuros, los reclusos políticos tenían que solicitarlo oficialmente. Porque ocurría que las perspectivas penales, económicas y personales eran mucho mejores allí que en cualquier otra prisión.

En lo personal, porque los presos fueron autorizados a llevar a sus mujeres y a sus hijos, que se quedaron en muchos casos a vivir con ellos. En lo penal, porque los reclusos políticos podían redimir de dos a seis días por cada uno de trabajo. Los primeros presos llegaron a finales de 1942, dos años y medio después de comenzadas las obras, y al terminar 1950 no quedaba ninguno porque todos habían redimido ya sus penas y estaban en libertad. Muchos de ellos, sin embargo, optaron por seguir en el Valle corno personal contratado

Y en cuanto a lo económico, porque las condiciones de los presos políticos eran idénticas a las de los trabajadores libres Cobraban el mismo salario, aunque a los reclusos se les retenían las tres cuartas partes de la paga, un dinero que se ingresaba en la Caja Postal de Ahorros, para entregárselas a sus mujeres e hijos, si los tenían, o a ellos mismos cuando recobraran las libertad. Cobraban “los puntos”, por cargas familiares, las horas extras, y estaban asegurados. Todo esto está documentado, además de avalado, por los testimonios directos de quienes trabajaron allí.

Tampoco existieron nunca, esos miles de muertos en el tajo que cuenta la leyenda negra, ahora removida y admitida como buena por casi todos. En los casi veinte años que duró la construcción se registraron exactamente 14 accidentes mortales. Y la mayor parte de las victimas, sino la totalidad, fueron obreros libres que, por razón de la especialización de sus tareas, eran la mayoría de los que estaban allí trabajando.

Ni siquiera está claro que Franco quisiera ser enterrado en el Valle de los Caídos, como se sostiene.

El único testimonio existente en ese sentido, es el del arquitecto Diego Méndez quien cuenta que, durante las obras, Franco le señaló un lugar junto al altar mayor y le dijo:

“Yo aquí”. Nada más. No existe constancia escrita de este deseo, ni nadie lo supo nunca; ningún miembro de su familia, ni tampoco el presidente del Gobierno.

En los últimos días de la enfermedad del general, Arias Navarro le preguntó a su hija Carmen exactamente eso, y la respuesta fue “No”.

Lo que si consta es que las obras para acondicionar una tumba al otro lado del altar se realizaron a toda prisa, estando el dictador ya irremediablemente enfermo. Consta también, y hay testimonio de ello, que a comienzo de los setenta, Franco envió a su mujer para que visitara la cripta de la ermita de el cementerio de E! Pardo, que está adornada por los mismos artistas que participaron en la decoración del Valle de los Caídos. Y consta que en esa cripta había una urna funeraria con capacidad sobrada para dos cuerpos y que una vez enterrado Franco en Cuelgamuros, esa urna fue retirada. Y, finalmente, consta que ahora reposan allí en solitario los restos de su viuda, Carmen Polo.

Entre tantas conjeturas y tanta leyenda, hay, eso sí una certeza: la de que el Valle de los Caídos, es uno de los pocos lugares de España, donde la huella física de Franco existe todavía. Y la de que solo la destrucción del monumento, estilo Budas de Bamiyán, sería capaz de borrarla.

VICTORIA PREGO

 

EL VALLE DE LOS CAÍDOS                                                                       arriba

Fundación Nacional Francisco Franco 

lugar sagrado y de reconciliación

Han irrumpido con riesgo para la convivencia de los españoles, con un radicalismo que reabren las heridas de la guerra, y contra los españoles que quieren vivir en paz. Ya se escribe en los periódicos Adiós España, ya se dice que el progreso con el que quieren justificar tantas acciones, resulta en sentido contrario, hacia 1936. Ahora la ofensiva es contra el Valle de los Caídos, un lugar donde se oyen sólo las preces de los monjes benedictinos y de miles de fieles que acuden a aquél lugar de recogimiento y oración. Allí también están recogidos restos de millares de combatientes de ambos bandos de la Guerra Civil y el lugar, y así fue expresamente determinado por Franco, y recogido y elevado por la Iglesia, que convertía aquél lugar en sagrado, y en un monumento de reconciliación nacional y de peregrinación a la Cruz. Habría que atender, para sosegar tantas actitudes que ahora manifiestan odio y revancha, las palabras recientísimas del Abad del Valle Dom. Anselmo Álvarez: «Es el lugar símbolo con que se quiso sellar aquella hora de España y fue una cruz y un altar [...] lo que ha unido la sangre de Dios, no lo separe el hombre [...] no se construye una sociedad amputando previamente sus raíces o procediendo a invertir sus fundamentos históricos».

En 1960 el Papa Juan XXIII, admirado y querido por todos, declara Basílica la iglesia de la Santa Cruz. «En este monte sobre el que se eleva el signo de la redención humana ha sido excavado una inmensa cripta, de modo que en sus entrañas se abre amplísimo templo, donde se ofrecen sacrificios expiatorios y continuos sufragios por los caídos de la Guerra Civil de España. Y allí acabados los padecimientos, terminados los trabajos, y aplacadas las luchas, duermen juntos el sueño de la paz, a la vez que se ruega sin cesar por toda la Nación Española».

Que esa determinación de lugar de encuentro y reconciliación de todos tiene numerosos y muy claros testimonios, como este llamamiento del Gobierno Civil de Madrid, que publicaba ABC el 30 de mayo de 1958 en que se ponía en conocimiento de cuantos desearan el traslado de los restos de sus familiares caídos al Valle: «uno de los principales fines que determinaron la construcción del Monumentos Nacional a los Caídos en el valle de Cuelgamuros (Guadarrama) fue el de dar sepultura a quienes fueron sacrificados por Dios y por España y a cuantos cayeron en nuestra Cruzada, sin distinción del campo en el que combatieron según exige el espíritu cristiano que inspiró aquella magna obra, con tal de que fueran de nacionalidad española y de religión católica.

Contra todo ello, se suceden las propuestas del destrozo de la reconciliación lograda en una regresión sectaria y fratricida, peligrosa porque promueve la discordia y fractura a la sociedad española, también con esos objetivos siniestros sobre el Valle de los Caídos. La avanzadilla son los marxistas y los independentistas de la Ezquerra Republicana de Cataluña, unos españoles que no quieren serlo y por eso también resulta una paradoja dramática que se erijan en defensores de esas propuestas de disgregación de la Nación Española.

Hay un vendaval informativo que acoge las propuestas antihistóricas de convertir «el Valle en un centro de interpretación del franquismo, de ayudar a la gente a entender lo que significó la dictadura», e incluso se habla de compromisos del gobierno y hasta de plazos para consumar el tremendo disparate, en definitiva una situación negativa y peligrosa que juzgamos ha de ser abordada inmediatamente por la exigencia de respeto que merece el Valle de los Caídos.

en defensa de la verdad

Ante la campaña contra el Valle de los Caídos con la pretensión de convertirlo en un monumento laico, desatada desde sectores comunistas y que propugnan la ruptura de la unidad de España, con datos inexactos cuando no tergiversados, es obligación de salir en defensa de la verdad para lo cual se hacen las puntualizaciones siguientes:

Es falso que las grandes obras del Valle de los Caídos fueran realizadas por «presos políticos». Es cierto que entre los obreros profesionales figuraron, a partir de 1942, determinado número de condenados por graves delitos, castigados por los tribunales a penas de muerte, en muchos casos, conmutadas por 30 años de reclusión; pero a pocas personas se les escapará, por muy legas que sean en la materia, que alguien que no fuera especialista en la perforación de túneles mediante la utilización de dinamita, por ejemplo, pudiera intervenir en la ejecución de obra tan compleja. El arquitecto D. Diego Méndez, que se encargó de la continuación de las obras y del proyecto y construcción de la Cruz, tras la renuncia, por enfermedad, de don Pedro Muguruza, afirma en su obra El Valle de los Caídos. Idea. Proyecto. Construcción, lo siguiente: «La maledicencia ha cargado las tintas a la hora de valorar el papel que en la realización de las obras desempeñó dicho personal. Lo rigurosamente cierto es que este pequeño grupo de obreros fue atendido, aunque con las naturales limitaciones derivadas de su situación, en pie de igualdad con el resto de los trabajadores libres. Su especial psicología impulsó a algunos de ellos a asumir voluntariamente las misiones más peligrosas, aquéllas en las que para vencer a la naturaleza, había de esgrimir las armas del coraje y la dinamita. Sobre alguno de estos hombres, más no sólo sobre ellos, recayó la ciclópea tarea de horadar el Risco de la Nava, para hacer sitio a la prodigiosa Basílica que hoy alberga. Ya, como personal libre, la casi totalidad continuó su tarea en el Valle hasta el fin de las obras, contratados por las diferentes empresas. Hubo, incluso, algunos que pasaron después a trabajar en la Fundación».

Es falso, como se afirmó recientemente en Televisión Española, en la serie «Memoria de España», que en las obras hubieran intervenido «veinte mil presos políticos». Es cierto, como afirma Diego Méndez, en el libro citado, que a lo largo de quince años, dos mil hombres (no quiere decir que todos a la vez, ni que todos fueran penados) aportaron su esfuerzo diario hasta dar cima a la obra».

Es falso que los presos que trabajaron en el Valle de los Caídos lo hicieran obligatoriamente. Es cierto que todos y cada uno de los obreros penados se ofrecieron voluntariamente a las Empresas, por un lado, y, por otro, mediante instancia a la Dirección General de Prisiones. La razón era fácilmente compresible: Lo que comenzó siendo la manera de redimir tres días de la pena por uno trabajado, según Orden Ministerial de 7 de octubre de 1938, lo amplió el Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo, en 1943, hasta la redención de seis días por cada uno trabajado. El Código Penal lo estableció más tarde en tres días redimidos por dos trabajados. Con lo cual, a los penados que trabajaban en el Valle, que se beneficiaban también de los múltiples indultos decretados por el Jefe del Estado, se les concedió la libertad provisional no más tarde de cinco años después de su condena. Así que en 1950 no quedó ni un solo penado «político» en el Valle. En esa fecha comenzaron a trabajar reclusos comunes que querían redimir penas por el trabajo.

Es falso que los trabajadores libres o penados sufrieran penalidades sin cuento, con un sistema de trabajo de campo de concentración. Es cierto, como declaró Damián Rabal, cuyo padre y él mismo trabajaron como obreros libres, contratados por la empresa San Román, a Daniel Sueiro, autor de El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista, que la cripta se comenzó a perforar a finales de 1941 con diez o doce obreros a los que pronto se sumaron trabajadores procedentes de Peguerinos, El Escorial y Guadarrama, y que los «penados» llegaron a finales de 1942. Pronto se hicieron casas para los obreros, Iglesia, enfermería, economato y un campo de fútbol. Hay que resaltar que los penados cobraban un sueldo mínimo cifrado en siete pesetas, de la época, diarios, más la comida. Y que enseguida fueron subidos a diez pesetas diarias, más los pluses por trabajo a destajo, más o menos peligroso, etc. Gran parte de ellos llevaron allí a sus familias; allí hubo bodas y bautizos. Y allí quedaron la mayoría de ellos, trabajando como obreros libres tras obtener la remisión total de las penas, mientras sus hijos estudiaban en la Escuela organizada al efecto, escuela mixta, la única existente en España de la época, siguiendo las enseñanzas de un maestro que redimía así su condena de muerte conmutada a treinta años. No debían ser tantos los «penados», por lo menos al principio, por cuanto Paco Rabal, miembro del PCE, reconoció que en la vivienda que le habían concedido a sus padres vivían la mayoría de ellos. Ambos hermanos coinciden en que las condiciones de vida era «allí mucho más suave que en las prisiones. Todos (los obreros profesionales) procurábamos echar una mano [...] porque los presos no eran útiles para aquella clase de trabajo; se lesionaban, no sabían ni podían. Muchos iban solos a El Escorial o a Guadarrama, y no se fugaban, sino que volvían. Además podían tener allí a sus mujeres. Ellas iban allí y ya se quedaban...». Según la prensa de la época, a finales de 1943 trabajaban en el Valle unos seiscientos obreros. La mayoría de ellos de dedicaban a construir la carretera actual.

Es falso que en la construcción de las instalaciones del Valle de los Caídos murieran «centenares, cuando no millares de presos políticos», tal se afirma sin aportar prueba alguna. Es cierto, como declaró a Daniel Sueiro el médico don Ángel Lausín, que llegó a Cuelgamuros el año cuarenta, para redimir pena, que «como médico del Consejo de Obras del Monumento me ocupé de todos los obreros de las diversas empresas que trabajaban allí. Allí hubo accidentes, enfermos, partos, en fin, de todo. Pero para los heridos graves se organizaba el traslado en ambulancias [...] Los traían a la Clínica del Trabajo, que está en la calle de Reina Victoria [...] Hubo catorce muertos en todo el tiempo de la obra, porque yo he estado allí prácticamente todo el tiempo». D. Ángel Lausín ganaba mucho dinero en el Valle, pero cuando la obra terminó le desaparecieron los ingresos del seguro de enfermedad de todos los trabajadores y del seguro de accidentes y sólo le quedó el sueldo de médico del Consejo de las Obras. Por ello pidió una plaza de médico, y se le concedió, en el Ambulatorio del Seguro de Enfermedad de San Blas, en Madrid, donde se jubiló.

Es falso que los penados «políticos» comenzaran a llegar al comienzo de las obras y continuaran hasta su terminación. Sí es cierto lo declarado por el médico citado: «De los presos políticos que estuvieron allí hasta el año cincuenta, y yo he estado allí, la mayoría eran excelentes personas, estaban cumpliendo una condena por cosas políticas y estaban ganando unas pesetas para mantener a sus familias. Una vez liberados, muchos se quedaban allí trabajando. Alrededor de los años cincuenta ya quitaron los establecimientos penales y sólo quedó el personal libre». El practicante, don Luis Orejas, condenado a nueve años, quedó en libertad poco después de su llegada al Valle, pero prefirió quedarse allí donde empezó ganando quinientas pesetas mensuales. Llevó a su mujer y allí nacieron sus cuatro hijos. Tras la inauguración del Valle logró una plaza de practicante en el servicio de urgencias de La Paz. Don Gonzalo de Córdoba, el maestro, había sido condenado a la última pena, conmutada por treinta años. Cobraba, al llegar al Valle, en mayo de 1944, mil cien pesetas mensuales. D. Gregorio Peces-Barba del Brío, padre de D. Gregorio Peces-Barba, condenado a muerte por hechos reflejados en la Causa General, también le fue conmutada la pena de muerte en 1942, llega al Valle a comienzos de 1944 y en abril recibió la libertad condicional, con lo que pudo abandonar el Valle. Durante esos tres o cuatro meses le acompañaron su mujer y su hijo. El señor Peces-Barba declaró a Daniel Sueiro: «Por mi parte, tampoco puedo decir que haya estado arrancando piedras, sería estúpido decir eso; no hubiera sido demasiado útil arrancando piedras. Yo estuve en el trabajo de las oficinas». Así otros, cuyos nombres omitimos por no alargar esta nota.

Es falso que la construcción del Valle de los Caídos supusiera un dispendio que hizo peligrar las finanzas nacionales. Sí es cierta la liquidación final del Interventor General de la Administración del Estado y del Consejo de las Obras, rendida en mayo de 1961. La liquidación revela que el coste de las obras se elevó a 1.159.505.687,73 pesetas, similar a la deuda actual de Radio Televisión Española y muy inferior a los déficit de todas las televisiones autonómicas. Por lo demás, no se invirtió en la obras ni un solo céntimo del Presupuesto Nacional. El dinero, según advierte el Decreto-Ley de 29 de agosto de 1957, «A fin de que la erección del magno Monumento no represente una carga para la Hacienda Pública, sus obras han sido costeadas con una parte del importe de la suscripción nacional abierta durante la guerra y, por lo tanto, con la aportación voluntaria de todos los españoles que contribuyeron a ella». Fueron 235.450.374,05 pesetas. El resto procedió de los recursos netos de los sorteos extraordinarios de la Lotería Nacional que se celebraban anualmente el día 5 de mayo, y que, hasta aquél momento se habían destinado a la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid. Según Diego Méndez a ello hay que sumar «millares de donativos particulares, algunos de ellos de procedencia verdaderamente ejemplar y emocionante».

Es falso que en la Basílica del Valle de los Caídos solamente estén enterrados los muertos del lado nacional o que Franco la construyó para que le sirviera de Mausoleo. En el Valle de los Caídos están enterrados cuarenta mil españoles de uno y otro lado de las trincheras, por lo que constituye el monumento representativo de la reconciliación nacional. Allí se reza y se oficia por unos y otros, sin distinción de ideologías. Franco compró una tumba en el cementerio de El Pardo. Fue el gobierno de entonces quien determinó que el enterramiento del Generalísimo fuera en el Valle, decisión ratificada por SM el Rey, quien pidió permiso al Abad de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos para enterrar allí a Franco.

Queremos terminar con palabras de un enemigo de Franco, detractor de la construcción del Valle de los Caídos, y padre de otro enemigo de Franco y así mismo detractor del monumento. Son palabras del citado D. Gregorio Peces-Barba del Brío: «...teníamos que ir inculcando a nuestros hijos, lo que teníamos que ir inculcando a las generaciones que pudieran sucedernos, es que en España no podía volver a repetirse aquella tremenda catástrofe que supuso nuestra Guerra Civil. Por eso pienso que los vencidos de la guerra no hemos tenido nunca, no hemos tenido jamás deseos de venganza; no hemos querido ni hemos tenido presente más que el deseo de que entre las dos Españas no se siguiera ahondando. El ahondar entre las dos Españas no ha sido fruto de los vencidos. Yo quiero resaltar eso, que a los vencidos, que hemos hecho la Guerra Civil y somos supervivientes de la Guerra Civil, no se nos puede ni se nos debe tachar de revanchistas ni de marcados. Los que hemos hecho la Guerra Civil hemos sido desde el primer momento los más interesados en educar a nuestros hijos en el respeto y en el amor al prójimo; en educarles en el sentido de que su vida y su actividad y sus vivencias políticas vayan encaminadas a que de una vez para siempre vuelva a haber paz entre los españoles y aquello no vuelva a producirse». Que así sea.

 

 EL VALLE DE LOS CAÍDOS                                                                      arriba

 Por Pío MOA

 Publicado en "La Razón" 27.04.05

            Unos jóvenes me entrevistaron recientemente para un programa de televisión sobre el Valle de los Caídos, centrándose  en los presos izquierdistas que allí trabajaron. Me mostraron un proyecto de placa  que, al parecer,  piensa colocar allí el gobierno actual, en recuerdo de los «presos republicanos» a quienes atribuye la construcción del monumento «en régimen de esclavitud». La placa hablaba de «reconciliación» y de recuperar la «memoria histórica». Comenté que no conocía en detalle la historia del Valle de los Caídos, pero mi experiencia al estudiar la república y la guerra civil me hacía dudar de tales afirmaciones, a la vista del gran número de mitos difundidos durante estos años bajo el marbete de historiografía «profesional» y hasta «definitiva».

            Por otra parte, de entrada percibía algunas falsedades, inconciliables con la pretensión de recobrar la memoria del pasado. Así, hablar de presos republicanos ya significaba desvirtuar los hechos, y no resulta creíble una reconciliación que tan mal empieza. La gran mayoría de los supuestos republicanos estaba constituida por comunistas, socialistas y anarquistas, todos ellos antidemócratas por ideología y práctica, autores de reiterados ataques a la república y de la preparación de la guerra civil. En cuanto al «régimen de esclavitud», tenía mis dudas. Los presos, según creía, trabajaban redimiendo penas por el trabajo; sistema consistente en suprimir dos o tres días de condena por cada uno trabajado. Como es sabido, al terminar la guerra los tribunales dictaron alrededor de 50.000 penas de muerte, cumpliéndose aproximadamente la mitad. Las demás fueron conmutadas a cadena perpetua, la cual en la mayoría de los casos, se tradujo en la libertad a los seis años y aún antes. Uno de los recursos para conseguirlo consistió en la redención de penas por el trabajo. Ahora, husmeando en Internet encuentro una información de la Fundación Francisco Franco donde se tacha de falsedades algunas historias divulgadas insistentemente por los medios especialmente por la muy manipulada televisión oficial. He aquí los hechos según dicha fundación: no habrían trabajado en el Valle de los Caídos 20.000 presos políticos, como han hecho circular periodistas e historiadores poco escrupulosos, sino 2.000 obreros a lo largo de quince años de obras, y no todos al mismo tiempo, de los cuales solo una minoría fueron presos. Éstos percibían siete pesetas diarias, sueldo no desdeñable para la época, más la comida. Además habrían sido beneficiados no con tres días de redención de penas por día trabajado, sino con seis días a parte de otros indultos, con lo que ninguno permaneció como preso más de cinco años, siguiendo después la mayoría como trabajadores libres. En 1950 no quedaba ya ninguno de los penados.

            De ahí se desprende la mendacidad del aserto común de que «cientos, si no miles de presos murieron en la construcción del monumento». Según el médico izquierdista Ángel Lausin, que también redimió allí condena ejerciendo su profesión y siguió luego hasta el fin de la obra, el número total de muertos, entre obreros libres y presos, ascendió a catorce, cifra baja para tantos trabajadores y tanto tiempo. Las condiciones también habrían sido aceptables; «Paco Rabal, miembro del PCE, reconoció que la vida allí era mucho más suave que en las prisiones…, muchos iban solos a El Escorial o a Guadarrama y no se fugaban, sino que volvían. Además podían tener allí a sus mujeres». La escuela para los hijos de los presos era mixta, cosa excepcional entonces, y aceptada por la autoridad como concesión al maestro izquierdista, hombre de esas ideas.

            Estas y otras informaciones, deben ser verificadas, desde luego, por una investigación imparcial, pero desde luego tienen el mayor interés y merecen ser ampliamente conocidas para contrastarlas con las ofrecidas por los pretendidos recuperadores de la memoria. Tengo la pesimista sospecha sin embargo, de que esos peculiares memoriosos utilizarán todos los medios –poderosos medios- a su disposición para impedir el general conocimiento y contraste de los datos por los ciudadanos. Para ello aplicarán como de costumbre, el simple método de la censura inquisitorial, de la que puedo hablar con conocimiento de causa, por haberla sufrido.

            Contrastar los informes es solo un primer paso para acercarse a la verdad de los hechos. Después  conviene aclarar al menos dos cuestiones: a) ¿Cuántos presos políticos trabajaron efectivamente en la obra?; b) ¿a que penas estaban condenados y por qué  delitos reales o supuestos? Saber esto arrojaría mucha luz sobre el carácter de la represión en la época en torno a la cual circulan demasiadas leyendas. Esta investigación debiera estar al alcance de cualquier historiador con afición y tiempo, y animo desee aquí a hacerla, sobre todo a jóvenes estudiosos e independientes. En relación con el tema me gustaría señalar un punto que siempre me ha intrigado y que muy rara vez ha sido tratada en la multitud de libros escritos sobre la represión: ¿por qué cayeron en manos de Franco tantos izquierdistas y separatistas implicados en el terror contra las derechas? Asombrosamente, los principales dirigentes solo parecen haberse ocupado de su propia fuga, dejando a sus seguidores atrapados como en una ratonera, a merced de quienes pensaban ajustarles estrechas cuentas por las muertes, torturas y saqueos realizados bajo el poder del Frente Popular. Pero de esto me ocuparé en otro artículo.  

 

La verdad: del Valle                                                                          arriba

Por Juan A. Mayor de la Torre[1]

Publicado en El País el 8 de mayo de 2005

Desde hace poco tiempo son frecuentes en los medios de comunicación las alusiones, citas o artículos, dedicados al Valle de los Caídos, monumental templo y necrópolis de mediados del siglo pasado. La mayoría aluden a la novedosa propuesta de un político republicano catalán de convertir dicho monumento en Centro de interpretación de los horrores del franquismo.

Republicano y catalán son dos respetables condiciones, comunes a grandes figuras de la historia de España, compatibles con inclinaciones históricas y estéticas dispares. Nadie está obligado a que le guste El Greco, el Acueducto de Segovia, las cuevas de Altamira o las esculturas de Ávalos. Pero las obras universalmente reconocidas como el Valle de los Caídos, monumentos que apuntalan esa misma historia, merecen respeto siquiera por ello: porque son prenda de la Historia misma aunque su autoría se remonte a periodos aborrecidos por muchos.

No parece pensable que a cualquier republicano sensible se le ocurriera desmantelar el monasterio de El Escorial porque en su panteón de reyes reposan los restos de buena parte de nuestros monarcas, algunos de ellos de triste memoria. Ni que a un catalán en sus cabales le diera por proponer que se desmonte el arco romano de Bará (Tarragona), arco de triunfo bélico homenaje al general Licinio Sura, porque testimonie el carácter dictatorial del aborrecible militar de Trajano.

El mundo entero, y España por obvias razones, están llenos de monumentos erigidos por vencedores, algunos de ellos crueles y despiadados, pero que configuran su pasado. Pensadores, guerreros y aun políticos de toda virtud y calaña. Por el contrario, el Valle de los Caídos es una muestra singular de reconciliación entre contendientes de dos bandos, hermanos para mayor dolor, enfrentados en una guerra llena de horrores mutuos: osario común y, sobre todo, lugar de oración donde los monjes benedictinos y quienes lo visitan piden a Dios perdón por las mutuas culpas y que jamás, por motivo alguno, pueda repetirse similar circunstancia. Presidido por la cruz, símbolo de perdón, es el segundo monumento de España en visitas después de La Alhambra, lo que ratifica su prestigio recogido en las enciclopedias y textos de arquitectura del mundo entero.

Ajenos a tales consideraciones y poco informados, no faltan quienes objetan dos hechos adversos y absolutamente falsos: primero: que fue construido por presos condenados a trabajos forzados. Segundo: que se erigió como faraónica tumba de Francisco Franco, vencedor en la contienda.

Es cierto que en su construcción trabajaron presos políticos. Y también presos comunes. Pero ni unos ni otros forzosos, sino voluntarios. Igual que al ingresar en prisión los reclusos más cultos se ocupan en la biblioteca, los agricultores en jardinería o los pintores en pintura, el Gobierno de aquellos años dio la opción de que un preso del carácter que fuera, lo mismo el político que quien cumplía condena por desvalijar un banco o robar carteras, pudiera acogerse a «redimir penas por el trabajo». Quienes lo hicieron, políticos o comunes, contaron tres días por cada uno trabajado, con lo que reducían a un tercio su condena. Recibían un pequeño salario por su trabajo y podían llevar a residir a sus familias junto a ellos en las viviendas rústicas del poblado; facilidad nada habitual. Estos datos son fácilmente documentables por quienes tengan interés en ello. Y si estar preso no es nunca situación agradable, trabajar en las obras del Valle fue redentora y opcional, no forzosa situación.

Los penados efectuaban obras de peonaje. Junto a ellos especialistas de los pueblos serranos, albañiles y sobre todo canteros, llevaban a cabo tareas que requerían un oficio que los presos no tenían. Cualquier anciano de tales pueblos aledaños puede aún atestiguar lo dicho hasta aquí. El número total de obreros que trabajaron en las obras del Valle fue de 2.643, de los que solamente 243 fueron penados.

En cuanto a que el Valle se construyese para panteón de Franco, es error que tan sólo requiere una reflexión:

En cualquier iglesia o catedral del mundo el sitio de honor para un enterramiento es delante del altar mayor. En el Valle este lugar está ocupado por los restos de José Antonio Primo de Rivera. Los de Franco están detrás del altar, no en el sitio de honor que se hubiese reservado si tal hubiera sido su deseo y el motivo de su construcción. Puede que para sus restos estuviera previsto el cementerio de El Pardo y en los últimos años se cambió de parecer. Resulta indiferente. Lo evidente es que si hubiera sido el Valle lo previsto, ¿no le habrían reservado el lugar que ocupa José Antonio?

La única realidad que a nadie verdaderamente reconciliado parece que debería irritarle, es que el Valle de los Caídos fue construido como simbólico enterramiento indistinto de víctimas de una guerra y para caídos de ambos bandos. En general, unos y otros combatieron defendiendo lo que creían mejor, lo más justo. Enfrentados en trincheras opuestas -algunos procedentes de quintas de uno y otro lado- hermanados en la muerte, allí están sus restos. Nada importa su exacta proporción; el idealismo de cada uno la hace inconmensurable. El Valle es una colosal casa de oración, reconciliación verdadera incompatible con cualquier «interpretación de horrores» que, lejos de interpretarse o rememorarse, lo que debemos hacer todos es tratar de olvidarlos.

Sería escandaloso, además de estéril, andar hurgando en cementerios de aquel pasado, que sin duda hay muchos más. Menos aún en el único construido para reposo de cerca de cuarenta mil hermanos caídos de ambos bandos con la particularidad de que quienes allí reposan están por voluntad de sus familiares, que así lo solicitaron, y por los que la orden benedictina; a quien está confiada su custodia y sufragios, celebra diariamente la misa desde hace casi medio siglo. (Por cierto, los últimos enterramientos lo fueron en el año 1983, durante el primer Gobierno de Felipe González).

Como anécdota, la siguiente: cuando el cardenal Roncalli, luego papa Juan XXIII, terminaba su nunciatura en París (1955), visitó el monumento y convino que España es la única nación que erige un monumento a los caídos de ambos bandos, vencedores y vencidos. Y exclamó: «En Francia sólo se hacen en honor de los vencedores».

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[1] Juan A. Mayor de la Torre es periodista.

 

FELIPE GONZÁLEZ Y EL VALLE DE LOS CAÍDOS                             arriba

                                

El presidente del Gobierno Español, Felipe González, en declaraciones al semanario británico The Observer (17 noviembre 1985), anuncia que, cualquier día, sorprenderá a los españoles visitando el Valle de los Caídos:

«¿Por qué no debería ir? Es territorio español ¿verdad? Sin dudarlo, iré cuando aparezca la oportunidad».

Simultáneamente el diario El País publica unas extensas declaraciones de Felipe González, en las que, entre otras cosas, dice:

«Hay gente que se ha propuesto intentar hacer desaparecer los rastros de cuarenta años de historia de dictadura. A mí eso me parece inútil y estúpido».

Ver Diario 16, 18 noviembre 1985

CIERRE DEL VALLE DE LOS CAÍDOS: carta abierta a Anasagasti            arriba

 Por Pío Moa

Ha propuesto usted «cancelar» el Valle de los Caídos y trasladar los restos mortales de Franco a un cementerio particular. Porque, dice usted, «en el siglo XXI» no debería existir un monumento «a una de las partes de la contienda» donde está enterrado «el máximo responsable de aquella barbarie», «un general golpista» que ocasionó «centenares de miles de muertos, heridos, exiliados y encarcelados por el único delito de defender la legalidad constitucional vigente». Y compara usted a Franco con Hitler y Mussolini.

Estas frases suenan por lo menos extrañas en un representante del PNV. Porque, usted, como sabiniano típico, recordará que una parte de su partido se alineó directamente con el «responsable de la barbarie». Desde luego, la parte mayor prefirió al bando que, según usted, defendía la legalidad. Pero, como usted también sabe perfectamente, el PNV procedió bien pronto a traicionar a ese bando entendiéndose a espaldas de él con Mussolini y con Franco. Usted, señor Anasagasti, sabe que su partido entregó intacta a aquellos «bárbaros» la industria pesada y de armamentos de Vizcaya impidiendo los intentos de sus aliados izquierdistas de destruirla. Una industria, que sirvió de modo extraordinario al esfuerzo de guerra de los causantes –dice usted– de «centenares de miles de muertos, heridos, exiliados y encarcelados». Y no olvidará nadie, porque está ampliamente escrito y descrito, cómo su partido, no contento con hacer tal servicio al mayor responsable de la barbarie, le ofreció la mejor vía de ataque para destruir a los «defensores de la legalidad», vía que de paso dejaba oculta la traición del propio PNV.

Esto no son opiniones, señor Anasagasti, sino hechos plenamente demostrados, entre otros por testimonios de los propios nacionalistas, como el padre Onaindía. No se explica bien cómo un partido que saboteó en tal grado a los «defensores de la legalidad» y favoreció en igual medida a los equivalentes de Hitler, como usted los define, puede venir ahora con semejantes letanías. ¿Es caradura insuperable, o acaso chifladura? ¿O cree usted que casi setenta años después, «en el siglo XXI», resulta aceptable cambiar la historia por una historieta? Extraña filosofía, aunque no del todo incoherente con la conducta del PNV entonces. Una traición pretende tapar a otra.

Por otra parte hacer de Franco «el máximo responsable de aquella barbarie» exige un poco más de análisis. Usted sabe que en octubre de 1934 se rebelaron casi todas las izquierdas contra la legalidad republicana, contra un gobierno legítimo y democrático. Trataban deliberadamente de iniciar la guerra civil, y la iniciaron, y en esa rebelión desempeñó el PNV un papel por lo menos turbio. Ha olvidado usted este suceso trascendental, con 1.400 muertos en dos semanas y bastante incidencia en las Vascongadas. Como ha olvidado que en aquella ocasión Franco defendió la legalidad constitucional y ayudó a frustrar la intentona.

¿Qué pasó, pues, para que, en 1936, las derechas que defendieron la legalidad en el 34 se rebelaran a su vez? Pues pasó que tras las elecciones de febrero del 36 la legalidad y las reglas del juego democrático se vinieron abajo, conculcadas sistemáticamente por las izquierdas desde el poder y desde la calle. No lo ignoraba el órgano del PNV, Euzkadi cuando clamaba: «Nos alcanza en todas partes la descomposición del Estado español, estrago inmenso de su organización social, batida por la inmoralidad y la anarquía»; o hablaba de «las convulsiones epilépticas de un pueblo moribundo» (el español), en «momentos históricos de gravedad no igualada». El PNV sabía bien lo que ocurría y quiénes eran los responsables: los mismos que se habían alzado contra la «legalidad vigente» en 1934 y que año y medio después, dueños del estado y de la calle, volvían a hacerla trizas.

¿Por qué, entonces, terminó aliándose su partido, señor Anasagasti, con los responsables evidentes de aquella situación; por qué, siendo católico, apoyó a quienes exterminaban sangrientamente a la Iglesia, mostró tal insolidaridad con las víctimas y rechazó las ofertas de las derechas sublevadas? Sólo encuentro una explicación, y está en las ideas de Sabino Arana, el Maestro de su partido, tan imbuidas en sus adeptos. Ideas como ésta: «Si a esta nación latina (España) la viéramos despedazada por una conflagración interna o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas el que España prosperara y se engrandeciera». Sólo concepciones tales explican la alianza de ustedes con los revolucionarios y bajo la protección de Stalin, y también explican que los traicionaran en cuanto vieron que no triunfarían.

¿No tenemos derecho a sorprendernos, señor Anasagasti, de que exalte usted a los supuestos «defensores de la legalidad» en el pasado mientras en el presente su partido está volcado en una campaña contra la Constitución? ¿Pueden pretender una reforma razonable de la Constitución partidos como el suyo, que ha reducido a tan poco la democracia en las Vascongadas, donde buena parte de la oposición tiene que ir protegida contra asesinos nacionalistas, donde la policía autonómica no casi persigue al terrorismo, donde tantas normas constitucionales, empezando por símbolos como la bandera nacional, son conculcados cada día por su partido…? Sus propuestas tienen todo el aire de una provocación.

Y hay otra falsedad en su argumento señor Anasagasti: el Valle de los Caídos no está dedicado sólo a uno de los bandos. Fue concebido para conmemorar la victoria sobre la revolución (¿o cree usted que no hubo revolución?) y como emblema de reconciliación: allí no descansan los restos de soldados de una sola parte, sino de las dos. Descansan, es cierto, bajo una gran cruz, y esa reconciliación no podía ser aceptada por quienes detestaban la cruz y veían en la Iglesia una institución y unas personas a exterminar, y que siguen intentando erradicarla de la vida y la cultura españolas. Usted se está sumando a ellos, señor Anasagasti, y con su sectarismo, provocación y falsificación de la historia, está conjurando otra vez los fantasmas del pasado.

Desde luego, tiene usted derecho a pensar y expresarse como lo hace: se lo garantiza la democracia española que su partido está arruinando en las Vascongadas, donde expresarse puede resultar muy peligroso. Yo quisiera que los asuntos mencionados en esta carta no tuvieran a estas alturas más tratamiento que el académico y no afectaran a la política actual. Pero usted, como otros, se obstina en el revanchismo, echando por tierra el acuerdo de no utilizar el pasado como arma arrojadiza en la política de ahora. Acuerdo que permitió una transición bastante calmada a las libertades políticas, cuyos frutos están ustedes poniendo en riesgo ahora. Pero el mismo derecho que tiene usted a expresarse, lo tenemos los demás, y a poner en evidencia sus argucias. También con la esperanza, aunque cada vez más remota, de hacerles a ustedes conscientes de su responsabilidad en la escabrosa senda que han emprendido.

 

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SOBRE EL VALLE DE LOS CAIDOS                                                                     arriba

Por Pío Moa

Tomado de «Estrella Digital»

     Hace cosa de un mes me llamaron de Com Radio de Cataluña para hablar sobre los proyectos de socialistas y separatistas de hacer alguna fechoría con el Valle de los Caídos. Hablé unos momentos, y enseguida empezaron a ponerme verde unos supuestos historiadores. Repliqué, pero ellos seguían impertérritos, hasta que me advirtieron de la emisora que habían cortado mi voz y no estaba en onda. Así entienden los debates y el pluralismo los medios catalanes, tan corrompidos y sometidos a un poder que restringe cada vez más la democracia en Cataluña.

      El poder socialista-separatista ha emprendido una campaña para justificar alguna acción contra un monumento concebido, con mejor o peor criterio, como símbolo de reconciliación, y que muchos izquierdistas han jurado demoler o desvirtuar. Según ellos, habrían pasado por allí 20.000 presos políticos en trabajos forzados y condiciones inhumanas, con cientos o miles de muertos por accidentes y mal trato, etc. Si hubiera sido así, ciertamente, nadie podría pensar en reconciliación alguna, y estaría justificado algún tipo de intervención para recordar, por lo menos, los hechos.

      Sin embargo, ya cuando empecé a oír hablar del asunto, aquellos datos me olieron a fraude, máxime al divulgarlos con tanto ahínco periódicos de estilo fascistoide como El País, o la televisión oficial manejada por el partido de los «ciento y más años de honradez». Cualquiera medianamente informado sobre la falsificación sistemática del pasado por esos partidos tomará con suma precaución sus denuncias y datos. Pero mucha gente, ignorando la historia de socialistas y separatistas, repite como loros las invenciones de éstos. Así el ABC y otros, o la encargada de cultura del PP, perfectamente homologable a la ministra actual, por lo que se ve.

      La campaña recuerda mucho otras como la de las supuestas atrocidades de la represión en Asturias tras la insurrección del 34, campañas en que han sido siempre especialistas estas-estos honradas-honrados señoras-caballeros, y destinadas a «envenenar» a la gente, como decía Besteiro. Insisto en el interés de un estudio monográfico sobre estas campañas, de tan crucial influencia en la España del siglo XX, y vuelvo a animar a hacerlo a los historiadores jóvenes.

      Los «datos» citados sobre el Valle de los Caídos han brotado, todo lo indica, de mentes preclaras tipo Alfonso Guerra o el presidente Sonrisas, o sus asesores en honradez. Por suerte podemos acudir a otra información más contrastada y contrastable, como la proveniente de uno de los arquitectos del monumento, del médico de la obra, de testimonios como los del padre de Peces-Barba, etc. El médico, Ángel Lausí, no era ningún «sicario fascista», sino un izquierdista que redimía allí penas por el trabajo, y cifra en catorce los muertos en los dieciocho años de la obra, número muy bajo, que incluye a obreros presos y libres, y por diversas circunstancias. Nada, pues, de los «cientos, quizá miles» de víctimas de las «condiciones inhumanas». El total de obreros que allí trabajaron no debió de pasar de 2.000, también entre presos y libres, con mayoría de libres. La costumbre de multiplicar por diez y más las cifras reales está muy extendida en las factorías de mitos de los de la honradez centenaria. Vemos la misma operación en el bombardeo de Guernica, en la matanza de Badajoz y en tantos casos más. El truco está al alcance de cualquiera: basta añadir un cero.

      ¿Hubo trabajos forzados? En una entrevista para un reportaje televisivo, el periodista, algo inexperto, me comunicó el testimonio de personas que decían haber sido seleccionadas a ojo en las cárceles o campos de internamiento y enviadas por la fuerza a Cuelgamuros. Puede ser, pero esos testimonios deben tomarse con cuidado. Hace un par de años los rebuscadores del Rencor Histórico creyeron encontrar en Órgiva, Granada, el anhelado Paracuellos de la izquierda, un osario gigantesco de 2.000 a 5.000 izquierdistas asesinados por los de Franco. Surgió entonces algún testigo recordando cómo llegaban los camiones cargados de hombres, mujeres y niños, los cuales eran liquidados a tiros y caían rodando a las fosas. Luego resultó que los huesos eran de cabras y perros. Tengo experiencias parecidas de «historia oral» desmentida por los documentos. No todos los testigos son fiables, e incluso los más ecuánimes y de mejor memoria suelen tener lagunas o recuerdos mezclados.

      Según la ley, no existían trabajos forzados, sino que los presos podían trabajar, voluntariamente, para redimir penas y cobrando un pequeño sueldo. Dudo mucho de que nadie fuera obligado, porque la redención solía ser de dos días por cada uno trabajado, y en el Valle de los Caídos, lugar privilegiado, llegaron a los cinco días por cada uno de labor. Sólo un preso con mucho apego a la existencia carcelaria o aversión al trabajo rehusaría tal posibilidad. Y el hecho es que la mayoría de quienes habían sido condenados a prisión perpetua o conmutados de la pena de muerte estaban libres a los seis o incluso a los cuatro años.

      ¿Por qué le ha dado ahora al PSOE y los separatistas por abrir una nueva herida? Sospecho que se trata de una maniobra de distracción mientras prosiguen su designio de liquidar la Constitución y disolver las unidad de España. La maniobra les permite generar crispación y divisiones en la derecha, y motejar de «fachas» a quienes rechazan sus planes. Pero también ofrecen la ocasión de poner en evidencia sus falsificaciones y de clarificar la situación política, ocasión que debe aprovecharse con energía.

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EONES DE LA HISTORIA                                                                        arriba

   Por MANUEL PARRA CELAYA

            Cuando escribo estas líneas es 6 de octubre de 2005. Fecha histórica: hace setenta y un años que PSOE y ERC dieron un golpe de Estado contra la legalidad republicana. Dicen que allí empezó, verdaderamente, la guerra civil, pero dejo a los historiadores estos análisis. Y, según he leído en diversas fuentes, el susodicho golpe se había preparado concienzudamente desde varios meses antes de que estallara la dinamita en Asturias o saliera Companys al balcón de la Plaza de San Jaime… 

            El 6 de octubre de 2005, cuando escribo estas líneas, PSOE y ERC llevan preparando hace meses otro golpe de Estado. Esta vez no contra una legalidad determinada, sino contra la legitimidad histórica de la unidad española: no pretenden, esta vez, derrumbar un régimen (entonces lo que llamaron «la república burguesa», ahora la cómoda monarquía parlamentaria), ni implantar dictaduras proletarias ni tan siquiera de partido, sino echar a rodar una tarea histórica común. 

            Hoy, 6 de octubre, cuando escribo estas líneas, el cielo de Barcelona esta ceniciento, gris, nublado. Pero no con anuncios de una necesaria y vivificante lluvia, sino con tonos de amenaza: hace pocos días un separatista catalán ha amenazado con la guerra civil; ayer, otro separatista catalán sonreía, en Madrid, ante las cámaras de televisión, pidiendo tranquilidad. El Sr. Presidente Rodríguez Zapatero ha acusado a la derecha: aquel 6 de octubre de 1934 también el PSOE y ERC acusaron a la derecha. 

            Mientras escribo estas líneas, a 6 de octubre, me dicen que España «va bien», lo mismo que repetía el ex –presidente Aznar. Una gran parte de la población, efectivamente, no pasa hambre, como sucedía en 1934. Claro que no fue el hambre el detonante del golpe de Estado de aquel entonces. De todas formas, si alguien «sale a la calle», lo hará –como decía el gracejo hispánico de Pérez-Reverte- para comprobar que no le han rayado el coche. Hoy no es probable que salga nadie a la calle, porque seguramente hay fútbol en la televisión. El golpe de Estado actual se consumará sin fusiles ni dinamita: bastan los medios de propagación (que no de comunicación). 

            Hoy, 6 de octubre de 2005, ningún rumor de sables acompaña el tecleo de mi máquina de escribir. En 1934, el Ejército Español de la II República tuvo que afrontar el golpe de Estado; por cierto, que el general que sofocó el motín de Asturias era masón, como el abuelo del señor Presidente del Gobierno. Pero en el 2005 España apenas tiene Ejército con el que sofocar rebeliones; el poco existente está empleado como una ONG o haciendo de guardia fronteriza –sin armas, pero sí con porras y silbatos- para contener invasiones africanas patrocinadas por pueblos amigos. 

            El futuro de aquel 6 de octubre de 1934 olía a sangre. Hoy, 6 de octubre de 2005, mientras escribo estas líneas, el futuro huele, sencillamente, a mierda. Con perdón.     

EL ODIO A LOS SÍMBOLOS                                                                      arriba

        Por Ramiro Solana 

PRÓLOGO, (por obligación de orden cronológico). 

            Lo que a continuación sigue fue escrito inmediatamente después de los "actos" que sucedieron en la noche del 16 al 17 de marzo, y es obvio que se pretendía difundirlo sin que perdiese actualidad. Pero se interpuso el "viaducto" –que no solo "puente" de "tamaño" comarcal- de la Semana Santa; interregno en el que al menos el 30 por 100 de los españoles vacaron porque aún no les han llegado los efectos –que no tardarán en sufrirlos- de la nueva política económica rubricada (días después de los sucesos del día 17, en el marco de la UE), por los mismos que decretaron lo de la estatua ecuestre de Franco y su coherente prólogo del homenaje al gestor de Paracuellos. 

            Pero no hay mal que por bien no venga y, así, lo escrito hace casi medio mes sirve no solo de recordatorio y objetivación de aquellos hechos sino, también, para que llegue hoy a cuantos miles de lectores no les habría llegado a las playas, montañas, pasos procesionales y capitales foráneas en las que pasaron despreocupados esas largas vacaciones.  

            Además en el citado interregno se han repetido actos similares a los de la madrugada del 17 en Madrid que conviene reseñar (añadiéndolos a los inicialmente glosados) y por otro lado se ha podido leer alguna "lindeza" que no es ocioso comentar; una y otra cosa se ofrecen a modo de "epílogos". 

Homenaje a Carrillo y supresión de la estatua ecuestre de Franco. 

            Dentro del amplio programa de desquite y venganza histórica que el PSOE lleva a cabo como principal finalidad de su actividad política, en la noche del 16 al 17 de marzo se llevaron a cabo dos señaladas acciones: una, la cena de homenaje a Santiago Carrillo; otra, la supresión de la estatua ecuestre de Franco situada en el costado de los Nuevos Ministerios de la Plaza de San Juan de la Cruz. 

            De entrada hay que matizar que el "progenitor" principal de lo segundo fue inocultablemente Zapatero (al PSOE de Felipe González no se le pasó por la imaginación hacerlo, ahí están sus concretas palabras al respecto) cuyo purísimo afán de desquite es el verdadero motor de la acción de gobierno que viene protagonizando desde aún antes del 11-M, aunque previamente a esta fecha a tantos engañase con sus apariencias de dialogante, moderado y respetuoso. También de entrada hay que señalar que ambas acciones –lo de Carrillo y lo de la estatua- estuvieron programadamente coordinadas pues  a esos niveles de la acción de Gobierno no pueden existir ni existen casualidades ni meras coincidencias; el por qué de esa programación luego quedará claro.  

            Las reacciones públicas, no han sorprendido, desde las del propio Zapatero hasta las de políticos y comentaristas no marxistas pues cada "sector" ha dado su versión –laudatoria o crítica- destacando la general cobardía de los segundos pues su argumento crítico casi único ha consistido en condenar la ruptura del "consenso" constitucional de 1977 que la acción de la estatua ha representado, como si ya no fuera evidente la decisión de Zapatero y de su equipo íntimo de romper aquel "consenso" e ir a la ruptura plena no alcanzada en aquellos años 70 que, a lo más, se llegó a una "ruptura pactada" (como la definió certeramente Tierno Galván) pues no otra cosa fue el tan cacareado "consenso" –reforma según la versión oficial-  fuente de cuanto después ha venido, bueno y malo, entre lo último las dos acciones de la noche del 16 al 17 de marzo. 

            Porque exaltar la figura de Carrillo y retirar la estatua de Franco son dos símbolos de los dos fines buscados por quienes promovieron una y otra acción: interpretación maniquea de aquel "consenso" y apertura del proceso de la ruptura total, no alcanzada entonces, que Zapatero se ha propuesto; ruptura total pensada como instrumento para señalar las bases de un cambio de Régimen que conllevará el "plan de etapas" que tampoco entonces pudo ensayarse porque no se daban las condiciones objetivas para ello, (estaba vivo –aunque lejana en el tiempo- el recuerdo de la guerra civil, había unas fuerzas sociales, políticas e institucionales que cerraban el paso a la pretensión marxista, la existencia de verdaderos "poderes fácticos" que a ella se enfrentarían, etc.), condiciones objetivas que Zapatero y los suyos creen que hoy sí que se dan (ya no existen aquellos "poderes fácticos", la guerra civil es realmente desconocida de la mayoría de los españoles, las fuerzas sociales, políticas e institucionales son muy otras, las nuevas generaciones no han vivido la historia que sus predecesoras vivieron y padecieron, etc.), en todo lo cual confía Zapatero –y acaso no le falte razón en el diagnóstico- para llevar a cabo su aberrante y sectario proyecto. 

            La II República vino por diversas causas y por variados procedimientos, uno de estos el compromiso de acción suscrito por los comparecientes en el denominado "Pacto de San Sebastián", comparecientes de entonces que hoy tienen sus "herederos legítimos" que, casualmente, estaban todos ellos representados en la cena de homenaje a Carrillo, pues allí se juntaron –como en una renovada versión de aquel pacto, como "Pacto de San Sebastián II", los diversos partidos marxistas o neomarxistas, los nacionalistas (¡oh los ilustres comensales Sres. Ibarretxe y Pujol!), algún que otro acobardado y utilitario "centrista", los "católicos progres", etc., todos ellos propiciadores de un nuevo Régimen nacido de una ruptura total, cuyo comienzo simbólico se dio aquella noche con la aberración del homenaje a Carrillo y con el sectarismo –perpetrado con nocturnidad y alevosía- de retirar la estatua ecuestre de Franco. 

            Porque si hay alguien que simbolice ruptura total con todas las esencias de España, y con todos los valores históricos y morales que a lo largo de tantos siglos adornaron a la sociedad española, ese alguien es Santiago Carrillo. Nada debe importar en su palmarés biográfico su interesada y oportunística colaboración  en la "transición" pues ese discutible mérito se verá siempre sobrepasado por sus otras "proezas" biográficas, por ejemplo Paracuellos aunque éste no sea el único "palmarés" de su ejecutoria pública cara a la Nación, y cara a su propio partido en el que se consagró como estalinista purísimo y efectivo. 

            Tremendo error fue la adhesión Regia al homenaje a Carrillo pues aunque se basó en el reconocimiento a la aportación supuestamente positiva del homenajeado en el proceso de la "transición" y del "consenso", los consejeros de la Corona no debieron olvidar algo ante lo que con moral claramente utilitaria nuestra clase política "mira hacia otro lado" porque no quiere darse por enterada: la nueva democracia española hizo suya, de modo solemne y formal, la "doctrina Nüremberg" de que los delitos de genocidio no prescriben, y esto debe primar y superponerse sobre esos supuestos y oportunísticos "servicios que Carrillo prestó en la "transición". Si con esa adhesión Regia y con su ignorancia oficial de la erradicación de la estatua ecuestre de Franco esos consejeros de la Corona creen cortocircuitados los peligros derivables del cambio político que Zapatero proyecta –verdadero cambio de Régimen- y si piensan que el "Pacto de San Sebastián II" esbozado con ambas acciones no afectará a la Institución, se equivocan de medio a medio; en tal sentido, los que la creen salvaguardada con eso de "la unidad en la Corona" están apostando por el pan para hoy y el hambre para mañana, pues el modelo confederal del Estado que ese slogan entraña no es compatible ni a lo largo y aún ni a medio plazo ni con la Institución monárquica ni con la unidad nacional que ingenuamente se dice garantizar con ella. Por otro lado; ¡triste modelo aquel, aplicado en la "transición", si hubiera tenido como uno de sus pilares básicos la colaboración del estalinista Carrillo!; afortunadamente, sus supuestos más firmes fueron los sectores sociales, políticos e Institucionales que posibilitaron pasar de la "dictadura constituyente" de Franco (frase certera y descriptiva del eminente profesor Fernández Carvajal) a un sistema democrático al frente del cual se puso a su sucesor con título de Rey. (Pese a lo cual –y de ahí la gravísima frustración que padeció Torcuato Fernández Miranda, que contribuyó a su prematura muerte- las connotaciones "carrillistas", socialistas y nacionalistas han primado sobre las del verdadero origen institucional del entonces recién estrenado modelo democrático). 

            Y en cuanto a la justificación aportada por Zapatero sobre la erradicación de la estatua (en nada se ha justificado por asistir al homenaje a Carrillo pues al fin y al cabo hay plena coherencia ideológica entre ambos) es de una hipocresía difícilmente superable: decir que era un símbolo dictatorial incompatible con un sistema democrático es purísimo cinismo si no olvidamos que al lado de aquella estatua ecuestre estaban –y siguen estando- las esculturas dedicadas a Indalecio Prieto y a Largo Caballero (éste, el inolvidable" Lenin español") autores de la dictatorial rebelión de 1934 y autores también del caos sangriento del Frente Popular; ¿ y qué decir de la entente "zapateril" con el Chávez de Venezuela, el Castro de Cuba y el Mohamed de Marruecos…? 

            La desfiguración de España tiene y va a tener sus símbolos sectarios: se ha empezado con las dos acciones coordenadas de la noche del 16 al 17 de marzo y si no se les para con firmeza política se seguirá con acciones similares; se rehabilitarán personajes de estilo Carrillo que debieran tener piadosamente enterradas sus memorias, y se actuará igual a cómo se ha actuado con la escultura ecuestre de Franco (sobre esto está a punto el suprimirse la que figura ante la Academia General Militar de Zaragoza y se hará la exhumación de sus restos en el Valle de los Caídos) pues con la supresión de esos y parecidos simbolismos creen estar seguros de alcanzar las metas que pretenden. Ello coincide con la frase lapidaria que el historiador e hispanista inglés Hugh Thomas, patentó certeramente: «hay que temer a los españoles cuando empiezan a no respetar los símbolos»; y estos que nos rigen –alentados por los cobardes, por los posibilistas y por los «pragmáticos» de toda índole- ya han demostrado que no toleran aquellos símbolos que no les benefician o porque les tienen un odio visceral. 

"EPÍLOGOS"; por el orden cronológico de los hechos: 

1.-  El alcalde de Santander, para demostrar que allí se hacen las cosas de una forma muy diferente a cómo las hacen los del PSOE, ha aireado la siguiente estupidez: dice que van a retirar otra similar estatua de Franco que allí existe, pero que lo harán sin nocturnidad ni alevosía pues lo llevarán a cabo a plena luz del día y tras formales acuerdos al respecto y con todo respeto; que, además, para demostrar equidad, van a suprimir también las coronas murales republicanas que aún existen (en algunos edificios o monumentos) sobre los correspondientes escudos nacionales; símbolos republicanos que el franquismo no suprimió allí como tampoco en tantas otras localidades de España. La majadería que tal "equidad" supone es digna de ser señalada: precisamente el dejar donde están ambos símbolos –el de Franco y el de las coronas murales republicanas- sería la demostración plena de lo que debiera ser cosa tan obvia como el asumir la Historia de España tal como lo fue en sus diversas etapas y alternativas. El "genio" que ha aireado tal medida pertenece al PP, que conste. 

2.- Igualmente de madrugada ¡cómo no! en la del 23 de marzo, "el Alcalde socialista de Guadalajara ordena retirar (…) las estatuas de Franco y de José Antonio", decía la prensa del siguiente día. (Y en el mismo reportaje se recordaba a sus lectores que ya solamente quedan en pie las de Zaragoza y  Melilla, amén del ya comentado derribo programado en Santander). 

            Hay un matiz, de orden popular, que el tal socialista en funciones de alcalde no ha tenido en cuenta: que la estatua de Franco fue erigida en 1976 –reinando ya D. Juan Carlos de Borbón y Borbón- y costeada por suscripción popular, como en 1973 también lo fue la de José Antonio; pero estos matices que entrañan por un lado propiedad popular y por otro popularidad de los homenajeados no cuentan para el dogmatismo sectario y para el odio irracional y visceral de los socialistas españoles. 

            Lo afectable a Franco tiene su "lógica" (fue quien les derrotó limpiamente en 1939) y lo de José Antonio también la tiene aunque sea otra "lógica": fue asesinado por ellos tras un remedo de juicio predeterminado, y cuya sentencia de muerte fue firmada por el Jefe del Gobierno –el socialista Largo Caballero- con un fúnebre "enterado" que no dudó en estampar el tal a al sazón legitima y popularmente denominado "Lenin español", y claro, hay que borrar toda huella que recuerde tan democrática decisión del democrático socialista Sr. Largo Caballero. 

3.- El mismo día –24 de marzo- en que aparecía el reportaje sobre lo de Guadalajara, en ABC se podía leer un suelto titulado con el slogan comercial de "Dos por el precio de uno" que, obviamente, se refería a lo de Guadalajara. Lo firmaba alguien que decía ser y llamarse Carmen Martínez Castro, y pretendiendo atacar al Gobierno por su política de esos y otros derribos –nada decía sobre el homenaje a Carrillo, claro- sentaba estas lindezas:  

            « La ultraderecha que este Gobierno necesita para legitimar su radicalidad infantil no se encuentra en los últimos seguidores de aquel dictador muerto en la cama. Franco es para los jóvenes de hoy alguien tan lejano y tan desconocido como el sedicente Papa del Palmar de Troya. Los franquistas terminales forman una curiosa tropa compuesta básicamente por ancianos decrépitos y señoras a las que se empeñan en amargarle el té con pastas. Podemos adjudicarles todo tipo de calificativos, pero resulta excesivo considerarles una amenaza para la democracia. La extrema derecha, si existe, no lleva correajes ni canta el "Cara al sol". En cuanto a esta primavera de iconoclastia progre, ni siquiera sirve como excusa para recuperar la memoria de la dictadura como pretenden los ideólogos de este Gobierno. Una vez que se ha expulsado la Historia de España de las aulas, no es posible recuperarla, ni siquiera selectivamente, al rebufo de una polémica cutre por unas estatuas ignoradas desde hace décadas. No estamos ante un asunto que tenga que ver con la Historia ni, mucho menos, con la democracia. Es, sencillamente, una cuestión de mobiliario urbano, como las cabinas, las farolas o los bancos del parque.». 

            Para tan gentil dama los símbolos de una etapa histórica fecunda –por cuya fecundidad se pudo acceder a un sistema democrático desde la ya citada "dictadura constituyente" sin traumas ni sangre y convivencialmente- son como "mobiliario urbano". Y la empresa editora, ABC, (la gran beneficiaria de aquella etapa histórica) permite poner en sus páginas tamaña bastardía. 

Final.  

            El pueblo que opta por ignorar la Historia está abocado a tener que  repetirla;  quien  o  quienes  se  abstienen   de  condenar  y  de impedir –pudiéndolo hacer-  la  destrucción  ignominiosa  de esos símbolos (que en algunos casos son los de su propio pasado y los de  su propio origen) acaso deban  tener  que  contemplar, referidos a ellos mismos, parejas ignominias. Porque  los pecados políticos y las razones morales no prescriben, como tampoco los delitos de genocidio.          

Ramiro Solana

 

*       *       * 

Homilía en el funeral por los caídos                                   arriba

 Pronunciada por el P. Anselmo A. Navarrete

Abad de Santa Cruz

el 19 de noviembre de 2005

en la Basílica del Valle de los Caídos

De nuevo habéis venido para llenar este templo con el homenaje de vuestra memoria y vuestra oración por cuantos reposan aquí, este año de manera especial por D. Francisco Franco, Jefe del Estado Español y fundador de este monumento, al cumplirse los treinta años de su fallecimiento. Cabe destacar hoy, como una de sus creaciones máximas, esta obra del Valle, que resume su espíritu como hombre y como cristiano.

Los elementos que integran el monumento nos remiten a los símbolos más eminentes de la historia española y europea, lejos de cualquier simbología personal o bélica. Una Cruz, una Basílica y un Altar, un Monasterio encierran el emblema de lo que ha sido el alma de España y de Europa, en torno a los cuales  se ha configurado su perfil espiritual y sus hechos históricos más sobresalientes. A través de tales símbolos se quiso enlazar con ese pasado y al mismo tiempo trascender el impacto de nuestra guerra en la que, a la sombra de un conflicto nacional, se debatía el cambio de la identidad cristiana de los pueblos europeos. Algo que hoy vuelve a plantearse en términos apremiantes.

Pero el Valle evoca también la memoria de todos aquellos que, aquí o en cualquier lugar de nuestra geografía, descansan tras haber inmolado sus vidas por la causa de Dios o de España, o por ambas a la vez. En esa evocación común se recoge la voluntad de todos los que intervinieron en la creación del Valle de los Caídos al coincidir en el espíritu de reconciliación como finalidad fundamental del mismo.

Por eso, los primeros brazos que estrecharon, unidos, a los españoles de la contienda fueron los de la Cruz; los primeros sepulcros que les acogieron bajo el mismo mármol, fueron los de esta Basílica; las plegarias que se alzan en sufragio único por unos y otros son las que todos los días resuenan bajo esta cúpula.

El Valle no es el monumento a una victoria; es, mucho más, el lamento por una guerra y por los hijos de la misma patria, España, muertos en ella.

Aquí no hubo lugar para la discriminación entre las dos Españas. Esta Basílica, supuesto símbolo de la intolerancia, abrió sus puertas sin preguntar cuál era el color de las ideologías, o de las creencias o increencias religiosas de los que aquí recibieron sepultura. La sombra de la misma Cruz guarda el reposo de quienes, bajo banderas distintas ayer, se dan hoy la mano desde nichos contiguos, porque ni siquiera se consintió que su ubicación en la Basílica mantuviera la separación entre derechas e izquierdas, reservando lugares distintos para unos y otros.

Se nos habla de convertir el Valle en un Memorial. Si éste va a tener por objeto a las víctimas de la guerra, que son los verdaderos protagonistas, nadie va a imaginar un monumento conmemorativo más digno, ni esas víctimas, si pudieran opinar, iban a pedir otro distinto a él. Más bien, se removerían en sus sepulcros ante la perspectiva de ser arrancados de este seno materno que les cobija en la actualidad, o de ver profanada la atmósfera sacral de la basílica y del Valle, bastante más acogedora que los homenajes laicos que les prometen. Y si lo que desean es estudiar el origen de aquella contienda, que repasen los fines y la obra realizada por aquel Centro de Estudios Sociales que formó parte esencial de la Fundación del Valle, y que realizó a la perfección ese cometido, hasta que una orden gubernativa clausuró sus actividades.

Esta tarde ha comenzado en toda la Iglesia la celebración anual de la festividad de Jesucristo, Rey del Universo. Sabemos que en estos últimos siglos de apostasía creciente ha sido el Rey más discutido. Pero en esos siglos, en los pasados y en los futuros, y por la eternidad, Él es, porque así ha sido proclamado por Dios, Rey de reyes y Soberano de los señores, aunque Él no desee que su reino sea de este mundo, es decir, aunque deje el gobierno directo de los asuntos temporales a los césares de la tierra. Pero ello no anula la soberanía de Dios en ella: «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo», «me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra», según las propias palabras de Jesús.

Siempre persiste el deber de obediencia del hombre y de las instituciones sociales a la ley divina y a los principios morales a fin de garantizar la dignidad, santidad y justicia del orden humano, lo que representa el máximo bien temporal de las sociedades. El que es Cabeza de la humanidad tiene el derecho absoluto a ser reconocido por los príncipes y las instituciones de este mundo. En ello está su gloria y su sabiduría. Cuando, por el contrario, la inspiración en el gobierno de la sociedad no se confía a Dios, se entrega inevitablemente al mal y a la mentira. 

A la luz de este misterio de la realeza de Cristo, aceptada o negada, se comprenden algunas realidades de la hora presente. De igual modo que la acción del hombre contra la naturaleza provoca en ella las conmociones que conocemos, la acción contra el orden moral de la sociedad remueve también sus cimientos. Tal vez sea esto lo que explique que, en tan breve tiempo, una nación como la nuestra haya sido tan profundamente sacudida en sus fundamentos, tan metódicamente privada de sus elementos básicos de identidad, en su espíritu y en su cuerpo.

Hemos desembocado en una sociedad sin ley en la que los códigos divinos y humanos son burlados impunemente con el fin de modelar esa sociedad en la que quede consumada la ruptura con todos sus precedentes históricos. España vacía día a día sus venas. Cada día una nueva renuncia la despoja de una parte de sí misma, de su patrimonio espiritual e histórico, del orgullo de su identidad y de su nombre.

La historia de España, con su ejemplo emblemático y casi único de fidelidad a Cristo, al Evangelio y a la Iglesia, sostenida hasta ayer mismo, a pesar de sus fallos, era un desafío que había durado demasiado y que no podía ser consentido por más tiempo. Este pueblo se convirtió en objeto de la ira de todos los que han venido patrocinando una Europa laica y atea, y hemos comprobado cómo en distintos momentos se ha querido hacer pagar esta osadía, tratando de demoler su realidad espiritual, cultural e incluso nacional, para homologarnos al resto de los países que han roto con su tradición cristiana.

Debemos admitir, sin embargo, que esta crisis no se debe sólo a una oscura estrategia externa, sino que en ello han tenido también una parte importante nuestros propios errores e infidelidades presentes. A la amenaza de desintegración de la nación española ha precedido la quiebra de los pilares sobre los que se asentaba: los valores religiosos y espirituales, la vida y las convicciones morales, la familia, el respeto al Nombre y a la Ley de Dios, la identificación con la fe y el cristianismo: todo aquello que formaba parte de nuestra historia común. Ellos eran la roca sobre la que secularmente se sostuvo la realidad de España. Hoy hemos removido esta roca, un poco entre todos, y nos hemos quedado en el vacío.

Mientras España fue un pueblo de Dios, un pueblo en el que Dios era el primer servido, tuvo su bendición, y fue capaz de superar todos los peligros que amenazaron su existencia, desde el islamismo al comunismo. Hoy tenemos que repetir el lamento del profeta Baruc (3, 10-11): dirigido a su pueblo: «¿a qué se debe, Israel, a qué se debe, España, que hayas envejecido tan prematuramente? Es que has abandonado las fuentes de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios habitarías en paz para siempre».

Aquí cabe recordar las palabras que Juan XXIII nos dirigió con ocasión de la consagración de esta Basílica en 1960: «nos complace alentar a los católicos españoles en su empeño de conservar íntegro y puro su fecundo patrimonio espiritual. La historia es testigo de que los altos ideales cristianos dieron cohesión e impulso a sus antepasados para las grandes empresas, y de que cuando decayeron tales ideales, se mermaron y debilitaron igualmente los lazos de unión, poniéndose en peligro su limpia y heroica trayectoria».

España se reconstruirá no sobre alguna Constitución de papel redactada por hombres, sino sobre la constitución del Evangelio. El Evangelio suscita no sólo hombres espiritualmente nuevos, renacidos en el agua y en la sangre de Dios, sino pueblos nuevos renovados en la savia que da vida al mundo. Entonces un nuevo soplo del Espíritu hará surgir una nueva raza de místicos, de santos y de héroes, un nuevo pueblo que reconocerá la soberanía de Cristo, y será nuevamente un pueblo grande porque «el Señor será su Dios y Dios estará con nosotros». No es una esperanza gratuita: las únicas realidades que tienen futuro son precisamente aquellas que hoy resultan despreciadas y excluidas, pero que llevan en sí el sello y la garantía de Dios.

«El momento es apremiante». Estamos viviendo tal vez la mayor de las guerras de religión en la que debe ser herido no sólo el edificio cristiano sino todos los soportes humanos e históricos que lo sustentan, comprendidas las naciones.

Pero no nos dejemos desalentar: el destino del Evangelio y del cristianismo, y también el de los cristianos, está bajo la protección de Dios, de su Madre y nuestra, María, de nuestros santos y mártires, los del pasado y del presente, de la oración, el sacrificio y la conversión de todos los creyentes, que no podemos limitarnos a ser testigos apesadumbrados de lo que sucede sabiendo que tenemos en las manos este recurso decisivo. «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Es hora de orar con una sola voz: «salva, Señor, a tu pueblo y bendice a la nación que ha sido tu herencia» (Te Deum), y de proclamar la realeza de Cristo: «la victoria es de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero que ha sido inmolado. La alabanza y la gloria y la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos» (Ap 7, 10-12).

PLAN IBARRETXE EN MADRID                                                                arriba

Discurso íntegro pronunciado por Mariano Rajoy

en el Parlamento el 1 de febrero de 2005

 

Señorías, si no hubiéramos escuchado las palabras del ilustre representante del Parlamento Vasco, pudiéramos pensar que lo que hoy nos convocaba era la Reforma del Estatuto de Autonomía para el País Vasco conforme a las previsiones de la Constitución. Al menos, esa era la apariencia que se le ha dado para que pudiera llegar hasta esta casa.

Más he aquí que la presunta reforma del Estatuto de Autonomía para el País Vasco conforme a las previsiones de la Constitución, resulta que ni es una reforma, ni habla de autonomía, ni se acuerda de la Constitución. ¿De qué se trata, pues? Estamos, según proclama el propio documento y se nos ha recordado aquí, nada menos que ante un proyecto de pacto político entre Euskadi y España basado en la libre asociación. ¿Y eso qué es, señorías?

No entraré en detalles, pero todos ustedes saben que proclama la soberanía del pueblo vasco, otorga nacionalidad vasca a sus habitantes, asume competencias exclusivas del Estado en relaciones exteriores, en justicia, en economía, en seguridad social, en educación… En una palabra, desmantela toda la arquitectura del Estado español. No diré que me sorprenda: A nadie que conozca la vieja Alternativa KAS pueden sorprenderle sus secuelas. Pero esto es lo que hay, señorías.

Un texto muy ameno, imaginativo, tal vez un poquito quimérico, que me ha recordado mucho aquella constitución que elaboró Rousseau para Córcega en la que distinguía tres clases de corsos: patriotas, ciudadanos y aspirantes. Pero dejemos esto para más adelante. El caso es que todo el documento, desde la primera palabra hasta el punto final, se olvida de la Constitución española. A mí no me choca porque, como acabamos de escuchar, la voluntad expresa de los redactores ha sido, exactamente, volar fuera de la Constitución y evadirse de la tutela del Estado, cosa que han logrado con creces.

Llegados aquí, una de dos señorías: O algunos responsables políticos no se han enterado de que cualquier reforma estatutaria que choque con la Constitución carece de viabilidad, o, por el contrario, lo saben muy bien pero no les importa perder el tiempo. De hecho, el texto que se nos presenta no sólo entierra la Constitución. Hace más: se erige él mismo en norma constituyente. Nos han traído, ni más ni menos, el proyecto de constitución para una Euskadi Libre Asociada al Estado Español.

Señorías, estamos ante una llamativa contradicción, porque quien tiene capacidad para elaborar su propia constitución no tendría por qué acudir a esta Cámara ¿para qué habría de acudir?; y, sin embargo, quienes ahora se alzan con una constitución, acuden a ella, ¿por qué? Dicho al revés: quien acude a esta Cámara es porque no está legitimado para hacer una constitución por su cuenta y sin embargo la han hecho y además nos la traen ¿para qué? ¿Qué pretenden: proclamar su independencia con nuestras bendiciones? ¿Cómo se entiende esto?

Hemos de concluir, señorías, que lo que nos han remitido, bajo capa de una reforma estatutaria, es en realidad una petición de reforma constitucional. Lo que, al parecer, esperan los solicitantes es que nosotros, para evitarles la descortesía de un desaire, reconozcamos nuestros errores en materia de soberanía nacional y reformemos la Constitución española de manera que este adiós a España que nos remiten pueda ser reconocido como hijo legítimo de la Constitución española. En otras palabras: cambie usted a la madre para que se parezca a la hija. Si esto es así y dejando a un lado la sospecha de que nos toman el pelo, me da la impresión de que estamos alterando el orden natural de las cosas.

El Parlamento Vasco, como cualquier otro parlamento autonómico, tiene derecho a iniciar el proceso de reforma constitucional tal y como lo señala la propia Constitución en sus artículos 87 y 116. No hace falta que nos lo pida. Háganlo ustedes. Pónganse a trabajar y no pretendan empezar la casa por el tejado. Aborden primero esa tarea y, si tienen éxito, podrán soñar con su Estado Libre Asociado.

Además, si no lo hacen así, resultará lo que ha resultado ahora: que embarcan al Parlamento Vasco en unos acuerdos sobre materias que no son de su competencia, con lo cual dichos acuerdos valen lo mismo que un papel mojado. La cámara de Vitoria no está facultada para imponer cambios en la estructura del Estado o en el ejercicio de los derechos y libertades ciudadanas.

¿Se permitiría que el Parlamento Vasco fijara la fecha de las elecciones autonómicas que es una competencia exclusiva del Lehendakari? No, porque no es competencia suya. De igual manera que esta cámara (en la que hoy estamos) no puede modificar unilateralmente el Estatuto de Autonomía de Gernika, o que el Ayuntamiento de Baracaldo —por seguir con otros ejemplos— no puede aprobar el presupuesto de la Diputación de Vizcaya. Los acuerdos que tome cualquier institución en materias que no son de su competencia no valen nada, aunque los voten el 100% de sus miembros.

Lo cierto, Señorías, es que el Parlamento de Vitoria se ha tomado atribuciones que no le corresponden. Lo están proclamando a voz en grito los recursos que se han presentado ante los tribunales: dentro del país vasco, la diputación Foral de Álava y en su vecindad las Comunidades de Navarra y de Castilla-León.

Todos por el mismo motivo: que se toman atribuciones que no les corresponden. A nadie puede extrañarle que los navarros protesten una vez más del obsesivo acoso anexionista que perciben constantemente en el nacionalismo vasco. En resumen, no estamos, como se pretende, ante un proyecto de reforma de un estatuto de autonomía y, en consecuencia, no podemos aprobarlo como si fuera lo que no es. Por eso, mi grupo se opondrá a la toma en consideración.

Lo único que hoy nos importa de este proyecto es que abandona el marco legal, que es incompatible con la Constitución, que deroga el Estatuto de Gernika y que aborda materias que no le competen. Por eso, quienes estamos obligados a defender la ley mientras la ley no cambie, no lo podemos admitir. A esto se reduce todo, señorías.

Lo que está en cuestión esta tarde no es si aprobamos o no determinado documento, sino si en España se aplica la ley. Y no hay nada más que hablar. Contra lo que temía el señor Ibarreche, no nos rasgamos las vestiduras, no pisoteamos su propuesta, no damos portazo alguno ni desairamos a nadie. Todo lo contrario. Nos conviene a todos, incluido el señor Ibarreche, ser rigurosos con la ley y respetar los procedimientos.

La libertad, señorías, no significa disfrutar el derecho a hacer lo que nos plazca sino, como señaló Montesquieu, el derecho a hacer lo que las leyes permiten. No cabe libertad fuera de la ley. ¿Es esto el caos como se ha dicho? No. Es la legalidad. La legalidad en la que se encuadra el Estatuto de Guernica. La legalidad que da sentido a este debate y también la legalidad que señala sus límites. Aquí no habrá más caos que el que otros quieran alentar. Y esto me lleva a la siguiente consideración.

Me he propuesto no alterar la moderación de mi tono pero, convendrán señorías en que si malo es el fondo del asunto que nos ocupa, peor ha sido la forma, plagada de menosprecios y desplantes. No lo digo para cargarme de razón a la hora de rechazar la propuesta. Sería igualmente rechazable aunque se presentara con unos modales exquisitos, pero hubiéramos ganado en respeto y en decoro. No quiero pasar por alto lo que me ha parecido un desprecio grave a las Cortes españolas.

Señorías, no sólo se nos exige algo que es ilegal por parte de quien no tiene derecho a exigirlo, sino que se nos exige en rebeldía. Recibimos un documento que equivale a una declaración de independencia y yo me pregunto: ¿Cuál es nuestro papel? ¿Se nos informa? ¿Se nos consulta? ¿Se nos advierte? ¿Se nos amenaza? No lo sé.

Porque se supone que debemos aprobarlo, pero ya se ha anunciado el propósito de convertirlo en hecho consumado y, nos guste o no nos guste, convocar un referéndum ilegal. Se solicita el acuerdo de esta Cámara, pero ya se nos ha dicho que no se tendrá en cuenta nada de lo que aquí se decida.

La misma propuesta establece que haya o no haya acuerdo con el Estado español, en el plazo máximo de seis meses desde la entrada en vigor del nuevo estatuto —es decir desde que decidan publicarlo en el Boletín Oficial del País Vasco—, el Estado Asociado comenzará a ejercer en plenitud y sin excepción todas las potestades, funciones y servicios. ¿Qué clase de farsa es esta?

Señorías, pretender que tomemos en consideración algo que ya se ha determinado llevar a cabo en cualquier caso, sólo se puede calificar de desfachatez. Una desfachatez revestida de hipocresía, de exigencias de diálogo, de espíritu constructivo, de relaciones amables y de no sé cuantos perifollos más para disfrazar las intenciones verdaderas. Se nos exige diálogo.

Nos lo exige quien rompe los acuerdos, se salta la ley, disfraza sus intenciones, dinamita el consenso, nos presenta deliberadamente un proyecto inadmisible, y nos amenaza con hechos consumados. ¿Dónde está esa voluntad de diálogo? ¿Diálogo sobre qué señorías? ¿Sobre un fraude de ley? ¿Sobre una desfachatez? ¿Sobre cómo establecemos un régimen de castas en el País Vasco?

Los promotores de este plan no buscan el diálogo, sino el acatamiento. No reclaman un debate, sino la claudicación. Nos traen el certificado de defunción de nuestras normas de convivencia y pretenden que pactemos el tipo de entierro.

Confieso, señorías, que si hubiera estado en mi mano, no celebraríamos este pleno. Como saben ustedes propusimos a la Mesa de esta Cámara un procedimiento que, en nuestra opinión, se adecuaba mejor a la legalidad. Ahora bien, una vez que estamos aquí, no seré yo quien rechace la oportunidad de dialogar.

Hemos reservado toda una tarde para el intercambio de razones y nadie podrá decir que ha faltado el diálogo. Tal vez, a algunos este diálogo les parezca breve, pero es que el asunto no da más de sí. Yo creo en el diálogo como instrumento para el acuerdo. Pero exijo buena fe, respeto a la ley y lealtad al interés general. De eso se trata. Yo creo en el diálogo, pero reconozco que será muy difícil cualquier clase de entendimiento mientras los promotores de este plan no corrijan algunos malentendidos. Porque se empeñan en imponer unos supuestos que no todo el mundo comparte.

Si no les entiendo mal, defienden que el Pueblo Vasco es soberano, que es el único legitimado para decidir sobre su futuro y que estableció un pacto con el Estado en 1979, el cual ha sido traicionado. Creo que esto lo consideran un dogma y, desde luego, lo defienden y lo difunden como tal.

Tienen derecho a pensar lo que quieran, pero no les conviene equivocarse respecto a los demás: no debieran dar por hecho que tienen razón, que todos vamos a compartir sus creencias y que vamos a convertirlas en leyes. Eso no sería posible, no sería razonable y, sobre todo, no sería justo.

Si no modifican esos planteamientos o los guardan en el armario de las ilusiones remotas, como hemos hecho todos en lo que nos toca, no vamos a poder entendernos. Les diré por qué, señorías: En primer lugar porque ya no vivimos en el siglo XVIII.

Todo el mundo tiene derecho a cultivar conceptos antiguos pero no se puede pretender que una democracia moderna los comparta. Porque son conceptos que la Ilustración desterró del lenguaje político y del derecho público hace 200 años, señorías (En España, con las Cortes de Cádiz). Con la democracia contemporánea nació el ciudadano, el individuo, como sujeto de derechos y deberes. Nació la igualdad. Y el viento de la historia se llevó todos los vestigios del Antiguo Régimen, es decir, los presuntos derechos de pueblos, clanes, tribus o parroquias.

La Constitución que compartimos, la que da sentido a esta sesión, no admite que nada se alce sobre los derechos de la persona ni que un pueblo tenga más derechos que un ciudadano; no consiente que ninguna creencia (laica o religiosa) recorte la libertad individual y no tolera diferencias entre los individuos porque, ante la Constitución, todos los españoles son iguales independientemente de su sexo, raza, religión, lengua o ideología.

Yo creo que quienes han redactado este texto pueden comprender que cualquier reforma que pretenda recortar la libertad de los ciudadanos invocando los presuntos derechos indefinidos de un pueblo metafísico tropezará con muchas dificultades en esta Cámara. Es muy importante que esto quede claro para que podamos entendernos. Porque este es el lenguaje de la democracia. Todo lo demás es mitología.

Lo mismo ocurre, señorías, con el concepto de soberanía. En España, como recoge la Constitución, no existe más nación que la española. Dicho de otra manera: en España solamente hay un cuerpo ciudadano que esté legitimado para elaborar una constitución, es decir, para constituirse en Estado: el conjunto de los españoles.

En España, la soberanía, la única autoridad que no tiene que dar cuentas a nadie por ser soberana, la encarna el conjunto de los españoles y se expresa a través de las urnas. No existe otra. Esta soberanía, esta autoridad suprema, estableció que el País Vasco podía constituirse en Comunidad Autónoma, le fijó las normas y le señaló un ámbito vasco de decisión, que por cierto es riquísimo. En efecto, existe un ámbito vasco de decisión para todas aquellas cosas que ha autorizado la soberanía nacional y mientras las autorice. No hay otro.

Estoy recordándoles, señorías, algo que es obvio aunque algunos hagan como que no oyen: el País Vasco no es patrimonio privado de nadie. Todos los españoles tienen derecho a decidir sobre su presente y sobre su futuro, del mismo modo que todos los españoles, incluidos los vascos, tienen derecho a decidir sobre el futuro de Murcia o de Melilla. De hecho, todos los días tomamos decisiones en esta Cámara sobre cosas que afectan a cualquier rincón de España.

Nosotros, las Cortes, representamos a esa soberanía nacional. El señor Ercoreca, también. Y la señora Lasagabaster, también. Porque ninguno estamos aquí en representación de nuestro pueblo sino en representación de todos los españoles. Esto no es una lonja de contratación ni una casa de subastas. Aquí no venimos a dirimir pleitos privados. Cada uno de nosotros representa a todos los españoles, es decir, a la soberanía nacional.

El Parlamento vasco representa a su vez la voluntad de los ciudadanos vascos. Sí. Pero sólo en aquellas materias que le competen, es decir, en aquello que le ha confiado la soberanía nacional para que lo administre. He dicho confiado y he dicho bien, porque estamos hablando de una relación de confianza. Yo sé que esto choca frontalmente con algunas ideologías, pero esta es la ley. Estas son las reglas que todos hemos jurado respetar y defender. Todos.

Es muy importante que se respete la ley y que nadie la tome a beneficio de inventario. Cuando algo no nos gusta, el camino legítimo para cambiar las leyes no consiste en suplantar a la soberanía nacional, sino en persuadirla para que las modifique. Todo lo contrario de lo que hace y preconiza el señor Ibarretxe.

Sólo quienes sean capaces de convencer a los españoles, o a quienes les representamos, para que se hagan las cosas de otra manera pueden lograr una ley que coincida con sus pretensiones. Esto es el abc de todas las democracias contemporáneas, incluida la española.

Un tercer mal entendido se refiere al referéndum. Señorías, ni siquiera el presidente del Gobierno puede convocar un referéndum sin la autorización de estas Cortes. Menos puede hacerlo ningún presidente de comunidad autónoma, y si alguno lo hace, prevarica, es decir se sitúa fuera de la ley.

No sé de qué se sorprende el señor Ibarretxe si es que habla de buena fe. Él sabe perfectamente que no está facultado para convocar un referéndum. Tampoco lo está para dictar sentencias en los tribunales u operar de apendicitis. La ley no se lo permite y no creo que le moleste. Ser el representante del Estado no conlleva poder suplantar al Estado. Al contrario, le obliga a ser el primer garante de la legalidad. No olvidemos que ocupa un cargo constitucional y que su legitimidad se basa en la confianza que en él deposita la soberanía nacional.

Si no aceptamos esto, todo diálogo será imposible, señorías. Lo cual no significa recurrir a las tortas. Ni mucho menos. Esto es un Estado de Derecho basado en el imperio de la ley. Entre nosotros, para quien abandona la senda legal basta con los tribunales.

Personalmente, señorías, no tengo miedo al resultado de un referéndum y menos en el País Vasco. Lo que temo es que no se respete la ley, que se sienten precedentes, que cunda la impresión de que en este país las normas no se respetan y la autoridad no ejerce.

Señorías, con el mismo afán de poner las cosas en claro, debo corregir a quienes difunden la fantasía de que existe un pacto entre el Estado y el País Vasco. No existe tal pacto. Nunca ha existido y supongo que nunca existirá. Eso es una entelequia propia de las creencias, la ideología y la propaganda de los redactores del proyecto que hoy analizamos.

Yo no soy responsable de que algunas creencias no coincidan con la realidad. Es un problema que arrastran aquellas ideologías del siglo XIX que no han querido actualizarse. No se lo reprocho, pero no me culpen a mí por tener los pies en el suelo y vivir en el siglo XXI. En fin, señorías, por terminar con esta modesta iconoclastia de mitos sin fundamento que entorpecen cualquier diálogo: no es cierto que los españoles rechacemos algo que los vascos demandan. Eso no es verdad. La verdad es que esta Cámara va a rechazar una propuesta que ni siquiera los vascos aceptan.

Quien ha dicho ya que no a este plan es la ciudadanía vasca. Son los vascos. Los autores del plan que hoy se nos presenta no han sido capaces de lograr un acuerdo amplio en el País Vasco. Nos han traído el presunto proyecto de reforma sin consenso, con el apoyo de sólo el 52% de los parlamentarios, es decir, con una mayoría cogida por los pelos. Esto, en términos de censo electoral, no pasa del 41%.

¿Qué sucede en el País Vasco? ¿Por qué un proyecto de estas características no logra mayor respaldo, incluso un apoyo entusiasta de la mayoría de la población, como ocurrió con el Estatuto de Guernica? ¿A qué lo atribuye el señor Ibarretxe?

Miren ustedes, sin salir de esta sala, entre los diputados que proceden del País Vasco, que viven en el País Vasco, ocho van a votar a favor pero once, es decir, más, van a votar en contra. Y son todos vascos.

No estamos ante un desafío entre España y el País Vasco. Estamos ante una gravísima fractura de la sociedad vasca que este proyecto pretende convertir en una gigantesca injusticia. Porque la intención clara de quienes defienden este plan es crear un marco en el que una mitad se impone a otra mitad; unos vascos, tal vez de primera, imponen antidemocráticamente a todos los ciudadanos algo que no tienen derecho a imponer y que los ciudadanos tienen derecho a rechazar, aunque el ejercicio de ese derecho les pueda costar la vida a algunos.

A los vascos no les gusta este plan, señorías. Tratar de imponérselo sería una injusticia que nosotros no secundaremos jamás. Jamás. Y, además, constituye una deslealtad. Algunos fingen que no se dan cuenta, pero el proyecto que hoy nos presentan constituye una grave deslealtad con el consenso que supo articular ese Estatuto de Guernica que ahora pretenden derogar.

Una deslealtad con la soberanía nacional porque aquel estatuto estableció, con una gran generosidad, una comunidad política que no había existido nunca en la historia. Una deslealtad con la población que le prestó apoyo universal porque representaba una enorme esperanza de convivencia en tolerancia y en paz; porque era un estatuto en el que cabían todos los vascos.

Esto es lo que ahora pretende traicionar esta tentativa de ruptura, este programa excluyente, esta maniobra que deja en la calle a la mitad de los vascos. ¿Cómo van a querer los ciudadanos un proyecto que establece un régimen de castas? Precisamente, donde más resplandece el pelaje antidemocrático de la propuesta es en lo relativo a la nueva situación de los ciudadanos; en esa distinción que se proponen realizar entre ciudadanía y nacionalidad vascas.

Por fin van a poder diferenciar algunos entre los vascos nacionales y los españoles errabundos sin nacionalidad vasca; entre los de casa y los de fuera; los propios y los ajenos; los justos y los prescindibles… ¿Qué lectura piensan ustedes que puede hacer ETA de estas premisas? Hablo de ETA, sí. Porque ETA interviene mucho en esta historia. Durante toda la transición ETA y no el PNV ha sido la fuente en la que ha bebido el irredentismo vasco. ETA ha establecido las metas que otros aquiescentemente, han convertido en programas.

¡Claro que hablo de ETA! No sólo porque ETA es la inspiradora del proyecto que otros han puesto por escrito, tras romper en Estella el consenso de la sociedad vasca en torno al Estatuto de Gernika. No sólo porque ETA ha prestado sus votos para este viaje. No sólo porque ETA contribuye al éxito del plan amordazando a la mitad de la población vasca.

Para nosotros, además, los terroristas están muy presentes porque son responsables de casi mil asesinatos cuya memoria no queremos ultrajar. Ocurre que los han matado, precisamente, porque estorbaban las mismas pretensiones que este proyecto recoge.

Los han matado porque no hemos atendido las exigencias de los terroristas. Los han matado porque representaban unos valores que ahora se quieren desterrar del País Vasco. No podemos olvidarnos de ellos. ¿Qué le hace pensar a nadie que aquello que no permitimos que nuestros asesinos arrebataran porque era ilegal, injusto, incivil… ha dejado de importarnos?

Quienes promocionan este plan parece que no se dan cuenta, pero con lo que ahora nos exigen, vienen a decirnos que todo nuestro esfuerzo ha sido inútil; que las mil víctimas de ETA estaban equivocadas; que todos han muerto en balde: los guardias civiles, los policías, los jueces, los militares, los empresarios, los concejales…; que Enrique Casas, Gregorio Ordóñez, Miguel Ángel Blanco, Fernando Buesa y tantos otros… estaban ofuscados; que tenían razón sus asesinos fanáticos; que tuvieron que matarlos porque nos habíamos obcecado y, en fin, que podíamos habernos ahorrado mucha sangre si hubiéramos sido más flexibles.

¿Eso es lo que quieren decirnos? ¡Pues no, señor! No se han equivocado. No han muerto en vano y no vamos a traicionar su memoria. No han sido ellos los equivocados. Tampoco lo es esa mitad de vascos que rechaza esta propuesta injusta.

Por cierto, señorías, ¿qué pasaría con ellos si esto se aprobara? ¿Qué deberían hacer los vascos que lo rechazan, es decir, la mitad? ¿Irse? ¿Callarse? ¿Y si no se callaran? ¿Y si pretendieran que sus derechos individuales son más importantes que los de no sé qué creencia?

¿Qué haría ETA en ese caso? ¿Qué dispondría contra quienes enturbiaran la presunta marcha triunfal del presunto pueblo? ¿Cuánta sangre correría en el País Vasco si algunos se salieran con la suya? ¿A esto le llaman paz? ¿A esto se refieren cuando hablan de una oportunidad para la paz? ¿Qué clase de oportunidad sería esta?

La paz, dijo Cicerón, es una libertad en calma. Una libertad, señorías. A algunos les parece que este proyecto la proporcionará. Sin duda lo hará con algunos, por ejemplo, con los que ya viven en paz y no necesitan escoltas. Para todos los demás, ese proyecto no contiene ni un gramo de libertad. No habrá libertad en el País Vasco, señorías, ni habrá paz, mientras exista ETA.

Y cuando ETA desaparezca y todos los vascos respiren libertad, entonces, señorías, nadie tendrá que poner precio a la paz, porque estaremos habitándola. De esto no tengo duda. Mi duda es si a esa paz, ¡que llegará!, habrá contribuido el señor Ibarretxe. Yo voy a ayudarle rechazando su plan.

Termino, Sr. Presidente. Fíjense, señorías, en el contrasentido de que hoy estemos debatiendo sobre un proyecto que pretende romper nuestro ámbito de convivencia, y dentro de unos días acudamos a las urnas para ratificar la unidad de los europeos.

El mundo en general, y Europa en particular, asisten a procesos de unión y no de ruptura; a sumas que no a restas. Y, sin embargo, aquí estamos nosotros debatiendo sobre esta regresiva propuesta, contraria a las tendencias de nuestro tiempo y que ni siquiera tiene hueco en la Unión Europea.

Señoras y señores diputados: Rechazar este plan, como he dicho antes, no significa propiciar el caos sino fortalecer la legalidad. Porque el País Vasco cuenta con una norma legal muy sólida, el Estatuto de Guernica que —aunque parece que algunos lo olvidan— continúa vigente.

Es bueno recordar que este Estatuto obtuvo el apoyo de más del 90% de los electores vascos. Ésta, señorías, es la mejor regla para medir la calidad de cualquier proyecto de convivencia: la conformidad de los afectados. Mucho más en una sociedad dividida. No debiéramos ni siquiera tomar en consideración ninguna propuesta que no contara con un grado de apoyo semejante.

Con este criterio, señorías, hemos de reconocer que no existe hoy mejor estatuto para el País Vasco que el Estatuto de Guernica. No entiendo de dónde proceden tantos afanes, más o menos arcangélicos por reformarlo.

En el País Vasco hay asuntos mucho más apremiantes para resolver. Lo que necesita urgentemente la sociedad vasca no son reformas estatutarias sino libertad; no, planes que nadie demanda —los hagan unos, los hagan otros o sean intermedios— sino vivir en paz; no, fomentar los malentendidos sino garantizar la igualdad de todos los ciudadanos; no, que pongamos nuestro empeño en cortejar al irredentismo sino en liberar a una sociedad secuestrada por los violentos.

En resumen, señorías, el plan para la supuesta reforma del estatuto del País Vasco que nos ocupa, no cumple los requisitos que exige la ley, es incompatible con la Constitución y, en consecuencia, debe ser devuelto al Parlamento Vasco.

No respeta la Constitución Española porque no reconoce la soberanía nacional, ni toma en cuenta el reparto de competencias establecido, ni acepta la igualdad de los españoles, ni garantiza la preeminencia de los derechos individuales. Para colmo, no se ocupa de la autonomía sino de la independencia. La libre asociación al Estado Español no es más que un aderezo retórico para resguardar la permanencia en la Unión Europea.

Nos están pidiendo algo que no puede ser a sabiendas de que no puede ser. Tal vez piensan que ganan algo con pedirlo. No lo sé. Nosotros vamos a cumplir con nuestro deber al negarnos.

Muchas gracias.

EL “MUNICH ESPAÑOL” PUDIERA ESTAR EN CURSO                    arriba

            La espectacular noticia surgida en la tarde del 27 de julio entusiasmó al amplio sector de comentaristas devotos de lo aparente pero incapaces de desentrañar lo trascendente que subyace bajo las apariencias; así, todo fue alegría entre tales “analistas” al conocerse ésto: España y Marruecos constituirán entre ambas una unidad militar –de efectivos prácticamente iguales, unos 100 soldados cada una- que bajo mando español (¡otro motivo de regocijo!) marchará a Haití  respondiendo a la petición de la ONU.  

            Corolario obligado de los filo-socialistas y de los papanatas fue el que cabía esperar entre tan insignes analistas: con Aznar la tensión entre España y Marruecos tuvo ribetes de tragedia por culpa, obviamente, del talante violento de Don José María; con Zapatero esa tensión ha desaparecido, todo es entendimiento y armonía; de ahí esa inesperada cooperación incluso en materia militar. 

            El trasfondo es bien diferente: al haber renunciado España a defender el “Plan Baker II” para el Sahara Occidental por causa de los “consejos” de Francia y de Rabat, la ignominia sobre el pueblo saharaui está decidida, y a éste no le queda más porvenir que ser miembros de una colonia de Marruecos. En premio, Marruecos nos concede el alto honor de poner á 100 de sus soldados bajo mando español en Haití.           

            De nada sirve recordar a nuestros comentaristas que tan solo 4 ó 5 días antes el Presidente del Gobierno marroquí advirtió que Marruecos no renuncia a Ceuta y a Melilla. Y de menos aún serviría recordar a Zapatero, a Moratinos y a la Vicepresidenta 1ª de nuestro Gobierno, que con un Sahara definitivamente marroquí los flancos Sur y Este de todo el Archipiélago canario quedarán geoestratégicamente al descubierto. E ítem más: que en cuanto Rabat haya “deglutido” el Sahara -2 ó 3 años, no más- se volverá contra Ceuta y Melilla. ¡Pero que importancia tiene todo esto si Zapatero puede ser calificado ya como “El Pacificador”! que, además, ha logrado que 100 soldados marroquíes estén bajo mando español… en Haití, ¡ahí es nada…! 

            En “Cuadernos de Encuentro”, desde hace casi un año y muy especialmente desde que el PSOE gobierna (y desde un año antes, desde cuando expuso su política “nacional” de defensa) el tema Sahara-Marruecos-Magreb-Canarias se ha estudiado hasta la saciedad por verdaderos analistas porque entendemos –y particularmente creo- que es el gran problema geoestratégico español, el gran reto que en cuestiones defensivas tenemos. No guía ningún afán belicoso pues bien al contrario lo que unos y otros defendemos es el evitar una irremediable confrontación militar con Marruecos si nuestros políticos no ven la necesidad, no saben (o temen) demostrar firmeza ante un Marruecos con tales afanes imperialistas que hacen inútiles, a medio o largo plazo, cualquier política de apaciguamiento, de consenso ficticio o de unas continuadas concesiones que la Historia ha demostrado no satisfacer de una vez por todas ese imperialismo alauí. 

            Me temo que a escala magrebí, España esté a punto de imitar a Gran Bretaña y a Francia cuando en 1938 firmaron con Hitler el “Pacto de Munich”; un pacto que con gran clarividencia denunció Churchill con frase histórica; un pacto que permitió a Hitler preparar durante poco menos de un año su gran ofensiva. Teóricamente, Hitler solo pedía Danzig; Marruecos, también aparentemente, “solo” pide el Sahara, pero presionando desde éste a Canarias lo que hará será hacer la vida imposible a Ceuta y a Melilla. Y ante tal tesitura –más que aleatoria- tan solo caben dos actitudes: ceder indignamente (pudiéndose llegar hasta la traición según sea la “negociación” con  “algún” mediador europeo) o por mantener una actitud digna –consecuencia de no haber previsto o creído que se llegaría a ello- tener que responder militarmente. La “opción europea”  elegida por Zapatero al romper con USA –léase Francia- nos presionaría para elegir lo primero pues en modo alguno nos respaldaría en lo segundo; lo de Perejil lo demostró. 

            ¡Pero vaya usted a explicar todo esto a un Zapatero embriagado con sus “triunfos” y ensoberbecido con sus propias elucubraciones carentes del más mínimo realismo! 

                                                                                  RAMIRO SOLANA

LA ESPAÑA FALSIFICADA                                                                         arriba

Aunque la prensa española no lo ha señalado, el PIB por habitante de nuestra nación, en euros homogeneizados por el poder adquisitivo, ha superado en el año 2003 los 20.000 euros, según las cifras de Eurostat. No van por otro lado los últimos datos ofrecidos por Angus Maddison desde la OCDE, los de Julio Alcaide en FUNCAS o los recientes del Banco de España. Como al mismo tiempo la distribución personal de la renta, según las estadísticas del Banco Mundial nos homogeneiza con la Europa occidental –“también en esto hemos dejado de ser diferentes”, señaló el citado Julio Alcaide-, España, en todos los foros, es reconocida como un país industrializado de alto nivel de vida.

 

Si se pretende presentar, por eso, un panorama fotográfico de lo sucedido de 1900 a 1980que sea, en palabras de Alicia Moreno, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, “un espejo con memoria”, capaz de imitar a aquel stendhaliano que “transita a lo largo de la historia de un país que ha crecido y que, no obstante, permanece reconocible”, se precisa, cabalmente, que la selección sea totalmente diferente a la que patrocina Alicia Moreno. Lo que esta concejala presenta no va precisamente por ahí. Los economistas echamos mano, de modo inmediato, para ver si un país ha cambiado radicalmente, o no, de un índice bastante indiscutible que se encuentra detrás de lo señalado al principio: el incremento del Producto Interior Bruto por habitante (PIB p.c.). En pesetas constantes de 1995, tal como, de modo científicamente indiscutible, ha ofrecido Leandro Prados de la Escosura en su libro “El progreso económico de España (1850-2000)” (Fundación BBVA, Bilbao, 2003) para el periodo, 1900-1980, el PIB p.c. español se ha multiplicado por 5’2. En el mismo periodo, el de Francia se ha multiplicado por 5’3; el de Alemania, por 4’7; el de Gran Bretaña, por 2’9; el de Italia, por 7’4; el de Estados Unidos, por 4’5. Tener algo mas de cinco veces a disposición de cada español la suma de bienes y servicios de 1900 fue realmente revolucionario, porque este incremento de poder de compra tiene lugar, además, en medio del alud de descubrimientos que se desarrollaron en esos ochenta años, fruto de la Revolución Industrial, lo que provoca una resultante ciertamente impresionante.

 

Por tanto, esto tiene que recogerse en las fotografías si éstas quieren exponer la verdad de España. En el Centro Cultural de la Villa, en Madrid, del 31 de mayo al 18 de julio de 2004 se exhibe esa exposición, titulada “Fotografías y arte. Variaciones en España. 1900-1980”, que se presenta de manera elogiosa por la mencionada Concejalía de Cultura. Revísense todas ellas. La que se retrata es la España terrible y cierta que Lucas Mallada encontró en las vísperas de 1898, pero nada de la actual. Ya la agricultura es otra; ya no hay emigrantes sino inmigrantes; ya el vestido de las mujeres es análogo a las de cualquier país próspero europeo o norteamericano y los trajes regionales se emplean sólo para alguna fiesta entrañable; ya el alud de automóviles modernísimos nada tiene que ver con lo que en esas fotografías se recoge de viejos y renqueantes ejemplares mezclados con carros; ya la seguridad social y los servicios sociales han eliminado las imágenes de pobres tarados implorando limosna; ya la vivienda en los barrios es otra y al pie de las casas todas no se ven solares con escombros, sino automóviles; ya los mercados rurales ‑consúltese el de Pola de Siero o el de Jerez de los Caballeros- enlazan con los compradores a través de ordenadores; ya la pareja de la Guardia Civil va ataviada de otro modo; ya en las playas los atuendos son totalmente diferentes; ya las Misiones Pedagógicas actualmente carecen de sentido y los “atónitos palurdos” se han esfumado; ya se sabe que la obra de Gladkov “Cemento”, era una colosal mixtificación; ya conocemos todos que la propaganda comunista era una mezcla de cursilería modernista y engaño inmenso; ya están hartos en Las Hurdes de indicar cómo el libro de Armando López Salinas y Antonio Ferrer, “Caminando por Las Hurdes”, nada tiene que ver con lo que hoy sucede; ya los gitanos poco se asemejan en su aspecto exterior con lo que aquí se fotografía.

 

¿Para qué se ha hecho esta exposición? ¿Como una especie de tremenda añoranza de la España negra que así permitía continuar con eso de que una de las dos Españas nos helaría el corazón? ¿Por qué molesta a los fotógrafos extranjeros y nacionales aquí exhibidos contemplar una España en forma, y de modo estulto –hay que decirlo claro- la realidad actual parece que debe colocarse bajo la envoltura de unos niños rurales con aspecto entre curioso e imbécil análogos a los de la película de Buñuel, «Hurdes, tierra sin pan», por cierto manipulada en muchas escenas, como la del burro muerto? ¿Por qué no se exhibe ni un sola fotografía así, ni una sola, que presente la verdad de la España de 1980?

 

Sólo se puede calificar con una palabra esa exposición: la de lamentable.

 

 JUAN VELARDE FUERTES

 

EL ABOMINABLE ASALTO AL PODER JUDICIAL                               arriba

 Javier de Echegaray

jechegaray@siapi.es

 

            De manera escalonada se ponen de manifiesto problemas puntuales en el proceso de adaptación del poder judicial “al signo de los tiempos” (que dirían los meapilas de la progresía). Problemas que, cada uno en su momento, han ido llamando la atención de los sectores vinculados y de los críticos en general.

            Como de costumbre y desde que a principios del siglo XIX (1.837) se inició la ininterrumpida serie de contumaces intentos (algunas veces con éxito) de instauración de los jurados, el establecimiento de esta curiosa institución en nuestros días (en aplicación de lo dispuesto por la Constitución española de 1.978 pero que no llega a formalizarse hasta las postrimerías del gobierno socialista) ha provocado críticas, ha despertado temores y ha generado alegatos en pro y en contra que, a mi entender, no llegan a tocar la médula de su inoperancia, posiblemente porque ponerla de manifiesto no resulta “políticamente correcto”.

            Muy en especial, se levantan las voces de rechazo después de conocidos los veredictos escandalosamente antijurídicos que distorsionan el concepto de justicia, de casos como el de Miguel Otegui, Dolores Vázquez y algunos otros que causan alarma social por lo escandaloso de sus desaciertos.

            Nada quiero yo añadir a tantas opiniones (muchas de ellas muy autorizadas) como se han levantado en la crítica a las actuaciones de tal institución en los casos mencionados y algunos otros que no han adquirido la popularidad de ellos. Muy en especial, mi querido maestro Ismael Medina, ejemplo de ensayista y comentarista con muy amplios conocimientos sobre las coordenadas en que se mueve la política nacional e internacional hoy en día, acierta con una crítica muy puntual en uno de sus últimos artículos, publicado en “La Noticia Digital” (“¿Es el jurado una institución judicialmente válida, o una superstición política?”) y que yo tuve ocasión de leer y bajar el día 19 de octubre próximo pasado. Si cualquiera de mis lectores desea ilustrarse acerca de los empeños que reiteradamente y desde la fecha de primera instauración se han realizado con tozudo empeño cerril; de la ideología que siempre los ha traído; de la terquedad de sus valedores, después de las amplias y generalizadas críticas que ha merecido por parte del propio Poder Judicial que había consentido su implantación, en cada período en que ha estado vigente, le remito a ese magistral artículo en el que podrá conocer con precisión documental todos estos avatares. E interpreto que Ismael Medina, al concluir que se trata de una “superstición política” da a esta palabra el sentido de creencia fanática que, por serlo, se trata de imponer con contumacia.

            Pero creo que conviene aportar, como crítica al jurado, algo que no tiene la calidad técnica de un enjuiciamiento científico pero que, a mi modesto entender, constituye uno de sus principales defectos: la capacidad formal de un jurado, elegido al albur de una selección tal y como se prepara la de sus miembros, para emitir veredictos de inocencia o culpabilidad en los casos que les son encomendados.

            Creo que no tengo que hacer esfuerzos para convencer a cualquier persona de buena fe de que la impartición de justicia es una de las funciones más delicadas que puede ejercer el hombre, si quiere hacerlo con una mínima seguridad jurídica. De ahí las dificultades especiales que en todas las épocas ha revestido la preparación de las oposiciones a judicaturas, los amplios conocimientos técnicos que se exigen y la formación moral que se requiere para esta función. Aún siendo así, conocemos los problemas de conciencia con que a veces tropiezan los jueces de carrera para emitir veredictos y formular sentencias. Su formación no se agota con estudios tan concienzudos y profundos, sino que se extiende con las experiencias que un juez va adquiriendo en juzgados de tercera, en villas de escasa población y en los sucesivos encargos que le van haciendo conocer la función diaria del enjuiciador y le preparan en los aspectos morales y científicos que en el desarrollo de su profesión va adquiriendo; y en el debido estudio a que cada caso le obliga.

            Y siendo tan clara la dificultad de un ejercicio en el que solo debe de emplearse a personas con una preparación muy superior en materia de leyes y con conceptos morales, éticos y de principios muy elevados, causa extrañeza que determinadas tendencias políticas (siempre amorales) pongan tantísimo empeño en la existencia de una institución que se caracteriza precisamente por lo contrario: por designar para esta grave función (aunque no sea más que la de emitir el veredicto, ella configura la culpabilidad o inocencia de un procesado y fuerza la sentencia) a personas completamente legas en los complicados recovecos de la justicia. Sucede que algunos elegidos adquieren de inmediato conciencia de su propia incapacidad y procuran por todos los medios zafarse de la responsabilidad que gratuitamente se les otorga en su designación y que pesa sobre sus conciencias como una losa. Hasta tal punto que ha provocado que la selección del jurado haya de ir unida a normas formales de obligado cumplimiento de la función asignada con objeto de no tener que hacer interminables estos procesos de selección. Ello acompañado del dispositivo social que inculcan a las masas de que se trata de una función necesaria que obliga a su ejercicio so pena de graves problemas morales de incumplimiento de los deberes ciudadanos. Pero es igual: apenas se determinan los casos en los que está justificada la incompatibilidad de una persona para formar parte de un jurado, el amparo en estos supuesto se multiplica y cualquier persona con un mínimo de conocimientos y de responsabilidad se cobija en ellos para evitar algo que es de por sí desagradable o contrario a la propia idiosincrasia de la persona. Así sucede, por ejemplo, con la exención que se produce por tener ideas preconcebidas sobre un determinado juicio: he visto numerosos casos en los que a la pregunta de si tienen formado juicio previo sobre el caso que va a juzgarse, el electo responde con firmeza que cree que el reo es un desalmado que merece que caiga sobre él el peso más absoluto de la Ley y que está dispuesto a proclamar su culpabilidad a todo evento. Con lo que queda automáticamente descartado como posible jurado. De manera que las deficiencias de la institución se multiplican: porque, finalmente, son las personas con mayor formación las que se dan cuenta de su incapacidad para emitir un veredicto judicial; y solo los más iletrados admiten integrarse  por el atrevimiento que confiere la ignorancia, por un prurito de protagonismo, por los beneficios materiales que piensa obtener de su actuación… Y resulta finalmente que las conformaciones del jurado quedan limitadas a los menos capacitados de cuantos se hayan podido elegir.

            Otro tema de importancia es el de la vocación. Hemos de suponer que la persona que, finalizados sus estudios de derecho, se decanta por una tan dura oposición como lo es la de judicaturas (cuya relación sueldo/dificultad es muy desventajosa respecto a otras oposiciones más llevaderas) tenga un alto grado de vocación. Y estamos seguros de que la vocación es un elemento que configura de manera determinante la capacidad de veredicto y sentencia que son propias de un juez.

            Uno se pregunta, después de un escarceo por las opiniones más autorizadas en torno a los jurados populares, quienes, por qué y con qué fines se atrincheran en el empeño contumaz de la instauración de tan lamentable institución, después de conocer una historia en la que solo existen fracasos, desmanes y desastres; después de observar que no existe ninguna experiencia de las muchas que llevamos ya sufridas que pueda aportar ni un gramo de materia positiva a su justificación.

            Este es, a mi entender, el eje fundamental sobre el que gira la oscura historia de los jurados y del terco empeño en traérnoslos.

            Mirado el problema con mayor amplitud, su entidad no se ciñe a la mera existencia de los jurados populares. Se trata de muchos otros escalones que se recorren en cada proceso revolucionario o democratizador tendentes al desguace de la institución judicial en su conjunto. Y creo que la única forma de conocer la amplitud del intento y la profundidad de su calado y, por tanto, de llegar a conclusiones que no sean parciales, es la de enfocarlo en su complejo ámbito. Y esta es la aportación que me gustaría hacer hoy (si mi pobre entendimiento lo consigue) al enjuiciamiento global de este complicado problema.

            Digámoslo sin ambages, aunque entre dentro de lo “políticamente incorrecto” (expresión tan estúpida como tantas otras pero bajo la que se ampara una sediciosa prohibición no escrita de hablar de “determinadas” cosas): la institución del jurado popular, igual que el resto de acciones tendentes al desmantelamiento de las estructuras judiciales que conforman la seguridad jurídica de un país, ha venido siempre de la mano de procesos revolucionarios, democráticos o de cualesquiera otros sistemas políticos y sociales con los que nos ha asediado la “progresía” (auténticos “regresivos” en su sentido más literal). Y sigamos sin disimulos para determinar, aunque ello suponga que somos política, social y filosóficamente “incorrectos”, “incorrectísimos”, que quien ha alentado estos procedimientos de desarme del poder judicial de cada nación, ha sido la masonería. De los muchos escritos que han caído en mis manos y que pueden ser atribuidos sin lugar a dudas a las hermandades masónicas, carbonarias, iluministas o de cualquier otra forma críptica pero todas ellas reunidas en torno a un mismo tronco común y con finalidades alertadoramente idénticas, no pocas de ellas contienen consignas entre las que menudean instrucciones para conseguir, como primeros objetivos en la conquista de un Estado, las carteras ministeriales de Justicia y de Instrucción.

            Dejemos lo de la instrucción para otro comentario que, por cierto, sería del mayor interés. Y nos centraremos en lo del asalto a las instituciones judiciales del Estado. Debo de remitir al curioso que sienta un interés especial por ilustrarse en estas cuestiones, a las máximas que, con ocasión de la caída del periodo revolucionario iniciado en 1.812 y propiciado (según propio reconocimiento del que incluso se jactan) por los masones, se impartieron a todas las logias españolas en 1.823 y 1.824 como Reglamentos de la Masonería indígena para propiciar la recuperación del sistema. Quien quiera entretenerse en su estudio en profundidad, sepa que estos Reglamentos se encuentran en el Archivo General del Ministerio de Justicia, Madrid, Legajos números 3.505, 3.506 y 3.510, en causa titulada “Españoles: Unión y Alerta”, de enero-mayo de 1.825.

            Realmente, no contienen estos Reglamentos ninguna novedad para quienes hemos analizado con avidez los avatares de la secta desde sus comienzos como masonería simbólica. Pero hagamos una genérica revisión de sus máximas, ya que no cabe una mayor profundidad en los límites de un artículo que ya se va haciendo muy extenso para serlo.

            Conviene leer, a los efectos que ahora nos interesan, las máximas 14. 30, 39 y 43 de las del Reglamento de 1 de septiembre 1.823; y las 30. 32 y 33 del Reglamento de 1 de abril de 1.824. Queda meridiana y explícitamente claro en todas ellas la voluntad de crear unos cuerpos de policía (que incluye el proyecto de creación de un Ministerio de Policía) y el de mantener en sus puestos a los “liberales” y “constitucionales” que estuviesen aún vigentes del régimen abolido y que ocuparen cargos de Oidores, Corregidores y Alcaldes de letras de las ciudades y villas para que influyan en el ánimo de los Jueces.

            En el Reglamento de 1.824, en el que las máximas son más avanzadas por haberse conseguido ya, mediante el cumplimiento de las de 1.823, no pocos de los objetivos que se marcaban en éste en lo referente a la justicia, se dice que, habiendo “visto ya purificados por Audiencias no purificadas a tantos jueces de primera instancia y alcaldes constitucionales de los pueblos y, por consiguiente, repuestos en sus destinos anteriores de Corregidores y Alcaldes mayores que obtenían a tantos Hermanos nuestros; cuya operación demasiado murmurada por nuestros enemigos hasta un extremo de despecho y rabia, nos ha producido la importantísima ventaja de tener en nuestro poder la autoridad política y judicial de casi toda la Península; logrando así el entorpecimiento de nuestras causas, la absolución de muchos y la colocación de no pocos acérrimos enemigos del absolutismo.”, (..) “los realistas no prosperarán y las togas y varas de la justicia no sólo se afianzarán en nuestros Hermanos repuestos, sino que también habrá muchísimos otros que las obtengan por su protección”.

            De lo hasta aquí dicho se infiere claramente cuales son los objetivos de quienes nos han traído siempre de la mano las innovaciones y “adelantos” del sistema con que nos acosa la “progresía”. No solo está cantado que tienen una intención cerril de apoderarse de los resortes del poder judicial; sino que la última causa por la que lo pretenden es la de la salvaguarda de los puñeteros “hermanos” que de otra forma serían masacrados y anulados por una justicia multisecular y consuetudinaria que ha ido tapando, a través de los mucho siglos de su existencia, los resquicios por los que podrían colarse conductas tan abominables como esta.

            ¿Puede nadie creer, después de escuchado este singular oráculo que supone una confesión de parte, que alguno de los conspicuos y oscurantistas hermanos está preocupado por la mayor o menor equidad de los tribunales populares, de su mayor o menor capacidad para impartir justicia? Si, en efecto, lo están; pero no en el sentido que pretenden cuando nos “venden” el jurado, sino precisamente en el contrario: están vivamente interesados en que las instituciones judiciales que se instalen carezcan de capacidad en absoluto para impartir una correcta justicia y dejar así impunes sus abominables crímenes para seguir adelante con sus maléficas felonías que va decantando el poder a su favor en contra de los más elementales principios de soberanía de los pueblos y del bien de los mismos.

            Es evidente que los jurados populares, con sus defectos diáfanos, están sometidos a la influencia de las convicciones sociales sobre cada caso (que ya se encargan de crear los medios de comunicación en sus manos) o de los modismos de una propaganda aviesa. Pero hay más, mucho más…  Los pobres seres que caen en la tentación (y pretendida obligación) de ocupar los escaños de un jurado popular (que, como hemos dejado claro, son, además, los más iletrados, los menos aptos para el fin de emitir veredictos) son igualmente sensibles a cualquier tipo de influencia: sea por la consecución de una ventaja social, por la de sus familiares, por dinero y, finalmente, por imposición so pena de crueles y ominosas amenazas físicas, económicas y laborales contra él o contra sus familias.

            Pero ya hemos dicho que esto de la instauración del jurado como instrumento de aplicar la justicia no es más que un peldaño en la amplia escala de cambios y sustituciones que se realizan en todos los procesos revolucionarios y democráticos con que se asaltan los poderes naturales de cada nación. El conjunto de todos ellos vienen a configurar una nueva forma de poder judicial que consigue, como hemos dicho, la impunidad de soterrados crímenes de Estado cuyo único fin es el de entregar sin defensas el poder de las naciones a sus enemigos más sórdidos y descarados. Pero que son aprovechados en la misma medida para castigar a cuantos, en defensa de los intereses patrios, se oponen al asalto del poder. Si ya en 1.823 estaba clara la firme determinación de asalto al Poder Judicial, los mismos procedimientos (tan burdos como en sus principios, ni siquiera refinados a lo largo del tiempo) han constituido sus objetivos más codiciados con la cabezonería y tozudez que son propias de estas sectas, todas ellas amparadas bajo un mismo paraguas.

 

CITAR DE OÍDAS                                                                                               arriba

Por Manuel Parra Celaya   

         Citar de oídas es una mala costumbre, y su resultado inmediato es la tergiversación del pensamiento al que se ha acudido como referente o el desprestigio personal. No es este último el caso, tanto por la categoría del escritor como por la disparidad de alcance entre su “altavoz” (el diario ABC) y el de esta réplica. 

            Me estoy refiriendo a unas palabras de Jon Juaristi, quien, en una crítica al PSOE (ABC, 4-4-04), que ahora no viene a cuento porque posiblemente habrá perdido actualidad cuando estas líneas vena la luz, decía así: 

“El Partido Zapatista Obrero Español ha optado por sentar el dogma nacionalsindicalista de la incompatibilidad metafísica del miedo con el carácter de los españoles”. 

            Algo he leído de Nacionalsindicalismo, y no he encontrado por ninguna parte ese “dogma” del que habla. En todo caso, me parecería una soberbia tontería, ya fuera de origen falangista, neoliberal, socialdemócrata o fascista. El miedo es algo connatural a todos los seres humanos, sin distinción de nacionalidades; además, es contagioso y transmisible (especialmente en condiciones de masificación) y nadie se libra de él. ¿Qué es, pues, el valor? La superación del miedo, ni más ni menos; aquéllos que logran hacerlo, si la circunstancias merecen el calificativo literario de épicas, son denominados “valientes” o, incluso, “héroes”. 

            En la dualidad miedo-valor juegan, por consiguiente, varios factores: en primer lugar, la racionalidad o irracionalidad del elemento amedrentador y su grado de intensidad, así como el carácter del sujeto; en segundo lugar, las susodichas circunstancias, y, en tercer lugar, los motivos para superar el miedo y realizar el “acto de valor”. Aun se podría mencionar un cuarto factor, importante en el tema que trata Jon Juarista: la prudencia o arte de esquivar el peligro, pero no viene a cuento, porque pertenece al ámbito de la estrategia y yo me refiero a otro terreno. 

            Me centro en el tercer elemento –los motivos para superar el miedo- y lo encuentro en el hecho de que, puestos en la balanza, aquello que se defiende tenga más peso que lo que se puede perder; entraremos con ello en el ámbito de los valores e ideales que da razón a una existencia. 

            ¿Quién no llevaría a cabo un “acto de valor” si se tratara de defender a la propia familia? Si el amor a la esposa e hijos pesa más que el riesgo, aunque sea la propia vida la que está en juego, es indudable que un español, o un polaco, o un británico, o un sudanés, superarían sus miedos y acometerían una proeza. 

            Llevemos la argumentación a lo colectivo: los miembros de una colectividad histórica han dado muestras de valor cuando estaba en juego un Ideal, una manera de entender la vida y el mundo, y sobre todo, un concepto trascendente de la propia existencia. El pueblo israelita abandonó Egipto, donde tenía sus olla de comida aseguradas pero no sus libertades, por la promesa de un Dios superior, que le llevaba a la Tierra Prometida; así, se jugó la vida y soportó las privaciones en el desierto porque sentía la llamada de Yahvé, y todo ello con dudas, vacilaciones y traiciones muy humanas. 

            ¿En qué momentos de su historia ha podido ser “valiente” un pueblo? Cuando encontraba justificados sus riesgos, incluido el de la vida, porque defendía un Ideal colectivo, el que lo configuraba como “patria”, esto es, como “misión” entre otros pueblos del mundo. Posiblemente ningún europeo arriesgue su vida por la cotización del euro, pero muchos lo harían –lo han hecho en el pasado- por defender la catedral de Milán o la de Burgos, la música de Bethoven o las páginas de Cervantes o de Shakespeare; y sólo hablamos de cultura; imaginémonos si nos referimos a la relación del hombre con Dios: el martirologio cristiano no se explica por el “valor” personal de los cristianos. 

            ¿Tiene algún motivo, en la actualidad, el pueblo español para ser “valiente”, esto es, para superar sus miedos? Tras décadas de propaganda y educación en los sentidos unidireccionales del pacifismo, la “tolerancia”, el laicismo y los nacionalismos disgregadores, por ejemplo, difícilmente encuentra justificación como pueblo (no digamos como “patria”) que le autorice a ser “valiente”. 

            El Sistema vigente en Occidente intenta que las “razones del valor” sea su alicorto programa de valores: democracia formalista en lo político, egoísmo capitalista en lo económico, relativismo en lo cultural y nihilismo en lo trascendente. Con este escaparate, seguro que los israelitas hubieran seguido, gustosos, sus trabajos forzados en Egipto, y Moisés hubiera emprendido su éxodo más solo que la una… 

            Posiblemente el Sr. Juaristi no esté de acuerdo con esta argumentación, y me parece muy digno por su parte. Quizás pueda ayudarle a entenderme si le facilito, humildemente, el texto joseantoniano que cita de oídas: 

“Alguien escribió: “La Infantería española es valiente porque sí. ¡Porque sí! Mal había entendido a la Infantería española quien escribió aquello. Era valiente porque servía a un gran destino, porque realizaba un gran destino. Estaba sosteniendo el imperio de Occidente, la unidad espiritual de Europa, el rigor de los mejores principios… ¡Pues sí que tenía razones la Infantería para ser valiente!”                                                                          

 

PERSPECTIVAS SOBRE LO NACIONAL                                                               arriba

Por Rafael Luna Gijón

 

  Ante el debate por el discurso de Jiménez de Parga

            Los conceptos que expuso Manuel Jiménez de Parga en su famosa y aireada conferencia en los pasados días, tuvieron la virtud de poner de manifiesto muchas cosas que «lo políticamente correcto» viene ocultando desde hace lustros y aún decenios; ocultación obviamente protagonizada por nuestra entera clase política de todas las tendencias, salvo tan escasas como dignísimas excepciones personales.

             Por supuesto que no voy a entrar ni en la trascripción del contenido de aquella conferencia ni de las réplicas protagonizadas por sus detractores, pues ambas cosas son bien conocidas de cualquier lector que aborde estas líneas. Lo importante, creo, es atreverse con el origen de los equívocos institucionales de los que arranca el problema y el por qué de unas y otras respuestas. 

            Para empezar a centrar ese origen y esas respuestas me voy a valer de la trascripción de una parte de un simple artículo periodístico (aún sin otorgarle categoría definitoria alguna sobre conceptos de ciencia política, porque no la tiene) debido a la pluma de alguien –Alfonso Ussía- que en mí suscita sentimientos y reacciones contrapuestas: en algunos casos aplauso por su valentía y patriotismo y en otros casos (en no menor número de veces que lo anterior) por su fanatismo discriminatorio, beligerante y erróneo sobre nuestra reciente y pasada Historia y la «alternativa» a ésta que a él le hubiera gustado. No obstante, y aunque con reparos sobre algunos criterios de lo que explaya en el artículo que voy a transcribir parcialmente, voy a partir desde tal trabajo para exponer mis criterios. Me serviré de él como mero «introito». 

            En su trabajo titulado precisamente “JIMENEZ DE PARGA” (ABC del 24 de enero) entre unos párrafos iniciales y otros de cierre que eludo dice todo esto: 

            «La Constitución Española de 1978 es, en efecto, y conocida la espesa niebla de rencores, reivindicaciones, dádivas y complejos que cubría a España cuando fue redactada, el mejor de los textos constitucionales de nuestra Historia. Pero está plagado de concesiones acomplejadas no medidas, menos defendidas y poco meditadas. Todo ello por el terror que los conservadores sentían ante los nacionalistas, la irresponsabilidad reivindicativa de un socialismo muy deferente con Cataluña y las Vascongadas –Galicia, que no es tonta, se subió al tren de los regalos conceptuales-, y un comunismo al que la unidad de España le ha parecido siempre franquista. Porque para Carrillo, en su momento, y ahora Llamazares, Franco falleció con quinientos años de edad, uno más o menos. La Unión de Centro Democrático, tan admirable en muchos de sus perfiles, fue un desastre en otros, siempre en estrecha colaboración con el Partido Socialista. Entre sus dejaciones estúpidas destaca la entrega sin condiciones de los territorios vascos al PNV, que ha gobernado con poder omnímodo las tres provincias vascongadas durante décadas sin ganar las elecciones. Y la gratitud por esa concesión se llama Batasuna, se llama ETA, se llama Arzallus y se llama Ibarreche». 

            Por supuesto estoy de pleno acuerdo con lo que me ha permitido resaltar topográficamente en el texto trascrito –salvo algunas matizaciones que luego haré- pero quedan asimismo claras las contradicciones entre los párrafos resaltados por mí con otros conceptos vertidos o insinuados en su texto y que paso a comentar: 

-          Si es «el mejor de los textos constitucionales de nuestra Historia», ¿cómo da pié-con aquello de «las nacionalidades» que en él figura- a que los nacionalismos nieguen su pertenencia a la Única Nación España?.

-          La sola existencia de esa palabra en el texto constitucional ha «justificado» el cúmulo de concesiones y claudicaciones a favor de esos nacionalismos de todos los Gobiernos habidos desde 1978; ello además de por los complejos y cobardías que constata el articulista. (Aparte de que antes de la Constitución de 1978 UCD ya otorgó concesiones claudicantes a vascos y catalanes, dando motivo para que en los Estatutos se llegase a mucho más).

-          UCD y PP han caído en la trampa tendida por separatistas, PSOE y PCE de identificar patriotismo y unidad nacional con franquismo o falangismo; pero el repudio a ese franquismo o falangismo fue, es y sigue siendo también la constante de algunos de los monárquicos de la tendencia del autor del artículo y por infinidad de líderes de la derecha vergonzante, por lo cual unos y otros han contribuido poderosamente, de forma objetiva, a que las derechas vergonzantes insertas en UCD y PP remen, de hecho, a favor de las tesis separatistas mediante concesiones a éstas para verse libres de la acusación de ser herederas del franquismo. Y esto es imposible de rebatir aunque haya entre ellos quienes esgriman, subjetivamente, su íntimo y verdadero patriotismo pero que, objetivamente, en la praxis, han actuado como «compañeros de viaje» de marxistas y de separatistas. Bien está que ahora empiecen a reconocer los errores de UCD y PP que otros denunciamos ya desde el mismo 1978, pero este recorrido por tal «camino de Damasco» no les libera de la responsabilidad de aquello.

-          La tolerancia y la impunidad de la que han gozado PNV y CiU –y algo también el BNG- se debe a la acción de unos Gobiernos amparados en una Constitución que porta en sí misma lo del término «nacionalidades» y el llamado «Título VIII», ello independientemente y además de las citadas cobardías y los denunciados acomplejamientos. Por ello, eso de la mejor Constitución habida en nuestra Historia es más que discutible. (Aunque los partidarios del verdadero Ser de España la tengamos que esgrimir para rebatir las desorbitadas pretensiones de los nacionalistas).

-          Y  pese al cambio de rumbo que ahora se aprecia en esas derechas vergonzantes –acomplejamiento que intentan camuflar denominándose «centristas»- todavía hay quienes en ellas no solo no reconocen el error de eso de las «nacionalidades» del texto constitucional sino que lo alaban; así, hace pocos días, con motivo del debate sobre Jiménez de Parga, el Sr. Rato afirmó que tal concepto «nacionalidades» era «un gran hallazgo». ¡Está listo si con ello quiere contar con los votos nacionalistas para su investidura...! siempre preferirán al PSOE que les dará alas en sus pretensiones confederalistas.

-          Y su contrincante a la presidencia, el Sr. Rajoy, abundando en tan inútil como oportunístico error electoralista, calificó en el otoño el plan de Artur Mas sobre «reforma» del Estatuto Catalán como «legítimo» si bien, dijo, inoportuno por pretenderlo cuando «se debate el modelo de integración europea». (Véase mi trabajo «Los planes de Ibarretxe y de Artur Mas en el nº 71 de “Cuadernos de Encuentro”)». Y está clarísimo que el plan de Artur Mas no es otra cosa que una pretensión explícita de que España adopte el modelo constitucional confederal, antesala de una excisión bajo plenitud de derechos –hasta ahora a trancas o barrancas negados- que sería el detonante final de la desintegración de España. 

Jiménez de Parga tuvo toda la razón, jurídica, al demostrar que la calificación de «históricas» no es una exclusividad de Cataluña, País Vasco y Galicia pues –por sus reformas estatutarias- otras Comunidades Autónomas regionales han alcanzado idéntico calificativo. Pero no abordó en profundidad la nota calificadora básica de esta cuestión: que al margen de esa distinción meramente formal derivable de la Constitución de 1978 –error o claudicación imperdonable de los progenitores de esa Ley de Leyes- todas las regiones españolas son históricas y que algunas de las autodefinidas como tales desde la vigencia de la repetida Constitución no lo han sido nunca en la Historia: por ejemplo el País Vasco como tal; arrancar ese calificativo de los Estatutos de Autonomía de la II República para ellas es también otro error pues Galicia no lo llegó a tener y el País Vasco lo tuvo desde ya bien entrada la Guerra Civil y solo aplicado a una provincia, Vizcaya. 

      Todo en estas cuestiones es puro sofisma jurídico y sobre todo histórico, pues la única razón verdadera de esa distinción de «históricas» nace de otra razón menos defendible desde el Derecho y desde la Historia: el pacto o consenso –previo al debate de la Comisión Redactora de la Constitución- para recompensar los «servicios prestados» contra el franquismo; a los separatistas se les premió con lo de «las nacionalidades» y lo de «históricas»; a los partidos marxistas compensarles de sus derrotas en 1939 mediante la impunidad que habían de gozar para actuar con plena demagogia; a los sindicatos de esa ideología con lo mismo; y a los del Congreso de Munich de 1962 –en buena parte usufructuarios del nuevo Régimen- con la satisfacción de confeccionar un texto constitucional coherente con lo pactado en la capital bávara. Y a quienes de veras trajeron la democracia y la II Restauración –ninguno de los anteriores tenía fuerza, arraigo y nombradía como para traerlas- la generosísima concesión de no pasarlos por tribunales de «desfranquistación». Todo ello fue denominado alcance de una  «reconciliación nacional duradera», ya alcanzada plenamente a niveles populares –aunque no institucionales- a través de más de tres decenios de paz laboriosa y orden. («Reconciliación» cuyo alcance real se está viendo con total claridad ahora con la escalada separatista; el abandono de la «E» de España por el PSOE con «sus» Maragall, Antich, Elorza y el sustituto de Redondo Terreros, Patxi López; la bajada de pantalones del Gobierno ante los sindicatos; y que jamás desde este Gobierno se pronuncie la expresión «unidad de España» pero sí las novísimas palabras en la ciencia política de «cohesión» y de «patriotismo constitucional»). 

Ante unas elecciones en lontananza

LOS NACIONALISMOS

            En un lúcido y previsor artículo de Francisco Rodríguez Adrados (de la Real Academia Española, con fecha 7 de enero) titulado «Hacia la Unidad del nacionalismo vasco»  se  hacía un certero análisis de lo esbozado en este título. Por su gran extensión –imposible de reproducir en su totalidad- pero por su alto interés, me voy a permitir la reproducción de algunos de sus párrafos. (*) Son éstos: 

            «Desde hace algún tiempo la situación política del nacionalismo vasco va cambiando. En parte, en sentido favorable: ETA está contra las cuerdas, Batasuna legalmente amenazada, el PNV organiza ahora una manifestación contra ETA. Y más cosas que detallaré. Se nos abre, aunque todavía sea incierto, un futuro sin terrorismo. Maravilla.(…) Pero no hay anverso sin reverso y no es oro todo lo que reluce. Esa situación, resultado de esfuerzos heroicos de la nación española, presenta, también, aspectos preocupantes: sobre todo, pienso la amenaza de que se reconstruya la unidad original del nacionalismo vasco, de todo el cual el PNV es el padre y la madre. Sería una gran amenaza. (...) Y es que el ímpetu de tantos, de casi todos, contra el terrorismo, les hace olvidar, a veces, que el terrorismo es un subproducto del nacionalismo independentista. Eliminado ese subproducto abominable, que se puede tratar penalmente, queda el nacionalismo «moderado», al que ciertos socialistas ven con benevolencia. Siguen equivocándose: lo mismo si es un simple error intelectual que si es uno basado en futuras apetencias. (...) Siguen, de verdad, equivocándose quienes cierran los ojos al problema gravísimo del nacionalismo independentista, que es ahora proclamado abiertamente con esa cosa grotesca (si no fuera potencialmente trágico) del estado libre asociado. No acabará ese problema cuando acaben las bombas. Y, sin embargo, hay casi pudor al hablar de la unidad de España: muchos se limitan a hablar de la Constitución. Pues bien, esto habría que aclararlo. (...) es lo que parece pretender el Gobierno Vasco (o sea, el PNV), que podría constituirse en representante único del nacionalismo vasco, una vez barridos el terrorismo y sus defensores. (...) Creo que habría que dejar claro el aspecto legal y constitucional de la cuestión, con bombas y sin bombas, con elecciones y sin elecciones, con referéndum y sin referéndum. El país Vasco es parte de España, histórica, social, humana y económicamente. La unidad de que habla la Constitución es un simple reflejo de un hecho. (…) Esto debería condicionar todas las respuestas. Aunque los métodos violentos desaparezcan y solo queden los sinuosos. Aunque haya en España personas mal informadas, si no interesadas, que no se dan cuenta de la gravedad del problema. (...) Quitado el problema del terrorismo, el del independentismo va a quedar más claro de lo que estaba, si para alguien no estaba claro. (...) No nos hallamos, pues, ante un problema baladí. Ni con el terrorismo ni sin terrorismo. Ni con un partido nacionalista entre cuatro ni con uno solo, si al final el PNV se queda dueño del terreno. Su sueño dorado, sin duda. Sería casi más peligroso, al no tener que reñir con sus rivales. ¡Y peligroso lo es ahora cuando, estando en minoría, logra aprobar unos presupuestos que incluyen partidas a favor del soberanismo! ¿El Tribunal Constitucional no tendría algo que decir?.» 

            La extensa reproducción tiene este objetivo: hacer ver tanto al PP como al PSOE –y a esas meritorias asociaciones o fundaciones como la de «Basta ya» y similares- que no basta derrotar a ETA para restablecer en profundidad la normalidad en el País Vasco pues, como demuestra Rodríguez Adrados, la anormalidad nace y reside en el PNV, del cual todo lo demás –incluida ETA- no son más que excrecencias operativas; en el purísimo nacionalismo separatista del PNV reside el mal, no solo en HB, EA o ETA. Si se suprimen estas excrecencias pero no se combate a fondo a ese PNV poco o nada se habría conseguido. 

            Tiene de mi parte, otra finalidad más: todo el énfasis propagandístico del PP y de esas asociaciones –y en parte del PSOE- se pone en defender la libertad de los ciudadanos no nacionalistas haciendo desaparecer el terror de ETA y las discriminaciones practicadas por el PNV, pero ni por asomo se pone ese énfasis en estas cosas fundamentales: 

-          Que el nacionalismo, por «moderado» y democrático que se comportase, es intolerable para España. En consecuencia no solo hay que demandar una idéntica igualdad de oportunidades democráticas como las que el PNV goza; hay que ir a la erradicación legal y operativa de ese nacionalismo, que sería lo único que para siempre garantizaría esa limpieza democrática. Ello mediante una estrategia, compartida, que vá desde la clarificación histórica hasta el desmontaje de la penetración del nacionalismo en la estructura socioeconómica vasca, pasando obviamente por una política educativa de masas y de la juventud.

-          Que la libertad reside en el Estado y éste debe ser la base en la que se apoye toda la estrategia anterior; lo cual podría comportar –llegado el caso- cancelar temporalmente las competencias autonómicas necesarias.

-          Que todo ello vá ligado, necesariamente, al restablecimiento o aseguramiento de la unidad de España y de su Estado pues, repito, solo la Nación y su Estado garantizan la libertad y la igualdad de oportunidades y que, por tanto, no se va a tolerar ningún proyecto nacionalista que debilite o discuta la unidad de ambos, (entre esos proyectos el de «nación libre asociada» -puro confederalismo disgregador- o cualquier otra revisión estatutaria en la que el proyecto separatista apoyase sus fines por ocultados que estuvieran). 

Si el PP y su Gobierno –que, no se olvide, es o debe ser el Gobierno de la Nación y del Estado- no tuviera en cuenta la «filosofía» precedente, la derrota final de España estaría cantada aunque mediasen triunfos electorales temporales (o parciales) y aunque se derrotase a ETA. 

Y todo lo dicho hasta aquí vale para, y es aplicable, al nacionalismo catalán de CiU aunque éste no tenga, o haya dejado de tener, excrecencias terroristas como «Terra Lliure», y aunque independizase totalmente su actuación de la de «Esquerra Republicana de Catalunya». Pues para mi –y creo que soy totalmente objetivo y certero- el nacionalismo catalán es aún más peligroso para la unidad de España y de su Estado que el representado por el nacionalismo vasco, aunque el de CiU no vaya acompañado del terror físico; y acaso por ello mismo, pues el terror repele a las masas pero la «moderación» aparente engaña no pocas veces a esas masas. Y no dejemos de tener en cuenta que las «reformas estatutarias» exigidas por Artur Mas representan un confederalismo exactamente igual al que pretende Ibarretxe con su «nación libre asociada».  

PERSPECTIVAS ELECTORALES

            Desde el panorama hasta aquí descrito (no solo en este artículo sino también en el que le precedió de esta serie) es fácil comprender la importancia que tendrán las elecciones generales del 2004 y su posible «base de partida» es decir, las municipales y algunas regionales de mayo de este 2003. (Las municipales del 1979 fueron esa «base de partida» -junto al desbarajuste de UCD- para el triunfo socialista de 1982). 

            Y es evidente que hay un cierto nivel de caos interno en el PP –aunque no llegue ni remotamente al de aquella UCD- y hay una enorme confusión ciudadana ante aspectos tan incomprensibles como inocultables de su gestión, como por ejemplo su política sobre los medios informativos, sus contradicciones legislativas en lo sindical, sus torpezas y desbarajuste inicial para con lo de la «marea negra» en Galicia, la crisis interna en esta región –con claro origen en las tensiones sobre la sucesión de Aznar- y su falta de reflejos frente a las demagógicas campañas críticas del PSOE. 

            Por otro lado, si bien el Gobierno ha emprendido y lleva a cabo una dura y eficaz campaña contra el terrorismo, y un evidente emplazamiento crítico del PNV –pero sin entrar en las profundidades desmontadoras apuntadas en el epígrafe anterior sobre lo esencial del nacionalismo- no aplica igual talante, ni muchísimo menos, frente al nacionalismo catalán porque tanto Aznar como Rajoy y Rato, además de restarle gravedad secesionista siguen soñando con la colaboración mutua –en el Gobierno nacional y en el de la Generalidad- entre el PP y CiU. Error gravísimo cuyas consecuencias apreciarían cuando tal vez ya fuese tarde para la Unidad Nacional. 

            Sumemos a este panorama el que nos ofrece el PSOE, tanto por su demagogia, (cutre pero reiterada) como por lo que sigue. Fijémonos  en lo referente al problema nacional de sus campañas y estrategias y tendremos este panorama específico: 

-          Cree saber que el PP no volverá a alcanzar la mayoría absoluta en las generales del 2004, pero cree igualmente que el PSOE tampoco la alcanzará.

-          ¿Solución para que el Gobierno sea socialista? Muy clara, elemental: buscar las colaboraciones de los nacionalismos otorgándoles todo o buena parte de sus «reivindicaciones» sin temor alguno –actitud suicida para con la unidad nacional- a que esos otorgamientos terminen configurando a España bajo el modelo constitucional confederal; de hecho con otra «lectura» de la actual Constitución o de derecho reformando ésta.

-          Avalan lo anterior hechos tan notorios como su acercamiento al PNV derrocando a Redondo Terreros, consintiendo los desmanes y posturas de Elorza, dando beligerancia dialéctica y gestora a Benegas, bajo las influencias equívocas al respecto de Felipe González y el Grupo «Prisa» etc.; en Cataluña permitiendo la estrategia y la «ideología» expresamente confederal de Maragall (reforzada con la promesa recientísima de Artur Mas de ayudar a la investidura de Zapatero si le aprueba su pretendida reforma del Estatuto catalán); en Baleares apoyando a Antich, que suscribe tesis parejas a las de Maragall; en Galicia acercando posiciones al BNG; etc.

-          Todo lo anterior es coherente con la ideología socialista de siempre, en la que los valores de la unidad nacional, de España como gran Nación Histórica, de su cultura milenaria de origen cristiano, etc., no han sido suscritos íntegramente nunca por el PSOE, cualquiera que haya sido su «equipo» o sector gobernante, salvo episódicos intentos de alguna figura de sus líderes, al final siempre derrotada desde dentro del propio partido. 

El PSOE siempre ha sido proclive a «comprender» y a entenderse con los nacionalistas precisamente porque nunca ha suscrito esos valores esenciales de lo nacional español. Ahora, además, dado el talante de su equipo dirigente, ese entendimiento con los nacionalista sería más que probable, sería seguro. Por ello una nueva etapa de gobierno socialista rozaría lo catastrófico para España. 

            ¿Tiene posibilidades de alcanzar la victoria el PSOE? Por las precariedades intelectuales de sus dirigentes –empezando por Zapatero- por la vulgaridad demagógica y la irracionalidad de sus propagandas y propuestas, cualquier persona con un mínimo de criterio analítico no votaría al PSOE. Pero las masas no siempre aprecian esas precariedades, la demagogia ejerce su efecto sobre amplios sectores de la población, y los errores antes esbozados del PP pueden hacer, conjuntamente, (todo ello expuesto, manipulado o magnificado por los medios de Polanco), que este partido pierda y el PSOE triunfe con la «inestimable» ayuda, además, de los nacionalismos. 

            No soy un devoto por sistema ni del PP ni de algunos de sus dirigentes. Además de los errores de concepto y gestión que les he atribuido, hay otros acaso más graves que ni siquiera he esbozado y que ahora señalo de pasada: su nefasta política sobre  defensa nacional –en buena parte diseñada por el propio PP y en otra parte heredada del Gobierno socialista- sus errores puntuales y más que puntuales de su política exterior, el talante soberbio y despótico de no pocos de sus líderes, su alianza con sectores corruptos de la sociedad y de la «aristocracia» económica nacional –aunque esos dirigentes del PP no se lucren de ello- su falta de valor ante algunos hechos históricos, etc. Pero aún así, pese a todo ello, y exclusivamente como mal menor (porque no creo al PP capaz de regenerar a fondo a España) espero y deseo que no triunfe el PSOE –por lo dicho antes respecto a este partido- derrota que solo vendría si en el año aproximado que falta para las elecciones generales del 2004 el PP corrigiese muy a fondo su trayectoria constatada en los años de su mandato (incluso algo de aquello en lo que hasta el 2001 había acertado, lo económico) y quitase razones reales y argumentos esgrimibles demagógicamente al PSOE. Si no actuase así, su derrota es más que previsible pese a la nula solvencia moral, intelectual y gestora de los socialistas.                                                                                                         

(*) Párrafos que, aunque muy separados entre sí en el texto del artículo de Rodríguez Adrados, los “encadeno” aquí, aunque señalando las separaciones entre unos y otros.

LAS LICENCIAS PESQUERAS DE MOHAMED VI LAS VAN A PAGAR LOS SAHARAUIS                                                                                                       arriba     

Por  COLECTIVO MONTIEL

            Conmovido por el desastre de la “marea negra” que ha enlutado las Navidades gallegas, ese gran amigo de España y de los españoles que es S. M. Mohamed VI, ha levantado la veda pesquera para 64 barcos pesqueros de Galicia, Asturias y Cantabria, a partir del próximo 15 de enero. Previamente, es claro, había impuesto esa veda desde hace más de un año no solo a gallegos, asturianos y cántabros sino a todo español que quisiera pescar en aguas que no son suyas, (como son las saharianas) y obviamente en las que sí son de su propiedad personal. 

            Cuando en el año 1975 el Gobierno español –que no España- entregó ignominiosamente el Sahara Occidental a la Administración marroquí (para que no fuese un país “colonialista” y depredador como era España sino un “hermano” de los saharauis, como era y es Marruecos, quien descolonizase ese Sahara Occidental) una de las condiciones estipuladas en aquel vergonzante acuerdo fue la de que España dispondría sin trabas del derecho a pescar en sus caladeros. Item. más: igual concesión se hizo a España en otras dos ocasiones históricas: cuando se concedió la independencia a Marruecos en 1956 y cuando se hizo la “retrocesión” de Ifni en los años 60. Mediante constantes incumplimientos, presiones, amenazas y exigencias inverosímiles, se llegó a la imposibilidad absoluta de usar aquellos derechos por parte de España; derechos últimamente  gestionados”  por la Comisión Europea de la UE, en estos casos comandado el equipo negociador por ese otro grandísimo amigo de España como es el Comisario para Agricultura y Pesca Herr Franz Fischler. (Que hacia el 20 de este último diciembre quiso imponer a la UE una “Nueva Política Pesquera”que de no haberse opuesto a ella buena parte de los socios de la UE –entre ellos España- habría liquidado la industria pesquera española). 

            Pues bien por gentileza de, S.M. Mohamed VI, durante tres meses –acaso prorrogables- y a partir del citado 15 de enero, 64 pesqueros norteños podrán pescar en aquellas aguas, unas y otras, sin pagar aranceles y sin las condiciones como las que Rabat nos imponía cuando todavía se podía pescar por allí. 

            Al siguiente día de tan generosa concesión, nuestra inefable Ministra de Exteriores Doña Ana Palacio (el lector puede cambiar lo de inefable por cualquier otro calificativo y cualquiera que éste fuese lo suscribiríamos) emocionada, mostró su agradecimiento ante el gesto inolvidable del déspota marroquí, ¡agradecida que es nuestra Ministra, ante la cual la sombra sublime de Metternich palidece y se esfuma...! 

            Paralelismo con Metternich que tendrá ocasión próxima de demostrar en enero cuando en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –en el que habrá tomado posesión de su puesto España- se vuelva a debatir el problema del referéndum en el Sahara Occidental que apoya España, Argelia, Rusia y muchísimos países más y al que se opone Marruecos con el “desinteresado” apoyo de Francia, USA, Inglaterra y otros pocos en “rebeldía” con lo precisamente patrocinado por esas mismas Naciones Unidas que, curiosamente, no pretenden otra cosa que hacer cumplir aquello a lo que Marruecos se comprometió cuando recibió aquel Sahara –de “manos” de España- en 1975. 

            ¿Tiene algo que ver esto del referéndum sahariano con lo del permiso de Rabat para 64 pesqueros españoles? Tiene que ver todo, absolutamente todo, pues por ello y para ello se han concedido esas “desinterasadas” 64 licencias de pesca. Y España, mostrando su agradecimiento por el gesto pesquero, no sería sorprendente que “ablandase en algo” su dura actitud pro-saharaui y se alinease con USA, Francia y Blair (el entrañable amigo de Aznar) en la fórmula que propone Rabat: soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental con “autonomía interna” saharaui. Conseguido lo cual por S.M. Mohamed VI –el protector de pescadores- y no teniendo que estar pendiente del problema sahariano, podría volcar todo su esfuerzo y presiones sobre Ceuta y Melilla, hasta ahora solo esbozadas. (Luego, cuando esto se compruebe –que se comprobará a medio plazo- ya no estará Aznar al frente del Gobierno y allá Rajoy o Zapatero con el problema). Por ello el título de este artículo: Las licencias pesqueras de Mohamed VI las van a pagar los saharauis. (Y Ceuta y Melilla).

 LO JOSEANTONIANO, HOY                                                                   arriba

ENRIQUE DE AGUINAGA  

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense

De la Real Academia de Doctores  

Conferencia pronunciada en el acto de presentación de la Plataforma 2003

Sábado, 1 de diciembre de 2001

Queridos camaradas: 

Os llamo camaradas, en cuanto que todos los que estamos aquí lo somos etimológicamente, habitantes de una misma cámara, por estar bajo un mismo techo, que, para nuestra fortuna, es un techo de inteligencia. 

Bajo un mismo techo pueden convivir muchas diversidades, en edad, en condición y en mentalidad. Y eso es bueno. 

Yo, por ejemplo, soy profesor emérito de la Universidad Complutense, en la que explico Teoría del Periodismo y en la que he dirigido una tesis doctoral, sobre el ideario de José Antonio Primo de Rivera, la segunda que, en medio siglo, para su vergüenza, se ha leído en la Universidad española. La defendió Emilio González Navarro en  1994. La primera, sobre las fuentes del pensamiento de José Antonio,  la había defendido Feliciano Correa, en la Universidad de Extremadura, en 1980. 

Soy catedrático jubilado y, por lo tanto, anciano. Lo digo con honra, porque, como es bien sabido, la libertad es patrimonio del anciano y, desde esta libertad, me declaro joseantoniano, sin conveniencia, sin ganancia y sin militancia alguna. 

Salvo en el Sindicato Español Universitario, en el SEU que correspondía a mi edad, en el SEU voluntario de la posguerra, en la Universidad de Santiago y, después,  en la Escuela Oficial de Periodismo, no he militado formalmente en ninguna otra organización falangista: 

Ni en Frente de Juventudes

Ni en Falange Española  Tradicionalista y de las JONS

Ni en Guardia de Franco

Ni en Falanges Universitarias

Ni en JONS

Ni en Círculos Doctrinales José Antonio

Ni en Frente de Estudiantes Sindicalistas

Ni en Frente Sindicalista Revolucionario

Ni en Acción Revolucionaria Sindicalista

Ni en Frente de Alianza Nacional Libre

Ni en Falange Española Autentica

Ni en Falange Española Independiente

Ni en Falange Española de las JONS

Ni en Partido Español Nacionalsindicalista 

Por supuesto, tampoco he militado en la Falange Chilena ni en la Falange Libanesa ni en la Falange Socialista Boliviana ni en la Falange Francesa ni el Partido Falangista Americano 

Según una clasificación primaria, yo sería falangista por libre o autofalangista (como dice Ismael Medina), clasificación que proviene de la época en que se inventa la formula La Falange no existe; pero existen los falangistas [1]. 

En definitiva (ya lo  he dicho), me considero joseantoniano y así lo explicado en un articulo titulado precisamente Joseantonianos,  que sucesivamente ha sido rechazado por la censura interna de cuatro diarios (La Vanguardia, de Barcelona, ABC, El País y El Mundo, de Madrid) y que, finalmente he podido publicar en una revista íntima, Altar Mayor [2], y en Internet

Y, como joseantoniano, proscrito. Esta misma conferencia, con este mismo titulo, es el trasunto de la que, junto con otras sobre José Antonio, se prohibió escandalosamente, en 1999, (¡Dios mío!) en la Universidad de Salamanca. 

Pienso y este es, naturalmente, un pensamiento particular, que lo joseantoniano  tiene una virtualidad actual superior a lo falangista, salvada su índole histórica. Y afirmo que estamos en condiciones de reconocer dignamente el fracaso histórico-político de la Falange, que propugnaba el empalme con la revolución del 14 de abril, la supresión de los partidos, la sustitución del parlamentarismo, el desmontaje del capitalismo, la creación de formas comunitarias de propiedad, la reforma agraria, la nacionalización de la banca, la síntesis izquierda-derecha o la sindicación de la plusvalía. 

Quisiera explicar esta idea y, para aliviar la fatiga del auditorio, divido este discurso en cinco estaciones:  

Primera estación

EN LA QUE ESTAMOS DISPERSOS  EN EL FRACASO   

 

Estamos –insisto- en condiciones de reconocer y aceptar el fracaso de la Falange, desde la filosofía ascética del fracaso, frente  a la dominante y embriagadora filosofía del éxito, porque hay una positiva filosofía del fracaso, de raíz cristiana, frente a una negativa filosofía del éxito,  de signo  materialista.  

Jaspers, Sartre, Lacroix y Ortega ven el fracaso como necesario y fascinante. Naufragar no es ahogarse, dice Ortega, mientras que Lacroix eleva el fracaso a característica de la realidad humana, que fracasa esencial y fundamentalmente[3]; que debe distinguir entre experimentar el fracaso y sucumbir en él; que permite descubrir la alegría dentro del fracaso; que no tiene por qué agotar la esperanza; que es aceptación y superación de lo trágico; que se remonta sobre el escepticismo y el nihilismo [4]. Así lo ha visto Julián Marías, que nos alecciona con este descubrimiento político y filosófico: lo verdaderamente importante no es lo que se consigue, sino lo que se propone [5]. 

A propósito de la película Surcos y de la novela La Colmena (ambas de 1951), Eduardo Haro Tecglen, que se caracteriza de rojo típico, escribía en El País, hace dos años,  que la disconformidad social de Cela, Torrente y Nieves Conde, que eran falangistas, procedía del ensueño de aquella revolución traicionada antes de comenzar, devorada y digerida por el Movimiento [6]. 

Y el mismo Haro, en seguida, cuando, a la vista del juicio anterior,  alguien le advierte risueñamente que se está aproximando a la Falange auténtica, añade:  

No defiendo ninguna Falange. Creo que tantos idealistas y tantos socialistas nacionales e internacionales se quedaron truncados y engañados. Y no la revolución, sino las revoluciones, están siempre pendientes. A veces se ganan y es peor. Lo digo por la vuestra, pero también por la soviética y no hablemos de la mejicana o de la cubana[7]. 

Otra cita me viene a la memoria, a este propósito: 

Si la propuesta capital de José Antonio fue la síntesis y particularmente la síntesis de derecha e izquierda, hay que admitir su fracaso; pero en la estela de ese fracaso estamos viviendo, como vivimos de las resultas de tantos fracasos admirables  [8].  

Esto lo escribía yo, hace ya quince años (1986) , en el quincuagésimo aniversario del fusilamiento de José Antonio, que, como es sabido, fue fusilado por la izquierda y por la derecha [9]. 

Del fracaso de la Falange, de la confusión de las falanges,  hay que salvar a José Antonio, como arquetipo humano y como ideación política; como persona egregia (tal vez el cerebro más prometedor de la Europa contemporánea, según Unamuno[10]), modelo para todo  un tiempo, con una palabra egregia (una de las bellas prosas del siglo XX), al servicio de una conducta y de un pensamiento egregios.  

Así lo proponía yo en aquella ocasión: 

Ya es tiempo de liberar a José Antonio de su secuestro. Ya es hora de transferirlo a todos los españoles, como patrimonio general, sin manipulaciones, sin ataduras históricas, para una nueva confrontación en libertad, que nos pueda dar el valor actual de su pensamiento, la dimensión de su persona [11]. 

En la sintonía diferencial  de lo joseantoniano y lo falangista, en 1999, en el espacio abierto de Internet, que se escapa al dominio de nuestros censores, Ernesto Milá se pregunta:  

¿Es posible en 1999 un movimiento político que no utilice el nombre de Falange, pero que esté imbuido del espíritu joseantoniano? ¿Es autónomo el pensamiento de José Antonio en relación a su obra, la Falange? Tengo claro que si la Falange quiere ser operativa en 1999 debe renunciar -en aras de la operatividad- a algunas de sus características exteriores, incluso el nombre. Tengo claro que habría que extraer lo esencial y lo que conserva actualidad en el pensamiento joseantoniano para alumbrar un nuevo movimiento político, en el que una aportación joseantoniana depurada se funda con otras aportaciones anteriores o posteriores e incluso que aun están por nacer [12]. 

Ya el hecho de que estemos aquí reunidos, en el siglo XXI, para hablar de la presencia de José Antonio es un hecho definitorio. Creo en la virtud de la reunión. Hay un misterio evangélico que infunde optimismo esencial, emanado de la promesa de Jesús en Cafarnaun: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos  [13] 

La virtud de la reunión traduce la máxima evangélica, enseñándonos que, si nos reunimos en nombre de algo, allí está ese algo, sea la Verdad, la Libertad, la Belleza, el Amor, la Amistad , la Inteligencia o el Decoro. Hay, pues, que creer en la virtud de la reunión, porque es bueno el simple hecho de reunirse y, más aún, es bueno en si mismo reunirse en nombre de lo bueno. 

Esta misma reunión es una prueba de la virtualidad de lo joseantoniano hoy. Hace dos años, llenábamos un cine de barrio de Madrid para ver el vídeo Descubriendo a José Antonio y, de paso, cantar Cara el Sol. Allí estaban desde la quinceañera camisa azul, postulante para ayuda de la Falange,  hasta el nonagenario Manolo Valdés, amigo personal y camarada de José Antonio. En 1996, nos reunimos una cincuentena para repetir la cena de  José Antonio en el Mesón del Segoviano. En 1997, abarrotamos el salón de actos del Ateneo para presentar el libro Sobre José Antonio. Más de cien nos  reunimos en febrero 1998,  junto a lo que fue el cine Europa, para volver a cantar Cara el Sol.  Desde 1993, año a año, nos reunimos en la Mesa del 29 de octubre. Otros se reúnen bajo otros techos o en foros de Internet, donde se leen correos como este: Soy un chico afiliado a FE-JONS, tengo 16 años y soy de un pueblo de Granada. Lo primero, me gustaría conseguir una camisa azul (lo llevo intentando año y medio) Un abrazo y ¡Arriba España! Gonzalo Moreno Muñoz. Y, en este año,  ya van tres mañanas de domingo en cines de la Gran Vía. Ahora mismo, en esta plataforma, nos estamos reuniendo gentes plurales para proyectar, con el debido decoro, el centenario de José Antonio y salir de las catacumbas o de los armarios bien entendidos, en el año 2003.  

En la llamada diáspora azul , dispersión recoleta de la comunidad mística, capilares minorías se reúnen para comer, para cantar, para hablar, para estudiar, para discutir en nombre de José Antonio, y son, según  el verso de Panero, alegres e invisibles como el agua en la pradera [14].

 

Segunda estación  

 

EN LA QUE ME PRESENTO COMO PRUEBA TESTIFICAL   

 

Me presento, aquí y ahora, ya casi al cabo de mi vida. Y aquí la repaso no por autocomplacencia o por contar las batallitas del abuelo , sino por el valor que pueda tener como referencia, como laboratorio y prueba de lo joseantoniano, que, a lo largo de mis años, es el producto de la lectura, de la vivencia y del estudio.  

Empecé leyendo a José Antonio y maduré su palabra en el mitin de Villagarcía (1941), en el Albergue de Bergondo (1941-1944), en el entierro de Mora y Lara (1945),  sobre la sangre de Miguel Alvarez (1956) , en la Redacción de Arriba (1945-1966), en la cena de las camisas azules (1966) [15], en la cripta del 29 de octubre (1993-2001)... y con el  peso fugaz de su féretro, camino del Valle de los Caídos (1959). 

He estudiado a José Antonio, aunque menos  de lo necesario. Porque, como decía Campmany, muchos de nosotros, a la hora de enfrentarnos con el fenómeno de José Antonio, nos hemos desahogado con la oda,  en vez de aplicarnos a la tesis doctoral o al desarrollo riguroso de su pensamiento [16]

 Y siempre me ha amargado el incumplimiento del decreto de 1938 que ordenaba la creación de cátedras en la Universidad para explicar y desarrollar las ideas políticas de José Antonio Primo de Rivera  [17].  

Pero, al menos, he insistido infructuosamente en mi esquema de Instituto de Estudios José Antonio Primo de Rivera , que sucesivamente he presentado a David Jato, en la rueda de los antiguos seuistas; a Fernández Miranda, en la Secretaria General del Movimiento; y ahora a José Gárate, en la nueva Fundación. 

El joven que era yo, camino de la mayoría de edad, después de haber vivido la guerra con la República, llega a lo joseantoniano, como tantos otros,  desde la otra acera, intelectualmente, por deslumbramiento de la palabra escrita, por un tomo al que, familiarmente, llamamos las Completas.  

Así, el testimonio de Mariano Faura: 

Me había empapado hasta el tuétano, como tantos otros, de las Obras Completas de José Antonio y soñaba con dedicarme a la realización de la España por él presentida ... [18] 

Así, el testimonio de Ceferino Maestú: 

Muchos de nosotros nos hemos hecho falangistas por él y solo por él; la lectura de sus discursos y de sus artículos nos descubrió un mundo distinto, nuevas posibilidades para la acción y la realización política [19] 

Así, el testimonio de Francisco Eguiagaray: 

Un día, en una librería de viejo, [aquel universitario que yo era] encontró un libro. Preguntó el precio: tres pesetas. El libro se decía "Obras Completas". Su autor, José Antonio Primo de Rivera (...) Cuando [el universitario] cerró el libro (...) se le quedaron en las manos tres cuartillas blancas rasgueadas de rápidas letras (...) [en las que] sólo podía leer una frase que no estaba allí y que le rompía de alegría los ojos: ¡España, sal fuera!    [20] 

Así, el testimonio de Gonzalo Torrente Ballester:

Fue un decir y también un morir. Cuando estábamos ahítos de pensadores, surgió, entre nosotros, un hombre completo que hizo sacrificio de su propio pensamiento, y aquí radica su capacidad de ejemplo  [21]. 

Así,  el testimonio de Jaime Campmany:  

Si se entiende por ser falangista el porvenir de una doctrina política basada en José Antonio y en salvar de la doctrina joseantoniana esas cosas que son eternas, como el respeto a la dignidad y a la libertad del hombre o la superación de todo lo que sea lucha de clases, principios que te sirven para andar por la vida, suceda lo que suceda en política, entonces soy falangista, seguiré siendo falangista y moriré siendo falangista    [22] 

Así, el testimonio de Amando de Miguel: 

Era lógico [mi entrada en la Falange], por mi clase, por mi condición social y por mi herencia, ya que mi padre [ordenanza de un Ministerio] también era falangista. Y, curiosamente, la Falange ha sido una de las experiencias más positivas que he tenido en mi vida. Aunque la estructura formal de la Falange fuera autoritaria, jerarquizada y vertical, en el fondo no era nada autoritaria, porque se educaba a los chicos en la idea de la propia responsabilidad, algo muy progresista desde el punto de vista formativo. Luego me hice del S.E.U., y nuestro falangismo se fue volviendo más crítico y antifranquista. A Seara lo conocí en la Falange...Los falangistas no eran señoritos; sin embargo, paradójicamente, los niños bien se hacían socialistas. Eran socialistas los hijos de los capitostes franquistas, los Bustelo, los Kindelán, los Maragall, los Pradera, gentes que podían viajar por el extranjero y que se podían permitir el lujo de que se les metiera en la cárcel, porque enseguida salían por la puerta de atrás. Sanchez Dragó, por ejemplo, cuando era comunista acérrimo, fue casualmente en la época en que Ruiz-Gimenez, que era pariente suyo, estaba de ministro  [23]. 

Como se dice de  San Jerónimo y de la Biblia, los de mi promoción nos despiojamos sobre las Completas, en un deslumbramiento que, con palabras, tan limpias como postergadas, ha relatado Rosa Chacel. 

Un jueves de 1956 [24], en Buenos Aires, Rosa se hace fortuitamente con las Obras Completas  de José Antonio y, después de leerse trescientas paginas de un tirón, escribe en su diario: 

Es increíble.

Dos cosas son increíbles: una, que todo eso haya podido pasarme inadvertido a mi, en España, y otra que España y el mundo hayan logrado ocultarlo tan bien.

Hay que estudiar (la persona española) en Unamuno, en Ortega, en José Antonio, su reflejo o espectro. En lo que quedó de ellos, en quienes les fueron afectos y en quienes les execraron sin comprenderlos o, lo que es peor, comprendiéndolos y temiendo (...) lo que ellos exigían   [25] 

Treinta y cinco años después , en 1991, tuve la oportunidad de preguntar a Rosa Chacel qué impresión le quedaba de aquel descubrimiento. Rosa no solo no se desdijo, sino que repitió, remachando: Deslumbrante...deslumbrante... La confirmación se produjo en un almuerzo-coloquio, dedicado a Rosa, en el Club Siglo XXI, con la asistencia de adictos, entre los que se encontraba Rafael Alberti [26]. Deslumbrante...deslumbrante... Un silencio atónito petrificó la mesa, el mismo que actuó en los periódicos del día siguiente [27]. 

Rosa, por encima de los episodios, aplicaba, sin contemplaciones, un análisis racional. A mi modo, yo también lo planteaba así  en un primerizo articulo de  aniversario, hace cincuenta y dos años:  

Esto es sencillamente el relevo de lo episódico por lo categórico (...)La Falange desnuda y emocionante como una verdad matemática (...) Lo cierto es que aquí estamos, en el 29 de octubre de 1949, sin viejos episodios que contar, trayendo como bagaje político la lección pura, la estremecida lección áulica de nuestro libro de texto fundamental: las obras completas de José Antonio  [28]. 

Voy a leer un articulo anterior. Se titula José Antonio, el hombre.. Meditaciones de un camisa nueva. Se publicó el 29 de octubre de 1944, en la inmediata posguerra, en medio de todos los triunfalismos de los combatientes victoriosos, en medio de todas las exaltaciones de los camisas viejas, más o menos auténticos, hace, pues, cincuenta y siete años. El articulo dice: 

Sí, yo soy un camisa nueva. No se si con esto soy más o menos afortunado. Pero aunque tengo, como todos, la añoranza de los tiempos primeros, de la presencia viva de José Antonio, de aquel clima heroico, creo que esto no es lo fundamental.

Para todos, viejos y nuevos camaradas, ahí esta la lección conmovedora de José Antonio. Lo otro es anécdota y, si de veras nos interesa conocer su figura, no lo conseguiremos por vía de lo pintoresco.

Nos lo han contado muchas veces. Lo hemos leído con la emoción del descubrimiento. En una noche clara, con chisporroteos de fuego de campamento, en la soledad del espíritu deslumbrado: “Era una mañana dominguera, era un día gris del otoño madrileño, era el 29 de octubre...”

Nos lo han dicho con sencillez, con énfasis, con apasionamiento. Pero lo único inmutable es una oración que empieza diciendo de un hombre nefasto y termina con un amanecer presentido en la alegría de nuestras entrañas.

Para mi esto es único que vale. El detalle, el color de la mañana, son pinceladas nostálgicas, algo así como el césped y el arroyo. Y yo, que no conocí a José Antonio, recelo en aceptar estas referencias que con su apasionamiento han ido deformando su figura, haciendo un cromo o -lo que considero peor aún- un mito de quien por encima de todo fue hombre, con todo su profundo significado.

Yo creo que el mito es peligroso. En primer lugar porque origina una conciencia irreal de las cosas. A las nuevas generaciones hay que darles la autentica versión de José Antonio, el hombre extraordinariamente sereno y armónico. Pero esto no esporádicamente, sino logrado a través de una severa disciplina mental.

José Antonio posee un cerebro magníficamente dotado. Su inteligencia tiene el perfil de lo clásico y así su obra. El movimiento de Falange Española no fue el resultado de un arrebato, sino el fruto de una madura reflexión. A través de sus escritos, él mismo evidencia la lucha intima y tremenda entre su vocación individual y su entrega al servicio de España.

La arquitectura ideológica de la Falange es la madurez de un pensamiento hondamente reflexivo que rechaza lo espontáneo. “Soy enemigo de las improvisaciones, igual en un discurso que en la muerte. La improvisación es una actitud de la escuela romántica, y no me gusta”.

Aprendamos a ver en José Antonio esta organización mental,  antes que nada. Para nosotros José Antonio debe ser el hombre y el político. En lo demás -profeta, vidente, poeta...- hay algo de zarandaja y tufarada. Sobre todo en lo de Poesía.

José Antonio trajo una nueva dialéctica, una oratoria y un estilo que tuvieron la virtud de mover. “A los pueblos no los han movido más que los poetas”. Pero -¡cuidado!, que esto se ha traído y llevado mucho- José Antonio no dijo que estos mismos poetas fuesen los conductores. Atribuye certeramente a la Poesía una facultad de exaltación, pero no una facultad rectora y, en ultimo termino, conserva siempre su posición intelectual,  cuando atribuye al cerebro modos de amar desconocidos por el corazón.

La poesía no puede considerarse como la esencia del movimiento por la misma razón que nos dice que la música de órgano no es la propia iglesia. Esto es la forma pero no la entraña.

Lo fundamental, la base del sistema es el hombre. Y aquí esta la suprema creación joseantoniana: un tipo humano completo. Y él mismo es substancialmente el arquetipo, pues él descubrió la verdadera dignidad humana y trajo el yugo del servicio como norma. El supo llegar hasta su forma suprema con la misma gallardía con que le dedicó su vida en una dolorosa evasión de la torre marfileña. Y aún ese tremendo momento no se deshumaniza, no hace una frase para la galería, sino que, con sencillez y sinceridad profundamente humanas, surge la confesión: “Nunca es alegre morir a mi edad”.

Este era el hombre. Bienaventurados los que le conocieron. Pero más bienaventurados aún los que, sin verle, le amaron y creyeron en él [29]. 

Este articulo, ingenuo, lo escribí yo ingenuamente y se publicó en el periódico de practicas de la Escuela Oficial de Periodismo, hace cincuenta y siete años. Evidentemente el texto está necesitado de  las revisiones y correcciones de estilo, adecuadas a mi torpeza y al medio siglo transcurrido; pero no reniego de él y substancialmente lo volvería a firmar hoy mismo.  

Esto es para mi el hoy de lo joseantoniano.  Prácticamente volví a firmar aquel articulo, cuando, en 1986, escribí Sin ataduras [30] y, en 1998, cuando escribí Joseantonianos [31]; es decir, cuando, por encima de militancias y banderías, permanezco en la propuesta de un José Antonio patrimonio de todos, de un José Antonio que puedan descubrir los más jóvenes,  de un José Antonio integrado en la historia de España. 

Así lo vemos los joseantonianos. Así he visto su nombre, José Antonio,  en el muro de la iglesia de Santa María, concatedral de Cáceres, tan incorporado a la piedra que parece allí desde el siglo XV, cuando se comenzó la fábrica, y no como un añadido posterior y adventicio, atribuible a este o a aquel, cuando es de todos. Y sin embargo, en 1998, un funcionario del Gobierno, José María Pérez Rodríguez, de Oviedo,  ha sido condenado al ostracismo y al escándalo por el grave pecado de invocar sencillamente el nombre de José Antonio [32]. 

En mero acto de consecuencia y sinceridad, llevo cincuenta y siete años confesando a José Antonio y esto es tan milagroso como que aquí, en su nombre, estemos reunidos esta mañana, sin ninguna razón práctica. ¿Cuantas veces me habré dicho el soneto de Ángel María Pascual ? :  

A ti, fiel camarada, que padeces el cerco del olvido atormentado.... En tu propio solar, quedaste fuera, del orbe de tus sueños hacen criba... bebamos juntos en las mismas heces ? [33]

Otro soneto, que me afecta, se titula, a lo Aleixandre, Sombra del Edén, me lo envía Antonio Castro Villacañas y dice: 

¿Hubo Falange o fue Falange un sueño?

En este atardecer, me he preguntado,

para alivio y dolor, si en el pasado

del que -mínimo Adán- me vi condueño, 

lo vivido fue mágica impostura

de aquel Dios que soñé. Claro y preciso,

en la memoria alegre el Paraiso

está; persiste; dura y perdura 

no solo para mi...La terca historia

es mi aguijón, mi paz, minima gloria

de abeles y caínes con sus crias... 

Y, sin embargo, mucho es haber soñado,

haber sido feliz, haber llegado

a vivir el Jardin algunos dias. 

Miro hacia atrás y compruebo que puedo sostener la lectura de mis escritos anteriores y urgentes: Nosotros, los de la quinta del 44 (1949) [34], La victoria con botas (1950) [35], Mochila, misal y canción  (1950) [36], Informe sobre la Falange de José Antonio (1972) [37],  José Antonio Primo de Rivera (2001)[38], las cartas al director (las que pasaron [39] ) y las 400 paginas de Aquí hubo una guerra , que, seguramente por incorrección política, no pasan por  editor alguno. 

Como la hierba entre las piedras, han surgido, difíciles y fáciles, los libros recientes: Un estilo español de pensamiento, de Vicente Gonzalo Massot (1982); José Antonio, de Carlos de Arce (1983); José Antonio y la República de García de Tuñón (1996); Biografía no autorizada , de Cesar Vidal (1996); Papeles póstumos de José Antonio, de Miguel Primo de Rivera (1996); Retrato de un visionario, de Julio Pecharromán (1996); Las máscaras del héroe de Juan Manuel de Prada (1996); Entre lo espontáneo y lo difícil ,  de Miguel Argaya (1996); Juez y Parte, de Santiago Carrillo (1996); Sobre José Antonio, de González Navarro y Aguinaga (1997); José Antonio y Franco, de Payne (1997); José Antonio visto a derechas , de Luis María Sandoval (1998);  El héroe ausente, de Paul Preston (1998), José Antonio, las conferencias prohibidas,  de Garcia de Tuñón y Morales (1999); Lo que fue la Falange, de Joan María Thomàs (1999); José Antonio y Luys Santa Maria, de Garcia de Tuñón (1999); Historia de Falange Española de las JONS, de José Luis Rodríguez (2000); La Falange de Franco, de Joan Maria Thomàs (2001); Once poemas de José Antonio Primo de Rivera, de Rafael Inglada (2001).   

¿Quien es este hombre que, sesenta y cinco años después de su muerte, con solo tres años de vida pública, a pesar de todas las proscripciones, pervive de este modo en la conciencia española?

 

Tercera estación  

 

EN LA QUE  SE BUSCA EL CONTEXTO Y LA ACTUALIDAD   

 

A los sesenta y cinco años de su muerte, hay que ver a José Antonio doblemente: en su contexto histórico y en su actualidad; en la potencia de su propio tiempo  y en los actos del tiempo nuevo, que ese es el profundo significado de actualidad, en cuanto virtud por la que la potencia se puede convertir en acto. 

Tenemos que ver a José Antonio en su tiempo y en su realidad, sin caer en las ucronías, en las minucias y en los empeños. Las ingenuas ucronías de si se hubieran logrado los intentos de salvación o lo que diría y haría, si ahora viviera. Las accidentales minucias de los subsidios o de las complicidades. Los ridículos empeños de que sea fascista o liberal,  violento o reflexivo, demócrata o antidemócrata, franquista o antifranquista. 

Es muy fácil  descalificar el pasado desde la mentalidad del presente. Juzgar el pasado con criterios actuales nos pone al borde de la puerilidad de pensar que los antiguos romanos eran tontos porque no tenían microondas en la cocina. Marañón nos dice:  

 En la historia hay una cosa absolutamente prohibida: el juzgar lo que hubiera sucedido de no haber sucedido lo que sucedió   [40] 

Hay un modo de hacer balances del pasado  que Jean Daniel atribuye  a  quienes llama cronistas de la distancia :  

En su discurso, los acontecimientos aparecen bajo un enfoque totalmente distinto: el del momento presente, con sus opiniones y sus intereses....El sentimiento vivido es  más importante para mi que la realidad reconstituida por cronistas de circunstancias bajo la presión de las ideologías dominantes     [41] 

Con el propio José Antonio, hay que estar en la música del tiempo, de cada tiempo[42].  

A propósito de su acartonado libro sobre José Antonio  [43] , se lo dije a Gibson en mi casa. No es lo mismo manipular fichas de hemeroteca que haber leído los periódicos en su fecha. Las palabras frías son como la sopa fría. Es fácil ridiculizar una frase fuera de su temperatura. Lo honesto es hacer una inmersión en el tiempo. 

¿Cual es, por ejemplo, el contexto de la dialéctica de los puños y de las pistolas, a que José Antonio alude en el discurso primario de 29 de octubre de 1936?  El mismo día, domingo de campaña electoral,  el socialista  Prieto, en Valladolid, dice que si no se vence en las urnas, se vencerá en las calles al grito de ¡viva la revolución social!. Y Margarita Nelken explica que, para esa revolución , la revolución rusa es pobre modelo, porque nos harán falta llamas gigantescas que se verán desde cualquier punto del planeta y olas de sangre que teñirán el mar. 

Pocos días después, en la misma campaña, Largo Caballero, presidente del PSOE, proclamaba públicamente en Don Benito:  

Vamos hacia la revolución social. Y yo digo que la burguesía no aceptará una expropiación legal. Habrá que expropiarla por la violencia....Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada...Se dirá “¡Ah, esa es la dictadura del proletariado!” Pero ¿es que vivimos en alguna democracia? Pues ¿que hay hoy mas que una dictadura burguesa?....La clase obrera debe prepararse bien para todos los acontecimientos que ocurran y, el día que nos decidamos a la acción, que sea para algo definitivo que nos garantice el triunfo sobre la burguesía...Estamos en plena guerra civil. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar...Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista  [44]

Hay muchos que de José Antonio solo saben nueve palabras :  la dialéctica de  los puños y de las pistolas . Se ignora la frase completa y, por supuesto,  se ignora que, solo un mes más tarde, el semanario FE , según propia declaración, única publicación de nuestro movimiento autorizada por el Mando  [45], escribe lo siguiente: 

La posición de F.E. no es mantener el  statu quo económico y social, con medidas coercitivas, por un procedimiento fascista, mussoliniano o hitleriano, o por un fascismo desvanecido ni desvaído, ni tampoco propugnamos la revolución del puñetazo y de la pistola: vamos a una revolución más honda y trascendental no solo en la parte moral de los hombres sino en la política económica, aunque no se enteren los dirigentes socialistas ni dejen que se enteren las masas  [46]

El fascismo está en el contexto de José Antonio, como está en todo el contexto de la época de entreguerras. En esa circunstancia, el gran mérito de José Antonio es que, de modo terminante, se niega a ser fascista. Las pruebas son sobreabundantes, palmarias y reiteradas. Pero es igual: hay un empeño frenético, enfermizo, en condenar a José Antonio como fascista.  

Desde la fundación en el teatro  de la Comedia, en la que García Valdecasas formula el distanciamiento del fascismo[47], a los escritos finales de la cárcel de Alicante, en los que José Antonio se afirma en la condena [48], se repiten las declaraciones y los desmentidos. Falange no se ha llamado jamás fascismo en el más olvidado párrafo del menos importante documento oficial ni en la más humilde hoja de propaganda, escribe José Antonio, en abril del 36 [49]

Siete son los discursos fundamentales de José Antonio: el del teatro de la Comedia (Fundación de Falange), los del teatro Calderón de Valladolid  (Fusión con las JONS  y España y la barbarie), el del Circulo Mercantil (Ante una encrucijada en la historia política y económica del Mundo) , los dos del cine Madrid (Revolución Nacional y II Consejo Nacional ) y el del cine Europa (Ante las elecciones del 36).  

Pues, bien; en todos aquellos siete discursos fundamentales,  José Antonio se refiere al fascismo una sola vez y lo hace para calificar como insidia la especie de que la Falange sea una imitación fascista [50]. Pero es igual. El apriorismo funciona y los jefes de la censura inmanente y del pensamiento único  han decretado que José Antonio es fascista. 

Garcia Escudero recuerda el pasmo del escritor que, en tiempos de la Republica, viene a España, conoce a Gil Robles , conoce a  José Antonio y llega a la conclusión de que  José Antonio es el demócrata cristiano y Gil Robles, el caudillo fascista [51]. 

El empeño de hacer a José Antonio franquista o antifranquista no solo es ridículo sino que es ucrónico. Falangistas prístinos sostienen que la Falange es solo José Antonio y que la Falange muere con José Antonio [52]. Lo que ocurre a continuación es un complejo fenómeno histórico todavía no estudiado serenamente, como no se ha estudiado el propio franquismo.  

Por una parte, Paul Preston afirma que José Antonio no puede ser enjuiciado por lo que se hizo con su memoria después de su muerte: 

Aún menos puede juzgársele sobre la base de lo que muchos de sus seguidores hicieron en servicio de Franco [53] . 

Otra es la idea de Ignacio Sotelo, egregio socialista, catedrático  de Ciencia Política, que ha trabajado muy notablemente en la objetivación del franquismo y en su periodificación. Todo ello, consecuencia de la instalación histórica que es la guerra civil, como lo fueron, antes,  las guerras de Sucesión y de la Independencia  y como lo son, en otras naciones, sus guerras respectivas.  

Para el profesor Sotelo estamos en aquella instalación, sin hiato histórico en 1975,  y, por lo tanto, en el franquismo atado y bien atado. La idea es muy provocativa y merece ser analizada; pero se ha cubierto bajo siete capas de silencio por su osada incorrección política. 

En aquel periodo, llamado los cuarenta años,  la oficialización de la Falange y el par de retratos de Franco y José Antonio en toda decoración administrativa, representan, contradictoriamente, a mi juicio, impregnaciones, transacciones, remedos, perseverancias, devociones, caricaturas o derramamientos[54].  De todo ello, ha quedado la curiosa definición de la ultima edición del Diccionario de la Academia:  

Falangismo. Movimiento político y social fundado por José Antonio Primo de Rivera en 1933 y cuyas líneas ideológicas fundamentales son: concepto de España como unidad de destino, desaparición de los partidos políticos y protección oficial de la tradición religiosa española[55].

No casa evidentemente la ultima proposición del diccionario con la tesis de la responsabilidad católica de la tragedia de España, que, según  el profesor Sotelo, refiriéndose a Laín Entralgo, permite entender por qué el joven que se siente católico, pero no tradicionalista, que se distancia de una Iglesia que se opone a la modernidad y ampara a los sectores sociales más retrógrados, sin por ello perder la fe, viese en la Falange la síntesis buscada de catolicismo y modernidad social, nacionalismo y afán de renovación científico, como único camino de progreso económico y social [56]. 

Sotelo considera que, en la posguerra,  aquella integración de lo católico y lo moderno, al mismo tiempo que la integración de la España interior y la del exilio, son propósitos de la que Dionisio Ridruejo llama la Falange ideal y que, por supuesto, fueron propósitos fracasados [57]. 

Sobre todo ello, signo de un tiempo, han flotado las  emanaciones del espíritu,  plasmadas en un sistema que ha producido abnegaciones y eficacias, al mismo tiempo que se utilizaba como recurso político-administrativo de una situación que ha actuado de algún modo en el subconsciente de la sociedad española, aunque tal compostura se niegue a si misma [58]. Esta  es la virtud de la utopía, ardiente, contra el viento,  en las emocionantes y marginales  minorías  de jóvenes ingenuos (es decir, sinceros) que ahora mismo alzan la bandera rojinegra.  

Este complejo fenómeno histórico, requerido de estudio, por encima del antifranquismo cerril, se puede representar en cuatro afirmaciones: la de Dionisio Ridruejo, que considera que esto no es la Falange que quisimos [59] y por eso, solo por eso, se separa del Régimen; la de Rodrigo Fernandez-Carvajal, para quien la hipótesis de la implantación del autentico nacionalsindicalismo habría supuesto una catástrofe por falta de base económica [60] ; la de Tierno Galván, que descartaba un futuro neocapitalista, porque en los campamentos de juventudes de la Falange, medio millón de niños españoles han sido educados en un culto a la justicia y a la igualdad de clases [61] ; y la de Martínez Emperador, para quien,   sin la presión del falangismo, la España de posguerra se habría convertido en el gran  latifundio de la derecha [62]. 

Otra simpleza es la enfrentar a José Antonio con lo democrático, en un contexto histórico en el que el presidente del P.S.O.E., Largo Caballero,  clama por la dictadura del proletariado, emulando al Partido Comunista, que personifica en Stalin su modelo de dictadura.  

 Para los jóvenes de mi tiempo y de mi conciencia, la dicotomía no era dictadura-democracia, como ahora se quiere hacer creer con efectos retroactivos. Para los jóvenes de mi tiempo y de mi conciencia, la dicotomía era comunismo-capitalismo, con el frente comunista abierto. 

Decía  Besteiro [63] al final de la guerra: 

Estamos derrotados (...) por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande (...) La reacción contra ese error de la República (...) la representan, sean los que sean sus defectos, los nacionalistas que se han batido en la gran cruzada antikomintern  [64] 

Poco antes,  Azaña  comentaba a Sánchez Albornoz: 

La guerra está perdida, pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos. Si nos dejaban   [65]

En nuestro libro de cabecera aprendimos el camino más difícil, el camino de en medio, el camino de la síntesis, el camino de la invención, la tercera vía. En esta vía, coincidiendo con Tovar [66] y García Escudero [67] , dice Jesús Fueyo: 

El día que alguien estudie en amor de verdad el pensamiento de la Falange, descubrirá una de las síntesis más grandiosas del pensamiento político español    [68] .

 

Cuarta estación  

 

EN LA QUE JOSÉ ANTONIO NOS SITÚA ENTRE DOS MUNDOS   

 

En el gran ejercicio de la síntesis, José Antonio propone la superación no solo de la alternativa partidista de derecha e izquierda, sino también de dicotomías más amplias, que puedan ser objeto de la integración cristiana del orden material y del orden espiritual, como empresa comunitaria. Así, patria y revolución, derechos de la persona y solidaridad social, conservadurismo y progresismo, orden de libertad y sistema de justicia, capitalismo y comunismo[69]. 

En el enfrentamiento de los dos sistemas dominantes, comunismo y capitalismo, José Antonio no plantea, según los modos políticos, la ocupación del sistema sino la innovación del sistema. Este es su atractivo ya que el mundo en que vivimos es el mundo de la innovación en todos los ordenes, menos en las formas políticas, como si efectivamente hubiéramos llegado al fin de la historia y estuviera prohibido el pensamiento que no fuera único  o la verdad que no fuera oficial. 

Diríase que, desde este pozo, clama  el cartel que, en  unas elecciones estudiantiles de mi Facultad, decía: No soy de derechas; no soy de izquierdas; soy joven y tengo ideas [70].  

¿Se ha considerado suficientemente la invocación de José Antonio a pasar de la orilla de un orden económico y social que se derrumba a la orilla fresca y prometedora del orden que se adivina, salvando los gérmenes de un mundo futuro y mejor, ocultos en la revolución rusa, ocultos en la invasión de los bárbaros ? ¿Son los talibanes –cabe preguntarse- la representación de la nueva barbarie? [71] 

Las Torres Gemelas han sido abatidas. Pero lo que, de momento y efectivamente, se ha derrumbado es el muro de Berlín, y sobre sus ruinas se ha asentado el triunfo del capitalismo, con la sacralización del mercado y, por consiguiente,  de la democracia capitalista.  

Antes y después de la caída del muro, el lema  Ni comunismo ni capitalismo, todo lo utópico que se quiera, ha sido una idea presente no solo en el pensamiento de José Antonio, sino también en otros nobles pensamientos y especialmente en el magisterio pontificio. 

La idea está claramente en León XIII (Rerum novarum), en Pío XI (Quadragesimo anno) o en Juan Pablo II (Laborem exercens ) Y tiene reflejos diversos,  en la Conferencia Episcopal Tarraconense (1974), o en  Miret Magdalena, que se pregunta por una tercera vía europea [72], mientras que, con el crecimiento del capitalismo, crecen la pobreza y la injusticia[73], que tanto soliviantan a Saramago [74] y al sentido común. 

La idea Ni capitalismo ni marxismo [75] está particularmente clara y reiterada en Juan Pablo II, en la encíclica Solicitudo rei socialis, en los discursos brasileños de 1980, en  el discurso a los obispos europeos (1985) y, en 1999,  en la exhortación La Iglesia en América  o en la Academia Pontificia para las Ciencias. De Juan Pablo II son estas tres precisiones: 

1. La caída del muro que dividía el Este y el Oeste ha dejado en evidencia otros escandalosos muros de pobreza, violencia y opresión política que aún dividen a amplios sectores de la Humanidad    [76]

2. En el origen de numerosos y graves problemas sociales y humanos que atormentan en la actualidad a Europa y al mundo se encuentran también las manifestaciones degeneradas del capitalismo    [77]

3. Era legitimo combatir el sistema totalitario, injusto, que se definía socialista o comunista. Pero también es verdad lo que dice León XIII, es decir, que hay "semillas de verdad" incluso en el programa socialista. Es obvio que no se deben destruir estas semillas, que no deben perderse    [78] 

¿No resuenan en estas  semillas  aquellos   gérmenes  del discurso de José Antonio? : los gérmenes ocultos y hasta ahora negados en la revolución rusa, los gérmenes de un mundo futuro y mejor, los gérmenes que tenemos que salvar, los gérmenes que queremos  salvar  [79].   

Lo que ocurre es que solo se airean a toda orquesta las declaraciones sobre la moral sexual, con la pintoresca guerra de los preservativos.  Cuando el Papa habla profundamente de la justicia social, los medios se distraen, como ocurrió con el discurso al Cuerpo Diplomático, del que los periódicos españoles omitieron, de modo ostensible, todas las criticas al capitalismo[80].  La Estrella Digital  ha llamado a Juan Pablo II el Papa Rojo [81]. También, en su día, llamaron a José Antonio el señorito bolchevique [82].


Quinta estación (breve y final)
 

EN LA QUE FINALMENTE SE LLEGA AL HOMBRE   

 

José Antonio nos dejó una prueba para reconocer el triunfo. Es una prueba directa y matemática: Si la Falange llega al Poder, a los quince días será nacionalizado el servicio de crédito, acometiéndose inmediatamente el problema agrario  [83]. ¿Seguimos hablando de fracaso?  

Personalmente, como resumen de este discurso, puedo decir que, en cuanto joseantoniano,  he fracasado con gran éxito. La revolución ha triunfado, por lo menos, en mi. Y he fracasado con gran éxito, ya que, si no se ha llevado a término la revolución nacionalsindicalista, la que sí se ha incoado es mi propia revolución, la revolución que comienza por el hombre.  

José Antonio no solo vino a proponer una arquitectura política para la comunidad nacional, sino también una conducta individual ante la vida entera, una manera de ser [84]. Es decir: una revolución nacional que no habría de reducirse a las grandes formas del entendimiento colectivo ya que, al mismo tiempo, implica una intima revolución de cada hombre, el nuevo orden, que ha de arrancar otra vez del individuo [85] como Miguel de Unamuno recomendó directamente a José Antonio, en Salamanca [86]. 

Aquella idea está expresa y reiteradamente proclamada en José Antonio, que, precisamente en el llamado discurso de la Revolución, explica como la construcción de un orden nuevo tiene que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como cristianos, como españoles  [87]

Ahora, el ideólogo de Blair, el economista Anthony Giddens, pone al hombre en el vértice del sistema para crear una tercera vía , superadora del neoliberalismo y de la socialdemocracia [88], sesenta y cinco  años después de que José Antonio dijera que la reorganización total de Europa tiene que comenzar por el individuo [89],  sobre la base de que la dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles  [90].  

Si mi conformidad personal o manera de ser  es otra, distinta de la que habría sido de no haberme sumergido en José Antonio ( y yo así lo siento, como una forma de decoro intelectual), invito a todos a admitir, como conclusión, que en este suceso personal se puede representar lo que actualmente significa lo joseantoniano ; es decir, aquello que sea, según reza el titulo de esta conferencia,  lo joseantoniano hoy

Sea de José Antonio la frase final. Es de mayo de 1936, desde la cárcel Modelo de Madrid, y es esta:  

La Falange no existe. La Falange no tiene la menor importancia. Eso dicen. Pero ya nuestras palabras están en el aire y en la tierra [91].


 

[1] ENRIQUE DE AGUINAGA, “Informe sobre la Falange de José Antonio”, conferencia en la Jefatura Provincial del Movimiento, 29 de octubre de 1972, Grafinsa, La Coruña, 1973, p. 32.

[2] IDEM, “Joseantonianos”, en “Altar Mayor” (revista), numero 50, Madrid, noviembre-diciembre de 1997, pp. 731-733.

[3] ANGEL L. PRIETO DE PAULA, “La escritura del fracaso”, en “Babelia” (diario “El Pais”), Madrid, 24 de noviembre de 2001: “Igual que UNAMUNO, en el cierre de uno de los sonetos de su Rosario..., el sujeto sabe que “toda vida a la postre es un fracaso”.

[4] JEAN LACROIX, “El revés”, 1964.

[5] JULIAN MARIAS, “Lo que se lleva dentro”, en “ABC” (diario), Madrid, 7 de abril de 2001.

[6] EDUARDO HARO TECGLEN, “1945-1951”, en “Babelia” (“El País”), Madrid,  16 de enero de1999.

[7] IDEM , correo electrónico a Ismael Medina, Madrid, 29 enero 1999

[8] ENRIQUE DE AGUINAGA, “Sin ataduras”, en “ABC” (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1986.

[9] IDEM, “También la derecha ha fusilado a José Antonio”, conferencia, en “Fuerza Nueva”, Madrid, 4 de abril de 1974.

[10] MIGUEL DE UNAMUNO, carta al escritor argentino Lisardo de la Torre, 14 de agosto de 1936. “Lo he seguido con atención, puedo asegurar a usted que se trata de un cerebro privilegiado, tal vez el más prometedor de la Europa contemporánea. Le funciona perfectamente la cabeza”

[11] ENRIQUE DE AGUINAGA, o.c.

[12] ERNESTO MILA, correo electrónico, 30 de enero de 1999.

[13] MATEO, 19.20.

[14] LEOPOLDO PANERO , "Canto personal", Cultura Hispánica, Madrid, 1953, p. 121.

[15] “CAMISAS AZULES”, reunión de camaradería con Jaime Campmany, Hotel Nacional, Madrid, 29 de septiembre de 1966.

[16] JAIME CAMPMANY, en “Arriba” (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1970.

[17] DECRETO de la Jefatura del Estado, de 16 de noviembre de 1938, BOE del día 17, articulo 3º.

[18] JOSE LUIS CASAS (El Castelo, 1936), "Mariano Faura o el deseo de concienciación", entrevista con MARIANO FAURA (Guadalajara, 1925), en "El Alcazar", Madrid, 24 de octubre de 1982.

[19] CEFERINO L. MAESTU (Vigo, 1920), "Sindicalismo falangista", conferencia, en el Circulo Doctrinal José Antonio, Madrid, inauguración del curso 1962-1963.

[20] FRANCISCO EGUIAGARAY BOHIGAS ( León, 1934), "Salud y revolución", en "Arriba", Madrid, 17 de julio de 1960

[21] GONZALO TORRENTE BALLESTER, “La enseñanza viva de José Antonio”, en “Pueblo” (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1942.

[22] CARMEN GUZMAN (Murcia, 1951),  "¿Te confiesas aún falangista?",  entrevista con JAIME CAMPMANY, en "Arriba" (diario), Madrid, 29 de agosto de 1975.

[23] LOLA DIAZ, "Amando de Miguel, teoría (y práctica) del pragmatismo", entrevista con AMANDO DE MIGUEL (Pereruela, 1937), en "Cambio 16" (revista), Madrid, 29 de abril de 1985. EMILIO ROMERO, "Esa rara independencia llamada sinceridad", en "Ya" (diario), Madrid, 30 de abril de 1985.

[24] Buenos Aires, 27 de diciembre de 1956.

[25] ROSA CHACEL (Valladolid, 1898),   "Alcancía. Ida", Seix Barral, Barcelona, 1982. p. 69.

[26] ENRIQUE DE AGUINAGA, "Rosa", en "Ya" (diario), Madrid, 8 de diciembre de 1991 ("Kilómetro Cero", 42).

[27] TULIO H. DEMICHELI (México, 1956), "Rosa Chacel confiesa que no soy exilable porque siempre he llevado conmigo a España ", en "ABC" (diario), Madrid, 5 de diciembre de 1991. ESTEBAN HERNANDEZ (Madrid, 1965), "El Club Siglo XXI homenajea a Rosa Chacel tras quedarse a las puertas del Cervantes", en "El Mundo" (diario), Madrid, 5 de diciembre de 1991. "EL PAIS" (DIARIO ), "Rosa Chacel y Rafael Alberti retoman su viejo debate sobre el europeísmo y el andalucismo", Madrid, 5 de diciembre de 1991.

[28] ENRIQUE DE AGUINAGA , "Nosotros, los de la quinta del 44", en "Arriba" (diario), Madrid, 29 de octubre de 1949.

[29] ENRIQUE DE AGUINAGA, “José Antonio, el hombre. Meditaciones de un camisa nueva”, en “España Una” (periodico de prácticas), Escuela Oficial de Periodismo, Madrid, 29 de octubre de 1944.

[30] IDEM, “Sin ataduras”, en “ABC” (diario), Madrid, 20 de niembre de 1986.

[31] IDEM, “Joseantonianos”, en “Altar Mayor” (revista), numero 50, Madrid, noviembre-diciembre de 1997, pp. 731-733.

[32] JAVIER CUARTAS, “Los socialistas exigen su destitución. Un cargo de la Delegación del Gobierno en Asturias invoca a José Antonio”, en “El País” (diario), Madrid, 21 de septiembre de 1998.

[33] ANGEL MARIA PASCUAL (Pamplona, 1911-1947), "Envío" , poema final,  en "Capital de tercer orden (versos del amor de disgusto)". El soneto está firmado en El Busto, octubre 1946. Con el mismo titulo, canción de los cartuchos grabados con motivo del L aniversario del Frente de Juventudes (PT 066, Vol. 2), música de Marciano Cuesta Polo. PASCUAL RECUERO ("JOSE DE ARRIACA"), "Envío", en "Cancionero de juventudes", Doncel, Madrid, 1967, p. 256.

[34] ENRIQUE DE AGUINAGA, “Nosotros los de la quinta del 44”, en “Arriba” (diario), Madrid, 29 de octubre de 1949.

[35] IDEM, “La victoria con botas”, en “Arriba” (diario), 1 de abril de 1950.

[36] IDEM, “Mochila, misal y canción”, en “Arriba” (diario), Madrid, 30 de mayo de 1950.

[37] IDEM, “Informe sobre la Falange de José Antonio”, conferencia en la Jefatura Provincial del Movimiento, 29 de octubre de 1972, Grafinsa, La Coruña, 1973.

[38] IDEM, “José Antonio Primo de Rivera”, conferencia del ciclo “Madrileños del siglo XX”, Instituto de Estudios Madrileños, Artes Graficas Municipales, Madrid, 2001.

[39] IDEM, “Puntualizaciones sobre José Antonio Primo de Rivera”, en “El País” (diario), Madrid, 8 de noviembre de 1988.“Jóvenes joseantonianos”, en “Diario 16”, “El Mundo” (diario) y “ABC” (diario), Madrid, 13 y 17 de diciembre de 1990. “Más sobre los joseantonianos”, en “ABC” (diario), “Diario 16” y “El Mundo” (diario), Madrid, 24, 26 y 28 de diciembre de 1990.